Continuó observado a su marido de reojo, el cual no había vuelto a abrir la boca desde que se habían ido. No estaba segura de si debería de insistir o no, pero algo le decía que Yamato estaba enfadado. Habían pasado mucho tiempo juntos como para no ser capaz de reconocer sus gestos. Pero, por otro lado, no terminaba de estar del todo convencida. Giró la cabeza, mirando hacia el panorama mientras que continuaban el camino de vuelta en coche, prefiriendo guardar silencio, por lo menos hasta que llegaron por fin a su destino, entrando en el garaje.
- ¿No vas a decir nada? Llevas sin abrir la boca desde que nos fuimos – reclamó por fin su atención.
No obtuvo respuesta tampoco, dejándolo estar ya que pudo darse cuenta de que estaba ocupado aparcado haciéndosele eterno el tiempo que tardó en aparcar.
- Yamato… - insistió cuando lo hubo conseguido, no teniendo tiempo a reaccionar al ver como salía, siguiéndolo con la mirada unos segundos, chasqueando la lengua.
No se había quedado esperando para que fuera él quien le abriera, simplemente tomándose unos instantes para desabrocharse el cinturón y salir ella también con cuidado de no tropezar con la falda del vestido. Giró la cabeza cuando escuchó la puerta abrirse, viendo que el propio Yamato se había acercado.
- No entiendo por qué sigues sin hablarme – protestó mientras que se bajaba, no teniendo demasiado cuidado con hacerlo de forma correcta, asegurándose de que sus piernas estaban libres de impedimentos textiles y evitándose así tropezar con los tacones-. ¿Estás enfadado o no?
Sin contestar, cerró la puerta tras ella, cruzando así la mirada con ella por primera vez desde hacía un rato. Aquello fue lo que realmente sorprendió a Sora. No fue enfado lo que pudo ver en su rostro, sino que la estaba mirando con una mezcla de seriedad y otra cosa que, por suerte, sabía reconocer muy bien a aquellas alturas: deseo. Confusa, absolutamente sin entender nada, mantuvo la mirada en la de él, interrogante, buscando alguna explicación. No parecía que se la fuera a dar, ya que la única respuesta que obtuvo de él fue el recorte de distancia entre ambos, aprovechando el momento tras haber cerrado la puerta.
Al menos no estaba enfadado y aunque no entendía cómo habían cambiado tanto las cosas de repente, se quedaba con aquella opción. Se quedó mirando hacia él, retrocediendo un paso para quedarse apoyada en la puerta, manteniendo una expresión apropiada para la situación en la que estaban, intentando dejar de poner cara de sorpresa. Se mordió el labio al notar como posaba sus brazos a ambos lados de ella.
- ¿No crees que deberíamos subir? – susurró.
Quizás debería de escaparse y dejarlo con las ganas, por no haber tenido narices de contestar a ninguna de sus preguntas mientras que llegaban hasta allí habiendo llegado a preocuparla. Desde que se habían ido se había comportado algo mas seco de lo normal hasta llegar a aquel punto. Pero mentiría si dijera que era capaz de dar dos pasos seguidos mirándola como la estaba mirando para alejarse de él.
Llevó sus manos hacia él, posándolas en la camisa, a la altura de su abdomen no dejándolo así avanzar más, subiéndolas muy levemente y luego devolviéndolas a su sitio. Obteniendo finalmente una ligera sonrisa ladeada se la devolvió sin poder evitarlo. Al igual que tampoco pudo evitar soltar un leve jadeo de sorpresa cuando dio un tirón de ella, cogiéndola por la cadera contra él. Y no pudo más que dar las gracias ya que de la manera en la que la besó justo después estaba segura de que no podría fiarse de la estabilidad de sus propias rodillas. Intentando ser capaz de reaccionar, se abrazó a él, asegurándose de colar una de sus piernas entre las de él, dedicándose a subirla muy lentamente de tal forma que su muslo rozase zonas más sensibles de él de forma estudiada.
Retrocedió empujándola de nuevo contra la puerta del coche, arrastrando antes sus manos hacia la parte baja de la espalda de su esposa, apretando con sus manos la zona, disfrutando así de su figura. No se molestó en recuperar el aliento, separándose de sus labios para ir directo hacia su cuello, recorriéndolo y llegando a inclinarse para pode seguir bajando por la línea del escote del vestido. Notando como su esposa tiraba de él hacia arriba enredado así sus dedos en su cabello, volvió a besarla con viveza.
Cerró sus puños sobre su vestido, empezando a tirar de él hacia arriba, sin importarle ni lo más mínimo donde estaban. Con la hora que era dudaba que fuera a bajar nadie, pero, debía de admitir que le daba igual, que en aquellos momentos lo único que le interesaba era terminar de subirle la falda para poder llevar directamente su mano a la cara interna del muslo de la pierna que ella aún mantenía entre las suyas. Movió la palma por él, tanteándola, clavando sus ojos azules en su rostro, estudiando sus gestos y reacciones, viendo como se mordía de nuevo el labio con impaciencia ante sus tentativas.
Volvió a esbozar su sonrisa de medio lado, aquella vez de forma más notable, más confiado aún, disfrutando de cada segundo de espera de ella. Se entretuvo mientras tanto en subir su otra mano hacia uno de sus tirantes dejándolo caer por el brazo de la pelirroja, haciendo exactamente lo mismo con el de la ropa interior, dejando así más al descubierto el principio de la curvatura de su pecho.
Hizo algo más de presión para que se apoyase más en la puerta, pudiendo así inclinarse mejor hacia ella, buscando cubrir su clavícula con algunos besos antes de continuar descendiendo aún más hasta el límite impuesto por la ropa. Distraído al notar las manos de ella colándose por dentro de su chaqueta, empezando a tirar de la camisa para sacarla de dentro del pantalón, se sorprendió cuando la sintió colar sus manos por debajo de la ropa hacia abajo. Volvió a sonreír sin poder evitarlo repitiendo las acciones anteriores, solo que en sentido contrario, llegando a quedar cara a cara con ella.
- ¿Nos vamos a la habitación? – murmuró, asegurándose de que sus labios rozasen los de ella al hablar y que, por fin, sus dedos cambiaran de lugar aún valiéndose de la frontera textil para limitarse a provocarla únicamente.
La pelirroja adelantó la cabeza hacia él, atrapando así el labio inferior de su marido entre sus dientes con suavidad, no dejándolo alejarse de ella así, conociéndole las intenciones, aprovechando así para intentar tomarse un respiro e intentar pensar con claridad, cosa que no le estaba poniendo fácil.
- Tú da gracias de que no te haya dado con la puerta en las narices – le dijo cuando lo soltó, cerrando mejor sus manos, pegándoselo algo más.
No, sin duda que no quería moverse de dónde estaba, no era un secreto para ninguno de los dos que no le costaba absolutamente nada olvidarse hasta del lugar en el que estaban sin que Yamato tuviera que esforzarse demasiado. Había algo que hacía que se olvidara de absolutamente todo lo demás que no fueran ellos dos, sin importar, como le había dicho él ya varios años atrás, el dónde o el cuándo. En cuanto había visto cómo la estaba mirando había notado una cálida sensación empezar a recorrerla, lo cual, combinado con lo nerviosa que había estado todo el camino pensando que había estado enfadado con ella, había derivado en que en aquel momento le importase absolutamente nada estar en el aparcamiento aún.
Encantado con la respuesta que ella le había dado, repitió de nuevo la acción anterior, llevándose por delante los tirantes de ella del lado contrario, sonriendo al verla echar la cabeza hacia atrás dejándole así total acceso a dónde él quisiera. Amplió más su sonrisa cuando la luz del lugar se apagó, quedando únicamente las de emergencia, dándoles así algo más de intimidad.
Apartó por fin la ropa interior de ella, empezando a acariciarla de forma más estudiada, dándose cuenta de que las provocaciones que había estado llevando acabo habían servido para su propósito. El jadeo de su esposa y su posterior acomodación para facilitarle las cosas hicieron que ampliara su sonrisa, dedicándose a observarla. A deleitarse la vista con la expresión de ella, con como se revolvía poco a poco y con como se mordía el labio intentando no hacer ruido que pudiera llamar la atención de nadie. No le hacía falta trabajar para la JAXA para poder decir que tenía vistas realmente privilegiadas.
Volvió a conectar con la realidad cuando tiró de él habiendo sacado una de sus manos de entre los pliegues de la ropa de él, enredándola en su cabello para hacerlo besarla. De esa forma evitaba alzar más el tono de lo que se veía capaz de controlar y correspondía a sus acciones. Fue ella también la que se apartó, dejando su frente apoyada en su marido, haciendo un esfuerzo por respirar, manteniendo sus ojos cerrados, agarrándose con fuerza a él.
El rubio no pudo más que sonreír cuando notó como necesitaba sujetarse mejor a él, al fallarle ligeramente la pierna sobre la que aún estaba apoyada al cambiar el foco de sus movimientos, no pudiendo aguantar más el silencio que había intentado mantener hasta entonces.
- Yamato… Yamato por favor, frena…
- ¿Por qué? – sabiendo lo que pasaba, se inclinó hacia ella para poder decir aquello en su oído.
No le hizo caso, limitándose a posar la mano en su costado, cerrado sus dedos en torno a la tela del vestido para tirar más de él hacia abajo, buscando poder tener más piel al descubierto, consiguiendo que debido al movimiento una de las copas de sujetador se había movido también consiguiendo su objetivo. Con eso le servía, no se podía olvidar en aquella ocasión de dónde estaban y que aunque con la hora que era no existía la posibilidad de que nadie fuera a aparecer, debía tener más cuidado.
Fue entonces cuando la soltó solo para volver a sujetarla con firmeza por los muslos, levantándola, pegándose del todo a ella dejándola así entre él y la puerta bien sujeta. Notó como pasaba sus brazos en torno a su cuello para sujetarse mejor, mirándolo todavía con la respiración alterada y la impaciencia en sus ojos.
Sonrió, acercándose a ella para poder volver a acariciar su piel con sus labios, yendo directo hacia el pecho que había quedado expuesto, pillándola desprevenida cuando le dedicó un ligero mordisco. No pudo más que reírse al sentir el leve manotazo que ella le propinó, volviendo a centrarse en ella, ahora dedicándole suaves besos que no tardaron en volver a provocar que jadease de nuevo.
No queriendo dar más vueltas, él mismo retiró una de las manos del agarre que tenía sobre ella para poder desabrochar su pantalón, retirándolo lo necesario. Agradeciendo que no fuera uno de esos momentos en los que tuviera que echar el freno porque no tenía nada con él para poder usar como protección. Había dejado de preocuparse por ello cuando se habían puesto de acuerdo para intentar conseguir otro embarazo.
La pelirroja se dio cuenta perfectamente y se dedicó a observarlo mientras tanto, sujetándose mejor a él para facilitarle las cosas rodeando así con sus piernas su cadera, asegurándose de que el vestido quedaba totalmente levantado por delante. En el momento en el que lo sintió hacer algo de presión, posó sus labios en su cuello, distrayéndose de esa forma, de nuevo, no queriendo hacer ruido.
No podía negar que aunque la había cogido por sorpresa, aquella forma en la que se estaba comportando, había colaborado notablemente a que estuviera mucho más perceptiva y que todo su cuerpo respondiera. Notaba que le estorbaba toda la ropa y mucho más le estorbaba la de él, pero a la vez aquello conseguía llevar la situación a otro punto al que quizás no estaba tan acostumbrada. Dejó caer la cabeza hacia atrás, dejándose manejar por él, dejándolo marcar el ritmo y limitándose a disfrutar.
Cuando volvió a sentir sus labios en la sensible piel de su pecho, notando como acariciaba de esa forma cada parte de él, entreabrió su boca para poder respirar mejor, empezando a olvidarse de dónde estaba y del cuidado que estaba teniendo para no hacer ruido. Se revolvió como mucho para poder tirar de su camisa por los cuellos, soltando asi algunos botones de arriba para poder colar sus dedos de esa forma por dentro, acariciándolo. Dándose cuenta de que parecía tomarse aquello como una motivación y que provocaba que diera más intensidad a cada uno de sus movimientos no tardó en empezar a notar como su percepción de la realidad de volvía borrosa hasta que lo único en lo que pudo ser capaz de centrarse fue en la mirada azul de él clavada en la suya.
Abrió los labios sin ser capaz de emitir algún sonido, notando como todo su cuerpo se tensaba, no quedando un solo lugar en ella sin notar aquella sensación electrificante que únicamente era capaz de conseguir él. Cerró los ojos, disfrutando de la sensación hasta que la realidad la fue reclamando poco a poco, dejándolo a él continuar todo lo que necesitara, facilitándole las cosas para que no solo dependiera de él sujetarla.
Le temblaron las piernas cuando tocó el suelo de nuevo, quedándose entonces abrazada a su marido, el cual había quedado con la cabeza apoyada en el hueco de su cuello. permaneció con los brazos en torno a sus hombros aún, jugando con los mechones de su cabello. Quería decir algo, pero era incapaz todavía, dedicándose a disfrutar únicamente de su cercanía, quejándose suavemente cuando notó como se apartaba dejando de usarla como apoyo.
No le dijo nada, quedándose únicamente mirando hacia ella, con el gesto mucho más relajado, acabando por adelantarse mínimamente para dejar su frente posada sobre la de ella y cerrando los ojos. Necesitaba esos momentos de más para reponerse, ya que aquella vez le había supuesto más esfuerzo físico del normal, pero, sin duda, no había podido aguantar más. Cogió aire, soltándolo lentamente, volviendo a abrirlos, encontrándose entonces con la atenta mirada de Sora.
- Ahora, ya que estás, espero que no se te ocurra volver a tener tan siquiera una idea que ni se le parezca a la de hoy…
- Depende… - sonrió ligeramente, observándolo-. Si las consecuencias van a ser estas podría estar bastante de acuerdo con tener ideas de ese tipo – se inclinó levemente hacia delante para poder rozar sus labios con los suyos-. Será mejor que vayamos a la habitación…
Se alejó mínimamente de ella, lo justo para colocar bien su pantalón y poder lanzarle una última mirada, aún con la ropa descolocada, recreándose así la vista antes de ser él mismo quien empezara a colocársela con cuidado, asegurándose cuando terminó de colocar los mechones de cabello sueltos de ella tras las orejas.
ElenaAA23: te creo más que capaz, tú tranquila jajajaja Aunque vaya mala fama que me vais dando por ahí, de verdad... Vergüenza debería daros, con lo bien que me acabo portando siempre al final con todo, tsk cofcofcof
Jajajajajaja un día se pone a pasar el control del aeropuerto y le dicen que tiene denegado el acceso al país, sí jajajaja Que mira, que seguramente no tendrá demasiado claro qué es lo que ha hecho o de qué se le acusa, pero al menos sabrá que la cosa viene de haberle liado alguna gorda a Yamato otra vez sin enterarse jajajaja Pobrecito, menos mal que nadie puede acusarlo de nada, que ni siquiera Haru sabía el nombre de la periodista como para haberse dado cuenta. Además, como bien dices, parece estar mucho más espabilado para otras cosas que los demás, que eso, viniendo de él que parece - PARECE - ser tan despistado...
Y ¿qué decías de que le iba a durar poco el cabreo al rubio? Por muy fingido que fuera jajajaja Lo que le pasaba era otra cosa. Que esta vez no le ha parecido mal en ataque de celos de su pelirroja, sino que le han subido los calores de golpe y no ha sido capaz ni de llegar a la habitación del hotel, y mira que estos dos son dados a tener estos apuros, pero creo que posiblemente esta vez haya sido la más descarada jajajja Que una cosa es irse a una playa sin nadie y otra esta, pero bueno, creo que se les han ido todos los problemas de golpe jajaja ¿tú qué opinas?
¡Un bico grandote vecina!
