- ¿Cuándo vuelve Sora? – preguntó Hideki, quedándose mirando hacia Yamato.
- Mañana, ¿por qué? – confuso, dejó lo que estaba haciendo.
- ¿Tú crees que podría llamarla hoy?
La cara de confusión del rubio consiguió que el general se echara a reír abiertamente. Había ido a buscarlo nada más salir de una de las reuniones y lo había encontrado revisando todavia algunos de los papeles que tenían pendientes con algunos cálculos de trayectorias. La cara de no entender nada de nada con la que lo estaba observando ahora sin duda no era por ninguna de las ecuaciones que estaban en el papel.
- ¿Para qué la quieres? ¿Has liado alguna y necesitas que ella te defienda de Shiori? – acabó por ser capaz de reaccionar, sonriendo de medio lado.
- Entra dentro de mis estrategias de emergencia… Pero no, por el momento no se me acusa de nada tan grave. Que yo sepa al menos – se acercó hasta él, cerrando la puerta tras su paso-. Escucha… ¿Te dije que estábamos terminando detalles para nuevos uniformes?
- No… ¿en serio? ¿Qué tienen de malo los de ahora?
- Yo qué sé… La cosa es que hemos tenido un problema y o lo arreglamos o van a acabar volviéndome solo. Se me había ocurrido que quizás ella me pudiera ayudar.
- ¿Quieres pedirle socorro porque algo raro os ha pasado con los uniformes?
- Básicamente, ella tiene más idea que todos los demás juntos y creo que podría ayudarme. ¿Tiene mucho lío? Porque tampoco quiero molestarla.
- Depende de para lo que sea, pero llámala tranquilo. Creo que tenía la última reunión hoy por la mañana así que si quieres le digo yo que te llame si tiene un hueco, ¿te parece bien?
- Me salvas la vida…
- Pues ya está – asintió-. Todo arreglado.
- Gracias… - aprovechó para tomar asiento, no teniendo gana de volver a sus ocupaciones por el momento-. ¿Has terminado tu parte de la entrevista?
- Sí, hoy por la mañana. Cuando llegué me lo quité de delante. Así que ya podéis dejar de acosarme por las esquinas con tonterías…
- Oye, que yo no he dicho nada…
- Ya, claro – puso los ojos en blanco, cerrando la carpeta dando por perdidos sus intenciones de concentración-. ¿Cuándo se van?
- No tengo ni idea, pero ya no deberían de tener que estar pendientes de nosotros tanto. Que por cierto, los de arriba quieren hacer una cena hoy por la noche con ellos y quieren que estemos presentes todos.
- ¿Una cena?
- Sí, aquí al lado… Se lo he ido diciendo a los demás y ya han dicho que irán, así que…
- Pues… Ya sabes que Sora no está – se encogió de hombros-. ¿Qué hago con Aiko? Ya bastante es tenerla todo el día con mis padres… Que sí, que ellos felices, pero no me gusta que pase tanto tiempo fuera de su casa y sin nosotros. No sé si debería ir…
- Te entiendo. No es obligatorio, es tu decisión, creo que también me apetecería más quedarme en casa con esa niña que aguantar a los del trabajo más tiempo de la cuenta. No te puedo culpar.
El rubio sonrió, agradeciendo la comprensión. No lo hacía por obligación o porque considerase que debía de ayudar en casa o con la niña. No tenía que ayudar, era tanto responsabilidad de Sora como de él. Pero, además, disfrutaba cuidando de Aiko más de lo que cualquiera pudiera imaginarse.
Sora se quedó confusa tras colgar el teléfono con su marido. No hubiera esperado escuchar que Hideki quisiera hablar con ella sobre temas de trabajo, pero, tampoco iba a hacerlo esperar. Había aprovechado para convencer al rubio para que fuera a la cena aquella, que hacía mucho tiempo que no iba a ninguna de ellas y que le vendría bien entretenerse un rato.
Salió a la terraza de la habitación, aprovechando el aire fresco que se había levantado, tomando asiento en una de las sillas antes de buscar el número del general. Lo tenía desde hacía mucho tiempo, cuando se había quedado sola en Tanehashima con la pequeña y tanto él como Shiori habían estado pendientes de ella a sabiendas de que había estado algo enferma semanas antes de aquello. No sabía para qué podría quererla, pero no iba a hacerlo esperar. Marcando el nombre del contacto, se quedó a la espera de que contestase.
- ¿Tanto te da la lata que tengo que ponerme a mediar yo? – fue el saludo de la pelirroja.
- Bueno, lo tenemos ya más o menos domesticado… No estarás ocupada, ¿verdad?
- Claro que no, ¿qué pasa?
- Pues hemos tenido un problema con unos nuevos uniformes y no sé a quién más pedir ayuda…
- ¿Uniformes? – arqué una ceja.
- Para la sede. La empresa con la que teníamos encargado todo ha tenido problemas con proveedores y algunos directivos y al final han llamado hoy para volverme loco y amargamente la existencia. Me preguntaba si podrías pasarte por aquí una vez que estés en Tokio y te lo explico con más calma.
- Tengo tiempo ahora, Hideki. Se te nota estresado, ¿qué pasa? A lo mejor te puedo ayudar desde aquí…
- No, tranquila. No me corre tanta prisa y prefiero que veas todo con calma. Así que si quieres pasarte por la sede te lo agradecería.
- Pues… Sí. Cuando vuelva te aviso… - sorprendida todavía, tardó unos segundos más en sonreír, divertida-. No le digas nada a Yamato, así aprovecho para darle un susto apareciendo por Chofu.
- Ni media palabra. Muchísimas gracias, Sora. De verdad…
- No me las des, que no he hecho absolutamente nada todavía. Te llamo cuando esté en Tokio. Y no te preocupes, que si está en mi mano lo tienes resuelto.
Confusa todavía por la llamada, colgó el teléfono antes de quedarse mirando hacia Kaori, la cual estaba sentada en la cama con todas las cosas que había comprado Sora para la niña y los demás a su alrededor, entretenida mirando unas y otras e intentando encontrar alguna forma de que pudieran entrar en la maleta de ambas.
- A saber qué habrán liado en la JAXA para que tenga que llamarme a mí un general para que le arregle el problema – divertida, se acercó hasta la mesa para poder posar el terminal.
- ¿Eh? – levantó la vista, confusa.
- Ni idea. Era el… ¿jefe? ¿Antiguo jefe? Lo que sea que es ahora de Yamato. No sé qué problema han tenido con unos uniformes pero creo que somos la solución que mejor le viene. No sé, cuando volvamos tener que pasarme por allí y así ver qué pasa… - caminó hasta la cama sentándose también-. ¿Tenemos algún avance con todo eso?
- Sí, que tendríamos que haber traído una maleta más grande – asintió provocando que la pelirroja se echara a reír.
Mai se quedó sentada en el borde de la piscina. Hacía un rato que habían terminado las prácticas y había decidido quedarse un rato más ella sola. Estaba distraída, con las piernas dentro del agua, completamente alejada de la realidad pensando en sus cosas. Ni siquiera se dio cuenta de que Yamato había entrado hacía un rato y que se había podido ir acercando a ella lentamente sin que se diera cuenta quedando a su espalda. Incluso para él, quien solía dárselas de serio y de persona perfectamente adulta, no podía dejar pasar una oportunidad así, inclinándose para darle un ligero empujón. Lo suficiente para desequilibrarla y provocar que se cayera al agua.
Echándose a reír al haberse salido con la suya, simplemente se limitó a quedarse a la espera de que volviera a sacar al cabeza del agua, no tardando en ocurrir y encontrándose con la peor de las miradas por parte de la piloto, empeorando entonces su risa.
- ¡No tienes nada mejor qué hacer! – protestó.
- No – fue capaz de decir por fin, quedándose mirando hacia ella con una sonrisa ladeada-. Una de las mejores decisiones que he tenido en todo el día.
No dándole tampoco demasiado tiempo a protestar o a amenazar con salpicarlo, fue él mismo el que aprovechó para lanzarse al agua. Para eso había ido hasta aquella zona, estaba en su tiempo de entrenamiento y, sin duda, su forma favorita era aquella. Asomó de debajo del agua, notando como cuando lo hacía le caía más líquido encima.
- Simpático – volvió a protestar ella-. Que ya estaba a punto de recoger para irme…
- ¿Vas a ir a la cena? – le preguntó, alejándose algo para estirarse ligeramente.
- No lo sé. Tengo que ver si Arata se puede quedar con las niñas porque no te creas que me apetece mucho. Prefiero amenazaros un sábado cualquiera que tener que estar pendiente de poner buenas caras. ¿Tú?
- Lo mismo. Además, no sé si me apetece tener que dejar a Aiko con sus abuelos más tiempo. No por ellos, que esos si me descuido no em la devuelven.
- Yo tampoco te la devolvería – se acercó hasta las escaleras para empezar a salir del agua-. Te lo digo luego, ¿vale? Porque si voy yo, más te vale venir a ti también porque no te garantizo que salgamos todos de una pieza sino.
Respondiendo a las palabras de ella con una risa, dejó que se fuera para empezar a hacer precisamente lo que había ido a hacer allí: aprovechar un rato para nadar y dejar la cabeza completamente despejada.
Hiroaki estaba sentado en el sofá con Aiko encima de sus rodillas. Hacía ya un rato que le había puesto una película a los tres niños que se estaban quedando con ellos, pero Reiji y Dai habían salido corriendo tras Natsuko cuando habían escuchado algo sobre la merienda, al igual que los digimon. La única que se había quedado donde estaba había sido la niña. Y, conociéndola, seguro que no era por estar ignorando la merienda, sino porque estaba a gusto con su abuelo.
Sonrió, desviando la vista de la pantalla para poder dejarla sobre la cabecita rubia de Aiko. La temporada que la había pasado fuera por culpa de trabajo se había hecho echar de menos bastante, no lo iba a negar. Por eso, los días que tenía libres, se ofrecía él de niñero lo antes que podía para evitar que se les pudiera ocurrir a sus consuegros hacerlo.
- ¿Me estás escuchando? – la voz de Natsuko lo devolvió a la realidad.
- ¿Qué? – giró la cabeza hacia ella.
- Yamato, que le han dicho que tiene una cena esta noche de trabajo.
- Pues que vuelva cuando le venga en gana, que yo me quedo con Aiko el tiempo que haga falta. ¿A que sí? – bajó la vista hacia la pequeña.
- ¿No va a venir papi? – giró la cabeza hacia su abuela.
- A ver, que te lo paso – le acercó el teléfono a la pequeña, haciéndole un gesto a Hiroaki para que fuera él quien lo sujetara.
- Hola papi, ¿cuándo vas a venir? – dejó que la niña hablara con su padre, distraído, observándola unos segundos antes de cruzar de nuevo una mirada con la otra mujer.
Se podía imaginar lo que pasaba por la cabeza del rubio sin muchos problemas. No debía de tener ganas de ir, ya no las tenía en condiciones normales, más aún no estando Sora. Podía escucharlo protestando cuando le dieron la noticia casi que como si estuviera delante. Sonrió, divertido, mirando de nuevo a la niña al notar que le pasaba el teléfono a él.
- ¿Qué? ¿Intentas que Aiko te salve?
- Más o menos – dijo el rubio al otro lado de la línea-. No tengo demasiada gana.
- Vete, entretente, no creo que te siente mal airearte un rato. Ya me quedo yo con ella y vienes mañana por la mañana a por…
- No, no… Echa el freno. Que no me pienso quedar hasta tarde. Ceno y me voy a por ella.
- Vas a volver más tarde de la cuenta y ya va a estar durmiendo, haces el favor de venir mañana temprano a por la niña y no la sacas de la cama fuera de hora.
- Papá que no voy a llegar tarde.
- Me da igual.
- Oye, ¿dejas de robarme a Aiko?
- Tu madre me está mirando con cara de darme la razón, así que llevas las de perder. Hace muchisimo frío para que se ande paseando fuera de hora hasta la otra punta de Tokio. No seas bobo. Vete a la cena y si te quieres ir pronto, te vas. Si prefieres venirte a dormir aquí, también eres bienvenido. Si, hacemos eso.
- Bueno, eso no me parece tan mal…
- Pues ya está. Mira Aiko, hoy os quedáis los dos a dormir aquí y así amenazamos a tu padre por la mañana para que nos haga un desayuno decente, ¿qué te parece?
Lo único que escuchó de fondo fue la risa de la pequeña.
AnnaBolena04: la culpa de todo esto la tiene Yamato por ser estúpidamente guapo, que claro, le pasa lo que le pasa. Y si luego tenemos en cuenta que parece no querer darse cuenta de lo que pasa, pues ahí lo tenemos... Al menos al pobre no se le puede echar la culpa de nada más allá de estar entretenido pensando en que su tortuguita lo fue a buscar al trabajo y en que tiene gana de tener de vuelta por casa a la pelirroja. Que con eso tiene a la neurona ocupada y no le podemos pedir mucho más al pobre hombre.
Y claro, ahora lo meten en el apuro de tener que cumplir con una cena a la que no tiene gana de ir y verás tú... Que a él si lo dejan se queda en pijama con la tortuguita más feliz que nadie. Además, Hiroaki aprovechando para echarlo y apoderarse de la nenita ya es tema aparte jajajaja
¡Un besito de tortuguita!
Natesgo: alguien tiene que poner orden que su señor padre está con la neurona saturada pensando en otras cosas y no se entera de que si se descuida se lo llevan al armario de las escobas un rato. Que el pobre está atolondrado - o parece estarlo - y no es del todo consciente de lo que pasa alrededor y va acabar llevándose un buen susto a este paso. Esperemos que por parte de Mai dándole una buena colleja a ver si así le reordena las ideas, que no parece que a ella le falten ganas.
Chi el pobre a este paso se va a poner celoso de Sora, que ella ve mucho más a su marido que él y eso seguro que le supone algún tipo de trauma. Que a ver con quién tiene conversaciones de besugos de ese tipo... Que en el mundo exterior tiene que fingir ser alguien serio, adulto y completamente funcional y eso no siempre se le da demasiado bien.
Jajajaja yo creo que el pobrecito ya debe de haber salido de ese pozo. Que ahora ha aprendido a hacer bien la maleta y que, con los hoteles que tiene pinta de gastarse con su nuevo puesto, seguramente tenga quien le planche las cosas si se le arruga un poco - mucho - en la maleta. Pobrecito él, que seguro que hasta echa de menos el poder ir vestido de forma más relajada...
¡Un beso grande grande!
ElenaAA23: lo llevo peor porque ellos están respondiendo mucho peor y al final estoy currando el triple para nada. Literalmente para nada porque ya te digo yo que hasta me estoy guardando las correcciones para enseñárselas a los padres en cuanto todo esto pase.
Son una buena pareja de cuatro, que tenemos que meter a la pobre Koemi en la ecuación para que no se sienta la pobre desplazada. Si es que Taichi y Yamato son el vivo reflejo de relación de "ni contigo ni sin ti" porque son la versión digital de Pepa y Avelino jajajaja Y ahora que se ven menos los días que esos dos se cruzan tienen que ser dignos de grabar, que pasan mucho tiempo guardándose los puñales del uno para el otro seguro.
Y nadie podría culparlos porque lleguen de Australia con una maleta de más llena de cosas para los nenes. Que es que ahí los peques no juegan limpio y la que no es la cosita más adorable de toda la familia es un miniclon de su padre y por tanto los "titos" Ishida están que se mueren del amor con él. Así que a nadie le extrañará que lleguen con un buen cargamento. Y más si la chiquitina anda por ahí salvando a papi, que ella no se lo deja a ninguna otra chica que no sean la abuela o mami. Para todo lo demás es propiedad de ella exclusivamente.
¡Un bico grande grande y espero que hayas tenido un buen sábado!
