- Creo que mi padre debe de estar gruñendo por todo Kobe porque se está perdiendo la oportunidad de quedarse él de niñero – dijo Yamato divertido mientras que dejaba lo que su suegro le había traído encima de la mesa de la cocina.

- No voy a ser yo el que se queje porque nos haya tocado a nosotros haceros de niñeros – se encogió de hombros-. Ya conoces a Toshiko – señaló hacia la bolsa que le había dado antes-, en cuanto se enteró de que Sora estaba revuelta, aprovechó para mandarme de recadero con algo de comida.

- Seguro que lo agradece – asintió-. Le había dicho a Aiko que este fin de semana lo iba a pasar con ella y que la iba a llevar un rato al parque, así que si tienes tiempo…

- ¿Para llevarme a Aiko al parque? – sonrió-. ¿Sora?

- En la habitación. Creo que está despierta, o al menos lo estaba la última vez que la fui a ver. Aiko estará enredando con los digimon por alguna parte. Estuvo antes rondando a su madre, pero mejor evitar que se pueda contagiar.

Haciéndole un gesto a Haruhiko para que caminara con él y poder ir así a saludar a Sora, fue hablando mientras tanto. Le daba rabia tener que dejar a la niña fuera de casa, pero la fiebre de la pelirroja, el estómago revuelto y que la había escuchado estornudar un par de veces ya empezaba a hacerlo pensar que pudiera tener gripe o algo parecido. Y ninguno de los dos quería que Aiko acabara contagiándose también.

Abrió la puerta de la habitación, asomando la cabeza para comprobar que la pelirroja estuviera despierta y en condiciones, dándose cuenta de que giraba la cabeza entre las mantas y se le quedaba mirando sin asomar poco más que sus ojos.

- Está aquí tu padre – dijo-. ¿Qué hacemos con él?

- Dile que entre – contestó rápidamente, arrastrándose por la cama hasta quedarse sentada. Se llevó la mano al cabello, intentando colocárselo, provocando que el rubio se empezara a reír antes de apartarse y dejarlo pasar.

- Hola papá – lo saludó nada más verlo asomar.

- Voy a prepararte a Aiko…

Dejando así que pudieran estar tranquilos, Yamato se perdió por el pasillo para ir a por la niña y, seguramente los digimon que querrían acompañarla. En aquella ocasión tenía sus dudas sobre si Biyomon estaría muy por la labor, siendo Sora la que estaba enferma, pero también tenía pinta de querer irse tras Aiko.

La pelirroja se terminó de colocar bien en la cama, echando un vistazo hacia la mesita para comprobar que no hubiera nada por allí que pudiera delatar que horas antes habían estado haciendo el test. No creía que fuera muy buena idea que su padre se enterase de esos asuntos tan pronto.

- ¿Cómo estás?

- No te me acerques mucho que seguro que te acabo contagiando – gruñó ligeramente, notando como uno de los primeros reflejos de él era posar la mano en su frente.

- ¿No te ha bajado la fiebre?

- No tiene pinta… Si es que debo de haber cogido gripe o algo así. Ayer empecé a devolver en el estudio y cuando llegué a casa me quedé dormida. Ahora me duele todo, especialmente las muñecas…

- Nada nuevo – sonrió, divertido, recordando todas las veces que ella había pasado por algo así cuando era una niña y él había estado presente. Todas ellas había empezado escuchando quejas del dolor de muñecas-. Tu madre os ha mandado algo de comida, ya la conoces.

- No hacía falta… Si ya tengo a Yamato en casa estos dos días…

- Sí, eso vete y díselo a tu madre. Esperemos que no lo acabe pillando él también, que sino menudo par vais a estar hechos.

- ¿La chiquitina se va con vosotros?

- Sí, no he tenido tiempo de intentar conseguir que corten las comunicaciones con Kobe para librarme de Hiroaki, pero, por el momento están él y Natsuko fuera de la ciudad trabajando y no van a poder dar la lata.

- ¡Papá!

- ¿Qué? Es exactamente lo que hacen. Al menos él. Que tiene más nietos, que reparta más su tiempo. Aiko es mi única nieta y debería de poder pasar más tiempo con ella.

La mejor respuesta que pudo darle fue empezar a reírse, dejándose volver a caer algo más entre las mantas buscando acomodarse. Estaba malagusto en todas las posturas, ya que le dolía todo el cuerpo, pero al menos, cuanto más se escondía en la cama, menos frío tenía.

- No deberías de taparte tanto, es malo para la fiebre… ¿Te has dado una ducha?

- No he salido de la cama. Luego…

- Bueno, tú no te preocupes más que de descansar y de ponerte bien, que de lo demás ya nos encargamos el resto. Y dile a esa jefa obsesiva que tienes que haga el favor de dejarte en la cama el lunes si aún te hace falta…

- Se lo diré, tranquilo – dijo sonriendo a pesar de todo-. Vete papá, no quiero contagiarte. Dile a mamá que luego la llamo pero que muchas gracias por la comida… Y si necesitáis algo para Aiko o lo que sea avisadnos.

- Sí claro, que te has creído tú que te vamos a devolver a la niña tan fácilmente – se inclinó hacia ella para darle un beso en la mejilla-. Ya le digo a tu madre que la llamas luego. Tú ponte buena.

Asintió a las palabras de su padre, volviendo a quedarse del todo echada mientras que él salía de la habitación. El profesor fue en dirección al cuarto de la pequeña, sabiéndose el camino y escuchándola además hablar con su yerno. Se quedó apoyado en la puerta observándolos hasta que la niña se dio cuenta de que estaba allí y echó a correr hacia él para ir a saludar a su abuelo.

- ¡Abu! – se agachó para cogerla rápidamente.

- Hola – saludó a la pequeña, dejándola bien sujeta-. ¿Qué? ¿Ya has preparado todas tus cosas?

- Sí, papi dice que mami está malita y que no me puedo quedar porque podría ponerme malita yo también – hizo un pequeño puchero-. Yo quería cuidarla.

- Si te pones malita tú también seguro que eso no ayuda a que ella mejore, piensa en eso – le dijo, quedándose mirando hacia su yerno-. Además, ¿no te apetece ir a ayudar a tu abuela con la tienda? Le han llegado nuevas flores y tiene que colocarlas en la tienda.

Atrayendo por completo la atención de su nieta así, sonrió. Sabía lo mucho que le gustaba a ella poder ayudar a su abuela con todo aquello desde que era pequeña al contrario de cómo había ocurrido con su madre.

- Ya lo tenemos todo. Se van contigo los dos digimon también. ¿No te importa?

- Claro que no, esos dos son siempre bienvenidos en casa – negó con la cabeza-. Seguro que Biyomon se entretiene revolviendo por las cosas de Sora como siempre. No se debe de haber aprendido aún bien de memoria los primeros diseños o algo…

- Voy a despedirme de Sora – dijo el ave saliendo a las carreras por el pasillo para ir a ver a su compañera.

Provocando así la risa de ambos adultos, la niña se quedó mirando hacia la digimon hasta que desapareció por el pasillo. Yamato aprovechó el momento para coger la mochila de Aiko y acercarse de nuevo hacia su suegro, haciéndole un gesto con la cabeza para echar a andar también ellos por allí.

- ¿Vamos a que te despidas de tu madre? – le preguntó a la niña, alargando los brazos para cogerla de los de su abuelo-. Pero rápido ¿eh? Que no te puedes poner tú enferma también.

Viendo como asentía, echó a andar con ella hacia el interior de la habitación, posando a Aiko en la cama para que fuera de paseo hasta donde Sora estaba. La niña se quedó abrazada a su madre unos segundos, siendo ella la que le diera un beso sonoro como los que solía recibir, provocando que la pelirroja volviera a reírse.

- Pórtate bien con tus abuelos ¿vale? Cuando esté bien yo ya te compenso… Te lo prometo.

- Tú ponte bien mami.

- Venga, corre chiquitina, que no quiero pegarte nada.

Buscó a su marido con la mirada, indicándole así que cogiera a la niña él y que salieran ya. A bastante drama solía tener ella sola cuando Aiko estaba enferma con un simple catarro como para contagiarle lo que parecía una gripe. Haruhiko se asomó también para poder despedirse de ella con la mano, esperando a que salieran para cerrar la puerta él y echar a andar con Yamato hacia la puerta.

- Voy a dejar las cosas en el coche y a los digimon, despídete tú de ella – le dijo al rubio antes de salir, no queriendo hacer a la pequeña esperar mientras que colocaba bien la silla y todo lo demás.

Asintiendo a lo que le decía, se quedó unos segundos más con Aiko en brazos siguiendo al profesor con la mirada. Cogió a la niña bien para poder girarla y quedarse mirando para ella.

- Tú no te preocupes, ya la cuido yo, ¿vale?

- ¿Está muy malita?

- No, claro que no – negó con la cabeza-. Es un catarro.

- Vosotros no os vais cuando yo me pongo malita.

- Porque nosotros somos los que te tenemos que cuidarte a ti – intentó no sonreír para que lo tomara más en serio-. Además, los pequeños no nos podéis pegar las cosas a nosotros – mintió-. Pero al revés sí.

- ¿Y mami no quiere pegármelo?

- Exacto tortuguita. Cuando esté bien, ¿qué te parece si nosotros nos escapamos un fin de semana fuera de la ciudad? Solo los cinco, ¿vale?

- ¡Vale!

- Pues venga, vete con tus abuelos – le dio un beso en la mejilla antes de posarla en el suelo para que echara a correr tras Haruhiko, viendo como no tardaba en hacerlo, girándose antes de subirse al coche para despedirlo con la mano.

Permaneció unos segundos más en la puerta hasta que, al final, cerró la puerta tras él. No le hacía mucha gracia tener que mandar a la niña fuera el fin de semana cuando había estado casi todos los días llegando a casa con ella ya dormida. Pero, prefería eso a tenerla a ella también con fiebre. Quizás además les viniera bien poder hablar más tranquilamente a ellos dos sin tener que andar con cuidado de que ella los fuera a escuchar.

Se acercó hasta la habitación, decidió dejar la puerta abierta, comprobando si Sora seguía despierta o se había vuelto a quedar dormida, dándose cuenta de que lo estaba observando.

- ¿Qué tal estás?

- Pues… Estoy.

- ¿Quieres que llame a Jou para que te recete algo? Ahora que trabaja para él mismo no tiene excusa para no dejarme chantajearlo aunque sea invitándolo a cenar.

- ¿Tú crees que me hace falta?

- Yo diría que sí, tienes toda la pinta de estar a punto de empezar con un buen gripazo. Por eso mandé a Aiko con tus padres.

- Voy a acabar pegándotelo, Yamato.

- Pues me aguanto y que la agencia espacial del país se aguante también. Creo que podrían sobrevivir sin mí unos días.

- Ahá… ¿Estás intentando usarme de excusa a mí para no ir unos días?

- No tienes pruebas… - intentó poner un gesto interesante-. ¿Quieres darte un baño? Te va a venir bien…

- Oye, me duché ayer, no debo de oler tan mal para que vengáis mi padre y tú para decirme lo mismo – bromeó-. Tengo mucho frío, no quiero salir de la cama.

- Eso es por la fiebre – entró en la habitación por fin, quedándose a su lado y tendiéndole la mano-. Venga… Te va a venir bien.

Se rio entretenido al escucharla bufar, protestando por lo bajo antes de ceder y salir de la cama a regañadientes. Notó automáticamente el contraste de temperatura con su cuerpo, empezando a temblar rápidamente, encogiéndose sobre sí misma.


Natesgo: mejor no te cuento la fiesta que me estoy montando poquito a poquito yo sola. Tú tranquila jajajaja

Yamato parece que de una historia a otra ha madurado algo más neuronalmente hablando. Que oye, nunca viene mal, sobretodo con la edad que ya va teniendo y la vida que se ha buscado. Así que no creo ni que haya tenido que ensayar un par de veces delante del espejo lo que le ha dicho a Sora para que suene creíble - igual solo una-. Jajajaja Se ha ido a por la opción segura y que deja a todo el mundo contento. Ahora solo falta ver qué tiene que decir el médico sobre ese tema y Jou sobre el gripazo que parece que ha cazado Sora. A ver si no acaban los dos en la cama con la nariz roja y estornudando.

Y sobre los nenes, pues, ya te lo dije ayer. Tampoco me he matado a investigar, me he fiado de lo que he visto/vivido o me han contado. Más que suficiente para mí jajaja Y si no queda coherente con la edad pues pensamos que también está intentando cebar a galletas a un ser de un mundo paralelo al nuestro que cuando tiene a bien hacerlo se convierte en un lobo metalizado o que anda en vaqueros... Jajajaja

¡Un beso!

AnnaBolena04: Aiko es una de las principales interesadas de que esa barriguita se mantenga. Que ella seguro que lo sigue usando de peluche aunque ya no se le pueda echar encima del todo seguro que sigue usándolo de cojín y más ahora que empieza el frío en la ciudad y es un peluche calentito. Así que ella le pasa sus galletas de contrabando, que oye, tiene que compartir que ya se ha llenado y ya que lo tiene a mano se las da a él.

Seguro que le ha estado dando vueltas más veces a lo largo de estos años. Que él quiere un nene, pero se muere del pánico porque le pueda pasar algo a Sora. Así que habrá tenido sus épocas de echar humo por las orejas intentando llegar a una conclusión decente y, por fin, cuando le hizo falta, salió con la mejor de todas ellas. Que la decisión de si es seguro o no, evidentemente, no es de ellos y que tienen que hacer las cosas bien antes de intentar tener más nenes. Por el momento, la pelirroja puede ir pensando en ponerse bien de esa gripe que ha pillado, que luego los contagia a todos y verás tú la que montan en casa.

Y Hiroaki gruñendo desde Kobe porque se ha enterado de que Aiko está con su otro abuelo jajaja Pobrecito, esperemos que al menos esté en buena compañía... cofcof

¡Besitos de tortuguita!