Los ojos del destino
Por Luz de luna82
Capítulo 2
Albert dejo a sus padres en Edimburgo, pero antes de viajar a América tenía que cumplir con algunos compromisos en Londres, uno de ellos era asistir a la universidad San Pablo, donde entregaría los diplomas a los graduados de la generación, su familia siempre había sido benefactora desde la fundación del mismo y era honor del líder de los Ardlay entregar dichos diplomas, William, el padre de Albert se había retirado hacia 2 años, al saber a su esposa enferma decidido dejar los negocios y dejar a Albert al frente de todo con la ayuda de Georges, deseaba fervientemente que su hijo al fin decidiera casarse, pero al ver su poco interés en las mujeres que conocía decidió no esperar más y le pidió que se hiciera cargo de todo, con la esperanza de que en sus viajes encontrara a la futura matriarca de la familia.
Tendría que dar el discurso de clausura, sentado en el pódium observaba a todos los graduados, la emoción que tenían en sus rostros, las ilusiones que tenían en encontrar su lugar en las fuerzas laborales de su país, incluso en el extranjero.
De repente fijo su mirada en una de las graduadas, tenía unos risos dorados impresionantes, era evidente de que no habría forma en que el birrete se sostuviera, desde su lugar comenzó a detallar a la chica, era de blanca piel, y no se veía de gran altura, le causo interés, se veía que platicaba amenamente con una de sus compañeras de carrera, era su turno de pasar al estrado, ya tendría tiempo de detallarla más tarde cuando le entregara su diploma.
"Es un honor para mi familia el que yo me encuentre aquí en este momento, el que aportemos una pequeña parte para que el departamento de ciencia pueda encontrar una forma de proveer agua a todo ser humano sin importar donde se encuentre, ha sido de las mayores satisfacciones, seguiremos muy de cerca el trabajo de todos ustedes, alimentar al mundo es nuestro propósito y lo mucho o poco que podamos aportar será para el beneficio de todos y no solo de algunos cuantos…"
Después de que Albert terminara su discurso el maestro de ceremonias comenzó a nombrar uno a uno el nombre de los graduados, estrecharía la mano de 200 alumnos, pero a él solo le interesaba ver a una de cerca.
-Señorita Candice White de la carrera de administración de empresas. Era el nombre de la muchacha que había llamado la atención de Albert.
Cuando ella llego tratando inútilmente de colocarse el birrete en la cabeza le estrecho la mano a Albert, le dio la mano y ahí estaba la electricidad entre ellos, una placentera electricidad, él la observaba divertido viendo como luchaba, con el propósito de acercarse más a ella se ofreció a acomodarle, extendió su mano hacia el birrete, ella sonrojada se lo entrego agradeciendo la ayuda, era la última de la fila así que no importaba demasiado si se tardaban un poco más.
-Señorita, tiene un bello cabello, felicidades por graduarse. Le dijo él con una leve sonrisa en los labios, impregnándose de su aroma "fresas" pensó.
-No a todos les parece "bello", pero le agradezco señor Ardlay. Hasta luego. Contesto Candy apenada y nerviosa por lo sucedido con el birrete.
Ella volteo a verlo a los ojos y el azul de los de Albert le impresiono, solo una vez en la vida había visto unos ojos tan azules, tan profundos, pero parecía solo un sueño, por otro lado, Albert impresionado por esos ojos verdes lo hicieron soltar la mano de Candice y tomar asiento, esos ojos, esos ojos le recordaban mucho a alguien, ¿pero a quién? Parecía que había sido ya hace mucho tiempo y tal vez en otra vida.
Unos minutos más tarde el maestro de ceremonias anunciaba a una de las alumnas más sobresalientes de la universidad, de las más jóvenes graduadas, becada por su dedicación y por haber terminado un año y medio antes la carrera, a sus 21 años, era uno de las alumnas consentidas del campus, Candice White, la recibieron en medio de aplausos y chiflidos, con cariño todos sus compañeros la despedían y festejaban junto con ella.
El primero en observar cómo dominaba el micrófono con toda seguridad fue Albert, esa chica definitivamente había llamado toda su atención, hablo sobre como el futuro les esperaba y como podrían enfrentar al mundo unidos ya que hacía más falta en trabajo en equipo, que el estar compitiendo uno contra otros y así concluía Candy su discurso, lanzando el birrete al cielo se dio por concluida la ceremonia.
Después de terminar con el acto protocolario, busco a la chica de nuevo con la mirada, pero no la encontró, había desaparecido, lamento mucho su suerte, pero no podía buscarla por más tiempo, tenía un vuelo que tomar a América.
En el aeropuerto se encontraba Albert caminando a toda prisa hacia su sala, de repente vio como una mujer venia distraída leyendo un libro y con la otra mano una maleta de ruedas, sin fijarse por donde iba y no alcanzo a esquivarla, sin querer choco con ella, lo único que pudo hacer fue sujetarla por la cintura para que no cayera hasta el piso.
El aroma de la chica lleno de inmediato sus fosas nasales, fresas, pensó inmediatamente, era una muchacha menuda y no muy alta, llevaba ropa jeans y una camisa de seda, zapatos bajos, ella sorprendida por terminar en los brazos de un desconocido de inmediato se incorporó, apenada por su torpeza.
-Disculpe señor, iba distraída, quería terminar de leer mi libro.
-No se preocupe, pero debería de tener más cuidado, no puede ir por ahí esperando que alguien la rescate, decía el divertido.
Cuando se observaron más detalladamente se dieron cuenta de que ya se habían visto antes, solo que esta vez ella llevaba el cabello recogido en una coleta, pero esos ojos verdes eran bien conocidos por él.
- ¿Señor Ardlay? Preguntaba ella sin poder creer que el hombre que lo había puesto tan nerviosa hacia algunas horas estaba frente a ella, pero sin querer que notara su turbación dio un paso hacia atrás.
-Señorita White, que gusto volver a verla, yo quería felicitarla por su discurso, muy inspirador.
-Igualmente señor Ardlay, una labor muy admirable la que realiza su familia, pero tengo que tomar un vuelo, si me disculpa.
La tomo por el brazo no dispuesto a dejarla ir, sin saber nada mas de ella, pero su vuelo ya estaba por salir, no podría sacarle mucha información.
- ¿Me daría su número de teléfono? Preguntaba él esperanzado.
- ¿Tiene donde anotar? Albert no podía creer que hubiera sido tan fácil.
Él le proporciono papel y pluma, ella garabateo.
-Un placer señor Ardlay, le dio un beso en la mejilla y desapareció entre la gente.
-Albert se tocó el rostro, ¿Quién era esa audaz mujer? Definitivamente le llamaría, ese beso le turbo el pensamiento, de pronto volteo a ver su reloj de mano y se dio cuenta que perdería el vuelo si no se apuraba, ya dentro del avión instalado en primera clase, decidió anotar el teléfono para no extraviarlo y lo que encontró no le gustó nada.
"Señor Ardlay, dejemos que el destino decida si hemos de vernos de nuevo o no, por cierto, sus ojos son fascinantes"
- ¿Pero ¿qué diablos? Pensó para sí, desilusionado guardo el papel en su chaqueta.
Mientras tanto en clase turista en el mismo avión dos mujeres rubias hablaban que harían cuando llegaran al hogar de Ponny, Candy discutía con su nana Dorotie, ella la acompañaría en su viaje a América, era ella o su prometido, Neal Leagan.
….-….
-Candy si tu padre se entera que estamos viajando en clase turista me despide, decía Dorotie reprendiendo a su niña, como ella la llamaba, al haberse encargado de su educación desde pequeña.
-Ay nana, mi padre debería de saber muchas cosas, pero él ni enterado esta, todo lo que le interesa es que yo me case con Neal, así que no te preocupes, ya quiero aterrizar para ver a la señorita Ponny.
-Sabes que a él nunca le ha gustado que sigas en comunicación con esas lindas mujeres, ¿A dónde le dijiste que te ibas de vacaciones?
-A América nana, tampoco no le iba a decir que, a la china, decía la chica divertida.
- ¡Ay niña, tu padre nos matara a ambas!
-Ya nana tranquilízate, mi padre no se interesa por mí, sabes que no se presentó en la ceremonia de graduación, tampoco sabe que participo en comedores comunitarios, ni siquiera sabe que estaba becada por mis calificaciones, mi madre murió muy joven, así que él vio la forma de deshacerse de mi mandándome a internados a estudiar, cuando llegue a la universidad todo lo que quería era comenzar a trabajar para demostrar todo el conocimiento, pero que hizo por mí, comprometerme con Neal, para perfilarse como político al igual que el padre de Neal y a mí ni en cuenta me tomo, el a mí no me gusta nada, están esperando que vuelva para hacerlo oficial y publicarlo en los periódicos, mi padre quiere hacer carrera política, pero a mi nada de eso me gusta, nana quisiera trabajar para poder sostenerme por mí misma, en ese momento me emanciparé de él y no podrá casarme aunque lo quiera, no lo permitiré nana.
Así siguieron hablando, pronto se quedaron dormidas, aunque no era muy cómodo pudieron conseguir boletos en clase turista a última hora, nada de eso importaba, ella quería ver a la señorita Ponny, la mujer que la crio sus primeros años de vida y a la que consideraba su madre, su padre era un empresario en Londres muy reconocido y seguramente le reprocharía a Candy todo lo que hacía.
Después de aterrizar, Georges fue a recoger a Albert al aeropuerto para llevarlo al hotel, trasnocharían en Chicago y por la mañana se irían al hogar de Ponny, por otro lado, Candy no quiso esperar y ese mismo día tomo un taxi y después de dos horas estaban entrando por la puerta y abrazaba muy efusivamente a la hermana María, que era la que cuidaba la señorita Ponny.
Las gentiles mujeres la esperaban, pero sabían que no solo ella las visitaría si no también un rubio que llegaría por la mañana.
Albert tomaba una copa de wiski en su habitación, pensaba en ¿cómo se le había escapado de nuevo esa rubia? Era bastante escurridiza y releyó la nota que ella le dejo con una letra atropellada y solo dijo para sí mismo, -Que así sea, si el destino desea que nos veamos de nuevo, que así sea.
Candy por la mañana hablaba con la Señorita Ponny, la mujer animada por la visita de su rubia consentida se le ilumino la cara.
-Pero criatura como has crecido, tenía años sin verte, desde que tu madre murió no supimos más de ti.
-Usted sabe que mi situación era complicada, ahora mismo el desconoce que estoy aquí con usted, la he extrañado tanto, decía la chica mientras se arrojaba a los brazos de la anciana mujer.
-Niña no te desanimes, si el creador me necesita créeme que seré la primera en querer irme, pero por lo contrario de lo que piensa la hermana María, tienen Ponny para rato.
Las dos mujeres soltaron la carcajada, aunque Candy sabía que no sería así, su semblante cansado y enfermo era evidente, aunque se esforzaba por poner una sonrisa en la cara, la salud de la señorita Ponny era frágil y todos lo sabían Candy sentada en el suelo con la cabeza recargada en las piernas de la dulce mujer se dejaba acariciar la cabeza, se quedó dormida en el instante, habían sido muchas emociones en un solo día.
Candy había salido a cabalgar muy temprano, le encantaba sentir la brisa fresca que solo ese lugar le daba, se había alejado mucho, a lo lejos vislumbro un automóvil y a un hombre con cabello negro y bigote pronunciado, tratando de arreglar el motor, salía humo y se veía realmente estresado tratando de averiguar qué hacer, decidió acercarse para ayudar, no sabía nada de automóviles, pero igual podía servir de algo su presencia.
-Señor, ¿Qué le ha ocurrido a su vehículo? Decía Candy sin desmontar a Cleopatra.
-Señorita, se ha calentado el motor, ¿podría usted ir al pueblo a buscar alguna grúa para que nos remolque?
-No será necesario Georges, decía el rubio saliendo del bosque con un cubo con agua, sin perder la vista del auto que no dejaba de expedir humo.
-Pero William, es mejor que lo revise un mecánico, decía el hombre bigotón preocupado.
El rubio trataba de sacar el tapón del radiador caliente, Candy a pesar de no ser experta, sabía que lo que hacía era peligroso, el calor haría que el tapón saliera disparado, eso no era una buena idea, el corazón de Candy se detuvo, era él, precisamente el hombre al que jamás pensó ver de nuevo, ¿acaso el destino estaba decidido a reunirlos? ¿Cómo era posible que hasta Lakewood se lo encontrara? ¿acaso la estaba siguiendo? No eso no era posible, ¿Qué hacía ahí?
Se dio cuenta de que el rubio ni siquiera se había fijado en ella, así que decidió hacer lo que había pensado desde un principio, ayudar.
-Señor Ardlay, es mejor que no haga eso, el tapón saldrá con mucha fuerza y puede…
Y ella no termino la frase, el tapón salió disparado, desgraciadamente a la cabeza del rubio, inmediatamente Candy dio un salto y se acercó a verlo, él había perdido el conocimiento, afortunadamente Georges lo empujo y el tapón solo le dio un rose.
Continuara…
