Disclaimer: Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada.

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Shion, ese maldito vejete. ¿Quién se cree que es para castigarme así?

Milo se sentó en una banqueta, cruzando los brazos y lanzando una mirada sombría en dirección al hombre que entraba por la puerta. Sus ojos emitieron un leve chispazo carmesí, señal de que su paciencia se estaba acabando y no quedaba demasiado tiempo para intentar quemar el lugar hasta los cimientos.

—Ah, tú debes ser el Caballero de Escorpio. Encantado de conocerte —saludó el Mensajero de los Dioses, silbando de aprobación cuando inspeccionó a Milo de pies a cabeza.

Lo acompañaba un séquito de hombres y mujeres.

El Caballero Dorado asintió levemente, en señal de respeto, pero no cambió su posición ni reaccionó a las múltiples miradas que los empleados le estaban enviando, especialmente las mujeres. Su ropa vieja y raída, junto con el aspecto peligrosamente desaliñado de un matón dado a dormir en callejones, no parecía ser un mayor obstáculo para los amantes del buen gusto.

—Lo mismo digo —respondió con simpleza, su voz áspera provocando un cosquilleo involuntario en las ingles de las jovencitas.

—Muy bien. Entonces, Milo... ¿puedo llamarte Milo, no?

—Puede llamarme como a usted le plazca, dentro de lo razonable —el rubio se encogió de hombros, observando con desinterés a los presentes.

—Entonces, empecemos, Milo —sin esperar respuesta, el Dios Hermes se fue a sentar al lugar que le correspondía como director de la obra y sacó un altavoz—. En esta primera toma, un hombre explicará sus problemas automovilísticos a la cámara, en alemán, y tú traducirás lo que dice. Te doy rienda suelta para que seas creativo con tus propias interpretaciones.

Un tipo de nariz ganchuda y costados como solomillos de cerdo entró en la habitación y se posicionó a un lado de Milo, que ni siquiera levantó la mirada. El griego simplemente extendió los brazos en el respaldar.

"Luigi es un cliente habitual de Seguros Hermes, no un idiota al azar al que estamos pagando por falta de presupuesto", empezó Hermes con voz de narrador. "Lamentablemente, no habla griego, así que contratamos al Señor Milo Konstantinidis Athanasiou Papadopoulos para que lo traduzca."

Milo frunció el ceño ante el apellido ridículamente largo que le había puesto el Dios.

—La semana pasada, mi amigo tuvo un accidente al final de la calle cuando tomó prestado mí auto—dijo Luigi.

—La semana pasada, un imbécil firmó su sentencia de muerte al intentar robar mí nuevo vehículo cuando la rata de dos patas lo estrelló tratando de salir del garaje —tradujo Milo con una voz demasiado brusca y exaltada.

—Así que llamé a Seguros Hermes para solucionar este percance y sentirme tranquilo al respecto.

—Atrapé al bastardo y le arranqué las uñas una por una y luego lo hice retozar en un suelo lleno de clavos y escorpiones.

—Al final recibí un cheque para un auto nuevo. Estoy muy feliz de que mi problema se solucionara tan gratamente —sonrió Luigi.

—La pequeña perra no volverá a robar un auto en su vida desde que lo colgué boca abajo y le abrí una muñeca para que se desangrara lentamente. Prometí que lo salvaría si me pagaba hasta el último de los daños —de repente, el griego empezó a palpar sus bolsillos y sacó un pequeño escorpión negro de entre sus ropas, lo levantó sin temor alguno y lo arrojó a la camisa de Luigi, que salió corriendo de la habitación mientras se retorcía desesperadamente.

"Hermes: Seguro Real, Ahorro real."

—Es de goma —se excusó Milo ante las miradas espantadas que le dedicaron.

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