Sora se había adelantado, preparando las cosas para el baño. Había hecho la sugerencia con intención de que él aprovechara para relajarse antes de irse a la cama, de hecho, ya se había duchado hacía un buen rato. Pero no iba a ser ella la que rechazase la invitación. Le gustaba mucho la costumbre que habían ido adquiriendo con el tiempo, y que, al igual que con todo lo demás, tenían algo abandonada por falta de tiempo.

Cerró el grifo cuando consideró que se había llenado lo suficiente la bañera, entreteniéndose en añadir una de sus bombas de baño favoritas y esperar que hiciera su efecto antes de dejar cerca las toallas y las demás cosas que pudieran necesitar. Una vez que todo estuvo listo, decidió ir metiéndose en el agua entre que el rubio llegaba y no. Dejó su ropa doblada encima del lavamanos, entrenado poco a poco para ir adaptándose a la temperatura hasta que, finalmente, tomó asiento.

- Una pena, porque eso sí que eran buenas vistas – la voz de Yamato llamó su atención, dándose cuenta entonces de que había estado vigilándola apoyado en el marco de la puerta.

- ¿Cuánto llevas ahí? – preguntó, girándose hacia él.

- Lo suficiente – dibujó una de sus características sonrisas de medio lado antes de caminar hasta quedar a su altura-. He cerrado la puerta, por si acaso – comentó.

Escuchó como ella dejaba ir una leve risa por su comentario, empezando a quitarse el uniforme para dejarlo también doblado encima de la ropa de ella. No solía ser tan cuidadoso, aquella que lo acompañaba era la principal testigo de ello, pero no tenía gana de tener que ponerse a adecentarlo a la mañana siguiente.

Cuando terminó, se giró hacia ella, pasándose la mano por el pelo, dejándoselo algo más revuelvo, yendo junto a la pelirroja, teniendo cuidado de no tropezar con ella. Cuando se habían mudado, sin duda, había sido una de las primeras cosas que había estrenado. Le hizo un gesto con la mano para que se apartara, queriendo hacer como solía ser más normal y dejar que fuera ella la que se apoyase en él. Arqueó una ceja, confuso, haciéndole caso tan solo unos segundos más tarde y acomodándose. No tardó en notar como ella se le acercaba desde atrás, tirando de él hacia donde estaba sentada, dejándolo que la usara como punto de apoyo.

- Sora, que peso más que tú – murmuró por lo bajo, dejándose mover a pesar de todo.

- A callar – volvió a reírse, terminando de dejarlo donde ella quería-. ¿Así estás bien?

- Perfectamente – cedió finalmente.

Solía forzar las cosas para que fuera ella la que se quedara apoyada en él, a fin de cuentas, como le había dicho, era él quien pesaba más y ocupaba más, seguramente estaría mucho más cómoda de la otra forma, pero agradecía sus intenciones. Dejó caer hacia atrás la cabeza lentamente para usar así su hombro como apoyo sonriendo ampliamente al sentir como dejaba un beso en su mejilla.

- Yo con esto ya me arreglo – murmuró Sora por lo bajo, haciendo referencia a la conversación que habían tenido antes.

No respondió al momento, dejando así sus ojos cerrados, concentrándose más bien en el agua caliente recorriendo su cuerpo, ayudándolo a relajarse y a descansar de sus malos humores, que poco tenían que ver con la pelirroja que empezaba a jugar de forma distraída con su cabello. Alargó la mano para coger una de las de ella, finalmente, llevándosela así a los labios, dejando un beso en ella.

- Quieren endosarme atender a un grupo de gente que quiere hacer una especie de reportaje o documental sobre el trabajo que se hace allí y los logros de la JAXA – habló por fin, no queriendo darle más largas con ese tema.

- ¿A ti?

- Dicen que soy el adecuado, que dentro de la organización soy la mejor opción.

- ¿No se han aprendido aún lo mucho que gruñes con esos temas?

- Claro, y le gruñí al simpático que me lo dijo, pero como estuve en el primer viaje a Marte y fui el comandante del segundo… - se perdió en sus propias palabras, distrayéndose por completo al empezar a sentir las manos de ella empezando a recorrer sus hombros con suavidad-. Como si tuviera ya poco trabajo yo esta temporada.

- ¿Vas a tener que estar a las dos cosas a la vez? – no se molestó en ocultar el fastidio en su voz.

- No, lo que estoy haciendo ahora pasará a segundo plano. Tengo una reunión para que me lo expliquen bien… No sé cuándo y si te digo la verdad tampoco me importa demasiado.

Se entretuvo en observar a Yamato, fijándose en las expresiones que iba poniendo. Se le notaba a distancia lo poco que le gustaba aquello. No era que ella lo conociera de sobra para saber lo que pensaba sobre aquel tema, con ver cómo le había cambiado la cara desde que había sacado el tema. Agradecía que se lo estuviera contando, pero quería que se relajara y que descansara y no tenía pinta de que hubieran ido por el camino correcto.

Colocó bien sus manos en torno a sus hombros, abrazándolo de esa forma y dejando su mejilla pegada a la de su marido, evadiéndolo de esa forma de lo que fuera que estaba pasando por su cabeza.

- No puedo culparlos – terminó por murmurarle al oído-. Eso te pasa por ser tan guapo, que te quieren para hacer publicidad…

Intentó sonar seria, pero la cara de él no la dejó, provocando que le entrara la risa, no tardando mucho en contagiársela sin que pudiera vengarse de ella porque tal y como estaban, no iba a poder revolverse lo suficientemente bien para atacarla con cosquillas como haría en situaciones como aquella.


Cuando sonó el despertador, Sora fue la primera en abrir los ojos. Estaba confusa, ya que no terminaba de tener demasiado claro dónde estaba, tardando unos segundos en ubicarse y recordar que la noche anterior, cuando habían salido del agua se habían acabado echando en la cama para ver una película y ni siquiera recordaba cómo había empezado. Se había quedado completamente dormida y en el lado contrario en el que siempre solía hacerlo.

Se giró hacia el otro lado, viendo a su marido completamente ajeno a que hubiera sonado el despertador. Decidió salir de la cama sigilosamente para no despertarlo, alargando la mano para coger su bata notando el frío de la mañana más intenso de lo normal. Seguramente se le hubiera quedado el pelo húmedo cuando se había dormido y ahora le estaba pasando factura.

Salió de la habitación para no molestarlo con intención de preparar el desayuno. Como se habían pasado un buen rato en la bañera, Yamato no iba a tener que ducharse y si ella le hacía el desayuno, iba a ganar algo de tiempo que, sin duda, podría aprovecharlo en la cama desayunando y con ella y la niña. Revolvió por la cocina para buscar algo que le pudiera apetecer, dejando el agua calentando al fuego mientras que iba de un lado para otro, dejando así la bandeja encima de la mesa para ir colocándolo todo en ella. Cuando terminó y lo único que le quedaba era esperar a que las cosas terminaran de hacerse, se dirigió a la habitación de la pequeña.

- Aiko – la llamó con suavidad nada más abrir la puerta, sin encender la luz-. Chiquitina… Despierta que vamos a ir a desayunar con papi…

Sonrió a los digimon cuando los vio empezar a desperezarse habiéndola escuchado, aunque estaba segura de que el olor a las tostadas recién hechas estaba también implicado en que hubieran dado señales de vida. Posó su mano en la cabeza de Biyomon para acariciarla, sin poder llegar al otro digimon por su posición.

- Aaiko… - repitió, viendo como empezaba a frotarse los ojitos con la mano-. Te he hecho una tostada para ti solita…

Poco a poco fue viendo como parpadeaba, quedándose mirando hacia su madre algo confusa aún por estar más dormida que despierta. Se acercó hasta ella, empezando a acariciarle la cara con suavidad hasta que la vio algo más espabilada, alargando entonces los brazos y cogiéndola con ella.

- Buenos días, preciosa – le dio un beso en la frente-. ¿Vamos a desayunar con papi? Luego te puedes quedar durmiendo en nuestra cama si quieres. Te voy a llevar con él y luego llevo el desayuno, ¿vale?

Divertida porque la pequeña parecía estar haciendo un verdadero esfuerzo para mantener los ojos abiertos, volvió a darle un beso, echando a andar con ella, cruzando una mirada con los digimon, quienes no las siguieron, decidiendo que iban a seguir durmiendo un rato más. Cerró la puerta con cuidado para no molestarlos, dirigiéndose hacia la habitación donde había dejado a Yamato y asomándose para ver que estaba aún dormido. Sin duda cada día llegaba más cansado a casa. Comprobó de nuevo la hora, asegurándose de tener tiempo, antes de caminar con Aiko y dejarla al lado de su padre.

- Venga, despiértalo, yo voy a por el desayuno…

Tenía toda la pinta de que se iba a encontrar a los dos a cada cual más dormido cuando volviera, solo tenía que ver a la pequeña buscando más la cercanía de su padre para seguir durmiendo. No estaba segua de hasta qué punto pudiera ser buena idea aquello, sabiendo que le iba a tocar disgusto por parte de Aiko cuando él se fuera, pero, había que aprovechar. Salió con paso rápido para volver al cabo de unos minutos con la bandeja, posándola al otro extremo de la cama para que el rubio no tropezara con ella.

Sonrió nada más ver como la niña se había metido bajo las mantas también y ahora dormía plácidamente abrazada al brazo de su padre. Cambió de estrategia, yendo a despertarlo a él, esperando que fuera más efectivo así todo, sentándose a su lado sobre el colchón.

- Yamato, despierta – dijo, posando su mano sobre él, haciéndose así notar-. Venga… Amor…Que se te va a hacer tarde.

- ¿Qué hora es? – escuchó como murmuraba, todavía sin abrir los ojos.

- La de desayunar, venga… Despierta que tienes que irte en un rato…

Poco a poco, tal y como había hecho Aiko momentos atrás, fue abriendo los ojos lentamente, queriendo llevarse una mano hasta ellos para frotárselos, sin poder. Confuso por aquello, notando un peso extraño, giró el cuello para encontrarse que tenía otra acompañante con la que no contaba.

- ¿Y esto? – esbozó una sonrisa.

- La traje para que te despertara, pero está muerta de sueño la pobrecita… A ver si se despierta con la comida.

- Podemos sacarle una foto y así tengo pruebas de que he sido secuestrado – habló totalmente embobado mirando a la niña-. Aiko – la llamó, girando el brazo con cuidado, para dejar su mano contra ella de esa forma, para hacerle cosquillas-. A desayunar, señorita, que te han traído tu propia tacita.

Como solía pasar desde siempre, la voz de él sí que pareció llamar la atención de la pequeña, la que volvió a abrir los ojitos lentamente, mirando hacia uno y otra antes de sonreír al verse con sus padres.

- Buenos días – le dijo Sora, respondiéndole al gesto-. Anda, venga, a desayunar que se te va a enfriar… - se puso en pie para poder acercar la bandeja y ponerla donde todos pudieran alcanzar.

Se dio cuenta perfectamente de los ojos de Yamato se desviaban hacia donde estaba el desayuno de la pequeña, encontrándose con el plato y la taza del tamaño apropiados para ella. Habían sido un regalo de su hermano, pero, al verlos en contraste con los de ellos, se le ponía una sonrisa en la cara.

- Oye, tortuguita, vas a tener que soltarme, porque sino no vamos a poder desayunar… - le dijo, volviendo a la realidad.

Escuchado la risa de ella por la forma en la que la había llamado, no tardó en ver como hacía lo que le había pedido, únicamente para acabar yendo a sentarse encima de él.

- ¿Vas a desayunar ahí? Vaya buen sitio que te has buscado – le dijo Sora antes de acercarle su tostada para que la mordisqueara.


Guest Vecina: hoola vecina. Sí, ahora Aiko ha subido de nivel de peligrosidad asi que cuidado al caminar por el suelo no te vayas a resbalar. Ahora tiene más movilidad y además parlotea que da gusto, así que seguro que se les va a hacer complicado a todos sobrevivir a un rato con ella. A ver qué tal lo llevan. Sin duda no es de extrañar que al pobre Yamato se le atragante el estar fuera de casa tanto tiempo y llegar casi que cuando la peque se le va a la cama si es que no llega más tarde. Debe de tener un buen mono y nadie va a poder culparlo.

Pero bueno, parece que también hay formas y formas de controlar los malos humores de Yamato, no pasa nada. Tenemos a Sora en posesión de un master de tratamiento de rubios y sabe por dónde salirle para que se le pasen las ganas de morder a alguien o, en todo caso, que sea un mordisco de otro tipo y ella se ofrece voluntaria jajajaja

Y mira, es que hasta tengo cuidado no poner a Sora diciendo algo sobre olores jajajajajaajaja El otro día se lo decía a Anna, que tengo prohibido usar esa frase porque vamos jajajajaja Van a saltar las alertas de todo el mundo y bueno, ya se verá cómo van a ir evolucionando las cosas por estos lares cofcofcof

Ains, ¿qué tal todo vecina? Yo terminé el jueves las dos semanas del horror, también conocidas como semanas de los globales de bachillerato de la segunda evaluación. Pero bueno, como el clima está chiflado - seguro que tú me comprendes - he acabado pillando un buen catarrazo, así que hoy estoy vagueando en la cama para ver si repongo para la semana que viene para cogerla con ganas, si es que eso es factible. ¿El trabajo aquel para el que tenías la entrevista qué tal te fue?

¡Un bico grande vecina!

AnnaBolena04: sí, laboralmente es la misma situación. Personalmente, antes lo usaba como refugio para no odiar al mundo y ahora está allí a punto de morder a alguien porque él quiere estar en casa con la nenita y Sora. Que hagan el favor de soltarlo que de verdad que tienen más personal que él para hacer las cosas que no lo anden mareando que si llega muy tarde la cosita se le duerme y no puede verla despierta y eso lo mata de pena.

Hay que recurrir a mimos de otro tipo para que se le pasen los males y menos mal que tiene a alguien en casa más que encantada de hacerlo. Que mira, que la cosa va por rachas, que no se le estrese que eso no es sano, que ella lo mima todo lo que necesite y luego le suelta a la tortuguita por la mañana en la cama y ya seguro que ve las cosas con otros ojos.

Dile a la tortuga que se eche protector solar que luego acaba como Yamato y eso no puede ser, que yo mientras tanto sigo con bata en la cama jajajaja Un plan de sábado perfecto, sin duda. ¡Un besito de tortuguita!