Andrew se había girado hacia aquella que le había hablado, confuso, sin haber sentido que alguien se les hubiera acercado. Haciéndole un gesto de disculpa a Yamato, decidió atender a la periodista cuando le explicó el medio para el que trabajaba y se presentó.

- Muchas gracias – dijo ella-. Serán solo unas preguntas rápidas, tampoco quiero molestarle…

- Tranquila – sonrió-. Y por favor, de tú, que no va conmigo tanta formalidad…

Yamato se había quedado al margen, pensando si sería demasiado sospechoso que de repente le entrara a él gana de ir al baño. Por otro lado, tampoco tenía gana de que ella cayera en la cuenta de que las cosas habían llegado a tal punto en el que al rubio le fuera necesario darle esquinazo para evitarse problemas. Decidió quedarse, entretenido en terminarse tanto lo que tenía en su copa como en la que Sora le había dejado en la mano, esperando que, con un poco de suerte, de verdad le acaban entrando ganas de ir al baño. El sonido de un teléfono provocó que diera un respingo, llevando los ojos hacia el otro presente en el grupo viendo como hacía un gesto de disculpa antes de contestar.

- Vengo ahora mismo… Es una llamada importante – anunció segundos más tarde-. Espera aquí y ya terminamos cuando cuelgue. Cinco minutos, prometido…

Estando a punto de atragantarse con lo que estaba bebiendo, cuando escuchó esas palabras estuvo seguro de que el pánico se vio reflejado en su cara. Aquello, sin duda, era lo último que necesitaba y más cuando Sora se había ido y no sabía cuando iba a volver.

- ¿Quién me iba a decir a mí que te iba a encontrar ahora por los desfiles de moda? – escuchó que le hablaba por fin, teniendo que enfocarla.

- ¿De verdad te extraña? No creo que te tenga que explicar con quién he venido…

- No lo digo por eso, sino porque nadie diría que es lo que te pegaría. Y tampoco te pega demasiado…

- Tampoco me importa mucho lo que la gente piense que me pega o no – se encogió de hombros.

- Estoy aquí de pura casualidad, deja de hiperventilar – habló, divertida-. Como estaba en Tokio me pidieron a mí que viniera, no te ando siguiendo, te diga lo que te diga tu querida Mai.

- Ya te dije el otro día que hagas el favor de dejar a Mai fuera de esto. O mira, si quieres dedicarte a tirarte de los pelos con ella por los rincones, por mí perfecto… Pero a mí no me metas.

- Yo no te meto, Yamato. Te mete ella… - se encogió de hombros-. Te veo muy solo, ¿dónde te has dejado a la niñera? No creo que sea muy buena idea dejarte por aquí tan solo con esas pintas, uno nunca sabe con lo que se puede encontrar…

Puso los ojos en blanco. Normalmente hubiera tomado ese comentario como lo que seguramente era, algo más en broma que en serio, pero habían llegado a un punto en el que prefería ponerse a la defensiva antes de cualquier otra opción.

- ¿Por qué debería de preocuparme por eso? Que me encuentre con lo que tenga que encontrar, otra cosa es que yo tenga que reaccionar de alguna manera.

- Antes no eras tan aburrido… ¿Qué te pasa? A ver…

- Sabes perfectamente lo que me pasa. Yo creía que las cosas estaban más que claras desde el principio…

- Oh, venga ya… Bueno, claras sí que estaban no te lo voy a negar, pero hasta dónde yo sabía, contigo a no ser que hubiera segundas intenciones de por medio había que utilizar el traductor de gruñidos.

- ¿Quieres que te las aclare ahora?

- No, gracias… Estoy trabajando.


Sora se quedó en el baño, cerca de la ventana, disfrutando del aire fresco que entraba por ella. Eso, sin duda, era lo que necesitaba para relajarse un poco. Estaba esperando a que Haru saliera, tomándose su tiempo en dejar la mente en blanco, cerrando los ojos unos segundos.

- ¿Te pasa algo? – le preguntó ella cuando salió.

- ¿Hm?

- Tienes mala cara… ¿Te encuentras mal?

- ¿Te acuerdas de la petarda que anda rondando a Yamato? – soltó de golpe, viendo la oportunidad perfecta para desahogarse y no pagar con el rubio una culpa que no tenía-. Pues… ¿a que no sabes quién está entre la prensa esta noche?

- ¿Qué?

- Lo que oyes… Acabo de verla entre la gente – giró la cabeza hacia su amiga para observarla-. Es mala suerte, lo sé, pero… ¿qué narices pinta esa aquí hoy?

- Pero… ¿Cómo que está aquí?

- Pues estando, Haru. Debe de haber venido a trabajar. Es Andrew, es más famoso en Occidente que aquí, tiene hasta sentido… Pero anda que no habrá periodistas. ¿Les presento a mis suegros? Yo le digo a Natsuko que vaya a hacerle una entrevista a Andrew si hace falta…

- Sora, eres muy graciosa cuando estás celosa, que lo sepas… - bromeó-. Si es mala suerte y solo está aquí por trabajo, pues aprovechas para pasearte tal cual estás hoy con Yamato babeando detrás, como lleva toda la noche, y que os vea en primea fila. ¿Queda claro? Y si se pone pesada aprovechamos que tenemos enchufe con el homenajeado y seguro que la echa.

Tuvo que echarse a reír ligeramente con las palabras de ella. No sabía exactamente qué le gustaba más como sonaba, pero sin duda eso había terminado de relajarla algo más. Se separó de la pared en la que había estado apoyada, acercándose al espejo para comprobar que todo estuviera correctamente.

- ¿Qué? ¿Te ha dicho algo del vestido?

- Haru… Solo te diré que quizás ahora mismo hubiera sido mejor dejarlo con sus intenciones cuando me vio aparecer ya vestida. Me habría evitado algún que otro mal rato… - no solía hacer comentarios como aquel con mucha frecuencia, lo cual llamó la atención de ella-. Deja de mirarme así… Me tiraste a la cabeza el vestido precisamente con esa intención… Así que venga, anda, vamos a volver antes de que se monte una paranoia él solo sobre que estoy enfadada y le estoy dando esquinazo…

- Totalmente cierto – divertida, se acercó hacia la puerta para abrirla, notando que ella le hacía un gesto antes.

- Espera, que aprovecho – se subió ligeramente la falda para colocarse bien las medias y así no tener que preocuparse más por ellas.

- ¿En serio? ¿Qué piensas hacer tú esta noche cuando te pierda de vista?

- Bueno… negaré haber dicho esto – comentó distraída mientras que terminaba de colocarse bien-, pero puede que sepa perfectamente los puntos débiles del importante astronauta con el que estoy casada…

Sorprendida de nuevo de la forma de hablar de la pelirroja, decidió no darle más importancia, ahora sí, esperando a que llegara junto a ella para abrir y poder volver a la sala en la que tenía lugar el evento.

- ¿Sabes qué? Tienes razón, incluso me parece bien que esté aquí. Que nos vea bien esta vez, que igual aprovecho para que se me olvide un poco la mentalidad del siglo pasado de este país…

- Anda, camina… Que tú debes de tener encima un manojo de hormonas que no hay ni por dónde cogerte, que con las subidas y bajadas de esta semana o te acusamos de locura transitoria o no te veo tan bipolar desde que estabas esperando a Aiko…

Sora no la estaba escuchando ya que desde la entrada podía ver perfectamente a Yamato donde lo había dejado, solo que con una compañía totalmente diferente. Automáticamente todo su buen humor se estaba esfumando con cada segundo que pasaba. Sin darse cuenta de que se había detenido, Haru tropezó con la pelirroja.

- ¡Sora! – protestó, tardando unos segundos en ver lo mismo que ella-. ¿Es esa?

No necesitó que le contestara al ver la cara que estaba poniendo. Sin duda, era la periodista de la que llevaba oyendo hablar aquellos últimos días. Y sí que le sonaba haberla visto en otros eventos, pero nunca hubiera pensado que tuviera algo que ver con Yamato. Y también entendía que a Sora le pudiera llegar a molestar tanto, ya que, de entre todos los casos con los que se había cruzado, era bastante llamativa.

Por suerte, pudo ver como Andrew se acercaba también a donde estaban los otros dos, guardando el teléfono en el bolsillo con gesto de disculpa. Dudó unos instantes antes de hacerle un gesto a Sora para que esperase allí, echando ella a andar hacia donde estaban los otros tres.

- Perdón por la espera – estaba diciendo justo él-, era importante.

- No te preocupes – contestaba la periodista justo cuando Haru se les unía.

- Andrew, ya me quedo yo con Yamato, tú vete tranquilo a responder lo que necesites – contestó con amabilidad y la mejor de sus sonrisas.

- ¿Segura?

- Sí, sí… Ya nos quedamos aquí metiéndonos el uno con el otro, no te preocupes…

Contenta por ver que surtía efecto y que él le hacía un gesto a Emily para poder ir a hablar más tranquilamente algo más allá, esperó algo más antes de cambiar el gesto por completo y girarse hacia Yamato.

- ¿Sora?

- Pues… No la he dejado venir – resumió-. ¿Te estaba molestando?

- Está trabajando – mintió, sin querer que la pelirroja llegara a enterarse y enfadarse más-. Pero agradezco que me hayas salvado…

- No me des las gracias. Vete a ver a Sora, anda, que la he dejado en la entrada y no me fío…

Asintió sin decirle nada más, echando a andar en busca de la pelirroja, asomando la cabeza al pasillo y encontrándosela de brazos cruzados. No le gustó, para nada, el gesto que traía en la cara, pero a pesar de todo se acercó rápidamente.

- ¿Estás bien?

- ¿Tú qué crees? – le dijo-. ¿No puedo ir al baño tan siquiera?

- Vino a hablar con Andrew y justo lo llamaron por teléfono…

- Ah, claro – se despegó de la pared para girarse y mirar hacia Yamato-. Pues para lo mucho que se supone que te molesta no se te veía tan malagusto antes…

Esas palabras hicieron el mismo efecto en él que si le hubiera dado un tortazo, quedándose completamente descolocado y sin saber tan siquiera si lo estaba escuchando o se lo estaba imaginando. Parpadeó varias veces, tratando de centrarse, estudiando la cara de ella viendo el enfado claramente en su gesto y en la forma en la que lo estaba mirando.

Al contrario de lo que solía pasar en ese tipo de situaciones, no se le quedó la mente en blanco, sino que por primera vez en todos aquellos días lo vio completamente claro delante de sus ojos. Y la miró muy sorprendido, casi que atónito.

¿Estaba celosa? ¿Todas las cosas sin sentido que había dicho o hecho ella aquellos días derivaban de que estaba celosa? ¿Podría ser?

- Deja de mirarme con cara de susto, Yamato. Estoy enfadada – se cruzó de brazos-. Es que no entiendo a qué viene tanta mala cara y tanta tontería si me voy al baño un momento y cuando vuelvo te encuentro hablando tan feliz con ella – siguió hablando al ver que él no le contestaba-. Si Andrew tiene que atender una llamada y tú, según dices, no tienes ganas de aguantarla no creo que sea necesario que guardes las formas. Te vas y la dejas con la palabra en la boca…

- ¿Tú crees? – preguntó aún con la idea que se había formado en su cabeza tomando sentido.

- ¿Cómo que si yo creo? Te digo lo que veo. Tú no eres como yo y no creo que ahora tengas muchos miramientos a la hora de dejarla con la palabra en la boca si de verdad quisieras.

- ¿Y si no lo hago, según tú, se puede saber por qué es? – hizo la pregunta acercándose más hasta donde ella estaba para aprovechar a colocarse frente a ella, mirándola todavía incrédulo por la conclusión a la que acababa de llegar.


Que sí, que ya sé que no os tengo que contestar por aquí, pero ya sabéis que me gusta hacerlo. Pero bueno siendo la hora que es, como comprenderéis, me apetece poquito y como me parece que el día de mañana va a ser igual de completito que el de hoy, pues aprovecho y os lo dejo subido, que tiene un buen corte ahí de adorno y así me puedo ir a la cama riéndome maléficamente.

¡Besitos de tortuguita para todos!