Yamato se quedó observando a Sora en silencio, todavía pensando en cómo debería de empezar la conversación mientras que ella soplaba su taza tranquilamente, acabando así por dar un trago del chocolate.
- ¿Está bueno? Lo vi el otro día en la tienda y lo traje… Contando que mi padre nos ha tenido secuestrados en casa tampoco he tenido tiempo para probarlo.
- ¿Ha puesto en duda que seas capaz de sobrevivir con Aiko cuidándote?
- Más o menos – dijo divertido, girándose para quedarse más de frente a ella.
- Está muy rico… - contestó, sonriéndole antes de volver a soplarlo para darle un pequeño trago.
- Me alegro… - hizo lo mismo que ella, ganando algo más de tiempo así antes de armarse de valor y arrancar con el tema-. Escucha… Tengo que hablar contigo de algo.
Confusa, levantó la vista hacia él sin haber terminado de tragar todavía, dejando que fuera el rubio quien continuara hablando cuando lo considerase apropiado. Pudo ver como él parecía volver a intentar ganar unos segundos antes de abrir la boca, haciendo así que frunciera el ceño, preocupándose ligeramente.
- ¿Ha pasado algo? – acabó por preguntar.
- No… Sí… No sé – se encogió de hombros-. ¿Te vale como resumen que he descubierto que soy mucho más tonto de lo que ya creía?
- Creo que no te entiendo…
- A ver – se estiró para poder dejar su taza en la mesa-. ¿Te acuerdas de lo del famoso documental?
- ¿Has vuelto a estar gruñendo contra eso?
- No, no es eso… Lo que pasa es yo ya conocía al equipo que ha venido a terminarlo. En teoría empezaron a hacerlo antes de irnos por primera vez a Marte y hasta ahora no se les permitió poder terminarlo. Ya sabes, no quieren que nadie se entere de los desastres que arman…
- Suena lógico – asintió, aprovechando para acomodarse mejor, pasando sus piernas sobre las de él y asegurándose así de dejarlos a los dos cubiertos con la manta.
- Ya… Lo que pasa es que una de las periodistas y yo ya nos conocíamos.
Aquello provocó que la pelirroja volviera a arquear una ceja y que se quedara mirándolo algo más seria, empezando a entender por dónde podía ir todo aquello. Su única respuesta fue asentir levemente con la cabeza para poder dejarlo seguir hablando.
- Yo ya sabes que esa época pues…
- Yamato – lo cortó-. Lo que tú hicieras antes de que volviéramos a vernos es cosa tuya… - aparte, no era una información que quisiera acabar teniendo. En aquella época habían sido completamente libres de hacer lo que les viniera en gana, no necesitaba justificaciones.
- Ya, ya lo sé – posó su mano encima de su pierna, dándole un ligero apretón cariñoso-. Lo que pasa es que desde que me enteré y empezamos con todos los preparativos he tenido a Mai dándome la lata por los pasillos con que tenga cuidado que no le gustaba ni un pelo cómo se estaba comportando conmigo. Y no solo Mai, sino que los otros tres también.
Sora se estiró para poder dejar ella también su taza, prefiriendo centrarse más en la conversación que estaban teniendo que cada vez le estaba gustando menos. Algo le decía que fuera lo que le fuera a decir Yamato, no tenía ni la más mínima pinta de ser algo que quisiera oír.
- ¿Tres?
- Hideki también – se encogió de hombros-. Lo que pasa es que… Yo tampoco notaba nada raro… O no lo quería notar. Hasta me acabé enfadando con toda esa tontería porque el máximo argumento que tenían era las miradas que me lanzaba… - dejó la mirada puesta encima de la mano que había dejado sobre las piernas de ella-. Yo a eso tampoco le di importancia, ¿sabes? No es algo que me preocupe…
- ¿Por qué? ¿Ya estás acostumbrado? – hizo el comentario intencionadamente, buscando relajarlo al notarlo tan nervioso. Confiaba en él a ciegas y aunque no era algo que le hiciera gracia, tampoco esperaba que fuera nada grave como para no intentar facilitarle las cosas.
- Más o menos… - admitió casi que para el cuello del pijama-. Lo que pasa es que… ¿La cena del otro día? Aprovechó par venir a contarme que había discutido con Mai precisamente por eso y yo, como buen idiota ciego que soy, me lo tragué.
- Yamato…
- No, espera, déjame acabar. Como soy idiota y me lo tragué me ofrecí a traerla hasta el centro de la que iba yo para casa de mi padre y ahí sí que no me gustó nada lo que vi, ni su comportamiento. Puede que vaya a tener que darle la razón a Mai y meterme la lengua por dónde me quepa…
- ¿Por qué? ¿Intentó acercársete más de la cuenta?
- No sé si era la intención inicial o solo una declaración de intenciones aprovechando que no había nadie más pero… - negó con la cabeza-. No me gustó ni un pelo. Venga ya, me la encontré en tu desfile del año pasado en Londres y desde entonces sabe la situación en la que estoy. ¿Cómo se le puede pasar por la cabeza que yo…?
- ¿Te la encontraste en Londres? – confusa, se quedó mirándolo-. No me habías dicho nada.
- Estaba entre la prensa de tu desfile, pero solo me la crucé un rato hasta que empezó el pase. Y tampoco es que estos días haya hecho nada extraño, o al menos a mí no me lo parecía… Hasta el otro día.
Sora estaba observándolo. Cualquiera que no lo conociera empezaría a preocuparse seriamente por lo que hubiera podido pasar, pero, por suerte, sabía cómo era Yamato y que posiblemente para él sí que fuera algo bastante grave y que lo podía tener preocupado. No hacía falta que de verdad hubiera tenido que pasar algo como tal para verlo en esa situación.
- Pues… Yo agradezco mucho que me lo cuentes – dijo por fin posando su mano sobre la de él-. No me gusta escucharlo, pero aprecio mucho el gesto.
- No tienes que preocuparte porque yo no estoy interesado en ella y…
- Yamato – lo cortó-, no necesito justificaciones. Evidentemente que no me gusta escuchar que puedes tener a alguien rondándote. No me gusta absolutamente nada… Pero también es cierto que me fio completamente de ti, ¿entendido?
Giró la cabeza hacia ella para poder observarla. Sabía que, conociéndola, esa iba a ser la reacción más esperable en ella. Tampoco él había hecho nada para dar pie a que pudiera enfadarse con él más allá de por idiota. Aunque todo aquello fuera mucho más grave y la periodista lo hubiera rondado mucho más descaradamente hubiera tenido la misma reacción en él. No estaba interesado absolutamente de ninguna de las maneras. Era fácil de entender, tenía a su lado justa y exactamente a la persona que tenía que tener. No existían más opciones para él, tampoco habían existido antes. En épocas pasadas había buscado otra cosa, eso no lo iba a negar ni a empezar a avergonzarse de repente, no lo hacía, pero a la vez, aquello no podía ser más diferente de su realidad actual.
- Ya lo sé, Sora… Pero quería que lo supieras porque no me gustaría que pudieras llegar a malinterpretar algo o a escuchar algo fuera de contexto – se llevó la mano que tenía libre al pelo, revolviéndoselo.
- Y te lo agradezco, de verdad… Y si necesitas que te deje al fénix para que te la espante solo tienes que decirlo – hizo el comentario con toda la intención de que se relajara algo, no necesitando ver el delatador gesto de él para caer en la cuenta-. ¿Puedo preguntar qué pasó exactamente el otro día?
- Nada – contestó-. Lo peor es que nada fuera de lo normal. Pero vamos, casi que me molesta más que haya venido con que Mai le había dicho algo para luego hacer como si nada… No sé si me estoy explicando.
Asintió sin decir en voz alta lo que realmente pasaba por su cabeza, no queriendo empeorarle las cosas a él. Lo que estaba claro es que lo que a él le molestaba era darse cuenta de que parecía que le habían visto cara de tonto y que hasta el momento se habían aprovechado de ello. No le hacía gracia. Una cosa era reírse de él porque no se enteraba de que una turista no le estaba pidiendo indicaciones precisamente y otra muy diferente que un lío de faldas del pasado se estuviera aprovechando precisamente de eso.
Nunca había sido celosa, ni siquiera años atrás cuando no era más que una adolescente que salía con el popular líder de una banda de música. Tampoco habían sido las mismas circunstancias, ni nada que se le pudiera comparar. Pero una cosa era eso y otra que pudiera tomarse aquello como si nada.
- Si te digo la verdad cuando me la encontré en Londres ni siquiera me acordaba de cómo se llamaba…
- Yamato, no me des explicaciones… De verdad – ni siquiera había considerado en su momento contarle ella a él que había estado a punto de casarse-. Mientras que estábamos en Londres también nos encontramos a Ryo y… creo que a la que casi le da el infarto fue a mí. Aunque ahora que caigo… Por eso parecías todavía más incómodo con todo esto.
- Bueno, no te voy a decir que si ya no me gustaba, cuando me di cuenta de quiénes iban a estar en el tema también… - negó con la cabeza.
- Pues no te preocupes por mí… ¿de acuerdo? Más bien deberías de ir a hablar con Mai… Porque me puedo imaginar a dónde le habrás mandado como poco…
Volvió a mirar hacia la pelirroja. Lo cierto era que realmente él no había hecho nada por lo que pudiera enfadarse, pero siempre se le olvidaba el detalle de que era Sora y que lo más probable era que de dónde él hubiera reaccionado de otra forma y se lo hubiera tomado peor, ella hubiera encontrado cómo intentar comprenderlo. No debería de ser nada que le sorprendiera a aquellas alturas.
- Yo por mi parte voy a seguir haciendo como siempre, lo único que he hecho hasta el momento ha sido ser todo lo correcto que puedo dentro del trabajo. Con un poco de suerte mi parte ya está terminada y no hay más excusas…
- Pues ya está – se revolvió, encogiéndose algo más para poder quedar más cerca de él-. ¿Entendido? – esperó a ver cómo se quedaba enfocándola, sonriéndole así-. Te ha tenido que "amenazar" tu padre para que me lo contaras, ¿de verdad?
La cara que puso el rubio lo delató en cuestión de segundos, consiguiendo que se riera ligeramente, quitándole así algo más de peso a todo aquello. Posó la mano que tenía libre en la mejilla de su marido, acariciándola un par de veces con suavidad. Dejó que se la cogiera, siguiendo sus movimientos con la mirada.
- ¿Voy a tener que ir a defenderte yo también? – bromeó, viendo como por fin era él quien se reía con suavidad.
- Oye, yo te dejo si quieres… Suponía que ibas a entenderlo, pero no podía evitar estar preocupado…
- Yamato, me fio de ti a ciegas y creo que hago bien haciéndolo, ¿o me equivoco?
La única respuesta de él fue volverse a reír, inclinándose hacia delante para aprovechar que la tenía cerca y poder dejar así su frente apoyada sobre la de ella, cerrando los ojos unos segundos. Debería de haberse imaginado que aquello era exactamente lo que iba a pasar, a esas alturas de su vida, la conocía más que de sobra como para poder intuirlo.
- Termínate el chocolate o se te va a acabar enfriando – le dijo a la pelirroja-. Y después directa a la cama, que tienes que estar agotada de verdad para que yo te esté dando la lata…
Tuvo que darle la razón dejando ir una leve sonrisa. No se había vuelto a acordar ni de lo uno ni de lo otro debido a la conversación que habían estado manteniendo pero lo que necesitaba era meterse en la cama. Ya tendría tiempo al día siguiente de volver a acordarse del resto del mundo.
Natesgo: igual con el cambio de rubio no se da cuenta. Además, con lo cansada que debe de llegar del viaje y todo lo demás, no creo que tuviera ganas de ponerse más mimosa de la cuenta con él, así que si por usar a alguien de peluche es siempre le viene bien la nena. Que Aiko es peque y por mucho que se empeñe, seguro que mide cosa de una tercera parte de lo que su padre, por no decir cuarta, yo creo que la pelirroja puede salir ganando jajajaja
Pero bueno, parece ser que Sora sabe lo que tiene en casa y que mira, ella vive más feliz en la ignorancia de las que él podría liar o no en su época de soltero. A fin de cuentas, de aquella fingían no saber quién era el otro, estaban en su derecho de hacer lo que les viniera en gana. Otra cosa es la pelandrusca de turno, que sabiendo lo que hay, parece que se ha vuelto insistente como para que él se dé cuenta y eso seguro que ya no le hace tanta gracia esta vez a ella. Por el momento, tenemos una reacción coherente y esperable por parte de ella. Habrá que esperar si es que necesita consultarlo con la almohada o no.
¡Un besito de tortuguita!
ElenaAA23: los correos llegan cuando la página quiere muchas veces además, o no llegan nunca, o aparecen todos juntos. Con eso ya te acostumbrarás porque se suele montar unas fiestas preciosas. Una vez me llegaron a mí TODOS, pero TODOS de golpe y casi me da un algo jajaja Pero bueno, venga, pobrecita página que últimamente tampoco da la lata demasiado ni me vuelve loca más allá de comerse palabras y cosas cuando edito los capítulos.
Gabumon tenía que ser parte del abrazo. Estoy segura de que Sora quiere tanto a esa cosa adorable como si fuera su propio compañero. Aparte del carácter que tiene, por cómo quiere a la nena y, porque, le devolvió al rubio de una pieza cuando nadie hubiera podido apostar por ello. Sin duda que tenía que meterlo en el abrazo aunque se pase dos días rojo él solo.
Yamato sabe con quién vive. Sabe que es un tema delicado y que mejor ir facilitándose el terreno a sí mismo con algo de comida. Y si es dulce y caliente ahora que ella ha vuelto al invierno, mejor. Porque la pobre no tenía motivos para sospechar de la noticia que se le venía encima, que sino seguro que podría considerarse hasta delatador jajajaja Pero bueno, sea o no por el chocolate parece que se lo ha tomado como se lo tenía que tomar. Como alguien que sabe que puede confiar a ciegas en Yamato y que por parte de él no tiene que preocuparse ni lo más mínimo más allá de lo ciego y atolondrado que sabe estar en ocasiones. Ahora habrá que ver si cómo digiere ella esa información en su cabeza, que ya sabemos también como funciona Sora con el tema de quedarse las cosas para sí misma.
Espero que tengas buena semana vecina, ¡un bico grandote!
