Yamato se entretuvo en recoger su uniforme para poder utilizarlo al día siguiente, posando la chaqueta lo más estirada que pudo encima de la silla para que se pasara toda la noche sin arrugarse. No había cambiado en sus costumbres de olvidarse las cosas tiradas por casa, sin embargo, el uniforme era algo que tenía que tratar algo mejor. Especialmente aquel que era más nuevo.
Totalmente distraído no se dio cuenta de que hacía un rato que Sora estaba observándolo. Aquel día estaba de buen humor, especialmente desde que su entretenimiento antes de la cena había sido ver jugar a sus dos rubios favoritos. Terminó por caminar hasta él, quedándose abrazada a él desde la espalda, apoyando su cara en ella, concentrándose únicamente en su cercanía.
A pesar del susto que le dio al no haberla sentido acercarse, sonriendo y posando sus manos sobre las de ella, echándose ligeramente hacia atrás. Sabía que era una costumbre de ella el acercarse a él de esa forma y quedarse un rato en esa posición. Y no iba a negar que le encantaba, sobretodo a última hora del día cuando no tenía que salir corriendo a ninguna parte.
- ¿Qué tal el día? – le preguntó él, no habiendo llegado a hacerlo durante la cena.
- Bien, tranquilo – contestó al cabo de unos segundos-. Me he vuelto a comprar un pijama de esos esponjosos…
Pudo escuchar como se reía ante sus palabras. Estaba más que acostumbrado a encontrarse esos pijamas. Sin duda había sido una de las primeras cosas con las que había aprendido a convivir en cuanto habían tenido algo más de confianza entre ellos dos. No se había molestado en fingir un tipo de forma de vestir distinto al que ella tenía solo para impresionarlo. Eso se le daba de maravilla en ocasiones. Y, si era sincero, tampoco le hacía falta recurrir a esos métodos. No tenía demasiados problemas para quedarse embobado aunque apareciera con un pijama con orejas otra vez.
- ¿No me lo vas a enseñar?
- No… Sorpresa…
Ya tendría oportunidad de soltar un día a Aiko por casa con uno igual que el de ella, ya que, como era ya costumbre también, siempre que se compraba algo así se dedicaba a buscar otro para la niña que fuera lo más parecido posible. Aquella vez había tenido suerte y no había tenido que rebuscar demasiado. Distraída en sus propios pensamientos, movió sus manos por el torso de él, acariciándolo por encima de la ropa.
Aquello delató algo más sus intenciones, aunque hubiera podido adivinarlas sin muchos problemas, tampoco era demasiado complicado. Dudó si girarse o no, aprovechando para disfrutar de sus caricias todo lo que pudo antes de buscar encararla.
- ¿Te han entrado los mimos? – le dijo, llevando sus manos a sus mejillas, moviéndolas hacia atrás para echarle el cabello hacia atrás.
- Puede… - murmuró dejando ir una sonrisa.
Hacía ya una temporada que tenían que buscar el tiempo para aquellas situaciones. Aiko les comía mucho de su tiempo libre, pero merecía la pena, y el trabajo de ambos tampoco ayudaba. Si tenían en cuenta que ella había estado enferma hacía algunas semanas y que a pesar de que había empezado pronto a hacer vida normal, una gripe era una gripe y había tardado en pasarla. Con la tontería, llevaban mucho más tiempo del que les gustaría a ambos sin poder dedicarse un rato para ellos. Y, con cierto asunto que ahora se traían entre manos, quizás no fuera la mejor de las situaciones.
Amplió la sonrisa, quedándose mirando hacia ella. Le gustaba cuando la diferencia de alturas la obligaba a levantar la cabeza y la vista hacia él. No podía evitar que aunque fuera algo a lo que debiera estar acostumbrado, en ocasiones no podía evitar que le gustara demasiado estudiar la comparación entre ambos. El verla tan pequeña en comparación con él. Era diferente a cuando hacía lo mismo con la niña. La pequeña le despertaba cariño y ternura, su esposa… Otras cosas además.
- ¿Qué te pasa? – le preguntó ella al darse cuenta de que se había quedado pensativo.
- Pues… Ahora que ya se me ha ido pasado la histeria… Yo creo que ya puede ir siendo hora que tú y yo nos empezamos a tomar más en serio un asunto que tenemos pendiente.
Tardó unos segundos en entender de lo que le hablaba, sobretodo con lo de la histeria, acabando por caer en la cuenta y cambiando de esa forma la expresión de su cara. Sin duda, no era una tema en el que hubiera querido insistir, pero seguía teniéndolo muy presente en su cabeza. Que fuera él quien sacara el asunto a relucir de esa forma, amplió su sonrisa.
- ¿Ya se te ha pasado la histeria? – le siguió la broma-. ¿Completamente seguro de eso?
- Por el momento sí… - sonrió de medio lado-. No te prometo nada más adelante…
No la dejó contestarle, inclinándose hacia ella para poder atrapar sus labios y no dejar que contestara. Movió sus dedos hacia atrás, enredando así su mano en su cabello, sujetándola con firmeza contra él, dejando ir a poco a poco el aire que hubiera podido coger. Sonrió, a pesar de todo, al sentir como sus manos volvían a posarse en sus costados, abrazándolo de esa forma.
Apoyó su frente en la de ella unos instantes antes de entretenerse en acariciarla lentamente, empezando a mover sus dedos por su cuello siguiendo las líneas en su cuello y clavícula, bajando por su figura hasta dejarla así apoyada en su cintura. Encantado de ver como ella iba entrecerrando ligeramente sus ojos ante sus caricias, se la pegó algo más, eliminando la distancia entre ellos.
- ¿Mañana tienes que madrugar? – le murmuró por lo bajo.
- Soy la dueña… Tengo que madrugar, si quiero madrugar – le contestó, poniéndose de puntillas y siendo ella ahora quien le devolviera el beso.
La dejó tomar el control de esa forma, entreteniéndose en disfrutar de los besos de ella y aprovechando para mover la mano que tenía en su cabello para dejarla a juego con la otra y apretarla bien contra él. Sonrió entre sus labios cuando notó como se ponía de puntillas y entrecruzaba sus brazos tras su cuello. Cuando la volvió a observar, decidió que aquella vez podía tomarse las cosas con calma y no dejarse llevar tan rápidamente. La levantó del suelo, no como siempre solía hacer, sino que llevándola en brazos hacia la cama para dejarla sobre ella con cuidado, apoyando la rodilla primero para acomodarse él también a su lado.
Buscó su mirada canela, encontrando la calidez que tanto le gustaba en ella antes de volver a dedicarle una suave caricia en su mejilla. Posiblemente hacía tiempo que no le decía lo mucho que la quería, lo absolutamente enamorado que estaba y que cada día iba a más, pero había encontrado poco útil perder tiempo con palabras. Prefería buscar pequeños detalles que dejaran claro aquello y, sin duda, uno de ellos era la forma en la que la estaba mirando en ese momento.
Agachó la cabeza hacia ella para darle un corto beso en los labios y uno aún más rápido en la punta de la nariz, comenzado a buscar su cuello. Escuchar como dejaba escapar el aire entre sus labios y dejaba la cabeza hacia atrás lo motivó a continuar con sus acciones, recorriendo toda la piel que quedaba al descubierto. Movió su mano en busca del final de la blusa de ella, tirando hacia arriba para poder colarse por dentro, acariciando su vientre de esa forma.
- Amor - pudo escuchar como le susurraba por lo bajo-. La puerta…
Conectó con la realidad, quedándose mirando hacia donde ella indicaba. Sora la había dejado entreabierta y, aunque la hubiera cerrado del todo, moviéndose Aiko ya con total libertad por casa y no teniendo escaleras entre medias, en situaciones como aquella era mejor echar el pestillo. Se levantó a regañadientes, yendo a hacer precisamente aquello antes de volver al lado de la pelirroja.
- Últimamente me llamas más veces de lo normal así – bromeó quedándose mirando hacia ella, cuando no lo dejó volver a reclinarse tal y como había estado.
- ¿Y cómo quieres que te llame? No se me ocurre otra forma mejor – sonrió, manteniendo sus palmas unos segundos más sobre él, reteniéndolo.
Era fácil saber que quería, consiguiéndolo sin que él se hiciera de rogar, viendo como dejaba caer lejos la camiseta del pijama hacia atrás. La sonrisa inmediata que se dibujó en los labios de ella sirvió para que buscara su cercanía de nuevo, no sin antes ver como dejaba los brazos hacia atrás, indicándole de esa forma que igualase las condiciones entre ambos. Sin duda, posar las manos sobre la cintura descubierta de ella le gustaba demasiado apretándola contra él, disfrutado de como cada una de sus curvas se amoldaba a él a la perfección.
La dejó moverse para que fuera ella la que se quedara sentada encima, dándole su tiempo para que se acomodara con una rodilla a cada lado, posando las manos en sus muslos. Sonrió al ver que las manos de ella se perdían en su propia espalda, quitándose el sujetador para que no molestara antes de inclinarse hacia delante.
El cosquilleo que le producía el leve roce de su pecho contra él, era una de sus sensaciones favoritas mientras que la dejaba explorar su cuello y sus hombros con sus labios. Al igual que siempre, tenía que hacer verdaderos esfuerzos por no ser él quien se encargara de todo. Posó las manos en su espalda, recorriéndola de esa forma con suavidad, acariciándola.
La dejó apartarse, viendo como se colocaba a su lado para poder colar su mano por dentro de su pantalón, tanteándolo por entre las capas de ropa antes de buscar el contacto directo. En aquella ocasión empezó a mover lentamente sus dedos, sin prisa, para ayudarlo a estar listo cuanto antes sin tener que recurrir a más provocaciones. Cuando vio que entrecerraba los ojos mordiéndose el labio, sonrió, notando que estaban surtiendo efecto sus acciones.
- ¿Qué te pasa?- susurró en su oído cuando se inclinó hacia él.
Ladeó el cuello para aprovechar que la tenía cerca y poder así dedicarle un beso a modo de respuesta, no dejándola ir con tanta facilidad, buscando despistarla de esa forma y poder hacer fuerza para girarse. Lo consiguió sin muchos problemas, dejándola de nuevo bocarriba, sin darle tiempo de reacción dando paso a que sus labios empezaran a explorar sus curvas.
Posó sus manos en su cadera a medida que llevaba sus besos más abajo, dedicándole especial atención a sus senos, primero uno y luego otro, jugando con suaves mordiscos, disfrutando plenamente de sus reacciones antes de empezar a tirar de toda la ropa que le quedaba a ella puesta. Se incorporó, ayudándola a que sacara primero una pierna del pantalón y luego la otra. Como siempre, aprovechó el tiempo que acababa de ganar en deleitarse la vista.
Se le pasaban varias ideas por su cabeza, teniéndola así a su disposición. Le despertaba demasiadas ganas e ideas simplemente por estar echara en esas condiciones a su lado. Aunque, ella se lo había dicho, era su propia jefa, si no quería madrugar, tampoco tenía por qué hacerlo. No le dijo aquello, pero la sonrisa de medio lado que reflejó en su rostro lo delató de forma más que evidente.
Paseó sus manos por su figura, buscando así su vientre, moviéndose con lentitud antes de buscar desabrocharle el pantalón, tomándose su tiempo también con aquello, librándose de ellos y también del resto de ropa que le pudiera quedar a ella, riéndose cuando le costó más de la cuenta poder sacarlos de sus piernas.
- ¿Qué? Tú que me has visto ponérmelos por la mañana dando saltitos deberías de saber que salen casi de la misma forma – divertida por la reacción de él, le duró poco la distracción, en cuando sintió como posaba su mano en la cara interna de su muslo.
Aprovechó el momento para separarle las piernas, colocándose entre ellas, aprovechando la vista que así tenía de su esposa. Se inclinó hacia delante, quedando a la altura de su rostro para poder darle un beso en los labios. No se recostó aún sobre ella, quedándose sujeto por un brazo, deslizando el otro por su figura hasta perderla entre sus muslos, sabiendo exactamente la forma exacta de hacer cada movimiento al gusto de ella. Lo notó de forma instantánea cuando se apartó del beso con un jadeo, dejando su frente apoyada en la de él y los ojos cerrados.
Contento con la reacción automática de la pelirroja, decidió prestarle algo más de atención, explorando más con sus manos, perdiéndose en su cuerpo cada vez más deteniéndose en el momento exacto en el que sabía que debía de hacerlo. La forma en la que ella se le quedó mirando provocó que sonriera de miedo lado. La estaba provocando y estaba teniendo el mejor de los resultados.
Retrocedió para escaparse de ella cuando vio que levantaba la cabeza para besarlo, negando de esa forma el contacto, divertido por las reacciones y caras de ella. No iba a negar que le encantaba ver como se desesperaba ella sola y, por eso, volviendo a esquivarla empezó ahora a recorrer su cuerpo con sus labios. Bajó por su cuello, acercándose así a su pecho.
No jugó con ella en ese momento, disfrutando también él, pudiendo ver cómo se arqueaba hacia atrás para facilitarle el acceso. Suave besos entremezclados con caricias y algún que otro mordisco rompieron por fin el silencio de ella, al no poder aguantarse más. La posición que había tomado, permitió que pudiera continuar bajando por el hueco que marcaban sus costillas por su vientre, desviándose en el último momento hacia uno de sus muslos nuevamente. Justo en el límite.
- Yamato… - acabó por protestar, provocando que se riera.
- ¿Qué?
- Ya tendré oportunidad, ya… - no se estaba quejando, al contrario, pero empezaba a desesperase con las idas y venidas de él. No lo podía evitar. Era una de las personas más pacientes que todos habían conocido, pero hasta ella tenía sus límites.
Haciendo un esfuerzo para no reírse, no considerándolo el mejor momento, se apartó lo justo para poder tenderle la mano y ayudarla a incorporarse ante su atenta mirada. Al principio no tuvo demasiado claro qué era lo que podía estar pasando por la cabeza de él, pero, no necesitó tampoco demasiadas aclaraciones. Probablemente no iba a tener queja de ninguna de las maneras. Aprovechó el momento para quedarse observándolo, dejándole su espacio para que terminara de desvestirse, no habiendo tenido ella oportunidad de colaborar con aquello.
No pasó mucho tiempo para que se volviera a acercar a ella posando las manos en su cintura, pero no para acercársela, sino para para indicarle que cambiara de posición. Divertida al entender por fin sus intenciones, sonrió, colaborando para darle la espalda, sin contar con que justamente cuando fuera a inclinarse hacia delante se lo impidiera, rodeando su cintura con los brazos y besando así su cuello lentamente durante unos segundos, moviendo sus manos desde donde las había pasado por su cuerpo, acariciándola, distrayéndola así, hasta que, de repente, la empujó él mismo hacia delante, cogiéndola algo más por sorpresa de esa forma pudiendo así dejarse de provocaciones.
Sonrió al ver como las manos de ella se cerraban con fuerza sobre las mantas mientras que terminaba de posicionarse correctamente él, empezando por fin a moverse. Le gustaba mucho ver cómo ella misma se impacientaba, pero no podía negar que también le pasaba factura a él. Le gustaba por parte iguales hacer que dejar que le hicieran y cuando él mismo se comportaba de esa forma acababa notando también como le hervía la sangre. Y eso se podía notar en la forma en la que se estaba comportando en esos momentos, olvidando las delicadezas sin poder evitarlo. No ayudaba tampoco que, a pesar de intentar ser lo más discreta posible siempre que podía, Sora perdiera también el autocontrol. La notó llegar antes que él al climax, pudiendo sentir cómo se tensaba y tenía que hacer el esfuerzo para mantenerse en esa posición hasta que él llegara también, no tardando demasiado en conseguirlo y teniendo que dejarse caer sobre ella exhausto también.
Se apartó de encima lo antes que pudo, no queriendo agobiarla con su peso, rodando hacia el lateral, dejando que así ella pudiera girarse también, quedándose tumbada bocarriba sobre las sábanas. Giró la cabeza para poder observarla. Le encantaba desde el primer momento hasta el último cuando estaban juntos, pero había algo en aquellos instantes, cuando apenas acababan de separarse, que le gustaba todavía más. Seguramente estuviera relacionado en que se quedaba completamente embobado mirándola.
Era algo que no podía evitar y que pasaba todas y cada una de las veces. La forma en la que se quedaba tendida, con los ojos entrecerrados y la respiración alterada aún siendo la responsable de que su pecho subiera y bajara con rapidez. Y, sobretodo, cuando por fin giraba la cabeza hacia él y le dedicaba la mejor de sus sonrisas. Una que, quería pensar, solo la conocía él.
Alargó la mano hasta posarla en su cintura, moviéndola lentamente para poder acariciarla con suavidad, acabando por dejarla en el lado opuesto al suyo, rodeándola ligeramente con su brazo así. Aunque ninguno hubiera dicho nada, no era un silencio incómodo o algo que se le pudiera parecer. Simplemente era un momento en el que no hacían falta las palabras entre ellos dos. Habían encontrado a comodidad también en el silencio. Sonrió él también al sentir como posaba su mano sobre la de él.
Reaccionando a eso se arrastró de nuevo hacia ella, para quedarse a su lado, bajando así la cabeza y pudiendo dedicarle un beso, tomándose su tiempo en aquello, centrándose en cómo después de tanto tiempo, había ciertas cosas que cada vez le gustaban más. Era en momentos como ese cuando realmente se daba cuenta de que lo mejor que le había podido pasar en la vida había empezado gracias al mayor susto de toda su existencia. Se separó de ella no sin antes darle otro corto beso y quedarse mirándola.
- ¿Qué? – le dijo por fin, llevando la mano a su cabello para empezar a jugar con él.
- Nada, ¿no te puedo mirar?
- Estás pensando en algo, se te nota en la cara… - bajó lentamente su mano hasta su rostro, moviendo su dedo índice por las formas de su rostro-. ¿No me vas a contar en qué?
- Puede que sí… o puede que no – sonrió, disfrutando de sus caricias.
- ¿Ah no?
- Tendré que pensármelo…
Torció sus labios en una sonrisa ladeada a la vez que veía como ella arrugaba la nariz en una pequeña mueca por no haber obtenido respuesta. Le encantaba que hiciera aquello y por eso mismo no pudo evitar inclinarse de nuevo hacia ella para intentar conseguir otro beso, no teniendo suerte al apartar ella la cabeza, fingiendo ofensa por no haberle contestado.
- ¿No me lo vas a dar? – puso un puchero.
- No, no te lo mereces…
- ¿No? ¿Ni un poco?
- Ni un poquito… - negó con la cabeza.
Divertido por la forma en que se estaba comportando, la cual, también estaba completamente seguro de que era algo que conocía solamente él, se quedó mirándola hasta que sus facciones se curvaron de nuevo en un gesto divertido. Como si se le hubiera acabado de ocurrir alguna travesura.
- ¿Vas a seguir sin contármelo?
- No… Yo creo que mejor te lo explico de otra forma…
Se quedó mirando para él con una ceja arqueada, confusa, sin entender demasiado bien de lo que le estaba hablando. No estaba muy segura de si seguían hablando tan siquiera de los mismos temas, pero cuando estaban juntos, tampoco se le podía pedir demasiado a su cabeza, ya que desconectaba bastante de la realidad. Lo siguió con la mirada mientras que se incorporaba, dándole el beneficio de la duda antes de protestar porque se alejara de ella.
Dándose cuenta de que estaba observándolo, se tomó su tiempo en dejar ver sus intenciones, limitándose únicamente al principio a moverse él, de forma muy arbitraria hasta acabar por ponerse de rodillas, posando su mano en una de sus piernas. Divertido por las caras de ella, la movió, haciendo que la dejara en una posición mucho más apropiada para lo que tenía en mente. Hizo lo mismo con la otra, sin darse prisa, levantando la vista hacia el rostro de la pelirroja.
Se volvió a inclinar, quedándose apoyado sobre sus brazos, observándola así más de cerca. No le hacían ya falta muchas explicaciones llegados a ese punto sobre lo que tenía en mente, y se podía notar en la forma en la que lo estaba mirando. No iba a volver a repetir la jugada de antes para provocarla, sino que en aquella ocasión volvió a recorrer su cuerpo con sus labios, deteniéndose en cada curva unos segundos, sin entretenerse demasiado. Tenía claro su destino en aquella ocasión y cuando lo alcanzó, no se entretuvo en provocarla.
Escuchó el sonido de sorpresa escapar de la boca de ella, dándose por contento por el momento, no tardando en notar como iba adaptando mejor la posición a él, arqueándose hacia atrás. Hizo lo mismo, acomodándose para poder seguir con lo que estaba haciendo, subiendo una de sus manos así por su cadera en dirección hacia su cintura, acariciándola y así pudiendo sujetarla algo cuando notó que se empezaba a revolver.
No hubiera esperado por aquello. Sin duda, se había quedado más que contenta con la forma en la que habían transcurrido las cosas. Siempre lo hacía. Estaba segura de que era algo complemente sugestionado por su cabeza, que la simple idea de estar con él ya la afectaba de forma más que suficiente, pero a aquellas alturas de su vida, ambos se conocían tan perfectamente en aquellos aspectos, que era imposible no saber cómo hacer las cosas bien.
Sonrió ante su propio pensamiento, levantando la cabeza para poder observarlo, quedándose completamente hipnotizada cuando se percató de que la miraba unos segundos, clavando sus ojos azules en los de ella. No duró demasiado, ya que fue la pelirroja la que cortó el contacto echando de nuevo el cuello hacia atrás dejando los ojos cerrados por lo que estaba sintiendo. Su mano temblorosa buscó la que él había afianzado en su cintura para que no se revolviera, dejándose hacer por completo pero necesitando un punto al que aferrarse. La situación en la que había decidido hacer aquello había provocado que sus reacciones fueran más rápidas, ya que hacía muy poco tiempo que habían terminado de acostarse y todo su cuerpo seguía completamente sensible y reaccionaba con mucha más facilidad a cualquiera de sus acciones.
Se llevó la otra mano a los labios, llevándose el dedo índice y corazón a éstos, intentando de esa forma al morderlos ligeramente no hacer tanto ruido, no queriendo que pudiera escucharla Aiko bajo ningún concepto, pero se le hacía complicado. La conocía tan sumamente bien que le costaba un gran esfuerzo y eso parecía que era lo que estaba buscando el rubio. No estuvo segura de en qué momento desconectó del todo de la realidad, pero sus sentidos se nublaron y lo único que pudo hacer fue echar del todo la cabeza hacia atrás, soltándolo.
La soltó cuando se dio cuenta de que estaba llegando el momento de nuevo. Sabía que por acto reflejo primero solía ser el temblor en sus piernas y prefirió sujetarla así para dejarlo terminar sin impedimentos de ningún tipo. Se apartó por fin, sonriendo al encontrarse a su esposa todavía con los puños cerrados con fuerza sobre las sábanas, ligeramente temblorosa aún. No se quitó del todo de encima de ella, manteniéndose sobre sus brazos para poder volver a subir hasta la altura de su rostro, observándola más de cerca.
Aprovechó para darle algo más de tiempo para reponerse, pasándose la mano por los labios antes de intentar ganarse el beso que antes le había denegado, notando automáticamente como le echaba los brazos al cuello tirando así de él contra ella para dárselo.
Se había quedado con la cabeza apoyada sobre su pecho, dejando una de sus piernas enredada con las de él. Sabía que Yamato estaba durmiendo por la forma en la que estaba respirando y ella, al contrario, y a pesar de todo, no podía conciliar el sueño. Le daba hasta pereza cerrar los ojos y que aquel momento terminara para ella también.
Con el tiempo habían ido teniendo menos tiempo para ellos y eso hacía que aquellas situaciones las valorase mucho más. Y algo le decía que tanto ella como el rubio estaban en la misma situación porque aquella noche, sin duda, parecía haber querido dejárselo claro. Sonrió sin poder evitarlo ante ese pensamiento. Si alguien le hubiera dicho algo así años atrás cuando estaba enfadada consigo misma y con su cabeza porque una simple noticia en la televisión había provocado que sus sueños fueran por libre, seguramente se hubiera echado a reír y luego habría buscado un buen sitio en el que darse cabezazos.
No era algo en lo que hubiera querido pensar nunca. Incluso la vez que habían querido intentar algo cuando ya tenían una edad más acorde a aquellos temas, no se había quedado pensando en cómo sería o dejaría de ser todo. Ni tampoco cuando él había vuelto de Tanegashima por primer vez, por ganas de ir a meter la cabeza bajo el chorro de agua fría que hubiera tenido alguna que otra vez. Y sin embargo, allí estaba, exactamente en el único sitio en el que quería estar en ese momento.
- Yamato – susurró de forma suave, aunque lo suficientemente aceptable para que pudiera escucharlo-. Despierta…
- Hmm….
- Venga, despierta, que tenemos que vestirnos que no nos podemos quedar así… - entretenida por ver como parecía querer ignorarla, manteniendo los ojos cerrados, empezo a pincharlo con suavidad en el costado.
- Si es que me he casado con un ser del mal… - gruñó finalmente, abriendo los ojos.
Hacía ya tiempo que habían decidido hacer el esfuerzo para no quedarse con la puerta cerrada por si Aiko necesitaba algo en mitad de la noche. Y como siguieran así era exactamente lo que iba a ocurrir. Se echó a reír cuando lo volvió a escuchar protestar, quitándose de encima para que pudiera hacerlo.
- Tú quieta ahí – le dijo.
- ¿Por qué?
- Porque dicen que es mejor que no te muevas mucho y te quedes echada si queremos tener suerte rápido…
Confusa a más no poder, frunció el entrecejo, provocando que el que se riera entonces fuera el rubio, quien se alejó de ella para poder acercarle su pijama, empezando a buscar por el suelo la ropa interior, la cual no tenía demasiado claro dónde había podido tirarla antes.
- ¿Qué? ¿Tengo que estar yo más informado que tú de estos asuntos?
- ¿En serio? – aún confusa, se dedicó a seguirlo con la mirada aprovechando las vistas.
- Ponte el pijama de una vez no vaya a ser que luego nos cojas gripe otra vez…
Negando con la cabeza, hizo lo que le decía. Sí que sabía de lo que le estaba hablando, pero no esperaba que viniera de él un comentario de ese tipo. Le gustaba que los hiciera, porque eso dejaba claro que estaba menos histérico con la búsqueda del nuevo embarazo. Sabía que lo había llevado bastante mal al principio y ahora parecía haberlo asumido completamente y que estaba hasta ilusionado con intentarlo.
- Deja de poner caras y ponte el pijama – dijo él devolviéndola a la realidad.
- ¿No me habías dicho que me quedara quietecita?
- No me hagas ponerte el pijama a mí que sabes que soy más que capaz.
- ¿Si me porto bien de la que me lo pones me vas a dar una galleta de contrabando?
Viéndose pillado por completo con esa última pregunta, la cara que no pudo evitar poner provocó que ella se echara a reír abiertamente. Parecía que él seguía pensando que no estaba enterada de sus asuntos con Aiko antes de cenar y que acababa de descubrir que era de todo menos un secreto. No tardó mucho en verlo unirse a su risa y negar con la cabeza.
- Lo digo en serio… Tengo algo de hambre…
- No tienes remedio… - se puso rápidamente los pantalones del pijama, inclinándose hacia la cama para darle un beso en la frente-. ¿Qué te traigo…?
Metiéndose la camiseta del pijama por la cabeza, escuchó su respuesta de la que salía de la habitación.
AnnaBolena04: para que empieces el día bien aprovecho que tengo un ratejo y dejo esto por aquí. Que ya venía tocando, que ya sabemos todos que estos dos, a pesar de todo, no son muy amigos de quedarse quietos y ahora están buscando un nene y tienen la excusa perfecta para ello.
La longitud simplemente hace referencia a lo que me refería, que tampoco hay tantos tortus ahora, pero cuando los hay, los hay. No le veo sentido a cortar en la mitad solo por mantener la extensión promedio que tienen los capis, así que como no creo que os vayáis a quejar, cofcofcofcof Pues aquí estrenamos el primero de la nueva temporada.
Probablemente se levante fangirleando si abre los ojos y se encuentra a los dos con los pelos mirando para cada esquina. Debe de tener unas cuantas fotos de esos despertares que seguramente estarán en manos de Hiroaki si no han acabado en manos de Taichi y Takeru también. Todo depende del drama que quiera provocar entre esos, claro jajaajaja
Y venga, que hoy toca día algo menos feo de lo que pensaba, que me he librado de la clase extra de última hora y saldré a mi hora - o dentro de lo posible - según la manada de gente me deje con ganas de tirarme por la ventana o no. O si el clima no decide, no sé, mandarnos una nevada, porque es lo que le falta al día... Desde que salí de casa por la mañana ya me ha pillado de todo... Así que nada... ¡Un besito de tortuguita!
