¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.

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Queda terminantemente prohibida la copia parcial o total, así como el uso de escenas o la trama sin mi consentimiento.

Bueno a comenzar :D

La dama de medianoche

Capítulo 24

El carruaje se detuvo al pie de la escalinata y después de despedirme de mis acompañantes, inicié el recorrido ascendente con el sobre que resguardaba el escrito contra mi pecho. En el largo pasillo experimenté el burbujeo de la emoción que se iba haciendo cada vez mayor con cada paso dado.

De repente, la luz tenue se alimentó de las arañas del esplendoroso salón y aparecieron aquellas grandes personalidades enmascaradas que disfrutaban del célebre ambiente. Sonreí encantada por el aire que me rodeó y con fervor busqué a Shaoran entre todos ellos. En su lugar, divisé una llamativa dama de dorado que le hacía honor a su apodo. La Hacedora de Sueños, resguardada tras un antifaz de igual color, cerró su abanico de un movimiento y caminó sonriente hacia mí.

―Oh, querida. ¡Al fin llega!

―¿Me esperaba, lady Suzuki? ―pregunté con algo de asombro.

―Creo que todos, niña mía.

Su brazo se enlazó al mío y sonrió al frente. En ese momento me hice consciente de que todas las miradas cercanas estaban posadas en mí, aunque trataran de disimular lo contrario.

―Ahm… ¿acaso saben algo que yo no?

Su risa musical se escuchó y me instó a caminar a su lado.

―Es imposible detener el avance de un rumor, más cuando es tan… jugoso. ―La vi sonreír de lado.

―Si no es mucho atrevimiento de mi parte, ¿podría explicarme qué tipo de rumor me ronda esta vez? ―pregunté, tratando de contener la rabia.

Los pasos de la dama se detuvieron y ladeó su cuerpo para escudriñarme a profundidad. Sabía que me había sobrepasado. Ella no era la culpable de que los rumores se alzaran ya fuera para alabarme o para atacarme, pero… estaba tan cansada que no había medido mis palabras.

―Lo siento, lady Suzuki, yo…

―Las mujeres siempre nos vemos acechadas por los chismes, querida, lo entiendo perfectamente. ―Extendió sus labios rojos hacia un lado―. Pero si somos inteligentes, siempre podemos usarlos a nuestro favor, ¿no lo cree?

Sus palabras me recordaron mucho a lo que había dicho Ellie días atrás y le di la razón. La desesperación me hubiera orillado al desastre, pero había sido gracias a mi querida amiga, a la ayuda de Shaoran y del mismo marqués de Winslow, que había sabido contrarrestar los rumores.

―Entonces, me gustaría saber de qué trata todo esto para montar mi plan de ataque.

―¿Plan de ataque? ―Ante esa voz rasposa, dibujé una media sonrisa y me di la vuelta.

Allí estaba él con su cabello negro y su rostro velado por su característico antifaz.

―Lord Murakami.

―Siempre es un placer tomarla por sorpresa, mi querida lady Suspiros. ―Tomó mi mano y dejó un beso en el dorso, sin romper la conexión entre nuestras miradas―. Entonces, damas, ¿debo temer por mi seguridad ante tales planes?

―Depende, milord ―respondí, siguiéndole el juego―. ¿Está usted en el campo enemigo o es aliado?

―Aliado siempre, mi señora ―dijo en una pequeña reverencia.

Ambas nos reímos.

―Lady Suzuki me comentaba que, al parecer, un rumor me ronda. ―Me incliné un poco hacia adelante y susurré―: Les confieso que últimamente me he visto envuelta en varios.

―Ah… bueno, milady, creo que el culpable de este nuevo rumor soy yo. ―Ante mi cara de asombro, Shaoran copió mi acción previa al continuar―: Puede que, accidentalmente, haya revelado mis intenciones de pedirle una coalición para un proyecto nuevo que traigo entre manos.

La sorpresa inicial se convirtió en estupor y mi mente pasó a ser una hoja en blanco. No podía formular ningún pensamiento coherente y el sobre había llevado conmigo fue a dar al suelo, mientras mi boca se abría y cerraba sin poder emitir palabra.

En una risa de boca cerrada, mi caballero de fuliginosas ropas se agachó y me extendió mi preciado escrito.

―¿Qué le parece, milady?

―Yo… es que… No sé qué decir… ¿Cuándo tú…? ―Me tapé la boca en el acto. Su risa volvió a escucharse―. Lo siento mucho.

―¿Me permite conversar con mi futura socia, mi querida Hacedora de Sueños? ―preguntó él y alargó su mano hacia mí. En su rosto se dibujó ese tipo de expresiones que parecían decir mucho y a la vez nada.

La mujer dejó tres palmaditas cariñosas en mi mano y me liberó para que fuera al lado de mi secreto prometido, sin embargo, mi cuerpo reaccionó casi de forma mecánica al caminar. Su calor y el particular aroma a rosas que solía acompañar a "Murakami", enseguida me rodearon.

―Sepan que tengo mucha fe en ustedes. ―Lady Suzuki abrió su abanico de un solo movimiento.

―¿Cuánto esperas ganar esta vez?

―He apostado quinientas lyras a que la primera noticia de su escrito en conjunto será oída en menos de un año.

Mis ojos se abrieron con sorpresa, pues esa cantidad no era nada despreciable.

―Entonces debemos ponernos a trabajar para hacerte ganar, ¿no lo crees? ―le dijo él.

Con la aprobación de la dama, Shaoran me guio entre aquellos enmascarados que parecían no perdernos la pista. Lo miré de soslayo; su perfil se mantenía al frente con cierto aire soberbio, aunque en sus labios danzaba esa sonrisa sesgada tan suya y que parecía guardar mil y un secretos tentadores.

Aunque esa vez sí que los guardaba y yo necesitaba saberlos todos y cada uno de ellos.

―No desesperes, Suspiros ―musitó de repente, sin mirarme.

―¿Entiendes que no puedes decirme algo así y no explicarme nada?

―Responderé todas tus preguntas allí ―señaló al frente con su cabeza, hacia la puerta que parecía dar a una sala conexa.

Al atravesar el umbral, me topé con algunas personas que descansaban en los muebles, mientras que otras parecían admirar la belleza de las pinturas que colgaban en las paredes. Retratos, desnudos, naturaleza muerta y paisajes sin igual; posiblemente hechas por algunos miembros de la Sociedad. Pero cuando logré reconocer una de ellas, supe que había tenido razón.

Me solté del brazo de Shaoran para ir en su dirección. En aquella noche, apenas había sido un bosquejo del cual mi querido escritor y yo habíamos creado la historia de una humilde enfermera, segura de sí misma y apasionada como ninguna otra, que esperaba en la desnudez a su marido. Ahora, colgado en la pared estaba el lienzo terminado y las emociones transmitidas se habían multiplicado. Se podía sentir en la piel el aire erótico que rodeaba a la pareja.

―¿Te gusta? ―Su voz me llegó como una caricia.

―Con todos los colores y sombras, debo decir que es mucho más intenso.

―Estaba pensando en comprarlo, después de todo, es más nuestro que de la Sociedad, ¿no lo crees? ―Giré la cabeza y, encantada con su idea, sonreí―. Podríamos colgarlo en nuestra habitación.

Mi corazón aleteó feliz ante la fugaz imagen de ese futuro que iniciaría en tan solo dos meses.

―No creo que podamos hacerlo en el recibidor ―me reí y después miré de nuevo la pintura. En la esquina relucía la firma del artista―. Gavril Katsaros… Debe ser Cohryo.

―Lo es. Alex lo conoce y me habló un poco de él ―me reveló para mi sorpresa―. Apenas se está haciendo de nombre y todas sus pinturas gozan de esta misma energía.

―¿Crees que esté dispuesto a dar clases? ―le pregunté con una sonrisa de lado.

―¿Te interesa la pintura?

―Soy una catástrofe, Nao ya te contó de eso ―dije, sacudiendo la mano en el aire―. En realidad, pensaba en él. Sabes que le gusta pintar y es muy bueno, pero no ha tenido un tutor apropiado que lo guíe. Todo lo que sabe ha sido más por iniciativa y talento propios.

Shaoran pareció pensarlo un poco.

―Aunque es miembro de la Sociedad, preferiría verlo fuera de este ambiente para no poner en riesgo tu identidad ―dijo y después de varios toques en su barbilla, continuó―: Le pediré a Alex que nos presente y allí le hablaré de Naoki.

―¿Crees que acepte? ¡Podría ser un intensivo de verano! ―dije, emocionada.

Se inclinó un poco para susurrar lo siguiente, sin dejar de verme a los ojos:

―Si no lo hace, buscaremos a otro que ayude a Naoki a mejorar, porque bajo ningún concepto puedo aceptar un cuadro que no capte la esencia de mi condesa, ¿cierto?

La sonrisa se dibujó por sí sola, producto de esa calidez que solo él podía causar y que me llenaba el corazón. Porque era más que el deseo, era el amor que sentía y que crecía con cada acción y palabra dicha.

―Teniendo eso en claro… ―Di un paso al frente y cogí la solapa baja de su chaqueta negra con disimulo―, ¿me explicarás de qué va todo esto del rumor que "accidentalmente" provocaste?

Shaoran se rio por lo bajo y me ofreció su brazo de nuevo para guiarme hacia una mesa redonda que estaba alejada del resto de las personas.

―Debo disculparme porque no logré conseguir que nos dieran la privacidad que queríamos ―se excusó cuando se sentó a mi lado.

―¿A qué te refieres?

―Al rumor que "accidentalmente" dejé correr: usé como excusa una idea que venía dándome vueltas en la cabeza desde hace algunos días, pero a la que todavía no le he dado forma.

―¿Entonces… sí quieres trabajar conmigo? ―le interrumpí, tratando en vano de contener mi emoción.

Shaoran sonrió.

―Siendo honestos, lo que quería era pedirte un apoyo puntual, pero cuando las palabras salieron de mi boca, se convirtió en una posibilidad muy tentadora. Sin embargo, me gustaría hablarte de ello cuando tenga algo más sólido qué proponerte, ¿te parece?

Fusionarnos para crear algo era… No tenía palabras para describir lo que estaba sintiendo porque era ese tipo de cosas que solo podían demostrarse. Al mirar con cuidado a mí alrededor, maldije en mi interior al ver que las personas que allí había, aunque fueran más disimulados que en una fiesta común, vigilaban cada uno de nuestros movimientos.

―Lo que no me parece es discutir este tipo de cosas con tantas personas rondándonos ―refunfuñé.

Un suspiro abandonó los labios de Shaoran.

―Pensé que si decía que queríamos escribir en conjunto, nos permitirían trabajar en alguna sala privada, pero lord Courteney no estuvo de acuerdo. Sabe que eres una dama soltera.

―¡Pero…! ―Me mordí el labio por haber elevado mi voz―. Entonces la Sociedad no es una opción, Shaoran ―volví a los murmullos―. ¿Cómo hablar de erotismo si tenemos un montón de ojos observándonos?

―No… eso hace girones la inspiración de cualquiera ―aceptó él en un resoplido y se cruzó de brazos―. Por esta noche podemos conversar aquí ya que es solo una revisión, pero te prometo que encontraré una salida.

Asentí no muy convencida, porque todo se veía bastante cuesta arriba cuando las miradas acechaban desde las esquinas… Ese pensamiento me recordó la sensación de estar siendo vigilada esas últimas semanas, ¿podría estar relacionado? Sacudí la cabeza con disimulo y deseché la idea.

―¿Tienes allí lo que te pedí? ―señaló el sobre que había dejado sobre la mesa.

Con una mueca, asentí. Todo dentro de mí gritaba que huyera, pero muy en el fondo sabía que era necesario y por eso se lo pasé sin resistencia.

―Recuerda lo que me prometiste ―dije en voz formal.

―Duro y sincero ―aceptó, desatando el nudo que mantenía cerrado el sobre.

Sus dedos extrajeron las nueve hojas de papel que contenían mi mejor intento de un encuentro carnal, y las dejó encima de la mesa para sacar del interior de su chaqueta un lápiz. Eso fue todo lo que pude resistir; desvié la mirada hacia mis manos que reposaban sobre mi regazo, cediendo a los nervios que arropaban mi ser entero porque era la primera vez que me sometía, frente a frente, al juicio de otra persona.

Largos minutos de agonía transcurrieron, escuchando cada uno de sus movimientos: ya fuera el roce de la tela que hacía al cambiar de posición, el crujido del papel al sujetarlo con un poco más de fuerza, y hasta cada trazo del lápiz sobre la hoja como una tachadura, algún señalamiento en un círculo o un escrito. Era como esperar el veredicto que me llevaría a enfrentar al verdugo; y aun cuando hacía todo lo posible por controlarme, los temblores no cesaban y el ritmo de mi corazón no hacía más que aumentar.

No supe cuánto tiempo pasó exactamente, pero cuando volví a ser consciente de mí y de mí entorno, las hojas yacían sobre la mesa y el lápiz reposaba sobre ellas. Shaoran dio un largo suspiro después de eso, así que me forcé a volver a su rostro en busca de alguna pista de su veredicto, a pesar de saber que estaría oculto tras la máscara negra.

―Las veces que me has hablado de esto, siempre lo has descrito como una sola escena ―inició, golpeando la mesa con sus dedos y después posó sus ojos en mí antes de continuar―: Sin embargo, aquí pude reconocer dos.

―¿En serio? ―pregunté con sorpresa, a lo que él asintió.

―Estoy seguro que lo hiciste de forma inconsciente. Eso tiene su explicación y lo hablaremos después. ―Volvió a tomar su lápiz y señaló las hojas―. Vamos a abordar primero los puntos fuertes que tienes y después…

―¿El desastre? ―traté de bromear porque parecía demasiado serio.

Sus labios no sonrieron, no obstante, una de sus manos navegó por debajo de la mesa con disimulo y buscó la mía para darme un apretón de aliento.

―Confío ciegamente en tu capacidad, Sakura ―murmuró―. Eres talentosa como ninguna otra y por eso mi franqueza será absoluta, porque sé hasta donde puedes llegar.

Apreté los labios y asentí.

―Estoy lista.

―Bien.

Tomó las hojas y las puso delante de mí.

De esa forma inició su análisis. Señaló las dos escenas que había creado de forma involuntaria. A la primera la llamó: "Escena de intención", que era precisamente la que había escrito durante la madrugada en una descarga de inspiración; y después pasó a la cuarta página donde las ropas comenzaban a perderse. A esa le dio el nombre de: "La consumación".

A medida que fue realizando sus observaciones, pude detectar la incomodidad en sus ojos y lo entendía. Shaoran era un caballero y no debía ser fácil para él reflejar los errores de una dama, mucho menos si estaba cortejando a la mujer en cuestión. Sin embargo, fue bastante sincero al señalar las cosas que debían mejorarse en la primera escena y fui sincera al decir que había esperado muchas más. Eso lo hizo reír y el ambiente se aligeró entre nosotros.

―Esta escena en particular es magnífica.

―¿En serio lo crees? ―pregunté casi en un murmullo esperanzado.

―Le faltan algunas cosas, pero nada que cambie el hilo de hechos y no alterará la intencionalidad. ―El lápiz se movió sobre ella para señalarla entera―. Está colmada de emociones y es tan dulce que refleja la identidad de aquel que la escribió. Aquí está la Ama de los Suspiros. Eres tú en cada letra.

―¿Pero? ―Shaoran parpadeó confundido―. Después de tanto halago debe haber un pero.

Negó con la cabeza y dio una risa de boca cerrada.

―Generalmente soy yo el que le pregunta eso a Alex ―me contó.

―¿Te corrige en persona? ―pregunté con sorpresa, a lo que él asintió―. Que miedo.

Esa vez, se rio con más ganas.

―Las primeras veces fue así, pero después de tantos años ha perdido el chiste. ―Señaló la cuarta hoja donde tenía escrito "La consumación"―. Vamos con esta.

―Bien. A destrozar el desastre.

Negó con la cabeza y posó sus ojos en el escrito.

―Como te había dicho: hay dos escenas, sin embargo, la transición entre ellas es tosca. No se siente natural y parece como si hubieras… ―Movió la mano en el aire como si buscara la idea adecuada―. Es como si hubieras forzado dos piezas de un rompecabezas a encajar, cuando en realidad no lo hacen. ―Asentí y suspiré, porque tenía toda la razón―. ¿Las escribiste por separado?

―Empecé por el lecho y, como te dije antes, lo reescribí un montón de veces, mientras que esta… ―señalé la primera―, fue una descarga de inspiración que me dio esta madrugada y la volqué en el papel.

―La escena de intención ―sonrió y yo afirmé con la cabeza.

―Intenté hacerla encajar con lo que ya estaba escrito… Incluso revisé cada uno de los borradores y tomé lo que consideré las mejores partes para hacer una nueva escena que se ajustara con la nueva.

Shaoran señaló varios puntos que había encerrado en círculos… En realidad eran demasiados y dijo que había usado los recursos que había aprendido de la literatura erótica de forma excesiva. Eso había hecho que perdiera su belleza y fluidez.

―Hay estilos de estilos, Suspiros, y tú, bajo ninguna circunstancia, debes perder el tuyo, aun cuando quieras ser un poco más explícita, ¿lo entiendes?

―Si te soy sincera… no ―suspiré con desánimo.

―Es como la escena de intención. Usaste dosis adecuada de visión y sensaciones que enriquecieron las emociones que Samira está experimentando.

―Es demasiado complicado ―resoplé, exteriorizando parte de mi frustración―. Lo del beso fue… casi mágico. Solo fue dejar fluir las ideas a la pluma, pero cuando abordé lo demás… ―Volví a suspirar―. Sé que la escena es plana, no transmite nada y eso se debe a que me siento perdida cuando escribo… Como si estuviera caminando a ciegas.

―A eso quería llegar ―sonrió y buscó una parte de la escena con el lápiz hasta encontrarla―. Por ejemplo aquí. Dices que Velkan trató de alzarle las faldas para tocar sus piernas y llegar al mismo centro de su placer. ―Su entonación no había sido lo suficientemente alta para que alguien ajeno escuchara, pero… que esa frase saliera de sus labios me hizo arder de vergüenza. El lápiz tocó mis dedos y entonces vi que en su boca bailaba una sonrisa sesgada―. Debes acostumbrarte, encanto, porque el decoro ha dejado de existir entre nosotros.

Aún cohibida, asentí y aclaré mi garganta para demostrarle que estaba dispuesta.

―¿Qué tiene de malo esa parte en particular?

Su gesto ladino y satisfecho se amplió.

―Si estamos en la soledad de una habitación como esta y compartimos caricias… ―Pasó el lápiz por mi antebrazo enguantado con lentitud―. Tus labios surcan los míos y viceversa, ¿crees que te alzaría la falda o buscaría despojarte de ese vestido para verte en tu gloria?

Mi imaginación me traicionó y me llevó a esa pequeña habitación. Eso hizo que el pequeño recorrido de ida y venida del lápiz fuera mucho más intenso sobre mi piel, aun cuando había una tela de por medio. Mi respiración se aceleró y sentí como mi cuerpo se inclinaba un poco hacia Shaoran, presa del instinto que me hacía desear sentir un poco más de su calor.

―¿La alzaría… o rompería los botones en tu espalda por la desesperación de poseerte? ―preguntó en voz ronca.

―Los… los romperías ―respondí de igual forma.

Shaoran se rio por lo bajo.

―Estos son los detalles que hacen una escena natural y creíble ―dijo y se enderezó―. Y es por esto que dividiste la escena en dos: para el beso tuviste inspiración porque ya sabes lo que es ser besada con deseo. ―Mis mejillas ardieron como nunca y él sonrió de lado―. Sin embargo, para el arte amatorio, todavía existe un velo que cubre tu visión, aun cuando has leído al respecto.

―¡Pero tú…! ―Me tapé la boca y, después de mirar a mí alrededor, volví a él en un murmullo―. Sabes que no tengo esa clase de… experiencia.

Él apoyó su mano en su mejilla y sonrió.

―Lo has entendido ahora y tu virtud sigue intacta, encanto. No me he movido de mi sitio por mucho que quiera hacerlo. ―El sonrojo fue peor y bajé la mirada. El volvió a reír y sus dedos me hicieron volver la mirada a él―. Aquí viene mi propuesta: vamos a plantear el hilo de hechos, juntos, para que sea lógico y aclararé las dudas que tengas antes de que te sientes a escribir algo.

―¿Cómo y dónde? ―pregunté con la ceja arqueada bajo el antifaz.

―Lo resolveré, ya te lo he prometido. ―Golpeó su mentón con su índice un par de veces y añadió―: También podrías tener algunas experiencias para que veas que no necesitas ser tan explícita para provocar la excitación en tus lectores. Y una buena oportunidad… ―sonrió como un gato―, será durante el concierto de Kishimoto.

―¿Qué tipo de experiencias podría tener en una sala de teatro?

―Eso… ―Se inclinó un poco adelante y me guiñó un ojo al decir―: déjalo en mis manos. ―Asentí y mordí mi labio inferior, deseando que el concierto fuera ya mismo. Después volvió a su posición y suspiró de forma dramática―. Esto hubiera sido más sencillo si mi idea de secuestrarte y llevarte a Warleem se hubiera cumplido. Estaríamos casados y tendríamos toda la privacidad necesaria en casa. Además, no tendría que contener las ganas de darte un simple beso ―gruñó.

Siendo sincera, su comentario me escandalizó un poco, sin embargo, él tenía razón en algo: si quería que mi escrito y mi matrimonio rebosara de pasión y de amor, el recato debía quedar fuera de las puertas. Miré la pintura de nuestra enfermera y su marido abnegado por encima de mi hombro; mi meta debía ser precisamente esa: desinhibirme para lucir orgullosa y memorable como ella, ante quién sería mi marido en dos meses. Cuando volví la mirada a él, lo hice con decisión tomada: daría un primer paso.

―El pasillo hacia la salida es bastante largo, oscuro y solitario, ¿no te parece? Además, creo que ya es hora de volver a casa.

Su mirada se encendió en respuesta y sus labios se estiraron de deseo.

―¿Me está tentando a hacer algo escandaloso, milady?

Me encogí de un hombro.

―Me dijiste que había cosas que podríamos hacer estando prometidos… ya lo estamos y mi imaginación sigue en estado virginal.

Con una rapidez que no creí posible, Shaoran guardó los papeles en el sobre junto con el lápiz con el cual me había estado acariciando, y me tomó del brazo para ayudar a levantarme. Entonces avanzamos entre las personas sin detenernos, caminando con urgencia y el mayor disimulo que se podía tener en esas circunstancias. Parecíamos unos pequeños que estaban huyendo de la escena de alguna travesura para no ser pillados.

Atravesada la gran puerta, nuestros pasos se aceleraron mucho más y pronto nos vimos corriendo de la mano con el eco que producían nuestros zapatos y las risas que intentábamos retener de única compañía. Y cuando estuvimos a medio camino de la salida, me vi arrinconada entre el cuerpo de mi prometido y la pared, justo detrás de una escultura de cuerpo completo que nos ocultaría de cualquier persona que viniera desde el salón.

Su mano, que en algún punto del trayecto había dejado en el olvido su guante negro, acarició la parte baja de mi mejilla. Suspiré al sentir de nuevo su calidez directa y entonces se encargó de hacer desaparecer el antifaz que cubría mi rostro. Quise hacer lo mismo, pero él sujetó mis manos.

―Permítame, milady ―susurró en voz ronca.

Asentí hipnotizada por la intensidad de sus ojos que le daba ese tipo de fulgor que podía torturar a cualquier mujer en sueños. Con movimientos expertos, lentos y sensuales, Shaoran levantó mi brazo y comenzó a liberarlo de su prisión de tela; la piel fue revelada poco a poco y acariciada en el proceso. Primero fue el derecho, luego el izquierdo, y cuando vio finalizada su erótica tarea, dejó un beso en cada uno de mis dedos.

―Ahora si puedes quitarme el antifaz.

Mis manos cumplieron su orden con parsimonia para hacerle experimentar el mismo sensual tormento, mientras acariciaba sus mejillas y los mechones que se habían fugado de su ordenado peinado. Cuando la pieza reveló su rostro, una expresión predadora se gestó en mi interior y la respuesta fue un jadeo cargado. Mi lengua salió para humedecer mis labios resecos, entonces Shaoran soltó un gruñido bajo antes de abordar mi boca con todo el sentimiento y las ganas que había retenido todo ese tiempo. Yo le respondí de igual forma con mis manos en sus mejillas, para sentir bajo la yema de los dedos la textura áspera por la barba incipiente.

Entre los besos y las caricias que recorrían y marcaban nuestras pieles, las sonrisas cómplices se hicieron presentes porque justo en aquel oscuro pasillo, comprobé que lo prohibido y el peligro de ser descubiertos, hacía que la experiencia fuera única y… excitante.

Una enseñanza que me encargaría de recordar y aplicar cada vez que fuera posible.

Aquí tenemos el capítulo veinticuatro con una clase… interesante que le sacó más de un sonrojo a nuestra Ama de los Suspiros. Al parecer, Shaoran se ha tomado muy en serio la tarea.

La dinámica de trabajo ha iniciado y vemos que nuestro Erudito debe buscar un lugar donde puedan tener privacidad para trabajar temas tan serios, ejem, pero antes ¡llega el tan esperado concierto! ¿Qué creen que pasará? Solo les adelanto que… ¡narra nuestro conde!

En verdad, muchas gracias por tomarse un tiempito para hacerme saber sus impresiones. Es lo que me anima a venir aquí, domingo a domingo para compartir con ustedes :D

Por cierto, en el capítulo 25 tendré que hacer una pausa :( Así que el domingo 13/02, no tendremos capítulo.

Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)

Gracias por seguirme en cada mundo que creo, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar :D

Un enorme beso para todos,

CherryLeeUp.