One-Shot
Te Elegí a Ti
By: Hikari_1997
Translated by: Momokurita
···
Ostania. Sábado. 10:10 p.m.
Los únicos ruidos que se oían en aquella fría noche de invierno, eran los ladridos de los perros y el silencioso rumor de un viejo auto de época.
El coche se detuvo cerca de una zona residencial, un entorno ideal para las familias con niños. La puerta del pasajero se abrió, revelando la figura cansada de un hombre de pelo rubio.
—Buenas noches —despidió cordialmente al conductor del automóvil, pagando la tarifa del viaje en taxi.
—Te deseamos que tengas una noche de sueño muy reparador, amigo.
Suspiró, aceptó el cambio, sacó un juego de llaves del bolsillo de su chaqueta y abrió la puerta principal.
Sus piernas casi se rinden, pulsó el botón del ascensor... no tenía fuerzas para subir las escaleras, además…
—¿Código A eh?
Entró en el ascensor y guardó la moneda que había recibido como cambio en el bolsillo de su chaqueta, más tarde miraría el contenido y descifraría el código secreto de la nueva misión extra.
El hombre era, de hecho, un espía.
Agente «Twilight», el mejor espía de la nación de Westalis, comprometido en la importantísima «Operación Strix».
Hacía unos meses que había adoptado a una niña huérfana, y se había casado con una mujer que tenía un trabajo normal de oficinista en la ciudad para completar perfectamente su misión.
Para infiltrar a su hija: Anya Forger, en el prestigioso Eden College, y acercarse a Donovan Desmond, un empresario que se jugaba la precaria y efímera paz entre Oriente y Occidente; el hombre había creado una identidad falsa: Loid Forger, dando el espectáculo de un respetable marido y hombre de familia.
Todo por la misión.
Todo por la paz.
Arrastró sus cansados pies fuera del ascensor, aunque tenía una misión tan importante en marcha, sus jefes de WISE seguían dándole misión tras misión.
Lo estaban saturando.
En un segundo introdujo una del par de llaves en el ojo de la cerradura, y cuando abrió la puerta para entrar en su modesto piso, vio a la mujer sentada en el sofá.
—¿Por qué…? —susurró Loid, atrayendo su atención.
—¡Loid-san! Bienvenido de vuelta...
La mujer: Yor Forger era su —ahora— esposa.
—Es extraño encontrarte despierta a estas horas —observó Loid mientras colgaba su sombrero y su abrigo en el perchero cercano a la entrada, quitándose los zapatos para acercarse a la joven de veintisiete años.
Los ojos cerúleos de Loid captaron una caja llena de hilos de colores y alfileres.
—¿Estás cosiendo?
—Oh, lo estaba intentando; se me rompió un botón en el trabajo y no quería molestar a las costureras de la tienda por tan poco —explicó, omitiendo la verdadera razón por la que el pobre botón se había desprendido de la prenda.
Se me proporcionó de repente una misión; y mientras me cambiaba, un sobreviviente intentó golpearme por detrás y tuve que acabar con él mientras llevaba el uniforme, fue un milagro que no se manchara de sangre, pero en el calor del momento también corté el hilo del botón.
Un repentino gemido distrajo los peculiares pensamientos de Yor, notando que su marido se estaba masajeando un hombro dolorido
—¿Loid-san? ¿No te ves bien, has tenido problemas con otros pacientes? Ah, no me digas que te obligaron a practicar otras «terapias de choque».
Loid apretó los labios, recordando su patética excusa que —por alguna razón— Yor se había tragado; después de todo, tras conocer a Yuri, Loid había decidido no hacer más preguntas sobre la familia Briar.
—Uhm, algo así —se limitó a responder.
—Oh, si quieres...
Loid vio cómo las mejillas de la mujer se teñían de rojo.
—Me dijo Camilla que a veces lo hace por su novio cuando está cansado, pero...
Los ojos de Loid se abrieron de par en par, la conversación estaba tomando de repente un giro extraño.
—... ahora estamos casados y debería ser normal, ¿no?
Twilight, el cansancio te hace pensar cosas que no deberías; no es como si Yor quisiera...
—Podría proponer —continuó la mujer, haciendo tragar en seco al joven—: Un masaje.
Loid parpadeó un par de veces
—¿Qué?
—Eso es, si no te importa.
Ahora que lo pensaba, durante la famosa fiesta en la que Loid se había autodenominado marido de Yor, Camilla había mencionado algo sobre los masajes.
Evidentemente, lo había dicho por celos, intentando que la imagen de Yor se viera disminuida; sin embargo, a Loid no le importaba realmente.
Él mismo había hecho cosas mucho peores en su vida.
La propia Yor nunca lo había ocultado, incluso revelando que había tomado clases de yoga.
Sin embargo, al pensar en ello, Loid se estremeció ¿No serán más bien... cursos donde aprendió a presionar los puntos vitales del cuerpo? Recuerdo bien aquella técnica con la que noqueo una vaca de ochocientos kilogramos.
Tragó saliva inexistente.
—Eh… uhm —a pesar del abatimiento que sentía ante la idea, no quería parecer grosero.
La cara de Yor se iluminó, haciendo sitio en el sofá, dejando su uniforme y su costurero en otro lugar.
—¿Prefieres quitarte la camisa o…?
—No, no... está bien así —respondió rápidamente, lo que le sorprendió sobremanera.
A lo largo de su carrera como espía, Loid había fingido innumerables romances con muchas mujeres, pero con Yor intentaba ser lo más respetuoso posible.
No podía entender por qué, pero con ella, aunque ambos habían aceptado la farsa, no quería mentir más de lo necesario.
Suspiró cuando sintió que los dedos de Yor se posaban sobre sus hombros, rezando a los dioses de todas las religiones conocidas, para que la ya conocida fuerza de la joven no le causara más daño a su cuerpo.
Sin embargo…
Ligero y suave fue el toque y la presión ejercida sobre sus omóplatos. Sintió los pulgares de Yor moviéndose en círculos, presionando los lugares adecuados.
Gimió inconscientemente.
—¿Duele demasiado? —preguntó Yor, apartando inmediatamente las manos.
—Absolutamente no, Yor —la corrigió Loid, apenas giró la cabeza y le sonrió—. Continúa.
Yor le devolvió la sonrisa y continuó masajeando su espalda, cuello y hombros, contenta de que sus conocimientos anatómicos, también pudieran ser utilizados para el bien, y no sólo para matar a sus «clientes» lo más rápido posible.
Una sonrisa triste apareció en su rostro
—Lo siento Loid-san.
Loid, completamente perdido en el tacto de su mujer, la miró con extrañeza
—¿Eh? ¿De que hablas?
—Esto... es quizás lo único que puedo hacer para ayudarte. No sé cocinar, soy un desastre con la etiqueta, tengo demasiada fuerza masculina y casi te hago daño borracha durante la obra que organizó Franky. Estoy tratando de mejorar, de... ser una mejor madre para Anya y una mejor esposa para ti; estoy segura de que hay muchas mujeres que son más femeninas y más talentosas, pero…
Loid detuvo el masaje y se volvió completamente hacia la mujer, tomando sus manos.
La vio sonrojarse.
Suspiró, tratando de encontrar las palabras adecuadas para no avergonzarla más de la cuenta, y acabar como Yuri después de su «casi beso».
—Sé que fue duro para ti mentir a Yuri y a tus conocidos, encontrarte de sopetón con un padre viudo como yo, y tener que ser madre de una niña tan vivaz como Anya, pero te agradezco lo que haces y nunca te pediré más de lo que esté dentro de tus posibilidades. ¿La cocina no es su fuerte? Puedo hacerlo por ti. Tienes muchas cualidades, Yor, por ejemplo yo nunca podría mantener la casa tan limpia como tú; y ahora que Anya quiere adoptar un cachorro, sé que puedo estar tranquilo si te tengo a ti. Aunque sea una farsa, estamos casados, y en el matrimonio compartimos.
El hombre era un experto en mentir, sin embargo, se encontró pensando que esas frases que acababa de pronunciar, tenían un núcleo de verdad, porque…
—Nunca me cansaré de decirte esto Yor: Te elegí a ti.
Vio que los ojos carmesí de la mujer se abrieron de par en par desconcertados, con un atisbo de lágrimas visible a ambos lados, a punto de humedecer las largas pestañas
—Lo…
Puum
Un ruido sordo hizo que la pareja se girara, poniéndose más roja que los tomates maduros al ver a Anya, con la boca abierta y su inseparable quimera mullida en el suelo, mirándoles fijamente desde la entrada del salón.
—Ma' y Pa' se están besando.
—¡NO ES CIERTO!
La vida de un espía es difícil, más aún si tienes que depender de otras personas para el éxito de la misión.
No obstante, después de acompañar a Anya a su habitación, recalcando al menos diez veces que no «Ma y Pa no estaban a punto de besarse», Twilight se encontró solo en su habitación descifrando el código que había adquirido esa noche, transcribiendo en un papel —que luego quemaría—, la ubicación de la misión y el nombre del posible traidor que debía ser detenido.
Dejó el lápiz y se apoyó en el respaldo del sillón, notando que el dolor en los hombros había disminuido ligeramente.
—Tendré que pedirle a Yor más de esos masajes... quizás cuando Anya esté en la escuela.
Ah, Twilight, realmente te estás relajando demasiado.
No le importaba en absoluto su situación actual.
