Observó a la niña quedarse dormida en la cama, notando que le contagiaba su paz y tranquilidad. Todo el mundo sabía que era su mayor debilidad y que la adoraba de una forma en la que nunca se lo hubiera podido imaginar. De manera que verla dormida tan tranquila y cómoda con su pijama y bajo la atenta vigilancia de los digimon, le servía como cura de sus malos humores durante el día. La mejor de todas las curas. Se aseguró de colocar bien las mantas y observarla unos segundos más antes de alargar la mano para apagar la luz, susurrando un "buenas noches" a Biyomon y Gabumon antes de dejar la puerta entrecerrada para que no le molestara la luz del pasillo, lanzando así una última mirada a la pequeña y saliendo por fin.

Dirigió sus pasos de nuevo hacia la cocina, aquella vez notando el olor de la cena recién hecha llegar hasta su nariz, notando de repente todo el hambre que no había tenido en todo el día. Observó a la pelirroja unos instantes en silencio hasta que ella se giró y pudo observarlo, dedicándole una cálida sonrisa. Reaccionando de forma automática, caminó hasta colocarse delante de ella, posando las manos en su cintura para acercársela y poder inclinarse hacia ella para poder dedicarle un beso. Cuando se separó de ella y abrió los ojos, cogiendo aire y dejándolo ir lentamente, se encontró con la sonrisa de ella. Aquello era lo último que le hacía falta para terminar de sentirse de nuevo en casa.

- ¿Mal día? – le preguntó, aún con las manos apoyadas en sus costados.

- No quiero ni acordarme… - murmuró-. ¿Qué has hecho de cena?

- Ya lo verás…

Aceptando el cambio de tema, sonrió y señaló con la cabeza hacia la mesa para que fuera a sentarse antes de empezar a echar la comida en los platos de ambos. Lo notaba agotado, pero no físicamente solo, sino mentalmente y eso no le gustaba. Esperaba que la cena sirviera de ayuda, dejándole así el plato delante y yendo a echarse ella también no tardando en volver a su lado.

- Espero que te guste – le dijo, viendo como no esperaba demasiado ni a que enfriara antes de empezar-. Ten cuidado, Yamato, que luego te quemas… ¿Con quién has comido hoy?

- Katsu y Takao – aprovechó a decir mientras alargaba la mano para coger su vaso de agua-. Perdona por no haber podido venir a comer a casa y por ni siquiera haberte llamado…

- Yamato, me avisaste por mensaje. Me vale… Sé que estás teniendo una temporada complicada, pero no te preocupes, ¿vale? Tú ahora cena tranquilo… ¿Quieres hablar del tema?

- No, por el momento no… Que me pongo de mal humor y tú no tienes la culpa – posó su mano encima de la de ella unos segundos-. Gracias por la cena.

- No seas bobo… - sonrió a pesar de todo, bajando su mirada a las manos de ambos antes de que la soltara para poder seguir cenando-. Además, me ha estado ayudando Aiko. Le gusta mucho enredar en la cocina, hasta en eso se te parece – pudo ver como él sonreía también-. Sé que te gusta bañarla, pero se nos hacía un poco tarde y…

- Sora, es la primera vez en lo que va de semana que llego a casa con ella despierta. La única reclamación en todo esto debería de ser la de ella hacia mí porque últimamente no tengo tiempo. Así que el sábado por la mañana ya me buscaré un buen chantaje…

- Yo creo que con que te pases la mañana en la cama con ella se le pasa. Si incluyes tortitas en el desayuno mejor… Si me aceptas el consejo.

Encantada por ver como parecía relajar el gesto y se empezaba a reír, comenzó a cenar ella también. Echaba de menos tenerlo por casa más tiempo, pero no iba a ser ella la que le diera más rompederos de cabeza de los que ya podía tener. Eran adultos, los dos tenían una vida laboral muy activa. Sin duda, podía vivir con ello. Prefería que cuando tuviera más tiempo se lo dedicara a la pequeña de ambos, era la que más lo necesitaba.

No le dijo nada más para que pudiera cenar tranquilo, que no le iba a venir nada mal. Sabía que tenía algo más en la cabeza dándole vueltas, pero, como ya había dicho ya esperaría ella al momento oportuno para que se lo contara. Empezó a cenar ella también de forma tranquila, no queriendo distraer al rubio más de la cuenta.

- Vino Takeru a traerme a Aiko al trabajo – dijo cuando ya estaban terminando-. Tenía que ir a recoger a Hikari y aprovechó el viaje.

- Para algo tenía que acabar sirviendo mi hermano. Se le da bastante bien hacer de niñero – asintió-. ¿Todo bien?

- Sí claro, creo que el único que tiene problemas en casa es el pobre digimon…

- El pobre digimon – repitió tras ella, quedándos distraído hasta que se dio cuenta de quien estaba hablando-. Ah – dejó ir una suave risa-, pobre bicho.

Se puso en pie, quedándose pensativo, yendo hacia la encimera para poder coger la tetera para poder calentar agua y dejar hecho el té. No solía tomarlo a aquella hora de la noche, pero le apetecía tomarse algo caliente tras la cena.

- ¿No vas a querer postre? – le preguntó la pelirroja.

- Estoy bien, tranquila… ¿Quieres té? – había puerto agua de sobra para los dos, acercándose hasta el armario donde guardaban las infusiones. Por el rabillo del ojo pudo ver como se parecía querer incorporar, haciéndole un gesto-. ¿Qué te doy de postre?

- Puedo cogerlo yo – murmuró con suavidad-. Dame una naranja, por favor, que las he traído hoy por la mañana para Aiko y me llevan apeteciendo desde entonces…

Sonriendo ligeramente por la respuesta de ella, fue a por lo que le había pedido, sujetándolo en la mano hasta dejársela delante en la mesa, aprovechando el momento para darle una suave caricia en el brazo.

- ¿Tú qué crees que le saldrá a Aiko? – preguntó, dejando ver lo que estaba pasando por su cabeza.

- ¿Eh? – distraía por la caricia de él, tardó unos segundos en entender de lo que le estaba hablando-. ¿De compañero? – esperó a ver como asentía-. ¿Tú crees que ella también va a tener?

- Bueno… Se supone que todos tenemos uno, ¿no? No solo nosotros… Otra cosa es que el mundo se haya vuelto loco demasiadas veces y que todo se haya ido a paseo, pero… Yo creo que sí.

- ¿Sabes qué estaría bien? – contestó teniendo que darle la razón, viendo como arqueaba las cejas-. Que no tuviera nada que ver con ellos…

- ¿Y eso? – sacando las tazas para el té, las dejó encima de la encimera.

- Porque esos dos quieren tanto a nuestra chiquitina que los veo disgustándose con cualquiera de las dos opciones…

Entendió automáticamente las palabras de ella. Sin duda tenía toda la razón del mundo, si de repente aparecía un buen día tras los pasos de Aiko un pequeño Nyokimon o un Punimon… la otra parte iba a tener drama para un par de semanas. Se tomó su tiempo para llenar las tazas y coger las infusiones, buscando aquellas que ayudaran a descansar y dormir, volviendo con ellas en las manos.

- Gracias – le dijo la pelirroja cuando llegó de nuevo a su lado.

- Sí, como si tuvieras que dármelas – aprovechó para arrastrar la silla y dejarla a su lado, entretenido en posar sus manos en la taza, disfrutando así del calor-. Yo… Siento estar tan ausente esta última temporada – soltó tras un rato en silencio.

Giró la cabeza hacia él, no esperando ese cambio de tema tan de repente, quedándose mirando hacia el rubio, intentan estudiar en sus rasgos lo que de verdad estaba detrás de esas palabras. No era solo cansancio lo que las motivaba, se le notaba en la forma en la que estaba mirando.

- Yamato…

- No. Ya sé que no es mi culpa, pero os afecta a las dos directamente y no me gusta.

- Bueno, en eso creo que estamos absolutamente todos de acuerdo – se tomó unos segundos antes de llevarse un gajo a los labios-. Y claro que te echamos en falta, especialmente Aiko… Pero hasta ella sabe que es que si no puede ser no puede ser – se encogió de hombros-. Lo que no quiero yo es verte así de decaído, ¿eh? Nosotras nos arreglamos, y tú ya tendrás una época más relajada dentro de nada cuando acabe todo.

Giró la cabeza para observar a su esposa, sabiendo que tenía toda la razón, pero no podía evitar tener aquella idea metida en la cabeza. Se entretuvo en estudiar sus gestos, en la forma en la que se estaba peleando con otro de los gajos para librarse de las pepitas, no queriendo tampoco ponerse más pesado de la cuenta con algo con lo que sabía que se pusiera como se pusiera, no iba a tener mucho arreglo. Alargó la mano hacia ella, quitándole el gajo al final para ser él quien se lo acaba comiendo teniendo que echarse a reír con la cara que se le quedó a la pelirroja no habiéndolo visto venir.

- ¿Tú no estabas lleno ya? – protestó, intentando sonar seria.

- Es por las molestias de haberte traído el té… - se metió en gajo en la boca, aprovechando para tragar-. Cuando terminemos si quieres puedes ir a cambiarte ya termino yo de recoger por aquí…

- No – negó con la cabeza-. No me voy a ir a cambiar y tú no vas a recoger. Ya se hará mañana por la mañana. La máxima elección que tienes que hacer es si prefieres irte a hacer el vago en el sofá, en la cama o en la bañera…

- ¿No me dejas más opciones?

- No – sonrió de forma divertida-. Así que vete decidiéndote, que con la cara de cansado que me traes no te pienso dejar que hagas otra cosa. Como mucho te dejo hacer una combinación de las dos.

Se echó a reír ante las palabras de ella, agradeciéndolas hasta un punto que estaba seguro que se podría imaginar. Volvió a alargar la mano para robarle otro gajo, divertido al ver como arrugaba la nariz por aquello.

- Mira, recogemos mejor entre ellos dos para reposar algo la comida y luego yo veo muy bien la opción del baño caliente. Nos va a venir bien a los dos…

- ¿Nos? – arqueó una ceja.

- Nos. Exigencias del que llega cansado a casa… Así que venga, termínate el té.

No pudiendo decirle que no de ninguna de las maneras sonrió, cogiendo ahora ella un trozo de la naranja para acercárselo a la boca. No tenía tampoco mucha hambre y le gustaba que él terminara de cenar en condiciones, aunque fuera simplemente por hacer la tontería.

- A Aiko le han gustado un montón, se me rebozó entera a la hora de la merienda, pero justo le fue a tocar la que más zumo tenía. Creo que Gabumon sigue oliendo a naranja ahora mismo, de hecho…

Entretenido con lo que ella decía, volvió a posar sus manos en la taza, acercándosela ahora a los labios para soplarla y ayudar a que estuviera a una temperatura más agradable para beber. Sin duda la opción de ir a relajarse un rato en la bañera con Sora, de repente, era lo que necesitaba para que se le pasara el cansancio y el mal humor. Aunque el segundo se le había ido nada más poner un pie en casa y sentir los correteos de Aiko para ir a recibirlo.

- Oye, ¿de qué es el té? – escuchó como ella preguntaba devolviéndolo a la realidad tragando el sorbo que había dado.

- No sé – se encogió de hombros-. Olía bien… Yo ya sabes que me bebo cualquier cosa y más a esta hora…

- Olía bien dice… - se acercó la taza a la nariz, olisqueándolo-. Creo que es el de caramelo que traje el otro día…

- Y yo pensando que eras tú la que me había olido bien… Si es que normal que tenga que meter yo en la bañera… - negó con la cabeza, chasqueando con la lengua fingiendo hacerse el digno.

- ¡Yamato!


AnnaBolena04: ahora que parlotea es una verdadero peligro para la salud de su padre. Aunque bueno, no es que precisamente ese hombre la necesite despierta tan siquiera para ponerse a fangirlear con ella, queda más que claro por si alguien tenía la más mínima duda. Que ha llegado a casa, lo ha ido a buscar la nenita y la pelirroja ya lo andaba esperando con una de sus cenas favoritas. Normal que al pobre se le pasen los males de rubio cascarrabias que arrastra. Si es que ni aunque estuviera muy empeñado en seguir de morros, quedaba claro que no había forma.

Parece que la rutina sigue sin afectarlo y que, justamente al contrario, la valora muchísimo. Que a él mejor lo dejan llegar a casa a su hora a hacer sus cosas a su ritmo y que dejen de darle tanta vuelta de comandante importante de la historia de la JAXA, que tiene una nenita con la que revolver por casa y una pelirroja a la que atender un rato - sea en el sentido en el que sea - que no le toquen las narices o el que va a empezar a usar el fénix a modo de amenaza va a ser él.

¡Un besito de tortuguita!