Yamato entró en la sede de la JAXA con paso distraído, todavía guardando las llaves en su bolsillo mientras que avanzaba por el pasillo. Aquella mañana no había ido caminando hasta allí, ya que primero se había ofrecido a acompañar a Sora al trabajo y así de paso dejaba él a Aiko con su hermano.
Saludó a aquellos con los que se cruzaba por el camino, llegando por fin hasta el ascensor, aprovechando el momento en el que se cerraban las puertas para bostezar, relajando algo más el gesto. Aquella temporada estaba teniendo más trabajo de la cuenta y necesitaba sacar tiempo de debajo de las piedras para poder estar algo más en casa. Por ese mismo motivo había madrugado más aquel día para poder aprovechar.
Continuó con su camino cuando llegó a su planta, llegando hasta el que desde hacía ya una temporada era su despacho, sorprendido por no encontrarse caras conocidas por el camino todavía. Se quitó el abrigo, dejándolo colgando en el perchero antes de lanzar una mirada a su alrededor comprobando que todo estuviera en su sitio.
Localizando la carpeta con la que había estado trabajando el día anterior, la cogió, yendo a sentarse a la mesa con ella, distraído con la lectura. Parecía que alguno de los proyectos que estaban en desarrollo se había empezado a adelantar más y estaban más pesados de la cuenta desde hacía una temporada. Al menos, hasta dónde él sabía, más allá de revisar datos y autorizar algunas pruebas, por el momento, no se iba a ver implicado en nada más, algo que a aquellas alturas agradecía.
Siempre había tenido miedo de que el paso del tiempo le hiciera ver con malos ojos el puesto que le habian dado. Era justamente la parte de su trabajo que menos le gustaba y no contaba con haberse adaptado con tanta facilidad, aunque estaba seguro de que eso tenía que ver con que sus prioridades hacía tiempo que eran diferentes.
- Qué raro… Ya me parecía raro que no hubieras llegado todavía – una voz provocó que diera un respingo-. ¿Qué?
- Katsu… ¿no tienes nada mejor qué hacer? – negó con la cabeza, recuperando del todo la compostura-. ¿Pasa algo?
- No, solo que me pasé antes por aquí y no te vi, y como normalmente suele llegar algo antes.
- Fui a dejar a la niña con mi hermano – explicó, dejando la carpeta encima de la mesa.
- ¿Esos son los informes? – preguntó al ver lo que posaba.
- Sí… ¿por qué?
- Porque quería revisar un par de detalles contigo, así luego no me puedes echar las culpas por nada…
Viendo como el rubio se limitaba a reírse por lo bajo y a negar con la cabeza, terminó por hacerle un gesto para que cerrase la puerta tras él y que se acercara para poder hacer lo que le decía. Seguro que así se le iba a hacer mucho más ameno que simplemente mirando los papeles una y otra vez.
- ¿Entonces os vais esta semana o no? – preguntó Sora mientras que Andrew terminaba de pasarle uno de los patrones en los que habían estado trabajando desde hacía días.
- Pues sigo sin saberlo, ¿te afecta mucho?
- No, no… Claro que no. Solo lo preguntaba por saber – aunque le supusiera quedarse sin su mejor ayuda allí, no había sido una pregunta de trabajo precisamente.
- Cuando las compañías aéreas dejen de reírse de mí directamente en mi cara te lo confirmo – dijo encogiéndose de hombros.
- Me parece bien, pero intenta no acabar tirándole algo a la cabeza a ninguno de ellos, que seguro que está mal visto – bajó la vista por fin al dibujo que tenía entre las manos empezando a estudiar los detalles.
Hacía meses que había empezado por fin con un proyecto común con él, haciendo que las cosas fueran mucho más sencillas para todos. Siempre le habia gustado trabajar con Andrew, ya que, aunque tenían estilos diferentes, solían ponerse de acuerdo con bastante facilidad y rapidez. El boceto qe acababa de pasarle él la prueba de ello, ya que era un dibujo que ella misma había hecho y que él se había encargado de hacerle las modificaciones. Y, sin duda, le gustaba lo que veía, asintiendo con la cabeza antes de devolvérselo.
- Me gusta, ¿tienes idea del color?
- La verdad es que no demasiado, porque creo que podría quedar bien con cualquier color. Aunque… con el diseño y siendo sin estampados… Yo creo que quería muy bien de color rojo.
- ¿Rojo?
- Rojo – asintió-. Es elegante como para que al ser de ese color no quede demasiado llamativo.
Los ojos de ella volvieron a fijarse en el dibujo, terminando de visualizarlo en el color que él sugería, viendo que posiblemente pudiera tener razón. Un color más apagado convertiría el diseño en algo demasiado serio y así tenía el contraste perfecto con todo lo demás.
- ¿Ves por lo que me gusta trabajar contigo?
- ¿Por qué estoy en minoría si se me ocurre llevarte la contraria y que tengo a tu sicaria viviendo bajo el mismo techo que yo?
- Aparte… - aunque mantuvo la sonrisa, la dejó convertirse en una más maliciosa-. Yo creo que podemos darlo por terminado, ya le doy color yo más tarde.
La pelirroja aprovechó el momento para recoger las cosas, cerrando así su cuaderno y su material para apartarlo, sentándose de forma más relajada. Tardó en darse cuenta de que Andrew la estaba vigilando, girando la cabeza de nuevo hacia él.
- ¿Pasa algo?
- Te veo de mejor humor hoy por la mañana, ¿alguna novedad que deba saber?
- No… - arqueó una ceja-. ¿Estoy de mejor humor?
- Lo pareces, últimamente te estaba notando algo más alicaída… Pero no sé, hoy estás diferente.
Permaneció con aquel gesto unos segundos más, terminando por darse cuenta de que quizás sí que estuviera de algo mejor humor que el resto de días. Y sabía perfectamente el motivo de aquello. Dibujó una sonrisa delatadora en sus labios antes de encogerse de hombros.
- Yamato está hasta arriba de trabajo y últimamente casi ni lo veo, nada más que por las noches y eso cuando no llega muy tarde y poco más y se va directo a dormir. Pero hoy se ha empeñado en traerme y así de paso podíamos desayunar tranquilamente por la mañana…
- ¿Ves? Si es que eres demasiado evidente. ¿Tiene problemas en el trabajo?
- No, para nada. Más bien todo lo contrario. Últimamente les ha entrado prisa con un proyecto y se dedican a volverlo loco. Pero eso es bueno para él y se las arregla para sacar tiempo para Aiko, así que, por el momento, creo que podremos sobrevivir.
Andrew se quedó observándola, dándose cuenta de que todo aquello encajaba a la perfección con la forma en la que la había estado viendo comportarse aquellos últimos días. Y, conociéndola como la conocía, posiblemente fuera una de las primeras veces que conseguía que dijera algo.
- ¿Tiene eso que ver con que estés tan interesada por mi viaje?
- No, eso no tiene nada que ver. Solo me preocupo de que me vengas diciendo que le has estrellado los billetes en la cabeza a alguien en el aeropuerto.
- Pues por eso puedes estar tranquila porque ahora los tengo en el teléfono y no tengo ganas de quedarme sin él – bromeó para distraerla-. Puedo encargarme yo de ultimar algunas cosas para que…
- Frena ahí – negó con la cabeza-. Soy mayorcita, sé comprender que a veces el trabajo requiere bastante más de lo que nos gustaría, no me voy a morir por ello. Así que lo que puedes hacer ahora es entretenerte es en ayudarme a recoger.
Negando con la cabeza por la respuesta que él le había dado, empezó a hacer lo que ella le decía para poder terminar lo antes posible, girándose únicamente cuando sintió la puerta de la sala de reuniones abrirse, viendo aparecer a Haru.
- ¿Cuánto lleváis ahí vosotros dos? – fue su saludo.
- Un buen rato… Pero ya hemos terminado. ¿Has hablado con los de producción? – le dijo él cuando llegó hasta su lado.
- Sí y se han quedado a la espera de que les lleguen los nuevos patrones.
- Pues justo acabamos de terminar de revisar los últimos, solo tengo que entretenerme en darles color. Ya te los enseño más tarde que ahora tengo que hacer una llamada…
- Deja, ya se los enseño yo ahora, tú vete a hacer lo que tengas que hacer de una vez.
Agradeciendo su ofrecimiento con un gesto, la pelirroja dejó todo en la mesa, poniéndose en pie y echando a andar de nuevo hacia su despacho. La mañana todavía no había terminado y ella tenía unas cuantas cosas qué hacer. Sintió su teléfono vibrar en el bolsillo y al sacarlo no pudo más que sonreír viendo que era una foto de Aiko jugando con sus primos.
- No miras con esa misma cara los informes – dijo Katsu al ver la cara que había puesto el rubio.
- Ni a ti tampoco, fíjate tú que coincidencia – le contestó apartando la mirada de la fotografía que acababa de recibir, decidiendo girarlo para que pudiera verla él también-. Esos dos parecen hasta buenos en fotografía.
- Madre mía, ¿ese es tu sobrino? – alargó la mano para poder acercarse mejor la pantalla.
- Los dos, ¿por qué?
- Porque el rubio es un miniclon…
- No, el rubio es un miniclon de mi hermano.
- Y ese es un miniclon tuyo, así que deja de darme vueltas. Si va a tener razón Mai con eso de la genética…
No pudiendo más que darle la razón, se echó a reír con suavidad. Dai había salido algo más diferente, eso no lo podía negar nadie, pero Reiji y Aiko se parecían muchísimo. Y el motivo no era otro que el mismo por el que Takeru y él también se parecían bastante. Recordando así los dramas que había arrastrado su padre cuando le habían llegado aquellos dos nietos y se había dado cuenta de que habían sacado los rasgos de Natsuko en realidad, volvió a reírse.
- Ya te dejo de dar la lata – le dijo Katsu mientras que le devolvía el teléfono-. Yo creo que tendrás más cosas que hacer que dejarte marear.
- Si lo que intentas decirme es que te has aburrido de mí y que tienes ganas de ir a pelearte con Takao un rato, puedes ir sin ponerme excusas.
- Mientras que no haya liado alguna mientras que yo no miraba creo que me doy por contento…
Dando por terminado lo que había ido a hacer allí, se puso en pie, despidiéndose del rubio con un gesto antes de seguir su camino de vuelta a la zona de desarrollo, dejándolo seguir con sus labores. Aprovechando el momento, Yamato volvió a mirar hacia la fotografía que había recibido, observando así a la pequeña antes de sonreír. Era increíble lo rápido que volaba el tiempo. No se podía creer que la niña tuviera ya más de dos años, aún le parecía que estaba viéndola por primera vez en el hospital. Algo le decía que el año próximo que se acercaba iba a ser más duro de lo que a él le gustaría.
Aunque habían decidido ya a qué escuela iban a llevarla, estaba completamente seguro de que lo iba a pasar él mucho más horriblemente que ella. Con mucha más diferencia, además, aunque quizás se sabía de alguien que iba a estar muy enfadado porque no lo dejaran acompañarla. Contando que Gabumon solo se había separado de Aiko unas semanas en toda su vida, ya se estaba viendo con él, los dos dramatizando en la puerta del colegio.
- Comandante– una voz lo devolvió a la realidad, encontrándose a la secretaria de uno de sus superiores.
- ¿Pasa algo? – confuso, tardó en sintonizar unos segundos más.
Se acercó hasta la mesa, tendiéndole un papel para que pudiera leerlo con tranquilidad antes de despedirse con un gesto. Únicamente se le había indicado que llevara el mensaje, pero no sabía de qué iba nada de todo aquello.
- Gracias – contestó el rubio, aceptándolo.
