¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.

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Bueno a comenzar :D

La dama de medianoche

Capítulo 28

Mi padre siempre nos decía que no había un cielo más hermoso y azul que aquel que aparecía luego de una tempestad. Esa frase pasó a formar parte de mi ser y era una de las principales enseñanzas que trataba de transmitir en mis novelas. Retrataba caminos llenos de riesgos, accidentes, muchos sueños y piedras en el camino; para que, al final, el amor fuera ese factor que, sin importar cuantas veces se cayera mi protagonista, lo impulsaba a levantarse porque, frente a él o ella, estaría la mano de esa persona especial que lo alentaría a vivir.

Era mi manera de llegar a quién me leyera y de decirle que el amor brillaba para todos por igual ya fuera en los ojos de un amante, de un hijo o de un amigo; un sentimiento tan poderoso que todo lo podía. Por eso, me parecía irónico que justo en el momento en el que debía mostrárselo al hombre que amaba, no sabía cómo hacerlo. Más que todo porque al estar frente a ese retrato, las inseguridades se convirtieron en dagas que me hirieron como nunca antes.

Natsumi… al fin sabía su nombre.

En el lienzo ambos lucían felices, maravillosos, y sonreían a ese futuro que les fue arrebatado por la aparición del frío y cruel ángel de la muerte. Y no necesité preguntar para saber lo que tantas veces me había preguntado… él la amó. Mucho. Lo vi en su sonrisa melancólica y en la caricia que le dio al retrato.

Dios, había tomado su mano y pedido que me revelara sus demonios, pero no dejaba de ser acosada por los míos. ¿Podría yo… hacerlo sonreír de esa manera también? ¿Podría yo llenar ese vacío que ella dejó en su corazón? ¿Podría yo… hacer que la olvidara?

―Los jardineros de los Berkel reacomodaron varias plantas para darle el lugar de honor que se merece nuestra dama. ―Sus palabras me sacaron de mis pensamientos―. Me aseguraron que el año que viene podremos tener nuestro propio espectáculo.

―Eso… sería muy lindo. ―El intento de sonrisa fue más una mueca incómoda que, afortunadamente, él no apreció por tener la vista en el centro del invernadero.

Después de eso, el silencio nos hizo suyos. Incómodo y asfixiante, me hizo debatir entre si debía o no romperlo, aunque no deseaba que se viera como una presión de mi parte. Apreté mis manos al frente y me obligué a esperar hasta que él encontrara las palabras adecuadas. No tardó mucho más en darse vuelta y en su rostro encontré una expresión que oscilaba entre la decisión y un pedido de perdón.

―El motivo por el que te traje aquí es porque quiero que este lugar se convierta en nuestro símbolo. ―Caminó hasta colocarse frente a mí―. Sakura, quiero que este sea nuestro templo de osadía. El lugar al cual recurramos para llenarnos de valor cuando lo necesitemos; justo como ahora, ¿lo comprendes?

Quise decirle que sí y que yo deseaba lo mismo a pesar de todas las incertidumbres que tenían sometido mi corazón. No obstante, sabía que mi voz me traicionaría, así que me limité a asentir.

―Después de esto, puede que tu percepción de mí cambie ―suspiró y desvió la mirada, incómodo―. También tengo que advertirte que la sutileza no suele formar parte de mis palabras cuando hablo de mi pasado. Generalmente, pierdo el control como pasó hace rato… Así que me disculparé de antemano.

Con su nuevo silencio me otorgó a mí la decisión de si quería o no continuar con esa plática. Siendo honesta, no sabía si tenía el coraje suficiente para ello… porque no solo debía ser valiente el que revelaba, sino también el que escuchaba.

Mi atención se desvió a ese punto donde habían colocado varias macetas de las cuales sobresalían hojas alargadas, justo en el centro de aquel recinto. No había nada de especial en ellas, de por sí había flores que atraían mucho más por sus colores fuertes como el naranja y el rojo; no obstante, con el debido cuidado, esas hojas se convertirían en frondosos arbustos de los cuales surgirían los botones blancos de las valerosas damas.

Recordé las palabras que me dijo hace tanto tiempo en la velada de los Berkel: "Usted es una dama de medianoche, una flor que simboliza la devoción, la perseverancia y la audacia". Tenía mucho miedo de oír, de saber de Natsumi, pero no podía permitir que ese temor me paralizara. Después de todo, no era valiente el que carecía de miedos, sino aquel que seguía adelante aun con ellos.

Con el cuerpo lleno de temblores, di un paso al frente y le tomé la mano.

―Los dos necesitamos de valentía, así que estamos en el lugar correcto. Sé libre, Shaoran.

Exhaló el aire en un profundo suspiro y entonces dirigió sus ojos a los míos; esa vez el enfrentamiento no estaba cargado de ira ni de orgullo, sino más bien de soledad, tristeza y un ahogo que me exprimió el pecho porque los sentí como míos. Aun así, no di marcha atrás.

Shaoran me revelaría su alma entera y yo estaba más que dispuesta a recibirla.

―Uno de los deberes más importantes para un noble es el engendrar un heredero. No se tiene un hijo, se tiene un sucesor del cual se espera perfección en su forma de caminar, en su forma de hablar y en cualquier actividad que emprenda. Mi caso, fue todo lo contrario. ―Desvió la mirada y mostró una sonrisa diminuta que derrochaba cinismo―. Un niño temeroso que prefería refugiarse en los libros que ir al exterior, y no podía hacer nada sin sentir que me estaba ahogando.

―¿Asma?

Él asintió.

―La superé en mi adolescencia, pero… ―Liberó una risa baja y mordaz―. De pequeño incluso les temía a los caballos y la caza… ―negó con su cabeza―. Te comenté que soy malo al disparar, así que la caza nunca ha sido una actividad para mí; sin embargo, el gran conde de Wemberly debía aparentar ante todos que su primogénito no era una decepción y me forzaba a participar en todas las malditas actividades.

―Tú no…

―Yo sí ―me interrumpió y se enderezó―. Inútil, bueno para nada, mediocre… creo que esos fueron los insultos más decentes que me dirigió. ―Caminó hacia un lado, fijando la vista en unas flores rojas―. Por supuesto, mi madre siempre trató de protegerme. Se esmeró en hacerme ver que nada de lo que el conde decía era cierto y cuando aprendí que ignorarlo lo hacía enfurecer... ―Se encogió de hombros y sonrió con sorna―. Me gané unas cuantas palizas, pero me quedaba el placer de sacarlo de sus cabales.

Mis puños se cerraron con tanta fuerza que los hice temblar, producto de la rabia y el sufrimiento que me provocaba el escuchar todo lo que Shaoran había tenido que padecer de pequeño al lado de Hien Li. ¿Cómo un padre podía hacer algo como eso? ¿Cómo podía negarle el cariño a un hijo y maltratarlo? No lo entendía… no cuando había tenido la dicha y la suerte de contar con uno que no dudaba en expresarnos su amor, apoyo y enseñanzas.

Y mientras más oía más lograba comprender y compartir la irritación que le provocaba a mi novio que lo compararan con él. Había visto su retrato y debía admitir que, físicamente, eran casi dos gotas de agua, aunque había algo que los diferenciaba. Los ojos que mostraba el cuadro del anterior conde no eran cálidos como el sol de verano, sino dos pozos sombríos, llenos de un egoísmo que lograba salir del lienzo.

―Para cuando cumplí los nueve él pareció aburrirse de nuestra interesante dinámica padre e hijo. Eso nos hizo muy felices a mi madre y a mí, pero una noche las cosas cambiaron. ―Su expresión se veló por el rencor―. Siendo tan solo un niño no comprendí la actitud de mi madre y su afán por enviarme a la cama temprano, pero jamás olvidaré su mirada vacía al día siguiente y las palabras del conde: "Espero que esta vez me des un hijo que valga la pena mostrar".

El recuerdo de aquel cuadro al que yo llamé "El sacrificio de la doncella", vino a mí con violencia y me provocó náuseas. Me abracé a mí misma y cerré mis oídos para no escuchar sobre esos terribles días. Había sido una estúpida… una gran estúpida por haber temido únicamente perder mi inspiración y mi sueño, cuando… cuando pude haber perdido hasta el alma. Sabía que lord Winslow hubiera sido incapaz de… Cerré mis ojos al sentir que el estómago me daba un vuelco.

―Sakura, ¿estás bien? ―Me hizo volver a él y encontré en su mirada una preocupación sincera.

¿Cómo una persona podía compararlo con ese hombre egoísta? ¿Acaso no veían su entereza, sus valores y esa infinita dulzura que siempre lo acompañaba? Y pensando en ello, me llegó la imagen de la mujer valiente que sobrevivió a ese infierno y que no se dejó destruir. Por su hijo, ella se mantuvo en pie y en la actualidad, Ieran era capaz de dar sonrisas y recordar la infancia de Shaoran sin que se viera opacada por lo que había tenido que pasar con su marido.

En verdad era una dama fuerte y digna de admiración.

―Lo siento, ―Di un paso atrás y enderecé mi espalda―, puedes continuar.

―¿Estás segura?

Asentí, determinada.

No muy seguro, Shaoran continuó con su relato y noté que cada cierto tiempo medía mis reacciones; yo por mi lado, no volví a mostrar señales de debilidad. Así supe que después de esos meses amargos, el embarazo de Ieran fue anunciado y con ello el conde volvió a distanciarse de su familia.

―La alegría de una nueva vida que crecía en su vientre no fue parte de mi madre ―relató y suspiró―. Yo, por el contrario, estaba tan entusiasmado con la idea de ser el hermano mayor, de proteger al bebé y de enseñarle cosas, que ella fue contagiándose poco a poco hasta que volvió a sonreír. Así, cuando al fin llegó el día… ―Shaoran sonrió con sinceridad―, la casa se llenó de algarabía y sonrisas.

―¿Te asustaste? Yo no recuerdo cuando nació Nao; Touya dice que lo primero que hizo fue decirle a madre que no quería más hermanos si la hacían sufrir tanto.

Shaoran se rio con ligereza.

―Estaba aterrado, pero no hubo manera en que mi niñera me enviara al cuarto de los niños. Me senté al lado de la puerta de la habitación de mi madre y no me moví de allí hasta que el llanto del bebé se escuchó por todos lados. ―Su mirada se llenó de ternura infinita―. Cuando vi el rostro regordete y rosado de esa niña, yo… eso fue amor a primera vista y el nombre simplemente me salió de la boca.

―Fanren… muy hermoso y dulce.

Él asintió y después toda señal de devoción se borró de su rostro.

―El conde apareció en la noche y cuando se enteró que había sido una niña, frunció el ceño y se dio la vuelta sin siquiera mirarla. En ese momento me juré a mí mismo que mi hermana no pasaría por lo mismo que yo.

Shaoran, con tan solo diez años, tomó la valiente y madura decisión de convertirse en el pilar protector de su hermana, con el fin de darle todo el cariño que ella necesitara. Sin embargo, a medida que la edad para partir a la escuela de caballeros se acercaba, la ansiedad en él fue creciendo porque no quería dejar a su madre y a la pequeña a merced del conde.

Para su fortuna y alivio, todo cambió un día, a tan solo dos meses de partir a Appleton.

―Echarnos habría sido muy… ―Movió la mano en el aire como si buscara la palabra correcta―, habría sido demasiado, hasta para él. Así que nos envió a una casa de campo que tenemos en Rolland para así poder vivir como él quería sin contenciones.

―¿A qué te refieres con eso?

Se cruzó de brazos y ladeó la cabeza al empezar a contar los dedos:

―Alcohol, apuestas y prostitutas. ―Mi rostro ardió ante la mención―. Disculpa mi brusquedad.

―No, no... Está bien… continúa.

De ello se enteró años después en la escuela. Los rumores siempre lograban llegar a donde debían, más si tenían mala intención. Sin embargo, para ese momento Shaoran ya tenía dieciséis años y había forjado un carácter rudo y protector, así que… cuando salía a relucir su madre, el conde y la vida llena de excesos que el hombre llevaba, los puños y las venganzas aterradoras no se hacían esperar.

Se forjó la reputación de Alioth, el dios temible del caos y la devastación y, desde luego, sus amigos también se hicieron de un nombre al apoyarlo. El señor Yamasaki se convirtió en Asgot, el terrible dios del engaño que era capaz de tender las peores trampas, y el esposo de Tomoyo en el espeluznante dios de la muerte, Azruel, porque lograba intimidar hasta los más osados con su expresión helada y el título de marqués que ostentaba desde los diez años. Esa fama los persiguió incluso en la universidad.

―Pronto las personas aprendieron a desligarme de Hien por su propio bien, aunque siempre había un imbécil que me recuerda el parecido físico ―resopló―. En esos momentos me enfocaba en otras cosas para no dejar que el malhumor tomara control de mí: como la universidad, las tierras que habitábamos, ser el cabeza de mi pequeña familia y una figura paterna para Fanren. Eso lo hice con todo el placer del mundo y en verdad fui feliz esos días. Muy feliz… hasta que el imbécil murió ―masculló entre dientes.

―¿Cómo…?

―¿Quieres la versión pública o la verdad? ―preguntó en ironía. Sabía que no lo hacía por mí, sino por todas las emociones que los recuerdos le provocaban.

―Las dos ―suspiré.

―Oficialmente, murió en un asalto que salió mal. La verdad: fue un ajuste de cuentas. Debía demasiado dinero a personas peligrosas ―resopló―. Así fue como me convertí en conde con tan solo veintidós años y no solo cayeron sobre mis hombros las responsabilidades del título, sino también las deudas… y un maldito contrato nupcial. ―Su revelación me heló la sangre.

―¿Qué?

―El duque de Chadwick le hizo un préstamo enorme de dinero y a cambio pidió que yo me casara con su hija. En pocas palabras, el hijo de puta me vendió al mejor postor.

Di un paso atrás sin poder creer que… que ese hombre se hubiera atrevido a tanto. Entonces el frío pasó a llamas en cuestión de segundos y por primera vez en mi vida experimenté lo que era odiar; no obstante, el sentimiento no estaba dirigido solamente al padre… no, esa palabra le quedaba demasiado grande a un ser tan ruin como ese. Mi rencor se extendió también hacia el "caballero" que mostraba su cara en público como uno de los nobles más intachables del reino y, aunque no sabía si ella había tenido que ver, no pude evitar también arropar con mi odio a su hija.

Debía saberlo. Necesitaba saber si en verdad había formado parte de algo tan macabro. Y si así había sido, aun sí Shaoran había logrado perdonarla yo… Apreté mis puños al frente y traté de ocultar mis emociones tras una máscara pétrea.

―Continúa, por favor.

Al desviar la mirada, su voz volvió a llenar el espacio. Como era de esperarse, al tratar de zafarse del contrato, el duque ejerció su poder sobre él y también sobre su familia. Los amenazó con dejarlos en la ruina si no cumplía con su parte del trato, algo que por supuesto Shaoran no podía permitir. Su madre ya había pasado por mucho y para aquel entonces Fanren, con tan solo doce años, estaba en esa etapa de soñar con su debut.

Aceptó el acuerdo con la intención de ganar tiempo, pues el contrato estipulaba que debía contraer nupcias con la chica cuando ella cumpliera los veintiún años; en aquella época Natsumi contaba con tan solo diecisiete. Así se consagró a la colosal tarea de conseguir los fondos necesarios para revivir sus tierras arruinadas, ganarse la confianza de sus arrendatarios y restituir el honor de su familia que el conde anterior había dejado por el suelo por su vida llena de excesos. Por supuesto, contó con ayuda de varios que creyeron en él y potenciaron su visión de los negocios, entre ellos el padre del señor Yamasaki que no solo era dueño del diario nacional, sino que también había incursionado como accionista en varias empresas del gremio editorial.

Pronto se creó una reputación de inversor que lo ayudó a levantar cabeza; aun así, se vio hundido en las preocupaciones, problemas y la creación de telones que no les permitiera ver la realidad a su madre y a su hermana. Eso generó una ansiedad y agobio profundos que por poco no lo asfixiaron.

―Fue la escritura lo que me mantuvo cuerdo entre tanto fango y allí, en plena negrura, nació Luna de primavera, la primera novela que me animé a escribir y le gustó tanto a Takeshi que me convenció de publicarla ―suspiró y se permitió regresar la mirada a mí―. Hacerlo con mi nombre no habría sido lo adecuado cuando estaba tratando de recuperar la estabilidad de mi familia y de mis tierras, así que creamos a Yufeng Murakami. Un escritor que surgió de las cenizas de mi vida y que fue capaz de retratar al amor erótico. ―Se acercó a mí y colocó su mano en mi mejilla―. Te lo dije aquella noche: mi objetivo siempre ha sido reivindicar al sexo a través del arte, porque no se trata solamente de yacer en una cama o del placer, sino de la comunión que ocurre entre los amantes… También confieso que fue mi forma de marcar diferencia con Hien. ―Shaoran cerró sus ojos, endureció la quijada y se alejó―. A veces, cuando estoy frente al espejo lo veo a él y por eso me esmero tanto en demostrarme a mí mismo que no somos iguales.

―¡No lo son! ―Me acerqué y coloqué mis manos en sus mejillas para hacerlo mirarme―. Amor, tú no eres tu padre, ¿lo entiendes? Eres un hombre de principios, un hijo maravilloso, un hermano afectuoso y un escritor que muestra lo bello que es estar con la persona que se ama… Así que no lo revivas al compararte con él, no vale la pena.

―Es difícil cuando las personas se empeñan en hacerlo.

―No tu madre, no Fanren… no yo ―sonreí y lo acaricié con el pulgar―. Déjalo en el pasado donde pertenece, junto con el rencor que solo nos hace daño a nosotros. ―Shaoran bajó la mirada y no respondió a mi petición, pero al menos no se negó directamente. Eso me alegró un poquito y entonces le dije―: Luna de primavera es la novela que más me gusta y ahora más porque tiene la firma de mi escritor favorito.

Sus labios mostraron esa curva maravillosa que era capaz de reclamar mis suspiros y dejó en mi frente el calor y cariño de sus labios.

―Gracias.

―No… no las des.

―Claro que sí, porque eres mi dama de medianoche que me infunda el valor que necesito.

Sonreí y acepté el halago con orgullo de ser eso para él. Y aun cuando deseaba quedarme cerca y seguir mezclando mi calor con el suyo, retrocedí y le pedí que prosiguiera, porque todavía faltaba la parte más importante del relato: Natsumi.

―Mi vida se centró en trabajo y con el pasar de los años vi los frutos. Las tierras se volvieron prolíficas, así como la entrada de dinero. De esa manera, cuatro años después estuve en condiciones de devolver hasta el último centavo al duque que se creía dueño de mi vida. Quería luchar por mi libertad, aunque mi abogado decía que estaba siendo iluso. ―Contrario a lo que esperé, la amargura no volvió a su rostro, porque en su lugar apareció una diminuta sonrisa llena de nostalgia―. Lo que no me esperé fue que la mujer que legalmente era mi prometida y que yo había despreciado e ignorado todo ese tiempo, fuera tan osada como para aparecer un día en mi casa, completamente sola.

Mis ojos se abrieron con sorpresa y a pesar de intentar contenerme, la pregunta que brotó de mis labios lo hizo con tono resentido:

―¿Acaso ella… trató de comprometerte?

Si Shaoran lo notó, no dio señales de ello. Solo se limitó a negar lentamente con su cabeza.

―Natsumi estaba tan desesperada y llena de culpa que no midió sus acciones; tampoco le importó encontrarse de lleno con mi desprecio y amargura. ―Desvió la mirada―. Es aquí donde puede que tu opinión cambie sobre mí.

―¿A qué te…?

―Siempre me he jactado de ser un caballero cuando estoy contigo, pero ese día… ―Pasó su mano por sus cabellos y mostró una sonrisa triste―, fui de todo menos amable… Le grité, la culpé de todos mis problemas, la insulté y traté de echarla de casa yo mismo.

―Tenías tus motivos.

―Un caballero jamás debe alzarle la voz a una dama, mucho menos humillarla como yo lo hice ese día al dejarme dominar por la rabia ―dijo con un toque agrio y arrepentido―. Natsumi, ella… lo aguantó todo con un temple increíble y esperó paciente a que yo terminara de desahogarme… Entonces hizo algo que no esperé jamás: me pidió perdón.

―¿Por qué… lo haría si era parte de todo eso?

―Eso mismo me pregunté yo. No entendí su actitud cabizbaja y… ―suspiró con pesadez―. Quizás fue el instinto protector que desarrollé hacia las damas o el dolor y el remordimiento que aprecié en su mirada, no lo sé… pero accedí a escucharla.

Shaoran se perdió entre sus recuerdos y su voz se llenó de un profundo sentimiento de culpa mientras me contaba esa parte de la historia que convertía a Natsumi en una víctima más del egoísmo, como lo fue él mismo.

Con tan solo quince años, la damita que mi novio describió como dulce e inocente, se enamoró de un joven, hijo de mercaderes. Por supuesto, al ser una señorita de la alta sociedad, el romance que se desarrolló entre ellos se mantuvo oculto. Miradas secretas, cartas de amor dejadas en un tronco hueco y una que otra caricia furtiva cuando la enamorada chica pasaba por el negocio de la familia del muchacho. Todo muy inocente hasta que un día el ardor superó la razón y sucumbieron al deseo: Natsumi se entregó a su enamorado.

―El duque le ofreció una buena cantidad de dinero al mequetrefe para que desapareciera del mapa cuando se enteró, dinero que el cobarde aceptó y Natsumi no supo más nunca de él. La dejó sumida en una profunda depresión ―dijo y frunció el ceño―. Llegados a ese punto, pensé que ese era el motivo por el cual Chadwick había estado tan desesperado como para comprarle un marido a su hija deshonrada; lamentablemente la historia no acabó allí. ―Shaoran me observó con profundo dolor en su mirada―. Natsumi quedó embarazada con tan solo dieciséis años.

Me llevé las manos a la boca para no soltar el gemido de sorpresa y después mi corazón se llenó de desolación porque aun cuando su boca no lo dijo… sus ojos si lo hicieron. Mis ojos se humedecieron y de forma inconsciente me llevé las manos al vientre, sin poder creer que… sin poder imaginar la agonía que esa joven debió pasar.

―La forzaron a perderlo.

Él asintió.

―Por eso el contrato estipulaba que me casara con ella cuando tuviera los veintiún años cumplidos. Natsumi debía recuperarse de toda la basura que le tocó vivir, además de aparentar la emoción de cualquier señorita debutante, porque cabe acotar que Chadwick la obligó a presentarse y sonreír en sociedad como una muñeca perfecta ―masculló entre dientes.

La imagen de la joven en el cuadro, sonriente y con ganas de vivir, apareció frente a mí. Una chica que había pasado por tanto siendo tan joven y… La culpa me rodeó feroz, pesada… Lo peor era que no había manera de pedirle perdón. Mis labios se estiraron en una mueca amarga, porque después de escuchar tanto dolor y tantas penurias, me di cuenta que había sido muy ingenua. Siempre viendo y viviendo en el lado luminoso, cuando en realidad la vida podía llegar a ser muy cruel. Y no solo con las mujeres, también con hombres como Shaoran… y todos ellos se veían en la obligación de mostrar una sonrisa cuando llevaban tanto dolor por dentro.

Lo miré, en verdad lo hice y aprecié la tensión en sus hombros, el tormento en su expresión y el aura lúgubre que lo rodeaba mientras relataba la última parte de su pasado. Aunque Natsumi le ofreció libertad, Shaoran decidió someterse ante el duque para ayudarla. La insípida boda se llevó a cabo y ambos se creyeron perdidos con el "sí, acepto", pero pronto descubrieron que ese matrimonio no sería tal condena ya que, en la compañía del otro, no eran necesarias las máscaras.

Shaoran pudo llevar esa vida tranquila a la que siempre aspiró y Natsumi recuperó sus ganas de vivir y de sonreír gracias a él. Poco a poco dejaron de importar la sombra del duque y sus intenciones de controlarlos porque, sin pretenderlo, lo vencieron en su juego de dominio al hallar la verdadera libertad estando juntos. Eso los llevó a compenetrarse de tal manera que, por voluntad propia, Shaoran le abrió su corazón y ella correspondió con todo su ser. Se convirtió en la musa que lo ayudó a crear Inocente Frenesí, las memorias que Luke narraba en Pasiones Líricas… Con esa revelación comprendí que el protagonista era el mismo Shaoran y la melancolía que se había adueñado de su escritura me auguró el triste final… teñido con el negro de la muerte.

―No fuimos bendecidos con hijos, aunque no nos preocupó realmente porque pensamos que vendrían después. ―Soltó un suspiro entrecortado y desvió la mirada empañada de tristeza―. Un después que jamás llegó.

Mis ojos se humedecieron cuando oí el nombre de la terrible y mortal enfermedad que se llevó a la condesa: el síndrome de oncos. No había cura para tal afección, solo paliativos que permitían alargar el tiempo del paciente; ella los rechazó todos porque no deseaba esa agonía para ninguno de los dos.

Shaoran se dio la vuelta para no mostrarme la expresión en su rostro cuando tuvo que contarme de ello. Fue el bajo tono de su voz lo que me hizo saber que, aun cuando lo había superado, rememorar una pérdida tan importante siempre resultaba difícil y doloroso.

El desenlace llegó una tarde de verano. Natsumi se marchitó con rapidez ante los ojos de su abnegado esposo… y partió con una sonrisa, un "gracias", un último beso y una promesa:

―Me hizo jurarle que continuaría con mis sueños y que sería feliz… Pero aun sabiendo esto, aun cuando estuvo presente cuando ella dio su último aliento, el hipócrita de Chadwick me culpó de ello y juró que me haría pagar. ―Se acercó en dos zancadas largas y me tomó de las mejillas para hacerme mirarlo―. ¿Lo entiendes, Sakura? Él es quién está detrás de esto y no puedo permitir que te haga daño… no puedo permitir que mi pasado te alcance.

Su voz fue fuerte y protectora, pero detrás de eso estaban ocultos su miedo, sus culpas y rencores que ejercían presión en él; lo subyugaban de tal forma que me partió el corazón… No quería verlo así. Deseaba ver su sonrisa ladina, deseaba que… en verdad fuera feliz porque se lo merecía después de tanto y que dejara de convivir con los demonios del pasado; eso no era vida. Y tal vez estaba siendo ilusa y hasta un poco pretenciosa por aspirar a convertirme en el bálsamo que sanara sus heridas, mas no renegué de ese ferviente anhelo.

Alcé ambas manos y acaricié su rostro como si quisiera borrar de él la pena y el sufrimiento… Entonces nació una sonrisa en mis labios y brotaron las palabras que mi alma deseaba revelarle:

―Te amo, Shaoran.

El asombro que apareció en su cara no importó y, envalentonada por el torrente de emociones dentro de mí, me alcé en puntillas y le di un beso que seguramente dejó en sus labios el salado de mis lágrimas. Ya no me interesaba cuanto había amado a Natsumi, ni lo que había pasado en su vida porque eso era parte de su pasado y yo lo aceptaba con todo. Sus errores, sus defectos... incluso sus rencores que me esmeraría en ayudarle a sanar, para mirar al futuro que se extendía frente a nosotros.

Superada la sorpresa provocada por mis palabras, Shaoran juntó nuestras frentes y cerró sus ojos para invitarme con ese silencioso gesto a hacer lo mismo. Lo hice y escuché su voz:

―Sakura, yo amé mucho a mi esposa y no la olvidaré jamás, pero eso no quiere decir que no haya espacio para ti, aquí. ―Tomó mi mano y después de dejar un beso largo y profundo en ella, me permitió sentir los latidos vertiginosos de su corazón―. Ya habitas aquí, mi lady Suspiros, te pertenece… y por eso temo tanto por ti. Porque no podría soportar otra pérdida ―hizo vibrar mi alma de una emoción indescriptible.

―No vas a perderme ―dije con voz partida y cuando abrí los párpados, noté que una lágrima bajaba por su mejilla. La limpié con abnegación y dejé en su lugar un beso―. Estoy aquí… siempre estaré aquí… por eso no debes pelear solo. ―Shaoran me observó interrogante―. No estás solo, ya no más. Por eso, si vas a enfrentar al duque, yo lo haré contigo.

―No te pondré en riesgo.

Le impedí que se alejara al ejercer mayor presión en mis manos.

―El duque quiere separarnos porque piensa que tú no mereces la felicidad, por eso decidió enviarme las notas a mí. Para fomentar el miedo y hacer que me aleje. Yo no le daré el gusto. ¿Se lo darás tú?

Su mirada se llenó de determinación.

―No.

Mis manos se cruzaron detrás de su nuca y esa vez fui yo la que promovió la unión de nuestras frentes.

―Entonces lo enfrentaremos juntos.

―Sakura…

―Lo haremos ―enfaticé y lo miré―. Si parece no haber motivos para reír, los buscaremos. Si parece no haber esperanza, vendremos aquí, a nuestro santuario de osadía para nutrirnos de ella porque la vida, sin importar lo que pase, sigue. ―Sus manos se cerraron en mi cintura y me acercó más a él―. Vamos a caminar hacia delante, vamos a perseguir nuestros sueños y luchar por nuestra felicidad… Juntos, Shaoran. No me apartes.

Shaoran cerró sus ojos por un momento y mostró su lucha interna entre el deber que tenía como mi marido y lo que yo le pedía, pero al final, cuando sus soles volvieron a iluminarme, lo hicieron con una fuerza que hizo vibrar todo mi ser.

―Entonces… déjame hacer bien las cosas ―musitó y marcó una corta distancia, la suficiente para mirarme a los ojos―. Sakura Kinomoto, aun con todos mis desatinos, con mi pasado y mis rencores que pienso erradicar… ¿puedes aceptarme?

Ante tales palabras… colmadas de tanto anhelo y sentimiento, asentí y busqué sus labios húmedos en un beso que no buscaba avivar la pasión, sino más bien una caricia sanadora que sabía a una promesa de vida. Una unión que iniciaba ese día y creaba a nuestro alrededor una felicidad que no podía ser descrita con palabras mundanas, sino demostrada en los ojos de los amantes que no podían dejar de buscarse y amarse. Sí… amarse porque Shaoran me amaba con todo su corazón. Me lo decían sus labios, sus caricias y su mirada.

Y aun cuando el momento pasó y abandoné su casa, al volver a vernos en la noche para celebrar con familiares y amigos nuestro compromiso… siguió viva y latente la chispa de la decisión que habíamos tomado juntos de seguir adelante sin importar nada más.

Porque el duque jamás fue el dueño de Shaoran ni de Natsumi, y tampoco lo sería de mí. Eso se lo demostraríamos.

El camino hacia la libertad de mi Erudito de las Sábanas comenzó a escribirse hace mucho y era hora de que se consolidara. Miré el anillo que ahora portaba en mi dedo anular y luego la sonrisa ladeada que coronaba siempre sus labios seductores; yo me aseguraría de ello.

Capítulo veintiocho listo, posiblemente uno de los más esperados ya que descubrimos todo el pasado de nuestro conde. Uno que pudo acabar con él, pero tomó las decisiones que lo llevaron a convertirse en quien es en este punto y nos sentimos orgullosos de él * abrashito *.

Lo más hermoso de todo, es que todo esto fortalece los lazos que existen entre ellos y también la decisión de nuestra Ama, o es lo que busqué transmitir y espero haberlo logrado.

El próximo domingo no tendremos capítulo, así que nos leemos el 20/03 con la continuación en una clase muy peculiar muahaha.

Quiero aprovechar para expresar mi descontento con Fanfiction porque no solo no envió la notificación de actualización, tampoco de sus mensajes :( fue hoy que me di cuenta que tenía comentarios. En verdad, les agradezco mucho por tomarse un tiempito para hacerme saber sus impresiones, saben que son muy valiosas para mí y siempre contesto. Así que ahorita mismo les contesto.

Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)

Gracias por su cariño y por estar a mi lado en cada historia que inicio, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar :D

Un enorme beso para todos,

CherryLeeUp.