- Aiko, métete en la cama de una vez que es tarde…

- ¡No! Quiero esperar a papi despierta.

Hiroaki estaba intentando que la niña se acostara de una vez, sin conseguirlo. Hacía ya rato que le había puesto el pijama y que estaba intentando que dejara de dar vueltas por casa. Hacía frío y ella solía irse a dormir mucho antes. Hasta los digimon estaban esperando por ella para hacerle compañía pero no había forma.

- Cuando llegue le digo que venga a verte, pero métete en la cama al menos que está muy frío, venga…

- ¡No!

Puso los ojos en blanco. Era muy raro que ella se pusiera rebelde, pero también sabía el mal de Yamato que tenía y que no iba a ser tan sencillo que cediera. Así que esperaba que su hijo no tardara demasiado en hacer acto de presencia o la cosa iba para largo. Por eso, cuando escuchó el timbre sonar, ni siquiera se extrañó de ver como salía corriendo en pijama por toda la casa para ser ella la que fuera a abrir.

- ¡Espera! Espera, espera… Que tú no llegas a la mirilla y no se puede abrir la puerta sin saber quién está al otro lado… - aceleró el paso, dando gracias de que a pesar que estaba cansado e iba más despacio que en otras épocas, su zancada seguía siendo varias de las de la niña.

Abrió la puerta nada más ver a su hijo para que Aiko fuera a recibir a su padre a las carreras como siempre solía hacer, estando ya él esperando por ella para cogerla en brazos. Era lo de todos los días y, sin duda, algo de lo que no se iba a cansar nunca más. Sonrió levantándola y acercándola a él para darle un sonoro beso como los que Sora le daba.

- ¿Qué haces levantada tú a estas horas?

- Esperarte – echándole los bracitos al cuello, dejó la cabeza apoyada en él-. No me quería ir a dormir sin darte las buenas noches, papi.

- Eso, tú déjamelo más tonto de lo que ya está con esas cosas… - negando con la cabeza dejó que entrara en casa para poder cerrar bien la puerta.

Sin duda debía de hacer mucho frío fuera por lo encogido que había visto llegar al rubio, pero, no dijo nada, solo lo dejó que se encargase de lo que se tenía que encargar, que Aiko llevaba esperando por él desde hacía un buen rato.

- Anda, vamos a meterte en la cama, tortuguita…

Hiroaki se quedó mirando para su hijo, dejándolo pasar con la niña, que ya iba siendo hora de que se acostara. Lo notaba algo más serio de lo que debería, pero también llevaba todo el día ocupado y podría estar cansado, de manera que no dijo ni media palabra. Además, estaba con la niña y ya le tocaba, por lo que se quedó a la espera. Yamato posó a Aiko en la cama, aprovechando para saludar a los digimon mientras que abría las sábanas para que se fuera a acomodar ella.

- ¿Has hablado con mami?

- Sí, me llamó antes mientras que cenaba – se sentó, quedándose mirando hacia él.

- En nada la tenemos aquí de vuelta, no te preocupes – llevó la mano a su cabello, revolviéndoselo-. ¿Has cenado bien? – sonrió al verla asentir-. Pues a dormir, que mañana he conseguido librar.

- ¿Te vas a quedar conmigo?

- Sí señorita, así que venga, que no son horas para una tortuguita como tú. ¿Quieres un peluche? ¿Cuál? – se quedó mirando para ella, dándose cuenta de que se empezaba a reír mientras que dejaba que él la tapara-. ¿Te ha comprado otro tu abuelo?

- ¡Mira! – revolviendo entre las sábanas sacó el juguete en cuestión, dejando que viera el peluche con forma de reno que había conseguido que su abuelo le compara cuando habían ido a hacer los recados.

Yamato no pudo más que echarse a reír, negando con la cabeza. No podía culpar a su padre, él solía ser el primero que le aparecía con esas cosas por casa a la niña. Esperó a que se terminara de acomodar para inclinarse hacia ella y darle un beso en la frente.

- Buenas noches, chiquitina. Y no te me andes levantando por la noche para colarte conmigo en la cama que hoy va a hacer mucho frío.

Asegurándose de dejarla bien tapada, sonrió hacia los digimon a modo de despedida antes asegurarse de que Aiko estaba bien tapada e irse a apagar las luces para que pudiera descansar. Era consciente de que no era su hora para estar despierta y que si había aguantado era para poder verlo a él. Sonrió ante ese pensamiento, caminando por el pasillo tras dejar la puerta cerrada tras él para buscar a su padre.

- ¿Té? – preguntó la voz de él-. Te vendrá bien para entrar en calor…

- Si, gracias – girando la cabeza hacia la cocina al haber notado que la voz venía de allí-. ¿Qué tal se ha portado?

- ¿Qué clase de pregunta es esa?

- No sé, ya he visto el nuevo peluche… - divertido, se quedó apoyado en la encimera, mirando hacia su padre.

- Eh, ha sido tu madre, a mí no me mires.

- Ya, claro… - se rió por la forma en la que había respondido, volviendo a guardar silencio, quedándose distraído.

- ¿Has hablado con Sora? – preguntó pasado un rato el mayor de ambos, acercándose a tenderle la taza.

- Sí, me llamó hace nada, justo cuando me iba a ir de la cena. Por allí todo bien, aunque se muere de ganas de volver ya, que no está acostumbrado a pasar tanto tiempo fuera de casa.

- Sí, lo sé, hablé algo con ella cuando llamó para saludar a Aiko – asintió-. Vamos a sentarnos al sofá anda, que llevo todo el día de niñero y uno ya no tiene la edad que debería para esas cosas…

Se rio por lo bajo de las palabras de él, cogiendo la bebida de los dos y echando a andar hacia donde había dicho para poder esperarlo. Hiroaki se entretuvo en ese momento en observar a su hijo, volviendo a notarlo algo distraído. Casi más bien como si tuviera la cabeza en otra parte más allá del cansancio.

- ¿Tan grave es tener a Sora fuera del país? – preguntó cuando tomó asiento no demasiado lejos de él.

- ¿Hm?

- ¿Estás bien? – alargó el brazo para recuperar su té, volviendo a quedarse mirando hacia él.

- Pues… - guardó silencio, quedándose unos segundos distraído antes de volver a girarse hacia él con el gesto más serio-. No lo sé. No tengo demasiado claro lo que acaba de pasar… Lo que sí que sé es que no me termina de hacer demasiada gracia y creo que voy a tener que meterme la lengua por donde me quepa.

Sorprendido por la forma de hablar de él, arqueó una ceja, quedándose a la espera de que siguiera hablando. No era tampoco demasiado normal que Yamato empezara a hablar tan pronto y con tanta facilidad de algo. Quizás hubiera conseguido hacerle entender por fin que era una tontería que le escondiera las cosas porque lo tenía demasiado calado.

- ¿Te acuerdas de que cuando me fuiste a buscar al trabajo con Aiko estaba acompañado?

- Sí, por una periodista, ¿no? ¿Has tenido problemas con el tema del documental? Mira que para ser hijo de periodistas te da alergia el tema ¿eh?

- No, no he tenido problemas con eso… Lo que pasa es que esa misma periodista y yo estuvimos liados hace unos cuantos años – dijo mientras que se volvía a encoger de hombros, dando entonces un trago de su taza-. Justo antes del primer viaje a Marte.

Esas palabras no las vio venir y estuvo a punto de atragantarse con el sorbo que había dado de su bebida, empezando a toser. No lo había visto venir, ni mucho menos de manera tan directa por parte de su hijo, quedándose a la espera de que él siguiera hablando intentando no atragantarse demasiado.

- ¿Qué? Mejor no entramos en detalles de esa temporada… Pero la verdad es que a ella sí que le hice algo más de caso del que debería. Que cuando la volví a ver años más tarde ni me acordaba de cómo se llamaba… Y ella también sabía lo que había, tranquilo.

- ¿Estás de malas pulgas por eso? No te voy a decir que no hayas tenido algo de mala suerte pero tampoco es tan grave, ¿no?

- Grave es que llevo una temporada diciéndoles a la gente del trabajo que dejen de decir estupideces y que no hay nada raro y que no me anda rondando… Y creo que acabo de empezar a pensar que tienen toda la razón del mundo.

- ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

Teniendo en cuenta que venía de una cena en la que posiblemente estuvieran todos los implicados en aquel tema, casi que estaba seguro de que sí que había pasado. No sabría decir el qué, porque tampoco parecía alterado su hijo como para tener que preocuparse, sin embargo, tampoco le hacía demasiada gracia el tema.

- No quiero bromitas, ¿entendido? Lo que pasa es que hace ya una temporada que empezaron con la tontería de que me andaba rondando por las miradas que me echaba y demás y yo… Pues no le daba importancia.

- ¿Qué? ¿Estás demasiado acostumbrado a ser estúpidamente guapo? Tranquilo hijo, es cosa del apellido – no pudo evitar el comentario, sabiendo por donde iban a ir por tiros por el color del que había empezado a ponerse la cara de su hijo al hablar. Intentó no echarse a reír, al ver que él permanecía serio a pesar de todo.

- Pues eso… Pero hoy… No sé. No me ha hecho demasiada gracia. Se supone que me la crucé de la que volvía yo de hablar con Sora y estaba molesta con Mai porque algo le había dicho sobre el tema…

- ¿Mai le dijo algo?

- Mai debe de haberle enseñado hasta las fotos de mi boda… - puso los ojos en blanco-. Lo que pasa es que como soy idiota, de la que venía para el centro la acerqué a su hotel que me quedaba aquí cerca.

- Me creo lo de las fotos de la boda – conocía a la piloto y se podía imaginar cómo estaban las cosas con ese tema. Y hasta cierto punto lo agradecía porque su hijo cuando quería sabía ser bastante atolondrado. A pesar de todo, a medida que él iba hablando, no podía evitar empezar a imaginarse cómo habían ido las cosas, intentando ayudarlo a dejar de dar tantas vuelvas-. ¿Ha pasado algo durante el trayecto?

- No, pero a la hora de despedirse cambió totalmente de talante, como si hubiera estado aparentando estar más afectada de la cuenta hasta entonces. Tampoco me hizo demasiada gracia la forma en la que habló o cómo se comportó.

Y en aquel ocasión estaba completamente seguro de que no era una diferencia cultural como le había pasado con Andrew cuando lo había conocido. Hubiera podido ser un detalle a no tener en cuenta en cualquier otro contexto o situación, pero en aquella que se hubiera despedido de él así, solo le había hecho empezar a plantearse las cosas de otra forma que no había hecho hasta el momento.

- ¿Seguro que no ha pasado nada?

- No, no, tranquilo – negó con la cabeza-. Solo se me acercó para darme un beso en la mejilla y ya está. Pero no me ha gustado demasiado la situación, ni la forma en la que lo ha hecho. Más bien parecía que estábamos una década atrás y no…

- Osea, que sí que pueden tener razón ¿no?

- Toda la razón del mundo… Ya he terminado mi parte del trabajo con ella al menos.

Una cosa incluso hubiera sido que se hubiera pedido con dos besos rápidos o que no hubiera dicho nada de aquella forma. Pero había sido el conjunto, cómo se había comportado y que parecía todo demasiado estudiado. Hasta cierto punto de sentía estúpido con todas las letras por haber caído tan fácilmente en la tontería.

Levantó la taza para poder dar un trago, quedándose pensativo, esperando que fuera su padre el que hablase de nuevo, ya que para algo se lo había contado. Sobraba decir que por su parte no había gran problema, no tenía ni el más mínimo interés en el tema, pero si antes había estado incómodo, ahora iba a ser mucho peor.

De eso no tenía duda.


Bueno, ni ánimo, ni humor, así que os subo capi aprovecho solo a deciros que espero que estéis todos muy bien y llevando las cosas lo mejor que podáis. Un beso enooorme para todos los que leéis.