Yamato se giró hacia Sora para comprobar que ya estaba perfectamente vestida y como si no hubiera pasado nada entre ellos, necesitando la pelirroja algo más de tiempo ya que era la que más ropa había pedido por el camino en el momento. Sonrió, quedándose embobado del todo, al ver como tenía en aquel momento la falda levantada y sus dedos terminaban de ajustarse bien una de las medias. Esperó a que terminara, viéndose pillado al levantar la mirada hacia él.
- … - fue a abrir la boca para decirle algo, sin conseguirlo, viéndose interrumpida por el sonido de su estómago quejándose.
- Entendido – echándose a reír sin poder evitarlo, quitó el seguro de la puerta, volviendo al lado de ella, no queriendo abrir del todo tan de repente y que fuera todo demasiado evidente, dejándola apoyada sin más.
- Pues sí, algo me habrá dado hambre… - se encogió de hombros, girándose hacia la mesa para recoger algo de encima-. Anda, ven aquí, que menudos pelos con los que me andas por el mundo…
- Alguna indecente que me habrá atacado… Deberías de dejarle alguna que otra cosa clara – hizo lo que ella le pedía, quedándose delante de ella a la espera, le encantaba que fuera su esposa la que le intentara colocar el pelo y más en una situación como aquella.
- No me des ideas… - se estiró para poder alcanzar bien, notando como se inclinaba para facilitarle el trabajo.
Sonrió, atentó a la cara de concentración de ella mientras que se peleaba con su flequillo, intentando ser capaz de poder dejarlo de una forma no tan delatadora. Sabía que llevaba las de perder, pero le gustaba hacer aquello.
- Deja de mirarme así que no me concentro – le dijo dándose cuenta de que tenía los ojos fijos en ella.
- ¿Por qué? – divertido, sonrió ladeadamente.
- Que no me mires así – protestó, revolviéndose cuando sintió cómo la pinchaba con los dedos en las costillas.
No pudieron más que echarse a reír los dos.
Mai caminaba por el pasillo con una carpeta entre las manos, echando el freno nada más acercarse a la puerta de Yamato. No tenía en mente pararse a saludarlo a aquella hora del día, podía sobrevivir lo que quedaba de jornada hasta cuando solían coincidir entrenando sin discutir con él. Sin embargo, la risa que escuchó, llamó su atención, sobretodo porque venía de dónde venía.
Frunció el ceño, confusa, quedándose mirando hacia la puerta. No solo había escuchado la risa del rubio sino que lo que lo había acompañado había sido también una de mujer. No tardó en volver a escuchar algo, reconociendo entonces claramente la voz de Sora, arqueando ambas cejas. ¿En serio? Aquello provocó que ella también se riera y negara con la cabeza, volviendo a echar a andar, con intención de asomarse.
- ¿Está Yamato? – la voz de Emily reclamó su atención-. Me ha dicho Hideki que le traiga esto para que me lo firme pero que igual estaba reunido.
- Ya debe de haber terminado – contestó automáticamente casi sin pararse a pensarlo-. Adelante, yo solo iba de paso…
Sonrió de manera amable a pesar de todo, tardando unos segundos en darse cuenta de que había dicho que el que la había mandado hasta allí por aquel momento era Hideki, empezando a entender lo que estaba pasando. Cambió poco a poco el matiz de su sonrisa, decidiendo que lo mejor que podía hacer esa quedarse apoyado en la mesa de delante de la puerta, esperando a ver las reacciones de uno y de otro. Posó los papeles que llevaba entre las manos en la mesa, quedándose atenta a lo que pasaba viendo como la periodista, encontrando la puerta abierta, no llamo primero, sino que dio unos ligeros golpes en la puerta mientras que se asomaba buscando así reclamar la atención de aquel que estaba dentro.
Yamato dio un ligero respingo cuando sintió los golpes en la puerta, girando la cabeza hacia allí encontrándose la cara de sorpresa de Emily. Tardó unos segundos más en ser capaz de reaccionar del todo, quitando las manos de la cintura de Sora donde las había terminado posando, carraspeando a la vez que ella retiraba las suyas de su cabello y daba un paso hacia atrás.
- ¿Molesto? – arrancó por fin a hablar la periodista.
- No, ¿querías algo? – pudo ver por el rabillo del rojo como la pelirroja se apartaba, quedando algo más apartada, acercándose a la mesa sin poder ver lo que hacía o no, simplemente pensando que estaría recogiendo algo que hubieran podido tirar antes.
- Necesito que firmes una cosa para poder ponerme a retocar los detalles finales.
- Vale, ahora mismo te lo firmo – alargó la mano para coger los papeles, sin enfocarla todavía, no queriendo que se subiera el color a su cara más de la cuenta, tampoco queriendo pensar en la situación en la que estaba en aquel momento.
Sora aprovechó para dejar en uno de los cajones, de forma disimulada, lo que antes había recogido de encima de la mesa, tomándose unos segundos en aquello, y luego quedándose mirando hacia aquella que los había interrumpido, dándose cuenta entonces de que no llevaba el uniforme de la sede. ¿No era una trabajadora de allí?
Necesitó unos segundos y ver la cara de Yamato para darse cuenta de quién era realmente, no pudiendo más que observarla entre curiosa y sorprendida. Le resultaba muy familiar, pero, era lógico, por lo que le había dicho Yamato también solía moverse por el mundillo de la moda, de manera que era más probable que se hubieran cruzado en algún momento. Intentó no sonreír al darse cuenta de que cuando habían llegado estaban mucho más cerca de lo que deberían, ella todavía colocándole el cabello. En otro contexto podría darle algo de apuro, pero, en aquel, nada más alejado de la realidad.
Se dio cuenta de que la estaba observando, de una manera menos directa que ella, haciendo entonces el esfuerzo de echar a andar de nuevo hacia delante, dejando la mesa tranquila tras haber metido en el cajón lo que ella quería, recogiendo su chaqueta de dónde la había dejado tirada.
- Esto ya está – dijo el rubio girándose con los papeles firmados, dándose cuenta del cruce de miradas.
- Yamato, cuando quieres sabes hacerle honores al mote que te ha puesto Mai de cactus… - puso los ojos en blanco de la mejor forma de fingida inocencia que sabía antes de sonreír-. Creo que ya nos hemos visto alguna vez fuera de estas paredes – alargó la mano-. Sora Ishida, la esposa de Yamato.
- Sí, sé perfectamente quien eres. Ya he estado presente en alguno de los desfiles – asintió aceptando así el saludo y presentación de ella-. Lo siento, no os quería molestar, solo necesito una firma y ya me voy.
- Oh, no, tranquila. Si nosotros ya hemos terminado por aquí y solo estamos esperando para irnos a casa – comentó después de saludarla, notando como él se colocaba a su lado habiendo terminado de firmar los papeles,
Mai estaba escuchando perfectamente la conversación desde fuera, ya que no habían vuelto a cerrar la puerta, teniendo que ladearse desde donde estaba sentada para asomarse ligeramente, consiguiendo que Yamato pudiera verla así, a la vez que escucha las últimas palabras de la pelirroja. Sufrió para no echarse a reír, posando la mano sobre sus labios para que no la escucharan, no tardando mucho en ponerse en pie y hacerle un gesto con los dos pulgares levantados a él antes de seguir por el pasillo rápidamente. Sin duda, Hideki tenía más que derecho de ser informado de lo que había provocado.
Yamato puso un pie fuera de la sede, dejando la puerta abierta para que saliera Sora tras él, agradeciendo el aire frío que le golpeó en la cara automáticamente. Estaba todavía en un estado que no sabría ni cómo definir después de cómo había acabado la mañana. Estaba ligeramente distraído de todo lo que le rodeaba, pero eso era algo normal que derivaba de que cuando estaba íntimamente con Sora, no podía evitar desconectar de la realidad. Pero, sin duda, no esperaba tampoco que nadie fuera a mandar precisamente a Emily allí en aquel momento.
- ¿Quieres hacer una apuesta? – dijo la pelirroja devolviéndolo a la realidad.
- ¿Hm?
- Te apuesto hacer la cena de mañana a que Hideki ha estado muy entretenido conspirando desde que se le ocurrió pedirme socorro a mí…
- ¿Hideki?
- Hideki… A ver si te crees tú que no sabía perfectamente dónde estaba yo todavía, Yamato. Que seguro que lo de mandarla a que la firmaras esos papeles… Si es que se ha enterado hasta Hideki de lo que pasa y tú no – su tono sonó hasta dulce, como si se diera cuenta de lo sumamente inocente que podía llegar a ser él en ocasiones y eso le pareciera encantador.
- Ese es el peor de todos, te lo digo yo… - farfulló, resoplando y provocando que se le moviera el flequillo.
Divertida por la reacción de él, se le acercó para cogerse de su brazo y así aprovechar para darle un beso en la mejilla y poder caminar los dos de vuelta a casa. No se iba a poder enfadar con él ni queriendo por nada de todo aquello, ya que saltaba a la vista que no podía ser más despistado cuando quería. Aunque, más que despistado, ella lo catalogaría como desinteresado. Lo conocía ya más que de sobra como para saber que cuando no iba con él el tema no prestaba ni la más mínima atención. Y eso, sin duda, era lo que había pasado, que no se había percatado absolutamente de nada porque no era algo de lo que quisiera enterarse.
Y lo que más le gustaba de todo aquello era que, si no entraba dentro de su campo de interés era por culpa tanto de ella como la chiquitina preciosa que tenían. Sonrió sin poder evitarlo, delatándose ante él, quien arqueó una ceja al verla.
- ¿Qué? – preguntó.
- Nada…
- Ya, claro – soltó su brazo del de ella, rodeándola con él por encima de los hombros, notando que se había encogido algo más sobre sí misma por el frío-. ¿Estás bien? Si quieres podemos quedarnos a comer por aquí cerca.
- No, ya me aguanto hasta llegar. Me cambio allí y listo, ya me pongo algo que abrigue más.
- Claro, andas por ahí con según qué conjuntos indecentes para hacer sabrán los ancestros qué y luego te me quejas de frío. Como te pongas mala con otra gripe yo no te hago de enfermero, ¿eh?
- ¿Seguro que no? – levantó los ojos hacia él con la mejor de sus caras de pena.
- No me pongas cara de Aiko pidiendo helado, que empiezo a intentar inmunizarme.
- Amor, pocas cosas menos ciertas que esa frase he escuchado salir de tu boca en toda mi vida…
Echándose a reír a sabiendas de que ella no podía tener más razón, siguieron el camino de vuelva a casa. El clima permitía dar un paseo y tenía algo de tiempo para poder aprovechar con ella. Sin duda podían pedir algo para no tener que andar cocinando y así disfrutar del tiempo entre los dos, que desde que había vuelto apenas habían tenido oportunidad.
Mai llegó hasta el despacho de Hideki, viendo que estaba la puerta abierta y que aquel que había ido a buscar estaba distraído mirando su teléfono. Golpeó en la madera varias veces para reclamar su atención viendo como levantaba la vista.
- ¿Pasa algo? porque menuda cara con la que vienes…
- Quiero un autógrafo… ¿Has sido tú?
- ¿Que si he sido yo qué? – algo más perdido de lo que cabría esperar se quedó mirándola.
- Te has perdido la cara de tonta que se le ha quedado a la periodistucha esa cuando se fue corriendo con la excusa que le habías dado a acosar a Yamato…
Pudo ver como posaba el teléfono encima de la mesa, con tranquilidad y sin prisa, acabando por sonreír hacia la piloto, delatándose del todo. No era algo que se iba a molestar en disimular, pero tampoco iba a alardear de nada. Todavía sin contestar, se puso en pie, caminando hasta ella.
- ¿Te vas a comer a casa?
- No, ¿por qué?
- Porque te invito, venga, nos vamos, que no tengo gana de comer solo hoy…
AnnaBolena04: ¿de quién decías que eras fan? Porque yo creo que Mai va a enmarcar el autógrafo de Hideki si es que al final lo consigue. Si es que el siempre serio y digno jefe acaba de conseguir hacer una buena trastada y sin despeinase. Que él solo pidió ayuda por un tema serio de trabajo, no porque ya los tenga calados y supiera que iba a tener la oportunidad perfecta para que Emily se enterase bien de quién era la Sra. Ishida.
Parece que por fin ha ocurrido ese maravilloso encuentro y que las neuronas de Yamato no están demasiado seguras todavía de lo que ha pasado delante de él. Se va a quedar con que la pelirroja parece haberse quedado de buenas y que se lo llevan a casa a comer. Aunque no debe de tener demasiado seguro de si van a empezar por el postre o no, eso habrá que esperar a ver por dónde nos salen estos dos.
¡Un besito de tortuguita!
Natesgo: ¿Verdad? Yo creo que no lo habían estrenado primero por el contexto en el que está. No es como el de Sora en el que hay un paso más libre, así que seguro que no se le puede colar una visita tan fácilmente sin que algún pez gordo lo autorice. Y ahora que han tenido la oportunidad perfecta pues ya ha quedado claro que Sora iba con intenciones de aprovechar la visita.
Y y que estaba, pues dejar claro que ese rubio es propiedad privada a la pelandrusca que se lo anda rondando. Que por parte de él no hay posibilidad a desconfiar porque salta a la vista que lo que le pasa es que ni se entera de la fiesta, pero siempre viene bien hacerle la aclaración de turno a la acosadora del momento y luego irse tan tranquilamente. Y Hideki, sin que nadie pueda sospechar de las que lía, todo digno en su despacho y sin confirmarle nada a Mai, la cual, seguramente desde ese momento se declara fan incondicional de él.
¡Un besito de tortuguita!
ElenaAA23: ¿iban por aquí tus ganas de leer? Jajajajajaja si es que Hideki es el mejor. Si te fijas ya las ha liado antes, como cuando estaban todos revolucionados porque empezaban a ver a Yamato con una pelirroja por la isla y nadie sabía nada y ya se las arregló él solito para tener los honores de conocerla antes que los demás y poder estar puesto al día. Si es que tiene algo más de práctica ganada con la experiencia, eso seguro jajajaja
Y Sora, siempre encantadora, no ha podido hacer más que presentarse. Que deben de ser muy pocas veces en las que se presente de esa forma, no sé por qué me da a mí, pero oye, si hay que recalcar que ese rubio es propiedad de ella y de la nena se recalca como sea. Por si acaso le queda la duda a alguien. Y casi que se puede decir que es una pena que no haya llegado a oír algo más de lo que acababa de pasar allí que seguro que iba a ser poco del agrado de Emily.
Mai va a irse a la cama feliz ese día, está claro. Entre el poder ver la escena desde primera fila y luego darse cuenta de quién es el responsable... Creo que lo considera la compensación de los enfados de los días anteriores, sin duda jajaja Esto va a tardar en olvidársele a ella.
¡Un bico grandote grandote vecina!
