Toshiko se quedó sentada en la habitación, pendiente de la puerta del baño y de la de casa. La primera no podía aguantar más tiempo para que se abriera y, la segunda, esperaba no tener que escucharla dentro de un rato. Cogió su teléfono, teniendo una idea, marcando rápidamente el número de su marido esperando que descolgara.

- ¿Dónde estás?

- Pues… Me he encontrado con Yuuko que iba con Daigo, así que todavía no he llegado a la tienda siquiera, ¿por qué?

- Porque se me ha olvidado decirte que traigas también leche – sonrió por lo que acababa de escuchar, adivinando sin necesidad de que le explicara que Aiko había estado un rato enredando con el otro niño.

- ¿Ha llegado ya Yamato?

- No, así que si quieres hacer algo de tiempo con la pequeña en los juguetes… Diré que es culpa tuya porque la tienes demasiado consentida, pero déjala que escoja algo. Así se pasea un poco que con el frío que hacía lleva todo el día el casa.

- Vale, no te preocupes. Yo creo que nosotros nos podemos arreglar bien, ¿a que sí Aiko?

Dando por terminada la llamada, sonrió contenta por no tener que preocuparse por ellos dos. Quería darle su tiempo a Sora, a sabiendas de que iba a estar muy nerviosa fuera cual fuera el resultado de la prueba. Ni siquiera le gustaba la idea de haberla dejado sola, pero, tampoco quería agobiarla. Dejó el teléfono en la mesa de nuevo antes de volver a quedarse mirando hacia el baño.

Sora se había quedado apoyada en el lavamanos tras haber conseguido hacer la prueba. Estaba demasiado nerviosa. Mucho más de lo que hubiera esperado estar al comprobar aquello. No había estado tan histérica la primera vez, aunque, tampoco había esperado tan siquiera enfrentarse a aquella situación cuando se había desmayado años atrás y casi había matado a Taichi del infarto.

Levantó la vista hacia el espejo, dándose cuenta de la cara de susto que traía puesta y lo pálida que se había quedado simplemente ante la idea. Cogió aire, alargando la mano hacia el objeto, antes de salir del baño por fin y quedarse mirando hacia Toshiko.

- Ya está, ahora solo me queda esperar… ¿Crees que hago bien no esperando por Yamato?

- Pues… Creo que lo que tú decidas en esto es la buena opción. Entendería que quisieras tenerlo contigo en vez de conmigo, pero también entiendo que no quieras decirle nada hasta saber el resultado. ¿Le vas a decir algo si es negativo?

- Supongo – se encogió de hombros, yendo a sentarse a su lado-. Me tiene demasiado calada, va a saber lo que me pasa. De hecho… ¿cómo me las voy a arreglar para no decirle nada al verlo entrar por la puerta?

- ¿Y por qué no le ibas a decírselo al verlo?

- Porque dentro de dos días es… Bueno – enrojeció al admitir aquello-, es nuestro "aniversario" – hizo el gesto de comillas con los dedos tras haber dejado el objeto en la mesa.

- ¿Aniversario? ¿De qué? Si os casasteis en abril y volvisteis en serio en verano… ¿o me he perdido algo?

- Bueno, digamos que hemos cogido alguna que otra mala costumbre el día 24 de diciembre. Fue la primera vez que le dije que me gustaba mamá…

Toshiko la miró confusa, echando la vista hacia atrás unos cuantos años intentando ubicarse. Sabía que esos dos llevaban dando vueltas desde hacía muchos años, pero no se hubiera esperado enterarse ahora que, seguían teniendo detalles de ese tipo.

- ¿Estás hablando de hace… veinte años?

- Sí, exacto. Hace veinte años que me armé de valor y le regalé una caja de galletas por Navidad. Hace no mucho que descubrió que tenía la caja guardada todavía… - dejó ir una sonrisa que, sin duda, conseguía evadirla de los nervios de la espera-. Yo creo que si es que no… Debería de esperar a llegar a casa al menos y así Aiko no se entera. Y si es que sí…

- Pobrecito mi yerno. Oye, que a pesar de las paranoias que le entran a veces me cae bien y le tengo mucho aprecio. Así que haz el favor de no intentar matarlo… - sonrió, posando su mano encima de las de Sora, dándose así ánimos-. ¿Estás nerviosa?

- Mamá, no sé si esconderme debajo de la almohada, ponerme a llorar de los nervios o a hiperventilar…

- ¿Por hormonas o por nervios?

- No lo sé… - contestó, agradeciendo el gesto de su madre viendo como se volvía a reír-. Me disgusté mucho la vez que sí que hubiera sido sin querer… Y eso que pensaba que Yamato se iba a enfadar.

- ¿Quién? ¿Yamato enfadarse contigo? – se rio por lo bajo.

- Mamá, créeme, lo que me acabó pareciendo raro fue que me dijera que estaba de acuerdo con tener otro pequeño – habló, intentando relajarse y que el tiempo de espera no le pareciera eterno-. Tiene miedo de que me pueda pasar algo – resumió todo en esa frase.

Toshiko cayó rápidamente en la cuenta nada más escucharla. Y estaba segura de que nadie mejor que ella podía entender a su yerno. Y, por un momento, ese miedo se apoderó de su cabeza. No se había parado a pensar en que al final el embarazo de Aiko se había terminado considerando peligroso. Ella había estado ahí el día que había visto a su hija empezar a encontrarse mal y a perder sangre. Pocas cosas tenía tan grabadas en la cabeza como esa.

- Fuimos al médico para ver si era seguro, fue la condición que me puso – escuchó a Sora volver a hablar-. Y nos dijeron que siempre que tuviéramos un seguimiento más detallado para prevenir cualquier problema no debería de haber riesgos… No estoy loca, tengo muchísimas ganas de tener otro chiquitín por casa, pero… No es algo con lo que jugar. Y, por suerte, él tiene la cabeza más fría que yo.

- Cuando quiere – le dijo, encontrando una completa lógica en lo que estaba escuchando, no pudiendo estar más sorprendida de lo coherente que sonaba todo y agradeciendo que su yerno hubiera tenido aquella idea-. Entonces… ¿Cuánto tiempo lleváis intentándolo?

- Pues… Desde que se me pasó la gripe de hace un par de meses.

Arqueó una ceja, sonriendo a su hija pasados unos segundos de tal forma que acabó por conseguir que volvieran a subírsele los colores, agradeciendo haberla distraído mientras que esperaban.


Yamato dejó a su padre a la salida de la JAXA, agradeciendo que hubiera tenido tiempo para poder acompañarlo hasta allí. Tenía que recoger unos papeles para llevarse a casa y después podría irse a buscar a Sora y a la niña a casa de sus suegros. Fue directo hacia su despacho para poder recoger las coas y todo lo que necesitaba y poder dar por terminara la jordana de trabajo. Marcó el botón del ascensor, agradeciendo que estuviera en la planta de recepción, entrando e indicando así el piso al que iba.

Cuando iba por la primera planta se detuvo, suponiendo así que alguien más había llamado, esperando que las puertas se abrieran de nuevo, teniendo que poner los ojos en blanco nada más ver quién entraba. No se molestó tan siquiera en aparentar indiferencia en aquella ocasión.

- ¿Hasta cuándo vais a estar dando vueltas por aquí, Emily? – protestó apartándose de donde estaba.

- Eh, yo no tengo la culpa. Por raro que te parezca, no te estoy persiguiendo. Estoy destinada aquí y voy a dónde me mandan.

- No te estaba acusando de nada. Pero, ¿hasta cuándo?

- Hasta que a los de arriba les venga en gana – se apoyó en la otra pared del ascensor-. ¿Qué tal el sábado? Te perdí de vista muy rápido…

- Tenía cosas mejores qué hacer – se encogió de hombros.

- ¿Se enfadaron contigo?

- No, y si así fuera, no sería de tu interés.

- Mira, ese carácter sí que es el que yo recuerdo – ladeó la cabeza-. Si es que tampoco has cambiado tanto con todo este tiempo. Sigue estando ahí el cascarrabias, el cual, en según qué ocasiones, le daba un giro interesante a las cosas.

La observó, confuso, pensando en lo que podía estar insinuando, no tardando en poner los ojos en blanco de nuevo y preferir guardar silencio. Dio la gracias mentalmente cuando la puerta por fin se abrió, llegando a su sitio.

- ¿Tampoco te vas a despedir?

- Se me da muy bien ignorar lo que no me interesa – soltó de golpe antes de echar a andar para ir a por lo que había ido a buscar.


La mano de Sora, temblorosa, sujetó la prueba mientras que llevaba la otra a sus labios. Sus ojos estaban clavados en la pequeña pantalla del objeto, demasiado nerviosa y emocionada para poder contestar tan siquiera a la preguntaba que acaba de hacerle su madre. Por suerte, su reacción era demasiado delatadora como para que Toshiko no se hubiera acercado hasta su hija para poder verlo con sus propios ojos.

- Positivo mamá… - la escuchó murmurar a pesar de estar viéndolo ella también.

- Enhorabuena cariño – le dijo pasando el brazo en torno a ella para atraerla contra sí, viendo como se dejaba rápidamente buscando así refugio en su madre.

Notó que estaba tan nerviosa que se había echado a temblar, rodeándola mejor con sus brazos para intentar tranquilizarla. Las noticias no podían ser mejores, sabía que todo el nerviosismo de su hija era alegría y el no saber manejar la noticia. Aunque no pudiera verle la cara, sentía la humedad en las mejillas de ella, teniendo que hacer un verdadero esfuerzo para no unírsele.

- ¿Tú sabes las ganas que tenía de ver esto? – escuchó que volvía a hablar.

- Me lo puedo imaginar – contestó, llevando la mano a su cabello para acariciárselo con suavidad.

- Se lo dije a Yamato hace casi dos años… - habló, separándose para poder enfocarla-. Estoy embarazada…

No pudiendo más que enternecerse al ver la reacción que estaba teniendo, algo en cabeza le decía que la situación cuando se enteró de que estaba esperando a Aiko debió de ser parecida y, sin duda, estaba muy agradecida de haber tenido la oportunidad de verlo. Estaba emocionada por volver a ser abuela, no lo iba a negar, pero poder ver tan de cerca la rección de ella no lo cambiaba por nada.

- ¿Y ahora cómo hago para no decírselo a Yamato? – se llevó la mano a los ojos, secándoselos.

- Pues no lo sé, pero como te vea con todo el maquillaje que te acabas de rebozar por la cara vas a asustarlo… - pudo ver cómo se reía, volviendo a intentar secarse los ojos-. Anda, aprovecha que estamos las dos solas para calmarte y poder lavarte la cara. Yo te hago una infusión para que te tranquilices, ¿vale?

Pudo ver como Sora se quedaba mirándola sin ser capaz de volver a abrir la boca, solo adelantándose de nuevo hacia su madre para quedarse abrazada a ella


- Oye, Aiko… ¿quién es ese que viene por ahí? – le dijo Haruhiko a su nieta al visualizar a Yamato acercarse por la calle-. Corre a buscarlo, venga…

Viendo como la cabecita de la niña empezaba a buscar hacia todas partes, cuando enfocó a su padre la soltó para que echara a correr hacia él por la plaza en la que estaban llamándolo, aprovechando que habían limpiado ya la nieve de esa zona. Sonrió al ver como él se arrodillaba sin importarle mojarse para recibirla y dejarla escondida entre sus brazos.

- Así da gusto volver a casa, ¿eh? – le dijo al rubio cuando llegó hasta donde él, seguido de los dos digimon obteniendo una sonrisa a modo de respuesta-. ¿Qué tal el día?

- Bien, bien… - bajó la cabeza de nuevo hacia la niña para asegurarse de cogerla bien antes de incorporarse-. Pero ahora mucho mejor.

- Con la compañía que te has buscado no creo que nadie se atreva a negártelo. ¿Ibas ya para casa?

- Sí, ¿te ayudo con las cosas?

- Tú lleva lo importante, que creo que alguien tenía ganas de ver a su padre – le dijo al ver como Aiko se había vuelto a esconder dentro del abrigo del rubio.


ElenaAA23: je, gracias, vecina. Sí, acertaste, la review era la número 100. A pesar de que la página las esconda o no me las quiera dejar ver en días jajajaja

Están aquí cada cual más emocionado que el anterior. Y... por fin tenemos la confirmación. Que a ver, que era más que evidente, pero bueno, ahora sí que sí sabemos oficialmente que viene por fin el nene pelirrojo y que no se estaba volviendo loca ella sola, sino que la ayudaban las hormonas. Ahora a ver si se las arregla la pobre mujer para aguantar sin ir corriendo a darle la noticia a Yamato.

Y Hiroaki ya no es el primero en enterarse, que algo de ilusión de más seguro que le hacía, pero bueno, puede ir entrenando con los fangirleos si quiere jajaja Que ahora ya es oficial y solo falta ver cómo se las arregla para no pregonárselo a todo el mundo. Y lo de los nenes... yo es que no tenía ni la más remota idea, pero bueno, tengo a la secretaria que me pasa las informaciones de temas de los que no tengo ni la más remota idea jajaja Que aunque investigo y cosas así, pues oye, no lo tengo controlado el asunto.

Ahora no te me puedes quejar de cortes a traición, venga, que en este me he portado bien. Un bico grande grande.