¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.
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Queda terminantemente prohibida la copia parcial o total, así como el uso de escenas o la trama sin mi consentimiento.
Bueno a comenzar :D
La dama de medianoche
Capítulo 22
Había estado en nuestra biblioteca infinidad de veces: ya fuera leyendo algún libro o buscando inspiración para mis propios escritos; en ninguna de esas visitas había apreciado la forma en la que los rayos del sol vespertino, atravesaban los cristales de las ventanas. Se creaba un efecto luminoso que le otorgaba una tonalidad dorada que no podía distinguirse en ningún otro salón de mi hogar, haciéndolo parecer mágico.
¿Por qué no había sido capaz de notarlo antes? La respuesta llegó con el susurro del nombre de Shaoran junto a una sonrisa que aún tenía impregnada su calor y sabor, a pesar de haber transcurrido varias horas desde nuestro último beso. Me llevé los dedos a la zona media y carnosa de mi boca y delineé la curvatura formada por la alegría.
―Estoy enamorada ―musité bajito, aunque en el corazón lo sentí como si lo hubiera gritado a los cuatro vientos. Y se sentía maravilloso.
Había reflejado la intensidad del amor en mis historias incontables veces, haciendo homenaje a su nobleza, belleza y poder, pero experimentarlo… Experimentarlo en mi propia piel me había hecho ver que mis descripciones no le hacían la justicia que merecía tan precioso sentimiento y, posiblemente, no existían palabras suficientes para lograrlo.
Era sublime, extraordinario y me envolvía de tal forma que me hacía apreciar mi entorno de forma diferente. Ya no había viento, era música lo que oía y que hacía danzar las ramas de los árboles. Ya no había silencio, sino pausas que me permitían percibir el rítmico latir de mi corazón. Ya no había frío, porque la tibieza de sus besos y los recuerdos me acompañaban en todo momento. Y ya no había miedo, porque el mismo deseo me hacía sentir osada, valiente.
Un velo había caído, permitiéndome descubrir una parte de mí que había estado oculta en mi interior todo ese tiempo. Y era extraordinaria.
El ruido de la puerta me sacó de mi ensimismamiento. Giré la cabeza en su dirección y distinguí a mi madre que avanzaba a paso presuroso hacia mí.
―Tu padre ha llegado ―dijo con un tono de voz más agudo de lo normal, revelando que la alegre histeria todavía no la había abandonado, lo cual me hizo sonreír.
―Siendo así, debería ir con él de una vez antes de que hable con Nao ―dije, levantándome del alfeizar.
―En realidad te mandó a llamar.
Mi ceño se frunció y la confusión me invadió.
―¿Cree que sospeche algo?
Ella negó con la cabeza.
―Creo que tiene que ver más con sus intenciones.
―¿A qué se refiere?
Mi madre me tomó de la mano y la apretó con fuerza.
―Quiere reunir a toda la familia esta noche para hablar de su enfermedad y puede que quiera contar con tu apoyo. No será… algo fácil de abordar y sabes que siempre has sido nuestra mediadora.
Mi cabeza se movió de arriba abajo con lentitud, aunque por dentro no dejaba de imaginar la triste escena y la posible reacción de Nao a la verdad. Mi pequeño hermano podía ser un pícaro empedernido y hasta un poco fanfarrón, pero era un muchacho soñador, alegre y en extremo familiar… La noticia lo destrozaría.
―¿Touya vendrá? Sabe que él es el soporte de Nao.
―Tu padre nos quiere a todos allí, incluso a Kaho.
Eso me sorprendió gratamente y la sonrisa se dibujó por sí sola en mis labios.
―Un paso muy grande.
―Lo es ―contestó, limpiando al tiempo una lágrima―. Bueno… es mejor que vayas a decirle las buenas noticias.
―¿Cree que sea oportuno? Con esto de la cena no creo que sea buen momento para…
Mi madre me abrazó, interrumpiendo mis palabras.
―Los momentos felices siempre son bien recibidos, cariño. Avivan nuestros corazones y nos brindan ilusión ―dijo, acariciando mi cabeza―. Eso es justo lo que necesitamos en este momento. Así que ve y dale ese poquito de alegría a tu padre que tanto la necesita.
Viéndola a los ojos, pensé que ella tenía razón. Además, el acuerdo que había iniciado toda esa aventura, nos involucraba solo a mi padre y a mí, así que debíamos ser nosotros quienes le diéramos fin. Era una charla que nos merecíamos por poco convencional que fuera, dada las circunstancias.
Mi madre me acompañó el corto recorrido hacia el despacho de mi padre; la puerta estaba abierta y podía escuchar sus pasos en el interior. Tomando una última aspiración, le sonreí a mi madre y me adentré en la cálida estancia que tenía impregnada la esencia del cabeza de nuestra familia, un aroma particular que mezclaba el olor de la hierbabuena con el del café que tanto le gustaba beber.
Él estaba de espaldas a mí, buscando en la estantería que estaba detrás de su escritorio algún libro de interés. Ese era el espacio que mi padre más utilizaba para trabajar, aunque había un buró más pequeño destinado a la escritura de cartas. Sonreí ante el recuerdo de haber robado unas cuantas plumas de allí cuando recién iniciaba mi pasión por escribir.
De repente, mi padre comenzó a toser, sacándome de mis recuerdos. Estaba encorvado como pocas veces lo había visto y se sujetaba el pecho con fuerza. Me aproximé con rapidez y me asusté al ver que se doblaba más y más, producto de la fuerza que hacía.
―Padre…
Alzó su mano y buscó tomar varias bocanadas de aire entre tanto y tanto, haciéndome sentir impotente al no poder hacer nada por él… más que observar.
―S-solo será… un minuto ―logró decir.
Asentí y le ayudé a llegar al mueble donde se dejó caer y apoyó sus codos en sus piernas, mientras yo le proporcionaba pequeños golpecitos y caricias en su espalda que se movía con la irregularidad de su respiración. A pesar del escozor en mis ojos, me negué a derramar lágrimas porque sabía que eso lo haría sentir peor.
―Lamento que hayas tenido… que ver eso ―dijo minutos después.
―No se preocupe por ello.
Sonrió y enderezó lo más que pudo su cuerpo, queriendo demostrar con ello que ya estaba mejor.
―¿Tu madre… te dijo que te estaba buscando?
Asentí con lentitud y estuve a punto de decirle que tenía noticias para él, aunque no sabía qué tan conveniente era dado su reciente ataque.
―Hoy me llegaron ciertos rumores ―inició y palmeó mi mano.
―Rumores ―hice eco con extrañeza.
Él afirmó.
―Sobre la mascarada de los marqueses de Reever ―habló y enseguida sentí que mi corazón daba un salto.
―¿Qué clase de comentarios le llegaron? ―pregunté con cuidado.
―Me imagino que tiene que ver con las buenas nuevas que mencionó tu madre.
Parpadeé confundida; no había manera en que las personas le hubieran hablado de mi encuentro con Shaoran en el despacho del marqués. Referirse a nuestro baile tampoco debía ser porque sería demasiada especulación y mi padre no solía estar interesado en ellas. Mi corazón volvió a dar otro salto ante la posibilidad que se me cruzó por la mente, así que me giré un poco más hacia él para enfrentarlo.
―¿Qué fue lo que le dijeron con exactitud, padre?
―En honor a la verdad, debo decir que estaba comenzando a dudar al respecto por tu actitud. ―Tomó aire varias veces y tras aclarar su garganta, continuó―: Pero saber que bailaste dos veces y de buen agrado con el marqués de Winslow, me causó una gran alegría.
Cerré mis ojos, sintiendo como me recorría el frío desagradable de la contrariedad, mientras mi padre seguía hablando del marqués y las ventajas que nos traería ese matrimonio. Los rumores eran armas letales, palabras que podían llegar a convertirse en preludios del desastre o en el entierro de la reputación de alguna pobre señorita; pero no permitiría que fuera ese mi caso.
Había luchado mucho para conseguir el marido adecuado para mí. Dos meses llenos de preocupaciones y angustias por mi futuro, que se convirtieron en aprendizaje, descubrimientos y, sobre todo, en el romance que siempre había anhelado.
No había sido de golpe como muchos decían. Mi amor había ido germinando poco a poco, y por eso estaba convencida de que Shaoran llegaría a amarme con el pasar de los días y de la convivencia de pareja que estaba segura rebosaría de comprensión, respeto y… pasión.
Así que no, no estaba dispuesta a dejarlo ir, aunque eso fuera en contra de los designios de mi enfermo padre. Además, si era sincera con él, estaba segura que él me entendería. Siempre había sido así y apelaría a ello.
Me acomodé mejor en el sillón para estar frente a él e interrumpí su monólogo sobre su buen amigo:
―El marqués es un buen hombre, padre.
―Y me alegra que lo hayas notado. En verdad que sí.
―Es un buen hombre, pero no es el adecuado para mí.
Su boca se abrió por completo al igual que sus ojos.
―Pero…
―Lo que le dijeron es cierto: bailé dos veces con lord Winslow. Lo hice porque no le vi nada de malo ya que se convirtió en un buen amigo ―expresé con calma y decisión. Entonces le sonreí al decir―: ¿Recuerda usted al joven del cual le hablé hace días? ―Mi padre asintió en un único movimiento―. Él mostró interés en mí al bailar únicamente conmigo y también… conversamos mucho.
―¿Y este caballero te dijo algo sobre sus intenciones? ―preguntó, frunciendo el ceño.
Yo asentí y esbocé una sonrisa más amplia que la anterior.
―Esta mañana vino a casa. Su propósito era conversar con usted, aunque antes deseaba platicar conmigo y saber mi opinión. ―Lo miré a los ojos, tratando de que viera en los míos todo lo que Shaoran me hacía sentir―. Él en verdad me escucha, padre. Es sincero, me respeta y valora mucho mis opiniones.
Después de esas palabras, el único sonido que nos hizo compañía fue el tictac que marcaba el avance del tiempo en el reloj. No era un mutismo incómodo sino más bien de entendimiento mutuo que me relajó, porque podía ver en la expresión de su rostro sereno que había tenido razón: fuera cual fuera mi decisión, él la respetaría.
―Entonces… ―Sonreí ante su intento de llenar el vacío―, ¿debo asumir que te pidió matrimonio antes de hablarlo conmigo? ―Asentí―. Y aceptaste.
―Lo hice ―musité sin desvanecer la alegría de mi rostro.
Papá dejó ir un largo suspiro y volvió a palmear mi mano.
―¿Cuál es el nombre del caballero?
―Shaoran Li, conde de Wemberly.
Tras revelar su nombre, no pude controlar mi boca y surgieron a borbotones los puntos fuertes de Shaoran que había descubierto y también le hablé de sus debilidades. Todavía tenía mucho por descubrir, pero sabía que aun con sus defectos, él era el hombre que había estado esperando toda mi vida y era como una necesidad para mí que mi padre lo entendiera.
―Le aseguro que estaré bien a su lado. Su señoría me brindará su protección, una posición económica estable y, lo más importante, el amor que yo estaba buscando.
Mi padre no contestó a mi bien intencionado monólogo, solo se levantó para ir hacia la ventana que estaba a un lado de su escritorio y fijó su vista en un lugar lejano. Verlo en esa postura cerrada e impenetrable, con las manos entrelazadas en su espalda, tambaleó un poco mi seguridad porque no podía leerlo.
Acaso… ¿me había equivocado?
―¿Padre?
―¿Sabes por qué elegí a lord Winslow como tu futuro marido? ―preguntó de repente. Mi respuesta negativa salió en un murmullo.
Fue hacia su escritorio y se acuclilló para buscar algo en una de las gavetas que estaban ocultas a mi visión. Cuando se enderezó, me hizo señas para que me acercara y obedecí, viendo como dejaba una vieja hoja de papel encima del escritorio. Hizo un gesto para que la tomara y, completamente extrañada y curiosa en partes iguales, tomé el arrugado pliego y encontré en él mi propia letra. Me llevé una de mis manos a la boca para acallar el grito de sorpresa porque ante mis ojos estaba uno de mis borradores descartados, lleno de tachones y líneas que yo solía llamar "redirección de ideas".
―Padre, yo…
―Hace como dos años encontré esa hoja en la biblioteca. Si mal no recuerdo, quedó olvidada debajo del esquinero donde tu madre suele colocar las flores. ―Asentí en señal de comprensión, porque no podía hablar―. Leo Pasiones Líricas ocasionalmente. Culpa de tu madre, debo aclarar.
―¡¿Madre también lo lee?!
Él asintió.
―Es divertido discutir teorías de vez en cuando ―se rio con ligereza, pero después volvió la seriedad a su rostro―. El asunto es, Sakura, que días después de encontrar esto, leí el volumen de ese mes y hubo algo en la prosa de Yoshida que atrajo mi atención.
Así, mi padre me contó la historia de cómo había llegado a la conclusión de que tenía a Haruki Yoshida viviendo bajo su techo, pues había comparado las frases escritas por mí con las del escritor que apenas estaba haciéndose un nombre entre los Once Grandes. Una similitud que no podía ser casualidad. Entonces señaló un párrafo que no estaba tachado, el cual decía:
"El espejo me devolvió una mirada carente de emociones al haberme convertido en un verdugo. Los gritos, los insultos y las miradas fulminantes; todos habían sido grabados en mi memoria por el rojo del odio que ellos me profesaban, destrozándome, carcomiéndome, hundiéndome.
―No importa. Así debe ser ―le dije a mi reflejo, porque ese era el camino hacia la expiación que yo mismo había escogido".
Lo recordaba, ese era el inicio de la aventura de Velkan como espía de su causa. Un viaje que había estado lleno de penumbras para él y lo único que lo había mantenido en pie había sido el recuerdo de Samira.
―Padre… usted… ―pronuncié en voz partida. Mi padre me silenció al levantar su mano.
―Escogí a Yukito porque lo conozco desde hace años y sé que puedo pedirle cualquier cosa… como el permitirte continuar con tu sueño.
Las lágrimas comenzaron a salir debido a las emociones que me rodeaban, rastros salados que mi padre cariñosamente limpió con sus pulgares.
―Los secretos y las mentiras destruyen, Sakura, por eso debes… debemos conversar con lord Wemberly acerca de esto. Aunque no sé cómo hacerlo sin poner en riesgo tu reputación, si te soy sincero ―dijo en una mueca preocupada―. Pensé que tendría una respuesta si un joven llegaba a acercarse, pero entre tanta cosa…
―No es necesario ―le interrumpí, negando también con la cabeza.
―¿Ah, no?
Volví a negar y sonreí entre lágrimas.
―Shaoran… Perdón. ―Me llevé la mano a la boca ante mi desliz, algo que hizo sonreír a mi padre―. Lord Wemberly ya lo sabe.
―¿Y cómo…?
―Así como usted me descubrió, él también lo hizo ―dije, lo cual no era una mentira―. Me mostró su apoyo y hasta quiere ayudarme en lo que pueda. Padre, él es muy inteligente y estudiado, sabe muchas cosas de literatura y… en verdad admira mi trabajo como Yoshida. ―Lo tomé de ambas manos, apretándolas para transmitirle la fuerza de mi decisión―. Yo lo amo, padre. Estoy enamorada de él y en verdad… en verdad quiero que nos dé su bendición.
Ninguna palabra fue necesaria porque en sus ojos vi la respuesta que después reflejaron sus labios ligeramente curvados hacia arriba. Un gesto que yo copié y sentí que un gran peso se esfumaba de mis hombros.
―Entonces… tu secreto estará a salvo con ambos.
―Gracias.
Después de dejar un beso en mi frente, él avanzó hacia la puerta y me dio gracia que se encontrara de lleno con el rostro de mi madre que parecía haber estado escuchando.
―Lo supuse.
―¡Me tenían de los nervios! ―se justificó ella, haciéndose la digna al entrar.
―Aunque nuestra hija le ha dicho que sí al conde, he de imaginar que lord Wemberly vendrá mañana para conversar conmigo. ―Mi madre y yo afirmamos en silencio―. Siendo así, esperaremos hasta mañana para hacer la publicación en el diario y comenzar a planear la cena de compromiso.
―Pero padre, su salud…
―Debemos dar por finalizado nuestro acuerdo, Sakura Kinomoto, y eso lo haremos con una celebración.
Acepté ante su firmeza, aunque no pude evitar desviar mi preocupada mirada hacia mi madre que asintió.
―¿Podría sugerir algo sencillo? ―Mi padre la miró y frunció el ceño―. Será lo mejor, querido. Solo nuestros allegados y los Li, por supuesto. Además, estoy segura de que eso es lo que Sakura quiere, ¿no es así?
―Podríamos conversarlo con lord Wemberly mañana…
―De acuerdo ―aceptó mi padre―. Lo hablaremos con él mañana y tomaremos la decisión en base a ello. Sin embargo, creo que es algo que podemos anunciar en la cena familiar de esta noche.
―¿Está seguro?
Sus lagunas cafés me observaron con cariño y asintió.
―Es hora de retomar nuestra tradición familiar y que nuestras cenas vuelvan a ser como antes, ¿no lo crees? ―Asentí al momento en que su mano acunaba mi mejilla―. Será un buen tema de conversación que nos alegrará a todos.
Acepté su disposición, esperando que en realidad la noticia de mi compromiso le brindara un poco de esa alegría que mi familia tanto necesitaba, especialmente esa noche.
Después de eso, salí del recinto de mi padre, pero antes de llegar al rellano de las escaleras, mi madre me hizo girar al llamarme por mi nombre. La vi subir los escalones que nos separaban y entonces sus brazos me envolvieron.
―No sabes cuan feliz estoy, cariño. Mi corazón rebosa de alegría.
―El mío igual.
Se separó y sus manos acariciaron mi cabello miel.
―Antes de que subas, me gustaría pedirte que pienses en algunas cosas.
―¿Cómo cuáles?
―Lo que te gustaría para tu cena de compromiso ―dijo con enorme sonrisa―. Si bien vamos a esperar a que lord Wemberly converse con tu padre, podríamos ir adelantando algunos planes, ¿no crees?
―Mamá… usted no tiene remedio ―negué con la cabeza.
―Si queremos que todo sea perfecto, entonces debemos montarnos en ello de una vez. ―Se llevó los dedos al mentón, dando pequeños golpecitos y después añadió―: Sería bueno saber los gustos de lord Wemberly también, no me gustaría desagradarlo con alguna decoración o comida… ¡Una lista! Podrías hacer una que contenga las cosas que les gusta a ambos y después veremos que podemos usar y que no.
Besó mi mejilla y me dejó allí, pensando en eso último y pronto me hallé reteniendo las carcajadas al darme cuenta de que no sabía nada más allá de los gustos de Shaoran por los libros, la escritura y el mundo literario en general. Habíamos centrado tanto nuestras conversaciones en temas desafiantes e intelectuales, que habíamos dejado de lado las trivialidades que debimos haber tocado como regla social. ¡Ni siquiera sabía cuál era su color favorito!
―Nota mental: plantearle una charla frívola sobre gustos, colores y el clima ―me dije y continué mi camino hacia mi habitación.
Tiempo después, cuando el sol ya se había ocultado dando paso a las guardianas del firmamento nocturno, me hallé frente al espejo, ataviada en un vestido fresco de verde botella que me gustaba mucho. En mi rostro aún permanecían los vestigios de la terrible noche que había pasado, y en mi cuerpo estaba acumulado el cansancio de ese día. Suspiré; había sido un auténtico sube y baja de emociones que todavía no había terminado, pues faltaba la parte más complicada de afrontar.
―¿Saben si ya llegó mi hermano y su esposa? ―pregunté a mis doncellas.
―Hace como diez minutos, señorita ―respondió Rika.
―Su cuñada es una belleza ―reveló con emoción Chiharu―. Tiene un cabello rojizo precioso. Es lo que los aristócratas llamarían… llamarían…
―¿Exótica? ―traté de completar por ella con una sonrisa.
―¡Sí! Su belleza es exótica.
Me reí con ligereza pensando en Kaho. Pese a haber tenido solo un par de charlas, había congeniado con ella ya que teníamos la misma edad y había podido ver en sus ojos claros como la miel, el amor que sentía por mi hermano.
«Quiero que Touya se sienta orgulloso de mí cuando me pare a su lado», eso me había dicho una vez y, aun cuando le refuté al decirle que él ya se sentía orgulloso de ella, Kaho, en palabras sencillas y humildes me hizo comprender que su deseo más ferviente, además de ser una buena madre para su hijo, era convertirse en una mujer de valor que pudiera ayudar y apoyar a su esposo cuando él la necesitara.
Una prueba de amor sin lugar a dudas.
Al entrar en el comedor, la divisé enseguida conversando con mi madre. Llevaba un vestido azul y trataba de verse lo más derecha posible, ante lo que debía ser para ella la figura imponente de su suegra. Sin embargo, era evidente que alternaba su peso de una pierna a otra y sus manos estaban firmemente sujetas al frente. Estaba nerviosa y no era para menos, pues sería la primera vez que ella nos acompañaría a la mesa con mi padre en la cabecera.
Más allá de las damas distinguí a mis hermanos. Estaban cerca de los ventanales y parecían estar teniendo una conversación en voz baja, lo cual era bastante extraño porque cuando los hermanos Kinomoto estaban juntos, sus voces y risas jocosas siempre se hacían escuchar.
Mis ojos se fijaron entonces en Nao, su postura estaba ligeramente encorvada y su aura era… lúgubre. La preocupación me invadió y a pesar de querer abrazarlo con todas mis fuerzas, me quedé en mi sitio porque sabía que no había mejor persona para brindarle apoyo que Touya.
Un par de minutos después, su mano palmeó la espalda de nuestro hermano menor y lo dejó sumido en sus pensamientos. En ese momento, los ojos de Touya me hallaron todavía en la puerta y sin perder tiempo se acercó a mí con una sonrisa pesarosa en la boca.
―Padre ya ha hablado con él.
Me limité a asentir y volví a mirar a Nao que había cambiado su postura, apoyando el hombro en el marco de la ventana, dejando que sus ojos vagaran lejos del salón.
―Le propuse dormir en mi casa esta noche. ―La voz de Touya atrajo mi atención de nuevo.
―¿Aceptó?
Él asintió y sonrió.
―Tranquila, renacuajita, yo me encargaré de nuestro buscapleitos.
Palmeó mi cabeza con cariño y fue hacia su esposa que enseguida lo recibió con una amplia sonrisa que no le duró mucho, ya que a los pocos segundos mi padre entró en el salón comedor.
―Les pido disculpas, estaba resolviendo algo de último momento ―se excusó y al pasar por mi lado, me dio una pequeña sonrisa.
Cuando él se ubicó en su lugar, en la cabeza de la mesa, los demás tomamos nuestros puestos. Inmediatamente la comida se sirvió y la cena dio inicio, sin embargo, el ambiente agradable que mi padre había esperado con tanta ilusión no se manifestó, a pesar de sus intentos de sacar conversación que solo mi madre y Touya parecían corresponder.
Mi atención fue primero hacia Kaho que estaba frente a mí; sus ojos no observaban nada que no fuera su plato, y sus movimientos en vez de ser gráciles, se veían forzados y hasta mecánicos, producto del nerviosismo y el miedo de hacer algo mal frente a mi padre.
Suspiré y ladeé la mirada hacia el plato que estaba a mi izquierda con la comida casi intacta, mientras el cubierto de Naoki jugueteaba con la carne. La frescura y la jovialidad de mi hermano se habían desvanecido casi en su totalidad, dejando en su lugar a la angustia y el miedo que podían verse a través de sus sinceros ojos.
Me recordaba tanto al pequeño que le temía a las tormentas. Entonces nació en mí la necesidad de brindarle algo de conforte como en aquellos días. Tomé su mano libre por debajo de la mesa y la apreté. Nao bajó la mirada hacia mi mano y después la subió hacia mí, encontrándose con la sonrisa conciliadora que siempre había reservado para él. Sus dedos apretaron con fuerza y sus labios esbozaron un pequeño arco, para luego gesticular un "gracias" en silencio.
La cena transcurrió sin mayores incidentes y cuando los pequeños platos de los postres fueron retirados, mi padre limpió su boca y aclaró su garganta: había llegado el momento.
―Creo que nuestro cocinero se ha superado a sí mismo esta noche ―inició, buscando relajar el ambiente.
―Posiblemente quiera un aumento ―decidí bromear para ayudarle, gesto que el agradeció al sonreír.
―Si cocina así de ahora en más, puede que lo conside... ―Una tos seca y profunda se apoderó de él, interrumpiéndolo.
Mi madre enseguida se aproximó y a ella le siguió Touya que le acercó un vaso con agua. Mi padre rechazó la oferta al sacudir su cabeza. No obstante, en su rostro se formó un gesto de dolor que seguramente provenía de su pecho, donde su mano estaba hecha un puño que arrugaba su ropa. Mis ojos comenzaron a picar de tristeza y angustia, porque era la segunda vez que le daba un ataque ese día, y estaba segura que cada uno de los presentes podía sentir su dolencia como propia.
―Ya… ya ha pasado ―dijo minutos después con voz agitada y ronca.
―Querido, deberíamos dejar esto para otro día.
―Cada… segundo cuenta… Nadeshiko. ―Palmeó con cariño su mano―. Regresen a sus asientos… estaré bien.
No muy seguros, ambos obedecieron. Mi padre se tomó un par de minutos más para recuperar el aire y cuando sintió que podía enfrentar la situación, sonrió.
―Sé que esto no es sencillo para ninguno de ustedes… pero como pudieron ver, no estoy bien y… las cosas no mejorarán. Es por eso que debo aprovechar el tiempo… y crear nuevos recuerdos para ustedes. ―Tomó una pequeña pausa para coger aire varias veces y continuó―: Para lograrlo debo sincerarme.
Ante esa nueva pausa, mucho más profunda que la anterior, quise decirle que se detuviera, que todo estaba bien y que nosotros lo comprendíamos, pero sabía que él se negaría. Además, era algo que él merecía decir y nosotros escuchar. Teniendo aire en los pulmones nuevamente, continuó:
―Siempre busqué lo mejor para cada uno de mis hijos… Maestros, institutrices, instrumentos y libros; cualquier cosa que ellos desearan y que les ayudara a convertirse en hombres… y una mujer de bien ―dijo, mirando en mi dirección y mis ojos no resistieron el enternecedor orgullo que pude ver en los suyos. Las lágrimas iniciaron su recorrido―. No obstante, mis ganas de protegerlos y de buscar lo mejor para su futuro… me llevó… ―Un nuevo ataque de tos lo interrumpió, pero pudo controlarlo de inmediato―. Me llevó… a cometer errores. Grandes errores que pusieron en peligro a esta familia y pido perdón por ello.
―Padre, esto no es necesario ―intervino Touya y estiró su mano para tomar la de él en un fuerte apretón―. Nosotros lo sabemos.
―Lo es… lo es ―dijo y llevó sus ojos hacia donde estaba Kaho que lloraba―. Quiero pedirles su perdón… por haberlos juzgado.
―Usté… ―Ella tomó aire para calmarse y prosiguió, esa vez con mejor pronunciación―: Usted ya lo dijo, señor, quería lo mejor para sus hijos y eso es lo que un buen padre hace.
―Ignoré sus deseos y busqué imponerme… sin darle una oportunidad. ―El apretón en la mano de Touya fue mucho más fuerte, al punto de hacer temblar ambas―. No te escuché, dije cosas que jamás debí decir y por eso lo siento mucho.
Touya se levantó de la silla y abrazó a nuestro padre como tenía años sin hacerlo, derramando lágrimas que buscaba limpiar con disimulo, aunque no hubiera persona en esa mesa que no estuviera llorando.
Papá palmeó su espalda con cariño y cuando Touya se enderezó, tomó el porte que Fujitaka Kinomoto se había esforzado por enseñarle.
―No hay nada que disculpar, padre. En serio se lo digo porque gracias a lo que pasó, Kaho y yo nos hicimos más fuertes como pareja. ―Su esposa asintió, apoyándolo.
―Aun así, espero poder compensarlos… de alguna manera.
―Siendo un buen abuelo para Fujitaka podría ser ―intervino Kaho con una sonrisa.
―¿Fujitaka? ―preguntó mi madre con voz partida.
―Es el nombre que Kaho escogió para nuestro primer hijo varón ―dijo Touya con orgullo. Estiró su mano hacia su esposa que de inmediato se levantó para tomarla y ubicarse a su lado―. Y nosotros siempre le recordaremos a Fujitaka que heredó su nombre de un hombre formidable.
―Sus enseñanzas perdurarán, padre ―intervino Naoki, levantándose e inclinó la cabeza hacia él―. No rendirse jamás en la búsqueda de nuestros sueños, el honor siempre será nuestro segundo nombre y… y… ―Su voz se quebró.
―Nuestra familia siempre estará por encima de todo lo demás ―completé por él. Me levanté y enlacé mi brazo al suyo, sin dejar de mirar a mi padre con una húmeda sonrisa―. Es la promesa que nosotros le hacemos esta noche, padre.
―Y cumpliremos su deseo ―continuó Nao, tratando de controlar su voz temblorosa―. Cada uno de los recuerdos que tengamos, los antiguos y los que crearemos después de esta noche, serán indelebles en nuestras memorias y los transmitiremos a nuestros hijos cuando llegue el momento.
Mi padre pasó sus ojos por cada uno de sus hijos, expresando en ellos el amor y orgullo que sentía por nosotros. Entonces mi madre hizo algo que jamás la habíamos visto hacer: se sentó en su regazo y lo abrazó con fuerza.
―Te di hijos maravillosos, ¿verdad?
―Lo hiciste, querida.
Y allí, en ese salón, fui testigo de lo que era el amor sincero y recíproco. Ese sentimiento que había germinado entre esas dos personas, materializándose en la familia que éramos ahora y no podía sentirme más feliz por pertenecer a ella. Sonreí entre lágrimas y deseé, en lo más profundo de mi corazón, lograr formar algo similar con Shaoran en el futuro. No… esperaba no, me esforzaría por ello.
―Bien. ―Mi padre aclaró su garganta y mi madre volvió al suelo―. Ya que pasamos el trago amargo, creo que es momento de darles las buenas nuevas. Sakura, ven. ―Asentí y obedecí, tomando la mano que él me ofrecía―. Familia, esta mañana pasó lo que habíamos estado esperando, aunque, como era de suponerse, no fue nada convencional.
―¿A qué se refiere, padre? ―La mirada curiosa y penetrante de Touya se fijó en mí.
―A que los protocolos nunca han sido seguidos por esta familia ―se rio y me observó―. Hijos míos, Sakura decidió darle su mano en matrimonio al conde de Wemberly y yo he dado mi bendición, aunque debo conversarlo todavía con el caballero.
―¡¿Cómo que ella decidió?! ¡¿Desde cuándo se manda sola?! ―exclamó Touya.
―Desde que tengo uso de razón ―respondí entre dientes.
―Te dije que era mi deber aprobar al pobre incauto antes de cualquier cosa ―gruñó en respuesta.
―Pues si te sirve algo, a mí me simpatiza ―intervino Nao―. Conoce a varios pintores de renombre y prometió llevarme a la inauguración de la nueva sección de la galería nacional.
―¿Te dejaste sobornar con eso?
Naoki sonrió.
―Con eso y con la promesa de ser yo quien pintará el primer retrato de los nuevos condes de Wemberly.
―¡Tú pintas paisajes! ―gritamos Touya y yo al mismo tiempo.
―Eso él no lo sabe ―se encogió de hombros―. Además, estuve tomando clases estos últimos meses y los ojos ya no me salen tan mal. ―Me dirigió una mirada bribona―. No te preocupes, hermana, te prometo que para ese momento seré un experto.
Así, las risas, el escándalo y las peleas fraternales volvieron a llenar la mesa de los Kinomoto. Eran dimes y diretes que enervaban o hacían sonreír, en especial a mi padre que nos observaba con un arco ligero en los labios. Sabíamos que la muerte seguiría con nosotros, pero como él se había encargado de decirnos, cada uno de esos instantes serían vividos, serían valiosos y nos esforzaríamos por multiplicarlos y transmitirlos. Porque así éramos los Kinomoto y lo seríamos por siempre.
Capítulo veintidós. Si bien no tuvimos al conde aquí, tuvimos varias emociones: pasando de un susto enorme a un descubrimiento y después a un momento familiar bien merecido.
¿Se esperaban que el padre de nuestra Ama supiera de su secreto? Ahora podemos entender un poco más por qué tomó la decisión de buscarle un matrimonio conveniente para ella en todos los sentidos, porque lord Winslow no solo la hubiera protegido sino que la hubiera dejado continuar con su sueño.
Y, lo más importante, tuvimos a todos los miembros de la familia en la mesa sacando lo que llevaban por dentro y volviendo a la armonía, representada por los gritos, risas y peleas entre los tres menores.
Los nudos comienzan a resolverse pero todavía quedan algunos que se habían presentado como algo sutil y que tomaran fuerza con el anuncio del compromiso. ¿Qué pasará ahora? ¿A dónde vamos? Pues tendremos que seguir leyendo para descubrirlo ;) porque uno de los temas que falta por discutir es: ¿cómo le enseñará nuestro erudito lo que Sakura desea saber?
Muchas gracias por todo su apoyo y sus mensajes, porque más allá de decirme que les gusta lo que escribo, me hacen saber que llego a cada uno de ustedes domingo a domingo :)
Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)
Gracias por seguirme en cada mundo que creo, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar :D
Un enorme beso para todos,
CherryLeeUp.
