Cuando Todoroki Shōto aún era pequeño, tuvo a un vecino muy ruidoso. O más bien, lo ruidoso era la gente que lo rodeaba. A veces, cuando Endeavor dejaba a su hijo menor encerrado luego de entrenar ‒si es que a esa excusa para que un adulto moliera a golpes a un niño se le pudiera llamar entrenamiento‒, este último procuraba detener sus quejidos y llanto para prestar atención a las voces de sus vecinos: en ocasiones, se trataba de más de tres niños alabando a un tal Bakugō, y en otras, era una mujer regañando a esa misma persona que los menores adoraban ‒o quizás a su quirk más que a él, por lo que Shōto podía escuchar‒.
El pequeño Todoroki estaba algo confundido, ya que las voces vitoreando a Bakugō mencionaban cosas como que su habilidad sería muy útil para pasar por encima de quienes se le opusieran o estorbaran en su camino. ¿La habilidad de aquella persona podría resultar tan destructiva como la de su padre? De ser el caso, ¿por qué eso emocionaba a los otros niños? Cuando la mujer, que parecía ser la madre de su vecino vanagloriado, lo empezó a regañar, parecía ser tarde: en esa casa, comenzaron a oírse lamentos ‒y por momentos, gritos‒ de un pequeño que antes no estaba ahí.
En ciertas ocasiones, Shōto alcanzaba a distinguir parte de lo que la señora Bakugō, llamada Mitsuki, le decía a su hijo, de nombre Katsuki: "deberías ser más prudente, amable y considerado". Después, aquel niño contestaría, aparentemente furioso, si a su madre le gustaría que él se pareciera más a un tal Deku. Durante las primeras diez repeticiones de esa absurda discusión, la mujer no decía nada, pero de ahí en adelante, Shōto la oyó responder un exaltado "sí". Sólo entonces, la voz tímida de un hombre resaltaría a duras penas, si Shōto aguzaba el oído: "no deberían pelear así, Mitsuki, es sólo un niño. No debiste decir eso".
El hijo menor de los Todoroki no supo que pasó más tarde, pero no volvió a escuchar la voz de ese hombre, ni ese día ni los posteriores. Se preguntó si acaso sería el padre de Katsuki, pero mirando a su propia figura paterna, Shōto lo dudó. Ningún hombre adulto podría ser tan pasivo en su misma casa, era una idea absurda; debió tratarse de un invitado. A lo largo de dieciocho meses, Shōto llegó a hacer como si tomara partido en los asuntos de la casa de al lado, pero, conforme creció, abandonó aquel hábito; por una parte, porque su opinión dependía de su estado de ánimo, el cual solía ser muy inestable.
Por otro lado, porque cuando su mente y emociones alcanzaban un mínimo de armonía, el chico de cabellos bicolor ya era casi un adolescente al que no le interesaban demasiado los problemas de los demás. Y aun si en algún punto estuvo de acuerdo con la madre de Katsuki en que el chico era por demás desconsiderado, escandaloso e insolente en el mejor de los casos, también concluyó que el hombre invitado de aquella vez tuvo razón en una cosa: el hijo de Mitsuki era sólo un niño. Se le podía llamar la atención para que moderara su conducta, pero volvería a caer en los mismos errores si el resto de las personas lo alababan por ello.
Si le decían que estaba en lo correcto o que tenía derecho a hacer lo que le diera la gana sólo por poseer un quirk espectacular; si eso lo convertía en automático en un alumno sobresaliente o, incluso, en un héroe destacado, entonces las palabras de su vecina no tendrían ninguna razón de ser para Katsuki. Él aprendería a odiarla por molestarlo sin motivo lógico, a sus ojos. Una vida determinada por un quirk… vaya que Shōto sabía de eso. Lo vivió día a día con Endeavor, el cómo alguien era alabado socialmente sin conocer los límites de lo que no tenía permitido hacer a sus amigos; a su propia familia.
De todas formas, el chico de hielo y fuego no le guardó el menor rencor a su vecino, porque sabía que no poseía ninguna relación directa con Enji Todoroki. Más bien, antes de que el odio encadenara por completo sus sentidos y se olvidara de absolutamente todo y todos los demás ‒que no fueran su madre‒, Shōto había visto en Katsuki la figura de un posible compañero con el que le hubiera gustado jugar alguna vez, ya que los únicos niños con los que mantuvo lo más próximo al contacto físico fueron sus hermanos, pero ellos ni siquiera tenían su misma edad.
Con Katsuki, al menos, tuvo la oportunidad de reírse ante sus disparates, pues a Shōto se le hizo costumbre oírlo gritar por cualquier cosa. De hecho, antes de que Rei fuera hospitalizada, el chico de la casa de al lado logró transformarse en uno de los impulsos del pequeño Todoroki para convertirse en un héroe de verdad. Uno de aquellos que no temía decir las cosas como eran ni actuar según las circunstancias lo exigiesen. Uno al que pudieran considerar la clase de amigo que no mentía, que no fuese uno más del montón adorando a otra persona y todo lo que ésta hiciera sólo por su quirk. Desde que vio a All Might, Shōto supo que los héroes eran más que un quirk.
Tiempo después, sin embargo, el muchacho de ojos heterocromos comprendió que quizás su vecino no quería un amigo, ni mucho menos un héroe, que lo salvara de su soledad. Eso más el detalle de que la familia Bakugō se mudó un par de años y medio antes de que el menor de los Todoroki ingresara a la UA, acrecentó la laguna mnésica y emocional en el corazón de Shōto. Él sencillamente se había olvidado de quiénes eran sus vecinos o si alguna vez los tuvo. Los recuerdos traumáticos remplazaron todo dato que no tuviera que ver con sus familiares.
Aun así, la memoria tiene una curiosa manera de operar. Puede atenuar los eventos de un determinado periodo en la mente de quien los vivió, borrar algunos detalles como si quitara las piezas de un puzle, pero mantener otros en estado latente, esperando un estímulo para manifestarse como reminiscencias. De este modo, llega a producirse un déjà vu: la famosa experiencia de "esto ya lo he vivido". Eso fue lo que sufrió Shōto con una persona en especial.
El primer episodio de paramnesia ocurrió durante la visita a USJ, cuando escuchó la voz de uno de sus compañeros y le pareció que ese tono y timbre ya los había escuchado en alguna parte, pero no le dio mucha importancia dado que el grupo se había dividido y después ocurrió el asunto de la Liga de los villanos. El segundo episodio llegó con mucha más fuerza ese mismo día al trabajar junto a Kirishima, Midoriya y Bakugō para ayudar a All Might.
Allí confirmó que, en efecto, conocía esa voz, aunque todavía no descifraba de dónde o por qué. Para el tercer momento en que se produjo aquel malestar, Todoroki pensó que se trataba de un falso recuerdo o de una ilusión auditiva, porque no podía ser que la frase empleada por Bakugō para técnicamente decirles a todos en festival deportivo que les patearía el trasero, fuera tan semejante a la forma de hablar de un vecino que Shōto apenas recordaba.
Él estaba seguro de que sería sólo una coincidencia, porque ¿qué probabilidades había de que aquel chico del cuál ya no recordaba su nombre, hubiese ingresado a la misma escuela que él? Además de que no era cualquier institución, sino una academia de héroes. La más importante del país.
Un cuarto déjà vu tuvo lugar en el instante en que aquel niño berrinchudo del campamento al que Aizawa los había llevado a entrenar, pateó a Midoriya y el mismo Shōto comentó que le recordaba mucho a alguien: en ese entonces, el chico de dos quirks de verdad estaba comparando al mocoso con otro niño al que le calculaba su edad, es decir, el vecino de sus memorias, no obstante, el chiquillo de la gorra no fue quien le respondió.
"¿Qué dijiste, fenómeno?". La reacción de Bakugō fue suficiente para confirmarle a Todoroki que el rubio se trataba, en efecto, del ruidoso chico de la casa de al lado, pues Shōto aún tenía en sus memorias esa voz exaltada cada que Katsuki le rezongaba a su madre por haberlo comparado con alguien más. Supuso que, si Midoriya era un amigo de la infancia, podría saber quién era esa otra persona, aunque, con lo fácil que se enojaba el rubio, podría tratarse de cualquiera.
Antes de tal episodio, Todoroki todavía no se terminaba de acostumbrar al carácter de Katsuki, mas luego fue muy fácil adaptarse a él, porque cada detalle se le hacía enormemente familiar. Como si llevara más tiempo conviviendo con el rubio. Inclusive sonrió un poco ante su reacción fúrica al haber sido comparado con un crío, sólo que Bakugō no se dio cuenta o, si lo hizo, probablemente pensó que se estaba burlando de él.
Y bueno, no lo culpaba de esa última impresión, dado que a Shōto se le hizo hábito tomar con gracia las groserías de Katsuki o no darles mucha importancia; no podía ofenderse por algo que sabía propio de la personalidad del chico. Al contrario: mientras preparaban la cena en medio del bosque, le llegaron a la mente algunos escenarios increíblemente no traumáticos de su infancia, como los días en que su vecino lo hacía reír con sus descabellados improperios.
Claro que Todoroki tampoco era el adolescente más locuaz con sus palabras o sus gestos, por lo que dudaba que Bakugō se hubiera dado cuenta de que ya lo conocía, a juzgar por el rechazo contundente que este último expresó cuando tuvieron que explorar el bosque en equipo.
Todoroki quiso contemplar a plenitud la cara de espanto que compuso su compañero esa noche, pero no le fue posible debido al esmero de los muchachos de la clase B por asustarlos. Por una parte, Shōto reaccionó con el sobresalto natural ante un suceso inesperado; por otra, perdió mucho tiempo en reponerse y, para cuando volteó a ver a Katsuki, ya también recobraba la compostura.
No supo si los chicos de la clase B se enteraron, pero mientras regresaban con el resto del grupo, el muchacho de la cicatriz compuso otra sonrisa etérea: supuso que había sido lo más cercano a jugar a las escondidas con otros niños, así que uno de los deseos del pequeño Shōto se cumplió aún si no fue lo que esperaba.
Pero en ocasiones la vida es cruel y, lo que da, lo quita. Esa misma noche, la Liga de los villanos secuestró a Bakugō. Como cuando Todoroki era un niño, lo más cercano que tuvo a una familiaridad no dañina con una persona de su edad se rompió por influencia de alguien mayor a ellos llevándose al rubio.
Si su forma de relacionarse con su entorno fuera normal, podría haberse entristecido por Midoriya, el chico estaba desesperado por recuperar a su viejo amigo; mas Shōto no tuvo cabeza para procesar otra imagen que no fuese la repetición del momento en que el hombre de cabellos oscuros y piel engrapada le quitó la canica aprisionando a Katsuki. "Devuélvemelo", resonó en sus adentros.
Para su buena fortuna, Shōto no era la única persona a la que aquellas rumiaciones mentales le quitaron la calma, porque en Kirishima vio la misma voluntad inquebrantable de ir a por su compañero. Era lógico: ¿quién mejor para entender la frustración del héroe que no pudo rescatar al camarada enfrente suyo, que aquel otro a metros y metros de distancia del incidente, sin la menor oportunidad de salvarlo?
A la empresa se les unieron Midoriya, Iida y Yaoyorozu, logrando dar con el paradero de la Liga y, por lo tanto, de Bakugō. Viéndolo frente a sus ojos, pero sin poder hacer nada y teniendo que ocultarse, a menudo limitándose a escuchar lo que decían los villanos alrededor de Katsuki, Shōto volvió a sentir el impulso incontenible de actuar como un héroe tan grande como All Might para poder salvar al chico; sin embargo, sólo era un estudiante de primer año de la UA. No podía hacerlo.
La impotencia volvió a dejarlo estático, hasta que, gracias al cielo, Midoriya ideó un plan. Nunca se lo dijo a nadie, pero esa fue la segunda vez que Todoroki sospechó que quizás el aspirante a héroe de cabellos e iris verdosos podría tener una relación directa con el héroe número uno, ya que de entre los cinco estudiantes que estaban allí para rescatar a Katsuki, Deku fue el único que no se dejó vencer por el sopor del momento. También fue la segunda ocasión en que Shōto se recordó el tipo de héroe que deseaba ser: uno que lograra extender la mano a quien lo necesitara, tal como hacía Izuku.
Esta noción de las cosas en las que debía enfocarse, más tarde le sobrevino en forma del dichoso déjà vu, porque aún necesitaba fortalecer las áreas en las que él era consciente de su debilidad. ¿Un ejemplo? El examen para obtener las licencias. Todoroki fue un rotundo fracaso y él lo aceptó, así que estaba dispuesto a volverlo a intentar y dar todo de sí, porque ese era el tipo de héroe ‒y de persona‒ que quería ser. Lo sorprendió de manera gratificante que, por tercera ocasión desde el festival deportivo ‒y prácticamente desde su infancia, al haber vivido en casa contiguas‒ coincidió con Bakugō.
Se preguntó si tal serie de encuentros significaba algo, después de todo, Kirishima era el mejor amigo actual del rubio y Midoriya fue el anterior, mas Katsuki no los trataba de un modo tan diferente con el que se dirigía al mismo Shōto: a los tres les decía que se murieran. Entonces, quizás al chico no le desagradaba tanto pasar tiempo con Todoroki en realidad, sospecha que Shōto confirmó parcialmente tras la prueba con los niños por parte de Gang Orca. ¿Hacerlo reír a través de una ilusión de Camie ‒quien copió el rostro de Todoroki‒ debía contar como que al menos le agradaba, cierto?
Podía no ser algo obvio, pero al hallarse en un ambiente infantil al lado de Katsuki, el adolescente de dos quirks volvió a sentirse rodeado de una cada vez más frecuente familiaridad. Fue como si volviera a aquellos días de su niñez en que se preguntó qué clase de rol asumiría el rubio en un juego grupal y por qué no pasaba ni un minuto sin que Shōto oyera que aquel le gritara a uno de los jugadores. Ahora tenía una imagen mucho más clara de cómo actuaría su compañero delante de otros niños: exactamente igual que como trataba a los otros adolescentes de su clase.
Conforme transcurrieron sus días juntos, no le pasó por alto que a Bakugō se le escapaba llamarlo por su apellido en lugar de algún apodo. La prueba de fuego para saber con certeza si el rubio lo veía como amigo llegó tras proponerle a él y a Midoriya ir con Endeavor para aprender de él, porque claro, eso implicaría entrar en casa de Shōto, y definitivamente una persona que fuera a su casa sería cien por ciento amigo suyo, dado que nadie de su edad había pisado aquellos dominios.
Finalmente, podría decirse que se mantuvieron trabajando como una dupla por un tiempo para combatir a algunos villanos que amenazaban la tranquilidad de las calles, sin contar que Katsuki cocinó para todos en casa, puesto que, en palabras de Shōto, el chico se preocupó por sus hábitos alimenticios. Así, el muchacho de hielo y fuego no lo pensó dos veces antes de decir a los medios de comunicación que ellos eran buenos amigos porque se la pasaban juntos. Bakugō lo negó muchas veces, pero ya lo había visto hacer eso con Kirishima ‒y aun así tomó su mano el día de su rescate, tal como Midoriya predijo‒, así que los falsos desplantes del explosivo héroe lo tenían sin cuidado.
Meses después, la cotidianidad desapareció al llegar la guerra y enfrentarse a Tomura y el resto de los villanos: Shōto apenas si tuvo tiempo para respirar, no sólo porque no pudo hacer nada para ayudar a Enji en el campo de batalla, sino que en general todos y cada uno de sus colegas estaban siendo aplastados. No tuvo ni un minuto para enfocar la mirada en los que cayeron o fueron heridos ‒como Katsuki al ser atravesado por Shigaraki‒, debido a la gran idea de Dabi de revelar al mundo el regreso del hijo pródigo de los Todoroki: Tōya.
Luego de una reunión familiar emergente ‒cuando su garganta se repuso un poco de las quemaduras‒, los padres de Shōto determinaron que su objetivo central sería detener el progresivo hoyo que "Dabi" estaba cavando para hundirse a sí mismo. De igual manera, reconocieron que su hijo menor se había trasformado en el héroe que necesitaba su disfuncional lazo sanguíneo para que dicho vínculo tuviera una única oportunidad de convertirse en un auténtico hogar. Shōto no les dijo que, en el fondo, él ya había hecho otra familia que se hallaba ahí, en ese mismo hospital, repartida entre habitaciones.
El chico de ojos heterocromos estaba confundido por el asunto de Tōya, pero sintió un poco de consuelo al ver que ninguno de sus compañeros de clase salió lastimado de gravedad. O al menos eso pensó en primera instancia, porque se le había olvidado una cosa que sabía muy bien de antemano: las heridas más profundas son las del interior. Cuando a los dormitorios les llegó una carta de Deku, quien llevaba un par de días desaparecido, se produjo un nuevo episodio de paramnesia.
"Soy el sucesor de All Might y poseo One for All, el quirk que me heredó y que All for One busca obtener a toda costa. Debo irme para no ponerlos en riesgo". Todoroki suspiró, más por fastidio que por sorpresa. No era algo tan difícil de imaginar, siendo Izuku la viva imagen del héroe que lo inspiró de niño. Todos en la clase organizaron un plan de búsqueda conjunta, aunque los amigos más cercanos de Izuku se la tomaron especialmente en serio. Todoroki también lo consideraba así, porque el tiempo compartido con Midoriya y Bakugō era de las cosas que más atesoraba.
Con el fuerte propósito de no volver a fracasar en la misión de rescate de uno de los suyos, Todoroki y sus compañeros lograron hacer que Deku regresara, así que al menos el muchacho de mirada bicolor se quitó un peso de encima ‒no sólo no habría podido vivir con la culpa de dejar solo a un amigo, sino que no se hubiera perdonado fallarle al que siempre se mantuvo ahí para él‒. Esa carga, sin embargo, regresaría más tarde de la manera más cruel, porque la prueba más difícil no sería solamente apagar las llamas de Dabi durante su último encuentro. No.
La prueba más difícil sería darse cuenta de que, cuando terminase su batalla, en el intercomunicador de Iida habría de sonar la voz de Mandalay preguntando desesperadamente por Deku. Para ese entonces, Shōto sentiría el alivio de haber realizado su misión, dejando que los demás también cumplieran con su parte. Se hallaría deshecho en cuerpo y mente, así que aceptaría la ayuda de su representante de grupo y se limitaría a confiar en que todo saldría bien. Hasta que recordó que en su vida las cosas, por sí solas, nunca salían bien, y no lo harían a menos que él las pusiera en marcha.
En contra del pronóstico natural que ofrecía el destino, la última pieza del puzle en las memorias de Shōto encajó: se dio cuenta de que un héroe no se queda de brazos cruzados ni aun después de cumplir su tarea fija. Un héroe como el que Shōto quería alcanzar no descansaba en medio de una guerra en la que sus camaradas están siendo arrasados, aún si estaba herido, pues comprobó varias veces que una sola acción podía cambiar el rumbo de la historia.
Múltiples déjà vu tuvieron lugar en sus adentros, sólo que ahora, Todoroki comprendió cada uno y les dio un sentido en la misma dirección. Acciones que cambian el destino… eso fue lo que ocurrió siempre. Pasó al haber atendido el mensaje de Midoriya en el que le enviaba su ubicación, apenas presentándose a tiempo para cubrirlo y enfrentar al asesino de héroes, Stain. Pasó en la anterior guerra contra el frente de liberación paranormal, cuando, si bien no desatendió sus obligaciones, decidió elegir un rumbo diferente.
Al igual que con Deku, si se hubiera demorado unos pocos segundos más en aparecer, Shigaraki habría desintegrado a Aizawa. Más tarde, fue el mismo Todoroki quien se mantuvo enfriando a Endeavor bajo el plan de Bakugō, sumado a la importante asistencia médica que les brindó a los tres héroes anteriores. Por eso, al acordarse de que un héroe debe movilizarse sin la certidumbre de si habrá consecuencias buenas o malas, también hizo memoria de lo que le dijo a Iida en el pasado: "¡Lo único que puedo decirte es que veas lo que quieres ser!"
Como si fuera un milagro, la voz de Shōto recuperó la voluntad que su cuerpo vertió en la lucha. Le gritó que se pusiera de pie, que corriera adonde estaban sus amigos jugándose la vida, que los protegiera como si se tratara de sí mismo. Que no volviera a perder a ni uno más delante de sus ojos. Entonces, le pidió a Ingenium que no se preocupara y lo instruyó para brindarle primeros auxilios a Shōto con los mismos contenedores que el chico de hielo y fuego tenía en su cinturón, así podría volver al campo de batalla.
Como era de esperar, Iida no aceptó en un primer momento. Dijo que Todoroki ya había hecho más que suficiente, pero el aludido insistió. Su amigo, como todo héroe en medio de aquel tropel, tenía otras ocupaciones, no obstante, cedió ante la súplica en el demacrado gesto de Shōto. Con rapidez, se aseguraron de no quedarse sin suministros en caso de emergencia, Ingenium cargó al otro héroe y partieron rumbo al lugar en donde el equipo de Eraserhead retenía a Tomura.
Shōto no quería presionar más a su compañero, pero la urgencia de apurarse lo invadía cada que las palabras de Mandalay recorrían su mente. ¿Por qué buscaban a Midoriya?, ¿acaso no había aparecido? Si la situación era tal, los héroes encarando a Shigaraki no resistirían mucho; por lo que había entendido, sólo el quirk de Deku, OFA, podía hacerle frente a AFO. Las alertas pulsaron más fuerte en su interior cuando el intercomunicador de Ingenium dejó oír la misma pregunta de la líder de las Pussycats: "¡¿Alguien ha visto a Deku?!"
Todoroki era consciente de que el tono de alarma de la heroína era más un indicio para saltar en busca de Izuku, ya que el chico de cabellos e iris verdes jamás abandonaría a sus camaradas, lo que quería decir que probablemente estaría en problemas. Sin embargo, a Shōto lo preocupó mucho más el que, al fondo de la voz de Mandalay, los gritos de Aizawa hicieron eco: "Jeanist, Mirko, Hadō… ¡Quien sea! ¡Alguien salve a Bakugō!". Aparentemente Iida también lo había escuchado, así que aceleró.
Por supuesto, tendrían que romper el contenedor que los otros héroes crearon para Shigaraki, bajo el riesgo de que el villano escapara, pues no había otra manera de entrar al tratarse de un espacio cerrado. Shōto usó su hielo para hacer una rampa en la que Iida pudiese continuar su camino y, acercándose lo suficiente, notaron que Tomura se abría paso a punta de golpes para poder llegar a donde Bakugō. Rápidamente, Shōto le dijo a Ingenium el papel que cada uno debería desempeñar.
En un parpadeo, la parte superior de aquel material fue derretida por las llamas de Todoroki; por fortuna, Shigaraki estaba tan concentrado en lo suyo que no advirtió la presencia de otros dos héroes –ninguno de sus compañeros lo hizo, en realidad–, así que tenían de su lado el factor sorpresa. Vieron cómo Bakugō se levantó después de que Jeanist cosiera su brazo, mas Dinamight no obedeció la orden de retirarse, sino que se mantuvo en su lugar mientras abría y cerraba las palmas de sus manos.
Todoroki no estaba seguro de si Iida lo sabía con certeza, pero cada vez que el rubio hacía eso, significaba que iba a atacar. Había trabajado con Katsuki el tiempo suficiente para conocer ese detalle. Y hablando de tiempo… Si éste se hubiera detenido, Shōto sonreiría ante la terquedad de Bakugō; lucía tan acabado, pero su orgullo era más fuerte. Y pensar que Todoroki dudó de si ponerse en pie luego de su propia pelea.
Pero no funcionaba así. El tiempo no para y no espera a nadie, por lo que Ingenium y Shōto se esforzaron al máximo en ganar aquella carrera contra Shigaraki y el propio Bakugō impulsándose hacia él. Le pareció ver a Mirko y los tres grandes de la UA correr en la misma dirección, mas lo dejó en un segundo plano. No iban a llegar. Shōto lo predijo por el simple hecho de que no poseían quirks de defensa a larga distancia. Se trataba sólo de especialistas en golpes de impacto directo.
Como Todoroki nunca fue muy afortunado, dependía del trabajo duro y la experiencia. Tenía el talento para salvar a las personas, pero debía ponerlo en práctica o causaría más daño que beneficio. Así que, gracias a horas y horas de entrenamiento e introspección, tenía claro lo que debía hacer en estas circunstancias, porque estuvo involucrado más de una vez.
Antes de saltar a la acción, le había encargado a Iida sostener a Bakugō apenas viera la película de hielo alejar al villano de él; sabía que no sería suficiente para entretener a Tomura, pero cada segundo contaba y, si podía conseguir crear una barrera tras otra sin que el aludido las quebrara simultáneamente, le daría al resto de los héroes el tiempo necesario para que sus ataques alcanzaran a su objetivo. Era hora de llevar el plan a la práctica.
—¿Tú de nuevo? Ese inútil de Dabi no pudo ni contra un niño. —Escupió Tomura con desdén.
—¿Qué hacen aquí? —dijo el rubio con la voz más débil que Shōto le había escuchado.
—¡Iida!, ¡Todoroki! ¡Salgan de ahí! ¡Esta batalla está fuera de su alcance! —gritó Aizawa a lo lejos.
Shōto permaneció de pie frente a Iida y Bakugō y respiró profundamente mientras veía a Mirko y los tres grandes tratando de retener a Tomura. Tenían razón, era consciente de que no duraría mucho si se unía a esta pelea, pero tampoco se trataba de un pensamiento del que no tuviera noción cuando se dirigió allí. Cerró los ojos: nada que All Might no hubiera hecho antes. Nada que Midoriya no hiciera después. Abrió los ojos: soltó el vaho de su respiración.
—Iida, toma mi cinturón y atiende a Bakugō y Best Jeanist. Ignoro el porqué, pero parece que Shigaraki quiere matar a uno en especial. Te daré el tiempo que necesites, sólo llévatelos lo más lejos que puedas.
—¡Pero Todoroki…!
—No hay nada que puedas hacer, tus ataques son por contacto directo. Yo me quedo aquí, mis quirks pueden ser útiles a los demás. Midoriya vendrá pronto, te lo aseguro. —Un "yo confío en él" iba implícito al término de su oración.
No volvió a oír protesta detrás suyo, así que dio por hecho que si bien Iida no estaba del todo de acuerdo, tampoco se negó. Todoroki no pudo evitar sentirse agradecido en medio del caos: sus amigos eran tan considerados con él.
—Mantente vivo. —Shōto dejó escapar una risita sutil ante la ironía.
—Así que sólo aceptas que somos amigos estando al borde de la muerte. No te preocupes, sobreviviré.
En realidad, esas últimas palabras fueron una moneda lanzada al aire. Cualquiera que aspirara a ser un héroe lo sabría. Empero, Shōto se adentró en aquella lucha de resistencia estando satisfecho. Él hizo mucho más que descubrir por qué nació en aquella familia quemándose en violencia. Consiguió que el chico de la casa de al lado al que tanto anheló lo aceptara como su amigo. Salvó a ese amigo –y a Tōya– de morir en soledad, igual que, en su momento, Izuku lo salvó a él.
Cual reminiscencia, esperaba poder volver a casa para que esa voz gritona lo regañase por picar mal el puerro y, al final, sentarse a comer juntos. Esperaba volver a oír a su ruidoso ex vecino y confesarle que ya lo conocía desde hacía años y que, de alguna manera, siempre hizo sentir a Shōto en su hogar. Siempre le dio algo con lo que distraerse de sus conflictos; un bonito recuerdo por cada etapa de su vida, incluída ésta, pues la principal razón de que Shōto se plantara aquí y ahora sin titubear, era él.
Katsuki también inspiró sus actos de heroísmo.
