Yamato cerró la puerta de casa tras él. Le había extrañado que todo estuviera en silencio y que la niña no hubiera ido a buscarlo a las carreras como siempre solía hacer. No había podido ir a comer con ellas, pero se las había arreglado para salir antes y poder llegar temprano a casa. Sin duda no debería de estar la niña dormida ya. Quizás estuviera distraída jugando en alguna parte de la casa.
Dejó sus pertenencias donde siempre, descalzándose antes de apagar la luz tras él y echar a andar. No necesitó caminar mucho para darse cuenta del motivo por el que nadie había ido a recibirlo. Al llegar al salón había visto la cabecita rubia de Aiko asomar, mientras que la niña lo miraba fijamente y se llevaba el dedo a los labios.
Confuso, buscó algo mejor con la mirada, y entonces fue cuando vio a Sora completamente dormida en el sofá. La niña estaba sentada en el sillón, junto con los digimon y parecía ser ella la que estaba vigilando que todo estuviera bien. Sonrió y caminó hasta ella, agachándose a su lado.
- Shhh – le dijo la niña cuando vio que iba a abrir la boca-. Mami está malita.
La sonrisa que se le había dibujado en los labios desapareció gradualmente, mirando así hacia los digimon, los que asintieron a las palabras de la niña. Giró la cabeza para poder observar a la pelirroja, la cual ni siquiera se había enterado de que ya había llegado y se había hecho más un ovillo sobre sí misma bajo la manta. Sabía que era demasiado pronto para que la pequeña hubiera cenado tan siquiera, aunque sí que pareciera que Sora la hubiera ya bañado y cambiado. La cogió en brazos, haciéndole un gesto a Gabumon para que fuera con él y poder así caminar hacia la cocina.
- Tranquila, la cuida Biyomon. ¿Has cenado ya?
- No, mami dijo que se iba a echar un rato y se quedó dormida.
- Pues vamos a dejarla dormir, ¿vale? ¿Tienes hambre? – la posó en la encimera para que se quedara sentada, pudiendo así saludarla con un beso en la frente.
- ¡Andrew me llevó a merendar!
- ¿Ah sí? ¿Y qué has merendado tú, señorita?
- Chocolate – confesó como si hubiera hecho alguna travesura.
- Vaya morro que tienes. A mí nadie me ha llevado chocolate… Voy a ir a cambiarme y ya hago la cena yo. ¿Me ayudas o te quieres quedar cuidado a mami?
- ¡Mami!
Sonrió antes de cogerla en brazos de nuevo para darle otro beso y soltarla en el suelo para que se fuera correteando de nuevo hacia el salón. Fue en ese momento cuando se quedó mirando hacia su compañero, el cual los había seguido hasta allí.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó al digimon mientras que caminaban hacia la habitación.
- No sé. Sora estaba bien y de repente salió corriendo para el baño. Haru ha dicho que ha estado devolviendo. No comió nada y cuando pudo se echó en el sofá y lleva durmiendo desde entonces.
Yamato había ido arqueando una ceja a medida que el digimon había ido hablando. Había llamado a Sora para saber si iba a estar en casa cuando había salido de la JAXA y no había recibido respuesta. Había dado por supuesto que estaría ocupada, no que iba a estar dormida en el sofá.
- ¿Por qué nadie me avisó?
- Dijo Sora que te iba a llamar, pero se quedó dormida antes.
- ¿Y tú? Creo que sí que sabes usar un teléfono… - farfulló mientras que empezaba a dejar tiradas las prendas de su uniforme por encima de la cama y se ponía el pijama. Se dio cuenta de que había sonado algo más cortante con el digimon de lo que le gustaría-. Perdona. No me gusta no tener tiempo ni para enterarme de que está enferma – explicó-. Voy a despertarla a ver si quiere algo para cenar y echarla para la cama.
- No te preocupes.
Intentó relajar el mal humor que acababa de aparecer de la nada. Nadie de los de la casa tenían la culpa de que no tuviera tiempo de nada en los últimos tiempos. Si hubiera podido ir a comer a casa habría podido ver lo que estaba pasando y se habría ahorrado aquello. Frunció algo más el ceño mientras que buscaba su teléfono, buscando el nombre de Haru entre los contactos para llamarla a ella para que le explicara lo que había pasado.
Sora abrió los ojos lentamente al escuchar como alguien la llamaba de fondo. Ni siquiera era consciente de haberse quedado dormida y estaba completamente desubicada. Podía notar un cansancio recorriéndola y un malestar grande, pero, era normal. Aquella mañana había devuelto varias veces y eso le había pasado factura.
- Sora – volvió a escuchar, reconociendo entonces el tono de Yamato.
- ¿Qué…?
- ¿Cómo estás?
Parpadeó confusa, empezando a recordar que se había sentado en el sofá a descansar un rato y, por lo que parecía, se había quedado completamente dormida hasta entonces. Abrió los ojos más, buscando a Aiko con la mirada, viéndola sentada no demasiado lejos.
- Me dormí… - se empezó a excusar.
- ¿Estás mejor mami? – la pequeña se había acercado a ellos asomándose para poder observar a su madre.
- Claro que sí, cariño – mintió, estaba agotada.
- Oye, tortuguita. ¿Por qué no te vas a jugar con los digimon a tu habitación mientras que terminamos de hacer la cena? Ya la cuido yo, no te preocupes - le dijo el rubio, esperando que quisiera hacer caso.
Agradeciendo para sus interiores que los dos compañeros de ambos se dieran cuenta de lo que realmente quería, sonrió levemente, viendo como se aseguraban de que la niña saliera correteando tras ellos. Fue entonces cuando se agachó para quedar donde antes había estado ella, observando así a Sora.
- Me ha contado Haru lo de esta tarde, ¿cómo te encuentras?
- Pues… revuelta. No sé ni a qué hora me quedé dormida y no debería de haberlo hecho.
- ¿Cómo que no?
- Yamato, me quedé dormida con Aiko sola en casa.
- No, te quedaste dormida con los digimon cuidado de Aiko. Creo que sabemos los dos muy bien que son perfectamente capaces de cuidar de ella – la vio dar un escalofrío, posando su mano en su frente-. ¿Tienes hambre? He hecho algo suave para cenar. ¿Te apetece?
- Sí… Ya va siendo hora de que me levante, que sino no voy a pegar ojo por la noche. ¿Ha cenado la niña?
- No, hoy cena con nosotros, que al ser suave no va a tener problema ella tampoco. ¿Qué te parece?
- Preferiría que le dieras la cena primero… - confesó, bajando la mirada hacia la manta que en algún momento alguien le había echado por encima.
- ¿Y eso?
- No quiero que, si me sienta mal la cena, me vuelva a ver a las carreras al baño…
- Sora… - alargó la mano hacia ella para atraerla contra él y darle un beso-. Mira, hacemos una cosa. Le doy la cena a Aiko y te llevo la tuya a la cama.
No llegó a entender lo que le contestó, escuchando solo cómo gruñía algo contra su hombro, no dejándola escaparse. Solo la soltó para ayudarla a ponerse en pie y acompañarla hasta la habitación para que pudiera seguir descansando.
- ¿Te habías encontrado mal ayer? – le preguntó mientras que iban por el pasillo.
- No, fue de repente. Me empezaron a entrar nauseas y tuve que salir corriendo. La pobrecita Aiko se tuvo que asustar – dijo hasta con pena-. Menos mal que llegaron Andrew y Haru justo en ese momento.
- Tendrías que haberme llamado…
- Yamato… Que yo de repente tenga nauseas o note revuelto el estómago es lo más normal del mundo. ¿Para qué te voy a andar molestando a ti o a nadie? Me vine para casa cuando pude y ya está. Tendría que haber llamado a mi madre para ver si podía venir a cuidar de Aiko y ya… Pero no te iba a molestar por eso.
- Eh – alargó la mano para cogerla por el brazo y girarla hacia él-. Tú nunca molestas, ¿queda claro? Y ahora, métete en la cama de una vez, venga – se acercó a donde había dicho, empezando a abrírsela para que ella solo tuviera que echarse-. Si te vuelves a dormir, ¿te despierto para que cenes?
- Si tengo hambre… - farfulló por lo bajo, colándose entre las sábanas y dejando que la tapara.
- Pues entonces eso tampoco es mala señal – sonrió ante el comportamiento que le notaba.
Sabía reconocerlo, y cuando ella se encontraba mal solía dejar salir un lado menos serio y más mimoso de lo normal. La ayudó a terminar de acomodarse antes de colocarle las mantas por encima y luego darle una caricia en la mejilla.
- Descansa, voy a darle la cena a Aiko – le dijo antes de salir de la habitación e ir a buscar a la pequeña.
Nada más salir de la habitación pudo ver una cabecita rubia asomada desde el final del pasillo vigilándolo. Eso le sacó una sonrisa antes de agacharse para quedar mejor a su altura y esperar que ella llegara correteando hasta donde estaba. Curvó más sus labios cuando vio que no tardaba apenas unos segundos en hacerlo, cogiéndola con él y echando a andar por el pasillo.
- ¿Tienes hambre? – le preguntó.
- ¿Mami?
- Se ha dormido otra vez – no estaba seguro de ello, pero tampoco le parecería nada raro-. Voy a darte la cena yo hoy, ¿vale?
La respuesta de la pequeña fue apoyar la cara contra él, quedándose así pegada a su padre mientras que la llevaba a la cocina. Posiblemente fuera la que más lo echara en falta aquella temporada pero tampoco estaba seguro de poder explicarle bien lo que pasaba. Se inclinó para dejarle un beso en el pelo, dándose cuenta de que los digimon también iban tras ellos.
- Venga que vosotros dos si queréis cenar ahora aprovechad… ¿Os apetece algo diferente o queréis de lo Aiko? Hoy hay el mismo menú para todos.
- ¿Sora? – notó los aleteos de Biyomon a su lado.
- En la cama, luego ya le llevo yo algo, tranquila.
Llegó con ellos a la cocina, dejando a la niña en su silla, estirándose para coger de la encimera su babero para que no se ensuciara su pijama con la comida. Dejó escapar una leve sonrisa al coger el plato de ella. Aquellas cosas tenían más o menos en él el mismo efecto que habían tenido los calcetines. Lo veía todo tan pequeño aún, especialmente en comparación cuando era él quien lo cogía, que siempre conseguía ponerlo de buen humor.
- ¡Papi despierta! Tengo hambre – escuchó la voz de la niña reclamándolo.
- Oye, menudas exigencias, ¿eh?
Haciendo exactamente lo que le había dicho, volviendo a la realidad, se tuvo que reír suavemente por lo bajo antes de empezar a echarle la comida en el plato y volver a la mesa para posárselo delante.
- Ten cuidado, no te vayas a quemar, espera un poco a que te lo dé yo -le dijo adivinando sus intenciones al verla coger sus cubiertos-. ¿De qué te apetece el yogurt? – se acercó a la nevera para poder sacarlo y que no estuviera tan frío para ella.
- Fresa.
Volvió a la mesa con el que le había pedido, dejándolo no muy lejos y volviendo a ir a echar la comida de los digimon. Podía notar que tenía el estómago vacío él también, pero prefería esperar y no dejar a Sora cenando sola, aunque no las tenía todas consigo de que fuera a cenar. Una vez que ya tuvo todo listo, tomó asiento al lado de la pequeña, cogiéndole el cubierto que ella le pasaba.
- Ya verás qué rico, que hoy además vamos a cenar todos lo mismo – le dijo antes de soplar la comida para que la pequeña no se quemara.
Aiko se quedó mirando para él, abriendo la boca a la espera de que le acercara la comida. Divertido por su comportamiento, no tardó demasiado en hacerlo, teniendo cuidado de que no se cayera nada por el camino.
- ¿Está bueno? – le dijo una vez que le hubo dado la primera cucharada, encantado por ver como asentía mientras que, al igual que cuando era mucho más pequeña, movía sus piernecitas en la silla.
Hoy me paso por aquí rápido para no dejaros sin capi que tengo un dolor de cabeza feo y no tengo gracia tampoco para nada, tortuguitas. Pero el capi yo os lo subo, que la cosa tiene que seguir avanzando... Y así de paso me hago la loca y no contesto a las conspiraciones de mi Vecina cofcofcof.
