¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.
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Queda terminantemente prohibida la copia parcial o total, así como el uso de escenas o la trama sin mi consentimiento.
Bueno a comenzar :D
La dama de medianoche
Capítulo 26
El parque Leighton siempre había sido un lugar de inspiración al cual acudir cuando sufría de bloqueo. A veces bastaba con dar una larga caminata mientras disfrutaba de la brisa de la tarde y de las flores; en otras ocasiones optaba por sentarme en alguna banca frente al estanque a escuchar el trino de las aves y ver nadar a los patos. Pero mi técnica favorita, sin lugar a dudas, era observar a las personas.
Con mi fiel libreta en mano, me gustaba deambular por las caminerías e imaginar historias sobre las parejas que paseaban por allí: como un amor dulce que surgía a primera vista o algún drama que finalizaba en un duelo excitante. Y pese a que ninguna de ellas era cierta, estimulaban mi dormida creatividad.
Era infalible y me divertía mucho haciéndolo, sin embargo, en esa tarde de verano, no iría al parque con la intención de fantasear porque había dejado de ser una mera espectadora del amor para realmente crearlo, sentirlo… vivirlo.
Y eso avivaba mucho más mi creatividad.
No importaba si se trataba de un intercambio secreto de miradas, caricias o uno de sus febriles besos que hacían galopar la sangre por mis venas; Shaoran era capaz de despertar mi alma y me convertía en un volcán creativo. Provocaba en mí la necesidad de escribir; era asombroso, excelso… y pronto tendría la dicha de llamarlo mío.
Tapé mi rostro y me moví de un lado a otro en la poltrona… Sonaba como una desvergonzada, pero ¡era maravilloso!
Me hubiera encantado compartirlo con alguien, pero la única persona que me escucharía hablar y hablar de mi novio sin quejarse era Tomoyo… y con seguridad no la vería hasta el día siguiente en mi cena de compromiso. Me reí por lo bajo, Shaoran había tenido razón al decir que la música de Kishimoto era milagrosa y perversa en partes iguales, porque si bien el viaje de ida había sido incómodo por la tensión entre la pareja, el de regreso también lo había sido, pero por una rigidez… diferente.
La interrogaría apenas la viera.
De repente, mi madre ingresó a la salita como un vendaval y en su rostro había una amplia sonrisa.
―¡Querida! ¡Lord Wemberly ha llegado!
Ante su anuncio las sensaciones se convirtieron en una ráfaga que viajó por mi cuerpo. En mi pecho mi corazón latía con vigor, el calor reinaba en mis mejillas… y el suspiro se formó cuando entró y me regaló el candor de sus soles veraniegos.
Al estar frente a mí, Shaoran pasó un libro que llevaba consigo a su izquierda para dejar un beso en mis nudillos cubiertos.
―El esplendor forma parte de usted, señorita Kinomoto.
―Gracias, milord ―acepté el halago y le dediqué una mirada entre tímida y coqueta que él correspondió con ese gesto ladino que lo caracterizaba.
―Le comentaba a lord Wemberly que todo está preparado para mañana. La cena de compromiso será sencilla pero preciosa, digna de ambos.
―Ha planeado todo con mucho esmero y cariño ―añadí en tono agradecido hacia mi madre.
―Y estoy seguro de que será una celebración perfecta. ―Con galantería, Shaoran tomó la mano de mi madre y la besó―. Le agradezco su dedicación, señora Kinomoto. Es muy valioso para mí, para nosotros.
Los ojos de mi madre destellaron de alegría ante el cumplido.
―¿Le gustaría tomar algo antes de salir, lord Wemberly? El día está un poco caluroso ―preguntó ella, solícita.
―Me encantaría, pero he preparado una tarde de picnic para compartir con mi prometida…
―¡Excelente! Entonces iré a decirle a Rika que están por salir ―lo interrumpió en voz avivada y salió de la salita, tratando de disimular sus rápidos pasos.
Negué con la cabeza; la casa estaba tan llena de alegría por mi compromiso que era muy difícil de ocultar.
―Debo disculparme por el atraso ―dijo Shaoran, reclamando mi atención―, tuve que dar un par de vueltas antes de venir.
―¿Acaso sucedió algo malo? ―le pregunté, preocupada.
Pese a la sonrisa que adornaba su boca al negar, había algo en sus ojos que no la dejaba resplandecer.
―Todo estará bien, Suspiros. Te lo prometo. ―Su respuesta no me dejó satisfecha, pero tampoco me dio tiempo de pensarlo mucho porque tomó mis manos y depositó en ellas el libro que había traído consigo―. Sé que lo acostumbrado es dar flores o joyas cuando se corteja a una dama, pero siendo tú una mujer tan especial, lo consideré demasiado corriente para ser el primer obsequio para mi prometida. Así que al final… se me ocurrió traerte esto. ―Dio un paso atrás.
Extrañada, bajé la mirada y me encontré con una contraportada en negro mate, pero al darle la vuelta… fue como si mi alma quisiera salirse de mi cuerpo y tuve que morderme los labios para no gritar.
―Tu primer… libro.
―Imagino que ya lo tienes, pero esta copia tiene algo que la hace única.
―¿E-en serio? ―pregunté, tratando de contener mi agitación.
―Me pediste que escribiera algo para ti, ¿no es así? ― respondió con esa sonrisa que parecía custodiar mil y un misterios.
Con manos temblorosas, abrí el libro y en la primera página encontré su letra elegante. Me llevé las manos a la boca y sentí el gozo cristalizarse en mis ojos al leer… lo que él había escrito para mí:
"Entre los suspiros y las sábanas no existen secretos ni disfraces, solo dos almas que se entrelazan, que se prodigan caricias y danzan hasta el alba al ritmo de placeres exquisitos. No, querida, no existen los misterios cuando los labios muestran y son los ojos los que hablan. No hay mentiras cuando el amante se desborda en complacencias hacia su diosa y adora su piel bañada del oro de las velas, en busca del sabor embriagador del éxtasis. Es la verdad en besos que queman, que arden y desquician. Es la divinidad que se alcanza en la lozanía arropada en una mirada. Y no, este no es un extracto de ninguna obra ni de ningún poema, es algo creado por y para ti, mi lectora más fiel y fervorosa.
Tuyo,
Shaoran Li."
―Lo firmaste… tú lo firmaste.
Él sonrió y limpió una lágrima prófuga que corría en mi mejilla.
―Después de escribirlo, pensé que era muy atrevido para ti, pero luego me tranquilicé al recordar que has leído cosas mucho más explícitas de mi autoría. ―Me guiñó un ojo.
Mi corazón expuso la apremiante amenaza de irse con su dueño… ¿y quién era yo para impedírselo? Di una mirada hacia la puerta, acción que Shaoran imitó. Cuando advirtió que no había nadie por el pasillo, volvió la mirada a mí, pero yo ya me había puesto de puntillas y lo tomé del cuello con mi mano libre. Me di el placer de ser la ladrona esa vez y dejé en sus labios mi sonrisa de victoria, junto con un fugaz y travieso mordisco que convocó un suspiro ronco. Me sentí poderosa, femenina… justo como la ama de sus suspiros. Su Dama de Medianoche: osada y dispuesta a apoderarse de más que un beso.
Cuando volví al piso, evidencié el oro sensual y tentador en sus ojos. Incliné mi cabeza hacia la derecha y sonreí.
―Una recompensa al buen estudiante de romance.
Bajó la cabeza y colocó las manos en sus caderas.
―Tú… tú eres una mujer malévola, Sakura Kinomoto, y disfrutas de ello.
Me reí y sacudí mi regalo frente a él.
―Iré a guardar mi tesoro, vuelvo enseguida.
―Una condenada licencia especial, eso es lo que necesito justo ahora ―lo escuché mascullar antes de salir de la salita.
El arrebato que experimenté fue tal que no pude evitar subir los escalones entre giros y brincos de felicidad, sin importarme que los criados me vieran. Era como si una fuerza desconocida hubiera germinado y echado raíces en mi pecho y vientre. ¡Me sentía más que maravillosa!
Me había hecho caso… ¡Shaoran había escrito para mí! Abrí de nuevo el libro y esbocé mi alegría al releer ese único párrafo que me hacía vibrar entera de amor y emoción. Era… simplemente inefable.
Llegué a mi habitación y oculté mi preciado regalo en la gaveta donde guardaba mi material de escritura. Mis doncellas sabían que lo que allí estaba era privado y jamás revisaban: el secreto de Shaoran estaría a salvo entre mis hojas de papel, plumas y cuadernos. Sonreí al pensar en lo que me esperaba cuando viviera en la casa Wemberly; no se molestaría porque iniciara mi propia biblioteca y, por supuesto, los libros de mi esposo tendrían un lugar de honor allí. Toqué mis pómulos al percibir ese extraño pero a su vez placentero cosquilleo, provocado por la dicha presente en mis labios, una que nadie podría borrar.
Un par de minutos después, encubrí mi frenesí detrás de una expresión serena y así Shaoran y yo dejamos atrás la casa de mis padres en una calesa que él había llevado para trasladarnos hasta el parque Leighton. Algunas señoritas mostraban aversión por ese tipo de coche que tenía techo plegable, pero en mi caso, me gustaba aprovechar cada oportunidad que tenía de disfrutar las caricias del sol, aunque provocaran las temidas pecas que sulfuraban tanto a mi madre.
Miré a Shaoran frente a mí, ¿las consideraría también como una aberración como la mayoría de los caballeros? Me reí por lo bajo y enseguida lo descarté; nunca había mencionado nada sobre las que ya tenía.
―¿En qué piensa? ―la voz masculina de mi prometido llamó mi atención.
―¿Eh?
―Su mente parecía lejos.
Miré en todas direcciones en busca de una excusa porque en definitiva no podía decirle lo que había pensado, mucho menos con Rika a un lado. La luz llegó cuando me di cuenta que el parque ya estaba cerca.
―Me preguntaba si seremos de nuevo el centro de las miradas como ocurrió anoche.
Él alzó la comisura de su boca como señal de que no me había creído ni un poquito y me lo hubiera echado en cara si no anduviéramos con carabina. Afortunadamente, no le quedó de otra más que dejarme estar, aunque no borró la travesura de su mirada.
―El parque Leighton es el mejor lugar para cultivar un chisme, así que no tenga duda de ello.
―¿Y… qué clase de historias cree que surjan esta vez?
Su gesto se suavizó y adquirió un matiz cariñoso.
―No importa porque ninguno se acercará lo suficiente a la realidad que nos unió.
Mis labios esbozaron una tímida sonrisa y le di la razón porque nadie, absolutamente nadie sabría que nuestra secreta pasión por la escritura nos había reunido. Porque Shaoran y Sakura, el Erudito de las Sábanas y la Ama de los Suspiros, estaban escribiendo, juntos, una nueva historia de amor cuyo argumento estaba impregnado de su pasión y de mi dulzura.
Así que no, realmente no importaba lo que los demás inventaran sobre nosotros.
Al llegar al parque, iniciamos nuestro paseo arropados por el fresco de la tarde. Nada había cambiado; los árboles, las caminerías y el estanque eran los mismos, pero recorrer el lugar del brazo de Shaoran mientras disfrutaba de sus halagos, desafíos, sonrisas y esa expectación del picnic que tendríamos… era lo que lo hacía diferente. Me sentía como si todo fuera nuevo, brillante y extraordinario.
―Entonces… ―dijo de repente y después de aclarar su garganta, se inclinó un poco para continuar en voz baja, sin dejar de caminar―. Ya cumplí con uno de tus estatutos del romance dulce.
―Que espero se repita.
―Que se repetirá ―aseguró con una risilla―. ¿Qué otra cosa necesito saber?
―Bueno… ―Miré sobre mi hombro; Rika había dejado espacio suficiente para darnos privacidad, algo que tendría que agradecerle después. Volví la mirada a él y continué―: Muchas personas creen que el romance se resume en dar obsequios, flores y halagos, pero va más allá de eso. Está en esos pequeños detalles que son improvisados. Una flor cortada del césped, una caricia, una mirada tierna… ―Mis mejillas se sonrojaron y bajé la mirada―, y lo que se oculta detrás de un beso… Me refiero a un "te quiero", a un "te anhelo" o… u-un "te deseo"… ¡S-se disfrutan, por supuesto! El cuerpo se estremece, los latidos se aceleran y… Bueno… t-tú eres el experto en esa parte, pero… el significado que se esconde en esos labios… lo que comparten cuando se unen, es lo que alimenta el romance.
Me mordí el labio inferior y me reproché porque temía haberlo empalagado. Shaoran detuvo su andar y sus dedos presionaron con ligereza mi mentón hacia arriba; de esa forma me encontré con su sonrisa.
―No hay lenguaje más hermoso y sincero que el de los besos, milady. Por eso comprendo lo que me dices y lo comparto.
Sin darme tiempo de decir algo, dejó la cesta que cargaba en el suelo y se inclinó hacia un lado del camino. Cuando volvió a erguirse, me ofreció una pequeña flor amarilla. Sencilla, sin nombre y perfecta. El alivio fue inmediato y le obsequié una sonrisa cuando me la coloqué en la oreja.
―Soy un estudiante aplicado y aprendo rápido.
―Ya veo ―le guiñé un ojo.
―Qué grata coincidencia ― expresó de repente una voz masculina. Al girar la cabeza, encontré el rostro sonriente del marqués de Winslow.
No pude evitar corresponderle porque a pesar de todo lo que había pasado, del trato con mi padre y los días angustiantes, su señoría no solo había sido mi aliado, había sido un soporte que me ayudó en los momentos claves del viaje que me había llevado hasta ese punto.
―Lo mismo digo, señoría. ¿Recibió la invitación a nuestro compromiso?
La risa del noble se hizo presente y asintió.
―He encontrado el obsequio perfecto para ambos, espero les guste cuando lo reciban. Aunque… ―Los ojos del marqués se desviaron hacia Shaoran―, sepa usted, Wemberly, que el mayor regalo lo tiene a un lado. Espero sepa valorarlo.
El rostro de Shaoran se mantuvo inexpresivo por un par de segundos y después dibujó su sonrisa cordial.
―Más que un regalo, mi prometida es un tesoro, Winslow. Y como tal la cuidaré.
―¡Padre, los patos quieren más pan! ―llegó de repente una pequeña de bucles tan rojos que le hacían honor a su nombre.
Sus mejillas se tiñeron de rojo al reparar en nosotros y buscó esconderse detrás de su padre. Con una sonrisa, me incliné un poco para verla.
―¿Eres Ruby? ―La niña asintió, todavía avergonzada―. Tu padre me ha hablado mucho de ti.
―¿En serio?
―Por supuesto, me dijo que tienes una colección de muñecas increíble.
Alzó la mirada hacia su padre con devoción que él respondió; entonces pasó al frente y realizó una reverencia perfecta.
―Lady Ruby Tsukishiro, un placer.
En ese instante comprendí lo que él marqués me había dicho aquel día en la fiesta de jardín. Esa pequeña de bucles rojizos y mirada café, era el soplo que lo había mantenido con vida después de una pérdida tan cruel. Se notaba a leguas el amor que ambos se tenían y lo unidos que eran… y comprendí mejor los sentimientos del marqués a la hora de aceptar la petición de mi padre.
Shaoran también lo entendió y lo demostró con un sorpresivo despliegue de galantería, tomó la mano de la pequeña y besó sus nudillos al presentarse. Gracias a ese encuentro, las asperezas fueron limadas y por primera vez, vi en mi novio un reconocimiento sincero hacia el hombre que nos había ayudado cuando se dieron la mano para despedirse.
―Te dije que era un buen hombre ―le comenté mientras lo veíamos alejarse con Ruby que saltaba a su lado.
―Nunca dije lo contrario ―suspiró y tomó la cesta de nuevo.
―Solo era el instinto masculino de la competencia, ¿no es así? ―Su respuesta fue una risilla baja―. Es algo que nunca entenderé…
―Yo tampoco y soy hombre. ―Acodó su brazo para continuar con nuestra caminata.
Negué con la cabeza y apunté a la cesta.
―Mejor me dices qué llevas allí. Se ve pesada.
Shaoran hizo una mueca que me pareció tierna y graciosa al mismo tiempo.
―Es un poco humillante admitirlo… pero cuando le dije a la cocinera que preparara la cesta, enseguida me preguntó cuál era tu comida favorita y no supe qué responder. Así que terminé trayendo un poco de todo.
Aunque presioné mis labios, no pude retener la risa por mucho.
―Trivialidades, cariño, trivialidades. Tenemos que tocar esos temas ―dije y cuando caí en cuenta de cómo lo había llamado, me azoré y desvié la mirada.
Su cuerpo se inclinó para poder encontrarse con mi rostro.
―Hablaremos de todas las trivialidades que quieras, querida.
Aun con el rostro rojo, sonreí llena de dicha y dejé que la felicidad extendiera su luz y difuminara cualquier sombra de mi alma. Todo inicio era dulce, eso era cierto, pero me esforzaría para que ese puente que recién estábamos construyendo entre los dos, tuviera cimientos fuertes para que perdurara en el tiempo.
Pronto divisamos el lugar idóneo para hacer nuestro picnic, a la sombra de una inmensa ceiba, desde donde se podía ver el estanque. La manta fue tendida y entre los dos sacamos las comidas que él había traído; no mintió al decir que había empacado de todo un poco, pues: había carnes, queso, pan, frutas y varios dulces coronados con chocolate. Recordé entonces que ambos teníamos debilidad por ese manjar de dioses y… ¿para qué mentir? Fue lo primero que desapareció de las bandejas mientras las famosas banalidades salían a la luz.
Algunas cosas ya las conocía por su madre, pero no había nada mejor que fuera él mismo quien me las obsequiara, que se abriera y me mostrara ese hombre que se ocultaba detrás de las sonrisas astutas y de los títulos que ostentaba: el de conde… y el de escritor.
Así supe que, a diferencia de mí, Shaoran Li era un hombre al que le costaba salir de la cama en la mañana, que era de buen comer, pero tenía predilección por los sabores ácidos, por eso deliraba por el pie de limón. También me reveló que su color favorito era el rojo y, sumergida en esa armoniosa atmosfera, le conté también de mí. De mis gustos, de familia y de mi infancia: como las travesuras que Tomoyo y yo le habíamos hecho a Touya para culpar después al pobre Nao. Esas anécdotas lo llevaron a hablarme de su madre y de Fanren, su hermana menor.
Recordé entonces lo que la condesa viuda me había comentado: Shaoran era prácticamente una figura paterna para su hermana. Lo observé mientras hablaba sobre la tristeza de ella por no poder asistir a nuestra cena de compromiso y boda, por su avanzado embarazo; ninguno de los dos Li había mencionado al anterior conde… ni por accidente. ¿Qué clase de relación habría tenido Shaoran con su padre?... Quería preguntarle, pero temía entrar en aguas turbias y preferí dejar que él mismo tocara el tema cuando lo considerara conveniente… igual que aquel que me causaba tanta inseguridad: su anterior esposa.
Sacudí mi cabeza. No pensaría en eso, no en un día tan bonito.
―¿Te parece?
―¿Eh?
Sonrió con dulzura.
―¿Hasta dónde escuchaste, Suspiros?
―Ahm… hasta la parte donde te compadeciste de tu cuñado.
Shaoran se rio con suavidad y negó con su cabeza.
―Me gustaría llevarte para que la conozcas. Eso la dejaría satisfecha y me ganaría su "perdón".
―Oh, por supuesto, me encantaría ir ―expresé, llena de júbilo.
―A ver… ¿qué otra banalidad desearías saber?
Me llevé el índice al mentón y tras considerarlo un poco, sonreí.
―Ahora dime tus defectos.
―¿Me dirá usted los suyos, milady? ―dijo con el desafío en sus labios.
―¿No le enseñaron que jamás debe preguntar o señalar los fallos de una dama? ―respondí con la audacia en los míos.
―De acuerdo, de acuerdo… A ver, un defecto… ―musitó con la mirada en el estanque; pronto apareció esa sinvergüencería que lo hacía tan único―. Soy pésimo en el tiro al blanco. Y cuando digo pésimo, me refiero a que soy terrible.
―¿En serio? ―pregunté con sorpresa.
Él asintió.
―Le doy a cualquier cosa, menos a la diana.
―Es que no puedo creerlo… ¡¿cómo puedes fallar si es tan sencillo?!
―¿Sabes disparar? ―fue su turno de asombrarse.
Me encogí de hombros.
―Mi padre no podía deshacerse de mí cuando se quería llevar a mis hermanos de cacería. Él dice que soy la obstinación de los Kinomoto personalizada.
―Vaya, vaya… al parecer la dama tiene un defecto.
―Sí, sí. ―Alcé la mano en el aire, restándole importancia.
―¿Y cuándo pensabas decirme ese detalle? ―preguntó con la comisura de su boca en alto.
―Durante nuestra primera discusión marital… junto con mi repertorio de malas palabras ―dije con fingida inocencia.
La risa que brotó de ambos no fue mesurada como se esperaría de un conde y su prometida; se trató de un estallido comparable a una sinfonía franca y jovial que regocijó las almas de aquellos que la proferían.
―Creo que nos están observando ―mencionó y presionó los labios para reprimir la emoción.
Divisé al grupo de damitas fisgonas que nos miraban desde la orilla del estanque. Mis labios se extendieron por completo y me atreví a levantar la mano para saludarlas; con ello se vieron obligadas a corresponder.
―No sabía que podía ser tan malvada, señorita Kinomoto ―mencionó en ese tono de voz socarrón que sacaba a flote mi lado osado y hasta un poco desvergonzado.
―Yo tampoco lo conocía, pero… ―Me incliné hacia adelante en actitud coqueta y él correspondió encantado. Entonces, musité como si estuviéramos compartiendo una confidencia―: Debo confesar que es muy entretenido.
Su risa de boca cerrada no se hizo esperar.
Shaoran tomó mi mano para dejar en los nudillos un beso, sin difuminar su sonrisa.
―Es usted una joya como ninguna otra, milady. Soy muy afortunado.
Sus ojos se quedaron en los míos por un momento, y me mostraron una silenciosa y tentadora invitación a nadar en esas profundidades cobrizas. Como si fuera presa de un hechizo, me incliné un poco más, pero pronto Rika se encargó de recordarnos que estábamos en un lugar público al toser con fuerza desde la banca donde estaba sentada. La conexión se rompió, Shaoran aclaró su garganta y yo bajé la mirada, acalorada.
―Creo que el próximo rumor hablará de lo indecorosos que podemos ser en público ―mencionó en ese gesto ladeado que parecía ser el acompañamiento eterno de su boca.
―Pura envidia ―me reí y entonces recordé que él me debía algo―. Hablando de lo indecoroso…
―Oh, ¿llegó la hora de abordar nuestros negocios escandalosos, milady? ―Movió sus cejas con sugerencia.
―¡Basta! Es en serio, todavía no me has dicho si resolviste nuestro asunto.
―La verdad es que… ―Se arrimó un poco hacia mí y de esa forma, pudo tomar mi mano sin que nadie se percatara de ello―, son ideas muy inconvenientes.
―¿Te retractarás?
Negó con su cabeza.
―Te hice una promesa y la cumpliré. ―Apretó mi mano y ladeó su cabeza; en sus ojos vislumbré una seguridad y un ímpetu que me hizo suspirar, ansiosa―. Para escribir se necesita tener un santuario, es por eso que no podemos escoger cualquier sitio. Así que se me ocurrió llevarte al mío.
―¿Al tuyo? ¿Te refieres a tu casa? ―pregunté, confundida.
Él negó con su cabeza y fijó su mirada al frente.
―El silencio me molesta. Es como si embotara mi cabeza y eso refrena el fluir de las ideas. Así que alquilé un departamento no muy lejos de la plaza de los Ángeles y lo convertí en mi templo de escritura ―reveló para mi sorpresa. Volvió la mirada y mostró su sonrisa ligera―. El día que te conocí iba saliendo de allí.
Vaya. Esa revelación fue asombrosa porque, había idealizado tanto a Shaoran, que jamás esperé que él sufriera los problemas típicos de un escritor y saberlo… saberlo me hizo sentirlo cerca, a mi alcance. Apreté su mano y le sonreí al pedirle los detalles de su idea, dejando que la candidez de ese descubrimiento hiciera suyo mi corazón.
Su idea era atrevida, no lo iba a negar, porque involucraba escaparme de casa para ir a su departamento donde plantearíamos el esquema de la escena y discutiríamos las ideas para escribir. Todo eso… estando a solas con él. Y en vez de tener miedo o escandalizarme, me sentí ilusionada por las imágenes creadas en mi cabeza de nosotros escribiendo, juntos. Y si éramos justos, la desvergonzada era yo por pedir su ayuda en primer lugar.
―¿Cuándo sería nuestra primera excursión literaria? ―le pregunté con emoción.
―Mañana resultará imposible por obvias razones ―sonrió con ternura y provocó un gesto similar en mí―. Pero pasado mañana podría ser un buen día.
―Excelente, diría yo.
―Y siendo una de las parejas más… ―Movió su mano como si buscara la palabra adecuada.
―¿Populares?
―Por decirlo de alguna manera ―sonrió―. Lo mejor será tratar de pasar desapercibidos: ropa sencilla, nada llamativa…
―Bien, bien.
―Yo te esperaré en la esquina sur de tu casa y de allí iremos juntos.
Me reí para mis adentros, posiblemente tendría que volver a robar ropa… y ya tenía al incauto adecuado.
La luz del sol comenzó a atenuarse y con ello anunció la detestable hora de marcharnos. Cada paso dado hacia mi hogar aguijoneaba mi pecho, pero cuando ambos estuvimos en el umbral que nos separaría, encontré en el cálido cobre de su mirada una promesa que aligeró la pena: en menos de dos meses, las despedidas dejarían de importar porque, sin importar lo que pasara en el día, él siempre volvería a mí y yo a él.
Así, Shaoran partió después de los saludos familiares y yo me quedé… soñando despierta con el futuro que había visto en sus ojos.
―Señorita. ―Di un respingo ante el llamado de Chiharu.
―Lo siento… estaba abstraída.
―Me di cuenta ―se rio y me extendió un sobre―. No quería interrumpirla, pero cuando usted salió, llegó esto.
―¿De quién es? ¿De Tomoyo? ―Lo recibí y lo giré entre mis manos… no había remitente.
―No sabría decirle… El pequeño que me la entregó solo mencionó que se la había dado un hombre.
Extraño. El único hombre que podría enviarme notas había estado conmigo toda la tarde… ¿Podría ser de lord Winslow? No, me lo hubiera dicho y el marqués no hubiera enviado la nota con un niño necesitado de unas cuantas monedas. La Sociedad también estaba descartada porque el sobre no era rojo… y estaba dirigido explícitamente a mí, no a Yoshida.
―La leeré en mi habitación. Avísame cuando llegue Naoki que necesito hablar con él.
―Sí, señorita.
Con eso, abandoné la salita y subí las escaleras, sumida en un mar de dudas, pero no fue hasta que estuve en la privacidad de mi habitación que volví a mirar el sobre en mis manos. La ansiedad era tal que temblaba y hasta sentía un hueco en el estómago. Sacudí la cabeza, estaba siendo tonta.
Abrí la nota y la desplegué para comenzar a leer… Solo había un párrafo… cuyas palabras enfriaron mi sangre de golpe… y me hicieron flotar en un mar tempestuoso de dudas.
―¿Qué… demonios es esto?
Después de una pausa, aquí tenemos el capítulo veintiséis. Una cita muy especial que inició con un regalo muy bonito que derritió a nuestra Ama, aunque ella no se quedó atrás y sorprendió a su prometido (punto y partido para ella).
El paseo nos permitió conocer varias cosas: desde esas pequeñas clases de romance dulce de nuestra escritora, un encuentro de cierre con lord Winslow y esas trivialidades que los hizo sentirse más cercanos. ¿Se esperaba que Shaoran fuera malo con el tiro al blanco? Que Sakura le dé clases xD
Y al final una nota que dejó helada a nuestra Ama de los Suspiros. ¿Qué creen que dice? Porque debe ser algo fuerte para causar esa impresión. Tendremos que leer el siguiente capítulo para descubrirlo :O
En verdad, muchas gracias por acompañarme en este viaje y tomarse un tiempito para hacerme saber sus impresiones y teorías. Es lo que me anima a venir aquí, domingo a domingo para compartir con ustedes.
Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)
Gracias por su cariño y por estar a mi lado en cada historia que inicio, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar :D
Un enorme beso para todos,
CherryLeeUp.
