¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.

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Queda terminantemente prohibida la copia parcial o total, así como el uso de escenas o la trama sin mi consentimiento.

Bueno a comenzar :D

La dama de medianoche

Capítulo 27

Shaoran Li

A medida que la pluma dejaba su húmedo rastro, mis ideas cobraban sentido y se entrelazaban para definir el rumbo de la aventura que deseaba emprender. Era el hilo argumental que había tratado de construir sin resultado y que por fin transmitía lo que yo deseaba.

El corazón de mi nueva historia latía con fuerza frente a mí y era grandioso. Tan sublime que el pasar de las horas se había hecho imperceptible y el silencio que antes me había desquiciado tanto, dejó de importar.

―Necesito escenas intensas en este punto si quiero que el clímax sea como lo imagino ―musité sin dejar de escribir.

Cuando la idea para una nueva novela surgió en mi cabeza tantos meses atrás, lo hizo con un objetivo: reinventarme. Quería provocar en los lectores mucho más que excitación; deseaba emocionalidad, colores, temblores y melodías, justo como hacer el amor, pero nada de lo planteado me dejaba satisfecho. El peor enemigo de un escritor hizo acto de presencia para alimentarse sin piedad de mi creatividad y de mis temores.

Y al querer reencontrarme con mi inspiración, busqué en los lugares menos esperados; sin embargo, no fue hasta mi regreso a Aurennor que hallé luz en las páginas del dueño de los suspiros del reino. Un "hombre" capaz de plasmar gestos tímidos que hablaban por sí solos, y personajes que se adoraban en el secreto de una mirada y caricias ocultas.

El don que tenía Yoshida era precioso y hasta envidiable, porque todo aquel que lo leía experimentaba en su piel y en su corazón el surgimiento de un amor que, con el pasar de las hojas, se volvía indeleble y hasta palpable. Y eso era precisamente lo que yo quería lograr, junto con las sensaciones que dejarían a mis lectores saciados y felices.

Así, urdí un plan para atraer al Amo de los Suspiros a mí y sacarle sus secretos, sin saber que terminaría yo enredado en esa red… Atrapado por sus ojos inocentes, tan dulces como el almíbar.

Sakura se convirtió en esa respuesta a mis plegarias, mi fuente de agua divina, el complemento que había buscado para lograr mi propósito. Y estaba tan convencido de ello que estaba fijando de una vez cuáles serían sus partes y cuáles serían las mías, porque lo que estaba en esas hojas de papel, trazaba la fusión perfecta de nuestros estilos.

―Este será el punto en el cual se conocerán y de aquí iremos hacia el primer nudo… aunque tendré que preguntarle si las circunstancias están bien planeadas para fomentar el romance desde allí ―me debatí y luego sonreí.

Ni en mis sueños más inverosímiles me imaginé a mí mismo en colaboración con alguien más, ya que era muy celoso con mis ideas. Las compartía con Alex porque era mi editor y no me quedaba de otra… Prorrumpí en una franca carcajada porque en ese instante solo quería terminar el diagrama para mostrárselo a la dama responsable de tal maremoto creativo. Incluso me sentía tentado a llevarlo en la noche a su casa y discutirlo en cualquier momento que tuviéramos libre, aunque enseguida lo descarté. Era nuestra cena de compromiso y no nos darían ni un segundo de privacidad; no cuando seríamos el centro de atención y ella se lo merecía, desde luego.

―Mañana.

Me froté las manos, animado, y seguí trazando y conectando las ideas. Debía avanzar lo más que pudiera y lo que quedara en el aire por falta de tiempo, lo dejaría anotado para que no se me olvidara.

La inspiración me absorbió tanto que no me interesó nada del exterior hasta que, de repente, la puerta de mi despacho se abrió sin aviso. Al ver a mi madre ingresar cual vendaval, lo primero que pensé fue que había estado encerrado el tiempo suficiente para que entrara en nervios. Dirigí la mirada primero a la ventana por la cual todavía entraba luz y luego al reloj que reposaba sobre la chimenea; apenas eran las tres de la tarde y no debíamos estar en la casa de los Kinomoto hasta las ocho.

―¿Sucedió algo? ―pregunté al ver su rostro más níveo de lo normal.

―Eso podrías explicármelo tú ―se colocó las manos en jarras―. La señorita Kinomoto ha venido y quiere hablar contigo.

―¿Sakura?

Ella afirmó en un único movimiento.

¿Qué la habría llevado a hacer algo así? Ella sabía que demasiados ojos nos avizoraban con la intención de crear más rumores y, aun siendo mi prometida, una visita como esa daría mucho de qué hablar. Algo había pasado… Sakura era una mujer impulsiva; no obstante, siempre tenía un buen motivo por el cual moverse.

―¿Dónde está? ―pregunté iniciando la marcha a largas zancadas.

―La dejé en la sala matinal ―respondió mi madre, intentando seguirme el paso―. No quiso decirme nada cuando traté de indagar, solo que era un asunto de importancia... ¿Tienes alguna idea, querido? ¿Tendrá que ver con la enfermedad del señor Kinomoto?

No, no lo creía. En dado caso la noticia la hubieran dado los hermanos porque en esas circunstancias mi lady Suspiros no abandonaría el lado de su padre… ¿Qué? ¿Qué la había llevado a tomar tal decisión? Mis pensamientos giraban vertiginosamente en mi cabeza, evaluando probabilidades a medida que me acercaba… hasta que una de ellas hizo el mayor eco y se apoderó por completo de mí. Me quedé paralizado; solo había un asunto que no podía esperar y que podría haberla sacado de casa justo el día de nuestra cena de compromiso: el secreto de Yoshida y Murakami.

«No… imposible», retomé el camino casi a la carrera.

Cuando llegué a la estancia en la cual reinaban los colores de la tierra, divisé a Sakura en el centro y junto a ella estaba el menor de los Kinomoto.

―Lamentamos mucho haber venido sin avisar, milord ―fue su saludo y a pesar de haber mantenido una voz apacible, a ella no se le daba bien el fingir.

Sus labios rosados estaban extendidos con gentileza, pero era un gesto frugal que no me llenó como sus usuales sonrisas, y dejó grietas en su máscara por las cuales podían verse los vestigios de su verdadero sentir.

Con disimulo, aspiré el aire y me esforcé en corresponder con total naturalidad al saludar, a pesar de la desesperación que me quemaba por dentro porque ya no era una suposición: Sakura estaba mal y había acudido a mí en busca de auxilio; su lenguaje corporal lo gritaba a los cuatro vientos. Fue por ello que me negué a abandonar su temblorosa mano, aun cuando las normas de etiqueta así me lo exigían después de dejar un beso en ella.

―Yo… en verdad lamento la intrusión… pero necesito conversar algo con usted.

―Por supuesto. ―Con disimulo, dirigí la mirada hacia mi madre y sin necesidad de palabras, ella comprendió mi ruego.

Sus labios rojos se explayaron en una sonrisa maternal y se dirigió al hermano de Sakura.

―Señor Kinomoto, su madre me ha comentado que es usted un amante del arte y un excelente pintor, ¿es eso cierto?

―¿Eh? ―El chico que había mantenido los ojos en su hermana, los corrió hacia mi madre―. Ah… sí. Soy un amateur, en realidad.

―Tenemos grandes tesoros en nuestra galería, entre ellos un Monroe y un Devinar que estoy segura sabrá apreciar ―dijo y avanzó hacia él para tomarlo del brazo―. ¿Qué me dice? ¿Le gustaría verlos?

El debate interno se hizo presente en sus ojos y podía comprenderlo, pues yo también era hermano y algunas veces hasta padre de Fanren. Y en honor a ese lazo fraternal incorruptible y puro, decidí demostrarle al joven la veracidad de mis intenciones.

Con un ligero apretón en la mano de mi lady Suspiros, atraje su atención y en ese momento le obsequié la sonrisa que tenía reservada solo para mis seres amados. Un gesto que era capaz de brindar sosiego cuando se requería, protección en noches de truenos, un profundo cariño que buscaba sanar las heridas en el corazón y que prometía que todo estaría bien. Sus mejillas se vistieron de ese exquisito carmín, y sus ojos recuperaron un poco de la vitalidad que era tan característica de ella y que hechizaba.

Le besé la mano y después me la llevé al brazo para volver a su hermano que parecía ya más tranquilo y satisfecho. Aun así quise ir un poco más allá.

―Le doy mi palabra de honor que su hermana estará bien a mi lado ―le expresé con la mirada fija en la suya y no me refería únicamente a ese momento; algo que él pareció captar porque mostró una pequeña sonrisa al asentir.

―Siendo así, será un honor aceptar la invitación, lady Wemberly.

―¡Perfecto! Estoy segura que le gustará y así la pareja puede conversar con calma ―dijo y lo instó a iniciar el paso―. Estaremos en la gran galería por si nos necesitan, querido.

―Bien pueda, madre.

Entre comentarios jocosos y alegres, su voz melodiosa fue haciendo eco hasta perderse en la lejanía, lo cual nos otorgó la privacidad tan ansiada. Me giré hacia Sakura; si bien tenía la imperiosa necesidad de saber, mi intención no era presionarla más de lo que ya estaba. La conduje al sofá en total silencio, dispuesto a darle el tiempo necesario para que organizara sus emociones y pensamientos, lo que ella agradeció con una pequeña sonrisa.

―En verdad, lamento todo esto…

―No. ―Besé su mano y después acaricié su mejilla―. Iremos a tu ritmo.

Respiró profundo un par de veces, quizás en busca de la fortaleza necesaria para iniciar. Entonces, enderezó su cuerpo y me enfrentó con esa valentía y tenacidad tan propias de ella.

―Shaoran, yo… pensé mucho en cómo decirte esto, incluso llegué a considerar no hacerlo, pues no es mi intención sembrar angustias…

―No hay misterios entre nosotros, ¿recuerdas? ―le interrumpí con una pequeña sonrisa.

―Eso fue lo que me trajo a ti. ―Se agarró a las solapas de mi levita en busca del refugio que enseguida mis brazos le dieron―. Estoy asustada… demasiado ―musitó en voz trémula.

―Dime lo que te acongoja, Suspiros. Te prometo que lo resolveré.

―Es que…

Se separó de mí y, tras limpiarse un par de lágrimas que ardieron en mi pecho, tomó su bolsito y sacó dos sobres blancos que me instó a tomar sin decir palabras. Ninguno de los dos tenía remitente y reflejaban en letra grande y burda el nombre de Sakura a secas; sin apellido y sin el honorífico que merecía como señorita. Fruncí mi ceño.

«¿Qué diablos es esto?».

―Antes de leerlos… quiero que sepas que lo que me trajo aquí no son las dudas que buscan sembrar, sino mi angustia por ti. ―Tomó mi mano libre y me miró con una intensidad y fervor que me dejó indefenso―. Shaoran, puede que no sepa todo de ti, pero lo más importante… lo que guardas aquí ―señaló mi pecho―, lo conozco. Me lo has mostrado a través de tus sonrisas, de tus atenciones y de tus letras. Por eso confío en ti.

―Es cierto que hay cosas que desconoces de mí, Sakura, pero no es porque lo esté ocultando; sino que hay conversaciones que merecen un momento y un lugar ―le dije con seriedad y convicción.

―Lo sé, créeme que lo sé y estaba dispuesta a esperar el tiempo necesario… ―Sus ojos se desviaron a los sobres que estaban en mis manos.

Sin perder más tiempo, abrí el primero y esperaba encontrar una amenaza hacia nuestro secreto… Me equivoqué:

"Sakura, Sakura:

Una niña tan inocente como usted terminará marchita al lado de un hombre que disfruta de las mentiras y del sufrimiento ajeno.

Por su bien, le recomiendo que acabe de una vez con esa farsa de compromiso".

A medida que cada letra tomaba sentido en mi cabeza, el viejo demonio de la ira despertaba en mis entrañas y agitaba los recuerdos que mantenía sujetos y ocultos en lo más recóndito. No fue hasta que leí la siguiente nota que la rabia se apoderó de mi juicio:

"Oh, querida Sakura:

En su casa reina el alborozo hoy, pero en la noche usted misma deberá acabar con él. De un paso atrás, sálvese a sí misma antes de que sea tarde. La venganza es dulce, cubrirá a Shaoran Li y arrasaré con todo aquel que decida interferir.

Queda advertida".

Un imbécil… era un maldito imbécil por haber creído que plantarle la cara al desgraciado de Chadwick en el concierto lo haría recular; y lo que había logrado con ello fue demostrarle que mi prometida era más que un acuerdo nupcial para mí. ¡Con un demonio! Le di el motivo para ir tras Sakura y presionarme a través de ella.

Pero no se lo permitiría.

Esa rata miserable estaba muy equivocada si pensaba que su título me intimidaría. Hice crujir el papel entre mis manos y me levanté de golpe; nuestros asuntos se acabarían de una buena vez por todas.

―Shaoran… ¡¿A dónde vas?!

―¡Wei! ―rugí.

―¡Shaoran, espera! ―Sakura se colocó frente a mí y colocó sus manos en mi pecho que subía y bajaba con violencia―. Por dios… ¿qué está pasando? Dímelo.

―¿Mi señor? ―apareció mi confundido mayordomo.

Pasé por un lado a Sakura sin contestarle y di mi orden en tono fuerte y autoritario:

―Que ensillen mi caballo, ahora.

―Pero…

―¡Ahora!

El anciano asintió y se dio la vuelta para cumplir mi encomienda. Me pasé la mano por la cabeza, ¿acaso Chadwick no se cansaba? ¿No le había bastado con lo que nos había hecho a Natsumi y a mí? No… por supuesto que no. Era un ser egoísta que solo pensaba en sí mismo y no podía permitir que yo avanzara con mi vida por el simple hecho de creerse todavía mi dueño.

«Jamás lo fuiste y te lo haré entender a golpes, anciano de mierda».

―Shaoran… ―Sakura me tomó de las mejillas. Mi cuello estaba tan rígido que le costó hacer que mi cabeza fuera hacia ella―. Shaoran, por favor… dime qué está pasando, ¿por qué estás así tan…?

―Esto no te incumbe, Sakura, así que mantente al margen.

Ella dio un par de pasos atrás, pero al ser sus ojos tan expresivos, vi transitar en ellos el dolor que mis palabras le causaron. El remordimiento enseguida apareció y me sentí el peor de los hombres, sin embargo, no podía permitir que mis asuntos con el duque trascendieran y la alcanzaran. No a ella.

Di una inspiración profunda para tratar de calmarme, aunque fuera en vano, y la miré con la cruda seriedad que la situación demandaba:

―Sé que te debo una explicación y te prometo que te la daré, pero no en este momento.

―¿No… en este momento? ―Sus hombros temblaron y por un momento pensé que escucharía su llanto; contrario a eso, una risa baja y sarcástica llenó el espacio antes de que sus ojos se alzaran, acusadores y doloridos―. ¡Pues has tenido muchas oportunidades para hablar de ello y todas las has desestimado!

Fruncí mi ceño.

―¿De qué estás hablando?

Sakura dio un paso al frente sin desviar su mirada.

―Tu difunta esposa, tu padre, esos demonios que te atormentan y que crees que nadie nota… ¡Yo sí los he visto! ¡He visto como tus ojos se ensombrecen cuando alguien te compara con tu padre! ¡Noté la nostalgia y la soledad en tus escritos incluso antes de conocerte! Todo, Shaoran… yo he visto esa parte oscura que buscas ocultar y he sido paciente. He esperado a que te abras conmigo y me la reveles por ti mismo... pero al parecer no confías lo suficiente en mí ―soltó como una daga ardiente, directa y certera, antes de pasar por mi lado.

Tardé un par de segundos en salir de mi estupor; cuando lo hice fui tras ella y le di alcance. La tomé del brazo para hacerla girar hacia mí.

―¿A dónde vas?

―A buscar a mi hermano ―masculló y se soltó de un movimiento brusco―. Hice lo que tenía que hacer; ahora volveré a casa para que usted pueda resolver sus asuntos como mejor le venga en gana, su señoría. Por mí, no se preocupe.

―¿Te das cuenta que estás actuando como una niña?

―Y usted, milord, está actuando como un cretino.

―¿Acaso no comprendes que estás en riesgo? ¡Esto no es un juego!

―La que recibió las amenazas fui yo, así que lo entiendo perfectamente.

Por varios segundos, el único sonido que nos rodeó fue el de nuestras respiraciones encrespadas. Era el cobre furioso contra la esmeralda que no tenía nada de dulce en ese momento; una lucha de voluntades que ninguno de los dos quería perder.

―Señor, lamento la interrupción ―la repentina voz de Wei nos hizo dar un respingo a ambos.

Antes de romper el contacto con Sakura, endurecí la mirada para indicarle que eso no había terminado; ella correspondió al cruzarse de brazos y desvió la mirada hacia otro lado.

―¿Todo listo?

―Huang espera en la entrada con su caballo.

Asentí y me coloqué los guantes negros que me extendió.

―Te acompañaré a… ―Mis palabras quedaron en el aire cuando me giré y encontré la nada en vez de la melena castaña de mi prometida.

Mis puños se cerraron y lancé un improperio, ¡todo se había ido al infierno en menos de un mísero minuto!

―Señor, si me lo permite…

―No sé para qué pides permiso si, igualmente, hablarás ―dije con un suspiro cansado.

―Porque es lo que se debe hacer. ―Al sonreír, las arrugas en su rostro se acentuaron―. No sé lo que está ocurriendo, pero la cólera, señor, no es buena consejera. Usted tiene una mente prominente que siempre lo ha ayudado a sortear las vicisitudes de la vida. Úsela y no permita que este asunto y su pasado se interpongan en ese futuro que desea construir al lado de la señorita Kinomoto. ―Hizo una reverencia y dio la vuelta para desaparecer por uno de los pasillos.

Miré hacia la puerta y luego al corredor que Sakura debió tomar. Pese a que el ajuste de cuentas con el duque para garantizar la seguridad de mi prometida tenía que ser mi prioridad, mis pies tomaron el rumbo de la ofuscada dama que se había atrevido a decirme cretino.

«Sabía que ella se convertiría en mi ruina».

El camino me llevó al lado oeste de la mansión donde quedaba la gran galería. Mientras avanzaba, acomodaba en mi mente las palabras que le diría a Sakura, con la esperanza de tener la oportunidad de hacerla entender y solventar la situación lo mejor posible. Sin embargo, al llegar me encontré con la sorpresa de su ausencia.

Al otro lado de la estancia, mi madre se desenvolvía como la espléndida anfitriona que era y señalaba las obras de arte que Naoki apreciaba con embelesamiento. Ninguno de los dos reparó en mí, así que me aproveché de ello para retroceder sobre mis pasos en total silencio.

Demonios, había estado tan ofuscado, que no tomé en consideración que la planta baja de mi hogar podría parecer un laberinto para todo aquel que no lo conociera. Me coloqué las manos en las caderas y me obligué a tomar aire a profundidad, debía calmarme para pensar con claridad. Si Sakura andaba en búsqueda de la gran galería, no creía que se hubiera metido en alguna de las habitaciones. Así que las puertas estaban descartadas: ella debía estar caminando entre los pasillos.

Ese día los corredores parecían más fríos y solitarios que de costumbre, así que a pesar de prestar atención a mi alrededor, no había ruidos. Cuando volví al punto de inicio, consideré llamar a Wei para que me ayudara, pero lo deseché ante el deseo de ser yo quién la hallara.

El este fue mi nueva ruta. Traté de pensar como ella y busqué la luminosidad que provenía de los ventanales que daban hacia el jardín trasero. Poco después los rayos del sol de la tarde me recibieron, pero no había rastro de ella.

―¿Dónde estás, Sakura? ―musité.

Aunque la tentación de gritar su nombre era grande, no quería que el hermano me escuchara por mala suerte.

Esa vez, retomé el paso con mayor premura y al dar vuelta en una esquina, el aire me volvió a los pulmones cuando la divisé al final del oscuro pasillo donde mis antepasados mostraban sus rostros adustos y aristocráticos. Sakura no dio señales de haberse percatado de mi presencia, pues su atención le pertenecía a un objeto que reposaba en lo alto de la pared. No estaba a su lado, tampoco podía ver lo que con tanta fijación ella admiraba… pero yo sabía lo que era.

Mis pies se movieron sin siquiera notarlo y pronto me vi con ella mientras ambos observábamos al yo que vivía en el óleo junto a la sonriente mujer que fue mi condesa. Sonreí al recordar el día en el que nos retrataron, varios meses después de nuestra boda. De hecho… cuando ambos tomamos la decisión de ser felices. Alcé la mano y acaricié el lienzo con cariño infinito, porque era más que una obra de arte: para nosotros se convirtió en un símbolo de liberación.

―Era muy hermosa ―musitó Sakura.

―Natsumi adoraba sus bucles ―le conté al tiempo que observaba cómo su cabello de profundo ébano caía libre por su espalda―. Por eso quiso que el pintor los retratara en todo su esplendor.

―Se ve que… fueron muy felices juntos.

Con lentitud, bajé la mano y me giré hacia la mujer que dentro de poco se convertiría… No… que se había convertido ya en el motivo de mis sonrisas sinceras y que lograba despejar con las suyas esa oscuridad que tanto me atormentaba. Los ojos de Sakura habían perdido la hostilidad para dejar en su lugar el brillo tembloroso de sus miedos. Fue allí que comprendí la magnitud de mi error, lo que le había hecho vivir a mi querida lady Suspiros en ese tiempo al guardar silencio con respecto a Natsumi.

«En verdad… eres un cretino, Shaoran». Junto con el pensamiento, sentí como se formaba el nudo en mi estómago.

―Yo… me perdí y… no quiero que pienses que vine a dar aquí…

―Jamás pensaría eso, Suspiros ―le interrumpí.

Alcé la mano hacia su mejilla para reconfortarla. Sakura no quiso profundizar el contacto, pero su suspiro cargado de alivio me llenó el alma en parte, pues la culpa ocupaba mucho de ella.

―Lo que dijiste antes… tienes toda la razón. ―Ella dio un respingo y enseguida elevó sus enormes ojos hacia mí―. Debí hablarte de Natsumi y del pasado tormentoso que nos ató a ambos. Era lo correcto, pero esto siempre logra sacar lo peor de mí y quería prepararte… prepararnos a ambos para esta conversación.

―Yo… lo sé… Y lo siento mucho, dije las cosas sin pensar…

―El único que debe disculparse soy yo, aunque me gustaría aclarar algo, Sakura. ―La tomé con ambas manos para mirarla directo a los ojos y en ese momento un par de lágrimas rodaron por sus mejillas―. Yo confío plenamente en ti. Lo hago hasta tal punto que te he mostrado cosas que casi nadie conoce y te he entregado de forma voluntaria mis secretos, mis sueños y deseos… ¿lo comprendes? ―Ella asintió con lentitud mientras apretaba sus labios―. La confianza es la base de un matrimonio verdadero y exitoso; eso es lo que deseo construir contigo, por ello… ―La solté y di un paso atrás para ofrecerle mi mano―. Me gustaría contarte mi verdad y mostrarte los demonios que me atormentan.

Por un momento, ella permaneció congelada mientras observaba mi mano suspendida en el aire. Su pecho subía y bajaba con rapidez, pero cuando sus ojos retornaron a los míos, vi en ellos esa determinación cautivadora que la había convertido en la grandiosa Ama de los Suspiros.

―Muéstramelos todos.

Asentí y recibí el calor de su brazo en el mío. Romper los candados que mantenían prisioneros los recuerdos no sería sencillo, por eso debía hacerlo muy lejos de la mirada lóbrega del anterior conde para no dejarme controlar otra vez por el resentimiento que había acumulado por tantos años.

―¿A dónde vamos? ―preguntó cuándo la insté a caminar.

―A nuestro refugio: tuyo y mío.

Ella mostró una sonrisa diminuta que provocó una acción espejo en mí. Así, nos fuimos alejando de aquel luctuoso corredor, rumbo hacia ese lugar que estaba colmado de coraje y osadía. Un templo dedicado a una flor, justo como la que caminaba a mi lado.

Capítulo veintisiete listo, un sube y baja de emociones donde vimos en acción a nuestro Erudito al planear su nuevo trabajo, la explosión provocada por las cartas que nos llevó a la primera discusión de la pareja y un momento emotivo frente al retrato de Natsumi.

Sé que muchos querrán matarme por dejarlo aquí, pero resulta que la historia me pidió un cambio de narrador en este punto. Así que vamos a darle el turno a nuestra lady Suspiros para que nos cuente cómo se siente ahora y durante la revelación de Shaoran.

Ha llegado el momento de la verdad, donde los demonios saldrán a la luz y entenderemos mucho de lo que pasó Shaoran en su juventud temprana. ¿Qué creen que le cuente a nuestra Ama? ¿Cuál es ese templo de osadía? ¿Si tendremos cena de compromiso? ¿Y qué ocurrirá con el ex suegro? ¿Realmente estará manipulando hilos?

El próximo domingo sabremos muchas cosas y, de una vez, anuncio una nueva pausa. El domingo 13/03 no tendremos capítulo :( triste pero necesario.

En verdad, muchas gracias por acompañarme en este viaje que se acerca cada vez más a su final (aunque todavía nos quedan unos cuantos capítulos xD) y tomarse un tiempito para hacerme saber sus impresiones y teorías. Es lo que me anima a venir aquí, domingo a domingo para compartir con ustedes.

Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)

Gracias por su cariño y por estar a mi lado en cada historia que inicio, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar :D

Un enorme beso para todos,

CherryLeeUp.