Sora se quedó mirando su reflejo en el espejo. Se había apoderado del baño de la habitación del hotel, tomándose su tiempo. Aquella noche iba de invitada y no tenía que preocuparse más que de disfrutar de la noche con Yamato. Y, eso era exactamente lo que se había propuesto, empezando porque quería ver la cara que ponía cuando viera el atuendo que había escogido aquella noche.
Llevaba unos días no encontrándose demasiado bien, ni física ni anímicamente. Había estado encontrándose mal, cansada y sin ganas de hacer nada los últimos días, y, aquello sumado a que cada vez que se acordaba de la existencia de cierta periodista se ponía de mal humor con un facilidad impresionante, habían provocado que aquella noche tuviera intenciones de olvidarse de todo. Empezando porque necesita un empujón a su autoestima, el cual se había terminado por ver afectado con todo aquello.
Sonrió a su propio reflejo cuando terminó de arreglarse, guardando las cosas en su neceser y aprovechando para colocarse los zapatos antes de salir. Se había perdido con Haru una tarde entera para buscar algo qué ponerse, acabando por ser secuestrada entre los modelos de muestra de los últimos proyectos de Andrew y probándose algunos de ellos bajo amenaza. Y no se arrepentía de haberse dejado amenazar. Sin duda no solía vestirse de un tono como aquel con mucha frecuencia, pero, el rojo oscuro, casi granate de su vestido contrastaba mucho con la palidez de que piel de aquella época del año.
La primera vez que lo había visto, había tenido serias dudas de ser capaz de meterse dentro de él, pero ahora se alegraba de haberlo intentando ya que, de cintura para arriba, se encajaba a la perfección a su cuerpo marcando cada una de sus curvas justa y exactamente cómo debía. Posiblemente hubiera protestado con que era demasiado, ya que tenía tirantes finos y un escote, de nuevo, más pronunciado de lo que ella estaba acostumbrada, pero, al encajar tan bien en ella, no se movía y no enseñaba nada que no debiera enseñar. Y, lo que la había terminado de convencer era el largo y forma de la falda, la cual no se ajustaba a ella y llegaba por debajo de las rodillas, contrastando perfectamente con la parte superior.
Se había recogido el cabello para que destacar aún más el efecto del vestido, dedicándole algo más de atención a la hora de maquillarse, sin salir de su linea sencilla. Y el resultado completo era de su agrado, la sonrisa que se había dibujado en su rostro lo delataba. Terminó de ponerse la pulsera que Yamato le había regalado tiempo atrás en Londres, encajando perfectamente con lo que llevaba puesto antes de salir, esperando pillar a Yamato desprevenido.
Tuvo suerte, ya que cuando salió estaba distraído sentado en la cama contestando un mensaje en el teléfono, sin estar pendiente de ella, dándose así su tiempo para avanzar unos pasos hasta quedarse colocada enfrente, carraspeando para llamar su atención.
- ¿Ya estás? – le preguntó, todavía tardando algo más en levantar la vista hacia ella, terminando de contestar a su padre, guardando el teléfono en su bolsillo.
- Yo diría que sí – contestó, quedándose atenta a su reacción.
Yamato se tomó su tiempo aún, no esperándose la jugada de Sora tan de repente, enfocándola por fin y quedándose procesando lo que tenía delante unos segundos más de lo normal. No mentía cuando decía que a él, incluso recién levantada con el pelo apuntando para cada lado de la casa y la cara de estar todavía intentando mantener los ojos abiertos, le gustaba. Lo decía completamente en serio. De manera que cuando se encontraba algo delante de sus narices y sin verlo venir necesitaba su tiempo para ser capaz de reaccionar a lo que veía.
La sonrisa en el rostro de ella, delataba que lo había hecho con aquella misma intención. Parpadeó un par de veces, aprovechando que al estar sentado tenía mejores vistas de todo, tomándose su tiempo para deleitarse la vista con lo que estaba viendo, consiguiendo por fin ponerse en pie y acercarse hasta donde estaba.
- ¿Te parece bonito?
- ¿El qué? – amplió su sonrisa sin poder evitarlo.
- Ya te lo he dicho alguna que otra vez, si buscas formas de quedarte viuda se me ocurre alguna que otra menos cruel.
- ¿Cómo iba a querer yo eso? ¿Qué le cuento luego a Aiko que ha pasado con su padre?
- Ese es tu problema por hacerme semejantes cosas – posó las manos en su cintura, pero no para acercárselas, sino para que girase y poder verla mejor escuchando como se reía, no ayudando para nada a que la atención del rubio se centrase.
- Como me sigas mirando así no sé si también tendré que hacer alguna acusación en tu contra – le dijo, quedándose frente a él.
- Le tengo aprecio a Andrew, ya lo sabes. Pero ahora mismo me estoy pensando muy seriamente darle plantón porque se me están ocurriendo muchas cosas para hacer ahora mismo que iban a ser mucho más de mi agrado – tiró de ella para dejársela pegada, notando como posaba sus manos encima de sus hombros.
- ¿Te gusta?
- ¿Qué clase de pregunta es esa?
- Me apetecía arreglarme algo más hoy… Creo que me va a venir bien – admitió, prefiriendo dejar las cosas claras.
Se dio cuenta del tono que había usado ella, arqueando levemente una ceja durante unos segundos. Podía llegar a entender a lo que se refería con aquello, y, le gustaba escuchar que parte de aquel aspecto era precisamente para ella misma. No iba a ser él quien protestara y, si aquello mejoraba su humor y su estado general de aquella última semana, más que le iba a gustar el aspecto de ella de esa noche.
- Estás preciosa – le dijo, sonriéndole antes de inclinar la cabeza ligeramente hacia abajo, dándose cuenta de la altura que había ganado con el calzado-. Y alguna que otra cosa más que no es apropiado decirle a una respetable mujer casada – murmuró aquello en su oído, con un tono algo más provocativo, antes de dejar un beso en su cuello.
Pudo ver como de forma inmediata la piel de ella se erizaba a modo de respuesta, dibujando una sonrisa en los labios antes de repetir el gesto algo más estudiadamente, ampliándola al sentir cómo dejaba escapar el aire.
- Yamato, vamos a llegar tarde – dijo con el fastidio presente en la voz.
- ¿Y qué? – divertido, la apretó algo más contra él.
- Pues… que tenemos toda la noche para nosotros dos… - ya tendría tiempo para intimar más tarde.
- Bueno, yo creo que todavía vamos algo bien de tiempo. ¿No te parece? – dejó que sus manos perdieran altura posándose en la cadera de ella.
- Yamato… - murmuró en tono de advertencia-. Todavía tenemos que llegar hasta dónde está el evento y aunque dudo que pueda comer gran cosa con este vestido, creo que debería de tener tiempo de cenar algo primero.
Se echó a reír sin poder evitarlo al escuchar el tema de la comida y del vestido. Se tomó su tiempo antes de soltarla a pesar de todo, volviendo a dejar un beso en su cuello antes de dejarla ir, manteniendo el gesto divertido en el rostro.
- ¿Esta vez ha priorizado la comida?
- Pues… Con la semanita que llevo yo creo que si pretendo sobrevivir la noche o incluso poder tomarme algo tranquilamente más me vale aunque sea picotear algo…
- Si el motivo es ese, no vas a picotear nada, vamos a bajar ahora para ir con tiempo y así podemos cenar algo en el restaurante…
- No, ahora no – se le escapó en un tono casi que podría haber sido propio de Aiko-. ¿No te apetece cenar tranquilamente a la vuelta?
Echándose a reír sin poder evitarlo, decidió dejarla a su aire, limitándose únicamente a recoger los abrigos de ambos de encima de la cama para que no le entraran de nuevo tentaciones con respecto a su esposa, cogiendo el de ella para poder ayudarla a ponérselo.
- ¿No deberías de abrigarte algo más?
- Tengo la bufanda…
- ¿Bufanda? ¿Vas a ir con una de tus bufandas gigantes en las que te escondes con semejante look?
- No, voy a ir con una de mis bufandas serias. Y, para que lo sepas… - se estiró para quedar de puntillas, agarrándolo de las solapas de la americana azul para que se agachara algo más y poder hablarle al oído-, tengo más frío por las piernas por culpa de los gustos de alguien…
No necesitó muchas aclaraciones de la indirecta que acababa de lanzarle, entendiendo a lo que se refería. Tampoco iba a decir que fuera mentira, y prefería no intentar entrar al juego de interpretar del todo sus palabras y empezar a echarle imaginación a lo que pudiera haber por debajo del vestido porque, entonces, ya podían llamar Andrew y Haru lo que quisieran que no pensaba descolgar el teléfono ni para mandarlos a paseo.
- Anda… Vamos… - decidió no mostrar demasiada reacción a sus palabras, dejándola terminar de vestirse, colocándole él bien la bufanda antes de hacer él lo mismo y ponerse su abrigo-. Oye, no pensarás conducir tú así, ¿verdad?
- ¿Por qué? – preguntó, girándose hacia él tras coger su bolso, divertida, entendiendo por lo que lo decía.
- Anda, dame las llaves…
Asintió, metiendo la mano en el bolsillo y dándoselas. Sin duda, ni el calzado ni la indumentaria iban a dejarla poder hacerlo tranquilamente, y tampoco le molestaba que fuera él quien la paseara. Se acercó a terminar de colocarle bien los cuellos, dedicándole una sonrisa.
- ¿Vamos?
- Vamos… Y así de paso tengo unas palabritas con el anfitrión sobre lo que tiene guardado en sus colecciones privadas y el uso que deja a su querida mujercita darle…
- ¿Cómo…? – divertida porque se hubiera dado cuenta del origen de lo que llevaba puesto, echó a andar a la vez que lo miraba confusa.
- Que ya os tengo calados a los tres, que aquí la víctima soy yo y nadie puede negarlo.
- Sí… La víctima y el principal dis… No, la víctima – sonrió. Aquella noche no solo se había arreglado por él, sino porque le apetecía. Prácticamente se podía decir que se había vestido de esa forma para sí misma. Y por el momento parecía que le había sentado bien.
Esperó que el rubio cerrase la puerta antes de volver a acercarse a él y buscar su mano para salir caminando tranquilamente. Hacía ya bastante tiempo que había decidido que le daba exactamente igual lo que quisiera decir la gente sobre las costumbres. Si a ella le apetecía ir así por la calle, iba a ir. Y si había alguien que tenía que protestar, podía hacerlo, que a ella no le podía importar menos.
- Además – le dijo pasado un rato-. Deja de protestar, que a este paso voy a tener que andar vigilándote el atuendo cada vez que vamos a alguna parte.
- ¿Vigilando?
- Sí, ¿voy a tener que hacerte algo yo para cada vez que me acompañes a algo así?
La miró sin entender muy bien a lo que se refería. Se acordaba perfectamente de la vez que le había salido con la sorpresa de haberle diseñado algo en exclusiva para él, pero no terminaba de captar el matiz de sus palabras hasta unos segundos más tarde cuando se fijó en cómo lo estaba mirando. Entonces sonrió.
- Eh, también tengo derecho a defenderme. Lo que pasa esta vez es que has ido a traición…
- Es culpa tuya.
- ¿Mía?
- Sí, porque me quería poner la pulsera que me regalaste en Londres y tenía que buscarme algo que conjuntara – se echó a reír tras haber usado la peor de las excusas-. Estás muy guapo hoy…
A pesar de la cantidad de tiempo que llevaban juntos y que, sin duda, minutos antes había sido él quien había estado diciéndole lo mucho que le gustaba su aspecto aquella noche, no pudo evitar que el rubor subiera a sus mejillas, estando a punto de revolverse el pelo.
ElenaAA23: sus abuelos deben de verla posar los ojos en algo y ya estarán corriendo a comprárselo jajajaja Que la nena no tiene pinta de pedir gran cosa, pero es que no le debe de hacer falta. Eso le pasa por ser la buena de la familia, no como los otros dos terremotos, que tiene el abuelo completamente dominado. Y por le otro frente como es la primera y única nieta ya ni se dice.
Yo creo que ha vuelto a al normalidad y que además ha vuelto con ganas de dejar un poco tonto a su marido. Además, le viene bien a ella misma para estar algo más contenta, que siempre nos viene bien eso de aprovechar un día para adecentarnos un poquito más. Porque aunque seamos como ella y tengamos otras muchas prioridades por encima del aspecto seguramente que tener a Yamato detrás cual buen perrito faldero le sirve bastante.
Aunque, como bien dices tú, también lo deja KO si se pone un pijama adorable a juego con la nena. Si es que no lo tiene demasiado complicado con él. Menos mal que ya lo tiene asumido el pobre hombre y vive feliz con ello. A ver qué tal se les da la noche a estos dos, que ya sabemos que cuando se escapan sin compañía suelen entretenerse más de la cuenta.
¡Un bico grandote!
