¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.

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Queda terminantemente prohibida la copia parcial o total, así como el uso de escenas o la trama sin mi consentimiento.

Bueno a comenzar :D

La dama de medianoche

Capítulo 21

Un desastre. Lo que había empezado como una noche tan maravillosa se había transformado en una horrible pesadilla y yo era la única responsable.

Mi consciencia había sido implacable, recriminándomelo durante toda la madrugada ya fuera en pensamientos o en pesadillas en las cuales el odio de Shaoran se convertía en mi tormento. Me despertaba con las lágrimas bañando mis mejillas y así había atestiguado el amanecer desde mi ventana; sumida en la tristeza, el dolor y la comprensión de haber lastimado al hombre que amaba en mi conmoción.

Antes de ese momento, me había concentrado en que Shaoran sería un gran esposo por nuestra afinidad y por la atracción que existía entre nosotros. Pero después de haber sentido sus caricias en mi piel, la fogosidad de sus labios que parecían querer alimentarse de mi aliento y la reacción de mi propio cuerpo, buscando el suyo, me di cuenta que lo que sentía por él iba mucho más allá de un mundano "gustar".

Entre beso y beso, y toque tras toque, entendí que yo le había entregado mi corazón sin ningún tipo de reservas. Lo amaba… Lo amaba y por eso mismo me había desesperado tanto al darme cuenta de que por un arrebato febril lo había comprometido. Porque aun cuando habían sido nuestros amigos quienes nos habían descubierto, Shaoran Li era todo un caballero y él querría hacer lo que debía… atarse a mí.

Me había sentido atrapada en una situación irreal e irónica, porque ya no era yo quién estaba siendo forzada a casarse, sino el hombre de quien estaba enamorada. Por eso me había negado, porque sabía lo que era estar en esa posición tan desgraciada y me había empecinado en hacerle tomar la salida que le estaba ofreciendo… sin percatarme del dolor que se ocultaba tras la ira en sus ojos hasta muy tarde.

Entre la angustia y el desespero yo… lo había herido al no explicarme.

Ese había sido el gran error que lo había llevado a tomarlo como un rechazo hacia él y ¡¿quién no lo haría, por amor del cielo?! Lo único que quería era tener la oportunidad de disculparme con él y no había dejado de pensar en ello en lo poco que iba de mañana. Buscando alguna solución que me permitiera decirle cuánto lo sentía y aclararle… darle esa explicación que se merecía.

Miré el pequeño reloj sobre mi escritorio y suspiré al ver que era temprano: apenas eran las nueve. Estaba convencida de que él no me buscaría después de haberle dicho tales palabras, así que… lo más lógico y natural sería ir a verlo yo. Sin embargo, no podía aparecerme en su casa y tocar la puerta, no era tan simple. Los chismes de la fiesta no correrían según me había dicho Tomoyo para quitarme la angustia de que mi padre se enterara y empeorara todo; así que no podía tentar mi suerte de esa forma.

No… era algo que debía idear con calma, aunque tampoco podía dejar pasar mucho tiempo porque eso podría jugarme en contra.

―Quizás pueda interceptarlo en algún lugar ―dije para mí misma, mirando sin mirar por la ventana.

―¿A quién quieres interceptar?

Di un pequeño respingo y cuando me giré, me encontré con los ojos cafés de mi hermano menor que, a diferencia de los de Touya y los de mi padre, derrochaban travesura. Mi corazón se llenó de felicidad y corrí en cuanto él abrió sus brazos.

―¡Nao, que alegría verte!

―Me hago extrañar, ¿no es así? ―Me apretó con fuerza y después se separó de mí, para poner su mano en mi cabeza―. Creo que te encogiste un poco.

Sorbí por mi nariz y me reí.

―Creo que fuiste tú quién se estiró un poco ―dije y sacudí su cabello castaño como solía hacer siempre―. No sabía que vendrías… ¿Cuándo llegaste?

―Hace unos minutos… La carta de padre me dejó inquieto y tomé el primer transporte que encontré en cuanto pude ―confesó, frunciendo el ceño.

―¿Y tus estudios?

―Pedí un permiso, por eso me tardé un poco en venir ―suspiró―. Solo estaré aquí por esta semana. Espero sean días suficientes para lo que padre quiere conversar y resolver conmigo… ¿Tú sabes de qué se trata?

Mordí mi labio inferior al asentir. Mi hermano abrió su boca para preguntar, pero en eso nuestra madre apareció en mi habitación.

―Naoki, querido, no molestes a tu hermana que se ha estado sintiendo mal desde anoche.

Él me observó con preocupación y enseguida sacudí mi mano en el aire para restarle importancia. Estaba casi segura de que mi madre no se había tragado el cuento de Tomoyo, pero Nadeshiko Kinomoto era tan bondadosa que me estaba dando mi espacio y se lo agradecí con una sonrisa.

―¿Por qué no mejor vas a descansar? ―continuó ella, tomándolo de las mejillas―. Estuviste viajando toda la noche y necesitas recobrar energías.

―Le enviaré un mensaje a padre para que venga en cuanto tenga oportunidad ―le prometí cuando volvió a mirarme.

―Ustedes dos están confabuladas en mi contra… Pero tienen razón ―dijo al tiempo que se le escapaba un bostezo. Nos dio un beso a cada una y salió de mi habitación rumbo a la suya que quedaba justo al lado.

―No será sencillo para él… ―musité.

―No… y por eso le envié una nota a Touya para pedirle que venga con Fujitaka después de trabajar. Esto es algo que debemos enfrentar como familia ―dijo y estuve de acuerdo―. Por cierto, también le dije que no iríamos hoy a darle clases a Abby.

―Pero…

―Pero nada, Sakura Kinomoto ―dijo con firmeza―. Te quiero descansando y yo me ocuparé de ti. Y no te preocupes que yo le avisaré a tu padre de la llegada de Nao.

Acepté con pesar, viendo cómo se escapaba de mis manos la opción perfecta para despejar mi mente, porque eso era justo lo que necesitaba: borrar de mi cabeza todo pensamiento fatalista para centrarme en las posibles soluciones.

En ese corto periodo de tiempo, había pasado por mucho y había madurado, llegando incluso a ayudar a mi familia a recuperar su unión. Por eso no podía dejarme vencer por un error.

No, yo debía hacerle cara y solucionarlo. Solo debía pensar la mejor forma de hacerlo.

Miré mi escritorio y decidí zambullirme en mi novela para tomar valentía de mis personajes. Pluma, papel y comencé a plasmar lo que mi corazón quería escribir:

"No me importaban las palabras hirientes que sus labios habían proferido, porque en sus ojos podía ver la verdad: la dicha por verme de nuevo, su preocupación de ser descubiertos y también estaba allí, en esos orbes que tanto amaba, el anhelo y la desesperación por acercarse a mí. Por fundirse conmigo en un abrazo de eterno sosiego que solo podríamos encontrar en el otro.

Así que, aun cuando su expresión trataba de mostrar desdén e incluso buscaba asustarme, me aventuré un paso adelante.

―Vete, Samira.

―No.

―Pues deberías, porque aquí no hay nada para ti. Ya no más.

Los labios de Velkan se tensaron en una línea dura que demostraba cuanto le había costado decir aquellas palabras; yo, por el contrario, sonreí en respuesta y seguí avanzando hasta estar frente a frente.

―Difiero, querido, porque aquí ―señalé su pecho―, está mi mundo entero, así como aquí… ―Tomé su mano que, para mi sorpresa, temblaba; y la coloqué en el mío―, está el tuyo.

Su fachada se quebró y su yo verdadero emergió de las profundidades. Entonces sus ojos vehementes me arroparon, me consumieron y me hicieron suya como antes.

Con lentitud tortuosa, su mentón descendió y me brindó ese toque tan anhelado. Sutil, delicado y lleno de temor, como si yo fuera a desaparecer como la bruma en cualquier momento. Pero al darse cuenta que estaba allí y que aún le pertenecía, que el roce de su cuerpo con el mío provocaba el mismo calor de antaño, ese que me recorría y anidaba en mi vientre, dejó libre su pasión y me abordó con todo su amor, absorbiendo mi aliento y haciendo suyos mis pequeños suspiros de pasión. Era una promesa de labios de que el momento de hacernos uno solo y de perdonarnos, había llegado."

Dejé la pluma de lado y un suspiro entrecortado surgió de mi corazón cuando lo releí, sorprendida por cómo había volcado en esa escena las emociones que había y seguía viviendo. Shaoran tenía razón: no había nada mejor que basar nuestros escritos en la experiencia propia. Se volvían más realistas y, volviendo a leer… deseé ser Samira. Deseé ser tan valiente como ella para buscarlo sin que ningún "pero" me detuviera y quitar de sus ojos el velo de la confusión, para que volvieran a brillar con los colores cálidos que tanto me maravillaban.

Me llené de determinación y comencé a caminar de un lado a otro, pensando y pensando en lo que debía hacer. Interceptarlo no era una opción porque no conocía su rutina. Podía pedirle a Tomoyo que le preguntara al marqués de Reever… No, lo descarté de inmediato. Podría haber estado muy afectada, pero me había dado cuenta de que la situación entre ellos no era buena y no me convertiría en otra carga.

«Yo me metí en este embrollo y yo sola saldré».

De repente, mi madre entró de nuevo a mi cuarto como un vendaval, con Rika y Chiharu pisando sus talones.

―¿Qué…?

―Déjenla lo más hermosa que puedan, ni un cabello fuera de lugar.

―Pero… ¡Madre! ―exclamé cuando mis doncellas que parecían llenas de energía, me llevaron casi a empujones al centro de la habitación.

―¡Un vestido azul resaltará sus ojos! ¡Ese no, el índigo! ―le gritó a Chiharu.

―¡¿Madre, qué está pasando?!

Ella iluminó su rostro con una sonrisa.

―Lord Wemberly está aquí y quiere verte.

―Shaoran… ―susurré, sintiendo como mi corazón daba un brinco en mi pecho.

―¡Oh, santo cielo! ¡Tienes las manos manchadas de tinta! ¡Busquen unos guantes! ¡No hay tiempo para limpiarlas!

―¡No! ―increpé y todas parecieron congelarse. Después aclaré mi garganta y modulé mi voz―: No, el conde sabrá comprender.

―Pero…

―Madre, sé de lo que hablo y este revuelo es innecesario ―dije y fui yo misma al espejo.

Mi rostro estaba demacrado y ojeroso por la mala noche; allí no tenía mucho que hacer. El vestido de mañana color lila estaba impecable y mi cabello; si bien no tenía un peinado sofisticado y elaborado, algunos mechones caían libres alrededor de mi rostro. Sonreí con travesura al alzar mis manos y ver que más ondas caían a medida que retiraba las horquillas.

―Sakura, ¡¿qué haces?!

No me detuve y me contentó el resultado. Si bien había dejado un poco del recogido, la mitad de mi pelo reposaba encima de mi pecho que subía y bajaba por la emoción.

Dios… mi corazón retumbaba con tanta fuerza que sentía que me faltaba la respiración. Era el miedo y la vergüenza por lo que había pasado, incluso me temblaban las piernas, pero él me había buscado. Me había sorprendido gratamente al dar un paso para arreglar la situación y yo debía hacer lo mismo.

―Estoy lista.

―¿Cómo vas a estar lista? Ese vestido es muy simple… ¡y tus manos son un desastre!

―Exacto ―sonreí y avancé a la puerta.

―¡Sakura!

―¡¿Qué diablos está pasando?! ―Nao apareció en el pasillo con el ceño fruncido.

―¡Naoki Kinomoto, con esa boca besas a tu madre! ―lo regañó, haciéndolo retroceder.

―Lo siento, madre ―se disculpó de inmediato y aclaró su garganta―. ¿Podrían decirme el porqué de tanto ajetreo?

―Un pretendiente ha venido a ver a tu hermana y ¡mírala!

Mi hermano me dio una mirada rápida de arriba abajo.

―¿Cuál es el problema? A pesar de las ojeras, se ve preciosa.

―¡No puedo creerlo! ―Estuve a punto de reírme ante la exasperación de nuestra madre―. Ya no tenemos tiempo. Bajarás así y tú ―señaló a mi hermano―, si nos vas a acompañar, espero te comportes.

Naoki mostró indignación en su rostro. Mi madre lo ignoró por completo al avanzar hacia la escalera.

―Está demasiado entusiasmada ―resopló.

―¿Tú… de verdad crees que me veo bien?

―Y ni preguntaré si te gusta el sujeto. ―Se cruzó de brazos y mis mejillas se calentaron en respuesta―. ¿Era a él a quien querías interceptar?

―¡Nao!

―Ya ya… ―Alzó sus manos y se rio―. Solo te haré una pregunta: ¿tiene dinero?

―¿Por qué preguntas eso? ―inquirí, casi indignada.

―Porque si lo tiene, entonces no está interesado en tu jugosa dote.

―Pues tiene su propia fortuna ―lo defendí con ímpetu―. Es un conde y tiene mucha habilidad para los negocios.

En mi mente resaltó la frase: «…y para otras cosas». El calor en mi rostro se extendió hasta mi cuello.

―Ya veo… ―Se rascó la barbilla y después sonrió―. Es mejor que bajes o madre vendrá y te llevará de las orejas.

―¿No vendrás? ―pregunté y me lamenté cuando me di cuenta de que mi voz había sonado aliviada.

―A diferencia de Touya, yo sé identificar cuándo no me quieren cerca. Además… ―Me punteó la frente con el dedo―, si el caballero se gana tu favor y se convierte en tu novio, oportunidades de cumplir con mi deber de hermano menor no me faltarán.

―¿Y cuál es esa misión, según tú? ―me crucé de brazos.

Nao se encogió de hombros y caminó hacia la puerta de su habitación.

―No lo sé… quizás deberías hablarle de esa vez que te caíste en el lago, antes de que a mí se me escape por "accidente".

―Fuiste tú quien me arrojó al lago, Naoki ―mascullé.

Él pareció pensarlo un poco y después sonrió.

―Creo que es más divertido como yo lo recuerdo ―se burló.

―Eres un…

―Ah, ah. Yo que tú no suelto el insulto y desaparezco por arte de magia, querida, porque si no iré en este instante y le contaré todas tus anécdotas más vergonzosas ―sonrió con malicia―. Tres… dos…

Prácticamente salí corriendo hacia la escalera, escuchando un "buena chica" en voz cantarina y burlona, aunque en vez de molestarme, sonreí a la nada, pensando en que más tarde debía compensarlo. Aun con toda su bravuconería, sabía que Nao había decidido no bajar para darme la oportunidad de conversar a gusto con Shaoran, sin tanto público.

Ahora solo tenía que pensar en cómo deshacerme de mi madre, por horrible que sonara eso.

―¿Naoki no bajará? ―sondeó ella al verme.

―Dijo que estaba muy cansado.

―Es mejor así. Es mi hijo y lo adoro, pero a veces su humor puede tornarse pesado para algunas personas ―dijo y comenzó a pasar sus dedos por mi cabello, tratando de peinarlo.

―Madre, ya basta.

―Es que… No sabes lo que esto representa para mí ―le vibró la voz. Ante mi desconcierto, tomó mis manos y sonrió―. Lord Winslow es un hombre bondadoso, maravilloso y estoy segura que sería un magnífico esposo, pero… he visto como lo miras, Sakura, tus ojos se iluminan y la sonrisa te nace sin siquiera notarlo.

―¿Es tan obvio? ―pregunté con miedo y ella negó con la cabeza.

―Solo para una madre que te ama con todo el corazón ―sonrió―. Por eso quiero que todo sea perfecto hoy. Para que tengas oportunidad de ser feliz y cumplir tu sueño de un matrimonio por amor.

Le sonreí, sintiendo que mis ojos ardían por las lágrimas retenidas. No había nada que quisiera más que eso y por ello había puesto todo mi empeño en lograrlo, luchando primero por encontrarlo, aun cuando él había decidido presentarse ante mí sin permiso. Después por conocerlo, aunque él ya me había mostrado parte de su alma a través de sus letras. Una casualidad maravillosa, sin lugar a dudas, y por ello ese último paso debía ser dado con mayor esfuerzo y tenacidad.

Así que, sintiendo como se avivaba la pequeña llama de esperanza que se había encendido con la llegada de Shaoran, me animé a sincerarme con ella:

―Madre, me gustaría pedirle un enorme favor.

―¿Qué sucede? ―preguntó en una sonrisa.

―Yo… me gustaría conversar con el conde… a solas.

―Sakura…

―Ayer tuvimos una desavenencia ―me apresuré a decirle, al ver su ceño arrugarse―: Fue mi culpa en realidad y quisiera tener la oportunidad de solucionarlo… por favor.

Mi madre suspiró y palmeó mi mano.

―Sabía que había pasado algo anoche. Bueno… toda pareja tiene sus desacuerdos y es bueno que lord Wemberly haya decidido resolverlo en persona. Eso habla muy bien de él, ¿no crees?

Me vi tentada a corregirla, pero pensando en que tendría más oportunidades si la dejaba creer que se trataba de una absurda pelea de enamorados, asentí.

―¿Podemos hablar a solas, entonces?

Ella volvió a suspirar y asintió.

―Puerta abierta.

―Gracias, madre. En verdad, muchas gracias.

―Lo dejé en el salón verde.

Le di un beso en su mejilla y caminé con premura hacia el salón, escuchando a mi espalda que enviaría bocadillos en un rato. Eso significaba que tendríamos vigilantes casuales, lo cual no importaba. Yo solo quería verlo y aclarar nuestro malentendido. Volver a la normalidad y seguir disfrutando de su compañía como siempre. Sin embargo, a medida que avanzaba en recorrido, mi lado oscuro comenzó a susurrarme que nada de lo que hiciera serviría, que todo sería inútil porque nada volvería a ser igual.

Eran las dudas y mis inseguridades tratando de socavar mi corazón, pero no podía acobardarme justo en ese instante.

Me detuve a tomar aire antes de entrar en el salón, diciéndome a mí misma que todo estaría bien, que daría mi mejor esfuerzo para enmendarme, y si las cosas no salían como esperaba… al menos me sentiría satisfecha conmigo misma por haberlo intentado.

―Bien. Eres una dama de medianoche, Sakura. Tú puedes.

Ingresé y de inmediato lo ubiqué al otro lado de la habitación. El porte de Shaoran era tan distinguido como siempre, manteniendo sus manos a la espalda mientras su perfil daba hacia la ventana. Y a pesar de la ausencia de la sonrisa en sus labios, suspiré de alivio y tuve que parpadear varias veces al sentir que las lágrimas deseaban salir.

Podría estar siendo estúpida, pero… después de tanto miedo y angustia, verlo allí, en el salón de mi casa, era… Me sentía feliz.

Aclaré mi garganta, temiendo que mi voz saliera partida al llamarlo; eso atrajo su atención de inmediato.

―Estás muy hermosa esta mañana, Sakura. ―Esbozó una sonrisa pequeña, casi imperceptible, pero estaba colmada de un arrepentimiento que me llegó al corazón.

Arrejunté la puerta, lo suficiente para que la vista hacia los sillones no fuera tan directa desde afuera, y caminé hacia él sin dejar de mirarlo a los ojos, dándome cuenta a medida que me acercaba que en ellos también había signos de haber pasado una noche en vela.

―Veo que no me esperabas.

―Después de lo de anoche, yo… pensé que tendría que buscarte a ti para disculparme ―susurré y bajé la mirada.

Los dedos enguantados de Shaoran tocaron mi mentón y me hicieron levantar la vista de nuevo a él.

―Entonces fue bueno que me haya adelantado ―sonrió y cuando traté de contestarle, me salió una mueca rota que hizo salir a flote la preocupación en sus ojos.

Buscando distraer su atención, hice un ademán con la mano para invitarlo a sentarse y yo lo hice a su lado, así no correríamos el riesgo de hablar demasiado alto y ser escuchados.

―¿Trabajando desde temprano? ―preguntó, tomando mi mano derecha para inspeccionarla con cuidado.

―Un poco… necesitaba despejarme y escribir siempre me ayuda ―musité, sintiendo mis mejillas calientes.

Shaoran volvió a sonreír y se sacó el guante para mostrarme su propia mano derecha que estaba igual o peor que la mía.

―Hago lo mismo. ―Como mi madre había mencionado, me encontré sonriendo sin notarlo y eso pareció satisfacerlo―. La verdad es que, cuando estoy ofuscado o confundido, escribo y escribo sin parar.

―¿Algo para tus novelas?

Él sacudió su cabeza con lentitud.

―Son cosas que fluyen de aquí ―señaló su pecho―, hacia acá ―me mostró sus dedos libres de la tela―. Eso me permite analizar con mayor claridad las cosas.

Le mostré mi comprensión al asentir y entonces el silencio cayó sobre nosotros con fuerza. Mi ansiedad empezó a crecer cuando me sentí incapaz de romperlo, era como si mi garganta se hubiera cerrado y se negara a dejar ir las palabras que incluso había llegado a ensayar durante la madrugada. Me sentía incompetente, frustrada y las ganas de llorar regresaron a mí. Entonces, Shaoran me sorprendió al tomar de nuevo mi mano, entrelazando nuestros dedos y dejando que las pieles hicieran contacto. Busqué su mirada y me encontré con una expresión seria, casi inescrutable, sin embargo, sus ojos ardían con una decisión tal que me estremeció.

―Sakura, pensé mucho en cómo iniciar esta conversación y quiero hacerlo pidiéndote disculpas por haberme marchado como lo hice.

―No, Shaoran, yo… ―Me giré un poco más para verlo frente a frente, y apreté su mano―. Fui yo quien provocó todo al no saber explicarse. Tú no tienes que...

―Para discutir, se necesita de dos ―expresó con serenidad impresionante―. Y si bien no me diste el motivo por el cual te negaste a mi intención de proponerte matrimonio, yo preferí dejarme dominar por el orgullo y quedarme con mis dudas. Fue un error muy grande que pienso corregir. ―Se llevó mi mano a los labios, y dejó en el dorso un pequeño beso que me hizo suspirar―. Quiero escucharte, Sakura. Quiero comprender qué fue lo que pasó anoche y por eso he venido hoy.

Me sentí sobrecogida por un sin número de emociones que amenazaron con dejarme sin habla, pero no esa vez.

―¿Compartiremos la culpa, entonces? ―musité con voz partida.

Él sonrió y limpió una lágrima rebelde que se fugó de mi ojo.

―Culpas, miedos, felicidades y secretos ―dijo, señalando nuestras manos manchadas de negro, unidas―. Si es lo que usted quiere, milady.

Quería. Por dios juraba que quería y tomaría la oportunidad que él me estaba dando para explicarme, y me aseguraría de hacerlo al detalle para que no hubiera más malos entendidos entre los dos.

Así, ante su atenta mirada, le conté todo. Shaoran se mostró comprensivo y escuchó cada una de mis palabras, brindándome apoyo en las partes que lo necesité: como cuando mi padre nos había confesado de su enfermedad. Aunque también mostró su desagrado ante el trato al que había llegado con respecto a lord Winslow.

―Y el marqués aceptó sin queja alguna, por supuesto ―aseveró en un tono de voz que no supe identificar.

―Lo hizo por la tranquilidad de mi padre ―le defendí en un susurro―. Es un buen hombre, Shaoran. Incluso me quiso ayudar a incrementar la atención de los caballeros en mí, y debes admitir que funcionó.

Un suspiro dejó sus labios.

―Supongo… aunque no es agradable saber que uno es manipulado de esa forma ―refunfuñó.

No comprendí su comentario y cuando me dispuse a preguntar, me vi obligada a soltar su mano y guardar silencio porque la puerta se abrió.

Fue Rika quien entró, trayendo consigo una bandeja con panecillos que dejó en la mesa en estricto silencio. Después de una reverencia, salió del salón dejando la puerta un poquito más cerrada de lo que había estado antes. Sonreí, tendría que agradecérselo luego.

―¿Debo creer que estamos siendo vigilados? ―se rio con cierta viveza.

―Un poco, sí… Ayer te dije que sería difícil tener privacidad.

El negó con su cabeza y después de aclarar su garganta, la seriedad regresó a su rostro.

―Creo que comprendo tu situación, pero ahora necesito hacerte unas preguntas y quiero tu sinceridad. ―Asintiendo con lentitud, le concedí el permiso y fijé mi vista en mi regazo―. ¿Quieres casarte con el marqués de Winslow?

―¡No! ¡Por supuesto que no!

―Bien. ―Afirmó con la cabeza―. ¿Existe algún caballero que te interese para casarte? ¿Por quién te hubieras negado anoche a mi intención?

Sin palabra, le di mi respuesta al sacudir mi cabeza.

La mano que todavía tenía su guante afirmó su agarre en la mía y, sin desviar su mirada de mis ojos, realizó una nueva pregunta, en un tono de voz suave, gentil y asertivo:

―¿Te desagrada la idea de casarte conmigo? ―Mordí mi labio y volví a mover mi cabeza de un lado a otro―. Entonces, ¿por qué te negaste?

―Porque estando yo misma en una situación como esta, atada de manos… no quería que te vieras obligado a casarte conmigo por… por lo que… ―Lo miré, sintiendo como la desesperación se hacía presente de nuevo en mi corazón―. ¿Puedes entenderlo, Shaoran? No quiero que estés conmigo como una obligación… eso… eso me mataría y acabaría con lady Suspiros… ―Le sonreí con tristeza, sintiendo como bajaba otra lágrima―. ¿Cómo escribir de romance cuando fui capaz de arrebatarle la libertad a otra persona? No podría…

Sin importarle que la puerta estuviera entreabierta, Shaoran se acercó un poco más de lo debido. Su aroma a sándalo y menta se filtró por mi nariz, haciendo que la codicia naciera en mí y me hiciera desear su abrazo.

―Sakura, necesito que comprendas algo ―dijo y buscó la atención de mi mirada―. Yo no soy un hombre de flores y poemas. Y mi grado de romanticismo es prácticamente nulo.

―Eres escritor de romance.

Él tomó mi mano y se la llevó a la boca, pero en vez de dejar su roce en el dorso como antes, la giró y posó sus labios en la parte interna de la muñeca, provocando que mi boca se secara y mi respiración se entrecortara.

―Mis aguas, lady Suspiros, son la seducción y el sexo ―musitó en un tono grave, rasposo y tentador sobre la piel. Luego posó sus ojos encendidos en mí―. Sin embargo, usted es una dama que adora el romance, que desea un matrimonio por amor y yo quiero darle eso.

―¿Tú… sientes algo por mí?

Shaoran sonrió.

―Siento muchas cosas por ti.

―¿Amor?

Su negativa provocó una fisura en mi corazón que fue reparada cuando otro beso fue depositado sobre la cara interna de mi antebrazo.

―Para algunos, el amor llega de golpe y sin aviso; otros deben construirlo paso a paso y este es mi caso, milady ―dijo y se acercó un poco más―. Deseo conocerte y que tú me conozcas a mí, Sakura. Ver esa mujer que le ocultas al mundo y dejar que tú veas también al Shaoran que se guarda. No al conde, no a Murakami. Al hombre. Y que luego surjamos los dos, juntos. Es por ello que te tengo una propuesta.

―¿Cuál? ―pregunté, casi hechizada por sus palabras y su cercanía.

―Eres lady Suspiros, la mujer que crea romances sin igual, por eso quiero aprender de ti.

―¿De mí? Yo… Shaoran… ¿Qué podría enseñarte yo si no…?

―Te conoces a ti misma, Sakura. Sabes lo que quieres, lo que te gusta. Enséñame a provocar tus suspiros y yo… ―Dio un pequeño jalón que me hizo caer hacia adelante. Mi mano libre fue a dar en su pecho y entonces… sus labios me sorprendieron al apoderarse de los míos. Fue un beso pequeño, apenas un roce que logró dejar su ardor en mi piel, aun cuando se apartó después―. Yo te enseñaré lo que necesitas dominar para tu escena erótica.

―P-pero… ¡Ayer te negaste! ―dije en un susurro casi ahogado.

―Que un caballero le enseñe a una señorita soltera sobre el arte de la seducción y los placeres del lecho, es impropio. Pero… ―Guardó silencio y sonrió con tanta malicia que me hizo tragar grueso.

―¿P-pero?

―Mostrárselo a mi prometida será... fascinante. Muy satisfactorio de hecho.

Aun cuando sentía mi rostro ardiendo, busqué en mi interior la fuerza para contestar su desafío con la misma intensidad, como lo haría lady Suspiros. Me incliné hacia adelante y ladeé la comisura de mi boca.

―¿Me está chantajeando, milord?

―Depende… ¿Está funcionando? ―preguntó casi en un susurro.

―Solo un poco.

Shaoran miró sobre mi hombro hacia la puerta y soltó una maldición, frunciendo el ceño.

―Entonces vamos a esforzarnos un poco más.

Antes de que me burlara y le dijera que estaba bromeando, Shaoran se levantó y me llevó con él hacia una de las esquinas que quedaban lejos del punto focal de la puerta y me aprisionó entre su cuerpo y la pared.

―¿Qué haces? ―pregunté entre risas bajas.

En total silencio, sujetó mis manos por las muñecas y las llevó por encima de mi cabeza, sin dejar de mirarme a los ojos y esbozando ese gesto ladeado tan sugestivo.

―Tú y yo, vamos a resquebrajar un poco las cadenas.

―¿De qué…?

―Si quieres una historia de amor, enséñame a darte una, milady… ―Bajó un poco su cabeza y nuestros labios volvieron a tentarse ―. Y si quieres crear una escena erótica para tu novela, entonces permíteme convertirme en tu mentor y en tu inspiración. Solo tienes que decir que sí.

El deseo corrió por mis venas y mi mente se nubló por completo, quedando solo el pensamiento de querer más. Presa de esas sensaciones, asentí y busqué sus labios, pero él me los negó al hacerse hacia atrás.

―Shaoran…

―Dilo, Sakura. Di que serás mi esposa.

―Sí… Sí, seré tu esposa. ―Me incliné hacia delante―. Por favor.

Su sonrisa se amplió y sus labios me abordaron en un beso fuerte, brioso, apasionado. Justo como era él. Y que fuera algo secreto, prohibido y comprometedor, lo hizo más excitante y placentero. Mi cuerpo ardía y el deseo se incrementó; ya no se trataba de "querer", yo necesitaba lo que él me prometía a través de sus labios: la pasión, el amor y la entrega que había deseado experimentar desde hacía años.

―Busca a tu madre antes de que volvamos a ser sorprendidos ―dijo en una voz ronca y seductora.

Estando aun embelesada, asentí y me alejé de él, tratando de peinar mi cabello porque estaba segura que él lo habría alborotado un poco.

―Y Sakura… ―me llamó antes de que saliera del salón.

―¿Sí?

―No sé cómo lo harás, pero convencerás a tus padres de que solo serán dos meses de noviazgo. No más.

―Pero…

―No creo que resistamos más que eso, si sabes a lo que me refiero ―dijo con sonrisa lobuna.

Mi rostro entero ardió y salí del salón tan rápido como pude, aunque la alegría era tan grande que mi corazón danzaba en mi pecho, y tuve que llevarme las manos a la boca para que mi risa no se escapara. Santo cielo, incluso quería cantar.

―Imagino que esa sonrisa significa que al fin tengo un cuñado.

Me sobresalté cuando mi hermano me salió al paso.

―Nao… no te vi.

Con toda tranquilidad, se apoyó en la pared.

―No. Como tampoco me viste cuando pasé por el salón, justo en el momento en que tu novio te robó la boca. ―Sentí que el corazón se me iba a los pies―. Si no quieres que le diga a Touya o a papá, tendrás que hacer algo por mí.

―¿Q-qué es lo que quieres?

Se enderezó y sonrió.

―Si te hace llorar, me dejarás matarlo con todo el placer y sadismo del mundo.

En ese momento, el pequeño niño de mis memorias que había corrido tantas veces a dormir conmigo en las noches de tormenta, y pedido que le contara cuentos que calmaran su miedo, se convirtió ante mis ojos en ese hombre alto, imponente, y protector.

Uno de mis queridos guardianes.

―¿Te he dicho que te quiero?

―Dímelo delante de Touya y agrégale dramatismo ―me guiñó un ojo―. Ahora ve por madre, mientras que yo… ―Se frotó con las manos con malicia y caminó hacia el salón donde estaba Shaoran.

―¿Qué vas a hacer?

―Contarle a mi cuñado todas tus penurias de adolescente, desde luego. Incluso las penurias de tu primer periodo.

En vez de reñirlo, me reí y me di la vuelta para ir por mamá, sintiendo en mi pecho como la llama de la esperanza se convertía de golpe en un incendio, porque aun cuando Shaoran había sido sincero conmigo al decirme que no me amaba todavía, había dejado en claro que llegaría a hacerlo y también… me deseaba. Con cada toque, con cada beso y con cada mirada de fuego me lo había demostrado y eso ya era un gran avance.

Todavía teníamos mucho que conocer el uno del otro e historias que develar, en especial la de su esposa anterior… pero no me desanimaría. No me dejaría vencer por mis miedos e inseguridades, porque el romance estaba en la punta de mis dedos y yo haría lo necesario para alcanzarlo y ser feliz.

¡Estamos de regreso!

Capítulo veintiuno y ahora vemos que trajo de todo un poco :D

¡El hermano menor ha aparecido! No sé ustedes, pero yo lo amodoro xD Es bravucón y tierno al mismo tiempo, de por sí está inspirado en un primo al que adoro y que es como mi hermanito.

Empezamos viendo la tristeza de nuestra escritora favorita del librillo, pero como era de esperarse de ella, no quiere dejarse vencer. Ella sabe lo que quiere y desea ir por ello, sin embargo, el conde se le adelantó los pasos y les dije que solo necesitaba enfriarse para pensar. Detalle de nuestro erudito: que cuando tiene humor de perros lo tiene, tenía que darle defectos xD

A veces creemos que podemos con todo y no nos abrimos, pero a veces es bueno hacerlo y sincerarnos para contar con apoyo. Las cargas se hacen más livianas y fue lo que quise transmitir en este capítulo :) Sin embargo, nuestro escritor tenía que salir con una de las suyas y realizó su propuesta de matrimonio a su… estilo xD Huyo y dejo el calor que ese hombre provocó.

Muchas gracias por su apoyo y cariño ;) En verdad son maravillosos y no saben lo que me animan con sus comentarios a sentarme frente a la computadora y escribir, porque sé que llego más allá de la pantalla. Sonríen, se emocionan, se enojan y viven la historia con mis personajes; yo me doy por servida.

Quiero aprovechar para desearle un feliz cumpleaños a una persona especial que cumplió el 1 de enero xD Ladyaqua198, muchas gracias por tu cariño y te deseo lo mejor en tu vida. Colores y bendiciones :)

Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)

Gracias por seguirme en cada mundo que creo, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo :D

No se olviden de comentar :D

Un enorme beso para todos,

CherryLeeUp.