Todo sea por la paz
Ya había pasado bastante tiempo desde que los humanos dominaron al Continente Mágico, esto gracias a la magia de los hechiceros y su impecable organización al aliarse en contra de los enemigos. Fue así como se formaron los cuatro grandes reinos, dominado por los cuatro grandes Hechiceros.
Ishigami Byakuya, el Popular, era el rey del Reino Stone, el más amado de los cuatro, quien trabajó para formar alianzas con elfos, hadas y gigantes. Él era quien intervenía para frenar las posibles guerras y muchos lo llamaban el más grande responsable de alcanzar la paz.
Los hechiceros no eran inmortales, pero si podían prolongar sus vidas mientras estuvieran dispuestos a seguir gobernando, y Byakuya dejó de prolongar su vida cuando encontró un hijo, un pequeño huérfano al que llamó Ishigami Senku. El nuevo príncipe.
Los otros tres reyes le reclamaron por su decisión de dejar de prolongar su vida, pero hizo oídos sordos. Poco después también encontró una esposa, que lo hizo reafirmar su decisión de empezar a envejecer.
Sin embargo, pese a que Byakuya estaba convencido, sus compañeros no.
—Debes ser responsable y entender algo, Byakuya —dijo Xeno, el Oscuro, mirándolo muy seriamente—. Eres el conciliador por excelencia. Desde que dominamos el continente, las otras razas han estado desesperadas por encontrar una razón para volver a ir a guerra y arrebatarnos la dominancia. En especial la raza de las hadas, que ha estado creciendo mucho en número. Las tensiones duraran más que tu vida si eliges envejecer normalmente.
—No creo que las hadas hagan nada. —Hizo pucheros, haciendo a sus compañeros suspirar—. Muchas viven en mi reino y son criaturas adorables. ¡Mi esposa hasta es mitad hada! ¿Por qué preocuparse? —Sonrió felizmente.
—No todos tenemos tiempo para las relaciones públicas como tú —dijo Joel, el Artesano—. Estoy concentrado en mis creaciones, pociones, hechizos y también en el desarrollo de utensilios para vender y mejorar la economía. Mi reino está lleno de artesanos y nuestra prioridad es vender. Necesitamos de la paz para tener más compradores, pero no voy a salir a perder el tiempo haciendo amigos. —Sonrió arrogantemente.
—Tiene razón en que todos necesitamos la paz. —Cuando la cuarta hechicera, Amaryllis, la Encantadora, dio un paso más cerca de Joel, este se encogió por completo, sonrojándose y bajando la cabeza—. Yo ni siquiera me encargó de gobernar mi propio reino, es mi esposo Soyuz, pero él también es un hechicero con la capacidad de prolongar su vida. Yo puedo manipular a algunos gobernantes con mi belleza y así formar alianzas, pero no soy buena con la política a largo plazo. Te necesitamos, Byakuya-san.
—Creo que están exagerando. —Byakuya rio nerviosamente, frotando su nuca—. Vamos, incluso aunque muera, mis hijos seguirán con mi legado. Mi hijo Senku es tan brillante como Xeno y tan talentoso y hambriento de progreso como Joel, también puede llegar a ser un líder carismático.
—Tu hijo es de mi agrado —admitió Xeno—, pero no sirve de mucho para las relaciones públicas. Es demasiado directo y sincero, y solo le importa estar encerrado en el castillo trabajando más con las leyes naturales que las leyes mágicas.
—Puede llegar a ser un buen líder —insistió Byakuya, muy seguro—. Es cierto que se escapa de las clases de etiqueta o policita todo el tiempo… ¡pero tiene potencial! ¡De hecho, ya tiene amigos de distintas especies! Hadas y elfos, se lleva muy bien con ellos.
—Sus escasos amigos jóvenes no sirven —recalcó Xeno—. Tiene que involucrarse con los círculos de poder, hacer demostraciones de caridad, convivir con el pueblo, tiene que ser como tú, Byakuya. Si le vas a dar el trono del cuarto reino, debe estar listo para la responsabilidad y dar la talla. Y debe ser rápido.
—Solo tiene diecisiete años, aún hay tiempo para…
—La vida humana sin magia es muy corta —volvió a hablar Xeno—. Además, él mismo no es un hechicero tan poderoso, ¿no es así?
—Sí es poderoso, solo que se concentra más en la ciencia y el conocimiento empírico, le falta practicar su magia. —Volvió a reír nerviosamente.
—Amaryllis tenía su edad cuando se unió a nosotros y sin embargo hoy es la hechicera más poderosa en su campo, no es una excusa.
—Vamos, Xeno, no seas tan duro. —La chica sonrió con comprensión—. Deberíamos confiar en la palabra de Byakuya, nunca nos ha fallado.
—Pero la situación con las hadas es muy tensa —murmuró Joel, luego de alejarse a varios pasos de Amaryllis—. Xeno tiene motivos para preocuparse. El pueblo de las hadas respeta a Byakuya, porque los ayudó en sus momentos de necesidad y saben que es por él que nuestros reinos les ofrecieron ayuda también. Cuando dejes el trono, el pueblo de las hadas dejará de sentirse en deuda con los hechiceros y los gobernantes aprovecharan cualquier excusa para la guerra. Más muertes, menos ventas de mis relojes y artilugios.
—Aunque hay algo que podríamos hacer… —susurró Amaryllis de pronto—. Dijiste que tu hijo tiene diecisiete, ¿no es así?
—Sí…
—Bueno, la princesa del reino más grande las hadas tiene casi la misma edad y es mitad humana. —Amaryllis sonrió con emoción, sus mejillas enrojecidas—. ¡Es obvio! ¡Podrías comprometerlo con ella y asegurar la paz por muchos, muchos años más!
—Ah, una idea realmente elegante. —Xeno sonrió, de pronto viéndose más tranquilo—. Unir dos reinos por el matrimonio siempre es una buena garantía. Si tienen hijos, la paz estará todavía más asegurada. Muy bien, Byakuya, parece que hemos encontrado la solución al problema.
—Sí, es una buena solución —Sonrió temblorosamente—, pero es imposible.
—¡¿QUÉ?! ¡¿Por qué?! —preguntó Amaryllis, con la mandíbula por el piso.
—Senku detesta las relaciones amorosas. —Lloriqueó, sacando un pañuelo y todo—. Le he presentado decenas de chicas… ¡no le interesan en lo absoluto! Tengo la firme creencia de que se morirá solo. —Parecía realmente angustiado—. Incluso aunque conozco a todas las princesas de todos los reinos de las hadas, sé que no habrá forma de que quiera siquiera acercarse a ellas.
—¿Es en serio?... —Xeno frotó sus sienes—. Byakuya, de esto depende la paz del continente. Convéncelo o bien abandona tu idea de envejecer junto a tu esposa, porque no arriesgaremos todo lo que hemos logrado por un capricho ya sea tuyo o de tu hijo. Tienes seis meses para tomar una decisión.
Byakuya volvió a hacer pucheros y Amaryllis se acercó a palmear su hombro.
Xeno y Joel se fueron y la chica miró con pena al mayor.
—¿No hay forma de convencer a tu hijo? Quizás le guste la princesa de las hadas…
—Es que seguro que ni siquiera le dará la oportunidad de acercarse, ¡ya lo conozco! —Sonó su nariz con el pañuelo—. Aunque… Quizás… —Su mente empezó a trabajar a toda velocidad—. Quizás haya una forma de lograr que acepte el matrimonio.
—¿Ya pensaste en algo? —Lo miró esperanzada.
—No sé si va a funcionar, pero vale la pena intentarlo. —Apretó el puño con decisión.
.
Cinco meses después, Byakuya llamó a su hijo a la sala del trono, a lo que él acudió con su fiel guardaespaldas siguiéndolo como siempre.
—¿Quieres comprometerme con una princesa hada? —Rio con diversión ante las palabras de su nervioso padre—. Me sorprende que creas que aceptaré. No tengo tiempo para eso y lo sabes. Estoy a punto de enviar el primer satélite artificial al espacio combinando magia y ciencia, no aceptaré distracciones.
—Sabía que dirías eso, hijo. —Suspiró—. Por eso he llegado a la terrible decisión… de retirarte tus fondos y la mano de obra hasta que le des a este compromiso una oportunidad…
—¡¿Qué demonios, viejo?! —De inmediato se crispó con indignación.
—¡Ni siquiera te pido que te cases o te comprometas de una vez! —aclaró, juntando las manos por encima de la cabeza, con lagrimitas en los ojos—. ¡Solo quiero que vayas al reino de las hadas del Oeste y le des una oportunidad a la chica! ¡Estoy seguro de que te gustara!
Senku lo miró con su rostro lleno de fastidio, antes de finalmente lanzar un gran suspiro y frotar sus sienes.
—Ese viaje dura casi dos semanas solo para ir, a menos que vayas en dragón, ¿por qué tiene que ser el reino de las hadas del Oeste? De hecho, ¿por qué diablos me quieres comprometer con una princesa hada?
—Son la segunda especie más numerosa y aún después de tantos años persisten tensiones pasadas —le explicó, con rostro triste—. Gracias a mi buena relación con ellos, el pueblo de las hadas me tiene aprecio y repudiaría una guerra con los humanos, pero sus nobles y la realeza no piensan tanto así. Senku, he elegido envejecer junto a Lillian y lo sabes. No voy a estar aquí para siempre, tomarás mi lugar algún día. —Suspiró—. Sé que serás un buen rey, pero los otros tres hechiceros están preocupados por tus relaciones políticas. Para asegurar la paz, tu matrimonio con la princesa de las hadas del Oeste, el reino más numeroso de hadas, será una garantía. ¿Lo entiendes?
Senku hizo una mueca.
Sí, veía la lógica en esta decisión, pero…
—Dijiste que no me estás obligando, solo quieres que la conozca. —Lo miró de reojo—. Entonces solo tengo que ir y si no me gusta podré rechazarla y eso sería todo. ¿No es cierto?
Su padre sonrió inmensamente.
—¡Sí, sí! ¡Eso sería todo!
Senku suspiró.
—Muy bien. Aceptó.
Su padre gritó de emoción y de inmediato empezó a ordenar a los sirvientes que prepararan todo para su viaje. Senku se retiró, con su guardaespaldas siguiéndolo.
—¿Puedes creerlo, leona? Ese viejo se ha vuelto loco —dijo al salir a los jardines del palacio—. No necesito de este matrimonio. Es ridículo.
—Ja, ¿acaso sientes tanto repudio hacia las hadas? —Ella lo miró con diversión, desplegando sus alas y volando hasta estar frente a él—. No somos tan malas.
—Me daría igual si fuera un hada o un troll, incluso, no me interesa un matrimonio. —Rascó su oído con fastidio.
—Bueno, eso es algo que todos tus amigos notamos. —Sonrió con calma, antes de bajar al piso y guardar sus alas—. Aunque nos conocimos solo este año, al ser tu caballero he aprendido mucho de ti. Creo que tienes razón en que no necesitas ese matrimonio, serás un rey excelente y sabrás mantener la paz. No tengo ninguna duda. —Le sonrió con ojos brillantes.
Senku no se molestó en contener una sonrisa, aunque sus ojos se desviaron al cielo.
Por supuesto, Kohaku lo apoyaba ciegamente. Incluso en tan poco tiempo, se convirtió en su aliada más leal, aunque al principio no fue así.
Su padre la asignó como su guardia personal porque quería disipar los rumores de que hadas y humanos estaban al borde de la guerra, pero Senku creyó que Hizashi Kohaku no era la mejor opción. Desde el principio ella pensó en él como "escoria", repudiaba sus métodos de usar sus inventos científicos como carnada para que sus empleados trabajaran un poquito más de lo legalmente permitido como límite de horas laborales, lo creía débil por no poder siquiera cargar una cubeta sin requerir a la magia, y le gritaba todo el tiempo por poner su vida en peligro con químicos o por llamarla "leona" como la apodó el primer día en el que se conocieron.
Con el pasar del tiempo, sin embargo, Kohaku y él cambiaron por completo la naturaleza de su relación.
Quizás todo empezó cuando fueron a las afueras del reino y unos ladrones los atacaron, usando magia para encerrarla bajo el tronco de un árbol. Senku, que era demasiado débil en la fuerza de sus hechizos, tuvo que combinar magia y ciencia para salvarla, tardando horas y horas, pero sin perder la concentración, hasta que lo logró. Luego, cuando falló en enviar su primer intento de satélite a los cielos, ella pareció admirar su determinación de no rendirse. Cuando iba al pueblo a reunir mano de obra para sus proyectos, ella dijo que él realmente podía llegar a ser carismático cuando se lo proponía, incluso aunque era un explotador. Cuando encontraron un plebeyo con una enfermedad mortal, pero curable, Kohaku le pidió no ir a arriesgar su vida consiguiendo el ingrediente necesario para salvar al plebeyo, insistió en hacerlo ella, pero Senku no cedió porque solo él sabría cosechar el material en esa zona llena de gases venenosos. Al final fueron juntos, y luego de volver juntos y salvar a ese plebeyo ella ya no volvió a cuestionarlo.
Sí, ella había llegado a admirarlo mucho. Y él la admiraba también, por lo rápido que se adaptó al reino, su buena relación con el pueblo, en especial los niños, su talento con la espada y la magia, y sobretodo su lealtad y honestidad. No conocía una persona más transparente que Hizashi Kohaku, y por eso fue fácil notar que de repente no estaba tan animada como solía estarlo. ¿Acaso era… por lo que Byakuya dijo respecto al matrimonio?
Senku no era estúpido, sabía que Kohaku sentía algo por él. No sentía lo mismo, pero no entendía por qué se preocupaba. No iba a aceptar ese matrimonio, porque era inconveniente para sus planes y ya.
No había ninguna otra razón.
Al día siguiente, Senku y Kohaku partieron en un carruaje hacia el reino de las hadas del Oeste, solo ellos dos y un par de caballos, para no llamar la atención de bandidos. Y porque Kohaku se había vuelto tan fuerte gracias a los inventos de Senku para potenciar sus habilidades que no necesitaba más guardias.
Desde que llegaron hasta que pararon para almorzar Senku se dio cuenta del rostro desanimado de Kohaku, cosa que lo empezó a fastidiar un poco.
—Si sabes que no pienso aceptar ese matrimonio, ¿verdad? —preguntó con fastidio, rascando su oído con el meñique.
—Primero debes pasar tiempo con la princesa —le dijo—. Ya luego decidirás si te casas o no. No olvides lo que dijo el rey.
—¿Y qué cambiará estar allí dos o tres días y tomar el té con una princesa que ni conozco? —Se aburrió terriblemente de solo pensarlo—. ¿Tú la conoces?
Kohaku se quedó en silencio un largo rato, antes de asentir.
—La princesa Luna es conocida por su gran belleza. Dicen que decenas de hombres se han enamorado de ella con solo verla.
—¿Y se supone que yo seré otro numerito en la larga lista? —Rio sin humor—. No me interesa en lo más mínimo. Cumpliré con la condición del viejo, la rechazaré y volveremos a casa, así de fácil.
—El reino del Oeste es mi hogar de origen, ya sabes —murmuró suavemente—. Quizás ya no quiera regresar al reino Stone… Ya he cumplido mi servicio en tu reino, por si lo olvidas.
Senku se congeló.
—¿Qué?...
—Cuando vuelva a mi hogar, deberé tomar la decisión de quedarme o regresar contigo —susurró, con la voz empequeñecida—. Y lo he estado pensando y… quizás elija quedarme. P-pero no te preocupes, te asignaran más guardias en tu camino de regreso incluso sin mí.
Senku le dio la espalda de inmediato, sin querer que ella viera la expresión de absoluta traición en su rostro.
¿No se suponía que era su caballero más leal? ¡¿Por qué quería abandonarlo ahora?! ¡¿De verdad pensaba que iba a caer preso de la belleza de esa princesa Luna?! ¡La única belleza tan grande como para hacerlo mirar a una mujer dos veces fue únicamente la suya, solo Kohaku hizo que…!
Esperen, ¿qué?
Detuvo sus pensamientos y le dijo que volvieran al carruaje y siguieran su camino.
El resto del día los dos se mantuvieron en silencio, mirando por la ventana, cada uno perdido en sus pensamientos.
Kohaku fue la primera en dormirse, y entonces Senku se dedicó a mirarla.
Era difícil de admitir, pero nunca había sido un hombre que negara los hechos comprobables. Todas las hadas eran hermosas, pero Kohaku era la única que lograba quitarle el aliento.
Aunque eso no significaba que ella le gustara, por supuesto.
Maldita sea, ¿por qué tenía que ser tan celosa con esa princesa Luna? ¿Por qué creía que lo iba a enamorar al instante? ¿Por qué eso era suficiente para abandonarlo?
Se consoló diciéndose que solo tenía que demostrarle que esa princesa no le gustaba y entonces ella recapacitaría y no se iría.
No permitiría que lo dejara.
Al día siguiente, ella siguió malhumorada, y Senku se hartó un poco.
—Leona, tenemos dos semanas de viaje en este aburrido cacharro, no puedes ignorarme para siempre.
—No soy una leona. —Ni siquiera lo miró.
—¿Y qué tal si paramos el carruaje cerca del bosque que está más adelante, cazas algo y yo preparó algo de ramen con los ingredientes que traje? —Sus ojos se iluminaron inevitablemente y él rio—. Hasta traje tus condimentos favoritos.
Finalmente, ella le sonrió.
—¡Ja, tienes suerte de que me muera de hambre!
Y eso fue todo, volvieron a ser los mismos de siempre y las dos semanas se pasaron volando entre largas conversaciones, juegos de mesas y de palabras, historias científicas, entrenamientos mágicos y observarla dormida cada que tenía la oportunidad.
Pronto, llegaron al reino de las hadas del Oeste, y el semblante de Kohaku volvió a marchitarse.
Ahora Senku estaba decidido.
Rechazaría a esa princesa Luna de inmediato y le diría a Kohaku que no tenía por qué alejarse de él, que seguirían con su amistad sin que nadie los molestara. Puede que ella no le gustara como él a ella, pero no iba a perder a su más leal caballero por una tontería.
Al llegar al palacio, el rey del Oeste los recibió junto a la princesa Luna.
Luna era rubia y de ojos azules, y sí era hermosa, pero Senku no la consideró atractiva ni en lo más mínimo.
Incluso aunque extrañamente se parecía un poco a Kohaku…
—Al fin nos reunimos otra vez —dijo el rey, confundiéndolo.
—¿Nos hemos visto antes?
—Tú no, joven príncipe. —Lo miró extrañado—. Le estoy hablando a mi hija. ¿Y bien, Kohaku? ¿Te gustó el príncipe Senku? ¿Aceptarás casarte con él?
Senku giró el cuello bruscamente hacia su leal y sincero caballero de brillante armadura, que apartó la mirada nerviosamente, sudando frío.
—Pa-padre, ha pasado tiempo. —Rio con nerviosismo—. Ruri-nee, es bueno verte. —Miró con cariño a la princesa que había creído que era Luna, pero que en realidad se llamaba Ruri.
—¿Pasa algo? —La princesa Ruri notó la tensión entre Senku y Kohaku.
—No. —Kohaku carraspeó, mirando seriamente a su padre—. Padre, he tomado mi decisión. El príncipe Senku no me gusta y no pienso casarme con él, y estoy segura de que él comparte mi opinión. En estos seis meses, lo único que se formó entre nosotros es una fuerte amistad. ¿No es así, Senku? —Le sonrió con sudor frío recorriendo toda su frente.
Él se llevó las manos a la cintura, mirándola con una ceja en alto y toda la sequedad del mundo.
Aparentemente ella no era tan transparente como había pensado, eso o él fue muy estúpido como para notar las obvias señales.
Ahora era obvio. Ella no estaba desanimada porque pensaba que se iba a casar con otra, ella estaba desanimada porque rechazó casarse con ella.
—Antes de dar mi respuesta, me debes una explicación, Kohaku. —Frunció el ceño—. ¿Por qué una princesa como tú fue enviada a servir como guardaespaldas, poniendo su vida en peligro?
—¡¿Qué ella QUÉ?! —El rey enfureció de inmediato.
—¡Déjame explicarlo! —Como si no hubiera tenido suficientes sorpresas ya, Byakuya se apareció de pronto, corriendo hacia ellos.
—¡¿Y tú cómo llegaste tan rápido?!
—Vine en mi dragón, por supuesto. —Sonrió con todos los dientes—. Hijo, todo esto fue mi idea. Verás, mi compañera Amaryllis, la Encantadora, me sugirió un matrimonio entre este reino y Stone pensando en la princesa Ruri, que es solo dos años mayor que tú y es la más conocida en la sociedad. Pero yo, como tengo tanto contacto con otros reinos, sabía de la existencia de la princesa Kohaku, que es unos meses más joven que tú. Y tenía una corazonada de que sus personalidades iban a encajar. —Sonrió soñadoramente—. Sin embargo, sabía que ni tú ni ella querrían darse una oportunidad, entonces viaje aquí para proponerle al rey Kokuyo enviar a su hija unos meses a nuestro reino para ver si se enamoraban y aceptaban el matrimonio. Pero eso no es todo. —Meneó las cejas—. Hablé por separado con la princesa Kohaku, proponiéndole el plan de ser tu guardaespaldas y no decirte nada de su verdadera identidad, para que pueda conocerte sin la presión del matrimonio detrás.
—Es cierto, Senku, y yo acepté engañarte. También te engañé con lo de la princesa Luna, ella es del reino del Este. —Kohaku bajó la cabeza—. Al principio estaba convencida de que no ibas a gustarme, pero luego… —Apretó los puños, sonriendo falsamente—. Nos hicimos amigos. Y me agradas, pero no me gustas, así que está bien que rechaces este compromiso.
Senku la observó en silencio por un momento, antes de mirar con fastidio a su padre, que le dedicó la sonrisa más inocente del mundo.
—Agh. —Rascó su oído con el meñique—. Qué situación tan ilógica y molesta. Todo lo que quiero es irme a terminar mi satélite. —Negó con la cabeza—. Y necesito tu ayuda para eso, leona. Así que aceptaré este compromiso.
—Bien, sé que nunca quisiste un… —Kohaku se calló de pronto—. Espera, ¡¿QUÉ?! ¡¿ACEPTAS?!
—¡SÍ! ¡LO SABÍA! ¡SE AMAN! —Byakuya empezó a correr por toda la sala del trono como niño chiquito.
—Pe-pero dijiste que… —Ella seguía en shock, y Senku tomó su mano y la alejó un poco de sus muy confundidos familiares.
—Escucha, leona, sé que solo somos amigos —Decidió guardarse el hecho de que sabía perfectamente que estaba enamorada de él—, pero esto es por la paz de los reinos, y tampoco quiero que te quedes aquí. Ven conmigo y sigue ayudándome. —La miró seriamente—. Ayúdame con mis proyectos… y ayúdame a gobernar también. Eres mi mejor aliada, no existe nadie más eficiente para el puesto.
Ella lo miró con la boca abierta y los ojos muy amplios y brillantes. Cualquiera creería que él acababa de confesarle su amor por la sonrisa tan enorme que se le dibujó en el rostro, pero parecía que ella estaba feliz simplemente quedándose a su lado.
Y maldita sea que una parte de él quiso besarla justo en ese momento, pero se reprimió, porque eso era ilógico. Ella solo era su amiga.
—Padre, he cambiado de opinión. —Kohaku se acercó al rey del Oeste—. Aceptaré este matrimonio. Quiero quedarme con Senku. —Sonrió felizmente.
Kokuyo no pareció del todo contento, pero asintió, sabiendo que el matrimonio también lo beneficiaría.
Ruri y Kohaku se abrazaron, mientras Senku escapaba de un muy entusiasmado Byakuya.
¡La paz seguiría reinando en el Continente Mágico! Y dos buenos amigos seguirían apoyándose el uno al otro, solo que con otra etiqueta.
En vez de amigos, serían marido y mujer, pero no sería más que una fachada para permanecer juntos.
O eso creían ellos.
Fin.
Holaaaa :D
Y aquí está el último tema de la Semana SenHaku! :'D
Caballero y principe o princesa!
Pero mañana tendremos un día bonus! Y sin duda que yo participaré y les subiré algo :3
Ojala que hayan disfrutado esta semanita y muchas gracias a esas personas que participaron!
Muchisimas gracias tambien por apoyarme con un comentario o fav o follow!
No olviden q se les ama!
Me despido!
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
