Atónito por lo que estaba escuchando sin haberlo visto venir por ninguno de los frentes, simplemente se quedó escuchando la explicación que Yamato le estaba dando. Sabía que la cabeza de su hijo se había ido enfocando cada vez más, pero escuchar aquello le parecía tan lógico y simplemente coherente que le costaba incluso pensar que llegaría a escucharlo. A fin de cuentas, había sido él quien lo había encontrado segundos antes de explotar, ya tiempo atrás, muerto de miedo porque pudiera volver a repetirse el susto que habían pasado con Sora y Aiko. No le hubiera extrañado escuchar de él que prefería quedarse con las ganas de tener más familia antes que plantearse tan siquiera la idea de que algo pudiera pasar. Y estaba seguro de que nadie podría culparlo por ello.

- Pero no me quiero hacer ilusiones tampoco – volvió a hablar el rubio-. Nadie mejor que ella debería de ser capaz de darse cuenta y si no me ha dicho nada seguramente sea una falsa alarma. Puede que esté teniendo los cambios de humor por otra cosa… Y esta semana ha estado con nauseas, pero también estaba con unas reuniones que no quería tener.

- ¿No te ha dicho ni media palabra?

- No, absolutamente nada.

- ¿Y se te ha ocurrido a ti solito todo esto?

- Qué gracioso… - reaccionó al tono de su padre riéndose ligeramente-. Si es que el sábado me vi en una situación que me recordó demasiado a lo que pasaba cuando se le cruzaban los cables durante el embarazo de Aiko. Estaba enfadada, y tan rápido como ella sola se enfadó se le pasó y luego, sin motivo, cuando me quise dar cuenta la tenía llorando… Y repito, estamos hablando de Sora.

- ¿Vas a hacerme abuelo otra vez? – habló tras tomarse unos segundos para pensar en lo que acababa de decirle, no pudiendo estar más de acuerdo con las sospechas de Yamato.

- Ojalá, papá… - sonrió-. Si es que hasta Aiko me lo ha dicho. Un día que estaba Mai en casa con las niñas… Que me vino corriendo a decir que quería un nene chiquitín al que cuidar ella también.

Se echó a reír al ver la cara que se le quedaba a su hijo al decir aquello, ya que sin duda alguna estaba para fotografía. No sabía si decir que se le notaba nervioso, confuso, ilusionado y, al mencionar lo de la niña, atolondrado. Y eso en Yamato, que durante tanto tiempo los había tenido acostumbrados a su cara de impasibilidad, era digno de inmortalizar.

- Pues… Ahora que me lo has contado, lamento decirte que si es una falsa alarma solo te puedo decir que más te vale esmerarte un poquito más, que no te veo yo con falta de motivación…

- Papá… cállate…

Soltando una carcajada realista al ver como Yamato se había puesto rojo a más no poder con sus últimas palabras, no pudo evitar más que estar riéndose de él un buen rato más. Las noticias que le había dado y cómo se las había dado para él eran una alegría, no lo podía negar. Y aunque también le preocupaba que hubiera algún riesgo para su nuera si habían tomado la vía de consultar primero al médico y si estaban dispuestos a hacer un seguimiento tan riguroso, se quedaba mucho más tranquilo. De esa forma podía centrarse en una de las mejores noticias que había escuchado desde hacía varios meses.

Además de reírse de que su hijo, quien a sus más de tres décadas de vida, unos cuantos de relación y otros cuantos de casado, se seguía poniendo rojo cuando alguien le hacía uno de esos comentarios.

- Oye, supongo que si no le puedo decir nada ni a tu madre es que no lo sabe nadie, ¿verdad?

- Pues… yo solo lo he comentado en el trabajo con Mai y Hideki. No me mires así… O lo hablaba con alguien o explotaba y ellos dos, dentro de lo que cabe son mucho más neutrales y no se van a poner histéricos, ni acosar a Sora cada cinco minutos como podría hacer Taichi si se lo cuento a él. Y algo me dice que dudo que ella le haya dicho algo incluso hasta a su madre.

- Bien, bien… Es decir, que si es afirmativo, el primero en enterarse de la familia voy a ser yo. Así me gusta… A ver quien aguanta luego a tu hermano con el drama de que siempre es el último en enterarse de lo importante.

- Ah, no, yo no quiero saber nada – negó con la cabeza, algo más tranquilo tras haber hablado con su padre-. Si monta el drama lo aguantas tú, que yo bastante voy a tener con una buena época de bipolaridades. Que el que va a dar miedo voy a ser yo y no Sora con las hormonas revueltas.

- ¿Por qué?

- ¿Cómo que por qué? ¿Tú qué crees que voy a hacer esta vez aparte de bipolarizar entre estar muy contento por la noticia y ponerme histérico cada vez que la oiga hacer la más mínima queja? Y si me apuras, me sé de otra que se va a poner igual o peor que yo…

- ¿Tú crees? – entendió perfectamente a quién se refería-. Sería divertido ver a Toshiko perder un poco los nervios, pero no voy a ser yo quien le desee eso.

- Y nadie podría culparla tampoco. También recordaba a la perfección el día que lo había llamado por teléfono de los nervios porque era incapaz de contactar con Yamato y decirle que estaba con su hija en el hospital. Prefería o saber tampoco demasiado más por la situación que se había vivido aquel día más allá de lo que había visto, lo cual, le parecía más que suficiente.

- Pobre Sora…

- ¿Por qué? – lo miró confuso.

- Porque va a acabar de tonos nosotros hasta las mismísimas narices…

- Bueno, tú hazme sitio en el sofá que yo voy a ser el primero y los peluches de Aiko ya tienen colonizada la cama…


Ella misma repasó todo lo que le acababa de decir a su madre. Había estado agotada, con nauseas y con unos cambios de humor sin sentido con los que podía pasar de un extremo al otro en cuestión de segundos y sin motivo aparente. ¿Podría ser? ¿Por eso había echado a Yamato al sofá sin motivo? ¿Por eso había tenido ese arranque el sábado y al final había acabado llorando? ¿De verdad no era nervios?

- Dicen que cuando la madre está esperando otro pequeño, si ya tiene otro hijo no se despega de ella y tiene mucha más dependencia – escuchó como su madre hablaba-. Y esa cosita preciosa de mi nieta no se ha despegado de ti desde hace semanas… Sora, ¿hay motivos para creer que pueda ser eso?

- Llevamos meses intentándolo… - casi sin alzar el tono de voz contestó a su madre-. Yo… yo…

Buscó donde sentarse, necesitándolo de verdad. De repente todo aquello le parecía tan obvio y evidente que se sentía hasta estúpida por no haberse dado cuenta primero. No era el primer embarazo, podría haber reconocido los síntomas. Si hasta había sentido el pecho más sensible y dolorido algunos días. Todos y cada uno de las cosas que había experimentado aquellos días atrás no era nuevas.

- ¿Meses?

- Sí… Desde una falsa alarma que tuvimos… - levantó la vista hacia su madre, posando su mano en su vientre-. ¿Crees que puede ser?

- Hija, pocas cosas más evidentes he visto en esta vida. ¿Por qué te crees que he echado a tu padre? ¿Quieres salir de dudas o prefieres que llegue Yamato?

- ¡No! - negó rápidamente con la cabeza-. No quiero alterarlo sin motivo. No quiero que sepa nada hasta estar yo segura.

- ¿Y cómo hacemos? ¿Quieres que te baje yo a por una prueba? Está la farmacia aquí al lado puedo ir en cinco minutos…

Estaba paralizada por el shock. Hasta cierto punto se sentía idiota por no haber sido capaz de ver lo que estaba pasando. Si hasta la gente le había hecho comentarios de que no se había vuelto tan loca desde que esperaba a Aiko. Solo pudo cruzar una mirada con su madre, esperando que ella la entendiera antes de ver como Toshiko ni siquiera se molestaba en despedirse de ella, saliendo rápidamente de la cocina para coger su abrigo y las llaves de casa, llevando su bolso al hombro.

Sora no pudo más que quedarse sentada, todavía con la mano en el vientre. No quería hacerse ilusiones hasta hacer la prueba, pero, ¿cómo no se les iba a hacer? Todo apuntaba a que su madre tenía razón y que había estado ciega. O más que ciega. ¿Y Yamato? ¿Sospecharía algo él y no le había dicho nada? ¿Por eso no la dejaba sola ni cinco minutos cuando estaba él en casa desde el sábado por la noche? Había sido uno de sus peores episodios de bipolaridad y quizás él se había percatado.

¿Podría ser? ¿Lo habían conseguido?

Toshiko salió rápidamente de casa, dejando con la palabra en la boca a una de las vecinas en el portal, no teniendo tiempo para ella. Quería llegar lo primero que pudiera a la farmacia y que su marido no se enterase tampoco de lo que pasaba, ya que Sora se merecía poder contárselo ella a quien quisiera.

No tenía ni la más remota ida de que estuvieran buscando otro pequeño. Hasta cierto punto, no podía culparlos, solo había que ver a Aiko para entenderlos. O ver como su yerno miraba a la niña… Pero, había tenido siempre sus dudas al respecto, ya que ella más que nadie podría entender que Yamato tuviera miedo. No esperaría de Sora aquello, ya que no hablaban de alguien que se pusiera a sí misma en primer lugar nunca, pero, Yamato era otro tema. Ahora bien, si ella había dicho que lo estaban buscando quizás fuera que habían tratado el tema.

Llegó a la farmacia, agradeciendo que no hubiera nadie conocido que pudiera intentar meterse donde no se le llamaba, pidiendo la prueba y volviendo a salir con paso rápido, casi a las carreras de vuelta a casa. No quería dejar tampoco a Sora sola mucho tiempo y más con semejante duda encima de sus cabezas. Y aunque estaba casi segura de que iba a ser abuela por segunda vez, no quería adelantarse a los hechos y dar las cosas por sentado cuando no podía hacerlo.

Esperaba también que Haruhiko tardara lo que siempre solía hacer. Aquella vez no lo iba a reñir porque hubiera tardado mucho con Aiko en la tienda y tenía sus esperanzas en su nieta para que ella lo entretuviera todo lo que pudiera en la sección de juguetes o la de galletas. Con un poco de suerte en las dos. Prefería que Sora y ella estuvieran solas, aunque luego no sabía cómo iba a hacer para no contárselo a él si es que era verdad. Sabía que tenía que ser Sora la que le diera permiso porque el que tenía más derecho que nadie se saberlo era Yamato…

No quería pensar en nada más que en llegar a casa otra vez. Iba también a necesitar que ella le explicara unas cuantas cosas, porque no hubiera pensado recibir una noticia así de ninguna manera. Sin embargo, aquella mañana cuando su hija había llegado a casa la había empezado a notar extraña.

Y era un extraño demasiado familiar. Luego, cuando le había empezado a contar cómo llevaba aquellos días pasados no había podido sospechar de lo que podía estar pasando y, aquella frase sobre el olor era lo que había terminado de alterarla. Con Aiko habían tenido demasiada suerte de que todo hubiera salido bien al final y estaba segura de que su nieta era un amor a modo de compensación por el embarazo tan malo que había pasado su hija.

Llegó finalmente a casa de nuevo, metiendo las llaves en la cerradura y abriendo, decidiendo dejar todo ese tipo de pensamientos fuera, no queriendo preocupar a Sora más de lo que ya pudiera estar. Cogió aire y cerró haciéndose notar por fin.

- Ya estoy de vuelta.


AnnaBolena04: je, es que tienen que llegar los padres para hacer entender a estos dos que parece ser que viene el nene. Que al pobre solo le faltaba empezar a hacer señales de humo porque nadie se enteraba de que estaba por allí.

Que es que Sora lleva una temporada siendo un spoiler con patas y ella misma está cayendo en la cuenta ahora porque su madre le ha hecho ver lo que pasa. La verdad es que después de haber pasado por ello una vez es hasta gracioso que haya sido capaz de no verlo. Que por entre cambios de humor, nauseas y luego ponerse pesada con los olores... Más evidente la pobre mujer que podía ser.

Al menos parece que por fin van a salir de dudas... ¿seré retorcida o de verdad vendrá nene esta vez? Creo que esta vez es evidente la respuesta jajaja ¡Besitos de tortuguita!

ElenaAA23: mira, te cuento. Lo de Aiko persiguiendo a su madre es algo que, en teoría, hacen los nenes cuando la madre está embarazada. Yo de esto no entiendo, ya sabes que si veo un nene gruño, pero la señorita de un poco más arriba me pasó el chivatazo jajaja Resulta que incluso sin saber lo que pasa de repente empiezan a no despegarse de la madre. Y ahí tienes a Aiko persiguiendo a su madre en vez de andar detrás de Yamato cuando lo tiene a mano.

Hiroaki fangirleando porque podría ser el primer familiar en enterarse... No sabe que juega contra Toshiko Takenouchi y que ella sí que tiene bien calada a su hija y le arregla el problema en dos segundos. Lo raro es que no la pillara la primera vez cuando estaba esperando a Aiko, aunque bueno, se suponía que andaba por Kioto entretenida. Ahora a ver qué pasa cuando salga a la luz el verdadero motivo de la aparente locura transitoria de la pobre Sora, que al final mira, no iban a ser nervios o ataques de celos en exclusiva, que tenía las hormonas liándola que daba gusto y ella sin saberlo.

Y, otro corte de esos que tanto me gustan a mí mientras que me voy riéndome maléficamente. Ya tengo castigo ahora al tener que ponerme a trabajar, así que nada, tengo derecho a hacer maldades. ¡Un bico grandote!