Aunque no había tenido que ir al trabajo el lunes, habiendo pedido permiso para poder estar todavía pendiente de Sora, la cual no estaba del todo recuperada, sí que le habían dicho que no se perdiera la reunión. Había cedido sin protestar demasiado en aquel ocasión, ya que ya estaba algo más resignado y le parecía un cambio justo en cuenta de tener que ir y dejar a la pelirroja sola. Sabía que se las podría arreglar perfectamente ella, pero no le hacía demasiada gracia no tenerla vigilada por el momento. No se había molestado tan siquiera en ponerse en uniforme, llegando a la sede con aire distraído y no viendo a Hideki caminando hacia él por el mismo pasillo hasta que estuvo a punto de chocar con él, mirándolo sorprendido como si hubiera aparecido de la nada.
- ¿Estamos en el mismo planeta? – fue el saludo del general.
- No te lo podría decir demasiado seguro… ¿Vas a la reunión?
- Sí, claro… Tenemos un poco complicado el escaparnos de todo este jaleo…
Dejó ir una ligera mueca, viendo como el rubio no podía más que asentir a sus palabras. No le hacía demasiada gracia todo aquello, pero tampoco era la primera vez que algo parecido pasaba. Intentaba mentalizarse de lo que se le venían encima, pero cada vez que lo pensaba, le gustaba menos la idea. Estaba todavía en una fase en la que todo aquello le producía más gruñidos que otra cosa.
- ¿Qué haces vestido de calle? – dándose cuenta de ello mientras que avanzaban por el pasillo.
- ¿Hm? – bajó la vista hacia su propia ropa, girando el cuello hacia él-. Solo he venido para la reunión. Tengo a Sora con un gripazo horroroso en cama desde el viernes y les pedí un par de días.
- ¿Gripe?
- Fiebre alta, vómitos… Hoy estaba mejor, pero no anda demasiado bien. Así que no me hacía mucha gracia dejarla sola.
- ¿Y la niña?
- Con mis suegros. Mejor prevenir – se encogió de hombros-. Así que ten cuidado, no vaya yo detrás y estés paseándote con el virus por los pasillos y acabes tú también en la cama una semana entera.
- No me des ideas para librarme de esta reunión… - admitió, antes de ponerse completamente serio al llegar al final del camino-. Vamos a ver qué nos cuentan, porque creo que esto es algo internacional y vamos a tener una buena temporada…
Yamato asintió a lo que decía, teniendo que darle toda la razón. Sabiendo lo que sabía sobre el tema, tenía exactamente la misma opinión que él sobre todo aquel asunto. Entró tras él a la sala, dándose cuenta de que ya había algunos presentes esperando.
- ¿Estamos todos ya? – preguntó Hideki.
- Los que vamos a venir casi. Creo que han tenido un problema con el avión y que no van a poder llegar hasta la semana que viene, pero por el momento, yo creo que nos vamos a arreglar. Sentaos, por favor.
Uno de los encargados del proyecto, se había adelantado a contestar la pregunta del general. Había recibido la noticia del retraso del vuelo con el poco tiempo suficiente como para no poder atrasar la reunión.
- De todas formas, el productor sí que va a poder acompañarnos por videollamada para poder atender todos los detalles. Por el momento creo que con eso nos vamos a arreglar todos…
El sonido de unos pasos acercándose rápidamente por el pasillo y el posterior golpeteo en la puerta, dejaron paso a una acalorada Mai, la cual parecía que había hecho gran parte del camino corriendo.
- Perdón – se disculpó cerrando tras ella y yendo a colocarse al lado de Yamato y Hideki-. ¿Llego tarde? ¿Qué haces en ropa de calle? ¿Tan poca gana tienes de hacer esto que planeabas cargarte a alguien?
Haciéndole un gesto con la mano, sin dignase a contestarle, no quiso entrar en sus conversaciones de besugos con ella. No había sacado el tema con Mai, pera era completamente lógico que ella también hubiera estado metida en todo aquello. Había demasiados motivos por los que era un blanco perfecto para llamar también la atención de los medios.
- ¿Takao y Katsu? – preguntó el encargado mirando hacia ellos.
- Han tenido un problema el programa de desarrollo, no van a poder venir. Algo de que tenían cosas mejores que hacer que ponerle buena cara mientras que saben que algo puede estar muy roto…
- Lo de siempre – contestó Hideki, negando con la cabeza-. Empezamos sin ellos. Si hay algo importante que tengan que saber, ya se lo diré yo más tarde.
Sora se había levantado de la cama cuando Yamato se había ido. No estaba aprovechando que no la estaba vigilando para hacer lo que le viniera en gana, sino que había ido al baño a darse una ducha. En aquel ocasión, el agua caliente había hecho maravillas con ella y se encontraba mucho mejor.
Se había puesto un pijama limpio, se había entretenido un rato echándose sus cremas y desenredándose el pelo y cuando había terminado se había entretenido en rehacer la cama. Le gustaba meterse entre las sábanas cuando estaban estiradas y fresquitas y, ahora que se encontraba mejor y tenía la oportunidad para ello, no la iba a dejar pasar.
Cuando hubo terminado con todo, decidió dejar las ventanas abiertas para que ventilase la habitación del todo, saliendo así ella al salón para no coger frío mientras tanto. Cogió su ordenador y arrastrando con ella la manta que tenían doblada en uno de los sofás, se sentó cubriéndose con ella y dejando así el aparato encima de sus rodillas. Tenía que aprovechar que se encontraba mejor para dejar contestados los correos electrónicos que le hubieran podido llegar del estudio.
El sonido de su teléfono reclamó su atención, viendo el nombre de Taichi en la pantalla, sacándole así una sonrisa. Contestó automáticamente, aprovechando para acomodarse, decidiendo que le interesaba saber más de él que seguir con los correos que no se iban a ir a ninguna parte.
- Me ha dicho un pajarito que estás pocha… - fue su saludo.
- ¿No me digas?
- Sí, si quieres más detalles es un pajarito de color rosa que andaba correteando tras una rubiecilla por el parque. ¿Tienes idea de quién puede ser?
Taichi había vuelto aquella mañana de un viaje fuera del país por motivos de trabajo. Desde que se había convertido en un embajador de la ONU aquello estaba a la orden del día, y no pasaba un mes sin que tuviera que estar fuera unos días. Por suerte, se las solía arreglar para pode viajar acompañado y así no perderse tanto tiempo con los suyos.
Aquella tarde había salido con Daigo a dar un paseo y se había encontrado con Haruhiko, los digimon y la niña. Aunque lo más justo sería decir que al que lo había encontrado a él había sido su ahijada que había salido corriendo a buscarlo nada más reconocerlo entre la gente. Cuando había llegado a casa y dejado que el niño se fuera detrás de su madre en busca de la merienda había querido aprovechar el momento para saber de su amiga.
- ¿Qué tal estás? – tomó asiento cómodamente en el sofá.
- Mejor. Tenemos un buen médico a domicilio que entiende un poquito de lo suyo… Lo que no sé yo es si seguirá a la gresca con Yamato con eso de aceptar pagos o no – bromeó.
- Se te nota de buen humor…
- Estoy de buen humor. Créeme… Me he pasado un fin de semana asqueroso temblando en la cama y con dolor en cada uno de mis huesos… Hoy que solo he tenido unas décimas por la mañana estoy hasta de buenas. Tengo hambre incluso, así que iré a acosar a Yamato cuando vuelva para que me haga la cena…
El embajador se acomodó algo más, riéndose por las palabras de su amiga. Sin duda parecía estar mejor, o, al menos, estar de buen humor. Le hubiera gustado ir a verla, pero tampoco quería molestarla sabiendo que estaba enferma o acabar contagiándose.
- Espera, ¿cuando Yamato vuelva? – dijo tras caer en la cuenta de sus palabras.
- Se ha ido a una reunión a la que no podía faltar. Tranquilo, puedo sobrevivir un par de horas sola, no hay que declarar emergencia nacional.
- ¿Segura? Porque yo sigo sin fiarme de ti ni un pelo. No te habrás levantado de la cama aprovechando que no tienes vigilancia, ¿verdad?
- Me he levantado porque ya me encuentro mejor. Y tampoco estoy de paseo por casa o trabajando, estoy en el sofá con la manta. Si me porto yo mucho mejor que vosotros dos como para que andes dando la lata, Yagami…
Divertido por el tono que estaba usando ella, podía imaginarse perfectamente las caras que iba poniendo incluso sin tenerla delante. No era demasiado digna de confianza con eso de que se hubiera quedado sin hacer nada y descansando como seguramente le habrían dicho, pero no sonaba demasiado grave.
- ¿Y tú qué? ¿Hasta cuándo te quedas por Tokio esta vez?
- Hasta nuevo aviso – contestó, aprovechando que Daigo pasaba correteando tras Agumon para cazarlo y sentárselo encima-. Eh, ¿quieres saludar a Sora?
- ¡Sora!
Entretenida por escuchar la voz del niño de fondo, sonrió. No los veía tanto como le gustaría por culpa del trabajo de unos y de otros, pero sí que estaba puesta al día de que, al menos, Aiko sí que solía enredar con Daigo siempre que podía cuando se quedaba con sus padres.
- Hola enano – dijo, abriendo la boca para comentar algo más pero sin poder llegar a hacerlo al escuchar revuelo al otro lado y como la voz del niño se iba alejando mientras que llamaba a su madre-. No me lo digas, ¿acaba de llegar Koemi a casa?
- Premio… Oye, si necesitas algo llámame o mejor, dile al estirado que me llame que ya me acerco yo.
- Que sí, que tranquilo, que nos las arreglamos. Tengo gripe, nada más que eso y ya se me ha quitado la fiebre, así que no te me pongas pesado. Si estoy mejor podríais venir a cenar este viernes. Si te apetece claro.
- ¿Cómo narices no me va a apetecer?
- Porque te pasas viajando más días de lo que te gustaría y a lo mejor tienes planes propios, zoquete.
- Pues no, zoqueta. Me vale como un buen plan, así que ya te estás poniendo bien para este viernes – pudo escuchar como se reía-. Voy a ayudar a Koemi con las cosas, que no creo que se las arregle con Daigo colgando…
- No suena demasiado bien para ella, no… Te veo el viernes, Yagami.
- No te voy a llamar Ishida, me niego…
Sin darle tiempo a contestar algo más, dio por terminada la llamada. La pelirroja bajó la vista hacia el teléfono, riéndose divertida. Daba igual el tiempo que pasara que habría cosas que nunca cambiarían y una de ellas era Taichi Yagami. La única diferencia que tenía en ese momento en comparación a cuando lo había conocido era que se las había arreglado para aprender a engañar a la gente o lo que otros llamarían aprender a comportarse en público. Para todo lo demás seguía siendo su niño grande favorito.
El sonido de su propio estómago quejándose de hambre la devolvió a la realidad arqueando las cejas. Era el primer día que notaba hambre como tal y que no cumplía simplemente con no tener el estómago vacío para que no le sentara mal la medicación. Aquello era buena señal y, sabiendo que seguramente le gustaría saberlo, cogió el teléfono, abriendo la conversación con Yamato.
Saliendo de la reunión, notó como su teléfono vibraba en su bolsillo sacándolo mientras que iba hablando con Mai por el pasillo. Al ver el nombre de Sora optó por desbloquearlo pensando que quizás pudiera necesitar algo, riéndose por lo bajo al ver lo que ponía.
"¿Te queda mucho? Lamento informarte que empiezo a morirme de hambre, así que tú verás si tengo autorización para irme a la cocina o vas a aparecer pronto por casa".
- No os estaréis mandando mensajitos a estas alturas, ¿verdad? – dijo ella divertida al ver la cara que había puesto.
- Sí, de los subiditos de tono. No te los enseño porque sino te me pones celosa – contestó sin dignarse a mirarla.
Aprovechando para contestar que ya estaba de camino de vuelta, no podía negar que le hubiera gustado leer que tenía hambre, ya que eso era buena señal. Guardó de nuevo el telefono quedándose mirando hacia la piloto.
- ¿Has acabado ya?
- Sí, me voy a casa. ¿Quieres que te lleve? Porque conociéndote si solo has venido para la reunión habrás venido andando.
- No te preocupes, aprovecho y hago un par de recados por el camino – se encogió de hombros.
- Qué domesticado andas, Ishida… Quién te ha visto y quién te ve.
- ¿Qué? La tengo en casa con gripe, que menudo fin de semana se ha pasado…
- ¿Aiko tiene gripe?
- No, su madre. Que normalmente es la primera que no se queja, pero le subió la fiebre mucho y no era capaz ni de salir de la cama. Así que el siguiente seré yo, ya verás.
- A la niña no la tendréis en casa, ¿verdad?
- Madre mía, todos preguntáis lo mismo, ¿eh? Está con mis suegros para disgusto de mi padre. Los llamé el sábado por la mañana para ver si podían cuidárnosla ellos que mi padre sigue en Kobe.
- Porque tu versión en miniatura es adorable y nos preocupamos todos por ella… Venga, fuera de mi vista que tienes que irte a hacer cosas útiles en casa seguramente.
Asintiendo, ya que no podía tener más razón, se despidió de ella con un gesto antes de echar a andar en dirección contraria para llegar a la salida.
Guest Vecina: acabo de ver que ayer se debió de cruzar tu review con el capítulo jajajaja Eso hacía tiempo que no nos pasaba. O la publicaste antes y yo me volví a quedar alelada de la vida dos horas con esto delante y ni me enteré, cosa 100 % viable. Con decirte que llevo cosa de media hora mirando con cara rara un vídeo de física de partículas... Me asesinan las neuronas.
Estoy completamente segura de que se traen el drama de amigo-que-trabaja-de-algo-que-necesitas y que estarán en el eterno bucle de que no les quiere cobrar porque OMG, ¿cómo iba a ser eso? Y los otros dos que estarán en el punto de que ¿cómo que no les dejan pagar? Jajaja Así que seguro que la vez que Yamato se hizo con el número de cuenta se lo guardó jajaja Pero sí, Jou es todo un amor y seguro que se da hasta por pagado solo por reírse de la seria y adulta diseñadora profesional a la que solo le faltaba hinchar los mofletes y gruñir.
Y mira quién te aparece hoy por aquí aunque sea a modo de llamada. Que todavía no habíamos sabido nada de don importante embajador de la ONU y ya se le echaba MUCHO de menos. Esta primera parte de la historia está bastante más centrada en la parejita y casi que el entorno superinmediato-laboral, también te aviso ya. Así que igual no vemos a algunos personajes tanto como deberíamos salvo... trastadas aparte, pero, tiempo al tiempo cofcofcof
¿Qué tal la entrevista? ¿Esta vez te han contado algo interesante? Espero que hayas tenido suerte y que ahora que nos llega el fin de semana otra vez aproveches para descansar otro poquito que este marzo se anuncia largo y yo ya lo miro con pereza y ni siquiera ha empezado. ¡Un bico grandote vecina!
