Los amigos de James habían empezado a notar que estaba raro, especialmente Peter Pettigrew, que era el que más se fijaba en las situaciones a su alrededor por su asombrosa pero nada inesperada habilidad de pasar desapercibido para la gente. Después de todo, todos lo veían como un simple extra en el grupo.

James se distraía fácilmente, especialmente en las horas de almuerzo y cena donde el comedor se llenaba. Pero era otro tipo de distracción, pues usualmente el chico cuando se distraía se ponía torpe y extrovertido, arrastrándolos a todos ellos en algo. Esta vez era como si viera algo que nadie más veía, más allá, mientras sus ojos se oscurecían en pensamientos que nadie tenía que saber.

Lo cual era raro proviniendo del sujeto que gritaba sus ideas y sentimientos a los cuatro vientos.

Lily también lo notó, pero no dijo nada, pues estaba concentrado en su estudio. De hecho, fue un alivio que Potter se comportara como una persona tranquila por un momento, le daba tiempo de respirar. De hecho, a todos les extrañaba el tipo de relación que tenían esos dos.

En ese momento estaban en el comedor, y James ya se había ensuciado tres veces con la comida por distraerse.

—…como te decía, la señora Brown tiene esta verruga gigantesca en la cara, y cuando estaba haciendo la clase no podía parar de pensar cuándo iba a explotar esa cosa. Te lo juro, James, no pude parar de verla, ni si quiera sé qué nos pasaron. —Explica, Sirius, en una muy sana e higiénica conversación sobre verrugas en una mesa llena de comidas—. Si algún día crezco y algo así le pasa a mi bello rostro, por favor mátenme, porque yo ya habré dejado de vivir.

—Nos pasaron la historiología de los duendes. —Aclara Remus, quien sí prestaba atención en clases a pesar de las verrugas.

James le sonríe a su amigo, divertido, pero no dice nada. Absolutamente nada. Sirius enarca una ceja, ofendido por la poca atención que está recibiendo, es decir, ¿quién no se ríe con una historia de verrugas? Sigue hablando, pero el capitán de Quidditch continúa en las nubes.

—¡Me rindo, Remus! ¡Alguien le lavó el cerebro! —Estalla. El aludido le acaricia el hombro, comprensivo. El azabache apunta a Lily—. ¡¿Qué le hiciste a mi hombre?!

—A mí no me metan en sus es-tu-pi-de-ces. ¡Yo solo he estado estudiando!

—Entonces, ¡tú! —Apunta a Pettigrew.

—Lo siento, tampoco fui.

—¡Y tú! —Se dirige, esta vez, a Mary.

—Eh, en mi opinión nuestro lindo Jamie viene fallado de fábrica. —Comenta, entretenida por la situación. Su sonrisa era parecida al del gato de alicia—. Quién sabe. Ya saben que es un idiota obsesivo con las cosas, solo mírenlo en Quidditch, debe tener algo en la cabeza.

—Déjenlo en paz, hablará cuando tenga que hablar. —Suspira, conciliador, Remus Lupin. Coloca una mano bajo la barbilla y le hace un gesto a Potter, que había vuelto a mancharse. Era como si alguien hubiera activado el interruptor de idiota del chico—. ¿Y? ¿Como están las clases de Arte?

—¿En serio tenemos que hablar de eso teniendo miles de temas de conversación? —Frunce el ceño, Sirius.

—¿Cómo las verrugas? —Comenta Pettigrew, sin ánimo.

—Exacto.

Para sorpresa de todos, James se atora con el batido de jugo que estaba bebiendo y casi lo escupe. Se coloca recto, tal vez demasiado, y se rasca la cabeza en señal de nerviosismo.

—¡Todo bien! O sea, aburrido, ya saben, lo mismo de siempre.

—Ajá, ¿ven? Nadie quiere hablar de ese tema. —Sirius rueda los ojos—. ¿Qué puede tener de entretenido ver a mi hermano sentado sin hacer nada?

—…Exacto, ¿a quién le gusta eso? —Lo apoya James.

—¡Seguro soportarlo es una maldita tortura!

—…Ajá, completamente.

—Además, no hay que olvidar lo que el grupo de Barty le hizo a Remus. Hay que vengarnos.

—¡Venganza! —James y Sirius se miran traviesamente, como si se les hubiera ocurrido la idea más brillante del mundo solo con ese contacto. La gente pensaba que eran psíquicos—. Ya pensé en un plan, solo tenemos que esperar el momento.

—¡Ese es mi Prongs!

Remus le da un pequeño codazo a Sirius, para que se calme. Cosa que probablemente no lograría ni en mil años. Sirius lo mira con una sonrisa traviesa, parece un perro a punto de morder a alguien. Lupin les llama la atención.

—Tu hermano no es lo que me interesa, Padfoot. Realmente quiero ver la pintura de James. —Comenta, sacando un chocolate de su bolsillo. Tenía el hábito de llevarlos a todas partes, en especial antes de la luna llena. Para su mala suerte, no quedaba mucho para eso—. No pensé que nuestro gran Rey de Hogwarts tuviera talentos artísticos ocultos.

—¿Quién quiere ver un retrato de Reg? —Sirius frunce el ceño—. Mínimo dime que lo hiciste feo, James. Le agrandaste la nariz o algo.

—Dibujarlo feo no hará que se convierta en una persona fea. —Remus suspira—. Te guste o no tu hermano es una persona atractiva. ¿Verdad, James?

—¡Claro que no! ¡James, dile que se equivoca!

De repente, Potter se ve contra la espalda y la pared. El cómo contestara cualquiera de ambas respuestas podía ser sospechoso, y si se demoraba más de la cuenta en hacerlo también lo sería, así que bebió por un largo, e incómodo, tiempo su jugo de calabaza.

—Aunque sea atractivo tú lo eres mil veces más, Padfoot. —Contesta finalmente, y le guiña un ojo a su mejor amigo. Sirius infla el pecho como todo un pavo real orgulloso, mientras Remus lo mira con unos ojos de: "¿por qué le diste un cumplido? ¡Ahora estará molestando todo el día!".

—Entonces si lo encuentras lindo. —Se mete a la conversación Peter, sutilmente—. ¿A pesar de que sea un purasangre racista, que odia a los muggles y con el que llevamos teniendo conflictos años?

La mesa, repentinamente, se siente silenciosa. Mary le da un codazo a Pettigrew, quien había empeorado el ambiente con solo un comentario, y Remus mira a Sirius con preocupación. Al final, ambos amigos se paran al mismo tiempo.

—Terminé de comer. —Susurra Black.

—Yo también, chicos. —Sonríe el de gafas, incómodo—. Nos vemos.

Más tarde, los leones se divertían jugando Snap Explosivo en los dominios de la Torre de Gryffindor mientras hacían hora para la clase de pociones, ya que se había retrasado. Todos jugaban, o, bueno, todos excepto Sirius, quien había decidido ir a "pasear por allí" completamente solo y enfurruñado con el mundo. Remus le había dicho un par de cosas a Peter, advirtiéndole que no podía simplemente ir y soltar los traumas de la gente en medio del almuerzo, más aún tratándose del chico más problemático de Hogwarts. Pettigrew, por su parte, decidió disculparse apenas pudiera, ya que no lo había dicho con malas intenciones, aunque no comprendía "porqué tanto drama".

Así fue como se quedaron James y Remus solos. Y, claro, cómo no, una carta le explotó en la cara al chico de gafas, perdedor del juego. La risa del chico de claras hebras no tarda en brotar, burlesco. Nadie entendía cómo, pero aquel nerd había ganado muchas veces seguidas el juego.

—A Sirius le hubiera encantado ver tu cara. —Dice, riéndose para luego respirar hondo. Aún así, aquel comentario desmotiva un poco a Remus—. Entiendo que Peter se pasara, pero, no sé, no le hace bien enojarse tanto.

—¿Por Reggie? Bah, ya sabes cómo es.

—Exactamente, sé cómo es. Por eso me preocupa que ahora mismo esté peleando con cinco chicos slytherins solo para desahogarse. De hecho, no me sorprendería. —Suspira Remus—. ¿Te acuerdas cómo se puso cuando Severus y Crouch me encerraron en el baño? Pensé que realmente los iba a asesinar.

—Lo recuerdo. Pero, mirando el lado positivo, Snape terminó limpiando heces de hipogrifo y Crouch es el "encargado personal" de alimentar al calamar gigante. —Sonríe, divertido—. Limpiar una clase de artes suena glorioso a comparación.

—O ser modelo de ella. —Comenta distraídamente, mientras empieza a ordenar las cartas para comenzar un nuevo juego. Las revuelve—. Aunque lo entiendo… Regulus ni si quiera participó de la broma. Llegó después, cuando logré salir y los profesores nos vieron, así que igual lo castigaron.

—¿Qué? —Potter no disimula la sorpresa—. ¿En serio? Pero… ¡todo este tiempo creí que estaba castigado por molestarte!

—Porque sus amigos me molestaron. Él, como yo con ustedes, solo fue arrastrado por las circunstancias. No lo justifico, en serio, pero… —Reflexiona unos segundos, mordiéndose los labios. Él especialmente odiaba a las personas como Regulus Black, pero no por eso iba a ser deshonesto con lo que pensaba y había visto—… no lo sé, Jamie. Sentí que quería disculparse conmigo. Es tonto, lo sé, por eso no le dije a Sirius ni a nadie. Pero…

—Hey, hey, Moony, mírame. —El aludido levanta el mentón, uniendo sus miradas. Potter siempre tenía esa expresión que irradiaba confianza, seguridad y superioridad. Era el perfecto escudo y lanza de Gryffindor—. ¡Lo que piensas no es tonto! Eres mi amigo, y más que eso, si tienes algo que quieres contarme lo escucharé y sabes que no te criticaré. —Sonríe ladinamente—. Ya sabes que estoy contigo incluso si quieres hacer cosas malas. —Bromea.

—Ibas tan bien hasta que se te fue lo caballeroso. —Sonríe también, dándole un leve golpe en la cabeza—. Está bien, escúchame. La otra vez vi algo extraño… creo que Regulus tiene un secreto.

Y se lo contó todo.

. . .

La clase de pociones, por fin, comenzó.

La sala era de colores oscuros y deprimentes, las paredes de ladrillos, sin ventanas, y el suelo de cerámica negra. Acomodados en las repisas del sitio habían diversos frascos, botellas y envases envueltos en papeles con distintos nombres, que identificaban la poción realizada y la cantidad de ml que contenía, además de las propiedades mágicas. Todo estaba perfectamente ordenado, como le gustaba al detallista profesor, que ya había castigado a Potter anteriormente por haber soltado ranas en su clase.

Los alumnos, aburridos, se habían acostado en las mesas con sus calderos hirviendo mientras esperaban al profesor. La clase era de Gryffindors y Hufflepuff, así que iba a ser bastante tranquila.

Sirius se había saltado las clases, así que simplemente eran los tres merodeadores más las chicas. Al entrar Remus sintió un olor extraño, pensando que su amigo había ingresado a clases de todas formas, pero al no encontrarlo con la mirada se extrañó.

—¿Alguien está utilizando demasiado perfume caro o es mi idea? —Preguntó James, acomodándose los lentes mientras sonreía—. Apeeeeesta.

—¿Perfume? —Peter frunció el ceño—. Qué extraño, yo huelo a… —Remus le tapó la boca.

—¡Shhh! Si es lo que creo que es, entonces no digan qué cosa huelen, en serio.

—¿Por qué? —Realmente no entendía—. ¿Qué tiene de malo el olor a libros y perfume caro?

—James, maldita sea, cállate. Eso es…

—Amortentia. —Completó el profesor.

Todos voltearon a verlo. Era inusual que el profesor llegara tarde, pero de todas formas se veía rechoncho y feliz, así que los alumnos no se preocuparon. Sin embargo, detrás de él destacaba una figura delgada que sostenía algunos libros del profesor, siguiendo sus pasos para finalmente dejar los libros en la mesa. James conectó los ojos con él, sorprendido.

¿Qué hacía Regulus Black en la clase?

James miró a Remus, Remus miró a Peter, y Peter miró a James: los tres igual de idiotas y confundidos.

—Lamento la tardanza, jóvenes, pero en recompensa traje a un excelente asistente: el señor Black estará con nosotros esta clase, como tutor, así que todos los que se atrasen con la asignatura podrán recibir ayuda extra. Por ello, no pueden reclamar que el colegio no les da comodidades. —Comentó tranquilamente, mirando uno a uno a cada alumno con sus ojos de buitre—. Como me he encontrado realmente enfermo y en vista de los exámenes y la carencia de más profesores, decidí tomar esta decisión. ¿Alguna duda?

Lily Evans rápidamente levantó la mano.

—¿Sí, señorita Evans?

—¿Por qué nos dará clases un alumno inferior a nosotros? —Preguntó—. Sin ofender, pero tengo entendido que está en quinto año.

—Excelente pregunta. El señor Black es uno de los pocos, por no decir el único, de los jóvenes que está eximido totalmente de la asignatura de pociones por haberla adelantado en sus primeros años gracias a sus grandiosas habilidades. En este momento, tiene más conocimientos que ustedes e incluso que algunos profesores. No tanto como yo, claro. —Se ríe, una risa seca y cortante—. ¿Alguna otra duda?

James Potter levantó la mano. Remus resopló y Peter se aguantó la risa.

—¿Sí, Potter? —Casi gruñó su nombre.

—Ah, nada importante, me preguntaba dónde podía leer el curriculum del superdotado.

La clase se rió. Regulus rodó los ojos, lo cual solo hizo que la sonrisa del moreno se ensanchara.

—Menos treinta puntos. Y el viernes limpiará esta sala después de que los de primer año la usen. Sin magia. —Comentó el profesor—. ¿Alguna otra duda, excepto el señor Potter? ¿No? Genial, empecemos.

Regulus se encargó de revolver el caldero mientras el profesor agitaba la varita y escribía algo en la pizarra: "Amortentia. Usos, preparación, cualidades y precauciones".

—Cuando llegué a esta sala y la grandiosa interrupción de el señor Potter aún no había maravillado nuestros oídos, escuché algo bastante interesante. Señor Lupin, ¿me puede decir qué huele?

Repentinamente el castaño se sonrojó, apretando sus manos contra sí y entrelazando los dedos, mientras agitaba un pie, nervioso. Toda su postura corporal era de "realmente no quiero hablar".

—Bosque. Huelo… muchas hojas, árboles, un bosque… tabaco y… no, disculpe, profesor, solo eso. —Comentó, con cierto titubeo, ya que sabía a qué persona pertenecía aquel olor y no quería que sus amigos se dieran cuenta.

—Bien, ¿alguien más? ¡Señor Black, aprovechando que está en la clase!

Regulus se removió, incomodó, pero aspiró hondo y dejó que sus pulmones se llegaran con la fragancia: era el aroma de un cálido hogar iluminado por el sol. Además, había una extraña mezcla de palo de escoba y algo que le parecía haber olido en la sala de artes, tal vez pintura.

—Huelo… la cancha de Quidditch.

—Eso es suficiente. Yo, por mi parte, huelo algodón de azúcar y pergamino viejo. —

Añade—. Así que, la gran pregunta es: ¿por qué todos olemos cosas distintas provenientes del caldero? Señor Lupin, creo que sabe la respuesta, a ver si puede recuperar los puntos que Gryffindor perdió.

—Vamos, Moony, ¡nuestra esperanza! —"Murmuró" James.

—Sin presiones, amigo. —Lo consoló Peter.

—El profesor es un completo sádico. —Aportó, Mary, mientras Lily sonreía por lo bajo, preparada para responder en caso de que Remus fallara, cosa que veía improbable.

—Cállense, por favor. —Les susurró, aguantando la risa. Entonces el alumno elevó la voz—. La Amortentia es un Filtro de Amor poderoso que puede crear un enamoramiento obsesivo, se reconoce por su brillo y el vapor que sale en espirales, como esos. Tiene distintos aromas según la persona que lo huela, y… el aroma es el de la persona que te gusta, seas consciente o no de ello.

—Básicamente Lily tiene olor a libro viejo. —Comentó Mary, por lo bajo, mientras molestaba a la parejita del año por las descripciones que había dado James antes—. Qué halagador.

James no dijo nada, simplemente hizo el gesto de risa y cuando volteó una mueca se posó en su rostro. No quería ser negativo, pero el olor que había sentido no era nada parecido al de Lily, pues lo que más destacaba era el "perfume caro" que la chica claramente no usaba. Respiró hondo, no significaba nada, ¿qué le aseguraba que Lily no vaya a usar ese tipo de perfumes en el futuro?

Esperen, ¿la poción captaba olores del futuro? ¿O los que ya habías olido? No entendía nada, por eso le iba tan mal en pociones. Peter notó su nerviosismo, y distrajo a Mary de las conversaciones de parejas por un rato.

—Quince puntos para Gryffindor.

—¡¿Solo quince?!

—Tiene razón, Potter, me equivoqué. —Le respondió el profesor—. Diez.

—James Potter, por el amor de lo que más quieras, por favor cállate. —Le espetó Lily, pegándole con una pluma en la cabeza, ya que se sentaba justo detrás. Parecía su madre.

Después de un par de regañadas más, esta vez por parte de Remus, la clase continuó como correspondía y los alumnos rápidamente se separaron por grupos para estudiar los otros tipos de pociones que les habían enseñado, tal como el veritaserum y la poción multijugos. Para sorpresa de los merodeadores, el pequeño Black en realidad se llevaba bien con los tejones, así que constantemente estaba respondiendo dudas y ayudándolos.

Eso solo enredaba más el concepto que tenía James del contrario. Y después de lo que le dijo Remus tenía que aclarar su cabeza. ¿Regulus podía ser un buen chico en el fondo? Para James no existían los matices, o era negro o blanco, así que le costaba visualizar al mismo chico que hacía bullying a otros como un ayudante ejemplar con los tejones.

Se escuchó un burbujeo en el caldero de su compañero de al frente y el azabache rápidamente fue a revisar, colocándose delante de James pero sin prestarle atención, mientras le decía a sus compañeros cómo debían revolver correctamente una sustancia. A Potter no le gustaba que lo ignoraran.

No le gustaba en absoluto.

Pero tenía un plan: ¡James Potter siempre tenía un plan! Aprovechando la distracción de sus compañeros y de Pettigrew —con el que estaba trabajando en el caldero— fingió buscar unas cosas en el mueble de pociones. Y, en un "descuido", terminó cogiendo la mano de Regulus por encima de la mesa, pero siendo tapados por las pociones y libros. Más que la mano, estaba rozando su índice con toda intención.

Para una persona normal, Potter simplemente estaba buscando objetos en el estante y Regulus enseñándole a unos alumnos. Para ellos, ese contacto había sido electrizante.

—¿Ocurre algo, Regulus? —Le preguntó una chica de corbata amarilla con negro—. Uh, te quedaste en blanco.

El azabache titubeó, pero disimuló bastante bien.

—Te lo imaginaste, estoy perfectamente bien. —Explicó, rápidamente—. Como les decía, si el humo no tiene espirales es imposible que sea una poción de amortentia, tenga la forma o color que sea. ¿Alguna otra duda?

Regulus solo quería salir de ahí. Si hacía un escándalo sería raro, si no hacía nada sería raro, y lo peor de todo era que sabía que estaba siendo escudriñado por James, que probablemente estaba disfrutando el espectáculo. Por eso se mantuvo sereno, para no darle el gusto, y demostrarle que cualquier broma suya no tiene efecto en él.

Aunque, vaya broma.

Sintió como los dedos de James se movieron lentamente contra los suyos, generándole un cosquilleo. Eran movimientos demasiado íntimos como para ser una casualidad. Quería girarse y enfrentarlo, pero los tejones seguían observándolo con admiración.

—…Sí, de hecho, tengo otra… disculpa, me podrías decir…

Y no escuchó más.

El maldito James Potter estaba sosteniéndole la mano en secreto, en medio de la clase, arriesgándose a recibir malentendidos por una relación inexistente. Su corazón latía como loco y su mano estaba comenzando a sudar, mientras intentaba esconderla todo lo que podía tras su espalda y con cuidado intentaba sacarla, pero los movimientos bruscos eran arriesgados.

Por fin, logró corretearlo.

Entonces el contrario pellizcó su espalda. Sintió un escalofrío en toda la columna. Se giró para mirar al contrario, quien estaba sonriendo maliciosamente.

Tenía esos ojos de "no puedes lidiar conmigo" tan característicos de James Potter.

Eso fue suficiente.

—Discúlpenme, discúlpenme. —Black le sonrió de la forma más falsamente posible a los chicos, despidiéndose cortésmente. Ni bajo presión ignoraba los modales—. Vendré en breve a resolver sus consultas, es solo que recordé algo sumamente urgente, con permiso. Pero van muy bien, chicos, sigan así.

Le hizo una seña a James para que lo siguiera, y fue al fondo de la sala con la excusa de sacar un libro. El contrario lo siguió sin excusa alguna, despreocupado, así que Remus lo miró de forma extraña. ¿James? ¿Sacando un libro?

Al fondo se colocaron lado a lado, sin mirarse si quiera, y cuando los pocos estudiantes que rondaban regresaron a sus asientos el menor miró con furia al mayor, quien no parecía muy arrepentido pero no expresaba malicia, sino diversión.

—¿Qué diablos fue eso, Potter? —Le espetó, susurrando—. ¿Acaso nunca piensas con tu cabeza? ¿Hola? ¿Hay neuronas aquí?

—Más de las que piensas. Mira, al final acabé atrayéndote aquí.

—Oh, ya veo. Me siento honrado de ser digno de la atención del gran James Potter. Pero, ¿era necesario utilizar a mi pobre mano como rehén? Ahora tendré que lavarla.

James no puede evitar soltar una gran risa, provocando que algunos chicos volteen. Pero como era el castaño no le prestaron mucha atención, ya que prácticamente se reía con todo lo que lo rodeaba, lo extraño era ver a Regulus allí, encorvado, fingiendo que estaba buscando libros que no necesitaba y con el rostro rojo.

—Potter, ¡deja de llamar la atención! —Murmuró, indignado.

—Vale.

Y James hizo lo que James hizo. Botó "accidentalmente" los libros junto a Regulus, así que de forma casual y para nada sospechosa ambos se agacharon al mismo tiempo a recogerlos, quedando tapados por las estanterías de libros. Así, ni el profesor o los estudiantes los veían. Black se iba a levantar, pero el mayor lo tomó de la mano, jalándolo hacia abajo.

—Espera, Reggie.

Y sus ojos volvieron a conectar. Estaban cerca, jodidamente cerca.

Su voz era un susurro suave, tranquilizador, distinto al castaño burlesco y malicioso que había estado molestándolo hace un rato. Era como ver a otro James Potter, uno que tenía ojos solo para él y que sabía que en realidad tenía su atención. Regulus bajó la mirada.

—Dime, rápido. Nos van a ver.

—¿Y qué tiene? No estamos haciendo nada malo.

Eso hizo que el menor sonriera irónicamente, de forma seca y decepcionada.

—¿No estás haciendo nada malo pero si mi hermano se entera que hablas conmigo te va a matar? ¿Esa clase de "nada malo"? —Murmura. Entonces, se ve la vacilación en sus ojos y sus mejillas se sobrecalientan, pero de todas formas hace su siguiente movimiento: sube cuidadosamente la mano de Potter hasta su mejilla, rozando su cuello. El contrario estaba boquiabierto—… ¿O esta clase de nada malo?

James solo podía pensar en lo sensual que se había visto eso.

"Es el hermano de Sirius", se recordó. "Tengo novia", repitió en su cabeza. "Y Regulus es mala persona".

Pero sus ojos ya se habían oscurecido, generando otro tipo de pensamientos en su cabeza. Nada sanos e inocentes: eran abrumadores y arrasadores, y todos tenían estrellas con el color de ojos de Regulus.

—¿James? —Era la voz de Peter.

El aludido se levantó rápidamente, como un resorte. Regulus le siguió, pero más despacio, mientras fingía acomodar los libros restantes en la estantería de abajo y luego de arriba. Los ignoró, como si fueran dos moscas a su alrededor.

—Hola. —James dijo.

—Hola. —Pettigrew los miró, a uno y después al otro. Luego simplemente suspiró, pensando que era una coincidencia extraña—. El caldero está raro, ¿me ayudas a convencer a Remus de que nos ayude?

—¡Claro, voy! Solo estaba leyendo este libro llamado "Pociones: un estilo de vida". Es muy bueno, me quedé en la página cincuenta y cinco.

—Ah, sí, como sea.

—No, no, de verdad, Peter, la página cincuenta y cinco es muy buena. —Insistió, en voz alta, asegurándose de que la señal se captara. Su amigo lo miraba como si estuviera chiflado, a lo cual simplemente sonrió—. Bah, es broma, yo ni leo. ¡Vamos!

Una vez solo Regulus acomodó, por fin, los malditos libros correctamente. Iba a irse, pero por curiosidad decidió abrir la página que para nada sospechosamente James estaba intentando que a alguien se le quedara en la cabeza. Levantó un libro morado, de tapa dura y moderna, que tenía un marca-páginas de dragón y lo abrió, desatándolo.

Había una nota escrita rápidamente, pero con letra segura y grande.

"Hoy, después de clases. Cocina. No faltes, importante.

Pd: Si faltas voy a insistirte todos los días si es necesario, y soy una persona muy creativa, así que no te recomiendo darme tiempo extra.

James Potter."