Yamato se quedó mirando hacia Sora de reojo aprovechando un semáforo en rojo. No le había quitado la vista de encima desde que había llegado, notándola de nuevo extraña, pero, siendo incapaz de adivinar lo que le pasaba todavía. Ahora se había quedado dormida, al igual que la niña, provocando que sonriera al darse cuenta.

Seguramente estaría cansada de todo el día, ya que habían estado corriendo de un lado a otro desde temprano para poder dejar hecho todo y poder volver al trabajo antes de que nadie los echara en falta. Apenas habían tenido tiempo de ir a buscar a la niña y estaba seguro de que Sora, al insistir para que Haru se quedara con Andrew tras el evento, tenía trabajo acumulado. Era de esperar que la pelirroja se hubiera quedado dormida.

Volvió a la realidad cuando vio que cambiaba el color del semáforo a azul, continuando con el camino de vuelta a casa, aparcando antes de volver a girarse hacia ellas, viendo que ninguna de las dos se había despertado ni siquiera al llegar. Alargó la mano para posarla encima de la rodilla de su esposa, apretándola con suavidad.

- Sora – la llamó, dándose cuenta de que no estaba tan dormida como parecía ya que ante su contacto abría los ojos y se quedaba mirándolo-. Ya hemos llegado.

- ¿Ya? – confusa, miró hacia su alrededor.

- Te quedaste dormida al poco de salir de casa de tus padres – sonrió-. Anda, vamos… Coge tú a Aiko ya recojo yo las cosas y las meto para casa.

Giró la cabeza tras desabrocharse el cinturón para comprobar que la niña estaba completamente dormida, asintiendo entonces a Yamato y saliendo del coche por fin antes de ir a por la pequeña, echándole su propio abrigo por encima antes de caminar hacia la entrada seguida de los digimon. El rubio aprovechó para seguirlas con la mirada hasta que las perdió de vista, bajando entonces él también y yendo a recoger la bolsa en la que habían llevado las cosas de Aiko, viendo automáticamente un nuevo peluche asomar que él, sin duda, no le conocía. Entre los dos abuelos iban a acabar consiguiendo batir un record. Aceleró el paso al notar el frío de la noche, posando la vista en el jardín y viéndolo completamente cubierto por la nieve todavía.

- ¿Dónde…?

- Shhh… - Sora cortó sus palabras llevándose un dedo a los labios y señalando con el otro hacia el sofá donde Aiko seguía durmiendo bajo el abrigo de su madre.

Sonrió automáticamente y señaló con la cabeza hacia la habitación de ella viendo como ella asentía. Ya tendrían tiempo al día siguiente para recogerlo todo bien. Ahora, la niña necesitaba ponerse el pijama y meterse en la cama. Se llevó la bolsa con él y no tardó en volver a sentir los pasos de su esposa seguirlo a sabiendas de que se llevaba a la pequeña con ella.

- ¿La cambio yo? – le preguntó nada más verla entrar y posarla en la cama sin apenas alzar la voz.

- Si te apetece… - asintió a la vez que sonreía-. ¿La podemos secuestrar esta noche?

- ¿Si me apetece a mí? – acabó por murmurarle al oído divertido antes de asentir-. Vete a ponerte el pijama tú, ya la llevo yo.

Sora asintió, sonriéndole de vuelta después de que volviera a inclinarse hacia ella para darle un beso en la mejilla. No era solo que hubiera echado de menos a la niña los días que habían estado fuera, sino porque no quería quedar sola con Yamato. Daba gracias de haberse adormilado en el viaje de vuelta a casa, porque, hora que estaba más despejada solo tenía en mente la noticia que tenía que darle y no sabía cómo iba a ser capaz de aguantarse. Aiko durmiendo entre ambos era un buen método para no abrir la boca más en lo que quedaba de noche.

Y que la pequeña no se quisiera despegar de ella desde que había vuelto no era precisamente algo que quisiera pasar por alto, ya que le hacía ilusión. Si era por el motivo que su madre le había dicho, aunque no tuviera forma de saber nada Aiko, le parecía una de las cosas más tiernas que había visto en todos sus años de vida, y no iba a ser ella la que no la quisiera dejar rondarla todo lo que quisiera.

Además, estaba cansada. Como siempre. Ahora lo entendía todo. Había echado la culpa a lo nerviosa que había estado y a todo lo que se le había ido acumulado, pero, ahora sabía lo que motivaba todo aquello y no podía evitar sonreír. Inconscientemente se había vuelto a llevar la mano al vientre sin darse cuenta, dando un brinco cuando vio a Biyomon mirándola desde no demasiado lejos.

- ¿Te duele la barriga? – le preguntó revoloteando hasta ella.

- No… Es que estoy muy llena – explicó, intentando disimular-. Oye, hoy vamos a llevarnos a Aiko con nosotros, ¿quieres venir?

- No – negó con la cabeza.

- ¿No? ¿Y eso?

- Porque sois unos pegajosos y yo quiero dormir…

Diciendo aquello echó a volar hacia la habitación provocando que la pelirroja se quedara riéndose. No iba a negárselo porque sabía que tenía toda la razón y que especialmente en un día como aquel iba a ser ella la primera que buscara la cercanía del rubio. Volviendo a la realidad con ese pensamiento, no queriendo que la viera allí plantada sin mucha explicación, echó a andar hacia la habitación para poder ponerse el pijama de una vez.


Yamato salió del baño tras haber terminado de ponerse el pijama, no queriendo molestar. Hacía ya un rato que había llevado a Aiko con ellos a la habitación y como Sora ya estaba en la cama lista no había tenido más que echarla al lado de ella para que se quedara profundamente dormida. Sonrió con la escena antes de apagar la luz y darse cuenta de que Sora aún estaba despierta al llegar a su lado.

- Voy a tener que ponerme celoso – susurró al ver que la niña tenía la cabeza encima del brazo de su madre y ésta estaba jugando distraídamente con sus dedos en su cabello.

- Eso te pasa por pasarte tanto tiempo delante del espejo – bromeó levantando la vista hacia él unos segundos-. ¿Mañana a qué hora entras?

- Como hoy… Y tengo una reunión por la tarde, así que no sé a qué hora saldré.

- Bueno, no te preocupes, ya nos organizamos nosotras – aquello era un alivio para ella. cuanto menos tiempo viera a Yamato al día siguiente, mejor. No se veía capaz de aguantar si lo tenía rondando.

Se quedó mirando hacia él unos segundos más antes de dedicarle una sonrisa. Sin duda la pequeña era la mejor de las excusas para no seguir hablando aquella noche, no queriendo despertarla por nada del mundo. Y, por suerte también, él lo entendió a la perfección ya que únicamente se limitó a dejar preparada su alarma para por la mañana y apagar la luz para poder meterse en la cama.


- ¿Segura que papá tenía la mañana libre? – preguntó Sora a su madre mientras que volvía a descruzar y cruzar las piernas de nuevo.

- Que sí, que luego hemos quedado con él para que te traiga a Aiko. Y haz el favor de estarte quieta que me estás poniendo nerviosa. Si es que no sé por qué estás tan alterada, si ya sabes que ha sido positivo.

- Bueno, pero esas pruebas a veces dan falsos negativos…

- Cariño, luego dices que Yamato es el paranoico… - sonrió, posando la mano encima del brazo de Sora dándole unas suaves pasadas por él, intentando calmarla- habían ido al hospital para pode hacer bien la prueba, pidiendo unos análisis para que Sora se quedara tranquila ya que había dicho que no se atrevía a decirle nada a nadie hasta que no estuviera completamente segura-. ¿Cómo llevas el no decirle nada a Yamato?

- Mal… Aunque me quedé dormida, la verdad. Al poco de subirme al coche ya se me cerraron los ojos. Y Aiko también. Así cuando llegamos a casa le dije que si nos llevábamos a la peque con nosotros a la cama y así me libré un poco.

- Pobrecito… ¿Sigues pensando que se lo quieres decir mañana?

- Sí, si soy capaz de aguantarme sí… Al que se lo voy a decir en cuanto salgamos de aquí es a papá – sonrió-. Se lo merece.

- ¿A tu padre?

- Fue el último en enterarse de la familia la otra vez. Se merece ahora tener un poquito de ventaja.

- ¿Por eso llevas todo el rato preguntando si va a estar por casa? Bueno, me parece bien. Podemos dejar a Aiko en el salón viendo alguna película y se lo dices a tu padre. O puedes dejarle los análisis como si fuera alguna carta que nos ha llegado…

- Eso se lo hice a Yamato la primera vez – se quedó ligeramente distraía, acordándose de cómo le había dado la noticia al rubio-. Le pegué una notita que ponía "hola papá"… Puede que repita la jugada…

Toshiko sonrió al ver la cara que se le había quedado a su hija, girando la cabeza hacia la puerta nada más escuchar cómo se habría viendo a la enfermera que las había atendido llegar. Podrían haber pedido consulta para la doctora de Sora, pero ella había preferido hacer aquella prueba rápidamente y luego ya dejaría la cita concertada para poder ir con el rubio y dejar claro todo lo que tuvieran que dejar claro. Se dio cuenta de que la pelirroja posaba su mano encima de las suyas.

- Bueno, yo creo que ya está todo – habló la mujer que acababa de entrar, dejando la carpeta encima de la mesa-. Y supongo que las noticias son buenas – levantó la vista hacia la pelirroja-. Enhorabuena, está embarazada de cinco semanas. Aunque por lo que me comentó antes ya tenía la sospecha…

Toshiko sintió los dedos de su hija cerrarse con fuerza sobre los suyos, girando de nuevo la vista hacia ella para ver que si no decía nada, era porque, al igual que cuando se había enterado en casa, se estaba emocionando.

- Muchas gracias – contestó por ella.

- Si tienen cualquier duda lo mejor será que pidan cita con su médico y ya les explicará él todo los detalles. Puede irse cuando quiera – sonrió atenta a la reacción de Sora, viendo que por fin la enfocaba y dibujaba un gracias en sus labios sin que llegara a salirle el tono.

Sonriéndole a la pelirroja, la enfermera se concentró en poder dejar todo los papeles en orden para que se los pudiera llevar con ella los resultados y cualquier otro que pudiera necesitar, no queriendo distraerlas demasiado ya que todavía tenía muchas más pacientes que atender.


Cuando por fin salieron del hospital, Toshiko iba todavía mirando de reojo hacia su hija, sabiendo que estaba todavía en un estado extraño. Divertida, no pudo evitar intentar imaginarse el numerito que podrían haber montado entre ella y Taichi la primera vez que había pasado aquello. Sin duda hubiera merecido la pena poder verlos y grabarlos porque iba a pasar a la historia.

- ¿Estás bien? ¿O le has cambiado el trabajo a cierto rubio que yo me sé? – reclamó así su atención.

- Pues.. Más o menos – sonrió, cogiendo aire unos segundos antes de volver a enfocarla-. Vamos a ir a buscar a papá, anda. O se lo cuento a alguien más o yo sola me voy a acabar delatando por las esquinas.

- Probablemente… Porque lo tienes escrito en la cara, lamento informarte. Que esa carita con la que llevas desde hace un rato sobra como explicación de lo que te pasa…

Amplió más su sonrisa con las palabras de su madre sabiendo que tenía toda la razón. Que ella no podía estar más encantada con aquella situación. Había tenido tiempo para asimilar que iba a ser una de las personas más vigiladas de todo Tokio. Era consciente de lo que se le avecinaba. Sabía que existía el peligro de que volviera a tener por delante los tres peores meses de su vida, y que quizás tendría que volver a renunciar a cosas que le gustaban, pero, sin duda alguna, merecía la pena.

Merecía muchísimo la pena.


ElenaAA23: hombre, es que le ponen mucha insistencia cuando quieren estos dos jajajaja Y bueno, también te digo que con la tontería han pasando dos tres meses más o menos. Así que nada, la insistencia, que ya sabemos que estos dos no tienen problema con ello, les hace el trabajo jajajaja Lo de la falsa alarma es que me matáis jajaja Está claro.

Toshiko es que yo creo que prefiere que no le suban demasiado los niveles de azúcar con esos dos jajajaja Que mira, ella encanta, pero por favor, que luego le dice el médico que tiene los niveles de glucemia por las nubes y es culpa de su hija, yerno y nieta.

Perfecto, me encanta que digas eso de la zorrupia esa jajaja Eso quiere decir que me las he arreglado para hacer una buena asquerosilla de estas que lees que respira y te enfada que lo haga jajajja Y eso me gusta, porque ese tipo de personajes se me suelen atascar porque cuando escribo me entran ganas de darles una colleja a mí misma y noto como si forzara demasiado las cosas.

Y ayer me estuve riendo sola con tu review jajajaja Creo que eso que dices tú de que se vaya a enterar primero que el otro abuelo... Se le va a torcer a Hiroaki jajajajaa Que la pobre mujer o se lo cuenta a alguien más o se muere. Ahora hay que ver si de verdad es capaz de sobrevivir a tener a Yamato rondando por casa y no decirle nada...

¡Un bico grandote!