¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.

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Queda terminantemente prohibida la copia parcial o total, así como el uso de escenas o la trama sin mi consentimiento.

Bueno a comenzar :D

La dama de medianoche

Capítulo 34

Para cuando descendí del carruaje, las dudas habían sido suplantadas casi en su totalidad por un espíritu de pelea. Así que, con barbilla en alto, enfrenté las altas paredes de piedra grisácea que deseaban someterme; porque como me había dicho mi padre tiempo atrás: "no era poderoso aquel que se imponía, sino quien se ganaba lealtades por la nobleza de su corazón".

No había nada que temer.

—¿Preparada?

Aun cuando el rostro de mi prometido parecía sereno, en su boca estaba presente el inicio de esa curvatura que destilaba seguridad. Lo imité y tomé el brazo que me ofrecía.

—Más que lista, milord.

—Entonces terminemos con esto de una buena vez.

Miré sobre el hombro a mi querida doncella y le sonreí llena de seguridad. Así, la dejamos atrás y avanzamos hacia la morada de nuestro contrincante sin vacilar; la puerta se abrió antes de tomar la aldaba y apareció un hombre canoso que parecía haber estado vigilándonos desde las ventanas.

―Su excelencia los está esperando en su despacho ―fue su saludo.

Sin desperdiciar ni un segundo, lo seguimos y en el trayecto me di el permiso de observar el lugar en busca de cualquier cosa que pudiera revelarme la clase de persona que era Hirokazu Sanada. La opulencia podía respirarse en cada objeto decorativo, con ello quedaba en manifiesto que para el duque era importante manifestar su estatus desde el mismo instante en que se entraba a su morada.

—La mujer de allá. —Shaoran susurró y cabeceó al frente.

Una criada que parecía limpiar uno de los cuadros al final del pasillo, nos observaba con disimulo: debía ser el contacto que le había pasado la información a los agentes de lord Reever. Un movimiento casi imperceptible de su cabeza fue copiado por mi novio; después se movió hacia otro cuadro.

—Todo estará bien —musitó.

Eso significaba que nuestros protectores debían ya estar ubicados en los alrededores de la mansión. Con eso en mente, sería mucho más sencillo afrontar a lord Chadwick.

A la mitad del largo corredor, el mayordomo tocó la puerta de la derecha un par de veces. La respuesta grave se escuchó desde el otro lado, como si fuera una especie de rugido:

—Que pasen.

El anciano abrió y con un ademán nos indicó que continuáramos por nuestra cuenta. La expresión de Shaoran se transformó en un segundo: ya no estaba a mi lado el joven encantador ni tampoco el escritor apasionado, sino el hombre que había logrado amasar una fortuna cuantiosa que superaba las arcas de muchos duques. Era el conde de Wemberly que exudaba tal poderío y seguridad, que podría doblegar a quien fuera con tan solo una mirada suya.

Y yo debía mostrar la misma fortaleza. Moví mi cuello para dejar ir la rigidez, enderecé los hombros y seguí los pasos de mi prometido al interior.

El fuego en la chimenea estaba encendido, pero no por ello le daba calidez a la elegante estancia de paredes caoba. Sí, había estanterías repletas de libros que hubieran hecho suspirar a cualquiera, cuadros dignos de estar en alguna galería y una magnífica escalera de caracol que llevaba a un segundo piso; no obstante, en cada rincón de ese despacho se sentía el dominio del hombre que encontré detrás del escritorio. Tendría a lo mucho unos cincuenta y cinco; las cejas platinadas que enmarcaban los pozos oscuros que nos escudriñaban, se plisaban de tal forma que las arrugas se marcaban en su frente… y por ello podía decir que esa expresión reinaba con frecuencia en ese rostro adusto de mentón fuerte.

—Me alegra que aceptaras mi invitación, Wemberly. —No se levantó ni ofreció una palabra cortés hacia mí como lo dictaba la formalidad. Con ello validó el carácter arrogante transmitido en su carta.

—La frase "ponerle fin a esto" me ofreció una tentación difícil de ignorar. —El sarcasmo impregnado en cada letra fue tal que el ambiente se cargó de tensión.

El duque de Chadwick sonrió, desdeñoso, y ofreció los asientos que estaban frente a él con un gesto de la mano.

—No dilatemos nuestros negocios entonces.

¿Cómo se atrevía a llamarlo negocio? ¿Acaso era eso lo que significaba para él una vida humana? Presioné los labios ante la marea de insultos que me subía por la garganta; el cínico se los merecía todos, pero no le daría el gusto de perder los estribos con tan solo haber entrado.

Me dejé guiar y al estar sentados, ambos hombres se preponderaron en el ominoso silencio. De esa manera pude apreciar mejor los rasgos severos del noble de cabellos grisáceos. Lo que emanaba de él no era el orgullo representativo de la alta aristocracia, sino una energía de mando y supremacía que no daba espacio a ser cuestionado.

El rostro sonriente de Natsumi se filtró entre mis pensamientos; porque al estar frente a su padre, estaba convencida de que esa pobre chica habría enfrentado el infierno en vida al saberse lo de su embarazo. Todavía así, la muchacha de dieciséis años se había mantenido en pie, no se había marchitado ni perdido su sonrisa; ni siquiera en el penoso momento de su último suspiro.

Admirable en verdad.

—Escuché lo que pasó ayer. —Me dedicó una inspección rápida y displicente que me hizo apretar los puños—. Tengo entendido que el culpable está tras las rejas.

—¿Preocupado por tu perro, Chadwick?

El noble se inclinó hacia el frente y apoyó el mentón en sus dedos entrecruzados.

—Los "perros" son fieles y eficientes, Wemberly, por eso yo no uso ratas para mis encomiendas.

Un segundo… ¿acaso estaba diciendo que era inocente? Imposible, todas las sospechas y las indagaciones apuntaban a él… ¿Cómo era que…? De reojo noté que el mentón de Shaoran se había endurecido; las pequeñas arrugas que rodeaban las comisuras de su boca denotaban el esfuerzo que le estaba costando mantenerse impávido.

—¿Realmente piensas que te creeremos?

—Si hubiera querido poner mano sobre esta mujercita, ninguno de ustedes lo hubiera impedido.

—La "mujercita" tiene nombre y está presente —enfaticé al tiempo que detenía a Shaoran con la mano—. A solicitud de usted mismo, por si no lo recuerda.

Chadwick volvió sus ojos desdeñosos a mí, como si hubiera cometido un pecado capital al intervenir. Me di el placer de encogerme de hombros y demostré con ello que no me importaba en lo más mínimo y disparé las palabras más irreverentes que le había dicho a un mayor:

—No puede pretender que confiemos de buenas a primeras en un hombre sin escrúpulos, ¿no lo cree, excelencia?

—Eres bastante atrevida, mujerzu…

—Si valoras tu vida, no acabarás esa palabra —expresó Shaoran en un tono de voz mortíferamente tranquilo.

—¿Crees que te tengo miedo, mocoso insolente?

La sonrisa ladina que se extendió en los labios de mi conde, no se trataba de la traviesa que sacaba suspiros; sino de un gesto frío que me erizó la piel.

—Deberías, Hirokazu, pero regresando a este nuevo escenario que planteas, estoy más interesado en saber por qué me necesitas. ―Se inclinó hacia delante y adoptó la posición anterior del duque―. Vamos, nos conocemos bien y sé que es por eso que estamos aquí.

Llena de preguntas, volví al duque. Su rostro era un espejo del de Shaoran: rebosaban desprecio y cinismo al tener la boca torcida. ¿Quería decir eso que… mi prometido tenía la razón? Pero si era así, ¿quién diantres estaba detrás de las amenazas?

Sin romper el duelo de miradas, el noble exhaló el aire con fuerza y movió su mano hacia un lado. Tras remover el interior de una gaveta, un manojo de sobres fue esparcido sobre el escritorio.

―¿Qué es esto?

—Allí encontrarán la respuesta que quieren.

Mi corazón dio un vuelco y millones de preguntas se arremolinaron en mi mente, pero las más importantes tenían que ver con el nombre de nuestro hostigador… y el verdadero trasfondo de esa pesadilla. ¿Realmente estarían las explicaciones allí? Cerré y abrí los puños sobre mi regazo para contenerme hasta que al fin mi novio tomó el sobre más cercano.

Tragué el nudo provocado por la expectación y escogí otro de ellos al azar. Esperé encontrar alguna clase de amenaza contra su excelencia o quizás una sarta de insultos; sin embargo, cuando leí la primera línea… el aire abandonó mis pulmones de golpe. No importaba el contenido, sino la letra… esa que había leído incontables veces, cuando no sabía cómo afrontar la situación con Shaoran.

"Nada está oculto entre el cielo y la tierra, anciano. Es hora de que pagues todos tus pecados y yo seré tu juez y verdugo".

Dios bendito… Me llevé la mano a la boca para acallar la sorpresa: nuestro hostigador y el extorsionista del duque… ¡eran la misma persona!

El papel crujió a mi lado y al voltear, encontré el destello colérico en sus ojos cobrizo.

—¿Quién mierdas escribió esto?

—La primera llegó casi al mismo tiempo que el rumor de tu regreso a Zándar.

Cuando Shaoran asestó su puño contra el escritorio me hizo dar un brinco.

—¡¿Sospechaste de mí?! —rugió. El silencio de su excelencia le dio respuesta—. ¡Natsumi fue mi esposa! ¡Jamás me atrevería a manchar su memoria revelando su pasado! ―su exclamación me dejó sin aliento.

—Fue la deducción más lógica en el momento —expresó, tranquilo, y procedió a contarnos su parte de la historia.

Como un viejo zorro, lord Chadwick decidió ignorar las primeras amenazas e hizo seguir a quién había sido su yerno para corroborar sus sospechas; sin embargo, sus hombres pronto se dieron cuenta de que no eran los únicos a la caza del conde de Wemberly.

No le dio importancia al pensar que se trataba de algún enemigo en los negocios; siguió con su vigilancia en busca de algo que pudiera darle la ventaja. Desde luego, no encontró nada y su frustración no hizo más que aumentar cuando las misivas se tornaron más demandantes y funestas, al punto de llegar a amenazar su vida… lo que ocurrió casi al mismo tiempo que se hacía público nuestro compromiso.

Miré la carta en mis manos que temblaban, ¿quién podía ser tan macabro? Porque no se trataba únicamente de las intimidaciones que habíamos recibido… Esa persona había sabido usar la enemistad entre ellos y sus puntos débiles para hacerlos entrar en ese juego maldito: los secretos que ambos guardaban… y yo misma.

—Es inteligente, se lo concederé, pero como todo bastardo insolente, desestimó una de las variables y eso lo llevó al fracaso.

—¿A qué… se refiere? ―El duque alzó su ceja y me dedicó una mirada prepotente.

—Que nuestra serpiente no se esperó que una niña se pusiera pantalones y entretuviera a su prometido durante la noche pasada.

Aun cuando sabía que el rubor acaparó mi rostro, no le di el gusto de hacerme sentir incómoda. Expresar el amor de forma física no era algo de lo que me sintiera avergonzada y lo enfrenté con toda la dignidad posible, con el apoyo de mi Dios Oscuro que posó su mano sobre la mía.

—Ve al grano, Chadwick.

El duque estiró sus labios con sorna.

—En vista de que estuviste concentrado en otras cosas…

—No tientes mi paciencia, vejestorio.

—Tuve tiempo de pensar… —continuó como si nada—: El secuestro fallido y otros detalles que pasé por alto en mi afán de encontrar pruebas contra ti. Eso me llevó a preguntarme: ¿podrías estar siendo acosado por el mismo enemigo? Y si era así, su objetivo debía ser que nos matáramos entre nosotros. ―La risa oscura germinó en su pecho―. Nos manejó a su antojo para traernos a este punto, Wemberly, porque si no hubiera sido por la intervención de la chica, estoy seguro de que hubieras venido por mí y uno de los dos estaría muerto hoy, ¿no es así? ―El silencio de Shaoran le dio la razón. El duque rio y continuó―: Pero así como yo supe lo que estabas haciendo, él debió enterarse también de que no vendrías. Entonces tomé una decisión… ―Sacó dos nuevos sobres de entre sus ropas―. Me esmeré en hacerle saber que buscaría una alianza y hasta invité a nuestra salvadora para hacer el espectáculo más vistoso para él.

―La cita…

El duque sonrió con superioridad y soltó los sobres en la mesa.

―Cayó redondo y lo he sacado de la madriguera donde se ocultaba. ―Punteó uno de ellos con su dedo índice―. Envió el tuyo aquí con la esperanza de hacernos creer que todavía tiene control de la situación, al "predecir" que aceptarías mi invitación.

―¿Reveló su identidad? ―pregunté, al tiempo que Shaoran tomaba la carta.

―No hace falta. ―Chasqueó su lengua y su expresión se endureció―. Solo una persona, además de nosotros, sabe lo que pasó con Natsumi y cometí el error de dejarlo vivo: Souta Matsuda, el miserable que engañó a la tonta de mi hija.

Fruncí el ceño; ese nombre… ese nombre lo había escuchado antes. Traté de hacer un esfuerzo de recordar de donde, pero no fue hasta que el aristócrata lo describió a pedido de Shaoran, que la imagen llegó a mí de golpe.

Pude ver al sonriente pelirrojo lleno de pecas que me dedicó halagos mientras bailábamos… y aquellos penetrantes ojos azules que me observaron con tanto interés. Mi sangre ardió al punto de hacerme tiritar; ese degenerado… ¿cuánto habría visto o escuchado la noche de la mascarada sin notarlo? ¿Y después de eso? Las veces que salí con Shaoran, las veces que me escapé de casa para verme con él… ¿Nos habría seguido también?

―¿Sakura?

―Lo he visto ―revelé con voz contenida―. Él estuvo en la velada de los marqueses de Reever y… bailé con él.

―¡¿Estás segura?!

Cabeceé con tensa lentitud.

—Allí tienes tu incentivo para esta alianza temporal, Wemberly. ―Alcé la mirada hacia lord Chadwick―. Tu prometida ha dejado de ser una pieza en el tablero para convertirse en un blanco al haber truncado sus planes: irá por ti también, niña, y no creo que tenga mucho tacto la próxima vez que te ponga una mano encima.

El sobre fue desgarrado a mi lado y a medida que los ojos de Shaoran recorrieron la hoja, el ritmo de su respiración se hizo más y más fuerte, al punto de resoplar. Llegado al punto final, sus ojos iracundos anunciaron el despertar de Alioth.

―Si nos quiere a los dos en el mismo sitio, tiene que ser una trampa.

―Así es. ―El padre de Natsumi mostró sus dientes en una sonrisa impúdica―. Y si queremos acabar con él…

―Caeremos en ella y juro por lo más sagrado que tengo que lo haré pagar por esto.

―¡¿Alguien me puede explicar qué demonios está pasando?! ―exploté.

El silencio que siguió fue tan nefasto que sentí los hombros pesados. La ira menguó cuando los ojos de Shaoran se posaron en mí, y fue suplantada en parte por el pesar que se propagó hasta llegar a mi alma. Me ardieron los pulmones ante la falta de aire porque sin escuchar palabra todavía, supe lo que era el verdadero terror… Fuera lo que fuera a decirme, sabía que amenazaría su vida.

Sus labios se separaron:

―Me ha retado a un duelo, mañana al amanecer, y exigió que Chadwick fuera el padrino.

El disparo desquebrajó mi espíritu y entonces se dibujó una imagen frente a mí: dos hombres apuntándose con sus armas… y después el cuerpo de mi amado cayendo al suelo con la mirada vacía. La cruel visión se repitió incontables veces; sacudí la cabeza para borrarla, desaparecerla, ¡destruirla hasta que no quedara nada! Eso no podía estar pasando, ¡no podía!

―No… por favor.

―Sakura…

La virulenta desesperación devoró mi razón y en medio de la neblina busqué sus manos. Me aferré a ellas como si fuera a desvanecerse al segundo siguiente.

―No irás… ¡No irás! ¡No dejaré que vayas! ―grité una y otra vez entre sollozos que hicieron arder mi garganta.

No pensaba, no escuchaba, no veía nada que no fueran los soles que yo tanto amaba, y no estaba dispuesta a dejar que la muerte los hiciera suyos como en mi mente. No él… ¡No él!

―¡Sakura! ―La sacudida me sacó del espantoso trance―. ¡Esto no se trata solamente de mí! ¡Te ha amenazado a ti y a nuestra familia también!

―¿Qué?

Aun cuando trató de guardarse tras una máscara severa, la angustia y el miedo permearon a través de ella y finalmente dominaron su voz:

―Si no me presento… no solo te buscará a ti. Dijo que acortará la vida del señor Kinomoto y también irá por mi sobrina.

Dejé de respirar… incluso sentí que todo a mi alrededor daba vueltas y los sonidos se volvieron un eco lejano. Mi padre… él… la bebé…

―Debo ir.

―Pero… pero… Si les advertimos, estoy segura de que podremos protegernos entre todos… ―Mis manos temblorosas se engancharon a las solapas de su levita―. Shaoran… por favor.

―Se ve que no has entendido nada, muchacha, pero que se puede esperar de una mujer.

―¡Chadwick!

El duque se levantó y me observó desde arriba con menosprecio, antes de pasar al hombre que me sostenía.

―Trae a tu gente después de dejarla en casa. Planearemos esto como se debe y te garantizo que mañana tú y yo volveremos, mientras que Matsuda tendrá un hoyo en su frente.

Sin más, caminó hacia la puerta y dejó en su lugar un cargado silencio, interrumpido solamente por el ritmo errático de mis exhalaciones.

―Suspiros…

―No. ―Le corté y aun con las lágrimas corriendo por mi piel, le di una mirada llena de desesperanza―. Si te prestarás para esta locura, entonces no me digas nada más.

―Sakura, ¿crees que yo quiero esto?

―Deseo ir a casa, milord. Ahora.

No supe si fue la culpa por ser el causante de mis lágrimas, o el miedo que se había apoderado de nuestros corazones lo que lo hizo bajar la cabeza. Tampoco importó. Lo dejé atrás mientras escuchaba como mi corazón se hacía añicos y al salir del despacho avancé por el corredor a paso rápido, en busca de aire. Mi pecho estaba tan apretado que… me estaba asfixiando.

A mitad del pasillo, los pies se me enredaron con el dobladillo del vestido y trastabillé, pero antes de dar con el piso, el aroma a sándalo me rodeó al igual que el calor de sus brazos. Y hubiera querido quedarme en ese refugio como la noche anterior… cuando contamos estrellas desde su ventana, pero la imagen de los dos hombres apuntándose destrozó el recuerdo como si de un espejo se tratase. Me removí para separarme de él y entonces me vi arrastrada hacia una de las puertas de la derecha.

El "clic" metálico se escuchó y quedé presa entre la madera y su cuerpo.

―Déjame ir ―musité ronca del llanto.

―No así. Necesito que entiendas…

―¿Entender? ―Una risa nefasta brotó desde lo más profundo de mi pecho―. El que no ha entendido las cosas eres tú. ―Lo enfrenté con el alma rota al decirle lo siguiente―: Morirás mañana. Morirás porque estás empeñado en ir a ese absurdo duelo aun cuando me dijiste que tu puntería era mala. ―Cerré el puño y lo golpeé en su pecho―. ¿Creíste que lo olvidaría? ¡Me dejarás sola! ¡Sola! ¡No habrá historias nuevas, no habrá un futuro! ¡Romperás tu promesa por un orgullo estúpido!

―¡No es por orgullo! ―Detuvo mi mano y se la colocó sobre su pecho, donde su corazón latía brioso―. No es por orgullo, es por amor que lo haré.

―¿Cómo puedes hablar de amor cuando me estás destrozando?

Me sujeté a su camisa y pegué mi oreja a su pecho, mientras rogaba internamente que su corazón siguiera regalándome ese vibrante golpeteo en cada abrazo… en cada beso… en cada noche que durmiera a su lado porque quería que así fuese. Por Dios… tenía que serlo.

―No vayas… Te lo imploro.

―Yo tampoco quiero ir. ―Su voz vibró contra mi mejilla.

―Entonces… ¿por qué?

―Si no me presento o si enviamos a la policía, Matsuda revelará el secreto de Natsumi y desaparecerá. Entonces tendremos que someternos a la zozobra y temer un ataque a cada segundo… Eso, mi lady Suspiros, no es vida. ―Me separó de él y entonces mi corazón se detuvo cuando una lágrima bajó por su mejilla―. Los amo demasiado y no puedo permitir que pasen por tal situación por mi causa.

―¡Ninguno de nosotros te culparía!

―Pero yo sí ―dijo… y aunque quise decirle que estaba siendo estúpido, sabía que era cierto.

Para un hombre tan sobreprotector, sería el infierno en vida saber que su hermana no podría criar a su hija con tranquilidad. Sería el infierno ver recluido a mi padre en sus últimos días… y sería su muerte saber que había cortado mis alas para encerrarme en una jaula de oro.

―Comprendo tu miedo, en serio lo hago porque también lo siento por ti, pero entiéndeme ―suspiró y juntó nuestras frentes―. No puedo zafarme de esto.

―Estoy aterrada… no sé si pueda…

―¿Sabes lo que me mantiene en pie? ―Ahogada, negué con la cabeza―. Tu sonrisa, tu audacia, tus escritos que ya me sé de memoria… ―Se acercó un poco más, hasta que nuestros labios se rozaron―. Tus caricias, tu piel, tu aroma. ―Un beso―. Tus suspiros que fueron míos anoche y que espero poder oír cada vez que vayamos a la cama. Tu fuego avasallante que me pertenece, así como el mío es solamente tuyo.

―Shaoran…

―Lo que pasó anoche, Sakura, no sabes cuánto significó para mí. Lo eres todo, ¿entiendes? Mi principio y mi final. ―Un nuevo beso más necesitado―. Por eso voy a volver a ti. Porque crearemos juntos nuestra propia historia, mi Dama de Medianoche. Bríndame tu osadía, tu fulgor para afrontar esto.

¿Cómo transmitirle lo que él pedía, cuando era dominada por el miedo de perderlo? ¿Cómo enviarlo lejos cuando no sabía si realmente volvería a mí como decía? No me sentía con fuerzas… estaba completamente desvalida y perdida en medio de la tempestad que me azotaba sin piedad.

«Pero es en medio de la oscuridad que las estrellas muestran su brillo», resonó en mi cabeza la voz de mi padre.

Alcé la mirada y aun cuando sus astros estaban turbios por la desazón… en sus profundidades encontré algo más. Valioso como la joya más preciosa… que me sacó una sonrisa trémula a pesar de los ríos de mi agonía. Era la esperanza que se alimentaba de la fusión eterna de nuestras almas, de las promesas dichas mientras nos habíamos amado y del porvenir que ambos soñábamos.

Era cierto. Yo era una Dama de Medianoche que había florecido y mostrado su resplandor, pero todo… todo había sido por él. Porque a su lado había aprendido a valorar mi talento, porque a su lado me había descubierto a mí misma, porque a su lado había vislumbrado esa audacia oculta a los ojos de los demás… Incluso para los míos, pero no para él.

Yo era la preciosa dama que había desafiado el destino por su amado, y él era el caballero que lo había dado todo de sí mismo para florecer conmigo. Shaoran también había crecido, también se había fortalecido al punto de estar dispuesto a hacerle cara al mañana para dejar su pasado atrás y yo… yo debía estar a la altura como su condesa.

Porque en mi corazón… yo ya era su esposa. Y si era así, entonces… ¿por qué no llevar la carga ambos para que fuera más liviana?, ¿por qué no compartir el infierno?

Mis manos treparon por su pecho al tiempo que me elevaba en puntillas. Un húmedo toque, luego otro y otro más… hasta que nuestros alientos se mezclaron al ritmo apasionado de nuestras lenguas. Había miedo y el sabor amargo de las lágrimas estaba presente, pero no por ello dejaba de ser un beso de amor, una chispa exquisita de nuestra pasión… un símbolo de fe para los dos.

Sus manos me asieron con fuerza contra él hasta no dejar espacio entre nuestros pechos; con ello me regaló el ritmo enérgico de su ardor por mí en cada latido; porque se trataba de ese tipo de caricia que se explayaba por todas partes. Sus labios estaban en mi boca pero los sentía en mi oreja, en mi cuello… en lo más profundo de mi alma porque me daba su vida, así como yo le entregaba la mía.

Y no, no era una despedida, sino la materialización de la ardiente necesidad del uno por el otro en cada roce, de nuestra ferviente creencia en el mañana… de mi deseo de seguir contando estrellas en la oscuridad desde la ventana todas las noches, apoyada en su pecho desnudo.

Bajé al piso y vi sus soles resplandecer como nunca antes. Llenos de amor y de la excitación despertada por mí… y yo me aseguraría de que ese brillo siguiera allí hasta el fin de nuestros días.

―Todo estará bien, mi diosa de la noche ―susurró y besó mi frente.

No me quedó más que asentir, aunque en mi cabeza quedó rondando ese último pensamiento, incluso cuando tocó la hora de la despedida al llegar a mi hogar. No importó que me dijera que iría por sus amigos, ni que serían minuciosos a la hora de planear con lord Chadwick la acometida del día siguiente… porque solo ardía en mi centro el deseo de hacer algo.

Lo besé de nuevo con devoción sin importar que mis padres pudieran vernos y él me recibió de igual manera: con la necesidad de repeler el nocivo miedo que deseaba corroer nuestras almas. Porque si en verdad quería luchar, si quería garantizar el bienestar de mi Dios del Caos, debía mantenerme de pie. Debía ser como un caballero de antaño, dispuesto a hacerle frente al enemigo con una armadura que resplandeciera gracias a la confianza en mí misma, y con una espada sedienta de atacar con el filo de mi inteligencia.

De esa forma lo dejé partir… y me refugié en la soledad de mi habitación sin querer ver a nadie. No hubo más lágrimas, no hubo terror. Solo la fe me acompañó y en silencio rogué a la divina providencia por una señal que marcara el camino que debía seguir.

Sabía que escapar de casa e impedir el duelo sería un desatino, porque así como los agentes de Edras nos cuidaban, el enemigo estaría en busca de una oportunidad y podría empeorar la situación. Además… Shaoran me había hecho jurar que no haría una locura como salir de casa sola.

El viento silbó afuera y encontré a las estrellas que se habían adueñado por completo del firmamento. Un delicado titilar que me ofrecía una compañía anhelada en aquella desesperante oscuridad. Tomé un chal de lana, una vela y descalza salí de mi aposento con el frío bajo mis pies; pero antes de llegar a la salida que me llevaría al jardín, encontré abierta la puerta del salón de descanso de mi padre.

Seducida por las sombras proyectadas por el fuego danzante de la chimenea, entré en aquel espacio tan sagrado que tenía impregnada en cada pared la esencia de Fujitaka Kinomoto. En los libros favoritos que compartía con Touya, en la mesa de ajedrez donde se había dejado vencer incontables veces para sacar sonrisas en Nao, en el piano que había acribillado sus oídos al pasar mis dedos por aquellas teclas de marfil… y en aquello que relució ante mí como una tentación.

Uno de sus pasatiempos favoritos.

Entonces lo supe.

Supe lo que debía hacer y me dejé abordar por esa corriente espasmódica que intensificó la esperanza. Corrí por los largos pasillos hasta llegar a la habitación que mis queridas doncellas compartían. Entré sin tocar y ambas dieron un salto en sus camas.

―¿Señorita Sakura?

―Chiharu, necesito que vayas afuera y busques a una persona.

―Pero si es de madrugada…

―Por eso mismo será sencillo: solo un vigía estaría dando vueltas alrededor de nuestra casa ―le expliqué y crucé mis manos al frente―. Y si no logras ver a nadie, llama el nombre de Yue, estoy segura que eso lo sacará de las sombras.

Oí las sábanas removerse y después una lámpara fue encendida.

―¿Qué debo decirle?

―Tráelo y que me espere en el salón verde.

―Yo la acompañaré.

―No ―detuve a Rika y me agaché a un lado de su cama―. Tú me ayudarás en otra cosa.

―¿Qué está pasando, señorita?

Miré en la ventana la danza de las estrellas, entonces asentí con convicción. Lo que pasaba era el llamado del destino y yo acudiría a él.

Tenía una promesa que cumplir.

Capítulo treinta y cuatro; ahora sí, las cartas están echadas y el final ya se asoma y no con una boda, sino con un duelo que promete muchas cosas.

¿Qué creen que pasará? ¿Se presentará el hombre? ¿Qué tendrá para decir? ¿El plan de lord Chadwick salvará a nuestro conde? ¿Y qué es lo que planea Sakura?

Lo que puedo decirles es que el final será narrado por nuestro conde ;)

Les agradezco un montón por acompañarme en esta aventura que, ahora sí, está llegando a su fin y por tomarse un minutito para hacerme saber cómo disfrutan mis historias y cómo cada uno las hace parte de ustedes. Es muy bonito saberlo y por eso lo agradezco mucho.

Mi agradecimiento como siempre a mis preciosos lectores cero Pepsipez y WonderGrinch por acompañarme en esta aventura desde su concepción :)

Gracias por su cariño y por estar a mi lado en cada historia que inicio, chicos, espero lo sigan haciendo por un buen tiempo y no se olviden de comentar.

Un enorme beso para todos,

CherryLeeUp.