¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.

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Queda terminantemente prohibida la copia parcial o total, así como el uso de escenas o la trama sin mi consentimiento.

Bueno a comenzar :D

La dama de medianoche

Capítulo 31

Si bien el chisme era una actividad en la cual no me gustaba participar, más cuando había sido víctima de varios, debía admitir que en boca de Tomoyo y Fanren parecía un arte. Ambas hacían despliegue de todo su encanto y destreza para que las palabras sonaran más a una noticia adornada, y se picaban la una a la otra para llegar juntas a las conjeturas deseadas.

―Siendo honesta, era algo que se veía venir. ―Tomoyo bajó la taza―. Lady Margaret le puso el ojo a lord Melford desde su presentación en la velada floral.

―Según recuerdo es un caballero muy apuesto. ―Fanren hizo un movimiento con su mano, como si lo estuviera dibujando―: Alto, hombros anchos, ojos verdes muy intensos y un rebelde cabello negro noche.

―Es un engreído ―no pude evitar murmurar, demasiado alto para mi mala suerte.

Escudé mis mejillas rojas detrás de mi taza al escucharlas reír con ligereza.

―Lo que sucede es que lord Melford le ofreció sus atenciones a Sakura en algunas veladas y fue bastante…

―¿Casquivano, energúmeno, petimetre? ―Fanren sonrió de lado―. No tuve la oportunidad de departir mucho con el conde, pero sí escuché de él y cualquiera de esas palabras lo podrían definir muy bien. ―Nos guiñó el ojo como lo haría su hermano mayor―. A pesar de ello, imagino que lord Berkel debe estar muy satisfecho con el futuro enlace.

―¡Oh, por supuesto que lo está! Después de todo, su hija se ha llevado a uno de los diamantes de la temporada y será la duquesa de Linvale cuando el conde herede el título.

―Debe ser la boda más esperada de la temporada, entonces.

Bajé la mirada a la taza cuando los ojos azules de Tomoyo se posaron sobre mí.

―En realidad, querida Fanren, la boda que todos esperan es la de su hermano con nuestra Sakura. ―Su mano palmeó la mía―. No hay nada más interesante que una boda por amor en estos días y ellos derrochan miel a donde quiera que van, ¡si pudiera verlos!

―¡Oh, por supuesto que me los imagino! Conozco a mi hermano mejor que nadie. ―Dejó libre una risa musical que me hizo sentir más cohibida―. No se apene, Sakura. ¡Es hermoso! Y también debería estar un poquito satisfecha al saber que su boda será uno de los eventos más esperados, ¡por encima del enlace de la hija de un duque!

―En realidad, me gustaría que fuera más bien un evento íntimo y sencillo porque los preparativos me tienen agotada ―suspiré.

―Y eso que mi madre no se ha involucrado por estar pendiente de Xiao Mei, como pudo ver al llegar.

Hice una mueca, porque aun cuando la condesa viuda no participaba activamente, mantenía estrecha correspondencia con mi madre para que todo fuera perfecto en la boda. La lista de los platillos que se servirían en el banquete la había preparado ella, y había añadido un sinnúmero de nombres a la lista de invitados de los cuales apenas había escuchado mencionar. Y eso que íbamos iniciando… no quería ni imaginar cómo sería el gran día. Por eso, cada vez que me tocaba repasar detalles con mi madre, me parecía más tentadora la idea de fugarme a Warleem con Shaoran.

―Bueno, viendo de primera mano lo atareada que ha estado, he decidido perdonarla por haber tardado una semana en venir a visitarme ―se burló Fanren.

En esa ocasión, subí la taza para ocultar el pequeño arco en mis labios. Era cierto que los preparativos para la boda me tenían ahogada, sin embargo, no era el motivo principal. Había invertido la mayor parte del tiempo en mi novela y la planeación del nuevo proyecto entre la Ama de los Suspiros y el Erudito de las Sábanas.

Tener un mentor que supiera encarrilar mi creatividad había superado con creces mis expectativas, porque más allá de la forma que tenía Shaoran de hacerme ver mis errores para corregirlos, él potenciaba mis puntos fuertes. Entre nosotros se había formado una compenetración casi natural que convertía la tarea de crear en una aventura y eso era… inefable.

Por eso habíamos avanzado mucho en esa semana y la escena entre Velkan y Samira estaba prácticamente lista; solo quedaban algunos detalles que puliríamos antes de entregarle el borrador al señor Yamasaki. Cada vez que pensaba en ese día los nervios se propagaban en mi estómago porque en verdad quería sorprender gratamente a nuestro editor. Había logrado plasmar lo que quería sin perder el estilo de Yoskida; algo que Shaoran había propiciado con esas asesorías privadas que muchas veces habían terminado en… besos y caricias.

Lo que ocurrió en nuestra primera sesión no había vuelto a repetirse, pero cada roce "accidental" hacía arder la piel y alimentaba las pasiones en las miradas. Así que no desestimaba que termináramos liberando un poco de ese ardor contenido por ambos uno de esos días.

Ese era el otro motivo que me llevaba a considerar la idea de fugarnos, porque esperar mes y medio para ser su esposa y poder entregarme a él, era demasiado tiempo.

―¡Adivinen quién se despertó! ―Al elevar la mirada, encontré a la resplandeciente abuela que llevaba un bultito en brazos.

Fanren recibió a la criatura que hacía tiernos gorgoteos de bebé.

―Les cuento que mi hija es una bribona encantadora que se ha ganado cuanto corazón se topa.

―Es idéntica a su tío ―suspiró la condesa, enamorada―, incluso hace muecas muy similares a las que hacía él cuando estaba de brazos.

―Es decir, que tendrá una legión de bestias picaronas en casa, Sakura. Le deseo suerte. ―Su burla nos hizo reír, a pesar de que la imagen plasmada en mi cabeza, me pareció tierna y deseada en todos los sentidos.

―Por cierto, querida, Nadeshiko me comentó que ya han ido con la señorita Akisuki para ver lo de tu ajuar.

―¡El vestido de novia será de ensueño! ―chilló Tomoyo con alegría―. Dijo que será en tonos rosados y morados para que resalten el color de su cabello. Estoy segura de que Sakura será la novia más envidiada de Aurennor y el conde estará más que complacido.

Aun cuando jamás me había considerado una mujer vanidosa, no pude evitar experimentar un poco de placer al darle la razón.

―No lo dudo ―expresó la mayor de nosotras con sinceridad―. Será un evento por todo lo alto, así que todo debe salir perfecto.

―¡Oh! ―Fanren atrajo nuestra atención; la pequeña Xiao Mei movía su cabecita contra el pecho de su madre―. Alguien parece tener hambre.

―¿No ha conseguido una nodriza? ―curioseó Tomoyo.

―Después de haber luchado tanto por ella, quiero experimentar la maternidad en su totalidad.

―¿Y no es agotador? ―pregunté, curiosa.

―Como diría mi hermano: es deliciosamente agotador. ―Se levantó, riendo―. Lamento tener que dejarlas cuando la conversación está tan interesante, pero después de alimentar a Xiao Mei y dormirla, creo que me uniré a ella en una pequeña siesta.

―No tiene que disculparse, Fanren. ―Me acerqué a ella y después de tocar la mejilla de la pequeña, abracé a la madre―. Trataré de venir más seguido para hacerle compañía.

―Eso sería como una brisa fresca en verano ―expresó y después desvió sus ojos castaños a mi amiga―. Por supuesto, deseo verla también a usted, Tomoyo. En verdad he disfrutado mucho de esta visita.

―Será un placer.

De esa forma, nos despedimos de ambas mujeres y dejamos atrás la casona de los barones Brassington para caminar un rato por el parque Leighton entre sonrisas y más cuentos. Fue inevitable mirar con disimulo a mi alrededor una que otra vez para constatar que nadie nos estuviera siguiendo; una secuela que había quedado en mí, aun cuando la sensación de ser vigilada había dejado de acompañarme, al igual que a Shaoran, según me había comentado.

―¿Estás bien, querida? ―La pregunta de Tomoyo me regresó al momento.

Le sonreí a modo de disculpa y miré al frente, donde jugaban algunos niños en la amplitud verdosa.

―Pensaba en que fue una muy buena idea dejar el carruaje en casa; teníamos tiempo sin pasear por el parque.

―Por supuesto que fue una buena idea, como todas las que tengo ―movió sus hombros, orgullosa, para después echar una mirada disimulada hacia las doncellas que nos seguían―. Esa mujer no me da buena espina.

―¿Tu doncella?

Ella asintió.

―Le pasa informes detallados de todo lo que pasa en casa a la bruja del infierno. Estoy segura.

―¿Y por qué no la despides?

Tomoyo suspiró y extendió su mirada a la lejanía.

―No quiero romper la paz que se respira desde que ella se fue.

―Tomoyo, con sinceridad ―dije, deteniéndome y la tomé de la mano―, ¿cómo van las cosas entre tú y el marqués?

―Podríamos decir que he decidido conformarme con lo que tengo ―mostró una sonrisa triste que me rompió el corazón.

―Tomoyo…

Ella mordió su labio inferior y después prefirió observar al suelo; lucía tan pequeña y perdida como nunca antes la había visto.

―Volvió a bajarme la sangre este mes ―musitó en voz entrecortada.

―Tomoyo, apenas llevan cuatro meses de casados. ¿Y no viste a Fanren? Tardaron más de tres años en concebir… ¡Tres años!

―¡Lo sé, lo sé! Es lo que me digo todos los días, pero… ―interrumpió sus palabras y volvió a bajar la mirada.

―¿Pero qué? ―Su duda me hizo fruncir el ceño―. ¿Acaso el marqués te lo ha reprochado?

Ella negó con la cabeza.

―Fue su madre…

―¿No pasabas de sus críticas?

―No cuando él… las acepta.

―Tomoyo, no te sigo.

Con un suspiro, alejó la vista hacia el lago y por un momento creí que no diría nada más. Entonces, junto con el murmullo del viento, llegó su voz:

―¿Recuerdas la pelea que tuve con él?

―Me dijiste que había sido una tontería. ―Al verla negar con la cabeza, sentí una opresión en el pecho―. Tomoyo, ¿qué fue lo que pasó?

Un suspiro entrecortado abandonó sus labios antes de regresar la mirada a mí.

―Los escuché hablar antes de la mascarada… Estaban en su despacho. ―Mordió su labio, como si dudara de continuar. Apreté su mano para demostrarle que estaba allí con ella, que era importante para mí y que la escucharía. Tomó aire y continuó―: Me llamó insignificante y que él único motivo por el que Eriol me eligió como su esposa fue para llevarle la contraria.

―¡Es una arpía que solo quiere provocar discordia!

La mirada de Tomoyo se volvió cristalina.

―Él no lo negó… pero eso no fue lo que más me dolió. ―Hizo una pausa para retener un sollozo que compartí con ella―. No puedo olvidar sus palabras, Sakura: "la sangre Hiragizawa debe ser perpetuada, aunque sea en las venas de un bastardo si tu mujer no sirve para eso". Le sugirió una amante y él no me defendió. Guardó silencio.

―Pero… ¿por qué no me lo dijiste?

La curvatura triste se dibujó de nuevo en su boca.

―Estabas pasando por un momento difícil y luego… te veías tan feliz con el conde que no quise amargarte con mis problemas.

―Tomoyo. ―La tomé de las mejillas y le sonreí, a pesar del enorme esfuerzo que hacía para no derramar mis lágrimas―. Tus problemas son míos, así como los míos son tuyos.

―Por eso te lo cuento hoy… Me sentía ahogada y… Lo siento mucho, Sakura.

Negué con la cabeza y la abracé, sin importar que nos vieran las personas que por ahí caminaban. Porque ella era mi amiga, mi hermana y siempre sería una prioridad para mí.

―Nunca más, Tomoyo. Nunca más vuelvas a esconderme algo así. ―Ella asintió. Me separé y limpié sus lágrimas con los pulgares―. Pero no puedo creer que mi Tomoyo se quedara tranquila. ¿Encaraste al marqués?

Asintió tras sacar un pañuelo para limpiarse.

―Solo dijo que él ignoraba todo lo que salía de la boca de su madre, que siempre había sido así y que yo debía hacer lo mismo. ―Negó con la cabeza―. Eriol no entiende que mi dolor no se debe a las palabras…

En ese instante, la verdad que escondía su corazón salió a la luz. Tomé su mano y la expuse:

―Te enamoraste de él.

Tomoyo tembló con ligereza y para disimularlo, prefirió enlazar nuestros brazos y reanudar la marcha. Pero yo la conocía tan bien que no me resultó extraña la pregunta que llegó poco después:

―¿Cómo supiste que estabas enamorada de Shaoran?

Había preparado para ese momento un argumento que describía con matices y colores lo que era estar enamorada, mas fue descartado al ver la esperanza en los siempre bonitos ojos de mi mejor amiga. Preferí entonces que la Ama de los Suspiros tomara posesión de mí y expresara lo que era el amor para ella: un sentimiento que nacía y se expresaba de formas diferentes. Algunas veces en el silencio de una mirada, otras con el fervor de las caricias o con palabras que eran capaces de tocar el corazón.

―Nunca es igual, porque depende de aquel que lo profesa y de quién lo recibe. Eso, mi querida Tomoyo, es lo que lo hace único y especial para cada persona.

―Entonces… ¿cómo puedo saber si estoy enamorada de él? ―preguntó con un poco de desespero.

Detuve nuestro andar y la miré con todo el cariño que le tenía. Aunque no era capaz de verlo, ella ya estaba enamorada de su esposo y por eso le dolía tanto que él no la hubiera defendido. Contuve un resoplido; por el cielo juraba que tenía ganas de estrangularlo, pero se lo dejaría a Shaoran, él se encargaría de abrirle los ojos al obtuso de su amigo.

Volví a mi amiga y le sonreí:

―Lo sabrás. Estoy segura de que lo harás y serás una mujer dichosa.

―O desgraciada… porque si él no me corresponde yo… Sakura, ¿cómo sobreviviré a su indiferencia?

―¿Y dónde está la Tomoyo segura de sí misma que siempre me ha impulsado a hacer las peores locuras? ¿La que recita pasionales fragmentos sin pena alguna?

―Ni yo sé dónde la abandoné…

Negué con la cabeza y apunté a su corazón.

―Vive allí, Tomoyo, solo que está asustada porque, por primera vez, se ha encontrado una gran dificultad. ―Le hice señas para que se acercara un poquito más―. Y con respecto a tu rey de hielo, estoy segura que lograrás descongelarlo y encontrarás un corazón cálido que va a sonreír nada más porque tú lo haces. Su felicidad será la tuya.

―¿Tú crees… que será así?

Convencida de mis palabras, asentí, porque ya lo había visto. Los témpanos de hielo de Eriol Hiragizawa se derretían cuando Tomoyo expresaba su alegría y se llenaban de esa misma emoción. Era como si fuera un espejo de su esposa: si ella estaba bien, él también lo estaría, y si ella estaba pasando por tal angustia, podía apostar como lo haría la mismísima lady Colton en la Sociedad, que ese hombre estaba que se arrancaba el cabello por saber lo que le pasaba a Tomoyo.

Solo que era otro ciego que no veía más allá de sus narices.

―Deja al tiempo lo que es del tiempo y concéntrate en lo que realmente puedes hacer, ¿está bien?

―¿Como seducir a mi esposo? ―preguntó en una pequeña sonrisa, haciendo el intento de volver a ser ella misma.

―Esa sería una excelente opción, amiga mía… y puede que un par de citas de Murakami ayuden.

―De eso hablamos hace tiempo ―se rio.

―Cierto, aunque no recuerdo si te conté en aquel entonces que tu marido lee el Librillo del Mal ―dejé caer de forma "casual" y, como respuesta, su cara se llenó de sorpresa.

―¡¿Eriol lee Pasiones Líricas?!

Sonreí, degustando por primera vez el buen saborcillo que dejaba el chismorreo.

―Puede ser…

―Sakura, no juegues conmigo. ―Miró sobre su hombro y después juntó mucho más su cabeza con la mía―. ¿En serio lee el librillo?

―Shaoran me lo dijo, así que puede ser una actividad que lleven en pareja, ¿no crees?

En vez de encontrar las mejillas sonrojadas de Tomoyo, me dio satisfacción observar formarse esa sonrisa entre malévola y traviesa que solía mostrar cuando su mente planeaba algo. Enseguida me pregunté: ¿qué tanto haría sufrir al marqués?

Me dieron ganas de reírme, estaba pasando demasiado tiempo con Shaoran y ya hasta pensaba como él.

Nuestra conversación tomó rumbos más banales después de eso mientras disfrutábamos del sol de la tarde, y me alegró ver que la alegría volví a su semblante. Y como siempre fue, Tomoyo y yo nos encerramos en nuestra propia burbuja donde todo era sencillo.

Al llegar a la caminería desde donde se podía ver el lago entre el follaje de los árboles, Tomoyo me comentaba sobre los próximos eventos a los cuales tendríamos que asistir. De repente, me abordó… un escalofrío desagradable que me petrificó en mi sitio.

No tuve que esforzarme mucho en hallar el origen de mi aprensión, porque justo enfrente había un hombre que, apoyado de brazos cruzados en un árbol, nos observaba sin reparos. Su apariencia no era lo que me daba miedo, ya que llevaba ropas que, a pesar de ser sencillas, parecían pulcras. Lo que provocó el hoyo en mi estómago y que mi corazón comenzara a bombear con toda su fuerza, fue la sonrisa pérfida a la que le faltaba un diente y la postura amenazante de su cuerpo fornido… Parecía estarme retando a huir, para demostrar que sería capaz de encontrarme donde fuera que me ocultara.

Entonces… lo entendí. Ese sujeto debía ser uno de los que estaba detrás de nosotros por órdenes del duque, y si habían salido de las sombras, eso significaba que… me había equivocado. Mi idea de ignorar al noble lo que había hecho era provocarlo y ahora…

―¿Sakura? Te has puesto pálida.

Inconscientemente apreté el brazo de mi amiga al verlo enderezarse e iniciar el recorrido hacia nosotras, con las manos en los bolsillos.

Mis pies retrocedieron sin poder evitarlo, llevando a Tomoyo conmigo. Eso pareció regocijarlo porque su gesto infame se amplió y con su dedo índice me indicó un "no".

―Hermosa tarde, ¿no lo creen, damas? ―expresó en voz áspera y burlona.

―Creo que no hemos sido presentados como para iniciar de buenas a primeras una conversación. ―Ante el tono desdeñoso de Tomoyo, el sujeto profirió una risa de boca cerrada―. Vamos, Sakura.

El hombre dio un paso al costado para frenar nuestro avance.

―Lindura, ustedes harán lo que yo diga.

Escuché como los pulmones de Tomoyo se llenaban a su máxima capacidad, dispuesta a soltar el grito más escandaloso de su vida. Su acción se vio interrumpida cuando nuestro atacante hizo a un lado su chaqueta para revelar el arma que llevaba en la cintura.

―Si no eres una damita estúpida, cerrarás tu boca.

Rápido… mi mente comenzó a trabajar con todo lo que daba. Evalué escenarios e ideas que podían sacarnos de ese embrollo, pero todos estaban velados por las grandes incertidumbres: como el hecho de que no sabía si habría algún secuaz en los arbustos.

―¡Señorita!

―Calma a tu doncella, preciosa ―señaló con su cabeza detrás de mí. Al mirar sobre mi hombro, vi que Chiharu y la otra doncella venían hacia nosotras―. Imagino que no quieres que alguien salga herido por tu culpa, ¿cierto, Sakura?

Eso me enervó y pareció despejar un poco del miedo que tenía, porque solo aquellos que me apreciaban tenían derecho a llamarme por mi nombre.

―¿Está todo bien, señorita? ―preguntó Chiharu con el ceño fruncido.

Si decía que no, se armaría un escándalo que terminaría con alguna de nosotras lastimada y ciertamente era algo que no podría perdonarme, porque no había otro culpable más que yo. Así que enderecé mis hombros y enfrenté la mirada oscura del sujeto.

―Todo está bien.

―¡Excelente! Una chica con cerebro ―aplaudió―. Ahora que ya nos hemos puesto de acuerdo, tú vendrás conmigo ―me señaló.

―¡Sakura no irá a ningún lugar! ―gruñó Tomoyo.

El sujeto solo colocó la mano sobre el arma; la doncella de Tomoyo emitió un gemido ahogado.

―Vendrás conmigo o alguna de tus amiguitas recibirá un tiro, ¿entendido?

Con disimulo, observé a nuestro alrededor y divisé a una pareja pasar por la caminería paralela. Estaban demasiado lejos como para darse cuenta que estábamos siendo intimidadas y gritar no era una opción.

Apreté la mano de mi mejor amiga y asentí.

―No, no… ¡usted no irá con esa bestia! ―dijo Chiharu y miró al hombre―. Lléveme a mí en su lugar.

―¿Y para qué querría a una sirvienta? ―se burló.

―Debo hacerlo y así podrán ir por ayuda ―musité para que solo ellas pudieran oírme.

Como si fuera un caballero, hizo un ademán para que me uniera a él y así lo hice, tratando de mantenerme ecuánime.

―Si alguna nos sigue o escucho algún grito de auxilio, ella pagará las consecuencias ―amenazó y luego sentí que algo punteaba mi costado: un cuchillo―. Te portarás bien, preciosa.

Lo último que vi antes de girarme, fueron los rostros bañados en las lágrimas de terror de mis queridas amigas. Ni siquiera pude sonreírles para tranquilizarlas como había querido hacer, porque un torrente de preguntas invadió mi cabeza y no me dejaba pensar con claridad. Eso quebrantó la poca confianza que había ganado… especialmente porque todo parecía indicar que estaba siendo secuestrada.

Pensé en mi familia, en el miedo que pasarían y lo que eso podría provocarle a mi padre, porque más allá de lo que pudiera ocurrir con mi reputación… la preocupación podría llevarlo a... Mi cuerpo se heló y cerré los ojos para tratar de retener las lágrimas. No podía llorar… no quería llorar y busqué deshacer en vano la pintura del ángel de la muerte abrazando a mi padre, porque enseguida fue suplantada por… Shaoran.

Él… él sabría enseguida que todo habría sido producto de la venganza y se culparía. Jamás se lo perdonaría y estaba convencida de que se haría a un lado para protegerme… Pero yo no podía… no quería que… Las lágrimas comenzaron a fluir sin control, así como los sollozos.

De repente, un chasquido metálico se oyó cerca de nosotros y en el segundo siguiente me vi retenida por el fuerte y violento brazo de mi captor. El miedo se materializó en un gimoteo tembloroso y al sentir el frío y puntiagudo metal contra mi cuello dejé de respirar.

―Deje ir a la dama ―expresó una nueva voz masculina.

―Maldición ―gruñó el que me tenía presa.

Un hombre apareció en mi campo de visión; vestía de negro por completo, incluso el sombrero. Su arma apuntaba hacia nosotros, así como sus ojos azules que revivieron mi esperanza.

―Baje el cuchillo y déjela ir.

―¿Acaso crees que soy estúpido? ―se mofó―. Si la suelto, no saldré caminando de aquí. ―La presión del metal me hizo retener el aliento.

―Si lo hace, le doy mi palabra de honor de que no lo seguiré. Lo único que me importa es el bienestar de ella.

Por algunos segundos, mi captor no dijo nada, quizás evaluando sus opciones, hasta que al fin su aliento golpeó mi nuca en su respuesta:

―Lo tomaré, pero dejaré el mensaje por el cual me pagaron. ―Su agarre se fortificó en mi abdomen y después su voz se escuchó en mi oreja―: No importa dónde te escondas o quienes estén a tu alrededor, llegaremos a ti, Sakura. Este ensayo se convertirá en una realidad si no accedes a hacer lo que mi señor demanda… aunque por mí puedes seguir negándote para que nos divirtamos un buen rato, si sabes a lo que me refiero, ¿cierto, lindura? ―Me removí asqueada cuando apretó mi cintura. Él se rio y presionó más―. Quedas advertida.

El metal laceró mi piel y después me vi arrojada al frente con fuerza. Antes de caer al suelo, unos brazos me recibieron y después lo escuché hablar con otra persona. Un pañuelo fue colocado en el lugar donde debía tener la herida, pero estaba tan confundida, aterrada y… no sentía las piernas.

Los brazos que me protegían hicieron mayor presión y luché… En verdad luché para no caer en la inconsciencia. Un remolino de voces me rodeaba y entre todas ellas reconocí a mi mejor amiga. Su nombre salió de mis labios, pesado y disonante.

―¡Aquí estoy, Sakura! ―Su mano tomó la mía y me transmitió esa seguridad de estar en casa. Entonces, la vorágine oscura que deseaba tragarme se hizo tan grande que apenas fui consciente de estarme moviendo.

Después, oscuridad.

Al volver en mí, abrí los párpados, parsimoniosos, y reconocí el techo de mi habitación. Al tratar de mover la cabeza, el escozor en mi cuello terminó por alinear mis sentidos y recordé… Toqué el lugar donde debía estar la herida, debajo de la mandíbula; habían colocado un apósito.

―¡Ha despertado! ―escuché la voz de Tomoyo.

Una mano se posó en mi frente con suavidad y entonces encontré los ojos de mi madre y detrás de ella… la aflicción de mi padre. Me llené de angustia al verlo y cuando traté de enderezarme para constatar por mí misma de que estaba bien, un mareo me hizo desistir.

―Todo estará bien, querida. Estás en casa ―musitó mi madre.

―Padre… yo…

―Tranquila, cariño, estoy aquí. ―Entre la bruma lo vi acercarse y se sentó a mi lado para refugiarme entre sus brazos cálidos―. Fue solo un susto, estás a salvo, mi niña.

Me aferré a él, dando gracias por tenerlo allí conmigo y que ninguno de mis miedos se había cumplido.

―Lo mejor será pedirle un té para calmar los nervios, un robo no se supera tan fácil ―se apresuró a decir Tomoyo.

¿Robo? Observé a mi amiga conversar con mi madre; a pesar de mostrar una pequeña sonrisa que buscaba ser solícita, yo la conocía mejor que nadie. Sabía que detrás de ese gesto debía estar el miedo que aún debía tener y todas las dudas... A pesar de ello, Tomoyo había buscado el modo de manejar el evento de la mejor forma posible para evitarle una preocupación mayor a mi padre… y no tenía palabras para agradecerle.

―Ahora que has despertado, podremos encargarnos de lo demás ―dijo mi padre, atrayendo mi atención―. Esto no puede pasarse por alto.

―Padre... fue s-solo un susto. Además usted no debe…

―Por supuesto que debo y lo haré ―sentenció con firmeza para después ser atacado por su fuerte tos.

Mis manos fueron a su pecho que se sacudía y a su espalda; pronto mi madre llegó a nuestro lado con un vaso de agua que él rechazó con un gesto de su cabeza.

―Es por esto que se lo digo, no tiene que esforzarse.

―S-soy tu padre… y, bendito Dios… todavía estoy vivo y haré lo que debo hacer ―expresó y se levantó con ese porte que lo caracterizaba―. Le escribiré a Touya… J-juntos iremos a la estación de policía… a poner la denuncia.

No seguí negándome para que no volviera a agitarse y también porque sabía que sería inútil.

Mi padre dejó un beso en mi frente y salió de la habitación entre tos y tos que trataba de disimular. Mi madre se quedó viendo la puerta por donde él había desaparecido y pude reconocer en ella esa preocupación y adoración, porque era lo mismo que sentía por Shaoran.

―Vaya, madre. Acompáñelo y asegúrese de que está bien. Tomoyo cuidará de mí.

―Aprovecharé de pedir un té para ti, querida ―sonrió débilmente y se apresuró a darle alcance.

Cuando el silencio llenó mi habitación, Tomoyo no perdió tiempo en acercarse a mi cama. Tomé sus manos y las apreté con toda mi fuerza.

―Gracias, en verdad… y lo siento tanto. ―Al escuchar mi voz quebrada, los brazos de Tomoyo me envolvieron.

―No tienes porqué ―dijo, acariciando mi espalda―. El agente me dijo lo que tenía que hacer y decir.

―¿El agente? ―me separé, limpiando las lágrimas.

―El hombre que te rescató; me dijo que es un agente que ha estado cuidando de ti por órdenes de Shaoran.

―¿Qué…?

―Sakura, ¿qué es lo que está pasando? ¿Por qué necesitas que…?

La voz de Tomoyo se hizo difusa porque mi cabeza empezó a girar. Si ese hombre había sido enviado por Shaoran, entonces… él ya debía saberlo todo. Me llevé las manos a la cabeza mientras pensaba lo que podría decir o hacer para evitar que hiciera una locura, pero no había nada… absolutamente nada porque no me encontraría frente a mi prometido sino en presencia del mismísimo dios del caos.

Hundida en la incertidumbre, no quise responder preguntas ni tomar el té que mi madre trajo después; solo me dediqué a mirar el reloj y contar los minutos que tardaría en aparecer.

Seis minutos pasaron cuando llegó Wilkinson para anunciar la llegada de lord Reever y Tomoyo siendo tan… ella, se disculpó conmigo y prometió regresar tras aclarar las cosas con su marido. Me di cuenta de que estaba un poco mejor al pensar que había sido una lástima perderme ese pequeño encuentro. Sin embargo, no era suficiente para aliviar el peso y el temor que gobernaba mi corazón.

El tiempo siguió su avance y exactamente veintidós minutos después escuché pasos fuertes en el pasillo. En el momento en el que mi madre se preguntó quién sería, tomé aire varias veces para calmar mis latidos desbocados, algo que fue en vano porque mi cuerpo no hacía más que temblar.

La puerta se abrió de lleno.

La figura de Shaoran apareció. No se detuvo a saludar a mi madre ni a pedir su permiso, porque sus ojos estaban puestos en mí… solo en mí. Abrí la boca dispuesta a liberar cualquier palabra que pudiera calmar el tormentoso miedo que se asomaba en su mirada. Todas ellas se ahogaron en mi garganta por la intensidad de las emociones que él proyectaba, y lo único que atiné a hacer fue extender mi mano que fue tomada por la suya de inmediato.

―Shaoran, yo… yo…

Él hizo caso omiso a mi intento y se sentó a un lado, dejando un beso largo en mi mano, para después musitar un lo siento sobre la piel de mis nudillos que destrozó mi corazón.

―Es mi culpa.

―No, fue mía. Yo fui quién subestimó al duque ―susurré y lo tomé de las mejillas para verlo.

Grave error, porque en ese momento fue que sus ojos repararon en el apósito en mi cuello.

Cuando tocó el lugar donde había sido herida, su mandíbula se hizo de piedra al punto de temblar y sus ojos irradiaron tanta ira, dolor y… culpa, que me privaron del aire. Ya no vivían allí los soles que yo amaba… porque ardía en ellos el Serhyentel, la destrucción final según la cultura Corhya y que Alioth provocaría con su despertar.

―Se acabó. ―Al levantarse, mi mano se movió rápido y pude apresar la suya.

Bajó la mirada a mí y me sorprendió ver tanta… frialdad.

―Por favor, no hagas una locura… Amor, no lo hagas.

―Sí que lo haré ―expresó en voz contenida.

Se liberó de mi agarre con su otra mano y salió de mi habitación sin mirar atrás, ignorando las veces que clamé su nombre mientras las lágrimas brotaban.

Me fallaron las piernas al intentar levantarme, entonces los brazos de mi madre me envolvieron y en su pecho descargué el dolor y la angustia que amenazaban con ahogarme. No importaron las palabras de aliento que mamá me dijo o la promesa que Eriol Hiragizawa dejó a través de Tomoyo de calmar a Shaoran… Nada importó porque yo sabía que el odio que esos hombres se profesaban era tan nefasto y grande que solo sería saciado con una muerte.

Tenía que… No, era mi deber hacer algo; la pregunta era ¿qué?, ¿qué podía hacer yo para hacer desistir a Shaoran? Tiempo después, en la oscuridad de mi habitación, recordé aquel día en el que me había hecho una pregunta similar, solo que en aquel entonces había sido por Touya.

Sacudí la sábana de mi cuerpo y me apresuré al armario. Removí y removí hasta dar con el pequeño baúl donde tenía resguardadas las ropas masculinas de Nao que usaba para escaparme de casa. Estaba asustada… por Dios juraba que sí, pero era más grande mi amor por Shaoran e iría por él.

―¿Qué haces?

Alcé la vista sintiendo como el corazón se me iba por la boca; los ojos de mi madre que habían adquirido el resplandor de la vela que llevaba en sus manos, alternaron entre las ropas que sostenía contra mi pecho y yo. En mi mente se formaron varias excusas que cualquier persona creería, pero no Nadeshiko Kinomoto… Las prendas de mi hermano resbalaron de mis manos y con ellas mi esperanza de salvar a Shaoran.

Y mientras las lágrimas silenciosas iniciaban el camino por mis mejillas, un suspiro largo emergió de su pecho al sentarse a mi lado. La palmatoria fue colocada en el suelo y sostuvo la levita en el aire.

―Esto es de Naochi.

―Se… molestaría mucho si la oye llamarlo así ―musité con voz ronca.

―Él sabe muy bien que guardo ese apodo para momentos especiales… como cuando decida cortejar a una dama decente ―se rio, doblando la prenda―. Sakura, sé que lo que pasó no fue un simple intento de robo. No hice mayor revuelo porque sabemos que eso hubiera afectado mucho más a tu padre ―dijo para mi sorpresa―. Cariño, puede que parezca serlo algunas veces, pero no soy tonta.

―Jamás he creído…

―Lo sé ―se rio y acarició mi mejilla―. La reacción de lord Wemberly fue demasiado explosiva, así que imagino que esto fue obra de algún enemigo suyo.

―Se matarán, madre… Si no hago algo… puedo perderlo y yo… yo no podría…

Mi madre limpió las lágrimas y después pellizcó mi nariz como muchas veces lo había hecho durante mi niñez.

―Sin llorar, querida. Tú eres la tenacidad de los Kinomoto, ¿recuerdas?

―Ahora… no me siento… tan fuerte.

―Pues debes porque tienes una misión que cumplir.

―¿Eh?

Se levantó e iluminó el camino fuera del armario; seguí sus pasos a pesar de no entender sus palabras.

―Conozco a mi niña perfectamente ―dijo al girarse―. Así que imaginé que harías algo como esto y prefiero ayudarte, a que te escapes sola de casa y corras más peligro.

No podía dar crédito a sus palabras. Ella en verdad… Mis ojos se llenaron de lágrimas de nuevo, aunque esa vez fueron de alivio y de una enorme gratitud que me hicieron abrazarla con fuerza, mientras le decía cuánto la amaba y le agradecía por ese gesto.

―Ya ya… no quiero llorar y tampoco arrepentirme. Así que ve vistiéndote que yo prepararé todo con el señor Miyake.

Asentí y corrí al armario. Estaba por quitarme el camisón cuando mi madre volvió a asomarse.

―Una cosa más.

―¿Sí?

Mordió su labio inferior y en sus ojos aparecieron los cuestionamientos internos que la estaban agobiando. Mis mejillas ardieron porque sabía muy bien lo que pasaba por su cabeza, pero también se dibujó en mis labios una sonrisa colmada de ternura y amor.

―No es necesario.

―Dios bendito, espero que sea por la cantidad de libros que lees y no por lo que estoy pensando.

―Es por los libros ―me reí.

Aclaró su garganta y enderezó su espalda.

―Si llega a… si esta noche llega a… Buen Dios ―musitó―. Sakura, si eso llega a pasar me lo dirás, ¿está bien? Porque si hay consecuencias tendremos que manejarlo y…

―Se lo diré, se lo prometo.

Su mirada se volvió tan cristalina como un espejo y entonces me abrazó fuerte, como si fuera un grandioso tesoro que estaba dejando ir.

―Tenacidad, mi niña. Esa siempre has sido tú. Confía en ti misma y todo estará bien.

Acepté sus palabras y sentí como esa osadía empezaba a recorrer mis venas, así como la perseverancia y la devoción que sentía hacia ese amor inconmensurable. Eran las características de la flor que Shaoran me había hecho ver que vivía en mí, la dama de medianoche que se volvería eterna.

Capítulo treinta y uno y nos trajo de todo, pero marca ya el climax. Estamos a nada del final de esta historia y espero de verdad que lo disfruten y les agradezco a todos por su maravillosa compañía.

¿Qué creen que pasará en el siguiente capítulo? ¿Qué encontrará nuestra ama? Porque el conde está que echa humo por las orejas y no es para menos. Solo les adelantaré que… narra él :D Para que nos cuente como se siente y otras cosas xD

Nos quedan 4 capítulos + el epílogo. Una vez más, muchas gracias por acompañarme y por tomarse un tiempito para hacerme saber sus impresiones. Saben que son muy valiosas para mí, porque no solo se trata de saber que les gusta lo que escribo, sino de saber cómo cada uno hace de mis historias parte de ustedes. Es muy bonito saberlo y por eso lo agradezco mucho.

Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :) Pero hoy más que nunca le expreso mi gratitud y mi cariño a mi hermana Wonder que está de cumpleaños y a quien le dedico, no solo el capítulo, sino la historia en sí porque nació como un regalo para ella. Un oneshot que ya superó los treinta capítulos hahaha.

Gracias por su cariño, chicos, y por estar a mi lado en cada historia que inicio, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar.

Un enorme beso para todos,

CherryLeeUp.