Yamato no había abierto demasiado la boca en toda la reunión, prefiriendo quedarse algo más apartado y no llamar demasiado la atención. Sabía que era una tontería porque era más que consciente de que lo había visto, no era nada nuevo. No hacía tampoco tanto tiempo que se habían visto y que él mismo había decidido comportarse como un adulto de su edad y no esconder la cabeza bajo la mesa más cercana. No le quedaba otra opción que hacerlo estando dentro del ámbito laboral.
Cruzó una mirada con Mai, la cual había estado más pendiente de él y de las caras que iba poniendo a lo largo de la reunión. Evidentemente que podía adivinar lo que pasaba, y aunque no tuviera una lista de todos sus líos, fueran del tipo que fueran, quizás aquel sí que le sonara algo más, a pesar de que hubiera durado demasiado poco.
- ¿No te parece que estás un poco grande ya para seguir jugando a las miraditas? – dijo la piloto divertida.
Hacía ya un buen rato que había estado riéndose al ver el intercambio de miradas que se traían Yamato y una de las reporteras que habían llegado hacía unos días para cubrir la noticia del despegue. Por parte de ella no le extrañaba, estaba acostumbrada a ver cómo alguna se quedaba tonta cuando se cruzaba con él, pero no era tan normal que él estuviera también interesado.
- ¿Dónde te has dejado a Arata hoy?
- ¿Por qué? ¿Quieres llevártelo a cenar contigo? Viene a buscarme luego, así que puedes perderte con quien te venga en gana luego, que no tienes que hacerme de niñero.
Dándose cuenta de que había dado precisamente en el clavo, se echó a reír mientras que decidía empezar entre la gente a otras caras conocidas para poder dejarlo solo. No iba a ser ella la que privase al rubio de sus entretenimientos. Pudo ver no demasiado lejos a Katsu y dio por sentado que tampoco debería de andar mucho más perdido Takao.
- Me debes una, maravilla rubia… - murmuró antes de bajarse de la silla en la que se había sentado en la barra del local en el que se habían acercado a tomar algo-. Ahora pórtate bien que no tengo gana de volver de Marte y encontrarme a la prensa llamándonos de todo.
- Fuera…
- Mañana te veo – divertida por la forma en la que la se estaba comportando, no tardó mucho en perderse entre la gente, haciéndolo de tal forma que pudo pasar por el lado de la periodista a la cual no pudo evitar guiñarle el ojo-. Todo tuyo, Emiliy, si gruñe mucho, tú ignóralo que al final no muerde tanto como parece…
La piloto estaba sufriendo para no reírse al darse cuenta de lo que estaba pasando justo a su lado. Aquella situación había hecho que se le viniera a la cabeza aquel día en la playa en la que una turista se había acercado a pedirle indicaciones a Yamato sin intención alguna de ir a ningún sitio más allá que a ponerle ojitos al rubio y él ni siquiera se había dado cuenta. Las cosas no podían haber cambiado más con el tiempo.
- ¿Qué? – preguntó divertida cuando por fin terminó la reunión.
- ¿Qué de qué? No empieces, ¿quieres?
- No he dicho nada… pero intenta no poder semejante cara de pánico, que eres demasiado evidente. Puedes traerte a Gabumon para que te haga de guardaespaldas si ves que lo necesitas…
- Mai vete a… - cortó sus palabras al darse cuenta de que precisamente el motivo de todo aquello se les había acercado con la mejor de sus sonrisas.
- Cuánto tiempo – dijo a modo de saludo-. Aunque algunos más que otros, claro… - dirigió entonces su mirada hacia la piloto-. A ti te voy a dar la lata más de la cuenta si no te importa Mai.
- ¿A mí? – confusa, arqueó una ceja intentando aparentar seriedad-. ¿Por qué?
- ¿Te parece poco ser la piloto del grupo? – recalcó el artículo-. Eso sí que es una novedad para este sitio… ¿Dónde te has dejado a esa cosa adorable que siempre andaba tras tus pasos? – enfocó a Yamato de nuevo.
- Pues… en casa supongo – explicó sin estar demasiado seguro por la hora que era-. ¿Cómo es que os han asignado a vosotros esto? Hasta donde yo sé estabas metida en otros temas más de moda…
- Lo otro pedí yo, esto me lo han asignado – se encogió de hombros.
Confusa, Mai se quedó mirando para uno y para otra sin ser capaz de seguir del todo la conversación. Tenía la sensación de que se estaba perdiendo algo, pero ya tendría tiempo de acorralar al rubio para sonsacarle.
Sora se quedó distraída. Había dejado que Haru se fuera con Aiko a por algo de merendar, quedándose ella sola un rato. Se había apoyado en su propio brazo y éste lo había dejado encima de la mesa mientras que su cabeza estaba completamente perdida en la noche anterior. Le había costado a horrores centrarse aquella mañana, no pudiendo evitar que sus propias ideas se perdieran, pero, es que sin duda, su cabeza iba por libre.
La noche anterior Yamato parecía que se hubiera propuesto lucirse, pero desde que había entrado por la puerta hasta que se habían quedado dormidos, no había hecho más que mejorarle el día. Cuando había sonado el despertador le había costado cielo y ayuda levantarse, habiéndose quedado agotada la noche anterior. Sin duda, hacía tiempo que no pasaban un rato como aquel, el trabajo de Yamato lo había agotado muchísimo en los últimos tiempos y aunque habían continuado sacando tiempo para ellos, no habían tenido ni punto de comparación.
Sonrió sin poder evitarlo, intentando que su cabeza no la volviera a traicionar evocando recuerdos, notando que su rostro se encendía de solo sin poder conseguir dejar la mente en blanco.
- No sé si traerte un abanico o empezar a pedirte detalles… - divertida, Haru volvió a asomarse por el despacho-. Kaori me ha robado a Aiko un rato, no te importa, ¿no?
- No, claro que no…
- Creo que estaba en su descanso y se la ha llevado a merendar… Me la robó por el camino. Esa niña nos tiene a todos metidos en el bolsillo – caminó hacia la pelirroja tendiéndole su taza-. ¿Qué?
- ¿Eh?
- ¿Anoche bien?
- ¡Haru!
- ¿Qué? Si lo tienes escrito en cara, que solo te falta ir suspirando corazones por las esquinas. Peor que cuando empezasteis, de verdad te lo digo…
La pelirroja puso los ojos en blanco sin poder evitarlo, aprovechando para posar sus manos en los laterales de la taza esperando que así entraran en calor. No dijo nada durante unos segundos esperado que se enfriara el café para poder dar un sorbo.
- Solo te voy a decir que cuando vayas por los tres años y medio con Andrew, si os va tan bien como a nosotros… Habrás tenido tanta suerte como yo – sonrió-. ¿Cómo no quieres que ande así? Si me llego a imaginar que las cosas iban a ser entre nosotros le hubiera metido cuatro gritos hace muchos años que se le pasaba la tontería en cosa de minutos, así te lo digo…
- Pues oye, ¿dónde tengo que firmar? – divertida por las palabras de ella, sonrió-. Si no me puedo alegrar más por verte así de contenta hoy, que ya te lo dije antes, se te notaba algo apagadilla por ahí atrás.
- Porque me tiene demasiado malacostumbrada y cuando no tiene casi tiempo, pues… tengo que quejarme por algo, ¿no?
- Claro, tú como yo, buscando algún motivo por el que poder protestar un poco, ¿no?
- Exacto, solo que a mí no me da por montarme paranoias raritas… - sonrió divertida-. ¿Te puedo contar una cosa?
Haru arqueó una ceja, curiosa por la forma en la que había hablado ella.
- A ver, creo que me he perdido – dijo Mai una vez que se hubiera quedado de nuevo suela con el rubio.
- ¿El qué te has perdido? – giró la cabeza hacia ella, volviendo a la realidad.
- ¿Cómo sabes tú que ella está más metida en temas de moda y cómo es eso que a unos nos ve desde hace más tiempo que a otros?
- Ah… - se tomó unos segundos, acabando por encogerse de hombros-. Me la encontré en uno de los desfiles de Sora en Londres el año pasado. Como estaba solo por allí mientras que ella lo preparado estuvo hablando conmigo…
La piloto se quedó mirándolo, sorprendida. No hubiera esperado escuchar aquello, aunque también entendía que él no le hubiera dado importancia como para que se lo hubiera contado. Era Yamato a fin de cuentas.
- ¿Te la encontraste en un desfile?
- El de las fotos…
- El de las fotos… - repitió, confusa-. ¡Ah! ¡El de las fotos! Claro, si es que te vas por ahí llamando la atención de la prensa y te pasa lo que te pasa. ¿Te la encontraste estando con Sora?
- No, no… Ella no estaba.
- Osea, que no sabe de su existencia.
- Mai, fue un lío de unas noches años atrás…
- Es verdad, es verdad… Que como tengas que hacerle recuento de todos tus escarceos de tu época de morros con el mundo porque ella no te hacía caso, igual te acaba diciendo que se lo pongas por escrito porque la pobre ya o sabe si va o viene.
- ¿Te mando yo o te vas tú sola? – gruñó antes de echar a andar por el pasillo.
La risa de la piloto pudo escucharse por todo el lugar, no tardando ella en salir corriendo tras él para poder alcanzarlo. Seguía siendo demasiado divertido meterse con el rubio pasara el tiempo que pasara, sobretodo con temas que conseguían que se pusiera de todos los colores.
- Anda, no te me enfades. Si es que es una tontería… - aceleró para poder alcanzarlo, que una zancada de él eran un par de las de ella-. ¡Yamato no seas cascarrabias!
Haru parpadeó confusa tras escuchar lo que Sora le acababa de decir. No se hubiera esperado escuchar de repente aquello.
- ¿Es en serio?
- ¿Qué tiene de raro? Yo siempre he querido tener otro pequeño, no sé de qué te extrañas.
- Ya pero… ¿no es peligroso?
- No – negó con la cabeza-. Haru, estoy casada con Yamato. ¿Tú crees que él iba a ceder tan fácilmente? Hemos ido primero al médico. ¿Recuerdas cuando me puse enferma? – esperó a verla asentir-. Pues además tenía un retraso y con las nauseas… Ya te puedes imaginar lo primero que se me pasó por la cabeza. Salió el tema y lo hemos estado hablando seriamente… Tiene tantas ganas como yo, Haru, solo que tiene miedo porque me pueda pasar algo.
- Y no se le puede culpar – dijo ella-. ¿Qué os dijo el médico?
- Que hay el mismo riesgo que podría tener un embarazo normal si lo controlamos bien. Haru… no estoy loca y tengo una chiquitina en casa. No me la jugaría si supiera que de verdad supone un peligro serio para mí. Me muero de ganas de tener otro chiquitín o chiquitina, pero Yamato y Aiko están primero. Estamos en una situación en la que nos podemos permitir realizar muchos más controles aunque sea por la medicina privada. Va a ir todo bien.
La que un día hubiera sido su ayudante siguió observándola, curiosa. Lo cierto era que no era la primera vez que escuchaba a Sora hablar de lo mucho que quería volver a ser madre, pero ella era la primera que apostaba porque Yamato no iba a ceder tan fácilmente. Ella lo había visto aterrorizarse él solo lo suficiente cuando Sora había acabado ingresada y aunque se podía imaginar que él también quería ampliar la familia, no se hubiera imaginado escuchar eso así de repente.
- Deja de mirarme así – murmuró la pelirroja-. Lo hemos hablado muchas veces. Lo que pasa es que con el retraso y las nauseas hicimos una prueba de embarazo por si acaso y le gustó tan poco como a mí ver el negativo…
- Bueno, precisamente, de todas las personas que te rodean, dudo mucho que lo que yo diga o tenga que decir sea importante para estas cosas. Pero, si habéis hablado con el médico y os dice que no hay mucho riesgo… Yo mientras que no te me pongas mal otra vez, te consiento todo lo que quieras y más.
- Te equivocas, lo que tú digas o dejes de decir me importa y mucho… Así que no te vuelva a escuchar decir algo así – sonrió a su amiga, dejando un momento su mano apoyada sobre la de ella-. Esta vez, cuando lo consigamos me pienso dedicar a que no me entren todos mis pantalones y que tengas que dedicarte a estar haciéndome ropa de premamá.
- ¿Tengo que pedirte que me lo pongas por escrito?
