- Pero bueno, ¿y esta sorpresa?

La pelirroja estaba aún en su mesa cuando al levantar la vista se había encontrado con Takeru llegando acompañado por Aiko, la cual echaba a correr hacia ella. Se había puesto en pie automáticamente para poder cogerla en brazos y sujetarla contra ella con una sonrisa de oreja a oreja.

- Pues como sé que sueles salir más o menos a esta hora se me ocurrió venir a traértela y así ahorrarte algo de tiempo de la que voy a buscar a Hikari – respondió él, observando la escena.

- Muchas gracias – levantó la vista hacia él la pelirroja, sonriendo-. ¿Qué tal te has portado con tu tío?

- Esa pregunta sigue siendo trampa con esos dos elementos… Y eso que ahora Dai está más tranquilo desde que le apareció el Yukimibotamon. Creo que se le ha metido en la cabeza que tiene que cuidarlo y ha dejado de aterrorizar al pobre Gabumon.

La mención del digimon hizo que la pelirroja los buscara con la mirada, entendiendo que seguramente hubieran ido a saldar a Haru. Se acercó a su cuñado sin soltar a la pequeña, la cual estaba agarrada a su madre sin intención de soltarla.

- Bueno, seguro que Reiji tiene una sorpresa cualquier día de estos y ya el único peligro público sigue siendo Daigo.

- Con el historial que tiene Daigo… Mucho me temo que no va a servirle de demasiada ayuda si de repente le aparece una visita de ese tipo.

- No… más bien veo a Koemi haciendo las maleas y buscando un sitio en el que esconderse…

Echándose a reír a la vez, aprovechó para darle un beso a la niña, habiéndola echado de menos como todos los días que pasaba en el trabajo sin poder llevarla con ella. Se entretuvo así unos segundos más antes de volver a enfocar al rubio.

- Gracias por cuidármela.

- No se dan – alargó la mano hacia su sobrina, revolviéndole el pelo ligeramente a modo de despedida-. Me voy, que no quiero hacerla esperar. Si mañana necesitáis niñero otra vez, llámame, ¿de acuerdo?

- Que sí… Venga Aiko, dile adiós a tu tío – todavía demasiado ocupada en quedarse pegada a su madre, la pequeña escondió la cabeza más contra ella, dejando así la cara apoyada contra su hombro-. Oye, no seas así… Dile adiós a Takeru.

- Déjala, si ya me tiene muy visto, ¿a que sí? – sonrió-. Me voy ya.

- Muchas gracias otra vez…

Haciéndole un gesto para quitarle importancia echó a andar hacia la puerta caminando distraídamente. Quería ir a recoger a Hikari a la salida del trabajo y así poder ir los dos a hacer un recado.

- ¡Tito! – acabó por llamarlo la voz de Aiko, provocando que frena sus pasos, haciéndole así un gesto de despedida con la mano, sacándoles a los dos adultos una sonrisa.


Yamato miró su teléfono, comprobando la hora y dándose cuenta de que no iba a tener tiempo para ir a comer a casa. Hacía ya rato que estaba esperando a ser atendido y algo le decía que iba a ser para largo. Decidió que la mejor de sus ideas iba a ser llamar a Sora para ver cómo iban las cosas y avisarla, viendo justo en ese momento como la puerta se abría y no teniendo más tiempo que para enviarle un mensaje avisando.

- Perdona por la espera – Isao, uno de los principales encargados de la administración de aquella sede, salió, haciéndole un gesto para que entrara con él.

- ¿Ha pasado algo? – preguntó sin querer esperar tampoco demasiado más, curioso porque lo hubiera llamado tan repentinamente al despacho.

- No, pero quería hablar contigo de un asunto importante – le indicó una de las sillas para que tomara asiento.

Revolviendo entre los papeles que tenía en la mesa, acabó por girarse hacia el rubio segundos más tarde con un papel donde seguramente vendría mucho mejor detallada la información de lo que él podría explicarle. Se lo tendió para que él mismo pudiera leerlo, dejándole unos segundos para que se adelantara.

- ¿Y esto que tiene que ver conmigo? – preguntó Yamato cuando llegó más o menos a la mitad del documento-. Yo ahora mismo no tengo nada que ver con ningún proyecto importante de la JAXA.

- Sí, pero formaste parte del equipo que viajó dos veces a Marte. Es más, la segunda de las veces eras el comandante a cargo. Así que hemos pensando en que quizás deberías de encargarte tú.

- ¿Yo? – arqueó una ceja.

Odiaba aquello. No era la primera vez que le hacían algo parecido. Sabía que había formado parte de uno de los mayores éxitos del lugar y que había sido algo sonado a nivel mundial. Pero eso seguía sin significar que estuviera por la labor de tener algún tipo más de relación con la prensa que la que tenía con sus padres.

- Eres la mejor opción. Ya has hecho algo así más veces y creemos que puede ser bueno para la organización. Que el proyecto puede traer nuevas caras y no nos vendrían mal algunas nuevas solicitudes.

- ¿Y se os ha ocurrido que yo soy la mejor opción?

- Exacto. Y además sabemos que tu familia es parte del mundo, así que no creo que vaya a ser tan complicado. La semana que viene tendremos una reunión con los responsables. Te enviaré toda la información por correo para que puedas leerla.

- Pero… Yo ahora mismo no tengo tiempo para gran cosa más. Estoy con las revisiones de los detalles de…

- Eso será por el momento una segunda prioridad. Dudo que todo esto vaya a llevar mucho tiempo.

Se quedó mirando de nuevo hacia el papel, poniendo mala cara sin molestarse en disimularlo. Estaba seguro de que había mejores opciones que él, con que tuvieran las más mínimas ganas de hacerlo seguro que todo iba a salir mejor y con más fluidez. Tenía ya bastante trabajo como para que le vinieran con tonterías que no tenían nada que ver con su labor.

- ¿Algo más? – preguntó con tono algo seco.

- Por el momento no – negó con la cabeza.

Asintiendo, se puso en pie sin muchas ganas de estar allí y tener que aguantar más las formas. Estaba de mal humor y no dudaba que estando más tiempo allí fuera a ayudar. Se puso en pie y salió en dirección a su despacho. Había perdido tiempo para ir a comer a casa y para encima para algo como aquello. Frenó en seco, decidiendo que podría ir a buscar alguna cara conocida con la que poder quedarse a gusto mientras tanto. Cualquiera de sus antiguos compañeros de equipo no estarían demasiado lejos y sin duda tendrían alguna que otra cosa que decir también sobre el tema, eso si no estaban también metidos en aquello.


Sora miró el mensaje que Yamato acababa de mandarle, frunciendo el ceño mientras que caminaba con Aiko por el jardín. Había notado que se le estaba haciendo tarde y que era extraño no haber sabido nada más de él aún, pero hubiera preferido que hubiera tenido tiempo para pasar por casa a comer.

- ¿Qué pasa, Sora? – preguntó Biyomon alzando el vuelo.

- Nada… que Yamato no va a llegar a comer.

- ¿Papi? – dijo la niña al escuchar el nombre de él.

- Sí, papi no va a poder venir a comer. ¿Qué te parece si vamos luego a hacer la compra y le hacemos algo para cenar a su gusto? – se agachó para poder quedar a su altura.

Aquella tarde se la podía tomar libre y así tener tiempo para estar con la pequeña. No le gustaba que Yamato estuviera tan ausente, pero no era un pensamiento egoísta, sino que le preocupaba más bien por él y por la niña. Se lo había notado en el humor aquellos días atrás o cuando lo había pillado apoyado en la puerta de habitación de Aiko mirándola sin decir ni media palabra porque había llegado demasiado tarde a casa y ella ya estaba dormida.

- ¿Vas a ayudarme tú a comprar y a cocinar? – la pinchó con suavidad en la barriguita, viendo como se reía.

- Quiero comer – le dijo a su madre, mirándola por debajo de flequillo, consiguiendo que ella se lo echara hacia atrás.

- Claro que sí, preciosa – se incorporó, tendiéndole la mano-. Vamos a calentar la comida, ¿venís? – le dijo a los digimon antes de echar a andar viendo como las seguían inmediatamente.


Horas más tarde, Yamato entró en la casa con aire cansado. Llevaba todo el día revisando documentos y, sin duda, el mal humor con el que llevaba desde el mediodía no había ayudado a que se lo tomara con más ánimo. Dejó el abrigo en el perchero, descalzándose, bastante ajeno a la realidad hasta que de repente sintió unos correos se acercaban a él. El gesto en su cara cambio por completo cuando vio aparecer por la esquina a Aiko, acelerando para poder llegar a su lado lo más rápido posible, llamándolo en voz alta. Sin duda, cosas como era le servían para dejar de odiar al mundo tras haber tenido un mal día.

- ¡Papi! ¡Papi! – llegó hasta él, sin dejarlo agacharse del todo y dando un saltito para que la cogiera, tal y como otras muchas veces había hecho Sora, sacándole así la primera sonrisa del día.

- Hola tortuguita – la cogió, levantándola por encima de él, escuchándola reírse-. ¿Me has echado de menos? Porque yo a ti mucho – la mantuvo unos segundos más así antes de bajarla para poder darle un beso en la mejilla.

Se fijó en que Aiko ya estaba con el pijama puesto y que por lo tanto ya habría cenado y se habría bañado, pero, con el ritmo que llevaba en la última temporada, se conformaba con haber llegado estando ella despierta todavía. Repitió el gesto de antes, besando la otra de sus mejillas antes de quedarse mirando para ella.

- ¿Dónde te has dejado a mamá?

- Cocinando – contestó, acabando por apoyar los bracitos sobre los hombros de él.

Asintió, echando a andar con ella hasta la cocina para asomarse y ver allí a la pelirroja, distraída, revolviendo con la cuchara antes de posarla en la encimera y girarse hacia donde ellos estaban. Sonrió a modo de saludo, acercándose así a ella.

- ¿Qué haces?

- Me ha estado ayudando Aiko a hacerte la cena… - guardó las distancias con él ya que tenía a la pequeña en brazos-. Ya verás que bien sabe hoy… ¿Por qué no te vas a poner cómodo y luego echas tú a la niña mientras que termino yo aquí?

Sonrió a modo de respuesta, acercándose a ella para que pudiera darle un beso a la niña antes de llevársela con él a la habitación. Se pondría el pijama más tarde, pero, por el momento le sobraba con quitarse la americana y la corbata para estar mucho más cómodo. Posó a Aiko en la cama mientras que había aquello, viendo a los digimon asomarse también.

- Hombre, traidor… ¿Qué tal el día? ¿Se han portado bien, Aiko? – dejó caer de forma intencionada la chaqueta por encima de la niña, escuchando como se reía.

- Dai ya no acosa a Gabumon, ahora se pasa el día pegado a su digimon – dijo Biyomon alzando el vuelo para llegar hasta donde estaban ellos-. ¿Cuándo crees que tendrá ella uno? ¿Sabes qué será?

- No lo atosigues – contestó el otro colocándose al lado de su compañero-. Eso ya se verá, Aiko es más pequeña.

- Tranquilo, ya somos los dos que queremos que se quede así de chiquitina – dijo, viéndola asomar la cabeza por debajo de la chaqueta, quedándose echada esperando por él en la cama.

Conociéndola más que de sobra, interpretó aquel gesto como que tenía sueño, terminando rápido de dejar lo que había ido a quitarse encima de la cama, cogiéndola a ella en brazos para poder llevarla a su habitación.

- ¿Venís? – le dijo a los digimon antes de salir seguido por ellos.


Natesgo: sí, Takeru tira de Aiko para que dome a las otras dos fieras, y después de él los Yagami. Que esos nenes tienen en sus genes ser unos terremotos y para que por el momento la rubiecilla del grupo sirve de buena influencia con ellos y los deja algo más tranquilos, cosa que algunos ya pensarían que era imposible. Así que a la chiquitina se la siguen rifando entre todos. Estos dos nunca van a tener problemas con los niñeros me parece a mí. Y parece que la cosa está más o menos estable con estos dos, adaptados a la vida normal de una pareja con una nena en la que trabajan los dos. Y yo, dentro de lo que cabe, los encuentro bastante cómodos con todo, así que por el momento no tiene pinta de que nadie les haya armado alguna desgracia por el camino.

La colaboración de esos dos para tener algo más de tiempo y vida invertida en algo más que correr de una parte del mundo a otra era más que necesaria y como llevo mucho tiempo con ello, pues ya iba tocando. A ve cuánto tardan en sacar los alfileres, sí.

¡Un beso!

AnnaBolena04: sí, si se queda quietecito mucho tiempo hasta da el pego de ser alguien completamente serio y respetable. Que si lo pillan ya con gesto concentrado engaña a más gente todavía. Luego claro, le llega una foto de le nena y pierde todo el glamour si se empieza a babar encima como siempre, pero bueno, mientras que eso no pase está todo controlado.

Y ahora ya tenemos al rubio en casa, que parece que viene cansado y se le han pasado todos los males de golpe porque Aiko llega a las carreras a buscarlo y a enredar un poco con él. Con lo bien que viven esos dos con sus rutinas, seguro que intentan sobrellevar una época de más trabajo de la cuenta para todos como pueden. Y sino solo hay que ver cómo se mueve sola la chaqueta del serio y formal comandante de la JAXA por la cama.

¡Un besito de tortuguita!