¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.
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Bueno a comenzar :D
La dama de medianoche
Capítulo 25
Shaoran Li
A pesar del frío que se filtraba por las capas de ropa, las personas no dejaban de llegar con sus mejores galas a aquel histórico edificio de pilares blancos, muy similares a los templos Cohryos. Nobles, miembros de la alta burguesía y algunos comerciantes que habían hecho hasta lo imposible para tener el honor de presenciar la genialidad del gran maestro de maestros. Un hombre que había encantado reinos enteros y ganado el favor de reyes a través de sus composiciones y talento sin igual.
Las piezas de Koji Kishimoto destilaban energía y hacían erizar la piel; lo sabía porque yo pertenecía al selecto grupo que ya había disfrutado de su trabajo. Después de todo, ambos éramos admiradores del otro y siempre podía contar con una invitación cada vez que a ese zorro caprichoso se le ocurría aparecer.
―Su señoría, ¡qué bueno verlo esta noche! ―saludaron de repente.
―Sir Takumi, lady Kato ―contesté a la pareja que me había mostrado su respeto―. Me alegra verlos esta noche.
―Sabe que somos apasionados de la música y esta noche promete. Así que no me detuve en cobrar un par de favores ―dijo el barón.
―Por supuesto.
―Queremos aprovechar el momento, milord, para felicitarlo por sus futuras nupcias ―dijo la dama―. Lo leímos esta mañana en el diario y debo decir que me alegro mucho por usted. Una muchacha loable, distinguida y preciosa, sin lugar a dudas… aunque nos sorprendió saber que la estaba cortejando.
Ya había perdido la cuenta de las personas que se me habían acercado ese día, como respuesta al anuncio publicado en la primera columna de la sección de sociales a pedido mío. Desde luego, había preparado respuestas que enaltecían la inteligencia, la belleza y la capacidad de Sakura para convertirse en una excelente condesa, y que me dejaban a mí como un hombre enamorado; lo cual debería ser suficiente para dirigir los rumores hacia lugares seguros. Sin embargo, la mayoría buscaba cavar entre mis palabras para descubrir cualquier cosa escandalosa que pudiéramos estar ocultando y alimentar los murmullos que ya rondaban sobre nosotros.
Sabía que ella era una mujer fuerte y tenaz, no tenía duda de ello, pero algunos de los chismes eran bastante destructivos: algunos la clasificaban como arribista y otras cosas que en verdad no quería ni recordar. Dejé libre un pesado suspiro cuando la pareja se alejó; las palabras inyectadas de envidia podían hacer mucho daño y yo no quería que los ojos de Sakura perdieran ese precioso brillo de inocencia y alegría. Mucho menos esa noche tan esperada por ambos.
―¿Preocupado, querido? ―Esa vez, no sentí desagrado ante la nueva intervención.
La mujer que se había acercado llevaba su cabello negro recogido, y mostraba un deje de picardía en esa sonrisa ladeada tan suya. Le mostré mi cortesía antes de responder:
―Un poco, lo admito.
―No tienes por qué, después de todo, has elegido con esto ―señaló mi pecho y añadió en un susurro―: ¿No es así?
―Lo he hecho, querida hacedora.
―Entonces no hay de qué preocuparse, además, nuestra lady Suspiros es muy capaz.
No me sorprendió de ninguna manera que hubiera descubierto la identidad de Sakura, pues la perspicacia y la inteligencia de la duquesa de Fairclough eran tan famosas como sus letras… y solo habría que sumar el uno más uno para darse cuenta. Mi caso, por el contrario, había sido distinto: un accidente del cual no me arrepentía, pues gracias a eso habíamos cultivado una gran amistad tanto dentro como fuera de la Sociedad.
―Pude ver parte del ensayo de lo que nos espera esta noche, debes estar emocionada.
―Oh, claro. Kishimoto me ha hecho muchas promesas y más le vale que las cumpla.
―¿Alguna apuesta de por medio, milady? ―pregunté con la ceja en alto.
―De hecho… ―se inclinó un poco y volvió a estirar sus labios―, una muy grande y placentera. ―Negué con mi cabeza al tiempo que ella reía, porque no había que ser muy listo para captar el doble sentido―. Dale mis saludos a tu prometida y quédate tranquilo, recuerda que es una mujer valiente que ha encantado a todo el reino. Sabrá caminar con el mentón en alto, te lo aseguro.
Tras guiñarme un ojo, la duquesa dio la vuelta y mientras la veía perderse entre las demás personas, le agradecí. Meilin me recordó quién era Sakura Kinomoto: una dama de medianoche valiente y osada que deslumbraba a todo aquel que tenía oportunidad de conocerla. Y como si la hubiera invocado, al girarme hacia la calle divisé el escudo de armas de los Reever en el carruaje que recién había llegado.
Era el momento.
Avancé entre las personas a largas zancadas, sin reparar en los ojos que me seguían. El primero en descender fue Eriol que me saludó con un gesto de cabeza que yo correspondí.
―Llegaste temprano. ¿Acaso estabas ansioso, Wemberly? ―La comisura de su boca se alzó con una fanfarronería inusual.
―Cuidado, Reever, no queremos que nadie sepa que eres un blando por dentro, ¿verdad? ―respondí en la misma actitud.
Eriol resopló y tendió su mano hacia el interior del carruaje. La figura de Tomoyo apareció, ataviada en un precioso vestido de vibrante y audaz amarillo. Era un color que muy pocos se atrevían a usar, pero en la esposa de Eriol lucía encantador.
―¿Preparado? ―fue lo que me dijo la recién estrenada chaperona de Sakura, apenas reparó en mi presencia―. Estoy seguro que le fascinará.
Mi respuesta fue un paso adelante y una sonrisa: estaba más que preparado.
Eriol se hizo a un lado para darme la oportunidad. Extendí mi mano hacia el interior del carruaje y un par de segundos después la pureza hizo contraste con la tela negra que cubría mis dedos. Los murmullos se apagaron, el tiempo dejó de correr, los rumores dejaron de importar así como las personas que los creaban y comentaban. No existía nada, absolutamente nada que no fuera ella.
Sakura estaba vestida de púrpura, justo como el día de la mascarada, y el fulgor de las incontables piedrecillas delineaban su perfecto escote. Era un color fuerte para una señorita, incluso para una que estuviera comprometida, pero en ella lucía glorioso.
―Resplandeces tanto que la luna debe estar celosa de ti ―susurré.
Como era de esperarse, sus mejillas y sus labios respondieron a mi halago. Y sin importar que nos estuvieran viendo las personas más influyentes de la nobleza, me incliné y dejé en su dorso un beso que duró más de veinte segundos. Eso le sacó una pequeña risa nerviosa por mi atrevimiento.
Su mano encontró mi brazo y así los cuatro iniciamos la marcha al interior del teatro. Sakura se desplazaba con pasos ligeros y confiados; y sus labios estaban extendidos con una alegría que tranquilizó en parte mis inquietudes.
―¿Sucede algo? ―preguntó de repente―. Suspiraste.
―Siendo honesto, estaba un poco preocupado.
―¿Por los rumores? ―Asentí y en ese momento ella detuvo su andar para observarme directo a los ojos―: Siempre me he jactado de decir que me tiene sin cuidado lo que pueden decir los demás de mí, pero la verdad es que sí lo hace.
―No quiero que…
―Las opiniones de los demás siempre nos inquietarán, Shaoran ―me interrumpió con una sonrisa―. Eso fue lo que mi madre me dijo cuándo me cuestioné por sentir esto y tiene toda la razón. Es parte de ser un ser humano, de estar vivos. Lo que no podemos permitir es que nos impida alcanzar nuestros sueños, ¿cierto?
En verdad, ella era una dama de medianoche que florecería como ninguna otra por la fuerza y la candidez de su espíritu.
―Tienes toda la razón.
―Ahora, cuéntame qué has oído por ahí ―provocó con un batido de sus pestañas.
Retomé el paso con una risilla y di una mal disimulada mirada a nuestro alrededor.
―Al parecer, lady Aylmer cree que me pusiste algún tipo de embrujo y… ―Miré hacia una mujer de cabellos canosos que nos observaba con cierto recelo―, lady Haggard está casi segura de que te seduje. ―Guardé silencio por un momento y tras analizar mis palabras, me llevé la mano a la boca para no dejar salir mi risa.
―¿Qué? ―preguntó, tratando de retener la suya―. No es de caballeros guardarse el chiste para sí solo.
Me acerqué en actitud chismosa.
―Aunque tiene toda la razón, nunca tendrá la historia completa.
―Moriría de una apoplejía si se entera de los detalles ―me siguió el chiste, aunque su rostro estaba sonrojado. Un adorable intento de osadía que me encantó.
―Por cierto, no sé si te lo dije en la mascarada, pero el púrpura te queda maravilloso… o debería decir: delicioso, tal vez. ―Me miró de reojo al tiempo que yo curvaba mis labios―. Creo que mandaré a confeccionar muchos vestidos de ese color para ti.
Sabía que estaba siendo un poco atrevido, pero Sakura había demostrado ser una digna contendiente. Por eso no me extrañó que la picardía se mostrara en sus labios, aun cuando el rojo evidenció su natural bochorno.
―Seré conocida como la condesa de púrpura entonces. ―Y nunca me decepcionaba.
En el cálido vestíbulo, Sakura y Tomoyo recorrieron con sus miradas llenas de ilusión cada rincón.
―¿Emocionadas, damas? ―pregunté.
―Tomoyo fue quien me contagió su amor por las piezas de Kishimoto, así que debe estar a punto de estallar de felicidad, ¿no es así, querida? —preguntó Sakura.
―Sus conciertos siempre son sorprendentes, es lo que he oído, así que mis expectativas están por las nubes ―respondió la joven marquesa.
―Y nosotros estamos felices de complacerlas, ¿no es así, Eriol?
Mi viejo amigo se limitó a cabecear su respuesta y revivió aquellas ganas que me habían llevado a golpearlo cuando estábamos en la escuela. Todavía no tenía el cuento completo de lo que había pasado entre él y Tomoyo, pero por lo que veía, las cosas no estaban del todo resueltas como me lo había asegurado el día anterior.
Suspiré; esperaba que el concierto los hiciera olvidar el maldito problema que la marquesa viuda había provocado. Mujer insidiosa del demonio; Eriol debería tomar en cuenta la recomendación de Takeshi de enviarla a la isla más recóndita para que dejara de repartir veneno.
―El palco de los Reever tiene una vista privilegiada, así que pueden estar tranquilas por ese lado ―continué.
―En realidad, estar aquí ya es un privilegio porque sé de duques que se quedaron con las ganas de asistir ―respondió Tomoyo.
―Sí… Kishimoto es bastante particular y siempre es lo mismo: presentación única, quinientos espectadores. Ni uno más ni uno menos, a pesar de dejar más de medio teatro libre ―conté con una mueca.
―¿Ha estado usted en alguna de sus presentaciones? ―El desagrado me recorrió ante la lejana formalidad que tuvo que usar Sakura.
―Prefiero guardarme mis opiniones para no influenciarlos y puedan crearse las suyas.
―Lo que quieres es crear suspenso, como siempre ―resopló Eriol y el premio fueron miradas asombradas por parte de las damas.
―Reputación, Reever, reputación ―me burlé.
―Ya cállate, Alioth ―dijo y tomó delicadamente a Tomoyo del codo, para guiarla hacia el pasillo ascendente que los llevaría al palco de la familia Hiragizawa.
Bien. Eso era un avance sin lugar a dudas.
―¿Has hablado con él? ―Bajé la mirada hacia Sakura; sus ojos estaban llenos de preocupación―. El viaje de venida fue bastante incómodo y silencioso.
―Eriol es muy reservado, incluso con nosotros, pero estoy seguro que si alguien puede lograr que se abra, es Tomoyo Hiragizawa ―aseveré con una sonrisa tranquilizadora―. Aun así, vamos a darles un pequeño empujón.
―¿Qué tengo que hacer? ―preguntó encandilada por la idea.
―Dejaremos unas cuantas sillas entre ellos y nosotros. La música hará el resto ―le expliqué.
―¿Será suficiente?
―Los conciertos de Kishimoto hacen magia ―dije con confianza y después me incliné un poco para susurrarle lo siguiente―: Además, tú y yo vinimos aquí con un objetivo y la distancia nos permitirá lograrlo.
―¿Objetivo?
Mi sonrisa sesgada se dibujó al darle mi respuesta:
―Tu clase de erotismo, Suspiros. ¿Lo olvidaste?
Su cabeza se ladeó hacia la derecha, un movimiento apenas perceptible e inconsciente que buscaba el contacto. Y en sus ojos debía estar reflejado ese fuego apasionado que sabía se escondía en su interior.
Demonios, quería besarla.
―Ahm… ¿subimos?
Me limité a asentir, porque si hablaba estaba seguro que mi voz sonaría demasiado ronca.
La conduje al pasillo que habían tomado nuestros amigos, sin embargo, antes de entrar en él, un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Me detuve en seco: era la misma sensación que me acompañaba desde mi regreso a Zándar. Como si estuviera siendo vigilado más allá de la curiosidad.
―¿Shaoran?
Sin darle respuesta, miré con disimulo a mi alrededor y busqué entre las personas hasta dar con el rostro adusto de un hombre que yo conocía muy bien. De cabellos canosos, el sujeto no disimulaba su escrutinio ni el desagrado, un sentimiento que yo también le profesaba y el ardor que me recorría el cuerpo era prueba de ello.
«Maldito Chadwick». Al fin se dignó a abandonar las sombras de la cobardía para enfrentarme directamente.
―Shaoran, ¿qué ocurre? ¿Quién es ese hombre? ―El tono de Sakura rompió el duelo y encontré en su rostro la preocupación pura.
La noche apenas iniciaba y prometía muchas emociones para ambos, por eso no podía permitir que ese maniático nos arruinara la experiencia. Endurecí la mirada y con ello le advertí que se mantuviera alejado de nosotros y que abandonara su intención de perseguirme. El agente de Eriol no había conseguido pruebas contra él todavía, pero ese encuentro no había hecho más que confirmar mis sospechas.
Ese tipo no volvería a joder mi vida, no se lo permitiría. Bajé la mirada hacia Sakura y le sonreí.
―Nada importante, lady Suspiros.
―¿Seguro? Parecías…
―Solo es alguien con quien no me gusta relacionarme ―la interrumpí―. ¿Vamos?
No muy segura, ella asintió y se dejó guiar por mí. Así dejamos atrás al hombre que había sido mi suegro, y que no dejó de observarnos hasta que las cortinas nos protegieron de su desagradable inspección; lo supe porque el escalofrío me acompañó en todo ese tiempo.
Sabía que era una conversación que le debía a Sakura, pero con todo lo que había pasado entre nosotros no había tenido la oportunidad de hacerlo. Era una plática que merecía su momento y su espacio, ya que no solo se trataba de Natsumi. Involucraba también la historia del muchacho que se convirtió en conde y cabeza de familia a la edad de veintidós años, que se encontró con un desastre administrativo, arcas casi vacías, tierras descuidadas, inquilinos que estaban por caer en la desgracia, y un contrato nupcial firmado sin su conocimiento entre el anterior conde y el duque de Chadwick.
Había aprendido a amar a Natsumi por su candidez, gracia, alegría y disposición, por Dios juraba que sí. Además, ella también había sido víctima de ese maldito acuerdo. Aun así, era una parte de mi vida que odiaba relatar porque todavía provocaba emociones negativas. No obstante, tenía que hacerlo y pronto.
Di una larga inspiración y me esforcé en dejar atrás el aura negra provocada por esos particulares recuerdos, para enfocarme en Sakura.
―Me gustaría que fueras a mi casa después de la cena de compromiso. ―Detuve nuestro ascenso por las escaleras―. Quiero que empieces a sentirla como tuya. Incluso ver si deseas cambiar algo. Imprimirle algo de tu personalidad.
―Eso… eso sería muy lindo ―sonrió.
―Y sería un buen momento para conversar un poco.
―¿Banalidades?
―¿Banalidades? ―Mi eco la hizo reír.
―Ni siquiera sé cuál es el color favorito de mi novio. ¡Qué horror! ―dramatizó con la mano en la frente.
Con eso, toda señal de molestia provocada por Chadwick se disolvió. Era su brillo, su poder de sacar sonrisas y suspiros a donde quiera que fuera. Y era maravilloso.
Lancé una mirada hacia abajo y al ver que no venía ninguna persona, aproveché para dejar un impetuoso beso en sus labios.
―¿Y eso?
―¿Necesito motivos? ―pregunté con la ceja en alto. Ella, sonriente y con la mano en los labios, negó con la cabeza―. Vamos, Tomoyo debe estar pensando que he robado algo más que un beso a estas alturas… aunque ganas no me faltan, he de admitir.
Su risa natural y musical salió a flote al igual que la mía.
Cuando llegamos al palco, custodiado por lustrosa madera con detalles en dorado, pudimos ver desde las alturas a aquellos que ya se ubicaban en los puestos de la galería inferior, y a los músicos que llenaban la sala de conciertos con el sonido de la afinación de sus instrumentos. Eriol y Tomoyo se habían sentado en la primera fila, cercanos al extremo izquierdo. La emoción de la joven era tal que no se percató que dejé tres asientos entre ellos y nosotros.
―Tomoyo estaba muy emocionada con el tema de ser chaperona, pero de seguir así, su reputación como tal no llegará muy alto ―se burló Sakura.
―Bueno, en su defensa diré que ya estamos comprometidos, así que no pueden obligarme a caminar hacia al altar ―dije y me incliné hacia ella para susurrar lo siguiente―: De hecho, si existiera una manera de adelantar la boda, con todo el placer del mundo lo haría.
―¡Shaoran!
―Hiere mis sentimientos que no pienses lo mismo, milady ―suspiré con fingido pesar, y volví a mi posición.
―¿Crees que esto en verdad ayude?
―Deja que ellos encuentren su camino y… concentrémonos en el nuestro, encanto ―dije en un intencional ronroneo que buscaba provocarla y me mostré satisfecho.
Aun sin mirarla, sabía que había logrado mi cometido de provocarla por cómo se entrecortó su respiración.
La sentí acomodarse en su puesto y tiempo después las luces fueron bajando su intensidad hasta dejar iluminado únicamente el escenario. El silencio se hizo de inmediato y en ese momento apareció el regio hombre pelirrojo que todos esperábamos. Su forma de caminar rebosaba de seguridad y un toque de presunción que eran propios de él. Al detenerse en el centro de las tablas abrió sus brazos y se inclinó en señal de agradecimiento por la asistencia; los vítores y aplausos no se hicieron esperar.
―Oh, dios… no puedo creerlo.
―Ha estado en la Sociedad con su rostro descubierto, así que no debería sorprenderte ―susurré.
―Es diferente verlo aquí. Transmite un poder que eriza la piel.
No iba a discutírselo, porque si algo tenía Koji Kishimoto, además de su fanfarronería, era el carisma.
Un joven se acercó a él con una caja alargada en sus manos; el compositor cautivó a sus espectadores con cada uno de sus movimientos al abrirla y sacó de ella a su fiel batuta de dorado color. La alzó y se dirigió a su lugar, frente a la orquesta que esperaba por él.
Ni siquiera las respiraciones se escuchaban. Todos esperaban expectantes a que él marcara el inicio de esa noche maravillosa. Sonreí con el pensamiento de que solo aquellos que habíamos sido testigo de ello, sabíamos lo que estábamos por ver y escuchar.
Un grupo de bailarines salieron a escena, unos vestidos de blanco y otros de negro.
―¿Habrá una representación?
Ladeé mis labios ante la pregunta de Sakura, pues ellos serían el complemento perfecto de la creación del compositor. Catapultarían las emociones y le darían el aire seductor que Kishimoto siempre buscaba transmitir.
―Presta atención, Suspiros.
―Pero…
Me llevé el índice a la boca y después señalé hacia el escenario. El director ya había elevado sus manos al aire y cuando las dejó caer, los sonidos de un violín y un chelo llenaron el espacio. Después, los demás instrumentos se unieron en tonos profundos y rápidos que los cuerpos de los bailarines reproducían a la perfección. Así empezó a narrarse una batalla entre ángeles y demonios.
―Oh, dios mío… Llamas en el paraíso.
Sonreí, porque todo aquel que hubiera leído Pasiones Líricas, sabría que el compositor le estaba haciendo honor a la obra de Raven Colton… o como yo la conocía, Meilin Wang, duquesa de Fairclough. Giré la vista hacia donde ella debía estar en su palco. La divisé inclinada hacia el frente y aunque la oscuridad y la lejanía no me permitían detallar su rostro, con seguridad tendría una sonrisa en sus labios carmesíes.
Mis ojos regresaron al escenario donde la trama de una de las mejores novelas épicas del momento cobraba vida. Y debía decir que verlo y escuchar la apoteósica música que Koji había creado para narrar a través de notas musicales la fuerza de la historia, su intensidad, la valentía de los personajes y también su doloroso amor, era conmovedor.
No había persona en esa sala que no estuviera hipnotizado por el arte, ni siquiera la dama que tenía a mi lado que suspiraba, sollozaba y sonreía, atrapada por lo que en las tablas los bailarines desarrollaban. Un ángel, el más hermoso e inocente de todos, cometía el pecado de enamorarse de una demonio que en un principio había intentado hacerlo caer. Algo retratado en otras obras, por supuesto, pero el toque ingenioso de Meilin había sido convertir al ser oscuro en prisionera de los ojos bondadosos del ser celestial. Unos que jamás la juzgaron, que no conocían la maldad ni la lujuria; solo la devoción absoluta por ella.
La trama avanzó así como la relación entre ellos y se mostró cómo la guerra llegó a un punto sin retorno. Los seres de blanco debían enfrentar a los hijos de la noche, sin embargo, en la protección del secreto, Arkadiel y Minerva conocieron la pasión en los labios del otro y llegaron a desear mucho más.
Ese era el punto al que yo había querido llegar.
Me incliné hacia la derecha, mucho más de lo adecuado, hasta que mis labios estuvieron cerca de la oreja de Sakura.
― Ha llegado el momento, Suspiros. En este acto inicia tu clase. ―Ella giró su rostro hacia mí; sus labios quedaron a pocos centímetros de los míos―. Observa, escucha y siente, Sakura. Siente y deja que tu cuerpo experimente el placer.
Su mirada se entrecerró y mostró en esos pozos el deseo contenido, que me hubiera gustado liberar con una caricia y un beso profundo. Por desgracia, los primeros compases de la escena que yo quería que ella viera, dieron inicio. Le señalé con la cabeza hacia el escenario y yo mismo volví a prestar atención, aunque no quería hacerlo. Sin embargo, mi mano se deslizó en la oscuridad y tomó la de ella para entrelazar nuestros dedos, porque quería sentir de alguna forma la respuesta que ella tendría.
La música se tornó cadente, tentadora y estimulante. Así, Minerva que no quería hacer perder su pureza a Arkadiel, escapaba de su amante. Él no deseaba lo mismo que ella. La libido se había apoderado de su ser y le dio alcance a su diosa oscura… Entonces, en vez de ser tentado el ángel para caer en el pecado, quién estaba siendo seducida era la hija de la oscuridad. El joven de blanco tomó a la danzarina de negro por la espalda y colocó sus manos en sus costados, mientras ambos se movían en sincronía al ritmo de la música. Un baile lento, incitador y muy erótico, aun cuando no había piel, aun cuando no había más que un balanceo suave de caderas y un inocente frote. No había nada explícito allí, solo el fuego que los espectadores imaginábamos entre los personajes.
Justo en ese momento, sentí que la respiración de Sakura aceleró su ritmo, al punto de convertirse en suspiros entrecortados, apenas perceptibles, pero que para mí fueron la mejor música. La escena dejó de tener importancia, así como todos aquellos que estaban en la sala de conciertos; mi único interés pasó a ser ella. Sus labios entreabiertos, su lengua que salió un par de veces para humedecerlos, el movimiento de su pecho que seguía el ritmo de su emoción, la intensidad de su mirada mientras observaba el desarrollo de la escena, y el calor que su cuerpo me transmitía. Magnífica en verdad, la seductora Emyra que había descendido para provocarme e inspirarme a crear el más ardiente de los romances.
Los dedos de Sakura se cerraron en los míos y me mostraron la potencia de lo que estaba sintiendo. Una corriente me recorrió entero y se concentró en el abdomen, aunque amenazaba con extenderse hasta mi ingle. Estuve a punto de levantarme y arrastrarla al pasillo para desencadenar lo que esa música perversa había provocado en ambos, pero me contuve. Necesitaba que ella comprendiera el mensaje, y solo cuando el silencio marcó el inicio de una nueva escena que, siendo honesto, no me interesaba en lo más mínimo, fue que le hablé en un susurro ronco que me sorprendió:
―¿Entendiste, dulzura?
La punta de mi nariz rozó su mejilla cuando inclinó su rostro hacia mí.
―Yo… no sé… ―Su jadeo fue delicioso―. Es tan… Jamás había visto algo así.
―No hubo nada que evocara un encuentro carnal, ni en sus movimientos ni en la representación en sí misma; sin embargo, las emociones que transmitieron fueron tan intensas que… sentiste muchas cosas, ¿no es así? ―Sakura me dio su respuesta afirmativa sin palabras con la agitación todavía en sus exhalaciones―. Es lo que debes hacer tú, mi lady Suspiros, excitar, estimular y hacer que tus lectores vibren como tú lo hiciste con la música de Kishimoto.
―¿C-crees que pueda? ―giró la cabeza para verme a los ojos.
Alcé su mano temblorosa que todavía estaba entrelazada con la mía, y me la llevé a los labios sin dejar de verla.
―Estoy convencido de ello… Y yo estaré allí para guiarte cuando lo necesites ―expresé, aunque quise hacerle ver que mi intención iba más allá de su escrito. No lo captaría, pero ya luego tendría tiempo de sobra para mostrárselo.
―Para eso debemos resolver nuestro asunto. ¿Lograste conseguir un espacio?
Siendo honesto, no lo tenía resuelto porque las ideas que se me habían ocurrido eran… una más indecorosa y peligrosa que la anterior, pero si queríamos sacar ese texto antes de que se venciera el tiempo, no teníamos otra alternativa.
―¿Lo podemos discutir mañana?
―¿Saldremos mañana? ―preguntó con una ilusión que bajó mi calor y lo convirtió en ternura.
Dejé otro beso en su mano y volví la mirada hacia el escenario; ya se estaba dando una de las últimas escenas antes del intermedio.
―Yo estoy cumpliendo con mi parte del trato, creo que es momento de que cumplas la tuya.
―¿Enseñarte sobre el romance? ―preguntó en un canturreo.
―Enseñarme a enamorarte, Suspiros.
―Enamorarnos, los dos ―me corrigió y, por extraño que fuera, mi corazón dio un salto que tenía tiempo sin experimentar. Un indicativo de que eso no estaba muy lejano, así que, emocionado por las nuevas experiencias que vendrían para ambos, se lo concedí con una sonrisa―. ¿Qué tienes pensado?
―Puede que un paseo por el parque sea adecuado para iniciar.
―Y podremos hablar de banalidades ―aseveró, fingiendo seriedad.
Me reí por lo bajo.
―Hablaremos de lo que quieras, milady.
―Y también… podrías escribir algo para mí ―sonrió con travesura―. Principios del romance.
No quería comprometerme porque no sabía si podría inspirarme lo suficiente para escribir algo que llenara los estándares que ella tenía de "Murakami"… pero no pude negarme y le dije que lo intentaría.
Gustosa, ella volvió a acomodarse en su asiento para disfrutar del resto del concierto, pero mi atención no regresó a Kishimoto. Le perteneció solo a ella y disfruté de cada una de sus expresiones, de sus sonrisas y sus lamentos provocados por la música y las escenas. Y justo en ese momento, sentí que la llama de la creatividad se encendía. Vigorosa, plena y llena del ardor de Sakura.
Allí, en esa sala de concierto, mi idea cobró sentido y vida.
Fusionaríamos nuestros estilos y crearíamos juntos un dulce frenesí que envolvería tanto a los personajes… como a los mismos escritores. Sería mi propuesta para ella, solo debía ponerla sobre la mesa y esperar que mi preciosa lady Suspiros deseara dejarse arrastrar por la pasión también.
Sonreí, yo no sería el único maestro, porque tenía mucho que aprender también y disfrutaría de ello. Ya habíamos iniciado esa noche y solo quedaba caminar hacia adelante.
Aquí tenemos el capítulo veinticinco con una segunda clase un poco más interesante que la anterior. Pero es que este profesor se ha tomado su rol muy en serio y ha querido hacerle ver a su alumna que, aun con su estilo delicado, puede fomentar el deseo con sus escritos. Aunque creo que el compositor logró provocar más que eso en estos dos.
Ejem… pero dejando de lado los calores, vamos a tener una cita muy interesante en el próximo capítulo que, recuerden, será publicado el domingo 20/02, ya que tendremos una pausa. Espero sepan comprender y esperen con mucha ilusión esta cita :D
También vimos que apareció un personaje misterioso :O ¡El ex suegro! Algunas acertaron, yay :D ¿Serán ciertas sus sospechas? ¿Por qué lo está siguiendo? ¿Realmente estará siguiendo también a Sakura? Pues esto se irá desvelando en los próximos capítulos :D
En verdad, muchas gracias por tomarse un tiempito para hacerme saber sus impresiones y teorías. Es lo que me anima a venir aquí, domingo a domingo para compartir con ustedes.
Recuerden, próximo capítulo el domingo 20/02.
Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)
Gracias por seguirme en cada proyecto, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar :D
Un enorme beso para todos,
CherryLeeUp.
