Yamato se quedó mirando hacia su padre, el cual se había acercado a buscarlo a la hora de comer el trabajo para ahorrarle dar vueltas más tarde. Hacía un rato que no estaba escuchando ni media palabra de lo que él decía, estando completamente desconectado, todavía pensando en la conclusión a la que había llegado el sábado pasado.

No se había atrevido todavía a comentarlo con nadie, ni siquiera se quería dejar a sí mismo darle más vueltas por si acaso era una simple falsa alarma. Se suponía que las pastillas que tomaba Sora como método anticonceptivo se basaban en hormonas, a lo mejor le estaban pasando efectos secundarios ahora que las había dejado. ¿Eso podía ser? ¿Tenía la más remota idea de cómo funcionan esas cosas? La respuesta de la primera pregunta no la sabía, de la segunda la conocía a ciencia cierta. No tenía ni idea de ninguno de esos temas.

- ¿Estás en el mismo planeta que yo? – le dijo Hiroaki, esperando que volviera a la realidad. No esperó a que le respondiera, dando por evidente la respuesta-. ¿Qué te pasa? ¿Problemas otra vez con la periodista?

- Ehm… - tardó unos segundos en volver a sintonizar, dejando de darle vueltas al plato que tenía delante, ganando algo de tiempo mientras que se llevaba algo a la boca.

- ¿En serio? ¿No me habías dicho que ya habías hablado con Sora y que estaban las cosas claras? Porque con la cara de susto que llevas casi que desde que te he visto parece que me vayas a decir que se te ha tirado al cuello de la que no mirabas…

- No… - negó con la cabeza-. No es eso. La verdad es que empiezo a sospechar que es la menos culpable de todos los enfados de Sora de esta semana.

- ¿Se ha enfadado contigo? ¿Qué le has hecho?

- ¿Si te digo que creo que nada? – guardó silencio de nuevo, acabando por mirar hacia Hiroaki, sonriendo de una forma que todavía provocó más la curiosidad de su padre-. No te alteres, y aunque creo que sobra que te lo diga, ni media palabra de esto a nadie. Ni siquiera a Natsuko… Pero lleva unos días actuando de forma muy extraña. Pensé que estaba enfadada conmigo por todo el tema este…

- Hijo, normal. Suele ser normal que le parezca mal que de repente alguien salido de la nada le acose al…

- No, no – lo cortó-. No va por ahí la cosa. Te estoy hablando de unos cambios de humor tan drásticos que ni siquiera sé cómo manejarla. Te lo resumo en que el otro día me echó a dormir al sofá sin que tenga demasiado claro el motivo y poco después vino a buscarme porque no quería dormir sin mí. Y… Hablamos de Sora, no creo que tenga tampoco que recordarte que es de las personas más cuerdas que conocemos.

- Sí, el único episodio de locura del que se la puede acusar incluso a día de hoy es el haberte hecho caso, pero ese no es el tema ahora – intentó relajar algo más a su hijo con el comentario-. ¿Crees que le pasa algo?

- Y bastante gordo… Pero no me quiero hacer ilusiones antes de saberlo seguro. Si ella no me ha dicho nada supongo que es porque son paranoias mías…


- Sí – contestó Sora a su madre mientras que sujetaba a Aiko contra ella después de que se le quedara abrazada-, si me dijo Hikari que se había pasado todo el fin de semana diciendo que quería verme. Que a ella y a Natsuko les llamó la atención porque esa señorita se pasa el día persiguiendo a su padre – bajó la cabeza hacia ella para mirarla unos segundos, sonriendo cuando levantó la vista hacia ella-. ¿Me has echado de menos?

No le dijo nada, escondiendo más la cabecita contra su madre, consiguiendo que ampliara más su sonrisa, jugando con sus mechones de pelo rubios unos segundos hasta que volvió a mirar a Toshiko, la cual estaba encantada con la escena.

- ¿Qué tal el evento?

- Pues… Andrew lo está haciendo muy bien. Se merecía que alguien le reconociera su trabajo de una vez. Estaba muy contento y Haru, evidentemente, también. Le dije que no se le ocurriera venir por el estudio hoy, y, por el momento, me ha hecho caso.

- Pues me parece muy bien. ¿Tú tienes que volver?

- No, yo ya me he pasado por allí y hecho todo lo que tenía que hacer. Así que vamos a esperar a que Yamato llegue a buscarnos y nos vamos a ir con él a casa, ¿qué te parece?

- ¡Sí! – dijo Aiko antes de escuchar la puerta abrirse, adivinando que podía ser su abuelo el que acababa de llegar bajándose por fin de su madre para echar a correr hacia él.

Sora sonrió al ver a la niña hacer aquello, quedándose mirando hacia su madre, dándose cuenta de que Toshiko no le quitaba la vista de encima. Confusa, frunció el ceño y la miró interrogante esperando que fuera a aclarar algo, pero no tuvo tiempo al ver entrar a su padre por la puerta de nuevo.

- Oye, si lo llego a saber me escapo del trabajo primero – dijo mientras que se acercaba a saludarla con la niña en brazos.

- Hola papá – contestó la pelirroja sonriendo-. ¿Qué tal en la universidad?

- Bien, como siempre… ¿y tú? Tienes cara de cansada, ¿has madrugado mucho hoy?

- Pues… Un poco, entre el viaje y todo lo demás nos hemos levantado muy temprano.

- ¿Y mi yerno?

- Trabajando, aunque creo que iba a comer con su padre. Si no se le hace muy tarde dijo que venía a buscarnos aquí.

Haruhiko asintió, entreteniéndose en la pequeña que tenía en brazos antes de volver a posarla en el suelo para que se fuera a enredar con los digimon, yendo entonces a saludar a Toshiko también, la cual parecía estar muy alejada de la realidad.

- ¿Pasa algo?

- ¿Tienes gana de ir hasta la tienda? Me acabó de acordar de que necesito huevos para la cena y no me acordé de llamarte…

- ¿Huevos?

- Sí… Oye – bajó la vista hacia Aiko cuando la vio volver a asomarse-. ¿Quieres ir con tu abuelo a hacer la compra? Seguro que te compra esas galletas que tanto te gustan… - sonrió al ver como la pequeña abría sus ojos de par de en par girando la cabeza hacia su abuelo.

- ¿Me las compras, abu? – posó sus manitas en el pantalón de él, siendo a donde mejor llegaba poniéndole la mejor de sus caras de pena para ello.

- ¿Y cómo se supone que no protesto yo ahora? Anda… Vamos a por tu chaqueta que hace mucho frío fuera – miró hacia Sora-. ¿Tú quieres algo?

- No… Gracias, papá. Chiquitina, no me cojas frío, ¿eh? Que está nevando…

- Ya le pongo yo la bufanda – poniéndose en pie, Toshiko echó a andar hacia donde estaban las cosas de ella para asegurarse de que su nieta se iba bien abrigada, colocándole bien la bufanda y el gorrito de tal forma que solo se le vieran sus grandes ojos azules asomar-. Venga, que os acompaño hasta la puerta…


Frunció el ceño quedándose mirando así hacia Yamato, intentando terminando de atar los cabos para saber de lo que le estaba hablando su hijo. Hasta dónde él sabía el único problema que parecían tener estaba relacionado con el ámbito laboral y eso parecía que no era el tema del que estaban tratando. ¿Le pasaba algo a su nuera? Lo que llamó más su atención fue escuchar como él decía que no se quería hacer ilusiones, empezando a captar el hilo de la conversación y a mirarlo con unos ojos muy diferentes. ¿Estaba entendiendo bien? Pudo ver como tras quedársele mirando unos segundos se encogía de hombros.

- No lo sé, papá. Motivos para sospechar hay más que de sobra, pero me llama la atención que ella misma no haya dicho nada. A fin de cuentas, no es algo que no hayamos hablado y estemos buscando intencionadamente – dejó caer por fin.

- ¿Hablas en serio? ¿Dónde se ha quedado eso de que te daba demasiado miedo que pudiera pasar algo que has repetido hasta que te has aburrido?

- Pues… Que no sé decirle que no – admitió con una leve sonrisa a pesar de todo-. A ver, no me malinterpretes. Creo que me conoces más que de sobra para saber que yo también quiero…

- Ya, no hace falta conocerte para eso, hijo…

Amplió algo más la sonrisa, teniendo que darle la razón. Sabía por lo que lo decía, nunca, ni siquiera cuando la situación no había podido ser más complicada, ni siquiera con la propia Sora se había molestado en ocultar que le gustaban los niños y que cada vez que veía a Takeru con Dai se le caía la baba. Tan poco secreto era que se lo había llegado a decir a la propia pelirroja cuando no tenía ni siquiera por cierto que pudiera llegar a mudarse a Tokio.

- ¿Recuerdas cuando se puso enferma con gripe? Pues los primeros síntomas que se le manifestaron fueron nauseas y malestar de estómago… Coincidiendo con un retraso. Así que cuando me lo dijo hicimos una prueba y dio negativo. Seguramente fuera el virus y el estrés… Pero eso derivó a que hablásemos en serio el tema ahora que ya no está en riesgo por haber tenido un cesárea.

- ¿Y?

- Pues que le dije que primero íbamos a ir hablar con su médico y que solo si ella estaba de acuerdo y nos garantizaba que no había muchos riesgos – por no decir los mínimos posibles fuera de lo normal-, me parecía bien intentarlo. Y eso fue lo que nos dijo, que si hacíamos un seguimiento más detallado esta vez sería muy fácil prevenir cualquier riesgo… Y créeme, si se diera el caso yo creo que no iba a encontrar otra cosa en la que gastarme el dinero que me pudiera parecer mejor.


Viendo como Sora se reía y se quedaba sentada en la cocina, despidiéndolos con la mano, Toshiko los acompañó, aprovechando el momento para poder volver a comprobar que la niña iba abrigada, incorporándose después.

- ¿Algo más que huevos?

- Pues… Si quieres puedes traer algo que te apetezca para cenar y cuando venga Yamato lo secuestramos y que cenen con nosotros en casa. ¿Te parece bien?

- ¿A mí cuando no me va a parecer bien tener a los tres en casa? Bueno, a los cinco – miró hacia los digimon-. ¿Venís con nosotros?

Sonrió al ver que los digimon parecían de acuerdo con la idea ya que Biyomon alzaba el vuelo para quedarse a su altura y Gabumon parecía seguirla, volviendo a calzarse entonces y abriendo la puerta para poder salir de casa con su nueva compañía.

- Oye mamá – escuchó a Sora hablar desde el salón-. ¿Qué flores son estas que tienes aquí?

- ¿Cuáles hija?

- Las azules, huelen muy fuerte, ¿no? Me llegó el olor desde la cocina…

- ¿No te gusta?

- Sí, sí, pero no pensé que unas flores pudieran oler tanto siendo solo estas pocas… ¿Tienes más por aquí?

- A mí no me huele gran cosa – contestó Toshiko, quedándose mirando hacia ella apoyada en la puerta-. Sora… Vuelves a tener esa cara.

- ¿Qué cara? – confusa a más no poder, miró hacia su madre, volviendo a oler la flor en cuestión.

- Pues… No te lo sabría decir, pero… Tienes algo diferente.

- Será lo que decía papá, que tengo cara de cansada – se encogió de hombros-. Llevo unas semanas horribles, he estado muy nerviosa por el trabajo y hasta he estado devolviendo antes de las reuniones.

- ¿Las reuniones por la mañana? – recalcó la hora del día.

- ¿Y qué más da cuando fueran? No me gusta ese grupo de gente, me ponen de los nervios. Si al final he acabado pagándolo con el pobre Yamato incluso, asi que a ver si me controlo un poco más porque va a acabar pensando que me vuelto loca como siga con estos altibajos.

- Así que has estado encontrándote mal por las mañanas y luego te has dedicado a andar cambiando de humor cada cinco minutos drásticamente.

- Horrible, si el sábado pensé que hasta se había enfadado él conmigo. Me llegué a asustar… y cuando se me pasó acabé llorando yo sola sin saber por qué, ¿te parece normal? – arrugó la nariz-. Si es que no sé cómo no se harta de mí y no me manda a paseo en vez de estar tan pendiente y… En serio mamá, estas flores huelen demasiado.

Toshiko no contestó en aquella ocasión en un primer momento, limitándose a volver a observar a su hija fijamente, dejándola hablar y siguiéndola con la mirada cuando se alejó de las flores. Solo abrió la boca cuando volvió a quedarse frente a ella.

- Yo no huelo nada… Será que tienes el olfato demasiado sensible…

La pelirroja la miró, confusa, no pudiendo entender cómo podía ser, frunciendo el ceño. La forma en la que la estaba mirando su madre la tenía completamente perdida, ya que parecía saber algo que ella no. Lo único que tenía claro era que el olor estaba empezando incluso a revolverla y que hacía ya mucho tiempo que no había notado semejante sensibilidad en el olfato.

- Cariño… - dijo su madre, siguiéndola con la mirada cuando la vio salir del salón de vuelta a la cocina, tras haberse quedado pálida de repente, como si algo hubiera encajado en su cabeza por fin.-. ¿Podría ser que estés…?

- … embarazada – escuchó como murmuraba.