La risa de Aiko pudo escucharse en todo el salón cuando su padre la cogió en brazos para sentarla encima de sus hombros. Había aprovechado que aquel día había salido a su hora para poder estar con la pequeña, la había bañado como solía hacer siempre él y había sido él quien le había dado la cena. Sabía que ella estaba disfrutando con aquello, pero no más que él.

Nadie más que él podría disfrutar de los ratos que pasaba con su pequeña.

El sonido de su risa era uno de sus favoritos y por eso se entretenía haciendo el tonto con ella más tiempo del que debería. Sabía que ya era algo tarde para la niña, pero aún estaba intentando mentalizarse para mandarla a la cama. Vio asomarse a Sora desde la cocina y cómo se quedaba apoyada en la puerta mirando para ellos. Como si hubiera leído lo que pasaba por su cabeza, no dijo nada, simplemente quedándose mirando hacia la escena con la mejor de sus sonrisas.

- Venga, para la cama, que sino mañana vas a estar cayéndote de sueño encima de tu taza en el desayuno – le dijo, arreglándoselas para bajarla de encima de sus hombros, dejándola así sujeta bajo su brazo, como si hubiera cogido una carpeta.

- ¡Papi!

- Nada de papi, a la cama, venga… Vamos a darle un beso a tu madre…

Volviendo a escuchar como la niña se seguía riendo echó a andar hacia Sora para poder dejarla a su altura y que se despidiera de ella. Posiblemente la estuviera revolucionando más de la cuenta, pero como llevaba todo el día jugando con sus primos, había muchas posibilidades de que se quedara dormida con facilidad.

- Buenas noches, cielo – le dijo la pelirroja-. ¿La echas tú?

- Sí, tranquila – asintió él-. Me sacrifico yo y meto a esta tortuguita en la cama. Si es que puedo claro… - divertido por cómo empezaba a intentar trepar por él para que la dejara subirse sobre sus hombros de nuevo dio un paso hacia atrás para no darle a Sora antes de cogerla para facilitarle el trabajo.

Echando a andar así con ella para la habitación de la pequeña dejó que la pelirroja se fuera a vigilar la cena de ambos. Sabía que los digimon estaban esperando ya para irse a dormir con la niña, más que nada porque había salido corriendo desde allí hasta el salón hacía un rato para que él la persiguiera, dejándolos esperando.

- A ver, venga – la posó en su cama.

Hacía unos meses que habían decidido dejar la cuna de lado y que Aiko empezara a dormir en una cama apropiada para ella. Había tenido un episodio parecido al que había sufrido cuando había ido por primera vez a comprarle calcetines a la niña. Ver las cosas tan pequeñas aún le afectaba a pesar de que llevara ya más de dos años en sus vidas.

Sonrió al ver como se metía entre las sábanas, quedándose a la espera de que fuera él quien la tapara. Vio como los digimon se habían acomodado no demasiado lejos de ella. Lo bueno de que todo lo de Aiko fuera a juego con su tamaño era que había espacio para poner algo para que ellos dos estuvieran cómodos también.

- ¿Mañana vas a ir al trabajo con mamá? – le preguntó, dándole algo de conversación para que terminara de relajarse y no seguir revolucionada.

- Sí, mañana voy a ir a ayudar a mami – convencida de ello, asintió con la cabeza, alargando las manos cuando él le acercó uno de sus peluches.

- Muy bien. Así vigilas que no se vuelva a poner enferma, ¿vale? – estiró las sábanas y las mandas por encima de la niña, asegurándose de que no fuera a tener frío por la noche.

- ¿Y ellos dos no tienen frío? – señaló hacia los digimon.

- No, ellos dos están bien. ¿No ves a Gabumon como va de abrigado todo el año?

- El otro día me dejó su mantita porque me vio tener frío…

El rubio no pudo más que arquear ambas cejas con las palabras de ella. No debería de ser algo que debiera de extrañarle, ya que a él se lo había hecho cuando la necesidad había aparecido, pero, escucharlo de labios de su pequeña, conseguía que notara algo en su interior demasiado agradable.

- Porque te quiere mucho – movió su mano hacia la mejilla de la niña, acariciándola con suavidad-. Tanto como Biyomon, claro… - aclaró antes de girar la cabeza hacia ellos unos segundos-. Venga, a dormir chiquitina.

Inclinándose hacia la pequeña, dejó un beso en su frente, esperando a incorporarse unos segundos más antes de echar a andar hacia la puerta para poder apagar la luz. Deteniéndose junto antes de salir, se giró hacia los tres que se quedaban dentro.

- Buenas noches.

- Buenas noches papi.

Apagado la luz por fin, cerró la puerta tras él para que los ruidos no la molestaran, saliendo de allí con una sonrisa en la cara de oreja a oreja. Adoraba a esa niña mucho más de lo que se hubiera podido imaginar en cualquier momento de su vida. Llegó a la cocina donde se había quedado Sora, observándola unos segundos hasta que ella se dio cuenta.

- ¿Ya se ha dormido?

- No, pero bueno, se ha quedado tapada con los otros dos. No creo que tarde demasiado – explicó, caminando hasta ella-. Esa niña va a acabar conmigo un día de estos. Te aviso para que lo tengas en cuenta.

- Oh, muchas gracias por el detalle de avisarme con antelación – estudió su rostro, viendo la cara que traía. Una cara que le encantaba ver porque estaba relajado, contento, y, además, solo le faltaba ir por ahí con un cartel encima de la cabeza en donde estuviera escrito lo mucho que quería a la pequeña de ambos-. Anda, vamos a cenar, que tienes que tener hambre.

Asintió, reconociéndolo. Había comido algo en el trabajo para no perder tiempo y poder llegar primero a casa. Además, aquel día había estado entrenando también con los nuevos, aprovechando para hacer de apoyo y que estaba demasiado frío por las mañanas como para tener ganas de salir antes de la cama para ir a correr.

- ¿Qué has hecho de cena?

- Ya lo verás… - entretenida, le hizo un gesto con la cabeza para que fuera a sentarse.

- ¿Saco algo yo?

- Que te vayas a sentar, Ishida.

Riéndose, obedeció por fin, acercándose a la mesa para tomar asiento a la espera de que pusiera la cena. Olía bien y probablemente fuera a quedarse contento con cualquier cosa porque le iba a gustar, había preguntado simplemente por mostrar algo de interés. Por el momento no había probado nada que hubiera hecho Sora que no le gustara. No se podía decir lo mismo al revés, habiendo tenido gruñidos por parte de ella en la época de la anemia cuando había cumplido su amenaza de sacar las espinacas.

Ese pensamiento consiguió que se empezara a reír solo, dándose cuenta así ella de la que se quedaba delante de él con el plato en la mano.

- ¿Quiero saber de qué te ríes?

- No, que me pones el plato de sombrero – intentó poner su mejor cara de no haber roto un plato-. Gracias…

- Sí, sí… Dame las gracias – dejó también el suyo en la mesa-. Anda, vamos a cenar de una vez.

Tomó asiento por fin, dándose cuenta de lo cansada que estaba de todo el día. Ahora que ya estaba todo hecho, empezaba a notar cómo le pasaba factura. Se tomó unos segundos para disfrutar de haberse sentado por fin y luego alargó la mano hacia el vaso para dar un trago de agua antes de empezar.

- ¿Qué tal hoy? – le preguntó él.

- Bien, como siempre. Ya hemos mandado a producción la colaboración.

- ¿Ya? – sorprendido, se quedó mirando hacia ella.

- Sí, ya. Es Andrew… Se nos da demasiado bien ponernos de acuerdo. Y seguro que con Haru viene con las cosas discutidas de casa. Ha sido el trabajo más fácil y cómodo que he hecho en mi vida. No sé cómo he tardado tanto tiempo en hacerlo…

- Me alegro – asintió-. Aunque tengo que darte la razón. No sé cómo no se te ocurrió primero, porque no te he visto más tranquila empezando algo de cero desde hace una buena temporada.

- Lo sé. Ha sido una estabilidad que no me ha podido venir mejor. Es que ni siquiera hemos tenido problemas con los proveedores. ¿Sabes lo raro que es eso?

- A lo mejor ya se han aprendido la amenazada del fénix como algo más que factible…

- Podría ser… - dejó ir una leve risa antes de empezar a cenar por fin.

Imitando las acciones de ella, también se llevó algo de comida a la boca. Hacía unos días que estaba pudiendo llegar primero a casa y eso había ayudado a que estuviera más relajado. Al final, por poco que le hubiera gustado al principio la idea del documental, iba a venirle bien para delegar algo más la carga de trabajo y poder escaparse antes a casa.

- Me llamó mi padre por la tarde, es verdad – reclamó así la atención de ella-. Va a tener que quedarse más tiempo en Kobe.

- ¿Más?

- Sí… Pero fíjate tú la mala suerte que ha tenido que esta semana se ha encontrado, de pura casualidad, con mi madre por allí.

- Ah, claro. De forma totalmente casual entiendo. ¿Se va a quedar con él?

- Sí, tiene unos días libres y así lo entretiene un rato, que está muy pesado con que le mande vídeos de Aiko a todas horas.

- Bueno, tú no te preocupes, que cualquier día nos llegan con que han decidido volverse a casar…

Viendo como el rubio se atragantaba con lo que estaba comiendo empezó a reírse abiertamente, empeorando aún más cuando lo vio tener que alargar la mano para coger el agua y dar un trago para poder pasarlo.

- Tranquilo hombre, que era una broma – le dijo divertida.

- Sora…

- ¿Qué? A ver, venga, dime qué tendría de malo. ¿Qué te quedarías sin abuelo? Fíjate que yo creo que sería al que menos le extrañaría todo.

- Mira… nada, no tendría nada de malo – dijo cuando por fin fue capaz de recuperar la compostura-. Y yo estaría muy contento por ellos, pero no me pegues estos sustos de repente. Yo creo que están bien exactamente como están. Al menos ya no juegan la escondite conmigo y con mi hermano, lo cual es de agradecer.

- Bueno, yo sigo diciendo que eso era por no aguantar a Takeru detrás de ellos montando el drama todo el día. Pero mira, es que me hace mucha gracia que todavía usen excusas de trabajo para que tu madre se lo "haya encontrado por casualidad". Son más evidentes que tú y yo en nuestra época.

- ¿En cuál de todas ellas?

- Te dejo elegir la que más te guste… - divertida, se quedó mirando para él-. Aunque bueno, casi que me quedo en la época en la que nos solíamos encontrar de casualidad porque "pasábamos por allí".

El rubio la miró, necesitando unos segundos para terminar de ubicarse. No estaba seguro de si se estaba refiriendo a cuando él había vuelto de Tanegashima la primera vez o justamente a los meses antes de irse en los que habían tenido un acercamiento y ambos habían estado jugando a las casualidades, especialmente al principio.

- Sea como sea, yo mientras que mi padre esté contento que siga jugando a pensar que los demás no nos enteramos de lo que hace o deja de hacer.

- Ya… - se quedó pensativa-. Yo es que me alegro mucho por ellos. Pero bueno, son mayorcitos. Así que tú y yo mejor nos preocupamos de que no se nos enfríe la cena que a este paso vamos a cenar frío…

- Estaría bueno igual – dijo él, encogiéndose de hombros.

- No me hagas la pelota, amor...


AnnaBolena04: las autoridades sanitarias advierten que Yamato jugando con la tortuguita puede resultar perjudicial para la salud.

Que lo sepas jajajajaja Si es que menuda escena. Yo me acuerdo de cuando escribí este capi que me debí de tirar fangirleando yo sola cosa de media hora con la escena con la que abre. Que tiene una nenita que quiere aprovechar que lo tiene en casa y claro, pasa lo que pasa. Si es que el pobre hombre quiere también pasar todo el tiempo que puede con ella y así acaban. Pobre Sora, debe de andar con el abanico a mano por casa.

Y la doctora en el fondo tiene que reírse con esas cosas. Debe de tener una buena colección de caras de padres histéricos digna de museo. Seguro que el pobre Yamato sale entre las primeras posiciones porque estaba ahí que parecía que le iban a dar todos los males a la vez, que mirase a ver si necesitaba un tranquilizante o algo antes de irse ara casa, que de verdad que no tenía buena cara jajajajaja Menos mal que parece que van con las cosas claras y de mutuo acuerdo, que sino, a saber qué podría pensar cualquiera.

¡Un besito de tortuguita!

Guest Vecina: pues mira, en ello ando. Madre mía, si es que tengo peores pelos que Yamato levantado a la mañana siguiente de su noche de bodas. Que entre el viento y la tiza, creo que te puedes imaginar el contexto ¿no? Monísima jajaaja

Lo sé, si es que yo te comprendo. Yo también lo hecho demasiado en falta, pero tal y como se han ido dando las cosas no he tenido oportunidad. Si es que estoy muerta de ganas de llegar a una parte donde va a chupar demasiada cámara por todas partes y es que se me eterniza jajaja Pero bueno, que tú lo tienes dentro de no mucho rondando por ahí, no te preocupe. Si el otro día estuve leyendo otra vez fanfics por aquí del otro ship, pero shhh, que mis bipolaridades me las entiendes tú jajajaja

Hideki el pobre se debe de haber amparado bajo el lema de que si no puede con ellos es mejor unirse, que mira, que son muchos años y en el fondo les tiene aprecio. Sobretodo ahora que ya no se pasa todo el día pendiente de que los nenes no se maten los unos a los otros, que cuando estaban en Tanegashima el pobre hombre parecía tener sus dudas. Ahora está ahí, como punto intermedio entre una cosa y otra y cuando quiere, sabe evitar que a Yamato se le funda la neurona de tanto pensar.

Jajajaja ¿hacemos porra con los padrinos? Porque te juro que a la NASA le costaría mandar al hombre a la Luna pero a mí me está costando más decidir eso, así te lo digo jajajaja Y los Ishida salir vivos de esa decisión más todavía.

En fin, vecina, ¿qué tal va la semana? La mía ya ha vuelto a la normalidad con el caos. Y, por cierto, que sepas que estamos planeando un viaje por tus tierras antes del verano jajaja Así que mira a ver qué haces con las tartatugas que no quiero tener que ir de incógnito por si acaso he liado alguna y me vas a tener más a mano para el linchamiento. Cofcofcof Es el viento, que me provoca tos cofcofcof

¡Un bico grandote grandote!