Este es un pequeño pasaje que se desprende de mi fanfic "Cuando te encuentre" donde Ryo es el hijo de HxR. No es necesario que lo leas para entender este One shot^^


Hice este breve one shot basado en el programa "Mi primer mandado" cuando lo vi en netflix, no pude evitar pensar en cómo se comportarían Heero y Relena cuando tuviesen que pasar por la experiencia.


EL PRIMER MANDADO DE RYO

Relena revisó su agenda esa mañana. No pasó por alto la pequeña nota de recordatorio que decía que esa jornada era clave.

Silenciosa, entró a su reunión en el palacio tratando de sacar de su mente uno de sus principales deberes del día como madre. Inquieta jugó con el click de su lápiz y sin querer movió su pierna con un tic nervioso que solo aparecía cuando estaba realmente ansiosa.

Al terminar su reunión, miró el reloj, concluyó que si iba por su hijo antes de la hora de salida habitual, pasaría inadvertido el gran desafío.

Cuando tomó el camino por el largo pasillo, su asistente Lisa la interceptó causándole un sobresalto.

- ¡Señorita Relena!

- ¿Qué sucede?

- Tengo los documentos que me solicitó.

Ambas caminaron juntas, Lisa parloteó el calendario de la tarde como siempre, pero Relena no tomó atención mirando a la nada pensativa

-¿Señorita Relenaaa? - preguntó la asistente - ¿está todo bien?

- Si, todo está mmm perfectamente.

El vistazo de intriga de Lisa fue legible en su cara y decidió no seguir recitando el cronograma de reuniones mientras su jefa no le pusiera atención.

Finalmente una pensativa Relena habló:

- Mmm estaba pensando - puso una mano en su barbilla - mmm...

-¿?...?

- Lisa, cancela las reuniones de esta tarde.

- ¡¿Qué?! ¿ así tan repentinamente?

-Sí, es que tengo que hacer algo.

- ¿En el horario de almuerzo? - preguntó Lisa extrañada - ¿Ahora?

- Sí ahora. No me esperes, te encargo que vuelvas agendarlas.

Relena devolvió la carpeta a su fiel asistente dejando perpleja a la pobre chica.

- ¡Merezco una explicación! - objetó - ¿acaso está enferma? ¿tiene fiebre? ¿es una emergencia?

Relena se acercó al oído de la chica susurrando un secreto. Ella relajó sus hombros en tensión.

- Oh ya entiendo, aún así es muy temprano para ir por él, srta Relena.

Ella guiñó su ojo con intención de dar a entender que sabía lo que hacía. Nadie se negaría a una decisión de la Viceministra que tan solo quería pasar el día con su hijo.

Relena se retiró en dirección a la guardería del palacio, cuidadosa miró a varios lados para no toparse con quién podría ser el principal obstáculo en su idea repentina. Sin muros en la costa, llegó a la ventana donde divisó un cabello claro muy particular perteneciente a un pequeño de casi cuatro años.

Allí estaba Ryo entre los demás niños escuchando un cuento de la cuidadora. La madre sonrió espontáneamente al ver lo apacible que se veía su pequeño. El tiempo había pasado muy rápido desde su llegada, cada día parecía crecer unos centímetros y hablaba más fluído que cualquier niño de su edad. Relena amaba sus ojos, en ellos se reflejaba la mirada azul prusiana, característica innegable de quién era su padre.

Ella tomó la manilla para abrir la puerta e interrumpir la clase, pero una suave voz causó escalofríos en su espalda.

- ¿Qué estás haciendo, Relena?

Ella giró su cuello y en la esquina del pasillo estaba apoyado su esposo a brazos cruzados. Usaba un trench verdoso y su cabello marrón revuelto la veían por el rabillo del ojo con sospecha.

- Heero...

Se contemplaron en silencio. Él avanzó unos pasos leyendo su mente.

-Yo, yo - dudó Relena - vine por Ryo.

- Un poco temprano ¿no crees?

Heero tomó la mano de Relena sobre la manilla deteniendo su posible acción de abrir la puerta y agregó:

- No será necesario interrumpir, en diez minutos tendrán un descanso.

Ella asintió.

- Entonces - continuó Heero - ¿querías hablar con la encargada?

La comisura de la boca de Heero se curvó imperceptible ante el nerviosismo de su mujer. La conocía, sabía que estaba ansiosa.

- No yo solo...

- Relena - reprochó él.

- ¡Está bien! - se resignó- quería retirarlo antes, para evitar el día del mandado.

-Lo supuse - respondió aliviado - que canceles tus reuniones del día de un momento a otro no es normal en ti.

-¿Estás espiando mi agenda otra vez?

Heero guardó silencio y justo en ese momento fueron interrumpidos por la apertura de la puerta. Una dulce mujer de piel morena y traje de color rosa pálido apareció frente a ellos.

- Señorita Viceministra, señor Yuy, qué sorpresa ¿necesitan hablar conmigo?

Los padres se miraron contrariados sin saber que decir. La educadora sonrió complacida ante la confusión. Ella estaba acostumbrada a las reacciones de los progenitores cuando daba la tarea del primer mandado, un paso importante para la independencia de los hijos y que varios papás retrasaban por temor. Este era el caso.

- Supongo que han llegado con anticipación a resolver sus dudas - explicó la mujer con paciencia - No deben preocuparse, Ryo está totalmente preparado. Así que recomiendo que hoy lo haga, por favor denme un minuto, iré por sus cosas.

La mujer entró a la salita en dirección al pequeño Ryo para entregarlo a sus padres junto a su mochila. El pequeño apareció por el umbral seguido de la cuidadora.

- Les daré su espacio para que finiquiten la tarea. Les recomiendo que todo ocurra como si fuese una orden o tarea normal del día a día, no exagerar al respecto y dar coordenadas específicas de a dónde irá, también explicarle que es su deber para ayudar a la familia, cómo dije antes, Ryo es un chico muy maduro para su edad, comprenderá fácilmente todo ¡Qué pasen una excelente tarde!

Relena asintió dudosa mirando Heero qué inexpresivo, cómo siempre pareció aguantar las ganas de preguntar más cosas.

- Hola Papá, hola mamá- saludó Ryo - ¿vinieron por mi?

Heero se agachó a la altura dándole un saludo desordenando su cabello claro. El niño se apartó ordenando sus mechas, aunque complacido por la habitual forma de su padre de darle la bienvenida.

El pequeño abrazó a su madre con ternura, ella sonrió maternal y tomó su mano para caminar con él. Ryo aferró su mano libre a la de su padre y los tres fueron juntos por los pasillos unidos como una familia de tres integrantes.

Luego de pasar varios corredores, funcionarios del palacio no pudieron evitar rumorear.

"¿No son adorables?" "Que bien se ven" " El pequeño creció más" eran parte de los comentarios de la gente.

Heero y Relena ya estaban acostumbrados, todos sabían que el preventivo y la Viceministra estaban felizmente bien al principio parecía extraño ser padres muy jóvenes, con el tiempo poco importó ese detalle, porque después formalizaron su relación y todos se enteraron quién era el papá del niño.

Mientras Ryo jugueteaba con sus pasos al avanzar y trataba de no pisar las líneas del suelo, Heero carraspeó su garganta para preguntar:

- Entonces ¿dónde comenzamos?

-Heero...

Relena lo vio rogando que no tocara el tema, pero él insistió bajando la voz con su habitual misterio y seriedad.

- No podemos seguir retrasando este deber, Relena. La puerta de salida trasera del palacio es el lugar más seguro para empezar.

Ryo vio interrogante a sus padres sin entender mucho de que hablaban. Estaba muy entretenido con el desafío de no pisar las líneas del piso colgado de las manos de sus papás.

Los tres fueron en dirección a los pasillos más alejados de la algarabía habitual de las oficinas. Sin querer, chocaron con una conocida en el trayecto

- Srta Relena, Heero Yuy - saludó Lady Une - ¡oh! Pequeño Ryo.

La mujer pareció complacida de encontrar a la pequeña familia tomada de la mano, una postal poco habitual en los días de semana.

- ¿Qué hacen por aquí? - preguntó Une

- Bueno nosotros - Relena bajó la voz susurrando - Hoy es el primer día de mandado de Ryo.

- Ya veo, una misión muy desafíante. No se preocupen todo saldrá bien.

-Eso espero - respondió la madre preocupada mirando a su hijo con temor.

Los tres siguieron adelante aún enlazados de sus manos. Une volteó a mirarlos por la espalda pensando en el destino de esa joven pareja, el cual fue predecible desde que supo que el piloto gundam protegió a la hija del ex Viceministro Darlian. La guerra los unió y ahora el amor los mantenía más vivos que nunca. La nostalgia por su señor Treize fue inminente y sonrió esperanzada pensando.

"Me pregunto si esta era la clase de vida apacible que esperaba para el mundo, señor Treize"

La pareja tomó un corredor que llevaba hasta la salida directa al exterior, esa era el ala del palacio más hogareña. Antes de abrir la puerta Relena dudó como comenzar con el teatro, pero Heero leyó su faz y la alentó.

- Relena...- llamó Heero

- Está bien está bien...- susurró.

Ella suspiró entendiendo la presión y comenzó su simulación.

- ¡Oh! tengo mucho trabajo, lamentablemente no podré ir a hacer mis compras del supermercado, ¿Heero puedes ayudarme?

Heero no se esforzó por exagerar una escena, más bien saco un papel desde su chaqueta listo para una respuesta. Su esposa lo reprochó con la mirada por su mala y fría actuación

- Claro, tengo una lista de compras que te servirán, pero yo tampoco tengo tiempo de ir.

Los dos miraron hacia abajo. El pequeño Ryo aferrado a sus manos los vio con inocencia de un lado para otro. Sus padres se comportaban extraños.

- Ryo - llamó Heero - ¿podrías ayudar a mamá y papá hoy?

El pequeño asintió con duda. Heero se encuclilló para leerle la hoja. Con la paciencia de un padre explicó:

- Ryo, deberás ir al mercado a comprar curry, leche, tofu y , no puedo entregarte la lista - la apartó del niño que a su corta edad ya sabía leer algunas palabras - debes memorizar lo que te pido. ¿Puedes repetirlo?

Un breve silencio cruzó el recibidor. Lentamente Ryo repitió el pedido con ternura:

- Curry, Leche, tofu y...

- Flores - recordó Relena al pequeño agachándose también - ten este es el dinero para pagar todo. Recuerda ir por el camino de siempre... ¿recuerdas cuando acompañaste a Lisa a la tienda? también hiciste ese recorrido conmigo hace unos días ¿sabes cuál es?

El niño asintió.

Relena metió el dinero en la pequeña mochila del niño y le dió un beso en su mejilla. El pequeño miró con duda a sus padres que se veían ridículos sonriendo esperando más respuestas de parte del niño.

- Entonces - continuó Heero - desde este instante puedes comenzar.

Un silencio cruzó el recibidor.

-N-no quiero hacerlo - replicó Ryo rebelde.

Heero y Relena se miraron sin saber que decir. No debían retrasar más el asunto, es más no esperaban ese tipo de réplica.

-¿No quieres ir de compras? - preguntó Relena -¿ Por qué?

-N-no quiero - replicó sin razón.- ven conmigo.

El chico jaló la manga de la chaqueta de su madremRelena miró a Heero suplicante, pero él no se desmoronó ante las palabras del niño e intervino severo:

- Ryo, yo y tu madre no podemos hacer estas compras ahora y hoy debes hacerlo por la familia.¿quedó claro?

A Ryo se le pusieron los ojos llorosos al mirar a su papá. Heero sintió una clavada en el corazón, pero su faz no demostró ni un ápice de flexibilidad.

Ryo abrazó a su madre escondiendo su cara en el regazo. Relena no soportaba verlo así y sabía que su marido tampoco, pero el deber era el deber y había tareas que cumplir.

- Mama - sollozó Ryo entre sus pechos - ven conmigo.

- Hijo, cada vez eres un niño más independiente y debes ayudar a la familia.

- Que vaya Lisa - murmuró.

Relena suspiró, otra vez miró a su marido quien a brazos cruzados se apoyó en la pared esperando que al niño se le pasara su temor. La madre tomó el camino más fácil y cambió de actitud. Lo apartó mirándolo a los ojos.

- Ryo, mírame, no nos moveremos de esta puerta hasta que cruces ese umbral con tu mochila en dirección al mercado ¿quedó claro? tu misión ahora es traer curry, leche, tofu y...

Relena olvidó el último pedido.

-Flores - agregó Heero.

- ¡Eso! te daré dinero extra para que compres una quinta cosa para ti, lo que tú quieras.

Ryo vio con interés el billete extra que su mamá metió en la mochila como incentivo. Se limpió las lágrimas de cocodrilo de su mejilla cambiando su semblante de pataleta.

-¿Un juguete?

- Lo que tú quieras - corroboró ella.

Ryo miró a su progenitor que seguía con su seriedad habitual. Una vez más creía que su madre se interesaba más por interactuar que su papá.

Ryo se resignó acomodando su pequeña mochila azul en su espalda. Abrió la puerta mirando hacia atrás y vio a ambos esperando que desapareciera.

Heero preguntó.

- ¿Tienes claro el camino?

- Sí, ya he ido antes.

Cómo si ninguna pataleta hubiese pasado cruzó el umbral para salir hacia un exterior de adoquines antes de llegar a una gran reja que dividía la entrada trasera del palacio con el ala de servicios. Ryo llegó hasta esa entrada donde el guardia lo vio con curiosidad.

-Voy al mercado - saludó Ryo.

El guardia vio hacia la entrada del palacio y distinguió a la pareja mirando detrás de un pilar. Entendió todo.

- Entendido jovencito...abriré de inmediato.

Las puertas automáticas se abrieron de par en par y el pequeño desapareció en la acera del exterior.

Al verlo irse Relena soltó tensión.

- No sé cómo soportaré esto.

Heero volteó guardando calma y poniendo una mano en su hombro para aliviarla.

- Entremos, no sacamos nada esperándolo aquí.

- Heero...

Relena admiraba lo calmado de su esposo. Se notaba que confiaba en su hijo, no dudaba de sus habilidades, es más él mismo le enseñaba movimientos de defensa personal para que siempre estuviese preparado. Heero sin duda mantenía la calma aún en situaciones de crianza complicadas.


Ryo fue por la calle memorizando la lista "Tofu, flores, curry y..." pensó.

- Para que necesitan todo eso si jamás cocinan ellos - concluyó.

Pasó entre las personas de la calle al llegar a la esquina del kiosko de revistas. Miró las portadas de política y se detuvo en un álbum de láminas particular. Aparecían robots gigantes llamativos.

-¿Cuánto vale, señor?

Relena se sentó en el escritorio nerviosa. Abrió sus anotaciones mientras Heero tomó un libro sentándose en el sillón. Ella lo veía con duda y cruzaban miradas cada par de minutos, pero no decía nada.

La madre simulaba no mirar su reloj cuando escribía. No habían pasado ni diez minutos y no podía entender como su marido estaba tan tranquilo leyendo.

El ruido de la manecilla del reloj fue lo único que escucharon. Se sumó el golpeteo del lápiz de la ex reina del mundo que comenzó a jugar con el retractil de su bolígrafo.

Heero dió vuelta la página sin dar atención a los párrafos. Sentía la mirada de Relena clavándose

generando presión, pero el confiaba que ante cualquier cosa extraña o anormal él sería el primero en saber.

Ryo por su parte, miró el álbum de estampas que se compró ilusionado. Perdido en la imagen la portada llegó a la primera esquina. Dió un paso al frente hacia el paso peatonal, sin reparar que la luz roja estaba encendida.

El niño sintió que alguien lo tomaba de su chaqueta jalando hacia atrás. Justo en ese momento un camión pasó por su frente.

-Cuidado niño...

Un hombre de aspecto oriental y mirada fría le reprochó su distracción. Ryo lo vio asustado dando cuenta que ese fue un grave error.

- Gra-gracias señor.

El hombre se detuvo en la mirada del niño. Algo peculiar tenía en su rostro que recordaban a cierto tipo de rasgo distinguible.

- Acaso tú ...

Wufei dudó un segundo y el semáforo cambió a verde. La manada de personas se movió y el niño siguió su camino. El ex piloto gundam contempló su alrededor. Vio hacia las azoteas y esquinas cercanas sintiendose vigilado.

Relena escribía su informe moviendo su pie. Las manecillas del reloj eran más lentas de lo habitual. Vio por el rabillo cómo Heero seguía leyendo su librito como si nada.

De pronto el teléfono móvil del preventivo interrumpió el silencio. Heero contestó:

- Yuy

- Chang.

-¿ Acaso acabo de ver a tu hijo casi ser tropellado por un camión?

Las tripas de Heero se retorcieron de miedo.

- Dame un segundo

Heero vio hacia Relena disimulando la impresión.

-¿Qué pasa? - preguntó desconcertada.

- Atenderé está llamada afuera - aclaró Heero - es del área preventiva.

- Al parecer los vigilantes que pusiste no son de mucha utilidad Yuy - siguió Wufei burlesco.

Heero salió del despacho y fue rápidamente caminando por el pasillo.

- Dímelo todo.

- Lo que dije, acabo de ver al que parece ser tu hijo distraído y solo, en plena avenida principal.

Heero suspiró y pasando sus manos por el cabello marrón.

- Día del mandado.

- ¿Qué? Ah, esas extrañas costumbres japonesas.

- ¿Dónde está ahora?

- Parece que va camino al mercado.

Heero se mordió la lengua por un segundo, pero no tuvo más remedio que pedirle a Wufei un gran favor.

- Wufei... tú...¿puedes mantenerme informado?

El joven chino dedujo que eso significaba seguir el niño. Espontáneo sonrió al otro lado del teléfono muriendo de ganas de ver la cara de preocupación de Heero.

- Mh no te aseguro nada.

-Gracias.

"Gracias" resonó en la cabeza de Wufei, eso sí que era algo desconocido en el llamado piloto perfecto. "Este tipo de volvió un débil" pensó molesto.

Cortó la llamada cruzando rápidamente la calzada y retomó el paso del niño poco metros más atrás. Miró hacia la próxima esquina y vio un guardia y luego otro. Los identificó rápidamente preguntándose en qué clase de padre sobreprotector se había convertido Heero Yuy. Wufei dio señales a los tipos para indicar que liderará la vigilancia.

Heero entró al despacho. Relena veía por la ventana inquieta hacia el exterior y lo rayos del sol de la tarde iluminaban su hermoso rostro. Se notaba inquieta.

- Pronto pasará media hora - dijo mirando su muñeca.

Su esposo sonrió cruzando la sala hacia ella y la envolvió por la espalda, ahora más tranquilo. Se impregnó del perfume de su mujer besando su mejilla y apoyando su barbilla en el hombro de Relena.

- Cálmate - susurró Heero.

- Lo estoy.

- No, no lo estás.

Ella inclinó su cabeza hacia él.

- Es muy pequeño aún -agregó Relena.

- Es un niño inteligente

-Demasiado, cómo tú.

- Yo diría que se parece más a ti.

Esa breve conversación bajó el nerviosismo de Relena. Heero tenía ese comportamiento cuando estaban solos, cálido, amable y protector. Cómo padre era más serio, suponía que era porque tenía miedo de fallar.

- Eres increíble, Heero.

- Mira quien lo dice.

-Tu siempre estás aquí para darme fuerzas.

- Más bien, tu me las das a mi. Me haz dado todo.

Heero, quien abrazaba por detrás a Relena, la apretó contra su cuerpo dándole un beso la mejilla y escondiendo su faz entre sus cabellos. Su aroma dulce era indescriptible y despertaba las sensaciones en su cuerpo. Se contuvo de subir su falda, no era el momento para tentarla.

De pronto el teléfono interrumpió su intimidad. Heero se sobresaltó. Se apartó leyendo el apellido Chang en la pantalla e Hizo una señal a su mujer que debía contestar en privado y salió del despacho contestado.

- Dímelo todo.

-Tú hijo acaba de dar una generosa limosna a un artista de la calle.

Ryo entregó un par de billetes en el sombrero de un saxofonista que agradeció con la mirada mientras tocaba una balada.

- ¿Acaso no le explicaron que debe cuidad de su dinero para su compra? - preguntó indignado - ¿que le enseñan en casa?

- Relena - gruñó Heero.

El dinero extra que ella había dado a Ryo lo hacía distraerse en el camino.

- Wufei, ¿ya está cerca del mercado?

- A un par de manzanas, pero sigue anonadado con el sujeto.

Ryo veía embelezado como el hombre tocaba el instrumento, era la primera vez que escuchaba tal sonido maestro.

- En fin, veré si puedo meter un par de billetes en su bolso sin que lo note.

- Gracias

- No me des las gracias, ya no pareces tú.

Cortó de golpe. El pitido del sonido dejó a Heero otra vez pensativo perdido en la nada. Si iba él en ayuda de Ryo, rompería las reglas del mandado y no se cumplirá objetivo que es que se desenvuelva solo por primera vez. Además tendría que justificar con Relena su actuar de enviar vigilantes en caso de cualquier emergencia. Estaba acorralado.

Ryo llegó ante las puertas automáticas del mercado y entró. Inocentemente se veía pequeño ante tantas estanterías gigantes llenas de productos.

- Leche, huevos, flores, ¿que más me pidieron? - trató de recordar - ¿Curry?

Paseó por el pasillo y llegó hasta un señor que ordenaba la repisa.

- Busco curry.

- ¡Hola!, podrás encontrarlo en el siguiente estante.

- Gracias.

Ryo miró los productos distinguiendo un paquete que decía "curry extra picante" y se levantó en punta para alcanzarlo, pero estaba muy arriba.

Una mujer se dió cuenta de la dificultad del niño:

- ¿Necesitas ayuda?

- Sí.

La mujer de dos colegas con blucles lo miró con ternura. Entregó el curry al niño maravillada de su determinación.

- Vaya, así que te gusta muy picante.

El pequeño asintió y la mujer se quedó detenida en su rostro "¿Dónde te he visto antes? " pensó.

-Gracias.

El niño se fue por el pasillo leyendo la etiqueta. La mujer no le dió importancia volteó con su canasto de compras hasta que de repente recordó yendo hacia él.

- Niño, ¿acaso eres...?

Pero alguien se cruzó por su camino impidiendo el paso.

- Sally, no digas nada.

Wufei tenía su dedo índice en la boca.

- Wufei...¿pero qué? ¿que haces aquí?

- Ni me lo preguntes.

- ¿Estás de niñero?

- ¡Claro que no!, esto solo fue... mejor no importa, solo no le digas nada.

Sally rió por lo bajo sacando conclusiones de la situación. Relena le comentó días atrás que estaba nerviosa porque aún no concretaban el primer mandado de Ryo, el rito japonés de independencia más importante en los primeros años de un infante.

- ¿Puedes explicarme todo?

- Luego, ahora no hay que perderlo de vista.

Wufei tomó del brazo a Sally de improviso y la arrastró con él al siguiente pasillo. Los dos miraron atrás de un estante viendo cómo Ryo escogía una caja de leche de la repisa.

Ella reflexionó:

- Me preguntó cómo llevará todo eso a casa.

-¿Por qué?

- No trae bolsa, en esa pequeña mochila no entrará todo.

Wufei no lo había pensado, pero vio la bolsa de Sally. La preventiva entendió a qué se refería.

- Mujer...

- No, esta es para mis huevos.

Relena escribía con un lapicero al cual se le rompió la punta repentinamente. En ese momento cayó en la cuenta de su falta, no había pensando que su hijo necesitaría una bolsa más grande para traer los requerimientos de su primer mandado.

- Oh no.

-¿Qué sucede? - preguntó Heero quién sacó los ojos de su lectura.

-Olvidamos entregar una bolsa de supermercado a Ryo, Heero.

Heero cayó en la misma idea que Relena, las brazos de su pequeño hijo de casi cuatro años eran muy pequeños para traer cuatro cosas. Trató de aliviar a su esposa.

- Él deberá comprar una. El objetivo de esta tarea es que él resuelta sus dificultades.

-Heero.

- Ryo es un niño inteligente, no vendría con todas las cosas en sus manos.

"Tampoco podría comprarla si gastó más dinero del pensado" reflexionó Heero en su interior. Wufei le comentó que había dado unos billetes a un artista callejero y se preocupó de que no tuviera lo suficiente para comprar una.

Relena miró su reloj dando cuenta que ya estaba pasando una hora.

- El mercado no queda tan lejos, ya debiera venir de regreso...

Wufei cruzó otra estantería. Oculto entre los pasillos seguía al niño mientras Sally lanzaba de vez en cuando una risita misteriosa.

- Los niños son tan impredecibles. ¿Será eso su mandado? veo, leche, curry, tofu y huevos. Claramente el álbum de estampas lo quiso él.

- No importa lo que compre el niño, lo importante es que regrese.

- Wufei, que preventivo más preocupado, quién lo diría.

- Es que no quiero deberle nada a ese sujeto - contestó molesto - Ya va hacia la caja a pagar.

Ryo hizo la fila como cualquier persona, a penas podía sostener entre sus brazos todo lo que llevaba. Una señora amable que estaba adelante de él lo vio con comprensión dando entendiendo que si un niño tan pequeño andaba solo y cargado de cosas seguramente hacía un encargo para sus padres. Vio como al pequeño se le comenzaban a resbalar las cosas de los brazos.

- ¿Necesita ayuda jovencito?

- No, yoo - hizo fuerza acomodando las pertenencias - yo...

La caja de leche cayó al sueño y al agacharse por ella también cayó la bandeja de Curry. El pequeño recogió todo rápidamente.

El teléfono de Wufei sonó en ese instante y la voz reconocible del preventivo 01 habló.

- ¿Cómo va todo?

Wufei divisó el conflicto del pequeño Ryo recogiendo las cosas del suelo torpemente y dejándolas en la banda de la caja registradora.

- Mmm fuera de que tu hijo no tiene fuerza en los brazos, todo bien.

-¿Puedes conseguirle una bolsa ?

- Podría pero...

- Pero...

- Justamente, creo que está comprando una.

Ryo contaba los billetes en su mano. Aún no entendía que significaban aquellos números impresos en el papel, pero la señora mayor ayudó a contarlos explicándole cuántos debía pasar a la señora de la caja registradora por las cosas que había comprado y la bolsa que necesitaba

- Ese niño tiene angel - comentó Sally orgullosa.

- Agh, Yuy parece que tú hijo se desenvuelve mejor de lo que crees - explicó Wufei - llegará a salvo.

- Más te vale.

-¿Me estás amenazando?

Heero cortó la llamada. Wufei vio con rabia su teléfono, pero en un segundo Ryo avanzó en la fila y ya estaba metiendo las cosas y al tomar la bolsa, debido a su baja estatura, llegó hasta el suelo casi arrastrándola. Ese acto era la mezcla entre una imagen desastrosa y tierna.

Sally y Wufei avanzaron hacia la calle escondiéndose detrás de un poste de luz.

- Déjame sacarle una foto - pidió Sally acomodando el enfoque de su teléfono - Relena querrá tener registro de esto.

-Se supone que para ella nosotros no estamos aquí, a menos que... que...

Wufei miró a Sally con sospecha y ella desvió su rostro mirando el atardecer. El piloto de Nataku entendió todo.

- No me sigas que la Relena Peacecraft te envió a vigilar a su hijo.

- ¡Wufei como crees! - respondió falsamente indignada - ella solo me dijo que me diera una vuelta por el mercado y...

- ¿Y?

- Digamos que fue una coincidencia forzada.

-¡Por eso no confío en estos japoneses! dicen una cosa después hacen otra.

Los dos siguieron avanzando entre la gente vigilando al niño. De pronto el pequeño Ryo se detuvo antes de llegar a la avenida y comenzó a regresar. Los dos vigilantes se vieron dudosos ante el acto sin saber si intervenir.

- ¿A dónde va ahora? - preguntó Wufei -¿Por qué regresa? ¡Ya va a oscurecer!

- ¡Escóndete! - alertó Sally.

El pequeño que con dificultad daba pasos y llevaba la mercadería regresó en dirección al mercado, pero se detuvo frente a un kiosko que albergaba flores. El señor amable de bigotes le preguntó:

-¿Cuales te gustan?

- Mmm quiero, quiero las moradas.

- Buena elección pequeño. Son dos con cuarenta.

Ryo buscó monedas en su bolsillo sin encontrar dinero. Dejó las cosas en el suelo sacando su mochila registrando los pequeños bolsillos de los costados, pero no le quedaba ningún billete, todo por haber gastado demás. El susto en su cara fue evidente y no podría regresar con todas las cosas de la lista del mandado.

- Maldición ya no le queda dinero - gruñó Wufei.

- Eso significa que su misión está incompleta - comentó Sally - tendrán que repetir esta tarea mañana

- ¡Maldición no llores, niño! - murmuró Wufei enojado - eso no es de hombres.

El pobre niño entendía su falencia y lamentó no poder completar su mandado. Su faz comenzó a cambiar a tristeza.

- Yo...yo... - balbuceó - esas flores son para mi madre.

El dueño del pequeño almacén enterneció escuchando al niño que comenzaba a sollozar.

- Mi madre es...mi madre está... enferma.

El hombre bajó a la altura del niño entendiendo la pena del niño quién seguía explicando ocultando su rostro entre las mangas de la chaqueta.

- Yo solo quería hacerla feliz con flores y prepararle la cena - el pequeño mostró la bolsa - pero no me alcanza para tanto.

-Oh, entiendo pequeño, no estés triste - comentó el hombre mayor - Mira tengo estas flores que son más baratas, lleva estas peonías blancas para ella y dile que deseo de corazón que se recupere.

- Gra- Gracias - sollozó Ryo aún escondiendo su rostro - ella estará muy contenta.

Ryo siguió su camino simulando su tristeza. Por detrás Wufei y Sally no sabía si reír o enojarse. Era cómico ver a un niño actuar de esa manera.

- ¡Por dios que le enseñan en casa! - exclamó Wufei.

- Jajaja ese Ryo es digno hijo de un piloto gundam

- ¿Qué quieres decir con eso mujer?

- Sabe hacer de todo para conseguir su objetivo.

Relena comenzó a desesperarse. Como gata enjaulada empezó a darse vueltas por el despacho perdiendo la paciencia, mientras Heero seguía con sus ojos clavados en el libro pero su mente no dejaba de preguntarse si debía ir por Ryo. Confiaba en que estaría de vuelta muy pronto.

Heero se levantó de su sillón para detener el recorrido de Relena por la sala.

- Amor, es suficiente.

Ella lo miró resignada, adoraba que le dijera así. Él la detuvo entre sus brazos acariciando su cabello lacio.

- Todo está bien.

- ¡Heero ya pasó una hora, el mercado no está tan lejos y ya está atardeciendo!

- Tranquila.

Un silencio cruzó la sala mientras se abrazaban. Relena escondió su faz entre el pecho del piloto tomándolo con fuerza.

- Pronto cumplirá cuatro años, aún es un pequeño.

-Lo sé, Lo sé.

El pasó sus dedos entre los finos hilos del cabello de Relena, recordando todos los pasajes que vivieron juntos los últimos años, desde que él se enteró que sería padre. Toda la confusión, todo el dolor de la guerra se disipó cuando vio por primera vez la pequeña cara de un bebé en sus brazos. Ryo llegó para dar un vuelco a su vida y desde ese día no fue el mismo Heero de siempre. Admitía ser un padre un poco estricto, pero por dentro se derretía al ver los pequeños actos de su hijo, el cual reflejaba la inteligencia de su madre.

De pronto su incertidumbre tuvo un salto. El timbre de la entrada sonó rompiendo el silencio y ambos padres se miraron pasmados. Como si hubiese un gran premio en el recibidor, los dos corrieron a abrir la puerta asombrados. Heero y Relena se miraron respirando aire para contener sus emociones y ella abrió.

El pequeño Ryo estaba en la entrada arrastrando una bolsa y unas flores que venían desarmándose por el camino. La madre disimuló su emoción carraspeando la garganta al borde de la emoción.

-Hola mamá.

- Bienvenido Ryo - saludó la madre.

-Traje las cosas.

El pequeño cruzó el umbral, su padre estaba apoyado en el recibidor conteniendo las ganas de felicitarlo aún. No sabía si Ryo trajo todo lo pedido.

- ¿Y bien? - preguntó Heero -¿cómo te fue?

- Leche, huevos,Tofu, Curry y - el pequeño levantó la mano con el ramo - ¡Flores!

La expresión triunfante de Ryo hizo soltar en su padre una sonrisa. Heero se acercó para desordenar su cabello para que entendiera que estaba contento por su desenpeño-

-¡Papá! - gruñó Ryo ordenando su pelo - ¡Basta!

Relena sacó las cosas de la bolsa comprobando que estaba todo, pero en el interior venía un álbum de robots y lo vio extrañada.

- ¿Y esto? no estaba en tu lista.

- Es que yo lo quería.

La madre miró suspicaz al pequeño levantando los hombros, después de todo su hijo había cumplido.

- Y estas, son las flores ¿Para qué son? - preguntó Ryo.

-Para tu madre por supuesto - respondió Heero - ve y dáselas.

Heero dio un empujoncito al pequeño para alentarlo.

- Muchas gracias - respondió Relena al borde de lágrimas recibiendo el ramo - Gracias pequeño Ryo.

Ryo limpió la solitaria lágrima de su madre en la mejilla con ternura con una sonrisa cautivadora.

Los tres entraron juntos hacia la pequeña ala del palacio y el niño preguntó:

- ¿Papa, quienes eran los que me seguían?

-¡¿eh?! - exclamaron al únisono los padres.

- Creo que vi a unas personas de tu trabajo en el mercado?- comentó inocente - quizás ellos también hacen compras para la cena, ¡como nosotros!

Relena lanzó una faz de interrogante a Heero abriendo los ojos como platos.

- Seguramente - apresuró a decir él - seguramente...

FIN