Sora sonrió mientras que se quedaba con la cabeza apoyada sobre su mano escuchando así a Taichi. Hacía un rato que le había preguntado por lo que había estado haciendo durante la tarde provocando que le estuviera explicando con todo lujo de detalles los motivos del congreso y de su presencia en aquel país. Lo había echado lo suficiente de menos como para no disfrutar con el hecho de simplemente verlo parlotear.

Más allá de las bromas a costa de su ayudante en algunos momentos aislados, la situación se veía cómoda para todos y cuando la noche había caído y la temperatura había empezado a bajar, ella se había quedado encantada sentada en la terraza cenando. No mentiría si dijera que hubiera preferido otra compañía algo más rubia, pero, no se iba a quejar en absoluto.

- ¿Has llamado a casa? – le preguntó Taichi a Sora devolviéndola así a la realidad.

- ¿Por qué? ¿Quieres saludar por allí? Ya los llamé antes. Teniendo que ir a llevar Yamato a la chiquitina a casa de alguno de los abuelos se levantan primero, así que la metió más temprano en la cama – amplió algo más al sonrisa al hablar de la niña.

- ¿Qué? ¿Se sobrevive a no habértela traído contigo?

- Malamente… - se encogió de hombros-. Aunque no sé yo si me los hubiera podido traer conmigo – cruzó una mirada divertida con Kaori, la cual no tardó en adivinar a lo que ella se refería.

- ¿Por qué? – confuso, se quedó mirando hacia ellas.

- Se le achicharran los dos con este sol… - contestó la ayudante, echándose a reír-. Me dejó antes el protector que se trajo y tuve que darme una ducha antes de bajar a cenar.

- ¿Se lo has robado otra vez a Yamato?

- El mío se había acabado… Y era el que tenía a mano. Y tú no te metas con él porque cuando viniste a vernos hace un año a Tanegashima te acabaste quemando toda la cara por listo.

- Porque me quedé dormido en la playa y nadie tuvo a bien despertarme – protestó alargando la mano hacia su copa.

- Ya, ya… Tú lo que querías era ir a juego con Yamato y no sabías ya como decirlo – divertida, se echó a reír de la cara que había puesto él.

Puso los ojos en blanco a pesar de todo, intentando mantener el gesto serio unos segundos más antes de echarse a reír junto a ellas. Ese día cuando se había visto en el espejo se había aterrorizado él solo al verse hasta los párpados rojos. Había estado montando el drama tras Koemi para que le dejara alguna de sus cremas, especialmente cuando había empezado a mudar de piel como él decía.


Yamato había metido a la niña en la cama hacía un rato. De nuevo había querido dormir con él y él no era demasiado experto en eso de decirle que no. Habían pasado a recogerla cuando había salido del trabajo y se la había llevado con él para ir a hacer la compra. Ahí es cuando de nuevo había vuelto a demostrar que decirle que no, sin duda, no era lo suyo negarle nada de lo que le pedía. Pero, como Sora no estaba no le iba a gruñir por ver llegar a la niña con dos cajas de galletas diferentes. Ya se entretendría él en acabárselas si hacía falta, porque al final Aiko solo quería un par de ellas y las demás las iba dejando.

Se había quedado distraído en el sofá, pensando en la conversación que había tenido con Mai. Hasta cierto punto, no estaba seguro de si debería haberle dicho algo a ella o no, pero había más que confianza entre ellos como para que pudiera considerarla una buena compañera de cabezazos. En cualquier otra ocasión hubiera ido directo a su padre, Takeru o Taichi, tenía que reconocerlo, pero aquellos se iban a ver demasiado afectados por el tema y no quería que estuvieran pendientes de ellos hasta que realmente llegara el momento. Mai, sin embargo, podía darle las collejas que fueran necesarias cuando le diera la paranoia y a la vez serle de ayuda sin meterse demasiado.

Le había sentado bien tener con quien tratar el tema más allá de con Sora. Y, sobretodo, le había sentado bien tener la versión de Mai. Y, además, podía servirle de ayuda ya que ella tenía dos niñas en casa y había ciertos temas que preocupaban al rubio más allá de la salud de Sora. Le daba miedo que Aiko fuera a resentirse al ver divididas las atenciones. El carácter de la pequeña no daba pie a pensar nada como aquello o tan siquiera parecido, pero no podía evitar preocuparse por ese tema. Quizás el ver a un recién nacido del que iban a tener que estar pendientes del todo, a Sora más ausente y a él a punto de tener dos infartos cada vez, fuera a pasarle factura y eso sí que le preocupaba y no iba a poder saberlo hasta que no llegara el momento.

Chasqueó ligeramente la lengua, sintiendo en ese mismo momento la vibración del teléfono, distrayéndose. Sabía que Sora estaba de cena con Taichi y no contaba con que fuera ella a esas horas, sin embargo, fue el primer nombre que le vino a la cabeza. Pudo ver que era un mensaje, viendo un número que no conocía aparecer en la pantalla de bloqueo. Confuso, abrió la aplicación para poder ver quién estaba hablándole, no tardando demasiado en caer en la cuenta.

- Te dije que tenía tu número. Mañana he visto que tienes un hueco a la hora de comer, si te parece bien comemos juntos y me contestas a algunas preguntas… - leyó en voz alta.

No necesitó más aclaraciones para saber que era Emily. No pudo evitar que se le viniera a la mente la conversación que había estado teniendo con Mai. No iba a negar que quizás no tuvieran algo de razón, pero, contando que precisamente la periodista estaba ahí para hacer su trabajo y hablar con ellos, ¿tenía que malinterpretar aquellos detalles? Podría decir que le daba exactamente igual. Si bien quería trabajar o buscarse alguna excusa para rondarlo, a él no debería de importarle. Estaría más cómodo con lo primero, tampoco lo iba a negar, pero le iba a hacer el mismo caso en ambas situaciones. No necesitaba complicaciones, y no tenía ni el más mínimo interés en cualquier aspecto más allá del laboral o el de ser amable en todo aquello. No quería tener que dejar de lado la amabilidad para sacar su mal carácter.

Resopló, gruñendo ligeramente antes de decidir que era buen momento para irse a dormir. Bajó la vista de nuevo hacia el teléfono, volviendo a leer el mensaje un par de veces antes de decidir contestar ya que salía que lo había leído. No se molestó demasiado, diciendo simplemente que mañana se lo confirmaría. No lo hacía por darle largas, era cierto que no tenía ninguna reunión para esa hora, pero no podía dar nada por seguro todavía.

No le apetecía tampoco seguir dándole vueltas al tema. La única chica en la que estaba interesado en aquel momento estaba durmiendo abrazada a otro de sus peluches y, podría llega a decir que en medio de la cama. Volvería a tener que ponerse original para meterse sin despertarla, pero todo fuera por no molestar a Aiko.


- Lo bueno de no estar en Japón es que nadie se va a tirar de los pelos por esto – dijo Taichi mientras que caminaba con Sora de vuelta a la habitación.

Hacía un rato que la ayudante de ella se había retirado, diciendo que quería hacer algunas llamadas todavía y que estaba cansada agradeciendo la pelirroja el gesto. Ahora volvían desde la terraza del restaurante en el que habían cenado y había decidido secuestrarlo con ella por lo menos un rato más.

- Y da gracias porque no me dé por cerrarte la puerta por dentro para que te quedes, que eso sería todo un escándalo – sonrió, divertida-. Y de los gordos, que seguro que tenemos más historial de la cuenta.

- Bueno, tú por si acaso no te hagas muy famosa, que aunque Koemi y Yamato precisamente vayan a ignorarnos muy descaradamente, no tengo gana de aguantar a la gente viniendo corriendo a decirme que ya lo sabían…

Echándose a reír sonoramente por su contestación, se detuvo en su puerta para poder buscar así la llave de la habitación y abrir y dejarlo a él entrar primero, entreteniéndose en quitarse las sandalias que llevaba antes de dejarlas por ahí tiradas.

- Menos mal que me queda tu versión en miniatura para poder entretenerme en Tokio cuando no estás – dijo cuando por fin terminó, caminando hasta donde tenía su maleta para empezar a revolver en ella-. Antes me dijo Yamato que Aiko se empeñó en comprar galletas de las de dinosaurios para tener en casa para cuando viniera Daigo…

El castaño sonrió, caminando hasta la ventana, aprovechando para ver desde alli la impresionante vista a la bahía que tenían. Sin duda habían sabido escoger bien hotel. Se tomó unos segundos distraído antes de girar la cabeza hacia ella de nuevo.

- Seguro que se puso a protestar porque a su nenita no se le puede acercar ningún chico ni siquiera ahora… Que oye, no lo culpo. Imagínate que a Aiko le toca aguantar a un bipolar como él…

- ¡Taichi! – protestó divertida entendiendo la referencia.

Uniéndose a la risa de la pelirroja, volvió a girarse unos segundos más tarde cuando se dio cuenta de que tenía el pijama en la mano. Contaba con que se fuera al baño, pero le iba a dejar su espacio de todas formas.

- Vengo ahora mismo… - la escuchó decir, confirmando así su teoría-. Si tienes que madrugar mañana no te quedes vigilándome, ¿eh? Que no quiero que estés cansado por mi culpa.

- Vete a ponerte el pijama, pesada…

Riéndose, hizo lo que le decía entrando al baño. No le daba vergüenza hacerlo allí, pero mejor hacer las cosas como tenía que hacerlas. Salió pasado poco tiempo recogiéndose el pelo en una coleta y caminando hasta colocarse al lado del embajador.

- Mañana voy a tener que pasarme el día entero trabajando así que no sé si te voy a poder ver demasiado… Además, tengo que irme a mirar tiendas.

- ¿Tiendas?

- Claro, como poco tengo que aparecer por casa con un peluche de un koala y otro de un canguro. Eso no puede faltar como ofrenda de paz por haberme ido unos días…


Yamato sintió movimiento en la cama, abriendo los ojos y notando como, poco a poco, Aiko empezaba a subirse encima de él para dormir echada sobre su pecho. Cuando era un bebé solía ponerla él ahí, pero ahora pesaba algo más y no solía hacerlo con tanta frecuencia. Sin embargo, lo único que hizo fue ayudarla con el brazo y luego doblarlo para dejarlo en torno a la pequeña.

Sabía que estaba completamente dormida y que no tenía ni idea de lo que hacía, de manera que ni se preocupó en que sus propios movimientos fueran a despertarla. Tenía el sueño profundo y no sabría de ella hasta por la mañana. Bajó la cabeza hacia ella, observando la cabecita rubia apoyada sobre él, sonriendo antes de intentar dormirse él también. Sin duda, pasara lo que pasa a su alrededor tenía la solución más efectiva con él en aquellos momentos. El otro remedio que siempre le venía bien estaba a unos cuantos kilómetros de distancia, pero se las podía arreglar. Sabía que la había dejado en la mejor de las compañías y que le iba a venir aprovechar unos días fuera de la ciudad. Mientras que Aiko no se disgustara porque su madre no estaba en casa aquella semana todo iría bien, y aunque sí que había notado que la echaba de menos, por el momento se podía arreglar y no era nada demasiado grave.

Sobrevivirían.


ElenaAA23: me acordé bastante de ti cuando saqué el capi de Taichi apareciendo sí. Pero bueno, eso es porque sé por dónde nos vamos las dos. Que nos gusta demasiado el embajador y más si lo dejamos con su pelirroja, así que estos capítulos sabía que te iban a gustar tanto como a mí. Primero porque es lo que nos gusta y segundo porque hace tiempo que no sale a saludar él y ya le iba tocando.

La nena, como siempre, haciendo de las suyas y matando a su padre del amor. Que estará con dolor de espalda pero no le va a importar porque el motivo que se lo ha provocado ha sido Aiko decidiendo usarlo a él de colchón. Así que se despertará dolorido pero con la baba cayendo jajaja

No creo que la preocupación de Mai tenga nada que ver con Yamato, sino con los problemas que le pueda causar a él, como bien dices tú. Salta a la vista que él no puede estar más embobado con su familia como para acordarse de que existe nadie más, pero, lo mismo puede meterse en algún problema por bobo porque no se tan evidente para los que no lo conocen. Que si lo has visto ser un borde siempre y ahora se comporta como una persona normal pues lo mismo ella puede malinterpretarlo y acabar empeorando las cosas.

A ver por dónde nos salen todos cofcofcof... ¡Un bico enorme vecina! Espero que estés llevándolo todo mejor, que ya queda un día menos.