¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.
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Bueno a comenzar :D
La dama de medianoche
Capítulo 33
"Después de haberte amado y de que mi alma reclamó su permanencia a tu cuerpo y espíritu, yaces dormida a mi lado. Sé muy bien que lo que te abatió no fue el sueño, sino la fatiga propia de la pasión que revive en mi memoria, mientras trazo los lunares que componen la constelación en tu espalda con los dedos. Sonrío porque aun puedo oír el sonido de tu voz que expresó tu disfrute, sentir la prisión abrasadora de tus muslos en mis caderas; todavía está impregnado tu aroma de mujer en mi cuerpo y en mi boca el sabor de tus labios y de cada rincón explorado. Las cosquillas te devuelven a la vigilia y en esos ojos veo la intención de no seguir soñando porque, al igual que yo, eres feliz en la realidad.
Y siguiendo la orden muda de tus pezones beligerantes y deseosos, no demoro en devorarte otra vez. No, yo no necesito soñar, necesito estar despierto para experimentar este calor, este amor… Esta fusión que hace vibrar nuestras almas al unísono. Es un solo latir, un mismo ritmo al respirar, juntos en el orgasmo final que nos muestra ese universo creciente y eterno. Tú".
Sentada a un lado de mi cama, acariciaba esas hojas tan leídas y queridas por mí, mientras revivía los recuerdos de aquellos días en los que Yufeng Murakami había logrado despertar a la mujer soñadora, que se alimentó de lo que sus historias prometían. Momentos intensos donde el mundo dejaba de girar, vientos musicales y llenos de color; tocar las estrellas con la punta de los dedos y hasta atestiguar el amanecer en los ojos de mi amado sin rostro, al materializar, juntos, un sentimiento tan profundo como lo era el amor.
Abracé contra mi pecho el volumen de Pasiones Líricas y agradecí a mi escritor favorito por cultivar en mi alma una preciosa ilusión. Pero como expresaba Luke en la página recién leída, yo ya no necesitaba soñar porque la idealidad había quedado en el olvido para dar paso a la vida real.
El tiempo no se había detenido, tampoco había alcanzado astros celestes ni visto colores; pero con cada palpitar y cada centímetro de mi ser me había entregado a Shaoran Li. Habíamos entrelazado nuestros cuerpos húmedos por el sudor de la pasión, y la música prometida por Murakami había sido suplantada por gemidos y gruñidos, provocados por el placer que nos hizo vibrar. Y aunque no vislumbré el amanecer en sus ojos, sí conté estrellas en el firmamento nocturno desde la ventana de su habitación; con sus brazos a mí alrededor y su cuerpo desnudo pegado a mi espalda, mientras sus labios prodigaban besos en mi cuello.
Lo carnal se volvió espiritual en aquel instante tan íntimo y gracias a eso comprobé que nuestras almas realmente se habían unido. Descubrí la verdad oculta tras aquella sincronía retratada en sus historias y eso… eso fue lo que volvió el momento perfecto.
Entonces, ¿cómo dejarme llevar al mundo de los sueños, cuando sus besos todavía seguían latentes en mi piel?, ¿cómo soñar cuando el hormigueo de su vehemente culto a mi cuerpo seguía vivo?, ¿o cuando todavía podía percibir su aroma mezclado con el mío a pesar de haber tomado un baño? Imposible, simplemente imposible y, por tonto que pareciera, había pasado casi toda la mañana trasladándome a aquella recámara, a aquel lecho, nuestro lecho de sábanas desordenadas. Las emociones se mezclaban en mi pecho y se dibujaban sonrisas que rendían pleitesía a la nada.
¿Le estaría pasando lo mismo a él? ¿Pensaría en mí de la misma manera? ¿Anhelaría tanto mi presencia como yo la suya? Apreté aún más el librillo contra mi pecho y me reí de mí misma; posiblemente me había vuelto loca, porque lo único que deseaba era alimentar su cuerpo ígneo con mi aliento para volver a arder juntos hasta la alborada.
Y con esa imagen en mente, se bosquejó una frase que me provocó un escalofrío: "El viento jamás apaga el fuego, lo aviva hasta convertirlo en incendio".
―Debería anotarla… ―musité en una sonrisa―. Podría ser útil para nuestra nueva historia.
―¿Qué haces sentada en el suelo?
Por el susto, el libro resbaló de mis manos y Touya no me dio tiempo de recuperarlo al agacharse y tomarlo primero. La línea sardónica que surcó su boca me hizo sonrojar.
―¿Pasiones Líricas, hermana?
―¿Qué tiene de malo?
Ignoró mi pregunta y se sentó a mi lado. Pasó las páginas como si nada hasta llegar a la mitad del librillo del mal; su gesto ladeado se amplió.
―Las páginas de Murakami están marcadas.
―¿Solo viniste a importunarme?
La risa masculina se hizo presente y yo bufé en respuesta.
―Siendo honesto, no es una sorpresa que leas estas cosas. Eres la más extraña de la familia.
―Lo dice el que come huevos con mermelada de moras ―reviré e hice una mueca de asco.
Palmeó mi cabeza como solía hacer cuando éramos chicos y volvió a ojear el libro, aunque con más calma. Leía sin leer o se alimentaba de frases al azar; no sabría decirlo con exactitud.
―Había echado en falta esto ―musitó de repente.
―¿El venir a irritarme?
―El ambiente familiar… Es algo que siempre hemos dado por sentado: tus gritos por alguna broma de Nao o mía, las peleas, los regaños… los abrazos y los consejos.
La melancolía que se apropió de su rostro siempre altivo fue tan intensa y abrumadora, que logró filtrarse hasta mi pecho. Musité su nombre en un hilo de voz y enseguida buscó mi mano en un apretón delicado, mientras sus ojos se perdían en algún punto lejano en la ventana.
―Pronto te casarás ―inició en un suspiro―. Formarás tu propia familia, monstruo. Eso en verdad me enorgullece y hasta puedo imaginar a nuestros hijos llenando la casa de más gritos y regaños, pero… ―Volteó y me sobrecogió su enorme tristeza―. Es tan difícil imaginar la silla de papá vacía.
―No lo estará. ―Mi agarre se intensificó y aunque tenía unas ganas inmensas de llorar, le sonreí―. Tú estarás en esa silla y papá estará muy muy… muy orgulloso de eso.
Touya cerró los párpados y trazó un gesto tenso mientras palmeaba mi mano.
―Eso mismo me dijo cuándo veníamos de camino. Me vi como un crío nervioso ante los inversionistas y… No quiero fallarle, Sakura. No podría soportarlo.
Quizás por ser el mayor y por las responsabilidades que serían suyas en algún momento, Touya se había sobre exigido desde pequeño y creó una personalidad altiva y un arrojo que parecía natural. Nada lo detenía, nada lo acobardaba, nada lo doblegaba y en todo momento mantenía la vista en su objetivo; era la temeridad de los Kinomoto, así como yo era la obstinación. Por eso, que estuviera abriéndose conmigo y mostrara sus debilidades, era un acto de amor que enterneció mi alma.
Touya abrió sus ojos al sentir que me levantaba y encontró frente a él mi mano extendida.
―Hermano, el miedo es tan natural como respirar; lo importante es no dejarnos vencer y seguir caminando.
―Si me equivoco…
―Si te equivocas, sé que podrás solventarlo y aprenderás de ello, porque papá se esmeró en prepararte. Confía en ti como lo hacemos nosotros, y si esto no es suficiente, busca en tu esposa el empuje que necesitas. Ella y tu hijo serán tus pilares como lo hemos sido nosotros para papá.
Esas habían sido las palabras más difíciles que había dicho en mi vida, porque cada letra dibujaba ese futuro sin Fujitaka Kinomoto. Y dolía, mucho, pero papá jamás nos perdonaría si nos dejábamos caer una vez él partiera. Nos había criado para ser fuertes, para llevar el apellido hacia lo alto y era lo que trataba de decirle a Touya con la sonrisa que me esmeraba en mantener.
Su mano sujetó la mía y una vez estuvo en pie, acarició mi rostro y sonrió.
―Necesitaba esto… Gracias, hermana.
―Siempre he sido buena para dar consejos ―dije, limpiando una traicionera lágrima.
―Aunque sigues siendo la extraña de la familia. ―Sacudió el libro en el aire. Esa vez me reí y lo tomé de vuelta―. Me siento más ligero y creo… creo que la idea que he estado considerando es la correcta.
―¿Idea?
Touya mostró sus dientes como acostumbraba hacer cuando se salía con la suya.
―Le diré a Kaho para mudarnos aquí.
―¡Oh, querido Dios! Eso alegrará mucho a nuestros padres —le dije en un abrazo.
―Venía pensándolo hace días y ahora que me tocará ir sin padre a la compañía, Kaho no estará sola en casa. También podré discutir el día con papá al volver… y pasar más tiempo juntos.
―También podremos ayudarla con las cosas del bebé y ¡redecorar la habitación de los niños! Incluso podríamos hacer una lista para… ―Mis palabras quedaron en el aire al percibir el contacto de los dedos de Touya en mi cuello.
El dolor y la preocupación volvieron a reinar en su rostro, justo como la noche anterior, cuando vino por padre para poner la denuncia.
―Sé que no quieres hablar de lo que pasó…
―Más que eso, lo que quiero es olvidar.
Las lagunas cafés de mi hermano me escudriñaron y trataron de encontrar los indicios de esa tormenta que se suscitaba en mi interior. La hallaría, por supuesto, porque no era algo que quisiera ocultar, pero así como había pasado con mi prometido, también le mostré mi intención de afrontarla con cabeza en alto.
El aire emergió en un suspiro y después besó mi frente.
―Siempre logras lo que te propones, Sakura Kinomoto. Así que todo estará bien.
Asentí contra su pecho. A pesar de los temores que me acosaban en cada esquina y dibujaban enemigos inexistentes y sonrisas pérfidas sobre mi hombro, yo había hecho una promesa. Le había dicho a Shaoran que juntos afrontaríamos esa dificultad, que no sería doblegada por el miedo, y yo siempre cumplía mis promesas. Más si la realizaba con el corazón.
―Esta es una imagen que nutre mi alma.
―¿Ya empezará con sus sensiblerías, madre? ―preguntó, burlón.
Con las manos en jarras, ella avanzó hacia nosotros y lo pellizcó de la mejilla como si fuera un chiquillo.
―Agradece que tenemos visita porque si no te daría tu escarmiento, Touya Kinomoto. ―Retuve la risa cuando vi a mi hermano sobarse la piel enrojecida cuando lo dejó libre. Entonces mi madre pasó de la falsa indignación a la alegría cuando su mirada se posó en mí―. Oh, querida, creo que debemos retocar ese peinado.
―¿Eh? Pero mamá…
Sin darme mayor explicación, me arrastró hasta el espejo, donde vi que algunos mechones se habían salido del recogido. Con destreza ella volvió a colocarlos en su lugar al mover las horquillas de un lado a otro y asintió conforme.
―No puedo permitir que te presentes ante lord Wemberly como un arbusto de zarzamoras nuevamente ―musitó cerca de mi oreja.
―¡¿Shaoran está aquí?!
Mi corazón revoloteó ante la maravillosa sorpresa y volví al espejo, sonriente. ¿Debería cambiarme? ¿Usar algún adorno que engalanara mi cabello? Y mientras pasaba mis dedos por las arrugas en la falda turquesa, casi me reí de mí misma al recordar que se trataba de mi amado Erudito. ¡Por Dios! A él no le importaba si estaba despeinada o si había estropeado mi vestido por haber estado sentada en el suelo. Todo lo contrario; se hubiera sentado conmigo y declamado alguno de sus escritos al oído mientras sonreía de lado.
Como había hecho la noche pasada…
―Sakura Kinomoto, ¿qué estás pensando que te pusiste colorada?
Ardí mucho más ante el escrutinio del reflejo de Touya, pero gracias al cielo mi madre salió en mi auxilio:
―Tú sabes muy bien lo que es estar enamorado hasta los huesos; no deberías molestarla.
Sus labios derrocharon ternura cuando el rostro maduro de su hijo expuso su bochorno. Entonces, sus brazos me rodearon y me permitieron gozar de su calor maternal y de ese aroma a rosas que siempre me hacía sonreír.
―Si mis hijos son felices, yo soy feliz.
Esas mismas palabras salieron de su boca cuando le confirmé lo que había pasado en casa de Shaoran. Y justo como ocurrió en aquel momento, sus ojos, tan verdes como un lago cristalino, no transmitieron ningún tipo de juicio; solamente su amor infinito.
―Gracias, mamá. Por todo.
―Ve, tu padre dijo que lo llevaría a ver los rosales mientras te alistabas.
Asentí y tras darle un beso en la mejilla, los dejé atrás a paso presuroso, mientras escuchaba su melodiosa risa y las palabras jocosas de Touya que no me importaron.
Él estaba en mi hogar. A pesar de haber dicho que pasaría la mayor parte del día con lord Reever y sus agentes, ¡mi novio había conseguido un tiempo para visitarme! Mi alegría era tal que no podía cuantificarse y me hacía correr en vez de andar.
El calor, el verdor y el dulce aroma floral me recibieron cuando salí al jardín. En la lejanía, cerca de la pequeña glorieta, Shaoran y mi padre parecían estar sumidos en una conversación, así que no repararon en mi presencia.
Me acerqué a ellos en silencio para disfrutar del enérgico palpitar en mi pecho, de cómo mi cuerpo despertaba del cruel letargo provocado por su ausencia, de los suspiros ante la amabilidad con la cual trataba a mi padre y… de la sonrisa que surcó mi boca y que le pertenecía solamente a él. Un tipo de gesto que calentaba el espíritu porque era la señal de estar frente a la persona especial que se había elegido para toda la vida.
―Sakura, qué bueno que bajaste pronto, hija mía.
Mi novio me transmitió su cariño a través de una mirada; sin embargo, había algo extraño… como si estuviera velada por… ¿culpa? Sí, era culpa; lo comprobé cuando se gestó una sonrisa incompleta.
Arrugué el ceño; ese no era el mismo Shaoran que me había robado besos mientras me vestía para retrasar el momento de la partida. No era el mismo que me había robado besos para retenerme más tiempo dentro del carruaje, y el que me había dicho que sería una tortura estar sin mí todo ese tiempo.
"¿Qué ha pasado?", esa pregunta ardía en mi garganta ante la imposibilidad de exteriorizarla frente a mi padre. Por eso, al percibir el beso en mi mano, que pareció más una formalidad, tuve el atrevimiento de sujetar sus dedos enguantados.
La sorpresa esperada no apareció porque él sabía… él había leído el ruego en mi expresión por algún indicio que explicara ese cambio tan drástico… de la culpabilidad que nuevamente moraba donde debería estar la felicidad.
―Ayer… ayer me dijo que estaría un poco atareado el día de hoy… así que no lo esperaba —traté de decir con voz alegre, pero al final adquirió el temblor de la inseguridad.
―Aunque admito que tengo un motivo para estar hoy aquí, yo siempre tengo y tendré tiempo para usted.
—Eso es… —La tos que cada vez se hacía más sofocante, interrumpió las palabras de papá.
Acaricié su espalda como hacía mi madre y le brindé soporte, hasta que, un par de minutos después, el ataque se hizo menos severo.
—Y-ya e-estoy bien, querida… —dijo y miró a mi prometido—. Lo siento, milord… Lo que le decía… es que eso es lo que todo esposo debe procurar… y me alegra el alma… —Nuevamente la tos—. D-disculpen.
—Papá, no se esfuerce tanto…
—Suspiros… —Shaoran tomó mi mano y después de dejar un beso prolongado en el dorso, miró a mi padre—. No tiene que disculparse, señor Kinomoto. Yo escucharé lo que usted tiene para decir.
El escozor se hizo presente en mis ojos, así como el calor amoroso en mi pecho; entonces gesticulé un mudo "gracias" que él respondió con una sonrisa sincera.
—Es usted un buen hombre, Shaoran… y no sabe cuán feliz soy al saber que mi hija estará… bajo su cuidado.
—Le prometo que ella siempre será mi prioridad y su familia podrá contar con mi apoyo y protección porque serán parte de la mía.
Mi padre enderezó su espalda y después de palmear el hombro de mi prometido, como si de un hijo se tratara, me guiñó un ojo.
—Debo ir… a tomar mis medicinas o Nadeshiko me llevará de las orejas; sabrá que las esposas son así —se rio y mi Erudito le dio la razón al acompañarlo—. Le diré que les envíe un poco de té… para que puedan conversar a gusto.
Con lentitud, mi padre se alejó de nosotros por el pasto en el que muchas veces nos habíamos acostado a mirar las estrellas en mi niñez. Me llevé las manos al pecho ante el puño opresor de la tristeza, mismo que había sofocado a Touya… pero que no debíamos permitir que nos privara de disfrutar los momentos preciosos que todavía nos quedaban con él.
El aroma a sándalo se filtró por mi nariz cuando los brazos fuertes y cálidos de Shaoran me rodearon desde atrás, y me regalaron el apoyo que no sabía que necesitaba hasta ese instante.
—Estoy aquí, Suspiros.
Seguí su voz y, al tenerlo tan cerca, sus ojos no pudieron ocultar de mí la lucha interna que tenía sometido a su espíritu. O quizás no buscaba esconderla. Así que, aun cuando el mar de preguntas deseaba fluir, preferí mostrar en vez de decir. Tomé su derecha y la desnudé sin oposición y sin prisa, para después entrelazar nuestros dedos en el aire; nuestro nexo, nuestro símbolo, nuestra sincronía que le transmitió sin palabras que yo también estaba y estaría siempre para él.
Un beso fue dejado en esa unión que deseaba fuera perpetua, antes de guiarme hacia el banco que estaba en el interior de la glorieta. Tras un profundo suspiro, sacó un sobre de su chaqueta y el frío recorrió mi espalda cuando lo extendió hacia mí.
¿Otra amenaza acaso?
Con manos temblorosas, lo tomé, pero contrario a los burdos sobres que yo había recibido, ese tenía un lacre rasgado. Tracé el grabado con los dedos, tres espadas cruzadas bajo una corona: debía ser el sello de un noble de alto rango.
Desdoblé el papel que parecía haber sido arrugado antes y encontré una letra que me era desconocida. Algo rústica y me costó un poco descifrar el mensaje al primer intento, pero a medida que fue haciéndose claro, el hoyo se hizo presente en mi estómago:
"Las formalidades siempre han estado de más en nuestros negocios, así que iré al grano, Wemberly.
Después de lo ocurrido ayer, es imperante que nos veamos para ponerle fin a este asunto. Te espero a las dos de la tarde en mi despacho, ni un minuto más, ni un minuto menos.
Y trae a la chica, es mejor que sepa de frente con lo que está lidiando.
Chadwick".
Mi cuerpo entero tiritaba, mas no se debía al miedo sino al ardor de mi sangre y a la tensión, producto de la indignación y la ira que fluyeron por mis venas hacia mi boca en un chillido:
—¡¿Quién mierdas se cree?! ¡¿El maldito rey?!
El calor invadió mi rostro al escuchar la suave risa masculina.
—Algo me decía que reaccionarías así —dijo y ladeó su boca.
―Es que… ―Aclaré mi garganta y sacudí el papel el aire―. No se me está invitando, está imponiendo mi presencia.
―Solo quiere demostrar que todavía tiene control sobre mí ―suspiró―. Pero si soy objetivo, es una oportunidad para obtener información directa. Desde luego, todo si logro controlar mi temperamento y guío la conversación adecuadamente, en vez de desfigurarle el rostro como quiero hacer ―expresó con aires de ironía.
Miré la carta de nuevo y le di la razón. Hacerle creer al duque que todavía tenía a Shaoran bajo su yugo, lo haría bajar la guardia. El señor Yamasaki podría moverse con mayor libertad para descubrir los puntos débiles del duque, y hasta podríamos tener luces de lo que él quería, lo cual sería beneficioso para nuestra campaña.
―Entonces iré contigo.
Tras un suspiro pesado, Shaoran entrelazó nuestros dedos.
―Me prometí a mí mismo que te protegería y acabo de hacerle la misma promesa a tu padre…
—Yo también te hice una promesa. —Presioné su mano y sonreí—. Déjame ser tu fortaleza.
―Siempre lo eres ―marcó su sonrisa sesgada.
Aunque él desestimaba que su anterior suegro se atreviera a hacer algo en su propia casa, ellos ya habían tomado una serie de previsiones: como que el agente Yue estaría vigilando las inmediaciones con su grupo, y cualquier acción hostil sería advertida a ellos por su contacto dentro de la mansión ducal. Ninguna me pareció excesiva y estuve de acuerdo. El pecado de la soberbia ya había sido pagado con creces; no volvería a cometer el mismo error de juzgar al duque desde mis propios principios, porque era evidente que los suyos eran diferentes.
―Todo estará bien, Suspiros. Si no fuera así, no te llevaría conmigo.
Shaoran podía ser conocido como Alioth; sin embargo, ese despliegue de caos obedecía a una sola razón: su intención de proteger a los suyos con uñas y dientes de ser necesario. Miré hacia la entrada y al no encontrar ojos vigilantes, osé robarle un beso que lo hizo sonreír.
―Lo sé, mi dios oscuro, confío plenamente en ti.
Luego de eso, el tiempo que faltaba para nuestro encuentro con el noble fue consumido entre conversaciones con mi familia, durante el almuerzo al que Shaoran fue invitado como un miembro más. De esa forma se dibujó parte de ese futuro que nos esperaba una vez mi matrimonio fuera una realidad. Y más allá de las metas personales y en pareja que podríamos tener, los negocios no tardaron en salir a la luz. Entonces me regocijé en la pasión que tanto él como dos de los hombres más importantes de mi vida sentían por las inversiones, más si tenían involucradas un riesgo que hacía correr la emoción por sus venas, como había dicho Touya.
De esa manera, cuando al fin llegó el momento, un paseo fue el subterfugio para salir de casa y escogí a Chiharu como mi carabina, porque sabía que Rika se opondría con todo su ser al ser tan sobreprotectora. Mi sorpresa fue grande cuando mi castaña doncella expresó su contundente opinión al contarle nuestro verdadero destino dentro del carruaje:
―Si esta visita es secreta, entonces no debería ir.
―Chiharu…
―Ayer pensé que perdería a la señorita ―dijo con sus ojos cafés centelleantes por las lágrimas retenidas―. La hemos servido por muchos años y usted ha sido tan noble al llamarnos "amigas". Por eso yo… yo… no sabe lo culpable que me sentí.
No, ella no debía sentirse culpable… sino yo. Habían pasado tantas cosas que me había olvidado de lo que mi pobre amiga había tenido que pasar por mi causa. Mis brazos la rodearon como tantas veces ella había hecho conmigo, y si bien tenía la necesidad de disculparme, preferí expresarlo de otra forma:
―Tu amistad es muy valiosa para mí, querida Chiharu. Gracias, gracias por tu cariño.
―Rika y yo la queremos mucho, por eso no podría resistir que algo malo le pase.
―Todo estará bien, te lo prometo.
Frente a nosotras, Shaoran nos observaba con una sonrisa y asintió como reafirmación de mi promesa.
El camino siguió y con cada metro avanzado el aire dentro del coche parecía hacerse cada vez más denso. ¿Podría realmente hacer algo para contener al Dios del Caos?, ¿tendría realmente el valor para afrontar los ojos despiadados de un hombre como el duque de Chadwick? Los recuerdos del sujeto que él mismo había contratado para secuestrarme me invadieron: su toque, su aliento, sus palabras asquerosas y libidinosas… De repente, la caricia de Shaoran me hizo emerger del mar de inseguridades y hasta ese momento me di cuenta que estaba temblando. Sus labios, cálidos y seguros, me transmitieron a través de una sonrisa su fuerza; toda señal de oscuridad se disipó.
Entonces las palabras de mi hermano resonaron fuertes en mi cabeza y le di la razón: yo podía hacer todo lo que me propusiera, y no porque fuera obstinada, sino porque la audacia ardía en mi interior.
―Estaremos bien.
―Estaremos bien ―hice eco y sonreí.
No daríamos marcha atrás porque lucharíamos por nuestra libertad. Y lo haríamos juntos.
Capítulo treinta y tres. Solo nos quedan dos capítulos más y el epílogo. El final está a la vuelta de la esquina y ya nos encontraremos de cara con este duque. ¿Qué será lo que tiene para decirles?
Les agradezco un montón por acompañarme en esta aventura que está llegando a su fin y por tomarse un tiempito para hacerme saber sus impresiones. Saben que son muy valiosas para mí, porque no solo se trata de saber que les gusta lo que escribo, sino de saber cómo cada uno hace de mis historias parte de ustedes. Es muy bonito saberlo y por eso lo agradezco mucho.
Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)
Gracias por su cariño y por estar a mi lado en cada historia que inicio, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar.
Un enorme beso para todos,
CherryLeeUp.
