- ¿Te gustó el perrito de Haru? – le dijo Sora a Aiko mientras que iban hacia casa, habiéndose bajado ya del coche y caminando distraídamente.
- Era muy chiquitín – levantó la vista hacia su madre, llevando en la otra mano con la que no estaba cogida a ella el juguete que Hiroaki le había comprado-. Era más chiquitín que el osito.
- Es verdad… Oye, ¿y ese osito?
La risa de la pequeña fue la respuesta que obtuvo, girando la cabeza para ver a Yamato llegar hasta donde estaban ellas, esperando que las alcanzara mientras que se peleaba con la chaqueta por tener una manga enredada. Cuando por fin lo consiguió, aceleró el paso para que pudieran seguir el camino y entrar en casa por fin, sacando así las llaves del bolsillo para abrir.
- Venga, para dentro que hace frío – les dijo dejándolas pasar a ellas primero, bajando la vista hacia Aiko antes de ayudarla a quitarse la ropa de abrigo y los zapatos antes de ver como salía corriendo con el juguete nuevo con todos los demás-. ¿Se lo ha dado mi padre?
- ¿Qué clase de pregunta es eso? – sonrió mientras que se giraba al darse cuenta del gesto de él ofreciéndose también a quitarse el abrigo-. ¿Pedimos la comida?
- ¿Por qué?
- No tengo gana de hacer nada… - admitió cuando volvió a enfocarlo-. Me puse nerviosa hoy por la mañana antes de la reunión y creo que el resto de la historia ya te la sabes…
- ¿Has estado devolviendo de nuevo? Llevas así desde hace unos días… ¿Seguro que estás bien?
- Desde que me confirmaron lo de la reunión sí… - se encogió de hombros, cogiendo las coas de la pequeña para ir a posarlas en su sitio-. Estoy bien ahora, prometido, pero estoy cansada.
Desde que había llegado al estudio había visto a Sora más apartada de lo que quizás hubiera sido normal para ella, y más con la escena que había presenciado nada más llegar. Había dado por supuesto que sería cansancio de la noche anterior, pero ahora parecía salir a la luz lo que realmente pasaba.
- ¿Prefieres que haga yo algo? Igual te vendría bien algo de arroz…
- ¿Me vas a hacer El Arroz?
- Puede…
- ¿Después de que ayer se me cruzaran los cables y te mandara al sofá?
- Es verdad, en ese caso te debería de hacer espinacas… - bromeó, quitándose también su ropa de abrigo-. ¿Sabes qué pasa? Que ayer el altamente cualificado miembro del programa espacial de este país se dio cuenta de que a lo mejor sí que te enfadaba más de lo que le había parecido todo este asunto.
- ¿No me digas? – dijo dejando de lado la mueca que había hecho cuando había nombrado las espinacas.
- Sí, tuvo una buena iluminación. De las grandes ¿eh?
- Bueno, no me hace gracia lo que está pasando, no creo que sea un misterio tan grande – admitió, encogiéndose de hombros-. Pero partiendo de que de lo único que se te puede acusar es de ser un poco tonto, tampoco creo que fuera motivo para nada de lo que te dije… No estoy teniendo unos buenos días.
- Llevas aguantándome los malos humores a mí unos cuantos años, yo creo que puedo sobrevivir a que sea al revés – sonrió, acercándose hasta ella para poder acercársela con intención de poder darle un beso en la frente, viéndola poner una mueca-. ¿Pasa algo?
- Estoy dolorida – esperó unos segundos antes de adaptarse a su contacto.
- ¿Dolorida? – arqueó una ceja.
- Sí, creo que son las costillas y me refleja todo por aquí – se señaló hacia la parte superior del torso-. Estuve un rato abrazada al retrete, ¿vale? Son agujetas ya…
- No tienes remedio – negando con la cabeza, ahora con mucho más cuidado, hizo lo que había tenido intención al principio-. Vete a ver qué anda haciendo Aiko, ya hago yo la comida y os aviso cuando esté.
- ¿Tienes tiempo?
- Tengo la tarde libre – asintió-. Hideki que a veces es el mejor cómplice que tengo a mano…
El gesto de ella cambió, volviéndose una sonrisa mucho más amplia al escuchar que tenía la tarde para estas con ellas. Quizás ella también se la tomara libre, estaba demasiado cansada para todo y no se veía con intenciones de estar en el despacho. Tenía diseños que retocar y eso, sin duda, podría hacerlo desde casa.
No pudo evitar sentirse mal con Yamato mientras que lo seguía con la mirada de la que volvía a la cocina. Quizás la noche anterior se había tomado las cosas demasiado a malas con él, especialmente cuando lo había echado. No había sido una reacción propia de ella, lo tenía que admitir, pero, tampoco había sido una situación común.
Llevaba toda su vida conviviendo con aquello, lo admitía. No era algo nuevo. Desde siempre había podido ver desde primera fila como Yamato no pasaba precisamente desapercibido. No era una sorpresa de última hora, y, muchas veces, se lo había tomado como algo gracioso al ver los apuros que pasada. Incluso ahora, siendo ya un adulto, cuando pasaba algo así, solo le faltaba buscar dónde esconderse. Pero ese caso era diferente.
Chasqueó la lengua, decidiendo hacer algo útil y recoger las chaquetas de todos, caminando hacia el vestidor para dejarlas en su sitio. Una de las habitaciones sobrantes de la casa la habían utilizado para meter toda la ropa. Les había llevado bastante tiempo, pero porque Yamato había pasado mucho más tiempo del que debería entretenido con las perchas chiquitinas de Aiko y luego, viendo la ropa de ella colocada. Ese pensamiento provocó que sonriera, volviendo a sentir la punzada de culpa de antes, quizás algo más intensa en ese momento.
Arrugó la nariz en una mueca bastante característica de ella cuando algo no le gustaba. Posiblemente Haru tuviera razón y no hubiera podido dejar que todo aquello le afectara y notar la punzada de celos. Eso tampoco era nuevo, recordaba perfectamente la vez que lo había sentido. Y Yamato aún tenía una marca en la ceja que lo demostraba, sin necesidad de que ella hubiera tenido que decirle nada. Sin duda, la situación no podía ser más diferente. Pero no era lo mismo ver como alguien que ni siquiera lo conocía le ponía ojitos, que sabes que la que lo estaba rondando, en algún momento, había sido parte de su vida. Aunque en este caso fuera más bien parte de su historial de cama.
- ¡Mami! – la voz de Aiko al devolvió a la realidad, viéndola entrar correteando tras ella con el juguete que su abuelo le había regalado ese día-. ¿Has visto qué bonito?
- Tu abuelo va a tener que pedir una subida de sueldo en el trabajo con la de cosas que os compra. Y como se lo enseñes a tu otro abuelo, él también, porque irá corriendo a comparte otro – sonrió, quedándose mirando hacia el juguete, antes de fijarse en que la pequeña caminaba hacia ella. Amplió su sonrisa, agachándose para quedar a su altura-. ¿Sabes una cosa? – esperó a ver como negaba-. Hoy tenemos la tarde libre los dos… Así que nos va a hacer la comida papi.
Se fijó en cómo Aiko se quedaba mirándola antes de acercarse más a ella para pedirle que la cogiera, respondiendo rápidamente al rodearla con los brazos. Llevaba unos días que estaba especialmente mimosa con ella, quizás la estaba notando algo más nerviosa o era capaz de darse cuenta de que tenía demasiadas cosas pasando por su cabeza. Se levantó cogiéndola con ella.
- Y creo que tenemos arroz en el menú, ¿qué te parece? Uy, vaya mimos que tienes tú hoy – le dijo al verla esconder la cabecita contra ella, agachándose para darle un beso en el cabello-. ¿Te pongo el pijama y así estás calentita y cómoda? Venga, ven conmigo. Podemos estrenar el que tenemos a juego las dos…
Hablando así con la pequeña salió del vestidor de camino hacia la habitación de ella donde tenía el pijama para luego llevarla a la principal y así poder ponerse ella cómoda también. Sin duda, su plan de tarde había mejorado mucho más de lo que hubiera podido imaginarse.
Yamato terminó de dejar todo listo, colocando la tapa en su sitio y esperando que la comida terminara de hacerse. Después de la nochecita que habían tenido un plan tranquilo no le podía sonar mejor. Y más sabiendo que Sora no se había encontrado bien por la mañana. Entraba dentro de sus planes no dejarla hacer gran cosa e incluso intentar convencerla para que se echara a dormir un rato. Por suerte, tenía a la mejor cómplice a mano y seguramente Aiko lo fuera a ayudar con eso. Nadie mejor que la pequeña para convencer a cualquiera de que se echara una siesta con ella.
Revisó que todo estuviera bien antes de salir de la cocina para ir a cambiarse de ropa y no ensuciarse, llegando hasta la habitación y viendo a Sora sentada en la cama con Aiko sobre sus rodillas jugando con ella a que pareciera que la dejaba caer, provocando que se echara a reír. Se fijó en que se habían puesto el pijama las dos y que iban a juego, teniendo que sonreír mientras que se quedaba apoyado en la puerta.
- Mira Aiko, tenemos vigilancia… - le dijo ella a la pequeña al darse cuenta.
- Tengo hambre, papi…
- ¿Tienes hambre? ¿Tú? Jamás me lo hubiera imaginado – le dijo él mientras que por fin se adentraba en la habitación-. Pues la comida ya esta casi lista, así que voy a ponerme cómodo yo también.
- ¿Quieres que vigile yo?
- No, tranquila. Lo he dejado terminando de hacerse con el fuego al mínimo – explicó antes de empezar a revolver en busca de su pijama-. ¿Dónde se han metido estos dos?
- Pues… No tengo ni idea, pero, conociéndolos… ¿No se había vuelto a enganchar Gabumon al programa de Mimi?
- ¿Puedo ir a buscarlos mami?
Dejó a la pequeña en el suelo, siguiéndola con la mirada cuando salió correteando de la habitación en busca de los digimon, quedándose donde se había sentado, recogiendo de la cama unos segundos más tarde la camisa que Yamato acababa de dejar encima de la cama tirada para colocarla bien y que no se arrugara.
- Oye, esta vez no me has dado tiempo ni de quitármela casi… - dijo al darse cuenta.
- Deja de protestar – caminó hacia la silla en la que la iba a dejar colgada para que se estirase, dejándola pegada a ella para disfrutar del calor y del olor característico, dejando ir una leve sonrisa-. ¿Cómo te han dado la tarde?
- No me la han dado, ya la tenía libre por el horario. Querían ponerme una reunión de tarde, pero Hideki me salvó – se encogió de hombros al explicar aquello, prefiriendo no entrar en detalles sobre el motivo de la reunión-. ¿Estás mejor ya?
- ¿De qué? – confusa, frunció el ceño.
- ¿No me dijiste que habías estado revuelta por la mañana? – estuvo a punto de perder el equilibrio al ponerse bien el pantalón.
- Sí, pero fue antes de la reunión… No estoy enferma ni nada, ni que no me conocieras ya…
- Bueno, pero eso no quita que ahora puedas seguir algo mal…
- Sobreviviré, tranquilo. Y creo que este pijama de peluche y el menú que tengo hoy para comer va a ayudar bastante con ello.
- Tú ten cuidado no te confine en el sofá o en la cama toda la tarde con Aiko como guardiana o a modo de peluche, según la veas más a mano – se quedó mirando hacia ella, viendo como sonreía antes de que meter la cabeza dentro del pijama.
- Esa chiquitina está supermimosa hoy, aviso. Lleva toda la mañana rondándome hasta que llegó Andrew con la bolita de pelo que claro, nos la dejó hipnotizada. Ya te veo cumpliendo lo de la tortuga…
- ¿Tú crees? – divertido, se acercó hacia ella.
- Totalmente, aunque tampoco es garantía de que Gabumon no te gruña, claro…
Natesgo: más bien, si lees bien, la cosa va de que posiblemente hayan estado bromeando con el tema y ella le haya dicho que lo que quiere es un perro jajajaja Que es mi típica contestación cuando el típico idiota de turno viene a hacer la gracia desde que tengo memoria, porque una de las típicas batallitas más repetidas de la historia en esta casa es cuando una señora me enseñó de pequeña a su nieta repollo y me preguntó que si no quería una hemanita así y le espeté que yo lo que quería era un perro jajajajaja
Y posiblemente sea un ser cargante para él. Teniendo en cuenta que será una cosa hiperactiva, revoltosa a más no poder y a la que le dará miedo hacerle daño para quitárselo de encima como le pasaba con Dai el pobre loe quiere es huir. Es eso o darle con la pata y mandarlo a pastar un rato y seguro que se le iba a enfadar la tortuguita. El pobre que es un incomprendido. Menos mal que ya está en casa a salvo de todos los males.
¡Un besito de tortuguita!
ElenaAA23: jajajajaja yo voto por lo segundo, que además seguro que así se entretiene con semejante terremoto por casa cuando él no esté. Aunque por lo que he escrito yo ya voy avisando de que al que pasa a chantajear emocionalmente es a él el animalillo jajajaja Si parece que la pobre Aiko está más preocupada por poder hacerle daño a la bolita de pelo que otra cosa. Yo creo que por ese frente puede estar tranquilo todo el mundo cuando venga de visita el "nene chiquitín" o le aparezca su propio digimon. Aunque tampoco se va a sorprender nadie con ella ya.
La nena era amor y no una cosa hiperactiva y cansina jajajaja Yo creo que es lo que le pasa, que él es muuuuy tranquilo y estos bichos peludos son el mal de bebés. El mío se entretenía en vigilarnos cuando estábamos por casa para luego, cuando no mirábamos, irse corriendo a arrancar las hojas a la una planta que teníamos jajaja Entre eso, ser polvorilla, ir con él mordiéndote los pantalones y a rastras por toda la calle... El pobre Gabumon está muy estresado pensando en la idea de que la nena fuera a pedir uno así, que ya sabe él que con el padre tienen la batalla perdida y que le d a la nena todo lo que pide.
Y por lo que se ve a la nena grande también, porque poca falta le ha hecho a ella rondarlo para conseguir que le haga la comida después de haberlo mandado la noche anterior al sofá. Aunque también vamos a decir que tiene razón, lleva ella ya muchos años aguantándole a él el modo cascarrabias y que mira, por un día que a ella le dé por ahí - y con motivo - tampoco puede protestar demasiado. Por el momento perece que han llegado a un buen entendimiento y que la cosa se va a solucionar en paz y con comida. Suena razonable.
Un bico grandote, vecina.
