Sora salió del baño, ya cambiada, directa a tirarse en la cama. Hacía mucho que un viaje no la agotaba tanto y, aunque había hecho el esfuerzo de bajar a cenar con Kaori para no dejarla sola, llevaba un buen rato soñando con morirse en paz sobre las sábanas. Aprovechó para recogerse el pelo antes de buscar su teléfono, el cual había dejado cargando para no quedarse sin batería y poder llamar a casa.

Mandó primero un mensaje a Yamato para no pillarlo ocupado o en mal momento, no teniendo demasiada clara la diferencia horaria que había entre ellos, sonriendo al ver como apenas pasaban unos segundos antes de que contestase. Se acomodó algo mejor mientras que se alargaba para coger la tableta y poder así recibir la videollamada en una pantalla más grande.

- Vaya dos… - dijo nada más ver aparecer a sus dos rubios favoritos en pantalla.

- ¡Hola mami! – acercando su cara del todo a la pantalla, pudo ver como Aiko estaba sentada encima de Yamato ya con su pijama puesto.

- A ver, déjame coger bien la tableta, tortuguita que todavía se nos cae y se nos fastidia el invento – alargó la mano para cogerla mejor, quedándose así en una postura más cómoda para los dos-. ¿Qué tal el viaje?

- Largo… Ya hemos cenado y ahora iba a meterme en la cama a ver si mañana ya soy persona otra vez. ¿Qué tal se ha portado papi? – miró hacia la pequeña.

- Muy bien, se ha terminado toda la cena sin protestar. Hoy comimos con el abuelo, papi le hizo la comida para que luego no se ponga malito.

La pelirroja se rio con las explicaciones de la pequeña, aprovechando el momento para saludar a los digimon, a los cuales se podía ver asomarse desde no demasiado lejos. Echaba de menos a todos aquellos que veía, no estaba costumbrada a viajar ya y preferiría estar con ellos allí que donde estaba en aquellos momentos.

- ¿Y tú qué tal te has portado?

- Pues estábamos discutiendo sobre si tenía que irse a la cama o no, y no estaba demasiado de acuerdo. Aunque claro, la cosa iba de que quería hablar contigo antes de irse a dormir.

- Bueno, pues cuando colguemos te vas corriendo a dormir ¿eh? Que sino mañana te pasas la mañana muerta de sueño y tienes que ayudar a tu abuela con las flores.

- Hoy voy a dormir con papi para que no tenga miedo por la noche solo.

De fondo pudo ver como él se echaba a reír por lo bajo con las conclusiones de la pequeña, sin quitarle la vista encima.

- Eso ya me lo parecía a mí, que iba a aprovechar para darme el cambiazo. Tú vigila que duerma bien y que no se quede haciendo el tonto con el teléfono con Takeru, ¿vale?

- Vale mami, no te preocupes.

- Oye, ¿me dejas a mí hablar con ella? – pinchándola con los dedos en los costados para hacerle cosquillas-. ¿Mañana por la mañana tienes alguna reunión?

- No, son por la tarde. La mañana la tengo para poder estar tranquila y descansar un poco antes.

- Pues desayuna bien y no andes remoloneando, que nos conocemos ya. ¿A que sí Aiko? Díselo tú a ver si nos hace caso.

- Que sí…

- ¡Mami no te saltes el desayuno! Que sino te hace ruido la barriguita.

Echándose a reír de las palabras los dos adultos, Yamato cogió la tableta mejor para acercársela a la niña y que pudiera despedirse mejor de su madre. Sabía que le viaje había sido largo y que el contraste hasta de temperatura debería de haberle pasado factura a la pelirroja y era capaz de notarle en la cara el agotamiento.

- Venga, dale un beso que tú te vas a ir a dormir ahora mismo.

- Buenas noches, cielo – dijo Sora, sonriéndole a la pequeña cuando la vio acercarse de nuevo a la pantalla.

- ¡Buenas noches mami!

El rubio sonrió de fondo, dejando claro que ya podrían hablar ellos dos más tarde de forma más tranquila. Se despidió de ella con un gesto asegurándose de seguir enfocando a la niña hasta que terminaron la videollamada. Posó el objeto encima de la mesa, poniéndose en pie para ello y luego quedándose mirando para ella.

- ¿Así que vas a dormir hoy conmigo? – la escuchó reírse mientras que intentaba colarse bajo las mantas de la cama de sus padres, escondiendo la cabeza bajo uno de los cojines provocando que él se riera también-. Vale, pues mira, vamos a hacer una cosa. Te quedas con los digimon mientras que yo termino de recoger y luego vengo contigo. ¿Qué te parece?

- ¡Vale papi! – asomó los ojos solamente

Negó con la cabeza, entretenido por la forma de comportarse de ella, mirando unos segundos hacia los digimon, volviendo a centrarse en ella para taparla bien y comprobar que estuviera lo más cómoda posible. Se inclinó hacia ella para poder darle un beso en la frente.

- Y no hagas como tu madre, que cuando se va para la cama ella primero luego no me deja sitio… Oye, ¿dónde has dejado tu peluche? ¿Ya no duermes con el conejo que te dio tu abuelo?

- Sí… Pero se lo metí en la maleta a mami para que ella no duerma solita.

El rubio amplió aún más su sonrisa, revolviéndole el pelo a la pequeña antes de salir de la habitación y dejar la luz apagada para que pudiera dormir. Tenía miedo de que se desvelase por su culpa, por sentirlo meterse en la cama más tarde, pero tampoco quería quedarse despierto a su lado y no dejarla dormir. Quería hablar con Sora a solas, habiéndole dejado así el protagonismo a la niña para que pudiera hablar con su madre. Sacó su móvil del bolsillo mientras que caminaba hacia el sofá para dejarse caer sobe él a la vez que esperaba que ella descolgara.

- ¿Qué? ¿Largo el viaje?

- Largo, horroroso… He cenado con la pobrecita Kaori por no dejarla tirada pero no me apetecía ni salir de la habitación.

- ¿Y eso?

- Pues… Ya sabes que no estoy en mis mejores días. Pero bueno, me he dado una ducha y ahora me voy a meter en la cama a dormir.

- Pues no te molesto y haz el favor de irte a descansar, anda…

- No. Ya que no has podido venir conmigo te toca entretenerme.

- ¿Cómo me tengo que tomar eso? ¿Cómo una insinuación o como que quieres que te mantenga algo más de tiempo despierta?

- Creo que los tiempos de lo primero los dejamos atrás hace bastante…

Divertido por la respuesta que ella le había dado, aprovechó para terminar de acomodarse. Había dicho la última insinuación a modo de broma, a sabiendas de lo que le iba a decir. Sin duda ella tenía toda la razón y por suerte esos tiempos habían quedado muy atrás. Ahora que ya estaba hecho a la vida en casa, echaba la vista atrás y todo aquello le llegaba a parecer hasta gracioso.

- ¿Cómo se llamaba el hotel en el que te quedabas?

- ¿Por? Amor, estoy tan cansada como para quedarme dormida incluso si te me apeteces de repente, así que tampoco te molestes.

- Vaya, me has fastidiado el plan…

- Estoy en el Pullman Quay Grand o algo así. No lo sé, te hice caso al final, así te sabrás tú mejor que yo el nombre. Y bastante le costó a la pobre Kaori conseguir las habitaciones. No sé qué congreso hay y está todo a tope.

- Eh, yo solo te dije que me había hablado bien de él y que está en la bahía.

- A saber quién te habrá hablado de él… - pudo escuchar cómo se reía antes de bostezar.

- Sora, vete a dormir. Venga, deja de dar vueltas que nos conocemos y yo no te puedo poner el pijama hoy.

- Vaya mandón que estás hecho… Mañana te hablo para ver si puedes hablar cuando tenga un rato, ¿vale? Dale un beso enorme a la niña de mi parte. Y nada de ir a comprarle todos los dulces que quiera, que nos conocemos – usó las mismas palabras de él intencionadamente.

- Que sí… Que no le he dado ninguno para cenar. Venga, a dormir…

- Oye, ¿pretendes que me vaya a dormir así como así?

El rubio sonrió ampliamente con el camino que había tomando la conversación. Por un lado, le gustaba que ella echara en falta la compañía de ellos, no lo podía negar. Era evidente por la forma en la que se comportaba y las cosas que decía.

- Vete a dormir…

- Qué rancio eres cuando quieres – escuchó como resoplaba-. Ya me voy a dormir, ¿contento? No te mando un beso de buenas noches a ti.

- ¿Cómo que no?

- No, que te lo dé Aiko. Me voy a dormir. Buenas noches, Ishida.


Sin darle tiempo a poder contestar nada, dio por terminada la llamada riéndose por lo bajo mientras que negaba con la cabeza. Cualquiera que los escuchara pondría en duda la edad de ambos, pero a ella le encantaba aquella forma de comportarse entre ellos, no lo cambiaría por nada. A sabiendas de que el rubio tenía toda la razón del mundo y que lo que necesitaba era irse a la cama se acercó hasta su maleta para poder sacar la ropa que se iba a poner al día siguiente y dejarla a mano. Abriéndola y empezando a revolver, no tardó en fruncir ligeramente el ceño confusa.

- Pero… ¿qué? – tiró cerrando así sus dedos sobre el objeto extraño que se había encontrado no tardando en descubrir el peluche favorito de Aiko.

Arqueó las dos cejas sorprendida, tardando unos segundos en darse cuenta de que seguramente hubiera sido ella la que se lo hubieran metido en la maleta. Le había visto la jugada más veces y seguramente lo habría hecho para que no durmiera sola y no tuviera miedo. La sonrisa se fue dibujando en su rostro cada vez más amplia, mirando el juguete con ternura. Se lo había regalado Haruhiko a la pequeña, lo recordaba perfectamente, y sabía que su chiquitina lo adoraba.

Lo cogió con ella, llevándoselo a la cama y olvidado así la ropa que había ido a preparar, posándolo a su lado. Era capaz de percibir el olor tan característico de todas las cosas de Aiko y eso la hacía sonreír aún más y echarla más de menos de lo que ya la echaba en aquellos momentos. Sería una adulta ya, pero aquella noche iba a dormir más feliz que nadie con el peluche que su hija le había colado en la maleta.

Abrió la cama para meterse en ella, notando el cansancio del día apoderarse de su cuerpo nada más que se acomodó, alargando el brazo hacia el peluche para dejarlo sobre ella, apoyado en sus rodillas para observarlo.

- Cosita… - murmuró por lo bajo antes de alargar la mano hacia su teléfono, viendo que tenía un mensaje de Yamato.

"Descansa y mañana no se te ocurra madrugar que te hace falta reponer. Te quiero"

Apuntó con la cámara hacia el peluche, sacándole así una fotografía para poder enviársela a él a modo de contestación a su mensaje, todavía sonriente por la situación. Sin duda todo aquello había mejorado su día exponencialmente en cuestión de minutos. Desde la conversación con él a la sorpresa que se había encontrado en la maleta al abrirla.


Yamato se quedó algo más en el sofá, entretenido aunque le hubiera colgado. No le extrañaba tampoco demasiado y por eso le había contestado con un mensaje. Cuando al poco tiempo volvió a notar la vibración del teléfono y vio el nombre de ella en la notificación de la pantalla volvió a reirse.

"Te he encontrado sustituto como acompañante esta noche en la cama. Yo que tú estaría preocupado, Ishida."

Viendo el peluche se tuvo que echar a reír abiertamente.