- Pero, ¿qué te cuesta? Vamos a ver… ¿A quién quieres que mande sino?
Takao resopló empezando a perder la paciencia. Desde que Mai había terminado por ir con él después de que se la hubiera encontrado, llevaba mirándola con caras raras por las ideas brillantes que estaba teniendo.
- Pero vamos a ver, ¿tú te oyes?
- ¿Qué? Hasta donde yo sé la compañía que tienes esperándote en casa es el gato, ¿qué te cuesta?
- Venga ya, si partimos de la base de que estás segura de que el que le ha entrado por el ojo es nuestro rubio comandante, ¿qué narices crees que pinto yo en todo esto? Que no. Que me dejes en paz.
- Takao, anda… Si solo quiero que indagues un poco para dejar bien claro que ya está fuera del mercado.
- Mai, coges a Yamato y se pones a sacudirle la mano hasta que todo el mundo vea el anillo y luego empapelas los pasillos con fotos de Aiko, que no creo que haga falta tener un premio nobel para darse cuenta de dónde ha salido. Pero a mí déjame en paz.
Se dejó caer hacia atrás en la silla, poniendo los ojos en blanco. Si es que no tendría que ser ella la que estuviera pendiente de todo aquello, pero conocía a Yamato y no se fiaba de sus capacidades. Además, aunque ella fuera a decirle algo al rubio para ponerlo sobreaviso, también estaba segura de que iba a decirle que lo dejara en paz que eso era una tontería y que tenía cosas más importantes que hacer. No podía parecerle mejor el enfoque que él le iba a dar, pero es que era tan evidente que no lo podía evitar.
- Además es mayorcito, ¿no te parece que con lo borde que es seguro que es capaz de arreglárselas él solo?
- Mira, con todo lo que le ha costado tener la situación que tiene ahora mismo en casa, es que solo faltaba que ahora viniera nadie a tocarle las narices.
- Otra vez, Mai… Es mayorcito. Y también es un borde de categoría capaz de espantar a cualquiera, por muchos aires de princesita británica que se gaste. Si no se da cuenta de que deben de estar teniendo pensamientos poco inocentes con él, mejor… Que capaz es de montarse alguna paranoia. Y si se da cuenta, pues veremos como amablemente la manda a paseo y o bien se esconde tras Hideki o se pasa una temporada rondando por Ginza más de la cuenta. Y sino, seguimos teniendo el famoso fénix que arregla el asunto…
- Hmm… - se quedó pensativa, llevándose las manos a los labios.
- ¿Qué?
- Tengo que convencerlo para que se venga con Gabumon. Seguro que él se presta a enseñar el diente…
- ¿Ves? Eso sí que es una buena idea…
Ante la referencia del digimon se acabaron echando los dos a reír. Era una posibilidad más que viable y factible ya que ella estaba completamente segura de que Gabumon se prestaría con facilidad a espantar a las moscas que rondaban más de la cuenta sin tener que llegar a recurrir al fénix.
- No sé si quiero saber qué os pasa – dijo Hideki, apareciendo tras ellos-. Pero ya me lo contareis más tarde… Takao – reclamó su atención-. Ven conmigo anda, que vamos a ir a buscar a Katsu – señaló con la cabeza hacia el otro reportero-. ¿Estabais haciendo algo importante?
- No, para nada – se pudo en pie rápidamente-. Vamos, que además tengo que ir a llevar unos documentos…
- Cobarde… - contestó la piloto sin disimular demasiado-. Tú no te has librado, te recuerdo que sales a la misma hora que yo y que te tengo que llevar a casa…
Sin decir nada más sobre el asunto, Mai se giró, echando a andar hacia el otro lado dejándolos allí. Hideki, confuso, la siguió con la mirada, como si esperase que pudiera añadir algo más, acabando por buscar al ingeniero para ver si él podía responderle algo.
- Mejor no te lo cuento… - negó con la cabeza-. ¿Vamos?
Sora se entretuvo en posar las manos en los laterales de la humeante taza de chocolate que le habían puesto delate. En aquella época tan fría del año, no podía evitar que le apetecieran aquellas cosas en cualquier momento del día.
- Si es que no me puedo creer que te pases el día en Ginza o no estés a todas horas de compras… - dijo Miyako, mirando todavía hacia las bolsas con todo lo que había comprado-. Lo digo en serio.
- Pues… ¿No me conoces ya? ¿Ves la nueva casa? ¿Sabes quién de los tres tiene más ropa? Pues después de ella va Yamato y te digo que se pasa la mayor parte de la semana con la ropa del trabajo…
- Lo dicho, diseñadora y trabajando en Ginza… El mundo está mal repartido.
Divertida negó con la cabeza, llevándose la taza a los labios, aprovechando el momento para disfrutar del olor de la bebida antes de dar un trago. Sabía que Miyako tenía toda la razón, pero contando que la gran mayoría de las cosas que estaban en proceso de desarrollo acababan en su armario o en el de Haru en algún momento.
- ¿Qué tal los niños?
- Bien, no me puedo quejar demasiado. Hace mucho tiempo que no los ves, ¿no? Están enormes ya… - dejó ir una leve sonrisa-. No te pregunto por Aiko porque tu suegra sigue viviendo cerca de mis padres…
- ¿En serio? ¿Ella también?
- No, pero tu suegro se pasa demasiado por allí y cualquier día va a ir repartiendo fotos de la niña.
La pelirroja se echó a reír más abiertamente, posando la taza para que no se le terminara derramando. No le sonaba nada raro, ni que Hiroaki rondase más de lo que seguramente Takeru y Yamato quisieran estar enterados, ni que anduviera con las fotos de los niños.
- Bueno, no me suena raro – contestó por fin, levantando la mirada hacia ella-. Mi padre anda igual por toda la facultad. Creo que el pobre de Shuu tiene más vista a mi chiquitina que a su sobrino, con eso te lo digo todo ya…
- No se les puede culpar – sonrió, teniendo que quedarse mirando para su teléfono cuando vio que la pantalla se iluminaba-. Y creo que ya se me ha acabado la escapada. Eso o entre dos niños se las han arreglado para dejar a su padre fuera de juego.
- Pues… Entre mis sobrinos y Daigo ya han dejado a tres que yo me sé para el arrastre unas cuantas veces. Y se supone que Taichi y Yamato siguen escapándose por las mañanas cuando están los dos en la misma ciudad para correr…
Divertida, aprovechó para coger su bebida y terminársela. Sabía perfectamente a lo que ella se refería, conociendo a esos tres niños y sabiendo que serían capaces de agotar a cualquiera incluso por separado, así que no quería ser ella la que tuviera que sobrevivir a la combinación de los tres.
- ¿Te tienes que ir ya? – preguntó Sora.
- Sí, vienen a buscarme y o quiero que estén esperando tampoco… Me ha gustado mucho verte, hacía demasiado tiempo desde la última vez.
- Eh, ya te lo dije antes… Eres bienvenida tanto en casa como en el estudio. Pero bueno siempre puedo usarte como excusa para intentar juntar a unos cuantos.
- Si es para eso me dejo sin mayores problemas – se puso en pie finalmente-. Termina tranquila, ya me voy yo dando un paseo que no quiero ser quien se interponga entre la taza de chocolate y tú…
Negando con la cabeza, divertida con sus palabras, se despidió de ella con un gesto de la cabeza y siguiéndola con la mirada cuando se alejó. Tenía toda la razón del mundo con que a medida que había ido pasando el tiempo, se les iba haciendo cada vez más imposible ser capaces de reunirse más allá de una vez al año. Sin duda era una de las principales responsables, ya que su estilo de vida no se lo permitía todo lo que le gustaría. Eso sin contar los que directamente estaban fuera del país.
Ese hilo de pensamientos la llevó automáticamente a acordarse de Taichi. En los últimos tiempos había sido la ausencia que más estaba notando. Cuando estaba en Tokio no podía culparlo porque no tuviera demasiada intención de hacer planes más allá de su familia, pero desde que se había incorporado, hacía ya más de un año, a su puesto como embajador de la ONU, era complicado tenerlo rondando.
Sacó el teléfono, sonriendo automáticamente al ver una foto de Aiko. La cual acababa de llegarle. Estaba demasiado entretenida de nuevo con las flores de la tienda de su madre como para darse cuenta de que la estaban fotografiando. Sin duda, le gustaba que a la niña le llamara la atención todo aquello, sabía que su madre disfrutaba muchísimo con ellos.
Pasando de largo tras contestar, buscó el nombre de Taichi, abriendo la conversación para empezar a escribir intentando adivinar exactamente en qué parte del mundo estaba en aquel momento.
- ¿Hasta cuándo vais a estar en Tokio? – preguntó Yamato una vez que salió de la sala en la que habían estado reunidos todos momentos antes.
- Pues la verdad es que no tengo ni idea – contestó Emily aprovechando para ir tras él-. Las órdenes vienen de más arriba. Pero no creo que os estemos molestando demasiado teimpo con todo esto.
El rubio no se molestó en disimular demasiado que ella estaba totalmente en lo correcto, no lo necesitaba tampoco, era bastante evidente que no estaba demasiado contento con todo aquello. Asintiendo a la respuesta que ella le había dado continuó su camino, distraído.
- Se supone que teníamos que haber hecho esto justo cuando volvisteis la primera vez de Marte, pero no supimos más del proyecto.
- Culpa nuestra. Intenta, después de casi dos años, decirnos a alguno de los que estábamos metidos en todo ese proyecto que no podíamos volver a casa para ver a nuestra familia.
Mintió sin intentar disimular siquiera. Cualquiera que hubiera estado algo pendiente del tema hubiera sabido que había pasado algo extraño en la llegada, pero, también era fácil suponer que era un tema completamente vetado y que era una tontería insistir en el tema.
- Hasta donde yo recuerdo, casi que me extraña escucharte eso – dijo ella, no queriendo hacer demasiado evidente que no se creía ni media palabra.
- ¿Por qué?
- ¿No eras tú el que no tenía ganas de tener que aguantar ataduras familiares en este planeta?
- Bueno… Dos años dan hasta para echar de menos a mi hermano pequeño, fíjate tú…
No le gustó demasiado escucharlo. No mentía, ella tenía toda la razón. Pero lo que no le gustaba era que le recordara alguna de las estupideces de las que estaba convencido por aquella época que habían sido su principal sistema de autoconvencimiento. Cuando ellos se habían conocido, había sido un momento complicado. Muy complicado. Estaba tan muerto de miedo por lo que se le venía encima como emocionado. Y tenía tantas ganas de esconderse de todos los que le importaban como de ir corriendo a buscarlos. Podría considerarse bipolaridad, estaba seguro de ello.
- Y puede que hablara de cosas de las que no tenía ni idea – se encogió de hombros-. Me faltó tiempo para volver a casa de mi padre por aquel entonces. Tampoco era demasiada buena idea creerse todo lo que salía por mi boca por aquel entonces…
- No lo sé, tampoco tenía demasiado con lo que juzgar. Pero bueno, puedo entenderlo más que de sobra. Yo también es lo que habría hecho – asintió-. No te molesto más – habló deteniéndose y quedándose mirando hacia él con la mejor de sus sonrisas-. Mañana puede que te dé la lata un rato, necesito que me cuentes algunos detalles…
- ¿Yo? ¿Detalles?
- Sí, que yo sepa sigues siendo el único con una sombra peludita detrás a todas horas… Hablando del cual… ¿Dónde está?
- Ah – divertido por la dirección que había tomado la conversación, se encogió de hombros-. Hace ya mucho que me tiene vendido. De hecho, se ha vuelto raro hasta verlo por aquí. Sin embargo puedo decirle que venga un día conmigo y así puedes hablar con él si quieres. Es el consentido de la zona.
- Pues te lo agradecería… - amplió algo más su sonrisa-. Y ahora sí que no te molesto más. Te veo mañana…
Como siempre, aprovecho por aquí. Si alguien miembro del sistema sanitario me lee, repartidor, cajera... Cualquier persona expuesta al caos que tenemos encima... Gracias y por favor, cuidaos mucho todos. No nos olvidemos también de esa gente sin la que no tendríamos ni el pan por la mañana, por favor.
Guest Vecina: mira, vecina, si es que estoy por reñirte jajajaja Porque como no tienes cuenta la única forma que tengo de saber de ti es de review en review y eso está muy, muy mal jajaja Ains, ¿cómo estás vecina? Yo estoy que no sé si voy o vengo, me va por ratos. Por un lado creo que simplemente estoy esperando a que mi cerebro se dé cuenta de lo que pasa y empezar a subirme por las paredes como sería típico de mí. Por otro, pues me han llamado para continuar con las clases de forma telemática y al menos estar entretenida. Prefiero no agobiarme mucho, pero llevo toda esta semana que solo he conseguido escribir un solo capítulo desde el lunes, supongo que es fácil entender por qué. A mis alumnos particulares, les he ofrecido la opción de videollamada, pero ya está.
Ah, y dale MUCHO, pero MUCHO ánimo a tu mejor amiga, que yo sé lo que es trabajar en un lab de hospital con un ritmo normal simplemente en una mañana en la que toca diálisis ordinaria y se merece todo el ánimo y respeto del mundo.
Y ahora, a lo que nos interesa a todos que es una realidad mucho más bonita que la que tenemos delante de nuestras narices ahora mismo. Aiko es un buen remedio para cualquiera de los problemas de la gente que la rodea, hasta para la ausencia de instintos maternales. Yo creo que como vivo rodeada de niños patada pues intento que ella sea lo menos posible y de ahí le sale a la pobrecita. Su padre, que tampoco es que dé para mucho, a ver cuánto tarda en darse cuenta de que le están poniendo ojitos en la sede, si es que no se lo explica Mai con un par de collejas.
La periodista en cuestión, yo creo que tiene que estar muy confusa, porque vale que lo conociera en su momento, pero seguro que el carácter de él no tiene nada, pero nada que nada que ver con lo que pudo ver en su día. Si es que lo mismo hasta debe de haber ido a ver si se equivocó de persona o algo jajajaa
Y, la verdad, es que de los 02 el que mejor me cae a mí es Daisuke - y soy MUY fan de su hermana jajajajaa - pero ni pincha ni corta gran cosa en esta historia. Lo de sacarlos de vez en cuando es simplemente por darle algo de coherencia a todo y a veces es hasta a suertes. A mí también me recuerda bastante a Mimi, pero, en este caso, me hacía gracia el efecto que tenía en Sora cuando se juntaban jaajajaja
Voy a ver si hoy soy capaz de escribir algo, que de verdad creo que me va a venir bien. Muchos bicos más que nunca, vecina.
