Abrió ligeramente los ojos cuando se separó mínimamente de su marido, pudiendo ver que Kaori se iba por fin, y, como había dicho, acompañada. Volvió a centrarse en lo que realmente le interesaba en ese momento, quedándose un rato más en la misma postura, sin querer moverse. Habían sido unos días, pero había echado demasiado de menos aquellos. Sintió los dedos de él jugar con su cabello, buscando reclamar su atención para que lo mirase, dejando la mano en su mejilla.

- ¿Tienes hambre? – preguntó sin levantar mucho el tono.

- Cállate – le cortó antes de ponerse de puntillas para poder alcanzar sus labios y darle un beso.

Divertido por sus palabras, prefirió centrarse en sus acciones, aprovechando para sujetarla mejor y llevar su mano a su nuca mientras que dejaba que lo alcanzara. No pudo evitar que se le viniera a la cabeza otras veces que se habían visto en esa situación años atrás. Cuando solo tenian un fin de semana al mes con suerte para verse. Sin duda, la situación ya no podía ser más diferente, pero a la vez se le hacía familiar. Estaba tan acostumbrado a su compañía todos los días que notaba prácticamente la misma sensación que antes.

- Iba a traer a Aiko, pero mi padre me gritó que hiciera el favor que hacía mucho frio en la calle para ella – murmuró cuando se separó de ella, todavía jugando con sus dedos en su cabello.

- Me parece muy bien… Ya va a hacer mucho frío para mí que vengo de estar tomando el sol… - sonrió, quedándose mirando hacia él.

- Ya… ¿Cómo vas a hacer? Porque no te veo yo con mucha pinta de no morirte de frío en el intento.

- Pues… por ahora estoy bastante bien – tiró de él algo más contra ella, acercándoselo-. Y como supongo que habrás dejado el coche en el aparcamiento y que de ahí iremos a por la chiquitina… ¿Cambiarme en casa de tu padre antes de irnos para la nuestra?

- Suena razonable – sonrió-. Puede que alguien haya sido previsor y de la que pasaba por casa te haya dejado un abrigo en el coche…

Sonrió a modo de respuesta de nuevo antes de volver a ponerse de puntillas para besarlo. Lo había echado demasiado de menos y si cuando llegaba le salía con detalles como aquel tan sencillos, que a ella le parecían los mejores del mundo.

- Anda vamos, que seguro que tienes gana de estar tranquilamente en casa. Aunque te advierto que mi padre anda con los secuestros a la orden del día así que lo más probable es que nos quedemos a cenar con él.

- Me parece muy bien – sonrió, separándose de él por fin ligeramente-. Anda, vamos, que me muero de ganas de ver a la cosita…

- ¿Corremos peligro de que explote la maleta? – bromeó mientras que alargaba la mano para coger el objeto.

- Bueno… podría decirle que le dije a Taichi que hiciera el favor de sentarse encima para ver si conseguía así cerrarla…

Lo hizo sonar a modo de broma, pero era algo totalmente cierto. Habían tenido un buen espectáculo para poder conseguir cerrarla ya que entre las cosas que había comprado para sí misma, de recuerdo para los demás, y que los de los controles quizás hubieran pensado que pensaba montarse una tienda de peluches en Tokio… La maleta había sufrido bastante para poder cerrarse.

Echó a andar a la vez que Yamato sin protestar cuando él cogió su equipaje, a sabiendas de que era una costumbre ya de él, llevara lo que llevaba o fueran a dónde fueran. Sonrió algo más al notar como posaba la otra mano en su cintura, aprovechando así el momento para pegarse algo más a él mientras que caminaban.


- ¡MAMI!

El grito de Aiko pudo escucharse por todo el pasillo. Desde que su abuelo la había dejado salir al descansillo para poder ir a recibirlos, se había quedado a la espera y cuando había visto la puerta del ascensor abrirse, había echado a correr hacia su madre, la cual tardó solo unos segundos en soltar todas las cosas y arrodillarse en el suelo para quedar a su alcance. Aceleró algo más cuando vio el gesto de su madre, llegando hasta donde estaba para dar un saltito y quedarse abrazada a ella.

- Hola preciosa – le dijo la pelirroja, rodeándola con los brazos con fuerza y bajando la cabeza para dejarla contra la de ella, apretando el cuerpo de su chiquitina contra ella.

Olvidándose de que estaba fuera de casa y de que seguramente estaba su suegro vigilando desde la puerta permaneció así, disfrutando del recibimiento de la niña, dándose cuenta de que la había echado mucho más de menos de lo que ella hubiera podido llega a pensar mientras que había estado fuera. Abrió los ojos para ver que a escasos pasos de ella, los digimon se habían acercado también. Sonrió más, abriendo los brazos para cazarlos también por sorpresa y unirlos al abrazo, incluso al tímido Gabumon.

- Os he echado mucho de menos – dijo a los tres.

Yamato amplió mucho más su sonrisa ante la escena, cruzando así una mirada con su padre. Por cosas como esa merecía la pena todo lo que hubieran podido pasar en el pasado, que cada día estaba más seguro de que esa niña estaba empeñada en acabar con ellos.

- Bienvenida de nuevo, Sora – saludó Hiroaki llegando también hasta donde ellos.

Levantó la vista hacia su suegro, sonriéndole a él también. Sin duda, también se alegraba de verlo. No necesitaba estar casada con su hijo para tenerle aprecio, se lo había ganado con el tiempo, especialmente desde la época en la que poco más y habían estado a punto de tirarle el edificio de trabajo encima de la cabeza. Hizo fuerza para ponerse en pie con Aiko en brazos, la cual se negaba a soltar a su madre.

- ¿Qué tal se han portado contigo? – le dijo a la niña, la cual tampoco contestó, solo escondió mejor la cabeza contra ella provocando que la sonrisa de ella se ampliase.

- Anda, vamos para dentro que te me vas a acabar congelando – dijo Yamato posando su mano en la cintura de ella para que echara a andar-. Ya te llevo yo las cosas.

Asintiendo a sus palabras, la pelirroja empezó a caminar para poder entrar, sujetando bien a la niña con ella. Esa, sin duda, era una buena bienvenida, aunque no estaba segura de si le quitaba todavía más las ganas de tener que viajar sin ella.


Sora bajó la vista hacia la cabecita rubia que se había quedado dormida encima de ella en el sofá. Hacía ya un buen rato que habían vuelto a casa y, no queriendo echar para la cama a Aiko todavía, se había entretenido en acomodarse en el sofá con ella y con Yamato. La pequeña se había quedado dormida en brazos de su madre.

- ¿No deberíamos meterla en la cama ya? – preguntó Yamato sin alzar casi el tono, no queriendo despertarla.

- ¿A la nuestra? – levantó la vista hacia él.

- ¿Me estás poniendo cara de pena para que te diga que duerme con nosotros?

- Podría ser… - sonrió.

Entretenido por la situación, asintió. Sin duda no iba a ser él quien le dijera que no iban a tener a la pequeña con ellos esa noche. Se le ocurrían algunas cosas que podría hacer sin ella presente, pero, tenía otros planes que iba a intentar ser capaz de llevar a cabo. Se puso en pie, alargando los brazos hacia Sora para que le dejara a la niña y así poder llevársela a su habitación. Sonrió al verla dejar un beso en la frente de la pequeña antes de dejársela. Se quedó siguiéndolos con la mirada hasta que desaparecieron por el pasillo.

A aquella hora del día notaba el agotamiento pasarle factura. El jet lag empezaba a hacerse notar muy seriamente, y posiblemente al día siguiente no fuera a moverse de la cama en todo el día. No era un plan y seguro que Aiko se apuntaba a hacerle compañía. Giró la cabeza hacia la puerta de la cocina desde allí, pensando en que quizás podría aprovechar para retomar su costumbre de tomarse algo caliente antes de ir a la cama.

- Ni se te pase por la cabeza – dijo la voz de Yamato, devolviéndola a la realidad, pasando de largo y adivinando sus intenciones-. Tú no te mueves de ahí…

Echándose a reír por haberse visto pillada, obedeció, enroscándose mejor en la manta de la que se había apoderado. No iba a ser ella la que protestara por el plan que se le presentaba. Alargó la mano hacia su teléfono, viendo que tenía algunos mensajes de Taichi preguntándole si le había explotado la maleta o no. Se entretuvo en contestarle, aunque posiblemente estuviera durmiendo desde hacía bastante, no contaba con despertarlo, sabía más que de sobra con quién se las gastaba. Estaría durmiendo con la cabeza media debajo de la almohada y la ventana abierta de par en par. Podía visualizarlo, incluso.

- Le he dejado a Aiko uno de los peluches que le has traído – explicó el rubio desde la puerta, observándola desde allí.

- Pues tu querido Yagami le ha comprado alguno que otro más…

- Vaya dos… En vez de aprovechar para iros a la playa, os vais de compras de juguetes para niños…

- Y da gracias de que no me traje uno para mí, que había unos que eran muy bonitos – giró la cabeza hacia él-. Menos mal que tengo otra cosa a la que me gusta dormir abrazada por las noches.

Pudo escuchar como se reía antes de volver a entrar a la cocina. Aprovechó para acomodarse algo más mientras que esperaba que volviera. Yamato entró de nuevo en la cocina, yendo directo a vigilar cuanto tiempo le quedaba al microondas. Se podía imaginar que con el calor que había pasado la pelirroja en Sídney seguramente había pasado días gruñendo cada vez que alguien le acercaba algo caliente. Ahora con el contraste tan drástico de temperatura que había, iba a agradecer especialmente una taza del chocolate que tanto le gustaba.

No iba a negar que llevaba un rato con la cabeza en otra cosa. En un tema que necesitaba sacar con Sora y que sabía que no le iba a hacer gracia. Pero, su padre tenía toda la razón del mundo y era mejor poner las cosas claras desde el principio antes de que le pudieran suponer un problema mayor. Esperaba que todo fuera bien, la conocía más que de sobra y además, estaba seguro de que iba a agradecer que él fuera directamente con todo. Ahora, lo que más bien ponía en duda, era su capacidad de poder arrancar.

El sonido del microondas lo devolvió a la realidad, haciendo que se acercara a la puerta para poder sacar la leche que había estado calentando antes de empezar a preparar la bebida. Aunque él no era tan aficionado como ella a aquellas cosas, sin duda esa noche la iba a acompañar, que no le iba a venir mal. Solo esperaba que no se le hubiera quedado dormida mientras tanto, porque ya bastante le había costado mentalizarse.

Una vez que estuvo lista la bebida, la echó en las tazas y cogió cada una en una mano para poder volver junto a ella, vigilándola aún desde la puerta antes de coger aire y echar a andar hacia su lado.

- ¿Qué has hecho? – sin darle tiempo a llegar a su lado, giró la cabeza hacia él.

- ¿Por qué?

- Huele rico… - se estiró viéndola como intentaba adivinar lo que traía.

- Bueno, a lo mejor yo también te he echado e menos y te he comprado chocolate nuevo para por las noches… - sonrió divertido por su comportamiento-. Tiene avellana por eso huele así…

- ¿Me has hecho chocolate?

- Anda, coge la taza… - se la tendió, dejándole también la de él para poder acomodarse a su lado en el sofá.


Natesgo: tampoco es lo mismo, creo que la diferencia es que aunque pasen tanto de tu cara como de la mía - verdad universal - la cosa es que tú al menos eres la que organiza. ¿Que no te lo devuelven? Pues tienes el poder de suspenderles, dentro de lo que cabe, que ya sabemos como funciona la educación en este país, lo sé. Yo eso no lo puedo hacer. Yo tengo alumnos de 8 cursos diferentes, de centros diferentes, profesores y asignaturas diferentes. Ahora, lo que tú dices, intenta aplicarlo en mi contexto en el que el único poder que tengo yo es devolvérselo corregido entero a rojo - tras las horas que me haya llevado liquidar todo eso - y ya está. No sé si me explico. No tengo notas con las que suspenderlos y, al revés, si el angelito de turno suspende, las quejas me las llevo yo porque "para algo viene a clase conmigo". Son casos que más allá del melasudismo de los padres y niños y la sobreprotección que hay con ellos, apenas se cruzan y que se manejan de formas que no pueden ser más diferentes. Y déjate, que yo por suerte no he caído en un ERTE como otros compañeros del "gremio" que están en las mismas condiciones para encima, que por ahí no me puedo quejar ni media palabra.

Pero bueno, que ya hemos cambiado un poco la dinámica de trabajo y aunque termino más tarde de lo que debería, la cosa se ha ido estabilizando algo más y dentro de lo que cabe debe de ser que ya me he acostumbrado jajajaja Si de esta no me cargo a nadie, me darán una medalla. Ya les tengo dicho a algunos que cuando acabe la cuarentena se escondan por su propio bien.

Y ahora a lo que realmente nos interesa... Jajajaja Sí, Hiroaki siempre aparece para poner orden en la cabeza del rubio incluso cuando las cosas fueran totalmente evidentes como en este caso y quizás el propio Yamato hubiera podido llegar a la conclusión él solito. Le viene bien escucharlo de alguien a quien hace bastante caso y que, hasta ahora, todos los consejos que le ha dicho dando le han venido bien. Y ahora, como ha tenido horas para comerse la cabeza, se ha ido a comprar chocolate para allanarse el terreno jajaja Si es que ya sabe con lo que juega. A ver qué tal se toma Sora la noticia si es que se atreve a decírsela él al final...

¡Un besito de tortuguita!

ElenaAA23: pues eso, te dejo la explicación mejor arriba jajaja Más o menos estamos en el caso de que tienes 0 control sobre ellos, y más a distancia, pero si luego sacan un 1 la culpa sí que es 100% del profesor de particular. Aunque creo que debemos de haber echado a unos 4-5, al menos hasta que la cosa vuelva a la normalidad porque es un pasar de todo continuo tan descarado que se ha preferido perder el dinero.

Sí, la pobrecita también tiene derecho jajajaja Yo creo que la sorpresa viene porque como se le subían los colores al ver rondar por ahí al embajador se habían quedado atascadas con eso. Que oye, puedes estar casadísima y tener que ir a por algo para abanicarte dada la situación, no lo vamos a negar jajajaja Así que nada, ahora seguro que ya le caen menos picoteos por ese frente.

Y, os he dejado un bonito corte en el momento en el que las cosas pueden ponerse un poco delicadas. Parece que el rubio le ha hecho caso a su padre y, por si acaso, se ha ido a por chocolate para tener la cosa controlada. Habrá que ver si le sirve de algo o lo mandan a dormir al sofá por atolondrado, que podría ser también porque para darle una colleja por estar mentalmente en su mundo nadie puede decir que no se la merezca jajaja Que sí, que el "pobre" está acostumbrado, pero vamos a ver... Que la cosa apestaba un poquito ya.

Espero que hayas tenido un buen fin de semana vecina a pesar de la maravillosa noticia de otras dos semanitas más... ¡Un bico enooorme!