¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.

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Queda terminantemente prohibida la copia parcial o total, así como el uso de escenas o la trama sin mi consentimiento.

Advertencia: capítulo con contenido adulto.

Bueno a comenzar :D

La dama de medianoche

Capítulo 32

Shaoran Li

La culpa y el miedo me carcomían el alma. Devoraban poco a poco la razón con esos malditos: "¿qué hubiera pasado si…?" que aparecían sin control y no hacían más que atormentarme. Una vida sin sus sonrisas, sin sus colores… No más letras dulces y rebosantes de amor.

Había pasado por esa misma sensación solo una vez, aquel oscuro día en el que Natsumi fue sentenciada a muerte. Un terror helado capaz de petrificar… y si no era así en ese instante se debía a la furia que fluía por mis venas como río embravecido; al apremio de hacer algo porque, esa vez, mi enemigo era de carne y hueso, capaz de sentir, sufrir y ser destruido.

Y así sería.

Un golpe ligero en mi pierna me extrajo de mis pensamientos; cortesía del bastón de Takeshi. Sus ojos verdes apuntaron al frente para que regresara la atención al agente Yue, pero siendo honestos, no me interesaba saber cómo habían logrado atrapar al hombre que intentó secuestrar a Sakura. Solo quería tener frente a mí a ese pedazo de mierda para hacerle pagar con creces la herida en su cuello.

―Desde luego, interrogamos al sujeto antes de entregarlo a la policía.

―¿Y confía en lo que le dijo? ―preguntó Takeshi.

―En Edras, nuestros métodos son… enérgicos, por decirlo de alguna manera ―mostró una sonrisa torcida―. Nuestro jefe puede hablarles al respecto.

Conociendo el lado oscuro de Eriol, no lo ponía en duda y me satisfacía saber que el bastardo había sufrido un poco.

Nos contó entonces que durante el "interrogatorio", el tipejo reiteró una y otra vez que solo debía simular que secuestraría a Sakura, porque su objetivo real había sido pasar el mensaje para asustarla. Dinero fácil fue lo que debió pensar, al no saber que su presa contaría con un protector especializado.

Imbécil.

―¿Confesó quién lo contrató? ―pregunté.

El agente Yue asintió con la cabeza.

―Alto, piel aceitunada, contextura fuerte y de acento extranjero. No pudo darnos más información porque el sujeto siempre fue cubierto con una capucha.

―Un intermediario ―gruñí.

―Es lo más probable, pero de alguna manera debe llegarle la información al duque ―expresó el agente y sus ojos azules se posaron en mí―. He colocado un par de hombres en las inmediaciones de la mansión; también le he ofrecido más dinero a la sirvienta que nos ha estado pasando información para que esté atenta: si alguien sospechoso visita a lord Chadwick en las próximas horas, lo sabremos, su señoría. Solo le pido un poco de paciencia.

Aun cuando mi cabeza se movió en forma afirmativa, en mi mente dije lo contrario. Esa visita me había servido únicamente para terminar de asentar mi decisión: ya había aguantado a ese anciano por ocho largos años, primero por mi familia y luego por consideración con Natsumi; no esperaría más.

―Eriol debe estar ya en tu casa ―dijo mi amigo, una vez dentro del carruaje―. Tranquilo, entre los tres veremos qué hacer para salir de esto.

Sabía que su intención era apaciguar la rabia para evitar que cometiera una insensatez; pero lejos de sofocarla, lo que yo quería era… venganza. Así, mientras veía como la noche se apoderaba de Zándar a través del cristal, juré hacer todo lo que estuviera en mis manos para que Hirokazu Sanada pagara, una a una, las lágrimas y gotas de sangre que Sakura había derramado.

Cuando el coche se detuvo tiempo después, prácticamente salí de un salto. En el vestíbulo Wei nos recibió y, como había dicho mi buen amigo, informó que Eriol ya esperaba por nosotros en el despacho.

―Ese es otro que debe estar a nada de lanzarse a la yugular de Chadwick ―masculló, detrás de mí, y le di la razón.

La tranquilidad con la cual Eriol había actuado delante de Tomoyo, formaba parte de esa máscara a la cual él estaba habituado y le había servido para no alterar más a la pobre muchacha. Pero cualquiera que se hubiera detenido a observarlo por más de un minuto, habría descubierto el tempestuoso océano que ansiaba su liberación, para llevar al inframundo a la rata inmunda que había asustado a su mujer.

Ese era precisamente el lado oscuro de Azruel.

Al abrir la puerta, lo distinguí en el centro del salón. La ira había menguado pero seguía latente en su mirada ceñuda.

―¿Cómo está Tomoyo?

Liberó el aire entre un suspiro y un gruñido contenido.

―Me costó un poco de trabajo, pero logré tranquilizarla y la dejé dormida en casa. ―Se cruzó de brazos―. Por cierto, los Kinomoto decidieron ir a poner la denuncia, a pesar de reiterarles nuestra disposición de encargarnos de todo.

―Lo bueno es que encontrarán al tipejo tras las rejas ―reveló Takeshi.

―¿Mis agentes lo entregaron? ―Afirmé en un movimiento parco―. Espero le hayan sacado información antes de eso.

Lancé un bufido profundo y la licorera fue mi destino; necesitaba un maldito trago. A medida que Takeshi lo ponía al corriente de los hechos, la presión de mis dedos en el cristal fue en aumento hasta hacer temblar el líquido ambarino.

El fuego abrasó mi garganta al beber el licor de un trago; ¿por qué? ¡¿Por qué no había pistas que lo involucraran con los ataques?! ¡¿Qué infiernos no estaba viendo?!

―Shaoran, necesitamos que te…

―Takeshi ―le corté y me di la vuelta―. Si alguno dice la palabra "calma" o cualquiera de sus sinónimos, juro que los golpearé.

―Esto de ser la conciencia del grupo no se me da. Te lo dejo, Azruel ―refunfuñó y se dejó caer en el sofá y apoyó la pierna en la mesa central sin ceremonia alguna.

Eriol exhaló y cuando posó sus ojos azules en mí, le lancé una advertencia silenciosa que no lo alteró ni un poco.

―Sírveme un trago, Alioth. Yo también lo necesito.

Gruñí y me di la vuelta para llenar un nuevo vaso; odiaba que usaran mis tácticas contra mí mismo.

―Jamás había visto a Tomoyo tan asustada ―musitó cuando le extendí su bebida―. Sus manos no dejaban de temblar y me sentí…

―¿Impotente, inútil, miserable?

Él asintió.

―La abracé y le pedí perdón en silencio, aunque por dentro me pregunté: ¿De qué sirve tener una red de agentes si no pude evitarle tal terror? Y si yo me siento así, puedo hacerme una idea de cómo te sientes.

―La frustración no es lo que me asfixia… sino la culpa ―dije con voz temblorosa y dejé el vaso en la mesa con tanta fuerza que pensé que saldrían volando los cristales―. ¡Lo único que me aplacará es hundir mi puño en su rostro!

―Pues dejarlo irreconocible no es una opción ―espetó Takeshi desde el sofá, ganándose una mirada airada de mi parte―. Shaoran, no estamos en la universidad. Nos estamos midiendo con un jodido duque que ha sido lo suficientemente inteligente como para cubrir sus pasos.

―¡¿Crees que no lo sé?!

―Pues no lo parece ―devolvió―. ¿Quieres destruirlo y hacerlo pedir perdón de rodillas? Eso requiere de un plan y para idearlo, amigo mío, necesitas cal-ma.

―En eso Takeshi tiene razón. La ira te ciega y no puedes ver más allá de tus narices.

―No puedo tranquilizarme sabiendo que ese imbécil puede ir por Sakura en cualquier momento y… ―Me dejé caer en el sillón y sumergí los dedos en mi cabello.

―Déjanos ayudarte, como siempre ha sido. ―Eriol palmeó mi hombro.

Tomé una profunda inspiración y asentí.

―Propongan… prometo escuchar.

―Primero lo primero: debemos identificar su punto débil.

―En eso le doy la razón, su señoría. ―Mi piel se erizó al escuchar la fina voz.

El tiempo se ralentizó cuando la vi en el umbral de mi despacho, ataviada con las ropas masculinas que solía usar para verse conmigo en la clandestinidad.

De inmediato, transitaron por mi mente todos los peligros a los que pudo haberse enfrentado de camino a la mansión. Grandes terrores que me sacaron el aire de golpe. La angustia se mezcló con la molestia y sirvieron de alimento a mis enérgicos y furiosos pasos que reverberaron en el piso.

Sakura dio un paso atrás, mas no desvió la mirada. Levantó el mentón para desafiarme y eso me encrespó mucho más.

―¡¿Acaso has perdido la razón?!

―Mis padres saben que estoy aquí.

―Me importa un infierno si ellos saben. ―La tomé de los brazos―. ¡Estuviste a punto de ser secuestrada, Sakura! ¡Se trata de tener sentido común! ¿No se te ocurrió que podían estar esperando fuera de tu casa? ¡¿No pensaste en todas las atrocidades que pudieron ocurrir?! ¿En tu familia? ¡¿En mí?!

―¡Por eso estoy aquí! ―Su grito me sacó del arrebato.

La solté como si su cuerpo estuviera hecho de llamas y si bien no la apreté demasiado, cuando se sobó uno de los brazos yo…

«Bruto… desgraciado infeliz».

―Lo siento, yo… ― Volví a tomarla con la intención de acariciarla―. Buen Dios, Sakura. Lo siento tanto… Yo…

Me interrumpió con una caricia en mi barbilla. Entonces hallé en su mirada una comprensión tal que amainó la vorágine de rabia, culpa y odio que había estado a punto de tragarme vivo.

―Sabía que estarías así de perdido y por eso vine.

―En verdad no quise hacerte daño... Todo esto me está volviendo loco.

―Si lo ves desde mi perspectiva, la culpable de lo ocurrido soy yo.

―¿De qué…?

―Piénsalo ―me interrumpió con sonrisa triste―. Yo subestimé al duque, fui yo quién te dijo que no le prestáramos atención, y con eso no hicimos más que alentarlo. Así que sí, soy culpable. No obstante… ―Bajó sus manos y las cruzó al frente, proyectando esa aura poderosa y osada tan propia de ella―, no podemos condenarnos por lo que pasó eternamente. Si quieres ir contra lord Chadwick, yo te respaldaré como tu prometida que soy; pero como han dicho tus amigos, debemos hacerlo bien. Y por eso… ―Se inclinó a un lado para observar detrás de mí―, estoy de acuerdo con lord Reever: con la vista puesta en el punto débil del duque, la manera de destruirlo vendrá por sí sola.

―¡Amo a esta mujer!

―¡Cállate, Takeshi!

―Shaoran. ―Sakura extendió la mano hacia mí y su boca fue coronada por esa magnífica sonrisa que le marcaba los hoyuelos y dulcificaba su rostro.

Con tan solo eso, ella convirtió en cenizas las espinas que se habían estado clavando en mi espíritu. Mis aflicciones y tormentos se desvanecieron, así como la culpa, el miedo y la desazón; porque ella, mi inspiración, mi diosa, había llegado en mi auxilio con el regalo de la esperanza y la valentía que siempre reinaba en sus ojos.

Sujeté con fuerza su mano y, con gratitud en la mirada, la escolté hacia donde estaban mis paladines.

La venganza aun sería reclamada, mas no la cobraría solo.

―Empecemos, entonces.

Lo que había dicho Eriol era cierto y, siendo yo quién más sabía del duque entre todos, debía marcar la pauta.

Sería un mentiroso si decía que lo conocía a la perfección; no obstante, durante los años que traté de zafarme de él aprendí dos cosas importantes: primero, que era un zorro astuto para los negocios y su vida se basaba en la ostentosidad y hacer dinero. Y segundo, que defendía su reputación con su vida, sin importar a cuantos tuviera que silenciar para mantener en la oscuridad sus trapos sucios, que debían ser muchos. Después de todo, se había atrevido a comprarle un marido a su hija para ocultar lo que él consideraba una mancha para su apellido.

Por supuesto, me negué rotundamente a exponer los secretos de mi difunta esposa y todos estuvieron de acuerdo. Eso nos dejaba dos opciones:

―Atacar sus finanzas es algo posible, pero siendo un hombre tan próspero y con solvencia, tardaríamos demasiado tiempo en ahogarlo ―dijo Eriol.

―Y tiempo es lo que no tenemos ―bufé.

―Nos queda: exponer sus secretos ―expresó Sakura―. Dejando de lado a Natsumi, tendremos que buscar la manera de recabar información sucia.

―Podríamos aprovechar las conexiones de mis agentes dentro de la mansión ―intervino Eriol, jugando distraídamente con su anillo; entonces sonrió fríamente al agregar―: Pero generalmente, ese tipo de información jugosa se encuentra en los barrios bajos.

―¿A qué se refiere, su señoría?

Por las expresiones incómodas en los rostros masculinos, incluido el mío, las mejillas de mi prometida se sonrojaron y cabeceó en comprensión. Nunca se había hablado al respecto, pero si Hien había sido un cabrón que saltó de prostíbulo en prostíbulo durante su vida, en alguno de ellos debió hacer migas con el duque.

Y si bien no sería suficiente para destruirlo, ya que nuestra sociedad no cuestionaba ese tipo de prácticas, sería un punto de inicio para encontrar cualquier cosa que lo relacionara con negocios ilícitos… O traición, por ejemplo.

―Creo que el mejor para esta tarea eres tú ―mencioné a Takeshi―. Tus contactos siempre han sido confiables y pueden llegar a donde nosotros no.

―Me parece perfecto ―sonrió―. Además, Rumores del Viento necesita noticias frescas y podremos difundir la información sin correr riesgo.

―Un segundo… ¿Rumores del Viento?

Al hacer mención al pasquín que surtía a Zándar de los chismes más jugosos, los tres sonreímos con suficiencia. Mi amigo cogió su bastón y se levantó para hacer una reverencia ante ella:

―Lady Ventisca a sus órdenes, milady.

―I-imposible… ¿Cómo es que…? ¡¿Usted?!

Ante la perplejidad lógica en el rostro de Sakura, la risa jocosa de Takeshi se alzó.

Siendo honesto, no era algo de lo cual habláramos demasiado más que para bromear, porque se trataba de un pasatiempo de nuestro editor que había derivado de una tonta apuesta universitaria. Y no por nada lo llamaban como el dios del engaño; porque era capaz de apoderarse de cualquier secreto haciendo uso de sus conexiones y encanto particulares.

―Denme dos semanas y tendré la información. Luego de eso podremos planear cómo será la caída del duque.

―Tenemos que ser extremadamente cuidadosos ―dijo Eriol y nos miró a Sakura y a mí―. ¿Puedes hacer el esfuerzo de evitar acercarte a lord Chadwick?

Hice una mueca porque, si bien mi cólera se había aplacado, persistían las ganas de ir y golpear la cara de ese vejete hasta que el alba llegara. La mano de Sakura se posó en mi brazo y ante el ruego silencioso en sus ojos, no pude hacer nada. Suspiré y miré a Eriol.

―Dos semanas, es todo lo que esperaré.

Los detalles fueron afinados. Dos agentes de Edras protegerían el hogar de los Kinomoto y en ese tiempo Sakura debía evitar salir de casa. Las protestas que esperé no llegaron; sin embargo, la indefinible expresión de su rostro hizo sonar las campanas en mi cabeza. Por ello, cuando mis amigos se levantaron dispuestos a despedirse, no dispuse que prepararan el carruaje para nosotros.

Primero tendría una conversación seria con mi prometida; luego la llevaría a casa yo mismo.

―Todo saldrá bien. ―Eriol extendió su mano.

―Dos semanas, ni un día más ―dije al tomarla.

―Quizás sea menos tiempo ―sonrió Takeshi con suficiencia.

―Lord Reever, disculpe mi atrevimiento, pero antes de que se marche, me gustaría tener unas palabras con usted ―nos sorprendió Sakura, aunque después de pensarlo un poco, sabía muy bien cuál sería el tema de conversación.

Desde luego, Eriol dirigió la mirada hacia mí y con un gesto le indiqué que no tenía problema alguno. La amiga de Sakura podría haberle dicho que estaba más tranquila e impulsarlo a ayudarnos, pero algo me decía que esa chica usaba diferentes tipos de caretas para ocultar su verdadero ser, así como su marido.

Una promesa fue musitada por el marqués, lo supe cuando se llevó la mano al corazón y después besó la mano de mi prometida. Fuera lo que fuera, estaba seguro que él lo cumpliría, porque Eriol Hiragizawa jamás había roto una promesa.

Luego de eso, mis amigos abandonaron el despacho detrás de Wei; momento que yo pensaba aprovechar para afianzar las indicaciones de Eriol con Sakura.

Cerré la puerta y me giré para encararla, pero toda intención de argumentar… las palabras que debía decir; todo se convirtió en fina arena que el viento se llevó. Sus labios me abordaron, trémulos… como un suspiro lleno de alivio. Mis dedos encontraron la piel húmeda de sus pómulos y con los pulgares traté de limpiarlos, sin romper nuestra unión. Porque a pesar de no ser un beso absorbente, de esos que habían sido capaces de oscurecer mi raciocinio; representaba un bálsamo para ambos.

―Pensé que no llegaría ―sollozó y se abrazó a mí, como si fuera a desaparecer de un momento a otro―. Saliste de casa y pensé… pensé tantas cosas.

Cerré el refugio y apoyé mi mentón en su coronilla, al darme cuenta de lo idiota que había sido. En mi afán por protegerla, por desatar mi ira contra mi enemigo, perdí de vista lo realmente importante: ella. Porque así como yo había estado hundido en el fango de la desesperación, mi querida lady Suspiros había pasado por lo mismo.

Junté nuestras frentes y dejé que sus manos se llenaran de mi cabello, de la piel rasposa de mi barbilla y de todo lo que ella necesitara para sentir que estaba allí, a su lado, y que no iría a ninguna parte.

―No soy como la heroína de mi novela ―expresó con voz temblorosa―. Tengo miedo… mucho; pero estoy dispuesta a hacerle caras a las adversidades contigo. ¿Puedes entender eso? ―Asentí con lentitud―. Te amo, Shaoran.

No era la primera vez que Sakura me lo decía, pero cada palabra… cada letra pronunciada, logró estremecer cada centímetro de mi alma. No era un simple "te amo", porque en esa frase ella me entregaba su puro corazón, sus anhelos y sueños. Entonces me di cuenta que a pesar de adorarla e idolatrarla, yo no se lo había dicho.

Demasiadas equivocaciones, pero como ella misma había dicho, las lamentaciones debían quedar en el olvido para mirar con confianza hacia el futuro.

La tomé del rostro y quise transmitirle primero lo que sentía a través de mis ojos. Luego, repartí pequeños besos por su pecosa tez, mientras marcaba una espiral que me llevó al punto carnoso que adoraba hacer mío. Me abrí paso e inicié la danza de nuestras lenguas, confesando con cada movimiento mi locura, mi pasión… mi fervor por ella. Le dije a través de nuestros labios que la amaba cuando estábamos juntos, que la pensaba cuando no era así. Que adoraba su energía, la alegría de su corazón, que mi pasión le pertenecía… Y que así como yo era su sol, ella se convirtió en la luna que iluminó el camino solitario que había recorrido los últimos años.

―Mis días son sonrisas y suspiros gracias a ti. Y en las noches… en las noches no hago más que añorarte, imaginarte… imaginarnos siendo el placer del otro mientras hacemos el amor porque, Sakura, yo… ―Mi pulgar trazó un camino por el contorno de su cara y sonreí deseoso de poner en palabras lo que habían transmitido mis caricias―. Sakura, te amo.

Sus ojos se iluminaron cual noche estrellada y mostró esa curva de felicidad, al tiempo que yo le limpiaba una lágrima.

―Lo sé… siempre me lo has dicho con cada acción… cada gesto.

―Ahora en palabras. ―Deposité un beso corto en su mejilla, luego otro… y otro hasta llegar a su oreja―. Por favor, quédate. ―Su cuerpo se estremeció ante mi susurro―. Amor, déjame aflorar toda la pasión que he estado conteniendo desde que iniciamos esta maravillosa y sensual historia. Quiero sentir tu cuerpo. ―Un nuevo beso en la base de su mentón―. Ver tu cabello en mis almohadas… ―Delineé la trenza con los dedos―. Deseo ver encendidos tus ojos… y embriagarme en tu piel. ―Apreté su cintura y le saqué un jadeo―. Y cuando haya merodeado tus curvas, descubierto tus secretos y bebido de ti… dejaré que tú hagas lo mismo y te conviertas en la ama de mis suspiros. Todos ellos, serán por y para ti. ―Me apoderé de su boca con fiereza y ella me respondió con ese mismo ímpetu―. Dame el permiso de amarte… confesarte este amor que quema a través de mi cuerpo. Que mi alma te lo explique… y soñar junto a ti después de haberte adorado.

Aunque el pensamiento de haberme extralimitado navegó en mi cabeza por un momento, ¿cómo considerar un atrevimiento exteriorizar los anhelos de mi corazón? ¿Por qué reprimir la sed por la mujer que amaba? Ella podía decir que no y yo no insistiría; pero las palabras… mis intenciones, mis sentimientos permanecerían vivos y ahora le pertenecerían solo a ella.

Sakura posó las manos sobre las mías y después elevó sus puntillas para alcanzar mis labios, mas no me besó. Solo se quedó allí, dejando que su cálido aliento me acariciara, me tentara y… mi voluntad fue anulada cuando percibí formarse su sonrisa.

―Ámame ―musitó en voz cargada de pasión―. Ámame como lo haces todas las noches en mis sueños… por favor. Susúrrame al oído, sostenme… ―Oprimió sus caderas usando mis manos. El aire me abandonó en un soplido entrecortado―. Despiértame y conviértete en mi otra ala para volar hacia la libertad.

―Así será.

Sellé ese juramento al poseer su boca en un ritmo frenético. La razón quedó subyugada por la necesidad de verla reinar en mi cama y que su cabello la llenara de color. Así que la alcé y ella enredó sus piernas en mi cintura, sin romper esa magnífica unión de nuestros alientos. Entonces, entre besos y risas traviesas, salimos de mi despacho y fui dando tumbos en la oscuridad, hasta encontrar las escaleras.

El mañana podría traer muchas cosas, pero esa noche… esa noche sería nuestra. Las fantasías cobrarían vida, las pasiones serían libres y entre aromas, gemidos y estrellas… Sakura Kinomoto sería mía.

Y yo sería suyo.

Abrí como pude la puerta de mi habitación; el calor y la luz dorada del hogar y las velas nos recibieron. Cerré de una patada y la dejé en el suelo, sin dejar de besarla. Arrojé mi levita lejos para luego ir por la suya, y sonreí al notar que ella me había facilitado el trabajo al haberla bajado hasta sus codos. Entonces me encargué de los botoncillos de su chaleco que no tardó en unirse a las demás piezas, y liberé en un abrir y cerrar de ojos su cuello del pañuelo y la corbata.

―Una ventaja que haya venido vestida así, milady ―siseé en su oreja al tiempo que la acorralaba contra la puerta―. Sé muy bien cómo quitar esta ropa.

―M-me he dado cuenta.

―Y también… ―Plasmé un gesto ladino y, con lentitud, mi mano delineó su espalda desde el cuello hasta llegar a la base. Ella se arqueó en respuesta―. No hay corsé.

Negó con su cabeza y su lengua salió para humedecer sus labios.

Fuego infernal.

Me apreté contra ella y mordí esa rosada tentación, mientras que mis manos fueron a sus generosas caderas para masajearlas a voluntad. Pero no, por mucho que ansiara hundirme en su calor de una embestida, poseerla y vaciarme en ella, debía contenerme. Porque no se trataba de mí, se trataba de Sakura. De su placer, de sus fantasías, y yo me encargaría de cumplirlas todas.

Me arrodillé frente a ella y acaricié en forma descendente sus piernas temblorosas, hasta llegar al límite de cuero. Alcé la vista e hice que sus manos se apoyaran en mis hombros; entonces elevé su muslo sin romper tan divina conexión. Tras dejar un beso en su rodilla, retiré con cuidado la bota y después el calcetín. Hice lo mismo con la otra pierna y con mis dedos recorrí su piel desnuda, desde el tobillo hasta llegar a la pantorrilla. Sakura echó la cabeza atrás y cerró sus ojos, mostrando una sonrisa sensual que convirtió en fuego líquido mi pasión.

«En su placer, alcanzarás el tuyo».

Sonreí y me acerqué; porque el recorrido de vuelta no fue marcado únicamente por las manos; lo hizo también mi boca por toda la longitud de sus piernas y cuando pasé por ese vértice aun oculto, ella gimió mi nombre y apretó mis hombros.

Liberé un suspiro sin dejar de ver ese lugar tan codiciado; pronto… muy pronto.

Seguí subiendo. Fue imposible no dejar un pequeño mordisco en su vientre y retuvo el aliento cuando otro quedó en el valle bendito de sus senos. Todavía había demasiada tela y lo único que pude hacer fue… imaginar. Y siendo un escritor, la imagen y el sabor de sus pezones rosados, alzados y dispuestos a recibir mis atenciones, fueron demasiado vívidos y me hicieron tragar grueso.

La realidad se hizo apremiante, así que terminé de enderezarme y me abrí camino; la camisa fue arrojada lejos. Su pecho quedó cubierto únicamente por una camisola fina que dejaba en evidencia esas turgencias divinas. Tuve que luchar contra mis ganas de tocarlas y pasar mi lengua por ellas porque había algo más importante que lograr.

Tomé sus manos y las posé sobre mi pecho.

―¿Recuerdas que te dije que no había nada mejor que una participación mutua? ―Ella asintió, casi embelesada. Me acerqué a sus labios y susurré lo siguiente―: Encuentra mi piel, Suspiros. Que el pudor quede fuera de estas paredes, libera tu lujuria y conviértete en osadía. La dama de dorado, la enfermera que creamos… Descúbreme por ti misma.

El hambre que apareció en sus ojos los hizo fulgurar. Entonces, sin aviso, sus brazos volaron a mi cuello y su boca, ansiosa, se lanzó al encuentro de la mía sin vergüenza. Succionó, lamió y nuestras lenguas se encontraron una y otra vez en un baile erótico que nuestros cuerpos ejecutarían después. Mis manos fueron a sus senos y jugueteé sobre la tela con esos exquisitos botones, apretando con mi índice y mi pulgar. Sus gemidos aparecieron y mi miembro palpitó; me froté contra ella para que sintiera lo que me había hecho, mi urgencia de sentirme apretado en su interior cálido y húmedo.

Sakura rompió el beso y con una adorable y traviesa sonrisa, bajó sus manos de mis hombros y acarició toda la extensión de mi pecho hasta llegar a los botones del chaleco. Con tortuosa lentitud, deshizo uno tras otro hasta hacerlo pasar por los hombros, rumbo al piso. Sus ojos me sometieron a un sensual hechizo y cuando me di cuenta, sus dedos recorrían mis pectorales mientras en su rostro sonrojado, moraba la fascinación.

La complacencia me llenó el pecho y por el cielo juraba que me hubiera encantado dejarla hacer y deshacer conmigo, pero mi nivel de excitación era tal que las cosas acabarían pronto y no podía permitírmelo.

En un movimiento, la alcé en brazos y le saqué un pequeño grito. Luego, la deposité en mi cama para darme el placer de liberar de su prisión sus rizos que, poco a poco, cayeron como cascada por su espalda. Tomé un mechón y lo besé como fiel devoto.

―Estás temblando ―le dije al tocar su rostro.

―No puedo evitar sentir un poco de nervio.

―¿Te arrepientes?

Ella negó con su cabeza. Sonreí y junté mi frente con la suya.

―Yo también estoy nervioso.

―Eso no es posible ―se rio.

―Lo es porque quiero que todo sea perfecto para ti. ―Dejé un beso corto en sus labios―. Pero confío en ti… en nosotros. ¿Lo haces tú? ―Esa vez, ella afirmó con decisión―. Acuéstate, amor.

Sakura curvó su boca y obedeció. Me quité las botas y después aparté con cuidado las dos piezas faltantes que velaban su cuerpo, como si estuviera destapando el más valioso obsequio. Su rostro estaba arrebolado, aun así, no opuso resistencia alguna; alzó sus caderas para ayudarme con el pantalón, luego sus brazos para quitar la fina tela y… Retuve el aliento cuando al fin ese cuerpo que tantas veces había retratado en mi cabeza, quedó expuesto.

Me di el permiso de admirar esa realidad, que era mucho más sensual que las tribulaciones de mi yo escritor. Era una diosa pagana en mi lecho, con sus ondas caramelo esparcidas en la blanca tela. Sus brazos, alzados sobre su cabeza, elevaban sus senos y apuntaban indecentes hacia mí. Bajé la mirada a su vientre delicioso que esperaba por mis manos y después… al vértice apretado entre sus piernas, al fin revelado. Lo mejor de todo era que, a pesar de su sonrojo, ella sonreía. Irradiaba una seguridad, una energía sexual al saberse adorada que convirtió en llamas mi cuerpo.

Y ante esa mirada desafiante, ante ese arco descarado que me esclavizó, me llevé las manos a los botones del pantalón. Sus ojos se llenaron de expectación y cuando al fin liberé mi miembro, jadeó entre sorprendida y deseosa.

Con movimientos lentos me acerqué, sin dejar de venerarla con la mirada, hasta quedar acostado a su lado.

―Eres hermosa. Una diosa.

―Creí que tú eras el dios.

―Siendo así… ―La besé―. Este dios oscuro demanda una virgen para enseñarle todo lo que sabe.

―Y la virgen... ―Tomó mi mano y después de dejar un beso en cada uno de mis dedos, la llevó hasta su seno―, se ofrece para aprender.

Posé los labios en sus párpados para incitarla a cerrarlos, luego en las mejillas y bajé hasta su cuello donde mi lengua disfrutó del sabor y aspiré su aroma de mujer. Seguí el camino hasta el hueco entre sus clavículas; elevé su pecho con una ligera presión e hice que su redondez me rozara la barbilla. Sakura se movió y arqueó más su espalda, ofreciéndome ese manjar rosado y después de un soplido ligero que erizó su piel, lo hice mío. Lamí, succioné y mordí sin contemplaciones, mientras que la otra mano trataba de emular lo mismo en el otro seno; la habitación se llenó de suspiros.

La apreté contra mí sin dejar de alimentarme y tanteé por sus curvas hasta llegar a sus muslos.

―Ábrete para mí, amor.

Sus piernas se aflojaron y me otorgaron la libertad de tocar. Siseé al sentir sus pliegues húmedos y resbaladizos, deseosos de ser invadidos. Y así lo hice. Primero un dedo, luego dos. Los jadeos pasaron a ser gemidos y me sentí orgulloso porque ninguno fue reprimido.

―Estás tan estrecha, tan cálida.

Abandoné sus pechos y descendí, ansiando conocer su sabor femenino. Ella hundió sus dedos en mi cabello y por un momento creí que me detendría, pero contrario a eso… encontré en su mirada y en su sonrisa el oscuro deseo.

―¿Capítulo trece… de Sabor a Pasión?

―Te dije que era el mejor de todos ―sonreí y arrastré mis labios por su vientre.

Sakura abrió más sus piernas y se agarró de las sábanas para darle la bienvenida a los besos que le daría. Y así como había hecho con sus senos, me alimenté de su néctar de mujer. Lo recogí todo, lo saboreé y disfruté de los pequeños jalones en mi cabello y de los movimientos instintivos que había provocado.

Y mientras más bebía de ella, más me daba cuenta de que mi hambre era inexpugnable y que jamás… jamás podría saciarme de mi dama de medianoche.

―Shaoran… Por favor…

―Lo sé, encanto. ―Soplé en su lugar más íntimo y subí para besarla con toda mi pasión para que conociera su propio sabor.

Y mientras nuestros alientos se enlazaban, busqué su entrada más que preparada para mí. Con movimientos lentos pero seguros, fui adentrándome poco a poco, a pesar de que mi cuerpo me pedía a gritos hacer lo contrario.

―Puede… puede que moleste un poco ―dije en voz contenida.

―Confío en ti, amor.

Al buscar su cara, me obsequió una divina visión: sus ojos empañados por la pasión y su boca abierta que emitía esa pecadora tonada. No pude resistirlo más. Ambos jadeamos cuando me enfundé en ella y cerré mis ojos; su calor me apretó tanto que por poco no fui consumido por las llamas.

Condenación, temblaba. Estaba tan excitado que mi cuerpo entero vibraba mientras me obligaba a permanecer quieto, para darle tiempo de que se acostumbrara a mi longitud. Sakura acarició mi frente perlada y cuando la miré, explayó sus labios y sentí bajar su cadera; cuando subió, un gruñido brotó desde mi pecho. Emyra, mi diosa de la noche, amplió esa sonrisa maliciosa al volver a hacer lo mismo.

El vaivén inició, primero lento y cadencioso, pero pronto se convirtieron en estocadas que sacaron los más obscenos alaridos. Nuestros cuerpos chocaban, se frotaban y resonaban mientras las manos recorrían la piel del otro, sin dejar nada que tocar.

Y al escucharla pedir por más, rogar incluso, tanteé por sus caderas hasta llegar a su muslo y lo alcé. La embestí en esa nueva posición y sonreí al verla cerrar sus ojos, complacida, y echar la cabeza atrás. Gemí al percibir que su interior me apresaba mucho más y me absorbía. El orgasmo estaba cerca, deliciosamente cerca.

Tomé mayor impulso y me moví como ella había demandado entre gemidos. Y allí… sucedió. Sakura alzó sus caderas y se aferró a las sábanas como si se le fuera la vida, mientras sus paredes hicieron lo mismo conmigo. La oleada de calor se expandió sin piedad y devastó a su paso todo pensamiento. Una última embestida y me derramé en un "te amo".

Sus pechos subían y bajaban al ritmo frenético de la pasión vivida, y no podía creer que… aun estando a medio camino de volver del paraíso, se me tornara tan tentadora esa imagen.

Me reí y dejé un beso travieso en la cúspide que la hizo temblar y jadear. Caí a un lado de ella y la jalé con suavidad para que su cabeza reposara en mi pecho, regalándole los latidos aun delirantes de mi corazón.

Todos por… y para ella. Justo como había prometido.

―Creo… creo que tendremos que modificar algunas cosas de Velkan y Samira ―susurró de repente.

―¿Ah, sí? ―canturreé y la sentí cabecear.

―Comparado con lo que acaba de pasar, demasiado insulso me quedó.

―En ese caso… ―Acaricié su nariz con la mía, para después susurrar sobre su boca―: Debo cumplir con mi promesa de inspirarte una y otra… y otra vez.

―Eso sería estupendo… pero tengo que estar en casa antes de las seis ―expresó, haciendo una mohína.

―El maldito infierno, eso es el tener que dejarte ir cuando lo único que quiero es no salir de esta cama en un mes.

Su risa musical deleitó mis oídos y se enderezó un poco para propiciar el nuevo roce de nuestros labios, mientras su pierna frotaba la mía con toda intención de despertar de nuevo mi pasión. Sus ojos ardieron al tiempo que se montaba sobre mí, como la reina lujuriosa que era.

Y yo más que encantado con ello.

―Todavía nos quedan algunas horas ―se frotó y yo gemí.

―Nunca será suficiente, encanto.

―Pero al menos podremos resistir el tiempo que falta para la boda. ―Bajó su boca hasta que sus senos acariciaron mi pecho―. Ámame por todos esos días que estaremos separados.

―Toda la eternidad, si es lo que la dama desea.

Esa vez fue ella quien dio inicio a las caricias y yo la dejé tomar el control porque no había mentido, no había nada más excitante para un hombre que el aura segura de una mujer. Y como ella pidió, nos amamos por todos esos días que estaríamos separados. No hubo inhibiciones, no hubo pudor, solo sonidos sensuales y su disposición a aprender a complacerme de todas las maneras posibles, así como ella me enseñó todos esos lugares especiales y ocultos que potenciaban su ardor. Todo sin palabras, porque nuestra sincronía se había creado y no hacía más que crecer con cada éxtasis que alcanzamos juntos.

Y faltando pocas horas para nuestra separación, pude cumplir mi sueño de verla dormir. ¿Qué estaría soñando? ¿Estaría yo en esas ensoñaciones? Ansiaba conocer cada cosa de Sakura, descubrir sus facetas y enamorarme de todas ellas. Que sus miedos fueran míos y potenciar sus esperanzas… Una hermosa vida, eso era lo que nos esperaba juntos.

Tiempo después, cuando me vi forzado a llevarla a casa, entre palabras de amor, suspiros y mimos, reforcé esa intención y juré por el cielo que convencería al padre de Sakura de adelantar la boda.

―Ve… o te secuestraré para casarnos justo ahora.

Sakura se rio y tras un último beso, corrió hacia el interior de su casa. Suspiré y ordené a mi cochero regresar a mi hogar. Pero mientras el bamboleo me hacía compañía, no pude evitar reírme de mí mismo. En verdad me daba vergüenza por lo estúpido que me había vuelto.

―Estoy enamorado hasta los huesos.

Cuando llegué a la mansión, bajé y me dije que dormiría un poco antes de activarme con los chicos, pero al entrar al recibidor, la cara arrugada y preocupada de Wei me dio un duro recibimiento.

En tenebroso silencio, extendió una charola hacia mí y en ella estaba un sobre… Toda señal de dicha desapareció y la ira revivió como volcán, al reconocer el escudo en el sello.

Malparido anciano.

Capítulo treinta y dos, esta autora una vez más no tiene nada más que decir y se esconde.

Nos quedan 3 capítulos + el epílogo. El duque ha hecho un movimiento y ahora toca ver qué se traerá entre manos con esa carta que le envió a nuestro Erudito.

En verdad, espero que hayan disfrutado el capítulo y les agradezco un montón por acompañarme una vez más y por tomarse un tiempito para hacerme saber sus impresiones. Saben que son muy valiosas para mí, porque no solo se trata de saber que les gusta lo que escribo, sino de saber cómo cada uno hace de mis historias parte de ustedes. Es muy bonito saberlo y por eso lo agradezco mucho.

Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)

Gracias por su cariño y por estar a mi lado en cada historia que inicio, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar.

Un enorme beso para todos,

CherryLeeUp.