Sora abrió los ojos al sentir algo rozar su mejilla y hacerle cosquillas. Lo primero que vio fue un mechón de cabello rubio cerca de su cara. No le dio demasiada importancia, suponiendo que ella misma seguramente se habría acercado a Yamato más de la cuenta por el frío. Con lo que no contó fue que al revolverse algo más y mover su mano hacia él, fue dar con un cuerpo mucho más pequeño.

Sonrió aún sin abrir los ojos durante unos segundos más, ya algo más despierta. Cuando por fin los abrió, pudo ver que lo que la había despertado era Aiko buscando su cercanía y dejando su cabecita encima de su brazo. Amplió más su sonrisa ante la escena de la pequeña. Aquello no era algo extraño, solía hacerlo con bastante frecuencia, pero tras unos cuantos días sin tenerla a su lado le gustaba mucho más lo que estaba viendo.

Miró hacia los lados con cuidado de no despertarla dándose cuenta de que Yamato dormía al otro lado. No quiso mirar la hora para saber si aquella mañana él la tenía libre o si simplemente ella se había despertado antes de la cuenta y aún lo había pillado en casa. Le Servían las dos opciones, no se iba a quejar en aquel momento. Observándolo, no pudo evitar que se le viniera a la mente la conversación que habían tenido la noche anterior y eso hizo que la sonrisa se le esfumase.

Quizás se lo había tomado mejor de lo que debería. No todos los días llegabas de un viaje de varios días y te recibían con la noticia de que un antiguo lío de tu marido se había entretenido en intentar acercarse más de la cuenta. Pensado de esa forma, de hecho, no podía sonar peor… Pero Yamato no tenía la culpa. O al menos solo la tenía de no enterarse de lo que pasaba. Entendía el despiste de él, ya que, les gustara o no, siempre había sido el foco de comportamientos de ese tipo hasta el punto de acabar por normalizarlos. Eso derivaba en que no se diera cuenta de detalles que a otros sí que les parecerían extraños. Pero, no era un motivo por el que enfadarse con él, ni siquiera se le parecía.

Otra cosa era la otra parte del problema, la cual, esperaba que no pensara dar ni un solo paso más, porque no iba a dudar en dejar a Biyomon desquitarse con esos picotazos que llevaba tanto tiempo amenazando con darle a alguien. Quizás debería de enterarse algo mejor de las cosas y eso, sin duda, quizás dependiera de fuentes externas a Yamato. No porque él no le hubiera contado lo que de verdad le importaba, sino porque algo le decía que Mai iba a ser de más utilidad.

Giró la cabeza hacia la pequeña de nuevo, intentando que su humor no se crispase por la mañana, ni mucho menos con los que no tenían la culpa, dándose cuenta de que los ojitos de ella se entreabrían unos segundos.

- Duérmete otra vez – le dijo, llevando su mano al puente de su nariz, acariciándoselo con suavidad, esperando que surtiera efecto, estando segura de que ni siquiera se había llegado a despertar del todo.

Cuando pudo ver como se quedaba dormida de nuevo, volvió a sonreír ligeramente. La niña seguía teniendo el mismo efecto de siempre, hacía que se le fueran de la mente cualquier tipo de pensamientos no relacionados con ella. Decidiendo que la mejor de sus ideas era aprovechar seguir durmiendo un rato más, ya que no tenía pensado ir al estudio, al menos por la mañana.


- Mira a ver si se despierta – le dijo Yamato a la niña, la cual hacía un rato que llevaba rondando a sus padres, habiéndolo despertado a él primero.

Había aprovechado para ir a preparar el desayuno para que todo estuviera listo cuando ella se despertara, habiendo vuelto minutos antes y dejado que la pequeña empezara a rondar a su madre. Le tentaba la idea de dejarla dormir todo lo que necesitara aquella mañana, pero tambien sabía que tendría hambre. Tampoco entraba dentro de sus planes dejarla escaparse de la cama y tenía una buena cómplice para ello.

- ¡Mami! – reclamó su atención la niña, quedándose arrodillada a su altura-. Mami despierta que ya está el desayuno. Papi nos ha hecho tostadas.

Riéndose por la forma en la que la pequeña había decidido intentar llamar la atención de la pelirroja se giró hacia la mesa donde había dejado las cosas, decidiendo ir a por ellas para tenerlas a mano y que no se enfriarse la comida, sobretodo cuando empezó a notar actividad por parte de su esposa, viendo que estaba estirándose, aprovechando para esconderse bajo las sábanas.

- ¡Mami! – repitió de nuevo la niña, divertida ahora por el comportamiento de ella.

- Como no salgas de ahí debajo Aiko se va a comer tu desayuno… Y sabes que no es una amenaza, sino un hecho más que probado…

- Eh, que vengo de pasarme unos cuantos días con Taichi rondando… He estado entrenando – dando señales por fin de vida, se echó a reír, asomando los ojos-. ¿Te parece bonito venir a despertarme?

- Pero huele muy rico…

- Ya la has oído, huele muy rico, así que venga, deja de remolonear…

Dándose por vencida por fin, se arrastró para poder quedar sentada finalmente en la cama, tapándose al notar el frío de la mañana y mirando para uno y para otra. Apenas unos segundos más tarde, tuvo que hacer el esfuerzo de no caerse hacia uno de los laterales cuando la pequeña de ambos dio un ligero saltito para quedarse sentada encima de ella.

- ¿Vas a desayunar ahí? – le preguntó divertido el rubio.

- ¡Sí!

- Ya la has oído. Y venga, que ya que me habéis despertado tengo hambre ahora… - arrugó la nariz y utilizó un tono que provocó que la niña se echara a reír-. ¿Vas a comerte una tostada tú sola?

Viendo como se reía y se apoderaba de la que su padre le tendría, no pudo más que observarla más detenidamente, encantada con lo que tenía delante. Aún por aquel entonces seguía moviendo sus piernecitas cuando comía algo que le gustaba y ese, sin duda, debía de ser el caso. Levantó la vista hacia el rubio para cruzar una mirada divertida con él y acabar tendiéndole la mano para que le acercara también algo a ella.

- ¿Tienes la mañana libre?

- Pues… más o menos. He cambiado un par de turnos para tener hoy el día libre – le acercó la comida.

- ¿A quién le has hecho chantaje?

- A nadie en concreto… Solo le he dado un poco la lata un poco más de la cuenta a Hideki. El cual, por cierto, no me has dicho todavía qué quería…

- Yo tampoco lo sé – se encogió de hombros-. Quedé en hablar con él cuando estuviera de vuelta en Tokio, así que cuando tenga algo de tiempo lo haré. Por ahora yo creo que entenderá que estoy bastante ocupada – movió la mano que tenía libre para pinchar en uno de los costados a la niña-. Oye, ¿has ido a mirar lo que hay dentro de mi maleta? – le dijo en modo confidencial bajando la cabeza hacia ella.

Atenta a las palabras de su madre, se giró hacia ella aún terminando de dar un mordisco, revolviéndose de entre sus brazos para escaparse de la cama e irse a las carreras a donde ella le había dicho.

- Oye, que en casa de mi padre ya no caben más juguetes… La dejé el otro día con ellos y cuando volví tenía juguete nuevo…

- Pues espera que vuelva también Taichi a Tokio… - contestó divertida mientras que la seguía con la mirada, viendo como se ponía a revolver en busca de algo que pudiera ser para ella.

No tardó demasiado en dar con un peluche de un koala, cogiéndolo con las dos manos al dejar su desayuno sujeto en su boca y volver corriendo a la cama abrazada a él, siendo interceptada por su padre a mitad de camino.

- ¿Qué tienes ahí? Vamos a tener que cambiarte la habitación para que puedas tener más hueco donde meter todos esos peluches – alargó él la mano para cogerle la tostada y que pudiera sujetar el peluche.

- ¿Te gusta? – preguntó la pelirroja.

Ocupada en morder de nuevo, contestó a su madre quedándose abrazada al juguete con ganas, pegándoselo lo más que pudo. Es provocó que la mujer sonriera ampliamente, encantada con ello. Era la primera en protestar por el exceso de peluches que tenía la niña pero no iba a negar que solo por la reacción que tenía cuando alguien le aparecía con uno merecía la pena.

- De verdad que si no llega a ser porque conseguí que Taichi se sentara encima de la maleta no sé cómo la habría cerrado, con lo gordito que es, no había forma… - hizo referencia al juguete-. Aunque podría haber venido abrazada a él en el avión…

- Como toda buena adulta – dijo el rubio entretenido-. Además, ¿qué tal dormiste por las noches?

- Muy bien… Alguien me metió una buena compañía en la maleta para que no tuviera miedo – alargó el brazo para pinchar ligeramente a la niña viendo como se reía por las cosquillas-. Acuérdate de cogerlo luego para llevártelo a la habitación, ¿eh? Tengo que meter toda la ropa en la lavadora y…

- Frena – dijo él haciéndole un gesto-. No te me aceleres, que tú no tienes permiso para moverte de la cama en toda la mañana y pienso usar a Aiko para que se asegure de ello.

- ¿Ni siquiera para darme una ducha?

- No, eso más tarde. Que todavía tienes cara de estar agotada, así que solo te vas a levantar cuando esté la comida…

- ¡Eso! Yo no la dejo que se levante, papi.

- Secuestrada en mi propia casa… ¿Tú no me vas a ayudar ni un poco Biyomon? – le dijo a la digimon viendo que se había asomado por la puerta, todavía terminando su propia comida.

- No, cuando hay que darle la razón a Yamato se la hay que dar… Así que si te mueves de la cama te vuelvo a meter yo a picotazos.

El rubio sonrió divertido con las palabras de la digimon, especialmente al ver a su compañero detrás de ella asintiendo con la cabeza. Parecía que tenía la discusión más que ganada. Él también tenía ganas de poder estar un rato verdaderamente a solas con la pelirroja, pero, por el momento, le interesaba más que descansara. Todavía no estaba del todo seguro de cómo estaban el asunto de lo que habían estado hablando la noche anterior.

Frunció el ceño al caer en la cuenta de que él sí que tenía algo importante que hacer aquel día y se quedó mirando hacia Sora.

- Debería de llamar a Mai…

- Deberías, sí – asintió, entendiendo lo que él le quería decir-. Es más, ¿a qué hora sale ella?

- Creo que ella tenía unas prácticas por la mañana y que luego tenía el día libre, ¿por qué?

- Porque deberías de hablar con ella, pero en persona… Que yo creo que es la mejor forma de hacer las cosas.

- ¿Tú crees?

- Sí, y si de paso se trae a esas dos cosas preciosas que tiene por casa para que Aiko tenga con quién enredar un rato… Pues mejor que mejor, ¿no te lo parece? ¿Tú qué opinas? ¿Le decimos a Mai que venga con Nyoko y Tami a jugar contigo? - viendo como la niña giraba la cabeza rápidamente hacia ella con los ojos abiertos de par en par, sonrió alargando la mano para darle un toquecito en la nariz con suavidad.

- Suena bastante bien… Hasta puedo decirle que se traiga a Arata y así al pobre le da un poco el aire…

- Oye, no seas malo… Pero sí, que se vengan y cenamos tranquilamente con ellos…

- ¿Y quién se supone que va a hacer la cena? – dijo con el tono preciso para que ella se diera cuenta de que estaba de acuerdo con el tema.

- Puedes usarlo como ofrenda de paz… - cogió otra de las tostadas para seguir desayunando.


ElenaAA23: el rubio si lo dejas tiene para un par de historias en su cabeza con las paranoias que le da por montarse. Yo creo que si llega a tardar más días ella en volver y tiene que quedarse solo con sus propias ideas empieza a pensar que va a volver durmiendo en Tanegashima él solito con las famosas arañas que había en la nevera cuando volvía de algún viaje tras varios meses en el espacio, que ya lo tenemos más que calado.

Ahora más le vale ir pensando cómo va a sobrevivir a la colleja que le va a pegar Mai cuando vaya con las orejas gachas a decirle que tenía razón y que mira, que lo siente. Va a estar dándole la lata y tirándole de las orejas durante un mes como mínimo. Pero claro, es que no se quería dar cuenta el pobre hombre y ahora debe de tener que pensar cómo lo arregla a base de comida de la que a ella le pueda gustar. Puede recurrir a Aiko como parte de evitar el morir, si la tiene en brazos seguro que no le tira nada a la cabeza. Los tendremos hablando a pesar de todo, tranquila jajaja

Mañana no tengo videoconferencias al menos, solo tengo que corregir. Así que me pondré de mala uva, pero nadie más que el perro lo verá muajajaja Ains... Esperemos que estos días pasen tranquilitos. ¡Un bico enoooorme vecina!