Mai estaba entretenida sentada en una de las mesas, esperando que le llevaran unos papeles para poder completar unas peticiones, pero, sin lugar a dudas, no era de eso de lo que estaba pendiente en aquellos momentos. Hacía ya un buen rato que los ojos de la piloto estaban fijos en unas mesas más allá donde Yamato estaba con Hideki ultimando algunos de los detalles con el grupo de periodistas.

Hacía ya unos días que habían podido llegar y que todo el proyecto estaba en marcha y ella, por su parte, se lo había estado pasando de maravilla. Sin duda, el una vez serio y digno, Yamato, era más transparente que el agua para ella y podía notar que seguía bastante reticente con el tema. Aunque los motivos eran una mezcla muy divertida. Y eso era lo mismo que la tenía entretenida desde hacía un buen rato. La mezcla entre lo poco que le gustaba el proyecto y que aún no estaba del todo cómodo con los encargados, iba a sacarle unas cuantas arrugas en el ceño de tanto tenerlo fruncido.

Se vio sorprendida por él cuando levantó la vista, dedicándole la mejor de sus sonrisas sarcásticas mientras que agitaba sus dedos en el aire. No respondió, como era de esperar, probablemente prefiriendo ignorarla por completa a sabiendas de lo que le pasaba. Ya tendría tiempo más tarde para ir a tocarle las narices.

Sin embargo, no era solo eso lo que la tenía entretenida allí. Desde donde estaba sentada podía ver perfectamente a Emily, la cual llevaba mirando para el rubio de una forma bastante evidente y descarada desde hacía un buen rato. Estaba acostumbrada a poder ver momentos así, lo conocía desde hacía muchos años como para ser consciente del efecto que solía causar Yamato, pero claro, aquella ocasión la situación contaba con el hecho de que en algún momento la atención había sido mutua.

Y prácticamente desde que habían vuelto, no le había quitado los ojos de encima. Hasta cierto punto podía entenderla, no hablaban de alguien ni poco llamativo ni que no se las hubiera arreglado para mejorar con el tiempo, pero, quizás debería de cortarse un poco. Sabía que Yamato estaba algo incómodo, pero por sus propias paranoias mentales. Estaba completamente segura de que no se había enterado de que alguien se lo llevaba comiendo con la mirada desde que había puesto un pie en la sede.

- ¿Qué te pasa? – preguntó Takao, sentándose a su lado.

- Mira para ahí – señaló hacia donde estaban los demás.

- ¿Qué? ¿Nuestro rubio favorito tiene una nueva fan?

- Pues ya está, si hasta tú te has dado cuenta la cosa tiene que ser grave…

- Vamos a ver, que tengo ojos en la cara. Y él tiene que darse cuenta también…

- No, no se da cuenta, te lo digo yo – ladeó la cabeza hacia él-. Este año estábamos en la playa con Arata, Sora y los niños y tuvo que acabar yendo ella a librarlo de una turista más buscona de la cuenta porque no era capaz de darse cuenta de lo que pasaba. Que ya no es el que conocimos hace años… Te lo digo yo.

Curioso por las palabras de ella, se quedó mirando él también hacia los demás, pudiendo ver la forma tan evidente en la que estaba siendo observado Yamato, casi que encontrándolo gracioso y dándose cuenta de que Mai tenía toda la razón y que no se estaba enterando de nada.

- Pues… para lo que fue cuando salía con nosotros hace… ¿Una década?

- Más o menos – sonrió, asintiendo-. Me parece que sus neuronas están totalmente saturadas con lo que tiene en casa. Pero vamos, que a este paso voy a tener que darle la charla antes de que se le complique un poco más el asunto.

- Déjalo… Si no se entera, a lo mejor gruñe menos por las esquinas.

- Ya… - dando por terminada su sesión de vigilancia, se quedó mirando para el ingeniero-. ¿Qué haces tú aquí?

- Pasaba por administración y me tiraron esto a la cabeza para que lo trajera – contestó tendiéndole una carpeta.

Arqueando ambas cejas, aprovecho para abrirla y ver que era exactamente lo que había estado esperando. Podía dar por terminada su sesión de vigilancia a Yamato desde allí, con Hideki de niñero a su lado seguro que no tendrían ninguna desgracia demasiado grave que lamentar.

- Anda vamos, que tengo que seguir trabajando… Te acompaño, no vaya a ser que te me pierdas por el camino…


Hideki se distrajo unos segundos viendo como desaparecían por el final del pasillo Mai y Takao, quedándose algo confuso, pensando en que quizás estaban esperando para algo importante, aunque, conociéndolos, seguramente estuvieran simplemente aburridos y haciendo tiempo.

- La pena es que todo el material y las instalaciones que podrían ser de vuestro interés están al Sur… Aunque bueno, yo creo que si buscáis directamente algo de información deberíais de ir a hablar con Takao y Katsu – haber visto a uno de ellos le había servido para caer en la cuenta-. Ellos formaron parte del equipo que diseño y puso a punto todo las dos veces y son quienes más os podrán ayudar.

- Pues en ese caso puedes ir tú mañana a hablar con ellos – contestó Emily a su compañero.

- ¿Yo? – confuso, la miró unos segundos.

- Sí, seguro que tú te las arreglas mejor con ellos. Ya me sigo yo encargando de lo de por aquí. ¿Te parece bien?

- Hace tiempo que no hay que preocuparse que le vayan a tirar algo a la cabeza a alguien por andar experimentando en su zona – habló Yamato, entretenido por el tema-. Pero sí, ellos dos son los más indicados.

- Pues entonces perfecto. Además, yo tengo que hablar con Mai, que todavía no he tenido tiempo – contestó ella, aprovechando para ponerse en pie-. A ver si la semana que viene…

Hideki asintió, encontrando aquello con bastante sentido. Miró hacia el reloj, frunciendo el ceño y despegándose de la pared en la que había estado apoyado hasta entonces con un gesto de disculpa.

- Tengo otra reunión y de esa sí que no me puedo escapar. Si me necesitáis para algo que me llame Yamato que así hace algo útil…

- Qué gracioso… - le dijo negando con la cabeza antes de asentir dejando así que se fuera-. Te veo más tarde… ¿Y vosotros dos necesitáis algo?

- No, yo creo que podemos dar por terminado esto también. ¿Sabéis si van a tener mucho trabajo ahora los dos que decíais antes?

- ¿Takao y Katsu? Pues creo que tienen bastante trabajo pendiente siempre, pero mira, por intentarlo no pierdes nada porque a lo mejor los pillas con un rato libre.

- O destrozando medio edificio en el intento. Ven conmigo si quieres, te acompaño yo que me pilla de camino – dijo el general antes de terminar de salir de la sala.

Viendo como el otro asentía, esperó para que saliera con él.


- Pero vamos a ver… ¿Me repites eso de que es que no quieres molestar?

Sora había puesto los ojos en blanco nada más escuchar las palabras de Miyako. Se la había encontrado cuando estaba dando una vuelta por Ginza a la salida del trabajo para poder ver algunas tiendas. No esperaba haber encontrado una cara conocida entre el tumulto.

- Yo qué sé, Sora… Tienes que estar hasta arriba de trabajo. Si es que estáis todos igual… Yo que poco más y solo estoy pendiente de los pequeños, pues tampoco quiero andar volviéndoos locos a ninguno.

- Pues muy mal – negó con la cabeza-. Muy, muy mal. Estoy hasta arriba de trabajo, tienes toda la razón, pero tengo mis prioridades. Así que última vez que te oigo algo así…

- Vale, vale, pero no me pegues – divertida, acabó por sonreír-. ¿Te ibas ya para casa?

- Iba a mirar unas tiendas, ¿me acompañas? – contenta por ver la dirección que había tomado la conversación.

Amplió más su sonrisa al ver como ella asentía, colocándose a su lado y echando a andar a su vez, Apenas tenía oportunidad de mantener el contacto tanto como le gustaría con todos los miembros del grupo. La vida de unos y de otros se empeñaba en que les costara cielo y ayuda ser capaces de reuniones con más frecuencia. Ella tenía suerte ya que al final, las relaciones familiares tiraban por todo lo demás y podía más o menos mantener un trato estable, pero había algunos, que, sin duda, los tenia más perdidos.

- ¿Qué tal la versión en miniatura de Yamato? ¿Dónde te la has dejado?

- Con su abuela… Y yo preocupaba en mi época adolescente porque mi madre se quedaba sin una buena aprendiza para seguir con la tradición familiar… Y no hay quien saque a Aiko de allí – se encogió de hombros-. ¿Tú no andas muy sola hoy?

- Se han quedado con su padre, que tiene una semana de vacaciones que le debían. Ya sabes, hay que aprovechar el tiempo…

- ¿Ellos con su padre o tú para escaparte de compras?

- Las dos cosas, evidentemente – echándose a reír giraron en una de las esquinas, accediendo a una de las calles laterales y saliendo de la arteria principal.

La pelirroja se limitó únicamente a seguir sus pasos para poder acompañarla. No tenía rumbo fijo y así disfrutaba un rato de su compañía. Yamato había quedado con que la llamaría cuando pudiera pasarse a buscarla, de manera que podía despreocuparse y buscar algo que pusiera ser de su interés por las tiendas de la zona.

- La verdad es que para trabajar aquí estoy bastante desconectada de… - cortó sus propias palabras cuando notó como su propio estómago se empezó a quejar sonoramente del hambre.

- Bueno, si nos vamos a poner así igual sí que me parecería bien empezar por algo comestible antes de empezar a dar vueltas por las tiendas… - habiéndose dado cuenta, divertida, se quedó a la espera-. Y ya te digo que para eso sí que me tienes que guiar tú que conocerás mucho mejor que yo esta zona…

Dejando de lado el gesto de disculpa, la pelirroja asintió. Era ya una buena hora para tomarse algo aunque fuera para salir del paso, Aquella mañana había salido a las carreras por la mañana porque se le habían pegado las sábanas. Toda la culpa era de Yamato, quien se había asegurado de que no conciliase el sueño hasta altas horas de la noche. No se le ocurría quejarse del cómo y el porqué, eso ni loca, pero ahora estaba empezando a pasarle factura lo demás.

- Ven, que te llevo un sitio que te va a gustar bastante, ya verás – acercándose a ella para cogerla por el brazo para poder caminar sin perderla de vista, se movió hacia el lugar que había descubierto hacía poco tiempo.

- ¿Esto está tan hasta arriba de gente siempre?

- O peor… - se encogió de hombros-. No es ni mala hora ni mala fecha… Dentro de un mes hablamos, si es que no eres capaz de escuchar tú los gruñidos de Yamato desde casa porque se le ha ocurrido venir a buscarme…

- ¿Qué tal está?

- Bien, no creo que se pueda quejar demasiado. Hace tiempo que no amenaza con tener que hacerle ninguna llamada a Ken porque alguien lo tiene hasta las narices, así que yo creo que eso es buena señal.

- Eso es porque hace tiempo que no tenemos a Daisuke de visita por el país y según tengo entendido Yagami viaja mucho últimamente…

- Sí, pero ahora vivimos más cerca de Mimi así que una cosa compensa con la otra…

La pelirroja se encogió de hombros divertida por la situación y por la conversación. Aunque sonaba a broma, sin duda algo sabía que eran unas verdaderas muy grandes. No pudo evitar sentir un ligero pinchazo de nostalgia al hacer referencia a lo mucho que les costaba a todos ser capaces de estar en el mismo país aunque fuera.

- Mira – volvió a la realidad, señalándole el lugar con la cabeza-. Aquí es…


Bueno gente, aprovecho por aquí para, lo que seguramente unos cuantos dirían, meterme donde no me llaman. Pero si estáis en alguna zona/país de peligro, por favor, quedaos en casa todo lo que podáis. No merece la pena arriesgar a nadie por un capricho personal. Sed coherentes y tened cuidado, que poco se nos pide para lo mucho que se puede evitar. Y por favor, si conocéis a alguien que esté comprado papel de baño como si sirviera para protegerse de una hecatombe nuclear, por favor, dadle con un rollo (o dos) en la cabeza.

AnnaBolena04: Aiko sin duda tiene que ser una imagen demasiado cuqui con esas pintas. Que llevará el pijama de peluche y la batita con orejitas a juego con sus intenciones de dejarle el peluche a Haru para que no duerma sola y a esa pobre se le despierta hasta las ganas de tener nenes que no pensó tener en su vida jajajaja

La chiquitina ya ha aprendido a abrir bien puertas y ahora no tiene unas escaleras que la separen de sus padres. A saber por qué habrán cogido la costumbre de cerrar la puerta y luego asegurarse de que no se quedan dormidos tal cual se quedan después de sus momentos más tortugosos, que luego a Yamato le dura el estar más rojo que un tomate todo el día y en el trabajo se dan todos cuenta de lo que le pasa y se ríen de él. Y sí, Haru puede hacer cualquier cosa es casa de los Ishida menos estorbar, eso debería de tenerlo más que claro a estas alturas, que ya ha dejado atrás la época en la que se ponía roja cuando se cruzaba con el rubio por la mañana. Ahora puede ser al revés por el puñal que le haya soltado ella a él. Y, aún así, él encantado de tenerla también rondando por allí.

Por aquí tenemos a Mai empezando a tener alguna que otra idea y a expresarla en voz alta con el resto de seres inteligentes de la JAXA. ¿Será paranoia de ella?

¡Un besito de tortuguita!