- Te voy a contagiar – protestó la pelirroja después de que Yamato hubiera aprovechado para ir a posar la tableta en la mesa tras haber hablado con Aiko por videollamada.
- ¿Quieres dejar de protestar? – le dijo volviendo a donde estaba ella echada, quedándose sentado a su lado-. Si me contagias me aguanto, pero me voy a quedar un rato contigo que me aburro.
- Bah… - revolviéndose mejor, empezó a moverse hasta quedar sentada-. Si lo haces para vigilar que coma no hace falta…
- Sí, sí, a otro con ese cuento. Al menos la sopa que te ha hecho tu madre tienes que tomártela o sino te van a sentar mal los medicamentos.
Dando la batalla por perdida resopló limitándose a coger postura mejor, alargando la mano para coger su bata y echársela por encima de los hombros a pesar de seguir dentro de la cama. Se encontraba algo mejor desde que la fiebre había empezado a bajar con lo que Jou le había dado.
- Oye – cayendo en la cuenta, se quedó mirando hacia el rubio-. ¿Te dejó Jou que le pagaras la consulta?
- ¿Tú qué crees? – la observó antes de negar con la cabeza-. Lo que no sabe es que tengo guardado su número de cuenta… Así que donde las dan las toman… Para encima que vino por aquí a las carreras casi…
Era la guerra de siempre con él. Por muy amigos que fueran, su trabajo era su trabajo y siempre se las arreglaba para no querer ni que lo invitaran a un café para compensar por la molestia. Ella solía hacerlo en muchas ocasiones, pero una cosa era que tuviera alguna idea de un diseño y aprovechara un rato libre para hacerle un detalle a alguien y otra las veces que se madrugada había aparecido por su casa a las carreras porque lo habían llamado.
- Creo que ya debe de estar caliente la sopa. Voy a por ella. Luego si quieres te vuelves a dormir que no te va a venir mal.
- Eh – reclamó su atención-. ¿Y tú cuándo vas a comer?
- Luego cuando recoja un poco…
- ¿No quieres comer conmigo? – vio como negaba con la cabeza-. ¿Por qué?
- Porque solo he calentado tu ración de sopa – se encogió de hombros-. Ya me hago yo algo más tarde, no te preocupes, por el momento sigo sabiendo sobrevivir a la cocina.
- ¿No me digas?
Dejó escapar una leve risa mientras que él se terminaba de poner en pie de nuevo, saliendo de la habitación con la intención de ir a por su comida. Si no tenía ganas de cocinar siempre se podía entretener con algo de lo que tuvieran en el congelador, no iba a ser tan grave la cosa. Echaría de menos tener a Aiko rondando, pero, sin duda, no le iba a hacer daño pasarse el fin de semana en pijama en casa.
Volvió al cabo de un rato con la comida de la pelirroja, teniendo cuidado de no tirar nada. Le había echado la sopa en una taza para facilitarle las cosas, dejándole así la bandeja encima de la mesita de noche y que ella pudiera revolverse con más comodidad.
- Ten cuidado no te vayas a quemar – le dijo.
- Gracias – contestó cuando vio que, además, dedicaba unos segundos a darle la taza para que no tuviera que estirarse.
- ¿Qué tal vas con el dolor de huesos?
- Mal – protestó, entendiendo entonces por qué se había asegurado de darle él el objeto-. Las muñecas es lo que más me duele, pero dentro de lo que cabe, he podido salir de debajo de la manta.
- Come anda – negando con la cabeza, fue a buscar donde sentarse de nuevo-. Le he hecho chantaje a Aiko…
- ¿Chantaje? – entretenida por el cambio de conversación, empezó a soplar el líquido.
- Sí, cuando estés sana ya puedo inventarme algún sitio al que ir a pasar un fin de semana todos.
- Suena interesante – contestó, pasando a dejar sus dos manos en torno a la taza, afianzándola así mejor entre sus dedos y volviendo a soplar-. Seguro que podemos robarle a mi padre las llaves de la casa de Kioto e irnos a pasar un fin de semana.
- Eh, no se me había ocurrido – habló sorprendido.
- ¿Te parece bien la idea?
- Claro que sí, no queda demasiado lejos y si vamos en tren tampoco nos va a llevar demasiado tiempo. Seguro que a Aiko le gusta mucho Kioto – explicó-, es un sitio muy tranquilo.
- ¿Ves? – divertida con lo rápido que había aceptado su idea, volvió a soplar-. Si es que hasta con gripe tengo buenas ideas… - decidiéndose por fin a dar un trago, empezó a beberse la sopa.
La dejó comer tranquila, dándole su espacio, notando que iba más despacio de lo normal debido a que tenía sus dificultades al respirar por culpa de la gripe. No iba a insistir con que comiera nada más que aquella sopa a no ser que le pidiera algo más. Sabía que aunque solía ser ella la que tenía más afición por la comida de los dos, también era la primera en perder el apetito por cualquier motivo.
- ¿Está buena? – le preguntó, viéndola asentir-. Tienes para la cena también.
- O podrías tomar tú también de ella, que seguro que mi madre lo ha hecho para los dos para que no tengas que andar cocinando además de estar pendiente de mí…
- A callar. Venga, sigue comiendo que hasta te está volviendo el color a la cara.
Negando con la cabeza ante sus palabras, decidió hacer lo que él le pedía, notando como el líquido caliente entraba de maravilla en su cuerpo. Gran parte del cansancio que notaba se debía a que apenas había comida nada desde el día anterior, echando lo poco que había sido capaz de tragar. Esperaba que aquello no siguiera el mismo destino.
- He estado pensando – dijo él, reclamando su atención.
- ¿En qué? – lo alentó ella al ver que se quedaba callado de nuevo.
- En lo que hablamos esta mañana – cruzó una mirada con la pelirroja-. En lo de tener otro niño.
No había necesitado la aclaración para entender a lo que se refería con lo de por la mañana. Había sido el tema importante, sin lugar a dudas. Eso sin tener en cuenta que ella se había pasado dormida casi el resto del tiempo. Se quedó mirando hacia él, esperando que dijera algo más, aprovechando el momento para dar otro trago.
- ¿No estás seguro? – dijo al ver que no terminaba de animarse.
- No, lo que te iba a decir era que la semana que viene, se supone que el martes tengo el día libre porque se ha convocado una reunión. Si quieres podemos pedir cita a tu médico para ir a hablar con ella. Bueno, si quieres no, si ya estás menos moribunda - le hizo un gesto con la mano para que siguiera comiendo-. Creo que es mejor que todos tengamos las cosas bien claras antes de empezar a pensar en nada más. ¿Qué te parece?
- ¿Tienes tiempo para venir conmigo?
- Si no tengo tiempo, lo saco. Estoy yo más interesado que tú en ir a esa cita, así que si te parece bien puedo intentar conseguirte cita y así vamos los dos y salimos de dudas de una vez. Y si estoy yo delante también cuando te den algo más de información, pues mejor, así no me tienes detrás dándole la lata cada cinco minutos.
- Tú no me das la lata – sonrió ligeramente, todavía sin haber alejado la taza demasiado de ella-. Me parece muy bien que quieras venir conmigo. Pero… nada de echarme a mí y ponerte e interrogar a la pobre mujer, que nos conocemos…
- Tranquila, Sora, puedo interrogarla contigo delante. Creo que este tema me interesa lo demasiado como para no querer quedarme con ninguna duda. Además, espero que estés totalmente enterada de que esta vez te voy a tener vigilada todo lo que pueda y que me voy a poner mucho más pesado que la última vez.
- No contaba con otra cosa. Tranquilo y todos tus cómplices yo creo que van a estar totalmente de acuerdo con eso, no te preocupes por ello… - sabía que era una verdad total y absoluta, pero lo intentaba hacer sonar como poco serio-. Yamato, no soy tonta ni estoy loca… Y creo que la fiebre no me está haciendo delirar por el momento. Hasta yo sabría aceptar que no si nos dicen que hay riesgos… No es una tontería y no puedo poner en riesgo tanto. Tenemos a Aiko y ella es más que suficiente. ¿De acuerdo?
Curioso por lo que estaba escuchándola decir, no podía estar más de acuerdo. Aiko era mucho más que suficiente para ellos dos, hasta un punto en el que ni siquiera él se hubiera podido llegar a imaginar. Pero, quizás por eso mismo, era por lo que les gustaba tanto la idea de que no creciera sola. Acabó por sonreír, asintiendo a lo que la pelirroja decía.
- ¿Tengo que ponértelo por escrito? Podemos usar a la tortuguita como testigo…
- Qué simpático – terminó la sopa, dejando apartada así su taza y dejándola encima de la mesa para poder coger en cuenta la servilleta-. Pues mira, ahora que la llamas así, si quieres chantajearla un poco este fin de semana por no haberlo podido pasar con nosotras puedes comprarle esa famosa tortuga…
Recordando la conversación a la que ella estaba haciendo referencia, terminando por reírse ligeramente por lo bajo. Aceptaba el cambio de tema de Sora ya que daba por terminado el anterior. Cuando todo lo demás estuviera claro, ya podrían entrar en más detalles sobre el tema y de cómo iban a hacer ni a organizarse para que todo fuera lo más tranquilo y calmado posible. Con la parte práctica, estaba seguro de que no iban a tener problema alguno.
- ¿Quieres algo más? ¿Te traigo algo de postre?
- Creo que no quiero forzar las cosas, no vaya a ser que me vuelva a doler el estómago.
- Me parece bien – asintió-. Si tienes hambre a la hora de merendar ya me lo dices y te traigo algo. Ahora tómate las pastillas y échate a dormir otro rato, venga… A ver si por lo menos para el lunes estás mejor.
Asintió con la cabeza a lo que él le decía, cogiendo el vaso con agua y tomándose la medicación con calma para no meter tanto líquido de golpe en el estómago. Nada más terminar, se dio cuenta de cómo le quitaba el vaso de las manos para ser él quien lo posara en la mesa, ayudándola así a acomodarse de nuevo y a dejarla bien tapada con las mantas.
- Haz el favor de ir a comer ahora tú algo, ¿quieres? Creo recordar que ayer dejé preparadas cosas para la cena en la nevera, mira a ver, porque solo había que meterlo en el horno y ya estaría listo.
- Vale, ya miro yo ahora. Tú descansa. Si necesitas cualquier cosa avísame, ¿de acuerdo?
- Que te vayas a comer de una vez pesado…
Aprovechando el momento para esconderse de nuevo entre las sábanas, no dejó mucho más allá de sus ojos a la vista. Posando su mano en su cabello unos segundos, aprovechando así para comprobar que sí que estaba más fría, lo echó hacia atrás antes de recoger las cosas y salir de nuevo de la habitación para poder hacerse él la comida.
Le gustaba la idea de que también pudiera tener algo en la nevera que simplemente tuviera que poner a hacer para no andar dando vueltas. A pesar de no estar demasiado de acuerdo con tener a la pelirroja enferma, se había quedado en un estado de calma que derivaba de la conversación que habían tenido. Al menos sabía cuáles eran las prioridades de ella y que no estaba por delante el hecho de tener otro hijo frente a lo demás. Viniendo de ella, no podría decir que no le hubiera extrañado lo contrario.
AnnaBolena04: el pobre Jou contaba con que encontrarse la pelirroja amable de todos los días, no una que quisiera hacerse un ovillo por debajo de las mantas porque tiene fiebre. Pero bueno, seguro que tampoco se asusta y ya la ha cazado en alguna de estas en más ocasiones. Tampoco vamos a culparla que la pobre tiene que encontrarse hecha un asquete. Y el pobre Yamato se lo toma lo mejor que puede, que seguro que el pobre hombre tenía otros planes para el fin de semana, pero mira, tampoco se puede hacer otra cosa y no va a dejar a la pelirroja sola.
Que si no fuera porque no tiene a la chiquitina con él estaría más que encantado de hacerle de enfermero a la nena grande aunque pudiera contagiarlo, que ya le tiene dado sustos mucho más gordos y ahora está casi que contento que sea algo que con cama y descanso se acaba pasando. Aunque dentro de todo tiene pinta de que lo va a echar de la habitación para que no se ponga él malo también jajaja Tal para cual, eso sin duda.
¡Un besito de tortuguita!
