Cuando el rubio se asomó a la habitación de nuevo, pudo ver a Sora completamente dormida. Había estado pendiente de ella desde que se había vuelto a meter en la cama y había estado escuchándola toser bastante seguido. Cada vez estaba más seguro de que lo que le pasaba era que tenía una gripe, a pesar de que todavía no hubiera podido ver a Jou directamente para que se lo confirmara.

Distraído, acercó la puerta sin llegar a dejarla cerrada, no queriendo que el ruido pudiera molestarla, volviendo hacia el salón. Sin duda no era su plan para el fin de semana, pero tampoco estaba en sus planes el susto que le había dado a primera hora. Lo último que se le hubiera ocurrido pensar era que le iba a salir con que tenía un retraso de un par de semanas y que existía la posibilidad de que estuviera un bebé en camino. No podía haberlo pillado más por sorpresa en todos los sentidos.

Al contrario que había pasado la primera vez, no estaba esperando por escuchar algo así. Cuando al poco tiempo de haber vuelto de la Luna de Miel ella le había dicho que quería intentar tener un pequeño, había sido un secreto a voces donde de lo único que había tenido que preocuparse era del tiempo que iba a tardar en decírselo directamente. Se notaba a leguas lo que ella quería y eso sin contar que él tampoco podía ser más evidente con el tema tampoco. Aquella vez, aunque sí era cierto que también le había dejado las cosas claras, había sido tiempo atrás y de ninguna manera contaba con despertarse de esa forma aquella mañana.

Había sido él quien había pasado por la habitación para recoger la prueba de embarazo con el negativo de encima de la mesa y cualquiera rastro de ella que hubiera podido quedar cuando su suegro había dicho que se iba a pasar por allí. Sin duda, no necesitaban alertar a nadie sobre aquel tema, especialmente tal y cómo sabía que les gustaba a ambos manejar aquellos asuntos.

Se quedó sentado en el sofá, entretenido en observar algunos de los juguetes que Aiko había dejado dispersos por el salón y que aún no había terminado de recoger por haber estado pendiente de otras cosas. Sin duda, no podían haber tenido más suerte con su pequeña. De todas las opciones que hubieran podido tener, no era capaz de imaginarse alguna más perfecta que ella. Pero, ni siquiera aquello había sido capaz de quitarle de la cabeza lo que había sentido cuando le habían dicho que Sora estaba en el hospital y que podría haber peligro para ella y para la niña. O la sensación que lo había recorrido cuando habían vuelto a casa y se había puesto a recoger toda la ropa y se la había encontrado manchada de sangre.

Eso era algo que sabía que lo iba a perseguir durante bastante tiempo, incluso más de lo que lo habían hecho las pesadillas después del accidente al volver de Marte la primera vez. Se lo había dicho a Sora en su momento. Era capaz de asimilar lo que le pasaba a él, pero no quería ni saber de la posibilidad de que a su familia le pudiera ocurrir algo. Y aquella vez había estado bastante cerca de tener que lamentar algo que no estaba seguro de poder ser capaz de superarlo en algún momento de su vida.

Le aterraba la idea de que pudiera volver a pasar. Se había informado después de que había pasado y sabía que existía la posibilidad, por eso había dejado que las cosas fueran siguiendo su rumbo sin sacar el tema. Pero, ahora… ¿Ahora qué? Empezando porque se le hacía bastante complicado decirle que no a Sora en cualquier cosa que le pudiera pedir, peor aún cuando era algo por lo que él también se estaba muriendo de ganas. Seguramente el ver el negativo en la prueba lo había ayudado a intentar pensar en la parte buena de todo aquello y que seguramente le compensaría todo lo demás. Tampoco quería sacar conclusiones antes de tiempo, prefiriendo que fuera la médico que solía atender a Sora la que les explicara bien los riesgos que podía haber. Con esa carta sobre la mesa, sin duda, podrían tomar una decisión más seria sobre aquello a pesar de lo que ya le había dicho a ella.

Volvió a la realidad cuando escuchó el sonido del timbre de la puerta, bajando la vista hacia el reloj, arqueando una ceja. Se podía imaginar perfectamente quién era, pero no había contado con que fuera a llegar tan pronto. Se puso en pie, echando a andar hacia la puerta, comprobando primero que fuera quién él pensaba antes de abrir.

- ¿En serio? Tampoco corría tanta prisa… Juro que no estoy en un rincón balanceándome…

- ¿Seguro? – dijo Jou antes de que lo dejara entrar-. Anda, sujeta – le digo tendiéndole su maletín para empezar a quitarse la chaqueta.

- Te llamé porque…

- Me llamaste por es a quién tienes que llamar – divertido, no pudo más que reírse antes de recuperar sus pertenencias, dejándole ahora la chaqueta para que la pusiera donde mejor considerase-. A ver, cuéntame…

- Nada, yo diría que lo que tiene es una buena gripe. Tiene fiebre, ha tenido el estómago revuelto y ha empezado con tos no hace demasiado…

- ¿Estómago revuelto?

- Nauseas – se encogió de hombros tras dejar colgando la chaqueta en el perchero-. Ha devuelto algunas veces… Y a la niña nos la ha robado ya su abuelo materno, tú no te preocupes.

- Eso no lo pondría en duda – riendo, avanzó a la vez que el rubio.

- ¿Dónde está?

- Pues… Está durmiendo, creo. La dejé en la habitación y la última vez que miré estaba completamente dormida. Tenía casi 38 de fiebre cuando lo miramos a primera hora.

- Bueno, si está durmiendo, por mucha pena que me dé, es mejor que le despierte para poder verla y que luego ya pueda dormir de seguido si quiere. Así si quieres te puedo ir yo a por las cosas a la farmacia o quedarme con ella mientras que tú vas. Que nos conocemos…

Sonrió entretenido por sus palabras sin atreverse a llevarle la contraria, porque estaba totalmente en lo cierto. No era precisamente alguien al que le hiciera gracia dejarla sola, aunque fuera por una tontería. Guió al médico por la casa en dirección a la habitación de ambos, asomándose para ver si por casualidad estaba despierta, encontrándose con que no.

- No le enciendas la luz, abre un poco mejor las cortinas – le dijo Jou-. Que si tiene fiebre no me extrañaría que le doliera la cabeza e igual se acuerda de todo tu árbol familiar…

Asintiendo, pasó él primero, yendo a donde le había dicho para abrir poco a poco y dejar que se fuera colando la luz poco a poco, aprovechando que el día estaba nublado para que no le molestara tanto a la pelirroja. Él sabía a lo que se refería su amigo, ya que tenía los ojos claros y los días que había mucha más luz de lo normal y se encontraba con contrastes. Se acercó a la cama, tomando asiendo al lado de ella y posando la mano en su brazo.

- Sora – la llamó-. Eh, despierta, venga…

- ¿Qué quieres? – murmuró en poco más que una protesta, sin darse cuenta de que tenían compañía.

- Sora… - repitió, bajándole la manta de delante de la cara para que no se escondiera de nuevo-. Ya te he dicho que tampoco es bueno que te tapes tanto para la fiebre…

- Yamato déjame… - entreabrió los ojos finalmente, encontrándose con su marido, sí, pero pudiendo ver perfectamente tras él al médico, despertándose así de golpe-. ¿Qué…?

- Y yo pensando que ibas a ser una buena paciente… - le dijo nada más ver que se había dado cuenta de que él también estaba-. ¿Cómo estás?

- Pero… ¿Qué haces tú aquí Jou?

- Pues… venir a recetarte algo para que tengas un poco más de pinta de ser humano, cosa que, si me lo permites, no es lo que más pareces ahora mismo…

- Te dejo con ella, así si te quiere reñir te puedes poner en modo autoridad sanitaria a ver si así tiene a bien hacerte algo más de caso…

Dejándoles su espacio, a sabiendas de que no molestaba tampoco, salió de la habitación para poder preparar un té y ofrecérselo luego a su amigo por las molestias. Con la infusión delante ya podría empezar la discusión con él sobre si se dignaba de una vez por todas a aceptarle el pago por el servicio o no.

- Lamento tener que decirte esto, pero Yamato tiene toda la razón – le tiró ligeramente de la manta-. Haz el favor de salir de ahí debajo…

- Puff… - la escuchó protestar-. Vale, voy… Pero es que tengo muchísimo frío.

- Es la fiebre, pero no es bueno… A ver si te doy algo para que te la baje y al menos puedas estar menos dolorida. ¿Qué te duele?

- ¿Qué no me duele?

- Vale, cambio de pregunta, ¿qué síntomas has tenido? – entretenido por ver a Sora comportarse de esa forma más infantil, empezó a revolver por su maletín para poder sacar algunas cosas que necesitaba.

- Fiebre, dolor de cabeza, cansancio… Dolor en todos y cada uno de los huesos… ¿Sigo?

- ¿Has vuelto a tener nauseas?

- No… Mira, eso la verdad es que no. Y eso que sí que he desayunado algo – explicó, encogiéndose de hombros, viendo como acercaba a ella el termómetro. Se arrastró algo más para quedarse completamente sentada y colaborar algo más despierta ya.

- Eso es bueno – le dijo, agradeciendo que se incorporase, tomándole así la temperatura con más facilidad, frunciendo el ceño al ver que tenía más de la que le había dicho Yamato-. Te ha pegado fuerte, ¿eh?

La respuesta de ella fue arrugar la nariz en una pequeña mueca conocida ya por todos los que solían tratar con ella. Había un virus rondando por la ciudad, había visto ya varios casos en cuestión de los últimos días. No era de extrañar que alguien que se pasaba el día en una de las zonas más bulliciosas y corriendo de un lado para otro hubiera caído tan rápidamente. Le hizo un gesto para que se girase y poder auscultarla.

- Está frío, aviso – le dijo antes de poder hacerlo, viendo como daba un respingo.

- ¡No te rías!

Yamato volvió a entrar en la habitación pasado un rato para poder saber qué tal estaban las cosas. No le preocupaba demasiado el diagnóstico, ya que se lo podía imaginar a la perfección, pero quería estar enterado cuanto antes de si tenía razón o no. Se quedó apoyado en la puerta, dejándoles su espacio, no abriendo la boca hasta que se dio cuenta de que Sora posaba los ojos en él.

- ¿Qué tal la ves?

- Pues con unos cuantos motivos para ponerse gruñona y no querer salir de la cama – se encogió de hombros-. Es gripe, no hay que preocuparse. Pero bueno, lo importante por ahora es bajarle la fiebre y lo demás… Cama y paciencia. Tienes para unos cuantos días.

- ¿Días? – protestó ella.

- Sí, días. Y tengo muchos posibles espías que usar en tu contra para que se aseguren de que no te mueves de ella – dijo señalándola con el dedo-. ¿Entendido?

- ¿Y Aiko?

- Bueno, no creo que tengáis problema de niñeros, pero a lo mejor hasta el lunes yo no la traería de vuelta por casa… Aunque estando como está y contigo teniendo que ir al trabajo quizás lo mejor es que esté con sus abuelos unos días.

Dijo aquello tras haber girado la cabeza para mirar él también hacia Yamato, viendo como asentía. No pudo evitar sonreír de forma amable al escuchar a la pelirroja resoplar. Seguramente no estaba de acuerdo con que el mudo tuviera que pararse por su culpa, pero, en aquella ocasión era lo que le tocaba.

- No te preocupes, ya la vigilo yo – le dijo Yamato-. ¿Qué necesita tomar? Aprovecho y voy a por ello yo ahora si no tienes prisa y así no se queda sola.

- Yamato, soy adulta ya, sé sobrevivir sola.

- Tú a dejar de protestar y a hacerle caso al médico – contestó Jou por el rubio-. Ahora mismo te doy las recetas.


Guest Vecina: llevo con esto abierto desde poco después de que me llegara tu review jajaja Pero es que no me han dejado actualizar en ningún momento, así que aprovecho ahora que tengo un ratejo. ¿Qué tal el puente vecina? Yo, persona inteligente y valiente como yo sola, tenía que trabajar hoy por la mañana y ayer se me ocurrió salir jajajajaja Así que no te quiero decir más. Sigo viva, que es lo que cuenta.

Jajajajajajajaja es que entre que por fechas cuadraba y que los síntomas que tenía eran los que era jajajajaja No es la primera vez que os la lío con algo así, pero venga, que no quiero cargarme a Yamato, que iba a estar muy feo dejar a Aiko sin padre que es muy chiquitina todavía y a ver cómo se las arregla. Y ya ha venido el médico maravilloso a domicilio y parece ser que están todos calmados salvo la enferma, que tiene frío y no tiene gana de que le anden tocando las narices jajajaja

Sí, la abuela tiene que estar que se le cae la baba porque con la nieta tiene el camino ganado con ese tema y, además, como es para estar babándose encima todo el día mirándola mientras que ella se limita a existir o a soltar por la boquita alguna adorabilidad, que eso se le da de maravilla a la peque. Y la guerra de abuelos parece que sigue igual de dramática que siempre, que los dos quieren a la peque con ellos.

El mono de conocer al pelirrojito que hizo que se te olvidara que la cabecita de esos dos, especialmente la de Yamato, quiere garantías antes de atreverse a dar un paso así, que la otra vez alguna retorcida se la lío bastante y creo que ya han tenido sustos para unos cuantos nenes jajajaja Que se le ponen todos los pelos de punta al pobre hombre de solo pensarlo.

Ánimo con la semana vecina, que esta es cortita y se nos va a hacer menos horrorosa seguro. Del catarro estoy mejor, ahora a ver si no caigo otra vez en cuanto vea a las fieras... ¡Un bico grandote!

PD: y ahora que me acuerdo jajaja Lo de las muñecas es algo que me pasa a mí jajaja Cuando tengo fiebre, sea por lo que sea, me empiezan a doler los huesos de las muñecas como si no hubiera mañana. Siempre lo noto así jajaja