¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.
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Queda terminantemente prohibida la copia parcial o total, así como el uso de escenas o la trama sin mi consentimiento.
Bueno a comenzar :D
La dama de medianoche
Capítulo 23
"Aun cuando sus labios estaban en mi boca, podía sentirlos recorrer cada centímetro de mi piel, amándola, venerándola, haciéndola suya y provocando ese calor tan conocido, deseado y que solamente él podía encender. Sus manos acunaron mis mejillas y me mostró la pasión en ese ultramar que yo adoraba, apoderándose de mi alma y subyugando cualquier vestigio de razón.
El aire se entibió y se perfumó con el aroma de ambos, seduciéndonos e incitándonos a deleitar a las estrellas con esa noche de pasión sin igual. Y volviéndome esclava de la vorágine de emociones que se alojó en mi vientre, me lancé a su boca y él respondió a mi ímpetu en una sonrisa, ambos ansiando ser poseídos e idolatrados por las caricias del otro.
Arqueé mi cuerpo buscando su calor, su fuerza y queriendo hacerle olvidar el día, la hora y lo que había fuera de las paredes. Que solo existía yo y nadie más que yo. Que mi cuerpo necesitaba con urgencia las atenciones que únicamente Velkan me había dado y que eran capaces de encender mi sangre de tal manera.
En un momento, me negó sus labios para observarme con fijeza, mientras sus manos ascendían por mis contornos, buscando las cumbres que sabía deseaba saborear, lo veía en sus ojos incendiarios. Entonces sonreí y cerré los párpados, esperando que me liberará de las prisiones de las telas, aguardando el toque tan anhelado de su boca, y diciéndome a mí misma que esa noche las piezas volverían a unirse y harían el amor."
Ese era el inicio de una escena cargada de besos y miradas ardientes que había escrito en la madrugada durante un momento de inspiración, después de los sueños que me habían hecho rememorar las caricias de los labios de Shaoran. Mi cuerpo había despertado tan lleno de brío que había tomado pluma, papel y había escrito sin parar. No había importado si tenía alguna lógica o si sería coherente con la escena anterior que había marcado la llegada de Samira.
Habían sido las emociones fluyendo y tomando forma sobre el papel; algo tan maravilloso que no había querido leerlo, pues me daba terror que no fuera tan bueno. Tantos errores en esa escena me habían llevado a sentirme insegura de mi propia capacidad, sin embargo, durante el desayuno me había preguntado: ¿cómo algo tan bonito podía estar mal? Y en dado caso de que así fuera… tendría la oportunidad de editarlo con ayuda de Shaoran.
Teniendo eso en mente, había subido a mi habitación y me había encerrado, dando instrucciones a mis doncellas que solo fuera interrumpida cuando el conde llegara a casa para hablar con mi padre, pues quería estar presente. Así, había tomado las hojas de papel, mi fiel pluma y me había sumergido en mis propias letras, asombrándome por las emociones que había logrado proyectar en mí misma, junto con un estremecimiento de satisfacción que me recorrió de pies a cabeza.
No era una escena perfecta, había errores y algunas incoherencias con la escena anterior, muchas de hecho, pero nada que no pudiera corregirse y lo había logrado sin alterar la esencia de los besos y caricias que mis protagonistas estaban compartiendo y que los llevarían al pequeño lecho.
―Bien, ya ha encajado con el final de la parte anterior ―murmuré al terminar de releer, aunque enseguida dibujé una mueca porque lo recién escrito no calzaba de buena manera con mi mejor intento de una escena de sexo.
Maldije al darme cuenta de que, en comparación con los besos compartidos, la cama estaba más fría que el hielo. Dejé la hoja sobre el escritorio y en un prosaico suspiro, acepté que tendría que reescribir todo a partir de ese punto; pero ¿cómo debía hacerlo? Quería fuego, quería pasión, quería amor… que todo eso se reflejara en el papel. Deseaba mostrar una fusión de cuerpos y almas, y nada de lo que había escrito con anterioridad me había dejado satisfecha.
Me levanté y fui a hasta mi armario donde había escondido la bolsa que contenía las incontables bolitas de papel. No le había mentido a Shaoran, en verdad lo había intentado y ninguno de esos escritos había resultado favorable.
―¿Debería mostrárselos? ―Enseguida me recorrió un escalofrío y negué con mi cabeza repetidas veces; me daba vergüenza que leyera algo tan malo.
Toques en la puerta me alertaron de un visitante. Con rapidez, volví a ocultar el cuerpo de mi delito y salí del armario, escuchando la voz de mi padre llamarme desde afuera.
―Sakura, ¿puedo pasar?
―Puede, padre.
La perilla giró y la cabeza castaña se asomó, regalándome su usual sonrisa cariñosa.
―Allí estás.
―¿Sucedió algo? ¿Acaso el conde ha llegado? ―pregunté un poco azorada.
―En realidad… ―Su gesto se convirtió en uno que pedía disculpas―, el conde llegó hace como una hora.
―¿Qué? Pero… les dije que… ―Me crucé de brazos y fruncí mi ceño―. Hizo trampa, padre. Se suponía que estaría presente.
Su risa de boca cerrada se escuchó y después dejó un beso en mi frente.
―Hay cosas que un padre debe discutir con el futuro marido de su hija a solas.
―¿Qué clase de cosas? ―pregunté con curiosidad.
Mi padre esbozó una sonrisa singular y palmeó mi cabeza.
―Dudas, responsabilidades y el honor de una promesa entre caballeros.
Mi cabeza enseguida formuló un sinnúmero de preguntas, ansiosas por salir de mis labios cual fuente. Sin embargo, mi padre no contestaría a ninguna de ellas y, si lo pensaba un poco, no era necesario que lo hiciera porque sabía que el hombre frente a mí solo deseaba verme feliz.
―Entonces… ¿el conde se ha marchado? ―pregunté en cambio.
―Ha solicitado verte un momento, por eso he venido a buscarte.
Mi corazón estalló, pletórico, y mis pies ardieron por correr a su encuentro, pero teniendo en frente a mi padre me vi obligada a contener mis ansias tras un pequeño movimiento de mi cabeza y una sonrisa. Me ofreció su brazo y así me encaminé escaleras abajo con él a paso lento para evitar su sofoco.
―Es un hombre particular ―murmuró cuando llegamos al rellano.
―Se lo dije.
―Ha rechazado tu dote.
Me detuve por un momento y lo observé con sorpresa.
―¿Lo hizo?
―Fue lo único en lo que discutimos ―se rio con ligereza―. Y viendo que no daría mi brazo a torcer en cuanto a ello, propuso crear un fideicomiso a tu nombre. Así podrás disponer de ese dinero como mejor te parezca.
Ese gesto era tan… él, que no debía sorprenderme; sin embargo, lo hacía y de buena manera, alimentando mis esperanzas y sacando a flote dulces sonrisas que provenían del mismísimo centro de mi corazón. Eran mis ilusiones tomando posesión de mi cuerpo, haciéndolo suyo y dibujando poco a poco las pinceladas de ese futuro por el cual tanto había luchado, lleno de amor, complicidad y libertad.
―Pensaré bien qué hacer con el dinero ―le dije a mi padre y continuamos el camino.
―Tengo una curiosidad, hija mía.
―Usted dirá.
―¿Qué has hecho todo este tiempo con tus regalías? ―inquirió con la comisura en alto.
Me reí y me acerqué un poco más para hablarle como si le estuviera haciendo una pequeña confidencia.
―Parte la he estado ahorrando con ayuda de lady Rosmond, la otra parte la he donado a la caridad. La última vez doté una escuela con libros.
―Típico de ti, querida. Típico ―se rio y yo me dediqué a observarlo, buscando grabar en mi memoria los matices de ese alegre y orgulloso sonido, junto con las pequeñas arrugas que se formaban en las esquinas de sus ojos.
Una risa cantarina se escuchó a lo lejos y ambos sonreímos, sabiendo que la había proferido mi madre.
―Rescatemos a tu prometido.
Prometido. Mi compromiso ya era un hecho y retener el amplio arco alegre que se dibujó ante la mención, fue imposible.
Traté de alizar mi vestido con mi mano libre mientras avanzaba y cuando por fin estuve dentro de la estancia, las voces se extinguieron en el acto. El tiempo pareció detenerse en ese instante, porque aun cuando lo había visto un día atrás, todo mi ser lo había añorado tanto que lo había llamado incluso a mis sueños para cubrir su carencia.
Las frases de mi escrito se vinieron a mi cabeza y me dije que eran muy ciertas, porque ante los ojos del ser amado, que parecían sonreír al igual que sus labios, no existía nada más. No estaban mis padres, solo él y lo que nuestros corazones y miradas declamaban en secreto: el amor por mi parte, el cariño por la suya… y el deseo de ambos flotando en el aire.
―Señorita Kinomoto, irradia belleza como siempre ―fueron sus palabras y se inclinó para besar mi mano, dejando en la palma una caricia secreta que respondí con una sonrisa de labios apretados.
Mis padres iniciaron una conversación sobre lo que sería la cena de compromiso, invitados, platillos y otras cosas que en realidad carecían de importancia al lado de ese nuevo capítulo que se estaba escribiendo. Uno que prometía ser más libre y… lleno de emociones que, aun siendo desconocidas por mí, me harían vibrar y sentirme viva. Estaba convencida de ello.
―¡Una boda en otoño sería lo ideal! ―La voz de mi madre me despertó de golpe.
¡¿Principios de otoño?! ¡Pero si faltaban entre cuatro y cinco meses para eso!
Miré a Shaoran en busca de ayuda; él se limitó a levantar su ceja y torcer su boca juguetona, diciéndome con eso: "He hecho mi parte, te toca a ti"; y lo maldije por eso.
Aclaré mi garganta y miré a mis padres:
―Ahm… sería precioso casarse en otoño, pero lord Wemberly y yo conversamos ayer y… ambos estuvimos de acuerdo en tener un noviazgo más bien… corto.
―¿Qué tan corto, Sakura? ―preguntó ella, frunciendo su ceño y cruzándose de brazos.
Suspiré; hacer cambiar de parecer a Nadeshiko Kinomoto siempre había sido una tarea casi imposible de cumplir, sobre todo cuando ya se había convencido de un hecho. Pero yo conocía a mis padres y recurrí a las mejores armas: el romance y los rumores que nos rodeaban para crea una ferviente historia de amor, quizás un poquito exagerada. Y aunque Shaoran solo se limitó a mover la cabeza y retener la risa con disimulo en algunas partes, al final, mi objetivo fue logrado y mis padres aceptaron que la boda se llevara a cabo en dos meses.
Dos meses más y dejaría de ser Sakura Kinomoto para ser Sakura Li. Me convertiría en su compañera de aventuras, en su consuelo cuando lo necesitara, en su debatiente más fervorosa, en su fiel primera lectora y en la inspiración que despertaría su sensual creatividad. Era lo que deseaba y me esforzaría por lograrlo.
La felicidad que me recorría era tan grande que sentía la risa espumar en mi pecho como las olas del mar, queriendo ser libre de expresar mi alegría sin mesura, sin limitaciones. Reír por el simple hecho de hacerlo y poco pude hacer para retenerla. Mis padres me observaron por un momento como si hubiera perdido la razón, pero cuando Shaoran empezó a reír también, ellos comprendieron el motivo y sonrieron.
―Los dejaremos solos por un momento ―anunció mi padre a lo que ambos agradecimos, asintiendo, aun entre risas.
Las puertas permanecieron abiertas como el día anterior, aunque poco importaba cuando las miradas hablaban y se acariciaban por sí solas.
―Debo tener cuidado contigo, milady ―fue lo primero que dijo―. Tus habilidades histriónicas no dejan de sorprenderme.
―En vez de quejarte deberías halagarme: cumplí con mi parte del trato ―lo señalé en el pecho.
Su mano enguantada tomó la mía y en vez de besar el dorso, sus labios se posaron en mi muñeca desnuda en un beso largo que hizo arder mis mejillas… y desear sentirlos en otras partes de mi cuerpo que reclamaban por la misma atención.
―Ya es usted mi prometida, lady Suspiros. ―Su aliento cálido en mi piel me hizo suspirar―. Ahora es mi turno de cumplir mi parte.
―¿Eh?
Sus labios se curvaron en una sonrisa y se inclinó hacia mi rostro, manteniendo sus ojos estivales en los míos, mientras aparecía su sonrisa ladeada.
―Me pediste que te ayudara con tu escrito, Suspiros. ¿Lo olvidaste? ―musitó.
―No… por supuesto que no ―respondí, embelesada.
Shaoran volvió a enderezarse y observó mis manos manchadas de tinta con interés.
―Has estado escribiendo ―aseveró y yo asentí―. ¿Tiene que ver con esa escena en particular?
Hice una mueca.
―Podría decirse.
―Entonces creo que es hora de ponernos a trabajar, milady.
―La pregunta es: ¿cómo? ―dije con algo de desánimo―. Si bien nos dejaron solos, créeme que no será por mucho. Y temo que alguien escuche y se ponga en riesgo tu secreto.
Dirigió la mirada hacia la puerta y frunció el ceño cuando vio pasar por allí a un lacayo.
―Ha pasado mucho tiempo desde tu última visita a la Sociedad, ¿no crees?
Ladeé la cabeza y sonreí, comprendiendo su intención.
―Usted es un peligro para mí, milord. Siempre busca la manera de incitarme a hacer algo indebido.
―Siempre que no se ponga en riesgo o… ―Se inclinó hacia mí, mostrando esa travesura en su mirada―, sea para encontrarse conmigo en la seductora protección de un secreto, lo haré con todo el placer.
Mordí mis labios en una sonrisa.
―Eres terrible.
―Tú no te quedas atrás, encanto.
Me reí y desvié la mirada por un momento, sintiendo y disfrutando del revoloteo en mi estómago.
―Entonces… ¿irás?
―La verdad es que extraño el ambiente, así que es muy probable que asista si logro sortear a Nao.
―Entonces lo daré por hecho, tu tenacidad no conoce límites, mi dama de medianoche ―sonrió y acarició mi mejilla con tanto cariño que me hizo recordar la forma en la cual brindó su toque a los pétalos de la exótica flor blanca.
―Y… ¿discutiremos algunas técnicas y cosas por el estilo?
Shaoran negó con su dedo índice.
―Lleva contigo los borradores, quiero echarles un ojo ―dijo para mi sorpresa.
―Yo… pero… No son buenos y te dije que habían acabado como bolitas de papel ―mascullé.
―¿Cómo esperas que te ayude sin tener un punto de partida?
―¿Basándote en lo que te diga? ―inquirí con esperanzas, pero viéndolo cruzarse de brazos y enseriar la expresión de su cara, suspiré. Bajé la cabeza y acepté mi cruel destino―: Buscaré el menos desastroso y lo llevaré.
―Sakura, no se trata de juzgar tu trabajo con intención de destrozarlo o destrozarte a ti como escritora. Jamás lo haría ―le escuché decir y después sentí sus dedos en mi mentón, hallando en su expresión la sinceridad de sus palabras―. Sabes que admiro mucho tu forma de escribir, así que vamos a hacerlo resplandecer, juntos, ¿está bien, mi querida lady Suspiros?
Asentí y la sonrisa volvió a gestarse.
―Solo quiero pedirte algo.
―Disponga usted de mí como desee, milady ―dijo en una sonrisa sensual que me hizo sonrojar, pero no quise dejarme amedrentar por ella.
Me acerqué un poco y, aunque fuera impropio y hasta poco decoroso, jugué con las solapas de su levita antes de volver a mirarlo a la cara. En ese momento noté que la tonalidad de sus ojos había cambiado, tornándose de un hambriento dorado que provocó en mí el mismo ardor.
―¿Prometes ser sincero en tu revisión? Quiero que seas objetivo y no temas herir mis sentimientos.
Sus labios se estiraron y bajó la cabeza hasta dejar sus labios a cortos centímetros de los míos, haciéndome sentir el calor y el aroma fresco de su aliento.
―Si es lo que mi lady Suspiros quiere, prometo ser duro y sincero.
Su voz había sido tan baja y ronca que no pude resistir el impulso de llevar a la nada la poca distancia que nos separaba, olvidándome de la puerta abierta, de mis padres y de todo lo que había fuera de ese salón. Mis manos fueron a sus mejillas y lo atraje hacia mí, sintiendo la suavidad de su piel recién rasurada, la textura de sus labios que respondían a mis toques, y llenándome de su calor y su presencia para resistir su falta hasta esa noche que prometía.
Así, después de ese secreto y apasionado beso que me sentí orgullosa de iniciar, Shaoran se marchó y yo me volqué a mi labor de arreglar el desastre que tenía entre manos: las bolitas de papel.
Las revisé todas con ojo crítico, buscando y marcando la mejor parte de cada una de ellas para construir un nuevo texto que fuera medianamente decente, aunque sabía que no estaría a la altura de un experto como el Erudito de las Sábanas. Y no se trataba de menospreciar mi trabajo, sabía que era buena en lo que hacía, pero mis aguas eran el romance novelesco y sucedería lo mismo si me despertara un día diciendo: "hoy quiero escribir una historia de terror". Resoplé y me reí de mi misma, pues estaba segura de que no asustaría ni a un conejo.
Así llegó la noche y después de cenar con mis padres y Naoki que había regresado de casa de Touya, me encerré en mi habitación. Poco después mis doncellas llegaron para ayudar a prepararme.
―El vestido rojo, por favor, señorita. Lucirá perfecta con él ―rogó Chiharu.
Lo miré, extendido sobre mi cama. Era sensual y poderoso, gracias a las pequeñas joyas que enmarcaban el corpiño y las mangas cortas de encaje que dejarían ver un poco de mi piel. Justo lo que deseaba proyectar y ser.
―El rojo será ―asentí con decisión y pronto ellas revolotearon a mi alrededor, sacando a la luz a la lady Suspiros que se escondía en mi interior y que, para mi satisfacción, poco a poco se había ido apoderando de mí―. ¿Qué saben de mi hermano?
―El señor Naoki cayó como roca ―respondió Rika―. Incluso despidió a su ayuda de cámara temprano.
Un pequeño piquete aguijonó mi corazón, porque a pesar de haber regresado de mejor humor, la alegría no había vuelto por completo a sus vivaces ojos. Mirándome al espejo al colocarme el antifaz negro, pensé en la Sociedad y en todos aquellos rostros que se ocultaban. Sonreí ante mi idea para alegrar a mi hermano y esperaba que Shaoran me ayudara a cumplirla.
Poco después, me encontré envuelta en una capa oscura para refugiarme del frío y las miradas de las pocas personas que transitaban por aquella calle, mientras esperábamos el carruaje que había gestionado Kazuya.
―Se ve ansiosa ―musitó Rika y yo sonreí.
¿Cómo no estarlo si esa noche obtendría mi primera asesoría de parte de mi escritor favorito? La sonrisa empezó a dibujarse… pero ante el escalofrío que me recorrió quedó a medio camino.
Fruncí el ceño y miré en varias direcciones… presa de esa extraña sensación de estar siendo vigilada. La poca claridad emitida por los faroles no me permitió detallar mucho y ningún transeúnte estaba mirándome a mí.
―¿Sucede algo, señorita? ―preguntó Ian, siguiendo mi mirada.
Mordí mi labio inferior, decir que sí sería darle poder a esa tonta paranoia… y tampoco quería preocuparlos con algo que, seguramente, tenía que ver más con mi estado de ánimo que se había visto tan alterado en esos últimos días.
Negué con la cabeza en el momento en que el carruaje se detuvo frente a nosotros y le sonreí al hermano de Rika.
―No es nada, vayamos que se nos hace tarde.
Subí al carruaje con su ayuda y pronto la ansiedad dio paso a una emoción comparable a la que sentí aquel primer día, porque no se trataba de una simple visita a mi querida Sociedad de la Fruta Prohibida. Apreté el sobre que contenía los pliegos que había escrito y suspiré, pues pronto podría reunirme con mi amado Erudito e iniciaría el camino hacia mi ansiada evolución.
Aquí tenemos el capítulo veintitrés y sé lo que me van a decir, que fue muy cortito xD Pero créanme cuando les digo que tiene su motivo de ser.
Vemos a una Sakura emocionada e ilusionada con su compromiso y que estos dos ya van a ponerse a trabajar en lo que todos deseamos leer, la novela de la Ama de los Suspiros, pero también vemos que vuelve a aparecer esa sombra por la cual estaban preguntando. Que el conde haya estado visitando a los Kinomoto y mostrado interés en Sakura dispara ciertas cosas. ¿Será que cambiaron de objetivo y ya no siguen a Shaoran? ¿Quién será esta persona? ¡Y volvemos a la Sociedad! Encantador lugar que visitaremos en el siguiente capítulo y tendremos una pequeña clase con el Erudito de las Sábanas.
Muchas gracias por su compañía y por su apoyo en esta aventura, mostrado a través de sus comentarios que siempre leo y contesto :D Gracias por tomarse ese tiempito para hacerme saber sus impresiones y hasta teorías que disfruto un montón. Es lo que me anima a venir aquí, domingo a domingo para compartir con ustedes :D
Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)
Gracias por seguirme en cada mundo que creo, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar :D
Un enorme beso para todos,
CherryLeeUp.
