¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.
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Bueno a comenzar :D
La dama de medianoche
Capítulo 35
Shaoran Li
Durante el tiempo que estuve en el antiguo reino de Alhid, escuché varias leyendas y costumbres interesantes. Una de ellas relataba la importancia de darle un nombre digno a un lugar especial para otorgarle cierta energía; y, desde luego, quise ponerlo en práctica apenas regresé a Zándar.
La oportunidad llegó cuando adquirí el pequeño apartamento en el centro, ya que ninguna de las propiedades asociadas al condado me pertenecían y tampoco contenían mi esencia. Con tan solo eso, fue increíble como la residencia dejó de serlo para convertirse en un lugar sagrado: mi Fortaleza del Pensamiento Prohibido donde pude acabar Melodías de invierno.
Así que no me sorprendía que el viejo invernadero se transformara por completo en un templo donde podía respirarse el valor: El Templo Inmaculado de la Osadía. Manaba desde cada rincón, desde cada flor y arbusto, principalmente de aquellos donde morarían las diosas que, a pesar de no mostrarse todavía, proyectaban el poder del mañana.
Porque sin importar lo que pasara, ellas se abrirían camino y encantarían con sus pétalos sacrosantos.
Toqué una de las hojas y sonreí; en verdad la Dama de Medianoche era la esperanza viva, mi esperanza de verlas florecer junto a la mujer que había escogido por mí mismo y de la cual me había enamorado sin remedio.
Sabía que yo era el responsable de la cruda desesperación que debía estar acosándola y mi corazón lloraba debido a ello, pero también sabía el tipo de mujer que era Sakura Kinomoto. Le hacía cara a la adversidad con todo su temple y estaba seguro que no se dejaría caer.
Era lo que más amaba de ella.
―Espérame, milady. Volveré a ti, es una promesa. ―Acaricié la hoja tierna y esperé que, de alguna mágica manera, transmitiera esas palabras a mi lady Suspiros.
Pasos dispares me sacaron de mis pensamientos. Takeshi iba entrando a mi templo y, a pesar de sostener esa sonrisa tan propia de él, era notoria la preocupación en sus ojos y en el dolor que aquejaba su pierna esa madrugada. Lo sabía por la fuerza extra que ejercía en el bastón.
―Cuando saliste del despacho pensé que te pondrías a practicar un rato, no a contemplar flores.
―Eso sería lo más estúpido que podría hacer ―me reí y al ver la confusión en su rostro, aclaré―: No daría en el blanco ni por accidente; eso, en vez de calmarme, me pondría más ansioso.
―Te concederé ese punto ―aceptó en una mueca y retomó el paso hasta llegar a mi lado―. Te veo bastante sosegado. Eso es bueno.
Volví mi atención al arbusto de las damas y sonreí.
―Todavía tengo muchas páginas en blanco que llenar y lo haré: en eso estoy mentalizado. Sin embargo… ―Me giré y posé la mano en su hombro―, si las cosas no salen como espero, todos mis asuntos están en orden y sé que ustedes cuidarán de mi familia y de Sakura.
―Todo saldrá bien, hermano mío. ―Presionó mi mano―. No te diré que confíes en Chadwick porque ese perro sarnoso se cuidará a sí mismo, pero sí te pediré que confíes en Eriol. Él hará todo lo humanamente posible para que llenes esas páginas con tu puño y letra.
―Ese es uno de los motivos por los que estoy tranquilo: confío en él.
Después de eso, el pesado mutismo se hizo presente y alargó su huesuda mano hacia mi corazón para comprimirlo. Cerré los ojos y aspiré el aire para desterrarlo, mientras imaginaba como sería el aroma en la noche de floración. Dulce y atrevido, seguramente; las flores buscarían apoderarse de cada uno de los sentidos como sucedió en la velada de los Berkel. Entonces mi lady Suspiros se agacharía para gozar del blanco puro y sonreiría hacia mí, vestida con un camisón ligero de satén.
Con esa imagen el equilibrio volvió a mí. Proyectarse en el futuro glorioso era la mejor manera de domar a la bestia del miedo.
―Si llegara a darse la situación… ―Abrí los ojos y noté que Takeshi se había movido hasta el naranjo―, ¿serías capaz de jalar el gatillo para acabar con la vida de ese tipo?
Durante toda mi vida me había esforzado por proteger a mi familia sin importar el costo, así que no me extrañó el "Sí" que respondí sin dudarlo siquiera. Acabar con una vida era una fragmentación del alma con la cual estaba dispuesto a cargar, si con ello lograba que mis seres queridos estuvieran a salvo.
―No puedo dejarlo escapar ―dije en tono áspero―. Si lo hago, todos tendremos que vivir un infierno.
―El odio que Matsuda le tiene a Chadwick es entendible, después de todo, le jodió la vida ―suspiró―, pero lo que no me termina de calzar es qué tienes que ver tú en todo este asunto.
―Yo tampoco… pero me enteraré ya que de eso depende el plan del anciano.
La idea era bastante sencilla en realidad: los refuerzos del duque junto con Eriol llegarían mucho después que nosotros al lugar del duelo, para hacerle creer a la sabandija que en verdad iríamos solos. Lógicamente, tendríamos que hacer tiempo y nada mejor para ello que provocarlo y sacarle información. Debía admitirlo, era una estrategia robusta que incluso había considerado la posibilidad de encontrar obstáculos en el camino; razón por la cual Eriol había sugerido que el grupo se dividiera en dos: unos que actuarían de señuelo y los otros que rodearían el bosque para llegar con nosotros.
Ninguna arista había quedado sin ser evaluada y debería sentirme tranquilo por ese lado, pero después de haber demostrado su inteligencia, intuía que Matsuda ya sabía que todas las probabilidades apuntaban en su contra. Entonces, ¿por qué retarme a un duelo cuando tenía todas las de perder? Y si bien había una posibilidad de que todo saliera mal para mí, él también acabaría muerto. ¿Su odio era tan grande como para tomar el riesgo?
Suspiré, allí era donde estaba el peligro en realidad: enfrentar a un hombre que iba dispuesto a morir con tal de lograr su objetivo. No obstante, yo también iba resuelto a cerrar ese volumen de mi vida para iniciar uno nuevo al lado de Sakura. El valor que había estado acumulando en mi templo se convertiría en mi escudo y estaba seguro de que seguiría avanzando, seguiría creando y seguiría viviendo.
Nadie se interpondría en mi camino.
―Bueno… si no vas a practicar, podríamos hacer algo más productivo que mirar plantas, ¿no te parece?
―¿Como comer?
―Usted me conoce bien, milord ―dijo, reverenciándome.
―Nunca cambias, Takeshi. ―Me reí y pasé mi brazo por encima de su hombro―. Por lo menos espero que me dejes picar algo.
―Solo por hoy ―respondió con una sonrisa burlona.
De esa forma, entre risas retenidas nos colamos en la cocina y asaltamos la despensa para después huir como si fuéramos un par de chiquillos. ¿El botín? Las sobras de la cena, incluidos los pastelitos de chocolate que habían quedado. ¿Cuántas veces habíamos hecho lo mismo de muchachos? Pillos insaciables nos había llamado numerosas veces mi madre cuando nos descubría… y por ese nexo tan fuerte sabía que podía confiarles mi vida a esos dos.
Y también a las mujeres que yo amaba.
Sonreí mientras lo veía comer y en silencio le di las gracias por todo lo que había hecho por mí. Por haber fisgoneado en mis cosas y descubierto mis escritos, por animarme a desarrollar mi habilidad literaria, por haberme acompañado en ese largo recorrido hasta convertirme en el Erudito de las Sábanas… y por siempre haber sido mi soporte en todo.
El mundo podría pensar que Takeshi Yamasaki descargaba sus frustraciones con la vida al andar de falda en falda, pero él era mucho más que eso y estaba orgulloso de llamarlo mi amigo.
Tiempo después, el momento de partir llegó y los únicos que me acompañaron hasta la caballeriza, fueron Takeshi y Wei. Mi viejo mayordomo era el único de la casa que sabía la verdad y a pesar de poder ver en sus ojos las ganas de detenerme, el noble hombre solo bajó la cabeza y me entregó las riendas de mi montura.
―Estaré esperando su retorno victorioso, milord.
―Así será, aunque ya sabes qué hacer con respecto a mi madre en dado caso. ―Palmeé su hombro al verlo asentir y me giré a Takeshi―. Y tú, recuerda que tienes trabajo qué hacer con el último capítulo de Melodía de Invierno.
―Eso es lo único que me mantendrá cuerdo en estas horas ―hizo una mueca y aceptó mi mano extendida―. Todo saldrá bien.
―Todo saldrá bien ―aseveré y apreté su hombro para transmitirle tranquilidad.
―Y si vemos el lado positivo, podrías usar toda esta experiencia en alguno de tus próximos escritos.
Torcí la sonrisa a un lado y solo cuando estuve sobre el caballo, le respondí:
―Puede ser más pronto de lo que crees… En la alianza que haré con Yoshida.
―¿De qué…? ¡¿Yoshida?! ―Amplié más el gesto―. Bastardo engreído, ¡no me habías dicho nada! ―La risa presuntuosa brotó desde lo profundo de mi pecho―. ¡Ve por ese maldito y regresa para darme los detalles! ¡Esa primicia es mía y la edición también!
―Como diga, lady Ventisca.
Espoleé el caballo e inicié rumbo hacia el punto fijado por el duque de Chadwick, rodeado por la fría brisa de la madrugada. Las calles de Zándar estaban desiertas a esa hora, por ello no fue difícil distinguir al único hombre que montaba a caballo además de mí, justo en una de las intersecciones que llevaban a las fueras de la ciudad. Aminoré el trote del pura sangre y después de darnos una rápida mirada de confirmación, continuamos juntos el camino.
El paisaje de casas y adoquines quedó atrás y había esperado que la ansiedad ganara un poco de terreno, pero seguía manteniéndome sosegado en aquella cabalgata hacia el destino. Era extraño y regocijante a la vez que el estoicismo se hubiera vuelto un aliado y me cobijara en aquella difícil travesía.
Una que no sería la última.
―Por allá ―indicó Chadwick y nos internamos en el bosquecillo que bordeaba las inmediaciones de Zándar.
El lugar predilecto de los duelos quedaba unos quince kilómetros al este, y solo aquellos que tenían un ajuste de cuentas se atrevían a sondear esos solitarios parajes.
El dificultoso camino de tierra nos llevó al punto donde nuestros refuerzos seguramente encontrarían una emboscada más tarde. No nos detuvimos a inspeccionar para no poner en sobre aviso a un posible vigía. Tiempo después, cuando el sol ya se asomaba por el horizonte, salimos al claro de hierba alta. En la lejanía divisamos el lugar de encuentro: dos frondosos árboles, cuyas raíces se habían teñido con el color de la sangre de aquellos que se las habían jugado todas por su honor.
La cabalgata se volvió un suave trote hasta detenernos por completo entre los gemelos de madera. Con los pies en la tierra, Chadwick dio un vistazo general a nuestro alrededor.
―Esa alimaña saldrá de su escondrijo solo cuando se sienta seguro de que hemos cumplido con su exigencia.
Me recosté en el tronco a mi espalda y me encogí de hombros.
―No nos queda más que esperar.
―Lo que tienes que hacer es focalizarte en hacerle un hoyo en la cabeza. Eso nos ahorraría muchos problemas ―gruñó.
Hice una mueca… si hubiera sabido que mi vida dependería de mi habilidad con las armas, hubiera dejado la pluma de lado un poco para practicar con la diana en mi juventud. Pero bien decían que sobre el pasado no había nada que hacer, solo mirar hacia delante y eso hice. Fijé la vista en el espectáculo que el sol nos regalaba: en un manto purpura que se mezclaba con el precioso rojo amanecer.
Mis labios se fueron curvando a medida que los recuerdos aparecieron en mi cabeza. Así, los segundos se transformaron poco a poco en un cuarto de hora que aproveché al máximo para llenarme de Sakura. Primero resonó su risa siempre natural y contagiosa en mi cabeza, luego me contagié de la fuerza con la que siempre defendía sus principios, por supuesto también llegó la astucia que usaba al conversar y el coraje con el que defendía a su familia. Entonces recibí el abrazo de esa ternura perpetua en sus ojos y sus escritos, la valentía que tuvo para convertirse en la Ama de los Suspiros que yo tanto admiraba… Y, por último, me inundó su lado apasionado y lujurioso que solo yo conocía.
«Y la virgen se ofrece a ti», recordé la entonación divina de su voz al decir esas palabras, para luego colocar mi mano en su seno suave y perfecto. Me llevé la mano al rostro y casi me reí allí mismo. Solo a mí se me ocurría evocar tal imagen en un momento como ese.
Definitivamente, Sakura Kinomoto… No, Sakura Li se había convertido en mi salvación y perdición, pero sobre todo, en mi Diosa Serenidad que siempre me brindaba su cobijo cuando más la necesitaba.
―Por fin se dignaron a aparecer. ―La voz de Chadwick me hizo abrir los ojos y a la distancia distinguí tres jinetes.
Me descrucé de brazos y me enderecé al tiempo que ellos desmontaban. Fijé la atención en el único que no estaba encapuchado; un pelirrojo de estatura promedio. Sus ojos, de un invernal celeste, se posaron primero en el duque; alzó su barbilla cuadrada en actitud prepotente y luego pasó a mí.
―Veo que no fueron tan cobardes como para negarse.
―Y yo veo que te has vuelto más insolente ―contraatacó el anciano.
Matsuda se limitó a esbozar una pequeña curva desdeñosa para volver su atención a mí, como si estuviera midiéndose conmigo o quizás se preguntaba lo que Natsumi habría visto en mí. Era lo más natural ya que ambos habíamos amado a la misma mujer… O por lo menos yo sí lo hacía, porque no lograba comprender cómo una dulce e inocente niña como lo había sido mi mujer en su juventud, había caído en manos de un hombre tan egoísta y pendenciero como ese.
―Como lo prometí, he traído al médico y ya le he pagado ―señaló con un ademán al que estaba detrás de él. Fruncí el ceño cuando se quitó la capucha porque, a pesar de estar entrado en años, su apariencia coincidía más con la de un matón de los bajos mundos―. Imagino que trajeron las armas.
Miré de reojo a Chadwick y tras asentirle, sacó de la alforja una caja de madera lustrada. Al abrirla, mostró las dos pistolas que reposaban en el interior, cargadas y preparadas para enfrentarse la una a la otra.
Matsuda le hizo señas al único que se había mantenido al margen de la conversación; debía ser su padrino. Cuando se descubrió la cabeza, reveló un rostro de mirada dura color café y un cabello azabache. Mis puños se cerraron al ver el tono aceitunado de su piel: ese maldito fue quien pagó por el secuestro de Sakura. Tenía que serlo.
Sus manos revisaron las pistolas con minucioso cuidado y con ello demostró que no era un hombre cualquiera. No parecía un malhechor como el fulano doctor, aunque en realidad eso no era lo importante, sino lo que faltaba en sus ojos. Así como le había dicho a Takeshi, acabar con una vida provocaba fragmentaciones en el alma; por eso la ausencia de arrepentimiento y culpa demostraba que demasiadas vidas se habían extinguido en sus manos, al punto de adormecer su conciencia.
Ese sujeto representaba un verdadero peligro.
Se giró hacia mi contrincante y asintió, conforme.
―Ya que fui yo quien lo retó, puede usted elegir primero, lord Wemberly.
―Le cedo el privilegio. Para mí es intrascendente quien lo haga.
Sus labios se estiraron con un deje de burla.
―Parece que se ha resignado a morir. ―Alargó la mano hacia la caja―. Es un poco decepcionante.
―Todo lo contrario. ―La firmeza con la que hablé, atrajo su atención. Entonces le sonreí―. Mi vida no acaba hoy.
Profirió una risa de boca cerrada y volvió a estirar la mano para escoger su arma. Decidí que era momento de aplicar la parte del plan que dependía de mí, con una pregunta que había estado removiendo mi interior.
―Si es posible, me gustaría que me aclarara una duda con total sinceridad. ―Sus ojos celestes se alzaron con cierto fastidio, mas no dijo nada. Así que proseguí―: ¿Realmente estaba dispuesto a revelar el pasado de mi difunta esposa?
Había esperado que negara con contundencia, incluso que se burlara o me discutiera por haber recalcado que Natsumi había sido mi mujer; no el silencio que me golpeó en el estómago al interpretarlo como un "sí".
¿Cómo… se atrevía a considerarlo siquiera?
Cuando un hombre amaba, su respeto hacia la dama era eterno, aun cuando ella dejaba de existir. Con un demonio, yo podía seguir viviendo, rehacer mi vida y hasta volver a amar, pero los recuerdos siempre estarían impresos en mi alma y jamás… ¡Maldita sea! Un verdadero caballero jamás se atrevería a tal afrenta.
―¿Por qué? ¿Por qué manchar su memoria? ―pregunté con voz contenida.
Torció la boca.
―La revelación solo los hubiera afectado a ustedes dos, no a ella, ya que se encargaron de enviarla a la tumba.
¿Qué… diablos estaba diciendo?
El ácido ya no solo estaba en mi estómago, se había extendido por todo mi cuerpo y me hizo temblar y aspirar con más fuerza de la normal.
―Todo. Todo lo que nos hicieron van a pagarlo hoy. Desde separarnos, ―Miró al duque y luego pasó a mí―, hasta haberla forzado a casarse con un hombre que no amaba y que se encargó de marchitarla.
¿Qué… era esto? ¿Acaso era una especie de burla?
―¿De qué diablos estás hablando, rufián? ―ladró Chadwick, a mi lado.
―¿Creen que no lo sé? ―Su risa hizo que mi sangre ardiera mucho más―. ¡Lo sé todo! ¡Todo! ¡Sé de la tristeza y la decepción con la que lidió mi Nami! ¡Ustedes la orillaron a la muerte!
―¡Natsumi amaba su vida y el Oncos me la arrebató! ―rugí y me lancé adelante, pero el duque me sostuvo―. ¡Suélteme!
―¡Wemberly!
―¿Realmente fue así o eso fue lo que dijeron para encubrir lo que en verdad pasó?
Me quedé inmóvil. Helado. ¿Cómo…? ¿Cómo podía tan siquiera insinuar que una mujer tan noble y fuerte como lo había sido Natsumi… podía quitarse la vida?
―Mi hija era una Sanada y era dueña del orgullo familiar ―dijo el duque y aflojó el agarre de golpe―. Jamás se habría atrevido a suicidarse.
―¿Qué puede saber usted si la vendió al mejor postor? ―espetó―. ¡Ella solo fue el pago de los negocios entre ustedes dos!
No pude frenar la risa irónica que brotó desde lo más profundo de mí… Era increíble, ¡insólito!
―De verdad eres y dices pura basura. ―Volví a reírme y lo encaré con todo el cinismo que pude reunir―. Tú no sabes absolutamente nada.
―Puede burlarse todo lo que quiera, pero estaría haciéndolo también de las propias palabras de Nami.
―¿Cómo dice? ―siseó el duque en mi lugar.
El sujeto se cruzó de brazos y nos reveló que a su regreso a Aurennor, la noticia del matrimonio de Natsumi no lo acobardó. Si el mundo les había dado la espalda, ellos también podrían hacerlo, así que la buscó y dio con ella en nuestra casa de campo donde yo la había llevado para iniciar nuestra vida, juntos.
Saber que se vieron me revolvió el estómago; sin embargo, la respuesta de mi mujer a su propuesta de fuga solo comprobó lo que yo había amado más de ella: su sinceridad y su lealtad.
Mi esposa había dicho un rotundo "no".
―"Las cosas que me trajeron hasta aquí, jamás podrás entenderlas, Souta ―limpió una lágrima―. Desde luego, no me dijo la verdad porque sabía que la hubiera forzado a irse conmigo… Y siendo tan gentil y preciosa, me pidió que hiciera mi vida y que fuera feliz, porque ella intentaría serlo con el hombre con el cual se había casado.
―¡Ella y yo nos queríamos!
―¡Nami solo se resignó a la vida que le tocó! ¡Y yo fui un estúpido por haberla dejado contigo! ¡Tú! ―me señaló con su dedo―. ¡Tú me la quitaste y la llevaste a la muerte! ¡Por eso serás quien morirá primero!
¿Qué podía saber ese imbécil? Él no había tenido que verla apagarse con cada día que pasaba, él no había tenido que verla toser sangre, él no había tenido que verla regresar lo poco que podía ingerir, él no había tenido que verla desesperada por aspirar aire… ¡Él no la había visto cerrar sus ojos para no abrirlos nunca más! ¡Yo sí! ¡Yo sí, maldita sea!
Lo miré con todo mi desdén… porque al fin había entendido todo.
Matsuda no quería vengar a Natsumi, deseaba satisfacción por su estúpido orgullo herido. Por eso no le importaba en lo más mínimo ensuciar el recuerdo de mi difunta esposa.
Bien decían que reflejábamos nuestras culpas en los demás, y ese tipo no se había perdonado a sí mismo por haber abandonado a la mujer que supuestamente amó.
Pero las cosas pasaban porque debían pasar. Esa era otra de las enseñanzas que me había legado mi paso por la tierra de Alhid. La muerte de mi esposa no la había podido evitar, pero al menos me había esmerado por darle felicidad hasta que partió de mi lado. Algo que, en definitiva, ese tipejo no hubiera podido hacer porque estaba seguro que la hubiera abandonado ante la crueldad del oncos.
―El nombre de mi Natsumi te queda demasiado grande, escoria. ―Tomé una de las armas y lo miré directo a los ojos al continuar―: Es por eso que su último aliento fue mi nombre y no el tuyo. ―Sonreí al ver como se desfiguraba su rostro de la ira―. Toma tu arma, cobarde. Acabemos con esto.
Su barbilla tembló y cogió su pistola.
―Diez pasos, Wemberly.
Asentí y lo observé moverse con su padrino hasta el punto donde daría inicio el duelo.
―Wemberly, quiero decirte algo. ―La voz de Chadwick me detuvo. Fingió acomodar mi levita―. Los hombres ya deben estar cerca. ―Cabeceé en entendimiento―. Como te dije anoche, no es falta de honor moverse a un lado para evitar una herida mortal. Y, si puedes, mata a ese bastardo.
No le respondí y caminé dispuesto a enfrentar esa prueba por la memoria de Natsumi, por mi familia y por Sakura.
Espalda con espalda, los recuerdos fueron transitando uno tras otro en mi mente. Momentos desgraciados, momentos buenos; páginas que al fin acepté como parte de mi vida y que me habían convertido en lo que era en ese instante.
La voz de Chadwick se alzó e iniciamos los diez pasos. Por extraño que pareciera, con cada uno, sentía como el resentimiento iba quedando atrás y tomó su lugar el perdón. Hacia los demás… y hacia mí mismo.
«Es la única forma de iniciar un nuevo libro», sonreí y pensé en la mujer que me ayudaría en esa labor.
―¡Tiradores, listos! ―anunció el padrino de Matsuda cuando llegamos al diez.
Me giré y apunté al frente. La mano no temblaba, no había dudas. Solo decisión y paz que me fortalecieron.
El silbato se oyó. Mi dedo accionó el gatillo. Apenas me dio tiempo moverme a la derecha cuando el sonido de los disparos perforó mis oídos; entonces un espeluznante traqueo me erizó la piel. El mutismo siguió. No supe si logré darle y por un largo segundo no fui capaz de sentir nada… hasta que el cruel y profundo ardor, apareció.
Caí sobre una rodilla y un gruñido poderoso nació en mi garganta. Me apreté el hombro izquierdo que palpitaba; la sangre caliente y densa manaba de la herida. El horripilante dolor se apoderó de todo el brazo y me hizo jadear.
Apenas distinguía las voces airadas como un lejano eco. No sabía quién hablaba, quién respondía… Volví a quejarme y con dificultad alcé la vista. Pude distinguir a Matsuda apuntándome con un arma… y con la otra mano se sujetaba el costado que estaba manchado de rojo.
¿Le… había dado?
Una risa baja surgió desde las profundidades de mi pecho. No sabía si el sufrimiento me había vuelto loco o si se debía al placer de haber dado en el blanco al menos una vez en mi vida.
―¡Baja tu arma, Matsuda! Apenas puedes sostenerla ―distinguí la voz de Chadwick.
―No eres… nadie para darme órdenes. Ya no ―se rio y los otros dos desenfundaron sus armas hacia nosotros―. Ustedes no se irán de aquí con vida.
De repente, otro disparo se oyó y por instinto cerré los ojos. Nada. Entonces percibí los cascos de unos caballos. Suspiré de alivio; debían ser los refuerzos.
Abrí los párpados y busqué el sonido: dos jinetes se acercaban… y con ellos sentí como la sangre abandonaba mi cara de golpe.
Sakura… era ella. Y se acercaba al peligro de frente.
Mi mente quedó en blanco. Me olvidé incluso del dolor. ¡Debía llegar a ella! ¡Debía protegerla!
Traté de levantarme, pero la mano de Chadwick presionó mi brazo herido hacia abajo. El latigazo que me recorrió me hizo soltar un improperio desde mi garganta.
―Ni se te ocurra decir nada ―musitó y luego elevó la voz, colmada de burla―: ¡Los números se han equilibrado!, ¿eh, Matsuda?
Lo que hizo el desgraciado no me importó; entre el dolor y el miedo, solo pude buscar con la mirada a mi esposa. Vestida de hombre, se apeó del caballo de un brinco, manteniendo un rifle de caza en alto. Sus ojos verdosos eran determinación y furia en su estado más puro.
―Les recomiendo que bajen sus armas, ahora. ―Yue se posicionó a un lado de ella.
―Señorita Kinomoto… me complace verla de nuevo.
―Soy lady Wemberly, zoquete de mierda.
Matsuda soltó una risa estridente.
―¡Hermoso vocabulario, milady!
―Exclusivo para tipejos como usted. ―Activó el martillo―. Baje el arma o no respondo.
―Puede que parezca una experta sujetando su rifle… pero todos aquí sabemos que es demasiado inocente y no jalará el gatillo. ―El azul irascible me escogió como su objetivo―. No me importa morir si por lo menos… ―Otro disparo.
Con desespero busqué a Sakura. Sus ojos se habían cerrado con fuerza y la carencia de humo me hizo saber que el rifle no había sido el responsable. Un golpe seco se oyó; Matsuda había caído de rodillas y detrás de él… los ojos fríos de Azruel habían reclamado su presa.
―Ella no, pero yo sí.
Más detonaciones. Todo fue tan rápido que apenas pude ver como uno de los rufianes se desplomaba, y al moreno ser sometido por Yue que tenía el arma de Sakura en sus manos.
Unos brazos delicados me envolvieron y no me importó la descarga de dolor… porque al fin la tenía refugiada en mi pecho. La apreté con mi brazo sano y le obsequié cada uno de mis latidos y me alimenté con los suyos.
―Cuando escuché los disparos… morí en vida. Pensé que… pensé que…
Besé su cabello y miré sus preciosos ojos.
―Usted… lady Wemberly, va a matarme un día de estos. Sépalo.
―No rompí mi promesa. Todo fue planeado. Te lo juro.
Tan hermosa, tan valiente… Mi dama de Medianoche que había florecido y se mostraba ante mí en toda su grandiosidad. Mis labios la buscaron con urgencia. Un único beso brioso que transmitió no solo mi amor por ella; también fue mi forma de interiorizar que todo había acabado, que la pesadilla había llegado a su fin y que ella estaba bien. A salvo… a mi lado.
Sus ojos reflejaron su húmeda alegría y sonrió.
―Debemos llevarte a casa rápido y buscar un médico que sane tu herida.
Estuve de acuerdo… porque no sabía hasta qué punto podría seguir resistiendo. Aunque si fuera una herida grave, ya me habría desangrado.
Maldita locura.
Con dificultad, Sakura me ayudó a ponerme en pie, pero sin importar el cuidado que tuviera, cualquier movimiento disparaba oleadas lacerantes.
Los hombres del duque ya se habían apersonado y habían amarrado a Matsuda y al sujeto que había fungido como su padrino.
―¿Estás bien? ―Eriol se acercó a nosotros.
―Estoy vivo… gracias a ti ―le sonreí.
Como pocas veces pasaba, Eriol me devolvió el gesto, para luego volver a su seriedad habitual tras aclarar su garganta.
―Quería llevarlo ante las autoridades, pero Chadwick ha reclamado derecho sobre él por la afrenta en contra de la memoria de su hija.
Con el ceño fruncido, enfrenté la mirada oscura del padre de Natsumi. En lo personal, la muerte me parecía un acto de compasión que Matsuda no se merecía; no obstante, el anciano deseaba escribir la última hoja de ese libro con sangre y yo no me opondría.
Asentí y con ello la alianza entre los dos llegó a su fin.
―Vámonos.
―¿Seguro?
Me limité a abrazar a Sakura e inicié la marcha hacia los caballos. De esa forma, corté todo lazo con mi pasado.
―¿Te molestaría… si voy contigo? ―preguntó Sakura en un susurro. Alzó su vista hacia mí―. Solo quiero estar a tu lado.
Sonreí; si bien era cierto en parte, sabía que la otra tenía que ver con su miedo de que me cayera del caballo a medio camino… y en honor a la verdad, admitía que yo también pensaba lo mismo.
―Si es lo que la dama desea.
Sus labios mostraron satisfacción.
Me solté de su abrazo protector y tras acariciar el lomo de mi corcel, tomé varias respiraciones. «Esto va a doler como el infierno».
Presioné los labios y me tragué el rugido de dolor; el sudor frío se formó en mi frente. Traté de controlar los jadeos cuando sentí a Sakura montar a mi espalda.
―¿Listos? ―preguntó Yue.
Al sentir los brazos finos afianzarse en mi abdomen, le di una respuesta afirmativa.
Moví las riendas y el caballo inició el trote para alejarnos de aquel lugar maldito. Al minuto, se escuchó una ráfaga de disparos.
«Ahora sí… todo ha llegado a su fin».
Cada tanto Sakura llamaba mi nombre para asegurarse de que seguía despierto, y llegó un momento en que tuve que detenerme porque en verdad sentí que me iba hacia un lado.
―Debemos apresurarnos ―escuché distorsionada la voz de Eriol.
El paso se reanudó, aunque no era yo quién llevaba las riendas.
―Resiste, amor. Falta poco.
Mis sentidos fueron adormeciéndose cada vez más y apenas logré ver la silueta de mi hogar a lo lejos… ¿o habría sido un espejismo? Nunca lo supe porque en ese instante mi conciencia quedó sometida y mi nombre resonó en la oscuridad.
El martilleo constante en mi cabeza fue lo primero que percibí al regresar a la realidad… luego el dolor en el hombro izquierdo, aunque en menor intensidad, lo cual fue un gran alivio. El aire salió en un resoplido débil antes de abrir los ojos; parpadeé varias veces hasta acostumbrarme a las sombras parciales que me dieron la bienvenida.
El simple movimiento de girar la cabeza provocó una punzada en el brazo inmovilizado, aunque era tolerable. Reconocí el escritorio al fondo y las cortinas de terciopelo azul: estaba en mi habitación. Algo de luz se filtraba por los bordes y por eso la oscuridad no era total; debía ser de día.
Una mano me acarició la mejilla y después un delicado susurro clamó por mi atención. Giré al lado contrario y hallé una hermosa vista: la sonrisa pura y tierna de mi musa.
―Hola, Alioth.
―Emyra ―le contesté en voz rasposa y ella, solícita, me acercó de inmediato un vaso con agua.
―Pequeños sorbos, eso dijo el médico.
Obedecí y mientras saciaba la sed, torbellinos de recuerdos fueron llegando. Hice una mueca, no era muy varonil aceptar que me había desmayado en el camino.
―¿Te sientes bien? ¿Te duele mucho? El doctor Sanders dijo que todo estaría bien, siempre y cuando evitáramos una infección. ¿Tienes fiebre? ―Tocó mi frente con presteza―. Cielos, no debí dejarlo ir…
El océano de palabras continuó y en vez de sofocarme, enternecieron mi alma. ¿Cómo no hacerlo cuando ella demostraba tal nivel de preocupación por mí? ¿Cómo no hacerlo cuando las evidencias de sus cuidados estaban en su rostro? Alargué la mano hacia su mejilla; ella calló en el acto.
―Lo que necesito… es a mi mujer a mi lado.
La confusión reflejada en sus ojos dio paso a una alegría que se apoderó también de su boca. Asintió y tras dejar el vaso en la mesa, se acurrucó a mi lado.
―¿Mejor?
―Mucho mejor.
El silencio que prosiguió me permitió disfrutar de cómo mi respiración buscaba emular la suya tranquila, de la suavidad de su piel y de las ondas de su cabello que enredaba entre mis dedos como parte de un juego inocente.
―¿Estás molesto todavía? ―Alzó sus ojos y vi en ellos su inquietud―. Por haber ido.
Suspiré y dejé un beso en su frente.
―Debería estarlo… pero entre todas las inverosimilitudes que afronté hoy, tú llegada fue una bendición.
―No podía quedarme sentada esperando noticias... y por eso busqué a la única persona que podría ayudarme a salvarte.
―Yue ―resoplé y me recordé que tenía que estrangularlo.
Sakura negó con la cabeza.
―El agente Yue me acompañó porque no le dejé opción ―sonrió con cierta vergüenza―. Quienes idearon todo y me convirtieron en el señuelo fueron los marqueses de Reever… Más Tomoyo, de hecho.
Mi respiración salió en un suspiro fuerte y entrecortado; tomé nota mental de castrar a Eriol por dejarse convencer en cuanto pudiera salir de la maldita cama.
―Sé lo que estás pensando y te ganarás una poderosa enemiga si discutes. Tomoyo da miedo cuando se molesta ―se burló―. Además, debemos ser conscientes de que ninguno de ellos me hubiera detenido… y en cierto modo ese lunático sabía que yo iría.
―¿Por qué lo dices?
―Me dejó el camino libre ―reveló y volvió a mi pecho―. No dejó hombres que me vigilaran y tampoco encontramos obstáculos.
O quizás realmente deseaba morir si podía llevarse a uno de nosotros con él. Sacudí la cabeza; pensar en ese sujeto no valía la pena, así que opté por bromear para aligerar el ambiente.
―Creo que de ahora en adelante dejaré todo en tus manos.
―¿A qué te refieres? ―preguntó, alzando de nuevo su mirada.
―Mi mujer sabe manejar el rifle a la perfección ―le guiñé un ojo.
Sus labios se curvaron con orgullo.
―Ya te lo había dicho: papá se aseguró de que sus hijos fueran buenos cazadores, incluso a caballo.
―¿Ves? No tengo nada que temer… aunque espero que no vuelvas a hacer algo tan temerario.
―Pues esperemos que no tenga que volver a hacerlo.
¿Para qué molestarme cuando ya me esperaba una respuesta como esa?
Sakura volvió a apoyar su cabeza en mi pecho y cuando busqué acomodo para ambos, el movimiento me sacó un quejido que despertó su preocupación de nueva cuenta. Insistió en darme la dosis de calmante recomendada por el médico, pero yo odiaba con mi vida ese brebaje del mal que además de tener un mal sabor, aletargaba los sentidos y lo que menos quería era dormir.
―¿Los traidores están abajo? ―pregunté para cambiar de tema.
Ella sonrió con indulgencia y me dio el gusto.
―Se fueron como hace una hora, pero me pidieron que les avisara apenas despertaras.
―Podemos hacerlos sufrir un poco. ―Con eso la hice reír―. ¿Y tus padres? ¿Les avisaste que estás aquí?
―Estuvieron aquí un rato… ―Se mordió el labio inferior, como si estuviera dudando de continuar y eso me preocupó―. Yo… terminé contándoles todo, sobre ese demente que estaba amenazando a nuestra familia… y tú haciéndole frente.
Mis labios se torcieron hacia un lado.
―Supongo que omitiste tu participación en el duelo y por eso estás usando un vestido de mi madre. ―Su expresión se llenó de vergüenza y dio un casi imperceptible asentimiento―. Definitivamente voy a tener que cuidar mi ropa.
―Dijiste que para ti sería un deleite verme con ella ―contraatacó con una sonrisa ladeada.
―Punto y partido para usted, lady Wemberly.
Sakura sonrió con tal dulzura que su rostro pareció iluminarse.
―Aunque lo dije… debo admitir que suena muy bonito, a pesar de que todavía no puedo usar tal título.
―Eso podríamos arreglarlo esta misma semana ―dejé caer de forma casual, y al ver la curiosidad despertada en su rostro precioso, señalé a la derecha con la mirada―. ¿Puedes revisar en la segunda gaveta de aquel escritorio? Debe haber un sobre allí.
Sakura frunció el ceño y tras la insistencia de mi sonrisa, se levantó para ir a donde yo le había pedido. Volvió la cabeza en mi dirección un par de veces; yo solo me dediqué a mantener mi expresión inocente e imaginar cómo el ritmo de sus palpitaciones iría en aumento.
Abrió la gaveta y pronto el sobre encontró las manos de su dueña. Mi lady Suspiros volteó una vez más y yo le di mi consentimiento para que lo abriera. Así lo hizo y a medida que sus ojos fueron leyendo el contenido, un arco amplio y maravilloso se apoderó de esas tentaciones con las cuales soñaba día y noche.
―¿Cuándo tú…?
―Lo que te dije ayer no fue una mentira ―la interrumpí y busqué ponerme de pie sin importar la dificultad, porque una cosa así no podía decirse postrado en una cama.
―Shaoran, debes estar…
―Ayer te dije que tendríamos un futuro juntos ―le dije cuando llegó a mi lado. Tomé sus manos y besé cada uno de sus nudillos; los cristales y gimoteos de felicidad fueron convocados―. Te dije que vería la muerte a los ojos y le diría que no era mi día, para después volver a tu lado y no dejarte ir nunca más. Por eso ayer mismo conseguí esa licencia especial, porque no esperaré un condenado mes para que seas mi esposa.
Ella sonrió entre lágrimas.
―¿Al demonio la boda pomposa con invitados importantes?
―Nunca la quisimos ―dije y nos reímos juntos.
―Solo necesitamos que nuestros seres queridos estén con nosotros, nada más.
―Así es.
―Entonces debo avisarles a mis padres, ¡también a Ieran!
La mención de mi madre me sacó una mueca. Su sermón cuando se enterara de todo el asunto sería legendario… y lo peor era que tendría que aguantarlo.
―¡Oh, Nao! Debo escribirle hoy mismo para que pueda asistir.
―Si enviamos un coche, estará aquí en tres días a lo mucho.
―Eso es tiempo más que suficiente para preparar las cosas y para que recuperes tu energía.
―Milady… ―Me acerqué a sus labios y susurré lo siguiente sobre ellos―. Energía tengo de sobra.
―Shaoran, el doctor dijo reposo absoluto.
―Del brazo ―me reí sobre sus labios y dejé un beso corto en ellos―. Para lo demás estoy perfectamente funcional.
―Siendo así… ―Hizo su cuello a un lado y me dio libre acceso. Yo no desaproveché en ir a ese lugar predilecto en la base de su oreja―, podríamos… aprovechar para adelantar algo de la historia de Gale y Vesta, ¿no te parece?
Volví mis ojos a ella y encontré esa curvatura sensual y cautivadora.
―¿Les diste nombres?
Ella pasó la mano por encima de mi hombro y se puso de puntillas para susurrar en mi boca:
―El viento jamás apaga el fuego, mi dios oscuro, lo aviva hasta convertirlo en incendio. ―Un beso ardiente―. Eso significan ellos.
―Entonces, ha dado usted con nuestro próximo título, lady Suspiros.
―Y es bueno que su mano dominante esté funcional, mi gran Erudito, porque esta historia no se escribirá sola.
―Al demonio con el reposo.
Me apoderé de su boca con todo mi ímpetu y encerré el dolor en lo más profundo de mi mente para dedicarme a amarla con cada uno de mis sentidos. Saborearla, gozar de la esencia a limones que siempre la acompañaba, y disfrutar de la textura de las finas hebras que tanto adoraba.
La respiración nacía en ella y moría en mí. Era más que una caricia, era una fusión, era entrega. Un beso envuelto en llamas que se adherían a la piel y acrecentaban la fuerza de mi pasión… del placer encontrado en su lengua y en sus dulces gemidos hechos melodía.
Sakura era futuro, era vida; la dama que se convertiría no solo en la protagonista, sino en la heroína de esas páginas en blanco que comenzaba a escribir.
Por eso, al ver la dicha y la pasión encendida en su rostro, ambos nos emocionamos tanto que las lágrimas no se hicieron esperar y volvimos a unir nuestras bocas. Esa vez con calma para disfrutar de los roces, los jadeos, los recorridos húmedos y mordiscos traviesos que estimulaban ese cosquilleo profano y lujurioso. Mi mente se volvía pecado y creaba las ansias de sentir su calor fundiéndose con el mío, de recorrer con mi boca los lugares más deliciosos de su cuerpo.
Una sensación embriagadora que había extrañado. Deseo, amor, un nosotros que se había formado al juntarse nuestras almas para siempre, y que nos había hecho libres.
Por fin podíamos volar de la mano a donde la imaginación nos quisiera llevar y no había mejor forma de iniciar un nuevo libro que esa.
Definitivamente, haríamos historias entre sábanas y suspiros.
¡Hemos llegado al final!
Debo decirles que tengo lagrimitas porque en verdad esta historia, además del reto que representó, se ganó un espacio especial en mi corazón porque me hizo crecer como escritora y me demostré a mí misma que no hay imposibles si se pone el corazón en ello.
Los personajes, esta pareja que poco a poco construyeron su amor más allá de la atracción que sentían, en verdad se ganó mi cariño. Aun cuando en este espacio son llamados por los nombres de nuestros queridos CCS, para mí son Ethan y Amelia. Cobraron vida propia y fueron capaces de enamorar y sacar suspiros en cada capítulo. Y no solo ellos, porque también nos enamoraron los marqueses de Reever y hasta nuestra querida "Lady Ventisca" con su particular forma de ser.
Ahora, solo nos queda leer ese epílogo para cerrar con broche de oro esta historia que espero les haya gustado porque fue escrita con mucho cariño para todos ustedes :) Inició como un regalo, un one shot que acabó siendo un proyecto entero que despertó pasiones, hizo germinar las sonrisas y sobre todo los suspiros. Ya con eso me siento satisfecha y me doy por servida como escritora.
Bueno dejaré palabras para el cierre haha, pero repito que tengo lagrimitas en los ojos.
Les agradezco a mis lectores cero Pepsipez y WonderGrinch que me prestaron sus ojitos para la revisión y por sus comentarios oportunos :D
Y a ustedes, mis queridos compañeros de viaje, gracias por haberse sumado una vez más conmigo. Por leer cada aventura que emprendo y por todo el cariño que me transmiten.
Nos leemos en el epílogo.
Un beso para todos.
CherryLeeUp.
